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Giotto figura un mismo espacio donde se desarrollan dos episodios de la vida de Cristo, tras su muerte. El paisaje da unidad a la secuencia temporal. Situados después del Lamento por el Cristo muerto, a la izquierda tiene lugar la Resurrección. Se presenta la tumba vacía, sobre la que se sientan dos ángeles que anuncian que Dios ha resucitado. Abajo, en el suelo y delante del frontal del sarcófago, los soldados duermen tranquilos ajenos a los acontecimientos. Sus posturas y gestos apacibles son de una calidad de gran realismo, que acerca el suceso milagroso al espectador. Salvo este detalle de los soldados, Giotto ha seguido el Evangelio de San Juan (XX, 12-17), que incluye la descripción del Noli me tangere. La Magdalena había quedado desolada ante la tumba vacía el día después del entierro, Domingo de Pascua. En ese momento se le apareció Dios, hacia el cual se abalanzó incrédula María Magdalena. Jesús exhortó a la santa a que no la tocara (Noli me tangere), porque aún no había subido al cielo. Llama la atención el gesto arrodillado de la Magdalena, detenida por las palabras de Cristo, el cual muestra una posición confusa en sus pies, entre el deseo de abrazar a la santa y el exhorto lanzado. El Resucitado lleva consigo la bandera del Triunfo sobre la muerte, en la que podemos leer "Victor Mortis". También es de destacar la relación que se consigue entre los seres sobrenaturales a partir el color blanco de sus ropajes y sus adornos rojizos, que nos hablan de su intemporalidad con respecto al resto de personajes mortales.
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Firmada y fechada muy ostentosamente, hemos de considerar esta tabla como punto de referencia a la hora de apreciar la obra de Vázquez. lconográficamente, como ocurre con otras historias sacras, tiene muy pocas variantes pero sí distintas interpretaciones. La que presenta Vázquez, bien construida y anatómicamente correcta, tiene mucho que ver con pinturas flamencas que se encuentran en España (Madrid, Descalzas Reales) y otras más difundidas como la Resurrección de Hendrick van der Broeck en la mismísima Capilla Sixtina. Los circundantes y adormecidos soldados proceden del conocimiento ecléctico de muchos grabados flamencos pero interpretados con cierto vigor.
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Esta Resurrección pintada por un anónimo seguidor de Juan Sánchez de Castro se sitúa en el banco del retablo de la iglesia de Santa María de las Nieves de Alanís de la Sierra.
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La Resurrección formaba parte del cuerpo superior del retablo mayor del Colegio de Doña María de Aragón en Madrid. Se situaría en uno de los laterales, acompañando a la Crucifixión - en el centro - y a la Pentecostés. La iconografía del conjunto estaba destinada a velar por el alma de la fundadora - la noble dama Doña María de Aragón, dama de compañía de la reina Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II, y de la infanta Isabel Clara Eugenia, que consagró su vida a las obras de caridad y a la religión - y a preparar a los jóvenes que emprenderían la carrera de predicador en dicha institución. En el conjunto, esta imagen es la más violenta de todas, destacando las posturas escorzadas de los soldados, concretamente del que parece salir hacia el espacio del espectador. Como contraste, sitúa a Cristo en actitud serena, portando la bandera de la victoria en su mano izquierda (que le sirve de paño de pureza), una capa roja que simboliza su martirio y el nimbo romboidal, de clara inspiración bizantina. La frontalidad es la nota principal de esta figura que mantiene los pies unidos como si permaneciera en la cruz. Sin embargo, los soldados exhiben un amplio número de posturas y reacciones ante el hecho sobrenatural que contemplan, elevando sus brazos para acentuar los escorzos. Sólo uno de ellos aparece sentado, apoyando su cabeza cubierta con un casco sobre su brazo izquierdo. Los músculos de estos personajes están en tensión, creando un maravillosos efecto dramático muy en la línea de Tintoretto. Las armaduras se pegan a los cuerpos - igual que en el Martirio de San Mauricio - mostrando la influencia de Miguel Ángel, aunque las figuras de Doménikos son más estilizadas y alargadas, algunas de tamaño gigantesco como el soldado de la derecha. La composición se desarrolla a través de diferentes ritmos triangulares, tendiendo al verticalismo gracias a la figura de Cristo. Los soldados configuran una especie de círculo, figura geométrica muy empleada en el Renacimiento italiano. El colorido va perdiendo protagonismo al estar esbozado por el efecto lumínico. Sin embargo, se aprecia el cromatismo brillante que emplea el candiota, debido a su contacto con los manieristas romanos. La luz sobrenatural crea una especial distribución de las sombras en el conjunto, anticipándose al tenebrismo. Si comparamos esta escena con la de Santo Domingo el Antiguo observamos claramente la evolución de El Greco, convertido en un pintor cada vez más simbólico y espiritual, que toma referencias aprendidas en su estancia italiana pero que elabora un lenguaje totalmente personal con el que logrará grandes triunfos gracias al aluvión de encargos procedente de la élite toledana, cuyo sentimiento religioso comprenderá el candiota mejor que ningún otro pintor.
