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PRIMERA PARTE El siguiente día después de la fiesta, llegábanse todas las mujeres del pueblo cerca del fuego que estaba allí, y tostaban maíz y hacían cacalote, y lo comían allí todas emborrachándose, y tomaban aquel maíz tostado y echabanlo en miel, y entraban luego unos que bailaban un baile llamado parácata uaraqua, y bailaban el dicho baile en el patio que estaba cercado de tablas, o en las casas de los papas, y el sacerdote desta diosa bailaba allí ceñido una culebra hechiza con una mariposa hecha de papel. SICUINDIRO Cinco días de esta fiesta, se llegaban los sacerdotes de los pueblos susodichos, con sus dioses, y venían a la fiesta, y entraban en las casas de los papas los bailadores llamados cesquárecha, y otros dos sacerdotes llamados hauripitzípecha, y ayunaban hasta el día de la fiesta, y la víspera de la fiesta, señalaban en los pechos los sacerdotes dos esclavos o delincuentes que habían de sacrificar el día de la fiesta, y el día de la fiesta bailaban los dichos bailadores con sus rodelas de plata a las espaldas y lunetas de oro al cuello, y venían dos principales a aquel baile, y éstos representaban las nubes blanca y amarilla, colorada y negra, disfrazándose para representar cada nube destas, habiendo de representar la nube negra, vestíanse de negro, y así de las otras, bailaban éstos allí con los otros, y otros cuatro sacerdotes que representaban otros dioses que estaban con la dicha Cuerauáperi y sacrificaban los dichos esclavos, y en sacando los corazones, hacían sus cerimonias con ellos, y así calientes como estaban, los llevaban a las fuentes calientes del pueblo de Araró desde el pueblo de Zinapéquaro, y echábanlos en una fuente caliente pequeña, y atapábanlos con tablas, y echaban sangre en todas las otras fuentes que están en el dicho pueblo, que eran dedicadas a otros dioses que estaban allí; y aquellas fuentes echan baho de sí, y decían que de allí salían las nubes para llover, y que las tenía en cargo esta dicha diosa Cuerauáperi, y que ella las enviaba de Oriente, donde estaba, y por este respeto echaban aquella sangre en las dichas fuentes. Después de hecho el sacrificio; salían aquellos dos, llamados hauripitzípecha, que quiere decir quitadores de cabellos, y andaban tras la gente, hombres y mujeres, y cortábanles los cabellos con unas navajas de la tierra, y éstos andaban todos embixados de colorado, y unas mantas delgadas en las cabezas, y tomaban de aquellos cabellos que habían quitado, y metíanlos en la sangre de los que habían sacrificado y echábanlos en el fuego, y después el siguiente día bailaban vestidos con los pellejos de los esclavos sacrificados, y emborrachábanse cinco días, y por el mes de charapu tzpai, llevaban ofrendas por los dichos sacrificados, y en otra fiesta, llamada Caheri uapánsquaro bailaban con unas cañas de maíz a las espaldas. Iba esta diosa en dos fiestas con sus sacerdotes a la ciudad de Mechuacán, por la fiesta de Cuingo y Curíndaro y allí le daban dos esclavos en ofrenda, para su sacrificio. Asimesmo esta diosa Cuerauáperi se revestía en alguno de improviso y caíase amortecido, y después íbase él mismo a que le sacrificasen, y dábanle a beber mucha sangre, y bebíala, y entraba en hombres y mujeres y éstos que así tomaba de dos o tres pueblos, de tarde en tarde, se los sacrificaban diciendo que ella misma los había escogido para su sacrificio. Era tenida en mucho en toda esta provincia, y nombrada en todas sus fábulas y oraciones, y decían que era madre de todos los dioses de la tierra y que ella los envió a morar a las tierras, dándoles mieses y semillas que trujesen, como se ha contado en sus fábulas. Tenía sus cúes en el pueblo de Araró y otros pueblos, y su ídolo principal en un cu, que está en el pueblo de Zinapéquaro, encima de un cerro, donde parece hoy en día derribado, y decía la gente que esta diosa enviaba las hambres a la tierra.
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PRIMERA PARTE CAPÍTULO PRIMERO Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía. No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia. Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules; por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban. Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombres Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán. El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo. Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento. -¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe el espacio, que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron. Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra: -¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha. Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas. Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie. Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo -¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi Caculhá, Raxa Caculhá! -Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron. Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas. Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua. De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.
