Junto a Catalina de Sevilla, Catalina Egipto y María Egipto formó parte del grupo de mujeres que participó en el tercer viaje de Cristóbal Colón a América, que comenzó en 1498, en el que se descubrió la costa norte de América del Sur, y la desembocadura del Orinoco, creyendo Colón que estaba ante el Ganges, uno de los cuatro ríos del Paraíso. Nada se sabe de ella, excepto que fue.
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Personaje
Nace en Jaén el 10 de octubre de 1891. Es la segunda de seis hermanos y crece en un ambiente familiar culto. Con tres años comienza a asistir a una escuela informal y de allí pasa al colegio de las Siervas de María. En 1904 se traslada con sus abuelos a Granada para preparar el examen de ingreso a la Escuela Normal, donde termina en 1909 con premio extraordinario. Regresa a Jaén para preparar el examen-oposición en la Escuela Superior de Estudios de Magisterio de Madrid Al terminar sus estudios, mientras esperaba a que le adjudicasen una plaza de Profesora de Escuela Normal o de Inspectora de Primera Enseñanza, Pedro Poveda le ofreció dirigir la Academia Santa Teresa para Normalistas con internado, que se estaba Iniciando en Jaén. En marzo de 1915 sale su destino como profesora de Pedagogía de la Escuela Normal de Orense y en abril toma posesión del cargo. Entonces es reclamada en Granada para formar parte de los tribunales de la Normal en junio. En el curso siguiente es nombrada Inspectora de Primera Enseñanza en la provincia de Jaén, convirtiéndose a partir de ese momento en la primera mujer que desempeñaba ese puesto oficial en su provincia. Inicia una etapa de siete años de intenso trabajo profesional visitando escuelas y promoviendo la orientación de maestros y distintas actividades escolares, cantinas, bibliotecas, mutualidades escolares. Forma parte de la Junta Provincial de alfabetización, además de colaborar en los trabajos fundacionales de la Institución Teresiana y en el Boletín de las Academias de cuyo Consejo de Gobierno es secretaria. En 1917 se aprueba la Institución Teresiana como asociación civil y organización diocesana (una Asociación de Laicos dentro de la Iglesia Católica). Forma parte del primer directorio de la misma y desde 1919 hasta su muerte pasa a ser Directora General de dicha institución. La responsabilidad sobre una asociación que multiplicaba sus miembros y sus proyectos le exigió dejar el trabajo de Inspectora de Primera Enseñanza en el año 1923. Como Directora de la misma alentó a un asociacionismo femenino que favoreciera la implicación y el protagonismo de las mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad a través del ejercicio profesional y de la participación en la vida pública. Contribuyó igualmente a la creación de centros que apoyaran el acceso y la presencia de un número creciente de mujeres jóvenes en la educación superior, lo que hizo posible a lo largo de su vida en numerosas provincias españolas y en otros veinte países de cuatro continentes. Viaja a Roma para solicitar la aprobación pontificia de la asociación, que llega el 11 de enero de 1924. A partir del fusilamiento del fundador de la Institución, Pedro Poveda, el 28 de julio de 1936, ella asumió total y definitivamente el gobierno de la Institución. En 1955 prepara y asiste a la apertura del proceso de beatificación del fundador, canonizado por Juan Pablo II en 2003. Muere en Madrid el 29 de marzo de 1957 después de una operación quirúrgica y está enterrada en el Centro Santa María de los Negrales de la Institución Teresiana, en la sierra madrileña. El 20 de noviembre de 2005, el Papa Benedicto XVI autorizó el Decreto sobre las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Josefa Segovia Morón.
