Para los muros laterales del presbiterio del convento de Santa Clara en Carmona (Sevilla) pintó Valdés Leal esta obra en la que se narra un episodio que tuvo lugar en el convento de San Damiano de la ciudad de Asís en 1240. El convento fue atacado por las tropas sarracenas que estaban al servicio del emperador Federico II y santa Clara, gravemente enferma, se levantó del lecho para formar una procesión junto con las demás monjas que trasladara una custodia con la Sagrada Forma a las puertas del templo. Los sarracenos huyeron al contemplar la custodia y santa Clara salvó el convento.Valdés Leal presenta a las monjas durante la procesión con gestos absolutamente seguros de la salvación del convento gracias al traslado de la custodia. Incluso la pequeña novicia que aparece en primer plano refleja en su rostro el aplomo que caracteriza a sus compañeras, a excepción de una del fondo que aparece con gesto compungido y temeroso. Posiblemente el artista contemplara en directo alguna procesión y captara gracias a ella esta galería de gestos con tanta seguridad. La iluminación en penumbra estaría identificada con el ambiente oscuro del interior del templo, reforzando el apagado cromatismo de la pintura las tonalidades oscuras de los hábitos de las monjas. Sólo la ligera iluminación de las velas animan la escena, resaltando los rostros de las franciscanas. En la parte superior apreciamos un rompimiento de Gloria con dos ángeles que dejan caer flores sobre la custodia, reforzando la seguridad en la salvación de las integrantes del cortejo. En estas figuras el pintor sevillano se permite cierta licencia cromática que contrasta con el resto del conjunto
Busqueda de contenidos
obra
La pintura de Valeriano Bécquer se halla, en su etapa sevillana, ligada a la tradición pictórica de su ciudad y luego, en Madrid, se remonta, desde sus raíces sevillanas, hacia una pintura de más amplias inquietudes, en la que los ecos velazqueños, e incluso goyescos, pueden ser detectables. Finalmente su arte se polariza en la expresión de una realidad dignificada, apoyada en el valor de un magnífico dibujo y un rico, limpio y luminoso colorido.
obra
El gran pintor de los fastos venecianos del Quattrocento será Gentile Bellini, heredero del estilo de su padre Jacopo. Como podemos apreciar en esta Procesión en la plaza de san Marcos, las figuras se ubican en un escenario arquitectónico típicamente veneciano, uniendo edificios bizantinos con italianos. Las pequeñas figuras pueblan toda la superficie, en una excelente radiografía de la sociedad veneciana. La perspectiva es menos cuidada que la iluminación y el colorido, bases de esta Escuela que desarrollarán durante el Cinquecento los maestros Tiziano y Tintoretto. La atracción hacia el mundo oriental de Gentile -el primer pintor que trabajó el óleo sobre lienzo- le hizo viajar hasta la Corte del sultán Mahomet II que le otorga la distinción de bey.
obra
La estela de Goya fue seguida con fuerza por los representantes del costumbrismo madrileño, Alenza y Lucas, quedando interrumpida hasta que Fortuny se interesó especialmente por el maestro aragonés. Las visitas al Museo del Prado en compañía de Federico de Madrazo serán el inicio de una profunda admiración hacia los grandes maestros españoles: Ribera, El Greco, Velázquez y, por supuesto, Goya, llegando a manifestar que "cada día voy conociendo más que hay mucha afinidad entre lo que él buscaba y lo que busco yo". Esa afinidad la encontramos en esta escena que contemplamos, a pesar de emplear cada artista un medio diferente, buscando ambos la vitalidad y la expresividad en sus trabajos. A las puertas de una iglesia los sacerdotes deben regresar al interior del templo ante la lluvia que descarga, provocando la interrupción de la procesión. Un hombre vestido a la moda dieciochesca sujeta un paraguas rojo mientras los monaguillos corren en dirección al templo portando largas palmatorias. Las expresiones y los gestos de cada personaje están logrados a la perfección, exhibiendo Fortuny un estilo rápido y minucioso al mismo tiempo, preocupándose por los detalles que considera necesarios, contrastando entre las zonas sin apenas tratamiento y las figuras más detalladas. Las vivas tonalidades rojas empleadas contrastan a su vez con los blancos y los negros, obteniendo un resultado de elevada calidad, como si de un cronista gráfico se tratara.