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PRIMERA PARTE DEL LIBRO QUINTO DE LA HISTORIA DE LA FLORIDA DEL INCA Donde se hace mención de un español que se quedó entre los indios; las diligencias que por él se hicieron; de un largo viaje de los castellanos, que atravesaron ocho provincias; la enemistad y guerra cruel entre guacoyas y anilcos; la muerte lamentable del gobernador Hernando de Soto y dos entierros que los suyos le hicieron. Contiene ocho capítulos. CAPÍTULO I Entran los españoles en Naguatex y uno de ellos se queda en ella En todo el tiempo que los españoles estuvieron invernando en el pueblo y alojamiento de Utiangue, que fueron más de cinco meses, no sucedió cosa de momento que sea de contar más de lo que se ha dicho. Pues como entrase el mes de abril del año de mil y quinientos y cuarenta y dos, le pareció al gobernador que era tiempo de pasar adelante en su descubrimiento. Con este acuerdo salió de Utiangue y fue encaminado al pueblo principal de la provincia Naguatex, que tenía el mismo nombre, y por él se llamaba así toda su provincia. Y era diferente del que hemos dicho, donde el gobernador hizo la correría pasada de Utiangue a Naguatex. Por donde los castellanos fueron, hay veinte y dos o veinte y tres leguas de tierra fértil y muy poblada de gente, las cuales anduvieron los nuestros en siete días sin que les acaeciese cosa notable en el camino más de que en algunos pasos estrechos de arroyos o montes salían los indios a dar rebatos, empero, volviéndoles el rostro, se acogían a los pies. Al fin de los siete días llegaron al pueblo de Naguatex y lo hallaron desamparado de sus moradores, y se alojaron en él, donde estuvieron quince o diez y seis días. Corrían a todas partes la comarca y tomaban la comida que habían menester, con poca o ninguna resistencia de los indios. Pasados seis días que los españoles habían estado en el pueblo, envió el señor de él una embajada al gobernador diciendo suplicaba a su señoría le perdonase no haberle esperado en su pueblo para le servir como hubiera sido razón y que, de vergüenza del mal hecho pasado, no osaba venir luego, mas que dentro de pocos días saldría a besarle las manos y reconocerle por señor y, entre tanto que él no salía, mandaría a sus vasallos le sirviesen en todo lo que les mandase. Esta embajada dieron con grandes ceremonias, como hemos dicho de otras. El adelantado respondió que siempre que viniese sería bien recibido y que holgaría conocerle y tenerle por amigo como lo eran los más de los curacas por cuyas tierras había pasado. El embajador volvió muy contento con las palabras del gobernador. Otro día siguiente, bien de mañana, vino otro mensajero y trajo consigo cuatro indios principales y más de quinientos indios de servicio y dijo al general que su señor enviaba aquellos cuatro hombres, que eran sus deudos muy cercanos, para que, entretanto que él venía, le sirviesen e hiciesen su mandado y que, pues le enviaba los hombres más principales de su casa y estado, como en rehenes de su venida, la tuviese por cierta. El gobernador respondió con buenas palabras agradeciendo la venida de los indios y mandó que en las correrías no prendiesen más indios como hasta entonces se había hecho. Empero, el cacique nunca vino a ver al gobernador, por lo cual se entendió que hubiese enviado las embajadas y los indios principales y los de servicio por temor no le talasen los campos y quemasen los pueblos, y por excusar que no le cautivasen más gente de la que habían preso. Los indios principales y todos los demás sirvieron a los castellanos con mucho deseo de darles contento. El gobernador, habiéndose informado de lo que en aquella provincia y su comarca había, así por relación de los indios como por la de los españoles que salían a correr la tierra, salió del pueblo Naguatex con su ejército, acompañado de los cuatro indios principales y otra mucha gente de servicio que el cacique envió con bastimento que llevasen hasta poner los castellanos en otra provincia. Habiendo caminado los españoles dos leguas, echaron menos a un caballero natural de Sevilla que había por nombre Diego de Guzmán, el cual había ido a esta conquista como hombre noble y rico con muchos vestidos costosos y galanos, con buenas armas y tres caballos que metió en la Florida y se