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Sepulcro de alabastro de doña Constanza, nieta de Pedro I y priora del convento de Santo Domingo el Real de Madrid. Responde al tipo de monumento funerario preferido por la nobleza castellana de mediados del siglo XV. Estuvo adosado al muro y bajo un arco, por lo que sólo se decoró su frente con alegorías de varias virtudes y dos ángeles que sostienen el escudo nobiliario. Sobre la tapa, la imagen de doña Constanza tumbada, de tamaño algo mayor del natural y vestida con el hábito de los dominicos. Lleva un rosario entre las manos y el libro de horas, símbolo de su cargo, pues era atribución de la priora guardar, consultar y modificar el texto por el que se regulaba la actividad conventual. Los rasgos individualizados de su rostro son más propios del tranquilo reposo del sueño que de la muerte, idea que quiso trasmitir el escultor, de escuela hispano-flamenca. Se encontraba en el coro de la iglesia del convento de Santo Domingo el Real de Madrid, en el que fue priora doña Constanza durante cincuenta y cuatro años, hasta su muerte en 1478. El edificio se alzaba en la plaza que aún hoy lleva su nombre y en el lugar ocupado actualmente por un aparcamiento.
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En la iglesia de Villalcázar de Sirga se encuentran los sepulcros del infante don Felipe (muerto en 1274) y de su segunda esposa doña Leonor Ruiz de Castro. La infanta se cubre con un rico manto decorado con motivos heráldicos y luce su anillo de casada, dirigiéndose hacia el sepulcro de su marido y ofreciéndole un pimiento, posiblemente una alusión a la fertilidad por sus muchas semillas. En el frente encontramos, en un lado, una escena con el lecho fúnebre con el cadáver rodeado de caballeros y alguna plañidera mientras su alma es recogida por los ángeles. En el frente opuesto se representa el momento de cerrar el sarcófago.
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En esta obra, una de las más significativas en su género, se plantea una búsqueda de equilibrio entre forma y contenido, evocándose la influencia italiana en la línea: del clasicismo realista de Bernini y con elementos que emparentan con el arte de Maini. El diseño arquitectónico se debe a Francisco Sabatini, al igual que el de la reina doña Bárbara de Braganza, también situado en la Iglesia de las Salesas Reales de Madrid. La obra escultórica de Francisco Gutiérrez es de suprema factura, ceñida a una composición piramidal con movimiento en zigzag, en el que se integran las figuras alegóricas siguiendo la proyectiva sepulcral barroca romana. El Tiempo, la Fama, los relieves o los geniecillos llorando contribuyen a la armonía de la obra, realizada en ricos materiales.
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La tipología y disposición del sepulcro realizado por Jacopo della Quercia muestra la probable influencia de modelos franceses. En cambio, los motivos decorativos presentan unas formas claramente inspiradas en modelos antiguos. El sentido literal con que han sido interpretados acredita una decisión de incorporar formas del lenguaje clásico desde una fecha temprana.
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Algunos príncipes aqueménidas, desligándose de la vieja leyenda de que los cuerpos de los difuntos debían ser colocados sobre unas torres o dakhmas para ser devorados por las aves, diseñaron sus tumbas antes de morir. Fue el caso de Ciro, Darío y también de su sucesor, Jerjes, quien mandó excavar su sepulcro en la roca a media altura decorándola con relieves al exterior.