Del pintor de los Nióbides conocemos, además, cráteras de volutas decoradas con escenas de centauromaquia y amazonomaquia, temas que hacia finales de la primera mitad del siglo V proliferan en la pintura de vasos. Se trata de otra moda llegada a los talleres de cerámica desde los talleres de los grandes maestros de la pintura y, más concretamente, a consecuencia del éxito obtenido por el pintor ateniense Mikón con las Amazonomaquias pintadas para la Estoa Poikile y para el Theseion y con la Centauromaquia. Si Polignoto es el pintor del ethos, Mikón lo es del pathos, es decir, de la emoción. La forma de interpretarla y expresarla se colige a través de representaciones como la de Aquiles y Pentesilea que decora el fondo de una copa de Munich y a cuyo autor conocemos como Pintor de Pentesilea. La grandiosidad del tema y el patetismo ambiental evocan una creación pictórica de altos vuelos, probablemente un fresco, cuya escena principal se selecciona y adapta al fondo de la copa. Aquiles hunde su espada en el pecho de Pentesilea, momento en el que ambos descubren su mutuo amor y se hablan con la mirada, agonizando ya la reina de las Amazonas. La emotividad de la escena ha sido magistralmente expresada tanto por los aspectos extrínsecos de la composición, entre los que destaca la rapidez vertiginosa en la sucesión de acontecimientos -todo en un instante-, como por los extrínsecos, concentrados en un dramático "tête-á-tête", en el que se aproximan los rostros de perfil y se cruzan las miradas. Un nuevo sentido del movimiento, de la atmósfera y de la tridimensionalidad habían hecho su entrada gracias a la pintura de Mikón, cuyo eco no solamente resuena en la pintura de vasos, sino incluso en creaciones escultóricas tan sonadas como la Centauromaquia del frontón occidental del templo de Zeus en Olimpia. La década 460-450 representa el tramo final en la ascendencia ininterrumpida hacia la plenitud del arte clásico. En ella florecen artistas de primera fila, y entre ellos, los pintores Mikón, Panainos y Agatarco. De la trascendencia de la obra de Mikón ya hemos dejado constancia. Panainos se supone que era hermano de Fidias, con el que colabora como pintor, y su categoría puede ser deducida de la competencia con Polignoto y Mikón. Agatarco merece comentario aparte.
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Durante los primeros siglos de la dinastía Han se asistió a una disminución del repertorio iconográfico y de la superficie decorada, circunstancia que variará a partir del siglo I a. C., coincidiendo con el éxito de la expansión territorial y la estabilidad interna. Bien sean de carácter figurativo, abstracto, geométrico o naturalista, los temas elegidos estuvieron cargados de una fuerte simbología en torno a la inmortalidad y a la integración del hombre en la naturaleza, utilizando como fuentes crónicas históricas, leyendas o la simple contemplación de las fuerzas de la naturaleza. Bronce, cerámica, laca y seda fueron los soportes para esta variada decoración junto a los muros de piedra de los túmulos funerarios. En todos ellos la decoración se acopla a la superficie a decorar, sea ésta circular (espejos de bronce, tejas...), rectangular, triangular o zoomórfica. Se observa una preferencia de temas y motivos en relación al material; los bronces sustentaron una decoración más abstracta de carácter vegetal y animal; la piedra y la cerámica, de tipo narrativo; en las lacas y seda se repetían uno o más motivos siguiendo un esquema previo, considerado como el inicio del diseño decorativo. Entre todos ellos podemos encontrar aquellos de origen chino: dragones, pájaros, tortugas, bandas geométricas, personajes y lugares mitológicos, asociados a su concepción del cosmos, las cuatro direcciones, buenos augurios..., y otros procedentes de la iconografía de los pueblos limítrofes: caballos, camellos, leones, tigres, uva, granada, nuez... En un principio estos últimos se consideraron como secundarios, si bien el proceso de asimilación fue tan rápido que pronto formaron