trataba en todo como caballero, sino que jugaba apasionadamente. El gobernador, luego que lo echaron menos, mandó que parase el ejército y prendiesen los cuatro indios principales hasta saber qué hubiese sido del español, porque temieron que lo hubiesen muerto los indios. Hízose gran pesquisa entre los españoles y súpose que el día antes le habían visto en el real y que, cuatro días antes, había jugado cuanto tenía hasta perder los vestidos y las armas y un muy buen caballo morcillo que le había quedado y que, pasando adelante en la pasión y ceguera de su juego, había perdido una india de su servicio, que por su desdicha le había cabido en suerte, de las que el gobernador prendió en la correría que dijimos había hecho en un pueblo de esta misma provincia Naguatex, en la cual correría también se había hallado Diego de Guzmán. Averiguose asimismo que muy llanamente había pagado todo lo que había perdido, salvo la india, y que había dicho al ganador que le esperase cuatro o cinco días, que él se la enviaría a su posada, y que no se la había enviado, y que la india faltaba juntamente con él. Por los cuales indicios se sospechó que por no la dar, y por la vergüenza de haber jugado las armas y el caballo, que entre soldados se tiene por vilísima, se hubiese ido a los indios. Esta sospecha se certificó luego, porque se supo que la india era hija del curaca y señor de aquella provincia Naguatex, moza de diez y ocho años y hermosa en extremo, las cuales cosas pudieron haberle cegado para que inconsideradamente negase a los suyos y se fuese a los extraños. El gobernador mandó a los cuatro indios principales hiciesen traer luego aquel español que había faltado en su tierra; donde no, que entendería que ellos lo hubiesen muerto a traición, en cuya venganza mandaría los hiciesen cuartos a ellos y a todos los indios que consigo traían. Los principales, con temor de la muerte, enviaron mensajeros que fuesen a toda diligencia a diversas partes donde entendían que podrían haber nuevas de Diego de Guzmán, y les encargaban que volviesen con la misma diligencia, antes que los españoles, por su tardanza, les hiciesen algún agravio. Los mensajeros fueron y volvieron el mismo día con relación que Diego de Guzmán quedaba con el cacique, el cual lo tenía haciéndole toda la fiesta y regalo posible, y que el español decía que no quería volver a los suyos. Y, porque decimos que estos españoles jugaban, y no hemos dicho con qué, es de saber que, después que en la sangrienta batalla de Mauvila les quemaron los naipes que llevaban con todo lo demás que allí perdieron, hacían naipes de pergamino y los pintaban a las mil maravillas, porque en cualquier necesidad que se les ofrecía se animaban a hacer lo que habían menester, y salían con ello como si toda su vida hubieran sido maestros de aquel oficio. Y porque no podían o no querían hacer tantos cuantos eran menester, hicieron los que bastaban, sirviendo por horas limitadas, andando por rueda entre los jugadores, de donde (o de otro paso semejante) podríamos decir que hubiese nacido el refrán que entre los tahúres se usa decir jugando: "Démonos prisa, señores, que vienen por los naipes." Y como los que hacían los nuestros eran de cuero duraban por penas.
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PRIMERA PARTE DEL LIBRO SEGUNDO DE LA HISTORIA DE LA FLORIDA DEL INCA Donde se trata de cómo el gobernador llegó a la Florida y halló rastro de Pánfilo de Narváez y un cristiano cautivo; los tormentos y la cruel vida que los indios le daban; las generosidades de un indio, señor de vasallos; las prevenciones que para el descubrimiento se hicieron: los sucesos que acaecieron en las primeras ocho provincias que descubrieron y las desatinadas bravezas, en palabras y obras, de un cacique temerario. Contiene treinta capítulos. CAPÍTULO I El gobernador llega a la Florida y halla rastro de Pánfilo de Narváez El gobernador Hernando de Soto, que, como dijimos, iba navegando en demanda de la Florida, descubrió tierra de ella el postrer día de mayo, habiendo tardado diez y nueve días por la mar por haberle sido el tiempo contrario. Surgieron las naos en una bahía honda y buena que llamaron del Espíritu Santo, y, por ser tarde, no desembarcaron gente alguna aquel día. El primero de junio echaron los bateles a tierra, los cuales volvieron cargados de hierba para los caballos y trajeron mucho agraz de parrizas incultas que hallaron por el monte, que los indios de todo este gran reino de la Florida no cultivan esta planta ni la tienen en la veneración que otras naciones, aunque comen la fruta de ella cuando está muy madura o hecha pasas. Los nuestros quedaron muy contentos de las buenas muestras que trajeron de tierra por asemejarse en las uvas a