contexto
Se ha denominado como segregación sexual del trabajo a la constatación de que el empleo femenino se concentra en ciertas ramas de actividad o en ciertos puestos de trabajo. En parte, ésta especialización se produjo de manera natural puesto que uno los factores que contribuyó a una rápida incorporación de la mujer al mundo laboral fue el desarrollo del sector servicios. Éste se presentaba más apto en cuanto que no requería el uso de la fuerza física, por la flexibilidad de horarios que ofrecía, por la disponibilidad de jornadas a tiempo parcial, etc. De este modo cristalizó una distinción ocupacional entre los sexos. Comercio, agricultura, servicios personales y domésticos, educación y sanidad se convirtieron en ramas de actividad fuertemente feminizadas. En 1984, el 63,5% de las mujeres ocupadas lo estaban en esas ramas, frente al 33,7% de los varones. Si eso se produjo en los años de la Transición, treinta años después, la situación no había cambiado mucho: en 1998, el 85% del empleo femenino no agrario se correspondía con el sector servicios, mientras que el de los varones era un 56%. De ese 85%, el 40 % eran empleos relacionados con la hostelería, la restauración y los comercios. Progresivamente los trabajos de las mujeres se extendieron a los sectores de la educación, la investigación, la banca, la administración, los medios de comunicación, etc. Esta situación era similar a la que se daba en los países de la OCDE donde en 1990 las mujeres significaban el 49,6% de la población ocupada y en la UE el 42,7%. En relación con la agricultura, se trata de un sector en el que existe una integración sexual, pues la mujer siempre ha trabajado en el campo. Tradicionalmente ha desarrollado dos tareas fundamentales: el cuidado de la casa e hijos y del huerto y los animales. En los últimos decenios, el mundo rural ha conocido profundas transformaciones tanto tecnológicas como culturales. Entre ellos se encuentra la aparición de la empresaria femenina que, partiendo de las tareas tradicionalmente desarrolladas por ellas, las ha convertido en una actividad económica. De carácter innovador, esta empresaria se convierte en garante de las tradiciones y del patrimonio cultural, al mismo tiempo que del sostenimiento económico de la familia. Entre las actividades que más ha desarrollado se pueden citar las relacionadas con el turismo rural y la agricultura sostenible: agroturismo, producción biológica, el uso de los recursos de la fauna, la revalorización de productos típicos y de las antiguas tradiciones, etc. En este sentido jugado un papel importante las ayudas europeas de los proyectos LEADER, NOW y PRODER. A finales del siglo XX, a la par que la población agraria en general, la femenina se encuentra envejecida, por la transformación que ha conocido el mundo rural con la mecanización de muchos trabajos, la migración de los jóvenes a la ciudad y la ruptura con los comportamientos tradicionales. Se trata de un sector difícil de estudiar pues muchos empleos no entran en las estadísticas en cuanto que la mujer se dedica a ellos como una ayuda a la familia y no como una actividad remunerada. En general, en 1990 y en los países de la OCDE, menos del 10% de las mujeres activas se dedicaban a la agricultura. En 1970 había censadas 791.000 campesinas y en 1995 se había reducido a 380.300, ganando cada vez más peso las asalariadas. Su participación será distinta según las regiones de España, las diferentes formas de propiedad agraria, de tipo de cultivo, de tradiciones, etc. Así, tradicionalmente, la mujer en Galicia ha participado de las tareas igual que el varón, mientras que en Andalucía o Extremadura su presencia es estacionaria y dedicada a trabajos secundarios, durante la recolección preferentemente. Otra de las actividades que suele ser realizada por las mujeres es la horticultura. Gráfico En la industria, la mujer ha participado poco, siendo un sector altamente masculinizado, exceptuando algunas, como la textil. En 1970 las obreras industriales eran 783.000 y en 1990 llegaban a 772.800. Sin embargo, unos años más tarde, en 1995, habían descendido a 684.700 lo que refleja que, en los periodos de mayor crisis económica, se relega a las mujeres a los niveles ocupacionales más bajos. Los sectores industriales tradicionales en los que ha participado la mujer son los de alimentación, textil y calzado. Generalmente, los puestos que suelen reservarse a las mujeres son los rutinarios, reiterativos, sedentarios, manuales, con pocas responsabilidades y escasas posibilidades de promoción. Su preparación profesional ha sido más inadecuada que la de los hombres, tendencia que en los 90 ya cambia. Se percibe un aumento en las industrias químicas, en las que emplean de instrumentos de precisión, maquinaria, ordenadores, material electrónico y eléctrico. De manera esquemática pueden resumirse la evolución del mercado laboral de la mujer según: a) Grupos ocupacionales: se muestra una tendencia a que la mujer vaya aumentando su presencia entre los profesionales técnicos al tiempo que se produce una reducción casi a la mitad en las industrias manufactureras. Ello se debe a que comienza a tener una mayor preparación profesional que en el pasado, lo que le permite competir en el mercado. b) Ramas de actividad: predomina el empleo en educación, sanidad y asistencia. También es fuerte en ganadería y agricultura. Otros empleos se corresponden con los servicios de limpieza, trabajo doméstico y similares. c) Categorías profesionales: en 1977 el 80% de las mujeres profesionales eran profesoras, ayudantes técnicos sanitarios o auxiliares de medicina, farmacia o veterinaria. En 1993 las cifras aumentan en otras categorías y disminuyen en éstas, pero se mantiene la tendencia. La segregación sexual en el trabajo se da en todas las economías, independientemente del grado de desarrollo que presenten. Lo que es llamativo y supone una segregación más acuciante es que, según los datos de que se disponen, la segregación sexual por ramas de actividad se haya mantenido y la ocupacional ha aumentado. Se trata de algo que perjudica a las mujeres pues, en general, se valora menos su trabajo que el del hombre. Su explicación no se debe a una causa única, sino que ha de abordarse desde distintos puntos de vista. Por un lado es debido a factores ideológicos ligados a una división secular del trabajo en la que a ella le correspondía el ámbito doméstico. Se pueden explicar desde la demanda de trabajo o desde la oferta. Si en la demanda hay preferencia por el varón, sin más justificación que en razón de su sexo, puede hablarse de discriminación sexual. Pero la segregación sexual ocupacional podría explicarse desde la oferta, es decir, es la mujer la que prefiere ciertos trabajos. Sin embargo no parece que sea así, puesto que la discriminación tendría que estar, en un mercado competitivo, relacionado con el capital humano y éste se compone de la interacción de nivel educativo, experiencia laboral y formación profesional. En el primero, la mujer no ha hecho más que aumentar en los últimos años hasta superar el nivel de estudios de los hombres ocupados, al igual que sucede con la formación profesional. Quizás sea en el terreno de la experiencia el que resulta más difícil en aquellos casos en el que la mujer no tiene trabajo o trabajos inestables.
