Busqueda de contenidos

Personaje Pintor
Imitador de su tío Giovan Battista Ruoppolo, su pintura se centra en la reproducción de flores y frutas. Su obra, según las pautas de la corriente barroca, expresa todo el fasto y boato de la época.
Personaje Militar Político
Nacido en Amberg, era hijo de Roberto II, de quien heredó el título de conde palatino en 1398 y el trono de Alemania en 1400. Fue proclamado emperador en 1401, en Colonia. Fue vencido en Italia a manos de Juan Galeazzo Visconti. Hubo de enfrentarse a los partidarios de Wenceslao, emperador destituido, quienes cuestionaban su legitimidad.
Personaje Militar Político
Político y militar romano. En el año 132 a.C. fue elegido cónsul en la isla de Sicilia. Fue el encargado de reprimir allí la revuelta de los esclavos, que fue liderada por Euno. En el año 131 a.C. permaneció en Sicilia como procónsul, y con el encargo de reorganizarla como una provincia romana. Debido al tratamiento que dio a los aliados de Tiberio Sempronio Graco, fue procesado y condenado en el año 123 a.C.
monumento
San Ruperto es una iglesia situada en el embarcadero que da al canal del Danubio, utilizado por los comerciantes de sal vieneses. Por ello, San Ruperto es el patrón de los mercaderes de sal. Una estatua del santo con una vasija de sal custodia la base de la torre románica. En la Edad Media la sal era un bien muy preciado y se cree que la iglesia ya existía en el siglo XI, lo que la convierte en la más antigua de Viena. El interior de San Ruperto no llama demasiado la atención a pesar de haber sido restaurada en varias ocasiones; el presbiterio, sin embargo, mantiene todavía sus vitrales románicos. El coro es del siglo XIII y la nave meridional, abovedada, del siglo XV.
contexto
Las relaciones entre los cristianos y los judíos de Castilla habían sido, en el transcurso de los siglos XI al XIII, en lo esencial pacífícas. Pero en la decimocuarta centuria se produjo un cambio radical de esa tendencia. El antijudaismo, hasta entonces más o menos soterrado, salió a la superficie, alimentado por la crisis del siglo, pero también por la propaganda demagógica de Enrique de Trastámara. El punto culminante de ese proceso fueron los violentos ataques a los judíos de Sevilla, acaecidos en junio de 1391. Esos sucesos anticipaban, en cierto modo, la "solución final" adoptada por los Reyes Católicos un siglo después. La hostilidad de los cristianos hacia los judíos creció sobremanera a lo largo del siglo XIV, aun cuando sus raíces venían de tiempo atrás. Desde el punto de vista religioso se consideraba a los judíos deicidas, puesto que habían dado muerte a Cristo. Si se les admitía en territorios cristianos era únicamente con la esperanza de que algún día abjuraran de sus creencias. La Iglesia proponía con frecuencia la adopción de medidas antijudías. El concilio de Zamora del año 1312, que reunió a los prelados de la provincia compostelana, pedía una radical separación entre cristianos y hebreos. Estos últimos debían llevar señales distintivas para ser fácilmente reconocidos. Ahora bien, al argumento ideológico se añadía otro de tipo socioeconómico. Algunos judíos destacaban en el mundo de las finanzas, ocupando cargos importantes en la maquinaria hacendística regia o actuando como prestamistas. De esa forma se fue generando entre los sectores populares cristianos un creciente recelo hacia los judíos. "Allí vienen judios, que estan aparejados para vever la sangre de los pobres cuytados..." Son versos del Rimado de Palacio de Pero López de Ayala. A los judíos se les presentaba bajo los más negros tintes: codiciosos, avaros, sucios, etcétera. No obstante, al aplicar un cliché, que en todo caso podía tener relación con la fracción de la población hebrea dedicada al mundo de las finanzas, se predicaba del conjunto de la comunidad lo que, de hecho, sólo afectaba a una minoría. Las dificultades del siglo XIV contribuyeron a hacer de los judíos un chivo expiatorio de todos los males. En las Cortes los procuradores del tercer estado pedían una y otra vez moratorias y reducciones en las deudas judiegas. Ciertamente, y a diferencia de lo que sucedió por ejemplo en la Corona de Aragón, no hay noticias que relacionen a los judíos de Castilla con la difusión por ese reino de la peste negra. Pero la protección dada por Pedro I a los hebreos exasperó al pueblo cristiano. Así las cosas, ya