España, las cuales no hallaron en tierra de México ni en todo el Perú. El segundo día de junio mandó el gobernador que saliesen a tierra trescientos infantes al auto y solemnidad de tomar la posesión de ella por el emperador Carlos Quinto, rey de España. Los cuales, después del auto anduvieron todo el día por la costa sin ver indio alguno y a la noche se quedaron a dormir en tierra. Al cuarto del alba dieron los indios en ellos con tanto ímpetu y denuedo que los retiraron hasta el agua, y, como tocasen arma, salieron de los navíos infantes y caballos a los socorrer con tanta presteza como si estuvieran en tierra. El teniente general Vasco Porcallo de Figueroa fue el caudillo del socorro. Halló los infantes de tierra apretados y turbados como bisoños, que unos a otros se estorbaban al pelear, y algunos de ellos ya heridos de las flechas. Dado el socorro y seguido un buen trecho el alcance de los enemigos, se volvieron a su alojamiento. Y apenas habían llegado a él cuando se les cayó muerto el caballo del teniente general de un flechazo que en la refriega le dieron sobre la silla, que pasando la ropa, tejuelas y bastos, entró más de una tercia por las costillas a lo hueco. Vasco Porcallo holgó mucho de que el primer caballo que en la conquista se empleó y la primera lanza que en los enemigos se estrenó, fuese el suyo. Este día y otro siguiente desembarcaron los caballos, y toda la gente salió a tierra. Y, habiéndose refrescado ocho o nueve días y dejado orden en lo que a los navíos convenía, caminaron en la tierra adentro poco más de dos leguas, hasta un pueblo de un cacique llamado Hirrihigua con quien Pánfilo de Narváez, cuando fue a conquistar aquella provincia, había tenido guerra, aunque después el indio se había reducido a su amistad, y, durante ella, no se sabe por qué causa, enojado Pánfilo de Narváez, le había hecho ciertos agravios que por ser odiosos no se cuentan. Por la sinrazón y ofensas quedó el cacique Hirrihigua tan amedrentado y odioso de los españoles que, cuando supo la ida de Hernando de Soto a su tierra, se fue a los montes desamparando su casa y pueblo. Y por caricias, regalos y promesas que el gobernador le hizo, enviándoselas por los indios sus vasallos que prendía, nunca jamás quiso salir de paz ni oír recaudo alguno de los que le enviaban, antes se enfadaba con quien se los llevaba diciendo que, pues sabían cuán ofendido y lastimado estaba de aquella nación, no tenían para qué llevarle sus mensajes, que, si fueran sus cabezas, ésas recibiera él de muy buena gana, mas que sus palabras y nombres no les querría oír. Todo esto y más puede la injuria, principalmente si fue hecha sin culpa del ofendido. Y para que se vea mejor la rabia que este indio contra los castellanos tenía, será bien decir aquí algunas crueldades y martirios que hizo en cuatro españoles que pudo haber de los de Pánfilo de Narváez, que, aunque nos alarguemos algún tanto, no saldremos del propósito, antes aprovechará mucho para nuestra historia. Es de saber que, pasados algunos días después que Pánfilo de Narváez se fue de la tierra de este cacique, habiendo hecho lo que dejamos dicho, acertó a ir a aquella bahía un navío de los suyos en su busca, el cual se había quedado atrás, y, como el cacique supiese que era de los de Narváez y que los buscaba, quisiera coger todos los que iban dentro para quemarlos vivos. Y por asegurarlos se fingió amigo de Pánfilo de Narváez y les envió a decir cómo su capitán había estado allí y dejado orden de lo que aquel navío debía de hacer, si aportase a aquel puerto. Y para persuadirles a que le creyesen mostró desde tierra dos o tres pliegos de papel blanco y otras cartas viejas que de la amistad pasada de los españoles, o como quiera que hubiese sido, había podido haber, y las tenía muy guardadas. Los del navío, con todo esto, se recataron y no quisieron salir a tierra. Entonces el cacique envió en una canoa cuatro indios principales al navío diciendo que, pues no fiaban de él, les enviaba aquellos cuatro hombres nobles y caballeros (este nombre caballero en los indios parece impropio porque no tuvieron caballos, de los cuales se dedujo el nombre, mas, porque en España se entiende por los nobles, y entre indios los hubo nobilísimos, se podrá también decir por ello) en rehenes y seguridad para que del navío saliesen los españoles que quisiesen ir a saber de su capitán Pánfilo de Narváez, y que, si no se aseguraban, que les enviaría más prendas. Viendo esto, salieron cuatro españoles y entraron en la canoa con los indios que habían llevado los rehenes. El cacique, que los quisiera todos, viendo que no iban más de cuatro no quiso hacer más instancia en pedir más castellanos porque esos pocos que iban a él no se escandalizasen y se volviesen al navío. Luego que los españoles saltaron en tierra, los cuatro indios que habían quedado en el navío por rehenes, viendo que los cristianos estaban ya en poder de los suyos, se arrojaron al agua, y, dando una larga zambullida y nadando como peces, se fueron a tierra, cumpliendo en esto el orden que su señor les había dado. Los del navío, viéndose burlados, antes que les acaeciese otra peor, se fueron de la bahía con mucho pesar de haber perdido los compañeros tan indiscretamente.