Personaje
Político
Su familia se trasladó a Barcelona y desde muy joven trabajó de pintor. En 1910 participó en la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y en 1914, coincidiendo con la reorganización de los sindicatos, inició su militancia obrera en el ramo de la construcción. Fue partidario del acercamiento a los socialistas para hacer frente a la opresión capitalista. Colaboró con el comité de huelga de 1917 junto con otros cenetistas como Ángel Pestaña. Fue conocido con el sobrenombre de "noi del Sucre" y elegido secretario del Comité regional de Cataluña en el Congreso de Sants de 1918. Creía que la clase obrera no debía renunciar a intervenir en la política para defender sus derechos y era partidario del posibilismo libertario. Fue detenido en noviembre de 1920 y estuvo recluido junto con otros cenetistas hasta la primavera de 1922. Era partidario de convertir a la CNT en una verdadera organización de masas. Fue asesinado en Barcelona en marzo de 1923.
contexto
Estos primeros pasos expansionistas, sin embargo, quedaron frustrados por la paz de Antálcidas, según la cual Atenas sólo conservaba el control sobre Lemnos, Imbros y Esciro. Más tarde, en la idea de que la paz había favorecido el desarrollo de un nuevo expansionismo espartano, desde Atenas surgen nuevas iniciativas para crear bloques capaces de promover la defensa de la libertad. Se trataba de evitar el desarrollo de una nueva arché. La primera organización se crea como una symmachía con Quíos, Rodas, Mitilene, Bizancio y algunas islas. Los pasos concretos hasta llegar a la constitución de la liga permanecen oscuros, pues se interfieren múltiples problemas relacionados con las reacciones espartanas y las dudas atenienses. Los datos de la epigrafía van poniendo orden a las narraciones de los historiadores. El gran documento es, desde luego, el decreto de Aristóteles, del año 378-77, por donde se conocen los nombres de los participantes y, en cierto modo, el proceso de formación, gracias al orden establecido y a los tipos de letras utilizados. Junto a los citados, se encuentran en primer lugar Metimna, con respecto a cuya alianza particular se conoce también un decreto anterior, y Tebas, que ha sido víctima de la agresión espartana que se materializó en la ocupación de la Cadmea, hecho considerado injusto incluso por la historiografía proespartana. La nueva liga se gobernaría de acuerdo con un synedrion en que participaban todos los aliados en sesiones celebradas en Atenas, donde las decisiones se controlarían conjuntamente con la asamblea ateniense. Las precauciones para evitar que en la nueva confederación se viera renacer el espíritu agresivo del imperio del siglo V se traducían en el establecimiento del tributo, llamado ahora syntaxis, y no phoros, con el ánimo de quitarle aquellas connotaciones. Éforo creía que era sólo un modo de disimular la nueva realidad, pero, en el fondo, había elementos nuevos, que convertían al segundo imperio en una caricatura del primero, pero que también despertaban en el demos las aspiraciones agresivas que daban como resultado el aumento de la conflictividad en las luchas entre ciudades por la hegemonía y entre los diferentes elementos sociales de la ciudad misma. Por ello surgieron diferencias entre quienes creían que la justificación del imperio estaba en el mantenimiento de la paz y quienes creían que sólo tenía sentido como modo de control de nuevos territorios, de consolidación del tributo, lo que llevó a personajes como Timoteo a emprender campañas, en Cefalonia y Corcira que, por otro lado, exigían gastos en el tesoro público creadores de conflictos entre los contribuyentes, reclutados entre los ricos, y los miembros del demos partidarios de la recuperación del control naval. De otro lado, el pago de mercenarios promovía formas de desarrollo monetario y de moneda circulante que creaban desajustes en los valores próximos a los procesos inflacionistas, que se reflejan en las alteraciones constantes en los valores monetarios. La victoria de Naxos en 376 proporcionó a los pacifistas atenienses la oportunidad de imponer su concepción del imperio, al aprovecharse de la petición espartana. Sin embargo, los jefes de tropas mercenarias no podían permanecer en la inactividad y Timoteo continuó actuando por cuenta propia, como precedente de los jefes militares que colaboraron a la formación del tipo de relaciones propio del mundo helenístico. Sólo la presencia de la hegemonía tebana facilitaría que, desde 371, las condiciones de una nueva paz fueran respetadas igualmente por atenienses y espartanos.