parte del repertorio iconográfico chino. Analicemos la simbología y procedencia de los motivos decorativos a través de ejemplos concretos. En primer lugar, un incensario en bronce de tipo boshanlu. La forma de montaña del incensario hacía alusión a las Islas Inmortales del Taoísmo, que se volvían a repetir en su base. Ambas partes se unen con una figura humana. El pico se ha transformado en un ave, mientras que las laderas de la montaña se adornan con un dragón, un tigre y un pájaro exótico, intercalándose con una figura humana identificado con Chiyu, Señor de la Guerra. Bajo estas figuras, bandas de zig-zags y redes dispuestas horizontalmente enmarcan y separan al mismo tiempo la composición. Esta compartimentación de la decoración fue una aportación de los pueblos de las fronteras, así como el gusto por escenificar sucesos en un ambiente natural. El estandarte en seda, procedente de las tumbas de Mawangdui, en Changsha, fue utilizado como soporte para una decoración pintada de carácter narrativo. La composición en T del estandarte se aprovechó para situar verticalmente los diferentes elementos. El tema no es otro que la visión del mundo mítico y real, a través del juicio del alma de la marquesa de Dou. La parte superior corresponde al mundo celeste, donde conviven diferentes mitos de la cosmología: el pájaro negro siluetado sobre el sol, hacia el cual el cazador Li dispara, mientras que el sapo de tres piernas que habita sólo en la luna se la traga en los eclipses, ocupa el espacio sobre la luna, siendo símbolo de lo inasequible. En el centro, la marquesa y los guardianes de las puertas del cielo, protegiendo su entrada. En el plano inferior, la vida terrenal con la difunta ofreciendo una cena a los oficiantes del rito, y, más abajo, el mundo subterráneo. Alrededor de todas las escenas aparecen dragones de largas colas entremezcladas en el centro y anudando un bi de jade, objeto asociado a los difuntos desde el Neolítico, así como diversas figuras mitológicas (tigres, pájaros, caballos...), relacionados con las cuatro direcciones.
Personaje
Pintor
Inicia su carrera artística trabajando en el taller de un pintor de iconos. Esto le permite cursar sus estudios académicos en San Petersburgo. La exquisitez de la técnica y el dibujo, junto con la riqueza del colorido, determinaron las claves de su obra. Los asuntos de género, protagonizadas por personajes de la calle fueron en todo momento la temática de su obra. En este sentido, supo reflejar con absoluto respeto y cariño la situación de los más pobres. Su obra sirvió, por otra parte, para denunciar la miseria de la sociedad y como oposición al régimen zarista. Es realismo crítico supuso un punto de partida para otros pintores. De su legado hay que resaltar Bateleros del Volga.
contexto
La colonización y organización del territorio es una realidad básica y condicionante de otras muchas en la España cristiana medieval. Sigue, a menudo, a las conquistas, pero ocurre también en tierras que eran dominio de los países hispanocristianos antes del siglo XI, y se prolonga durante siglos, después del impulso inicial, en las que incorporaron durante la gran reconquista. Las colonizaciones y repoblaciones fueron a menudo origen de los procesos de regionalización peninsulares y añadieron una distribución en grandes secciones Oeste-Este a la propia de las divisiones entre reinos, que suele respetar la delimitación de fronteras en dirección Norte-Sur. En muchos de los antiguos territorios cristianos, el Camino de Santiago vertebró buena parte de los fenómenos de inmigración y transformación del poblamiento desde mediados del siglo XI hasta comienzos del XIII, época en la que culminó la colonización de la cuenca del Duero en su mitad Norte (Valladolid nace desde 1085 como núcleo organizativo en su centro). Mientras tanto, desde mediados del siglo XII comenzó en Galicia un amplio fenómeno de modificación del poblamiento rural y de urbanización, sobre todo en las zonas costeras, que prosiguió en Asturias, en la "Marina de