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PRIMERA PARTE DEL VIAGE AL REYNO DEL PERU, QUE COMPREHENDE LA RELACION DE LOS PRACTICADOS HASTA EL REYNO DE QUITO, CON VARIAS NOTICIAS CONCERNIENTES A LA NAVEGACION Y CONOCIMIENTO DE LOS MARES, DESCRIPCIONES DE CIUDADES Y PROVINCIAS Y METHODO QUE SE TUVO PARA LA MEDIDA DE ALGUNOS GRADOS DE MERIDIANO EN LA INMEDIACION DEL EQUADOR. LIBRO 1 CAUSAS POR QUE SE EMPRENDIO EL VIAGE. NAVEGACION DESDE LA BAHIA DE CADIZ A LA CIUDAD DE CARTAGENA DE LAS INDIAS; DESCRIPCION Y NOTICIA DE ESTA CAPITULO I Motivo del viage á la America meridional con el fin de medir algunos grados del meridiano cerca del equador. Salida de la bahía de Cadiz y llegada á la de Cartagena de las Indias, con noticias de la navegación en esta travesía 1 Aspirando el corazón del hombre á aquellas cosas que, al passo que se representan á la imaginacion mas inassequible, llevan consigo la mayor recomendación de su utilidad, no omite quantos esfuerzos le son possibles para emprenderlas, y tanto más lisongean estas su gusto quanto sus dificultades deberian aterrorizar mas su determinacion. El estimulo de la gloria vinculada siempre en lo arduo de las grandes empresas ha sido un poderoso atractivo pues, embelesando el animo con el hechizo y esperanza de su logro, infunde valor para idearlas y seguirlas; incita á tener en poco las incomodidades y despreciar los riesgos y hace concebir como pequeños los obstáculos, que sin esta circunstancia aparecerian agigantados. Muchas veces, empero, ni es bastante para llegar al fin el deseo y la resolucion constante, ni consiguen el efecto los medios de cuya proporcionada aplicacion lo esperaba la prudencia y la politica de los hombres. La Divina Providencia, que dirige por sus altos á incomprehensibles juicios la carrera de nuestras acciones y sucessos, parece tiene determinados en ellas ciertos periodos, hasta cuyo cumplementos sean inutiles nuestras tentativas y permanezcan ocultos los assuntos, que para confusion de nuestros entendimientos dexó reservados y desconocidos su Infinita Sabiduria. Los frutos que en semejante conducta debemos reconocer mas son dignos de nuestra reverencia que de nuestra especulacion. El propio conocimiento de los cortos alcances del humano discurso, la honesta recreacion y empleo de sus luces en la averiguacion de sus verdades, que sin un continuo y dilatado estudio no podia descubrir y en cuya busca se logra desterrar el ocio proporcionando para su hallazgo la delectacion del animo y la quietud, y otras semejantes utilidades, todos son objetos muy recomendables que nos deberán conducir á la veneracion y al respeto. El deseo en todos tiempos y personas de poder ser instrumentos, por donde se derivasse á los demás el conocimiento de algunas de estas encubiertas verdades, ha sido en ellos el fomento de la aplicacion, el empeño de sus quotidianas é incansables tareas y el principal apoyo sobre que han cimentado las ciencias sus adelantamientos. A veces lo que no pudo en muchos tiempos facilitar á la humana comprehension, la diligencia descubrió, no sin admiracion y júbilo, la casualidad, y á veces lo mismo á que aspiraba infatigablemente el discurso, representado con los aparentes visos de insuperables escollos, hacía desfallecer á la mas activa y eficaz resolucion a esto conspiraba en parte el que, proponiendose á la idea con los mas bellos coloridos que podia discurrir la imaginacion, lo arduo, se ocultaban al mismo tiempo los medios de vencerlo hasta que, allanados a fuerza de la aplicacion y del trabajo algunos de estos, daban mas acomodado transito al vencimiento de aquello. 