hay noticias de ataques a la judería de Sevilla en 1354, a la de Toledo en 1355 y a las de Nájera y Miranda en 1360. Pero el principal impulso a las corrientes antijudaicas vino de mano de Enrique de Trastámara. El bastardo, con la finalidad de ganar adeptos a su causa, hizo ondear la bandera del antisemitismo en el momento de su entrada en Castilla en la primavera de 1366. Numerosas juderías de la Corona de Castilla, particularmente de la Meseta Norte, sufrieron ataques en el período 1366-1369, durante el desarrollo de la guerra entre Enrique de Trastámara y Pedro I. "Todas las comunidades del reino de Castilla y León se encuentran en gran tribulación", decía, refiriéndose al año 1369, el cronista hebreo Samuel ibn Zarza. Este mismo cronista ponía de manifiesto, en otro texto, la estrecha conexión existente entre el bando de Enrique de Trastámara y el antijudaismo, al referirse a lo sucedido en Valladolid: "Cuando había transcurrido como medio año tras la llegada de don Pedro, se rebeló contra él la comunidad de Valladolid. Dijeron: ¡Viva el rey don Enrique! Expoliaron a los judíos que residían entre ellos, saquearon sus casas. No quedaron más que sus cuerpos desnudos y sus tierras devastadas. Devastaron ocho sinagogas". Así las cosas, no tiene nada de extraño que, una vez en el trono el Trastámara, el tercer estado arremetiera violentamente contra los hebreos. Las Cortes convocadas por Enrique II, y en primer lugar las celebradas en Toro en 1371, mostraron una tremenda saña antihebraica. No sólo se pedía su aislamiento sino también su exclusión de cualquier oficio público así como la prohibición de participar en el arrendamiento de las rentas reales. Enrique II, que desde que se deshizo de su hermanastro procuró atemperar la propaganda antijudía, se vio incapaz de poner freno al antisemitismo en marcha.
contexto
A partir del siglo XI los reinos y condados cristianos salen del relativo aislamiento en que se hallaban y se incorporan a las corrientes políticas, económicas, sociales y culturales europeas; los musulmanes, a su vez, intensifican las relaciones con el Norte de África, pero éstas cambian de signo: desaparece, con el califato, el protectorado omeya en la orilla sur del Mediterráneo occidental y al-Andalus se convierte en zona de expansión, en provincia de los imperios surgidos en el mundo islámico norteafricano. Las diferencias en la vinculación a Europa y al Norte de África y la diferente situación del mundo europeo y africano pueden explicar en parte el predominio de los cristianos sobre los musulmanes peninsulares; menos visible pero más efectiva, la influencia europea permite a los cristianos, divididos políticamente, resistir los ataques de los musulmanes fragmentados en numerosos reinos de taifas al desaparecer el califato a comienzos del siglo XI, unificados por los almorávides en los años finales del siglo, divididos nuevamente a mediados del XII, y reunidos una vez más por los almohades, cuya disgregación tras la derrota de Las Navas de Tolosa (1212) da lugar a nuevas taifas. Un último intento de controlar la Península se produce en la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X de Castilla, por obra de los benimerines, que si no llegaron a dominar al-Andalus tampoco fueron rechazados hasta 1340.
obra
El frío y duro invierno de 1779-1780 será vivido intensamente por Monet. La muerte de su esposa le animará a volcarse en la pintura, quizá para olvidar, y realiza un buen número de trabajos entre los que destaca la serie sobre el deshielo que pinto en los primeros días de enero. El interés del artista se centra en captar las diferentes iluminaciones para demostrar como un mismo elemento varía en función de la luz aplicada sobre él, sufriendo un cambio también las tonalidades empleadas. Esta teoría se confirma al comparar esta imagen con la Puesta de sol en el Sena en invierno o Hielo flotando, empleando en cada una de ellas diferentes iluminaciones y tonalidades aunque el paisaje sea el mismo. En esta ocasión el tiempo frío y gris se recoge en las nubes, el agua del Sena o los árboles, utilizando una gama cromática apagada que se ve ligeramente animada por el blanco del hielo. Las pinceladas son tremendamente sueltas, aplicando el color con rapidez, de manera que aproxima a la abstracción al perder fuerza las formas y los volúmenes ante la potencia del color y de la luz.