termino
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El artista Alberto Durero realizó esta xilografía de pequeño tamaño para la llamada "Pequeña Pasión", que narra los últimos días de Jesucristo. La imagen que podemos contemplar nos muestra a Cristo resucitado de su sepulcro de piedra, mientras los soldados duermen plácidamente. Cristo está caracterizado como salvador y triunfador sobre la muerte. Lleva un manto de pliegues quebrados y un cetro con la cruz, el símbolo de su martirio. El halo que resplandece sobre su cabeza indica su naturaleza sobrehumana y encuentra un eco muy poético con el resplandor del sol al amanecer. El amanecer es la mejor imagen de la resurrección, entendida a un nivel universal, merced al sacrificio de Cristo.
acepcion
Este término significa volver a la vida después de la muerte. La Biblia recoge la resurrección de Lázaro. En la Nuevo Testamento este hecho es vital, aunque no se refiere a la vuelta a la vida material del cuerpo. Cuando se anuncia la resurrección de Jesucristo, se alude al día del Juicio Final y a la vida eterna.
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Para la iglesia dei Crociferi de Venecia, Cima da Conegliano pintó en los últimos años del Quattrocento esta tabla en la que el mundo oriental, donde se desarrolla la resurrección, se muestra a través de los atuendos de las figuras, especialmente en los turbantes. La escena aparece en primer plano, creándose una sensación espacial extraordinaria a través de las arquitecturas totalmente renacentistas y de las figuras que se distribuyen en diferentes planos. La luz clara provoca un efecto atmosférico sensacional, difuminando los contornos y resaltando las tonalidades. Los gestos tranquilos de los personajes son característicos de Cima y aportan sosiego al conjunto. La influencia de Antonello da Messina a través de Alvise Vivarini será fundamental para la evolución del maestro, equiparándose sus trabajos con los de Giovanni Bellini o Carpaccio.
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Esta escena es una de las más impactantes del conjunto decorativo que Tintoretto realizó para la Sala Superior de la Scuola Grande di San Rocco. Situado bajo la Visión de Ezequiel, el lienzo está protagonizado por la monumental figura de Cristo resucitado, portando la banderola en su mano izquierda, dejando ver su atlético cuerpo desnudo, a excepción del rojizo paño que le cubre la entrepierna. El escorzo de la figura queda reforzado por la disposición de los cuatro ángeles que levantan la losa de mármol que cerraba el sepulcro, dejando surgir una anaranjada luz sobrenatural. La zona inferior de la composición está ocupada por los soldados dormidos, quedando en la zona de penumbra. En la zona de la izquierda dos pías mujeres que discuten y se acercan a la tumba del Salvador completan la composición, iluminadas por una luz natural que destaca sus rojizas vestimentas.
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En su obra clave del retablo de Isenheim, Mathis Grünewald no duda en recurrir al lenguaje gótico en pro de sus ideales; recurrencia consciente y no un caso de prolongación o supervivencia de presupuestos medievales, como otras obras (incluso laterales del propio retablo de Isenheim, donde aparece preocupado por contrastes lumínicos) evidencian, no obstante ser de menor interés.