2 Entre los muchos descubrimientos que nos acuerdan, debidos ó á la casualidad ó á el estudio, las Historias, no merece el inferior lugar el de las Indias, paises por dilatados siglos, ó casi del todo ignorados ó borradas de la memoria de los europeos sus noticias con el velo de la antiguedad, desconocidas con el transcurso del tiempo y desfiguradas con la confusion y obscuridad en que se hallaban embueltas. Pero, llegando al fin la feliz epoca á que estaba destinado este suceso para ilustrar con él el glorioso reynado, por tantos otros titulos recomendable, de los catholicos reyes Don Fernando y Doña Isabel, todos los impossibles que abultaba la falta de luces los venció la industria y la constancia; todas las dificultades que se proponian á la idea y persuadian la empressa ó temerario ó ridicula las superó la razón y las acreditó de poco momento la experiencia; y todos los obstáculos con que la Poderosa Mano parece quiso en la repulsa de las otras naciones dar á entender estar reservado el vencerles á la nuestra quedaron deshechos a esmeros de su favor, esfuerzos de los sabios monarcas que lo dirigieron, valor y prudencia de los subditos que la emprendieron y celo de todos en el piadoso fin de sus designios. Dixe á la casualidad ó al estudio porque aún no está bien averiguado si Colón debió á solas las luces de su conocimiento en la cosmographía y experiencia en la náutica la seguridad con que apoyaba haver tierras no descubiertas acia la parte de occidente ó si á ellas contribuyeron tambien las noticias que de tales tierras le dexó el piloto que las havia descubierto y, llevado de una tormenta, siendo hospedado en su casa, le dexó morir en ella, y, en pago del buen acogimiento, por herencia, los papeles y demarcaciones en que se contenian. 3 La vasta extension de aquel continente, la muchedumbre y dilatacion de sus provincias, la variedad de sus climas, producciones y particularidades y, en fin, las distancias y dificil comunicacion de unas partes con otras de él, y mucho mas con las de Europa han sido bastantes causas para que, aunque descubierto y habitado de europeos en su mayor parte, no nos sea del todo conocido y se ignoren de él muchas cosas, que contribuirían no poco á la mas cabal idea de una tan gran parte del orbe. Pero aunque el descubrimiento é investigación peculiar de estas noticias pudiera haver sido digno assunto de los desvelos del monarca y de la aplicacion de los mas hábiles y diestros vassallos, y como menos principal encargo lo fue de nuestro viage, otro mas oculto y mas alto designio fue el que como fin primario y digno de mayor atencion influyó en la sabia resolucion del principe que nos lo mandó executar. 4 Yá es bien sabida en el orbe literario la célebre cuestion suscitada en estos ultimos siglos sobre la figura y magnitud de la tierra, y que si hasta ellos se havia creído ser perfectamente esphérica, la prolixidad de las ultimas observaciones havia hecho concebir á los sabios dos encontradas opiniones, que, suponiendo ambas su figura eliptica, daba la una su mayor diametro en los polos al passo que la otra establecia serlo el del equador, de cuya diversidad se dá mas amplia noticia en el tomo de las Observaciones Astronomicas y Physicas hechas de orden de S. M. en los Reynos del Perú. La decision y averiguacion de un punto, en que no solo se interesaban la cosmographía y geographía mas tambien la náutica y astronomía y otras artes y ciencias utiles al comun, fue la que dió motivo á nuestra empressa. Pero, ¿quién se persuadiria que aquellos paises, no mucho tiempo ha desconocidos, havian de ser el medio é instrumento mediante el qual se viniesse al perfecto conocimiento y noticia del mundo antiguo y que assi como el Nuevo le debia su descubrimiento le havia de recompensar esta ventaja con el descubrimiento, hecho en el de su verdadera figura, hasta el presente ó ignorada ó controvertida?, ni ¿quién formaria concepto de que en él huviessen de encontrar las ciencias thesoros no menos apreciables que los que producen las minas de aquellos imperios y que tanto han enriquecido á los demás? ni ¿quién, finalmente, que á su execucion se havian de ofrecer tantas dificultades y obstáculos que vencer, quantos requirieron la prolixidad de las operaciones, la intemperie de los terrenos y parages donde se hicieron y, por fin, la naturaleza misma de la empresa, como en parte se han visto en el citado libro y en parte se contendrán en este? Sin duda, para que el haverlas superado con la protección real pudiera colocarla en el grado mas sublime. Una obra, pues, de tal recomendacion estaba reservada al presente siglo, y en él á los dos monarcas españoles Don Phelipe V, que está en el cielo, y Don Fernando VI nuestro señor. A aquel gran rey para que la emprendiesse y mandasse y á este piadoso monarca para que, adoptandola como propia, la hiciesse dar al publico, no solo para que sus vassallos gocen del beneficio de sus luces sí tambien para que desfrutassen el mismo interés todas las naciones á quienes no es menos apreciable su conocimiento. Y para que no quede impropia la relacion de este viage con la falta de noticias que puedan instruir en las circunstancias mas particulares que lo promovieron, havré de tocar aquellas que parezcan inescusables á fin de que su prevencion sirva como de base fundamental á los demas assuntos que por su orden se irán tratando. 