Castilla" (actual Cantabria), en Vizcaya y Guipúzcoa, donde concluyó bien entrado el XIV: entre sus resultados, La Coruña, Avilés, San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo, Bilbao, San Sebastián. La transformación de la red de poblamiento se produjo coetáneamente en la Cataluña Vieja, gracias a las numerosas cartas de franqueza otorgadas por los condes y al renacimiento urbano. Los territorios ganados entre 1085 y 1215 son la segunda gran zona a considerar. Se trata de la mitad sur del valle del Duero castellano y leones, o "Extremadura", colonizado después de que la toma de Toledo alejó el peligro de la frontera, según el modelo de ciudades principales dotadas de fuero y de un amplio territorio dependiente en el que se instalan cientos de aldeas: Sepúlveda, Segovia, Ávila, Salamanca. Toledo y su reino -casi toda la actual Castilla la Nueva- se organizaron con otras peculiaridades, entre ellas algunos rasgos de origen islámico en la administración de la ciudad debido a la permanencia de cristianos mozárabes; además, acudieron buen número de inmigrantes francos. También ocurrió esto en Zaragoza y en el sector medio del valle del Ebro repoblado por entonces; allí, la permanencia de población musulmana mudéjar fue mucho mayor. Algo después, a finales del siglo XII, la organización de la actual alta Extremadura (Plasencia) y la de Cuenca y Teruel, en tierras del Sistema Ibérico, se hacía de nuevo siguiendo el derecho de frontera propio de la "extremadura" del sur del Duero. Desde mediados de aquel siglo se acometía la colonización de la Cataluña Nueva de Lérida, Tarragona y Tortosa. Entre las novedades del XII hay que recordar, por último, la difusión del modelo colonizador rural cisterciense desde mediados de siglo, y la importancia y extensión de los señoríos de órdenes militares diversas, sobre todo en las zonas de nueva conquista. Las tierras ganadas en el siglo XIII fueron objeto de una colonización inicial rápida y planificada. Su conquista permitió, además, la plena organización de una retaguardia que alcanzó entonces la seguridad necesaria, y así fue como se repoblaron grandes sectores de las actuales Castilla la Nueva y Extremadura por la acción regia (Cáceres, Badajoz, Trujillo, Alcaraz, Ciudad Real) y por la de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan. Se puso, sin embargo, mayor empeño en la repoblación de la cuenca del Guadalquivir y sus anejos, donde surgió entonces la actual Andalucía: casi toda la población musulmana emigró a Granada o al Magreb después de la revuelta de 1264, cuando ya habían dado sus mejores resultados los procesos de repartimiento entre nuevos pobladores llevados a cabo en las ciudades del rey y en sus amplios territorios (Sevilla, Córdoba, Baeza y Úbeda), en los señoríos de las órdenes militares y en los más reducidos y todavía incipientes de la nobleza. Los fenómenos de colonización interior continuaron a ritmo desigual durante varios siglos, pero lo fundamental estaba ya hecho hacia 1275. Lo mismo sucede en Mallorca e Ibiza, pobladas de nuevo casi por completo, y en el nuevo reino de Valencia, colonizado por catalanes y aragoneses, que también aportaron hombres a la repoblación de Murcia: los tratados de capitulación permitieron la permanencia de muchos mudéjares en Valencia, indispensables para la actividad económica, y aquella realidad no se alteró por causa de sus revueltas sino que permaneció durante siglos, aunque cada vez más degradada. El final de la reconquista -pues incluso Granada era un emirato vasallo de Castilla- y de los grandes procesos de colonización y organización territorial coincide con el tránsito hacia tiempos distintos, los de la Edad Media tardía. En aquel momento, los reinos españoles habían alcanzado ya su plena definición territorial y consumado su integración en los marcos sociales y económicos, culturales, políticos y de relación reciproca propios de los países del Occidente latino: ésta fue la gran herencia dejada por la plenitud medieval a la identidad histórica de España.