5 Los ardientes deseos y esmeros de la Academia Real de las Ciencias de Paris por el adelantamiento de estas, no pudiendo aquietarse en la duda sobre la verdadera figura y magnitud de la tierra, objeto que, por muchos años, tenia ocupados en su importante especulacion los mas hábiles ingenios de la Europa, fueron causa de que aquel sabio congresso hiciesse presente á su soberano la necessidad de que se terminase este punto por ser sumamente util, en especial para la geographía y navegacion, proponiendose el méthodo de poderlo conseguir, que era medir algunos grados de meridiano en las cercanías del equador, los quales, cotejados con los que se havian concluido en Francia ó, como con mas acuerdo se resolvió despues de nuestra salida, con otros averiguados en el circulo polar, se pudiesse de su igualdad ó desigualdad inferir la de las varias partes de su circunferencia, y de estas, la de su figura y magnitud. Para esto, no se discurria otro país mas adecuado que el de la provincia de Quito en la America meridional porque otros, que la equinocial cortaba en el Africa y Asia, ó se hallaban habitados de barbaros pueblos ó no tenían la extension necessaria para el intento; con que, aquellos por impenetrables y estos por cortos, dexaban el de Quito unico donde se pudiesse perfeccionar la idea. 6 Interessado el rey christianissimo Luis XV de Francia en esta empresa, solicitó por medio de sus ministros que el rey Don Phelipe V se dignasse conceder licencia á algunos de los Individuos de aquella Real Academia para que pudiessen passar á Quito á poner en planta el proyecto de su obra, expresando el fin á que se dirigian estas observaciones, su utilidad y lo distante que era esta ocupacion de todas las otras adonde pudiera estenderse la desconfianza politica de la razon de Estado. Persuadido S. M. de la sinceridad de estas instancias y deseoso de que se pudiesse lograr sin que resultasse perjuicio á su Corona ó vassallos, quiso que le consultasse el Consejo de Indias, y, haviendo examinado este tribunal el assunto, á su favorable consulta fue consiguiendo la gracia, con todas las recomendaciones necessarias y los quilates de la soberana proteccion á los sugetos que huviessen de passar á aquellas partes con este destino, de que se despacharon cedulas en 14 y 20 de agosto de 1734 mandando al virrey, gobernadores y demas jueces y justicias de las partes por donde huviessen de transitar que los atendiessen y diessen todo el favor y auxilio que necessitassen, facilitandoles los transportes, sin que en nada se les alterassen los precios ni pagasen mas que los corrientes del país, dando además en ellas quantas pruebas son excogitables de su real beneficencia y del real animo de contribuir á los progressos de las ciencias y estimacion de sus professores. 7 A las de esta clase en general quiso S. M. añadir las que fuessen peculiares á manifestar su real inclinacion al honor de la nacion española y su deseo de fomentar en ella las mismas materias cientificas destinando dos vassallos oficiales de su Armada é inteligentes en las mathematicas para que con la mayor gloria, reputacion y utilidad concurriesen á las observaciones que se havian de practicar y el fruto de esta obra pudiesse esperarse directamente de ellos mismos sin mendigarlo de agena mano, á que se agregaba el motivo de que, yendo en compañía con los academicos franceses, estos fuessen mirados por los naturales con mayor atencion y respeto y no causassen sospechas por donde transitassen á los que no estuviessen suficientemente instruidos. Para esto, se ordenó á los comandantes directores del Cuerpo y Academia de Cavalleros Reales Guardias Marinas hiciessen eleccion y propuesta de dos, en quienes no solo se hallassen las luces de una buena educacion y politica para conservar amistosa y reciproca correspondencia con los academicos de las Ciencias sino igualmente la proporcion necessaria á poder executar todas las observaciones y experiencias conducentes el assunto y las demás que con esta ocasion se le encomendasen. 8 El uno de los que obtuvieron para el desempeño de esta empressa la real atencion fue Don Jorge Juan, del orden de San Juan y Comendador de Aliaga en él, entonces sub-brigadier del Cuerpo de Guardias Marinas; sus meritos en el servicio del soberano y su grande aplicacion á las mathematicas le constituyeron acreedor digno de que en su adelantamiento recayesse bien fundada su eleccion; y, aunque no concurria en mí tan perfectamente esta circunstancia, se me dió el mismo destino. Y á uno y otro con los grados de thenientes de navio y las ordenes é instrucciones de lo que haviamos de executar, la de que nos embarcassemos en dos navíos de guerra que se aprestaban en Cadiz para conducir á Cartagena de las Indias y Portobelo al marqués de Villa Garcia, virrey electo del reyno del Perú porque para este tiempo, con corta diferencia, debían salir á navegar los Individuos de la Academia de las Ciencias en un baxel de su nacion y, haciendo su viage por la isla de Santo Domingo, havian de ir á incorporarse con nosotros en Cartagena para continuar despues todos unidos. 9 Los dos navios de guerra, en donde debiamos embarcarnos, era el Conquistador, de 64 cañones, y el Incendio, de 50, comandados por Don Fr. Francisco de Liaño, del orden de San Juan y capitan de alto bordo, y Don Agustin de Iturriaga, que lo era de fragata, los quales dispusieron que Don Jorge Juan se embarcarse en el primero y yo en el segundo pero, no pudiendo estar prontos para salir á navegar hasta el dia 26 de mayo de 1735, en él se hicieron á la vela de la bahía de Cadiz, y, haviendose cambiado el viento, fue forzoso volver á dar fondo como media legua fuera de las Puercas y permanecer allí todo el día 27 experimentandolo con alguna fuerza y mar. 10 El día 28, haviendo abonanzado el y llamandose el viento al noroeste, volviendo á levarse los vientos, continuaron su derrota en la forma que se verá por los dos diarios siguientes Según el de Don Jorge Juan, en el navio el Conquistador 11 El dia 2 de junio se avistaron las islas de Canarias, en cuya travesía estuvieron los vientos por el noroeste, norte y nordeste, y de ordinario suelen ser variables. Por su estima, concluyó la diferencia de longitud entre Cadiz y el pico de Tenerife de 10 grados 30 minutos. 12 Segun las observaciones del padre Fevilleé hechas en Lorotava, que está 6 minutos y medio al oriente del pico, es la diferencia de longitud entre este y el observatorio de París 18 grados 51 minutos y substrayendo 8 grados 27 minutos que por el conocimiento de los tiempos está el observatorio al oriente de Cadiz, queda la diferencia en longitud entre este y el pico de Tenerife de 10 grados 24 minutos, y assi difiere en 6 minutos de la de su estima. 13 El dia 7 se perdieron de vista las islas y se continuó en demanda de la Martinica, governando en el tercer quadrante; primero por los 42 y 45 grados, cuyo angulo se fue aumentando diariamente hasta que, considerandose cerca de la isla, se siguió por su paralelo, y el 26 de junio se avistaron la Martinica y Dominica, y se pasó por entre ellas. 14 La diferencia de longitud entre Cadiz y la Martinica fue, por la estima, de 59 grados 55 minutos, que excede á la que daba la carta hecha por el piloto Antonio de Matos, seguida generalmente en los viages de esta carrera, en 3 grados 55 minutos, segun las observaciones del padre Laval, hechas en la Martinica, es la diferencia de longitud de 55 grados 8 minutos y tres quartos; y por las del padre Fevilleé, 55 grados 19 minutos. 15 Mucha parte de este error se podrá atribuir á la poca exactitud de la corredora pues, si el piloto del Conquistador, que experimentó el mismo defecto en su punto, huviera dado á la corredera 50 pies ingleses en lugar de 47 y medio, la diferencia de longitud estimada no huviera sido mas que de 57 grados. Esta falta de señalar mal la corredera es casi general en todos los pilotos españoles y de otras naciones, la qual, con otras que se cometen en la navegacion, no se corrigen por la poca atención que se pone en ellas. La corredora debe tener de nudo á nudo una centésimaveinteava de milla, en el supuesto de ser la ampolleta de medio minuto justo; y, aunque en esto convienen todos, no assi en la determinacion de la milla, para lo qual se deberian arreglar á las medidas mas exactas que se han hecho, como son la de Mr. Cassini en Francia, la que ultimamente hemos concluido en la provincia de Quito y la que Mr. de Maupertuis hizo en la Laponia. Si se toma el grado segun las medidas de Mr. Cassini de 57060 tuessas, un minuto ó milla tendrá 951 tuessas ó 5706 pies de rey, cuya centésima parte equivale a 47 pies 6 pulgadas y media con corta diferencia y reducidos estos á pies ingleses, siendo el pie de París al de Londres como 16 a 15, hacen 50 pies 8 pulgadas y tres cuartos, que es la distancia que se deberla dar de nudo á nudo en la corredera. 16 Esta medida, aunque hasta el presente se deberia haver seguido, no es yá de tanta exactitud respecto de que, concluida la figura de la tierra diversa de lo que hasta aqui se havia considerado, es consiguiente que haya variacion en las operaciones náuticas, cuyas reglas y la explicacion de sus problemas para proceder con acierto se hallarán en el tratado de las Observaciones, ya citado. Segun mi diario en la fragata el Incendio. 17 Haviendo empezado á navegar en derrota el mismo dia 28 y hecho la de 5 y 56 grados en el tercer quadrante, se dió vista á los salvages en las islas de Canarias el dia 2 de junio como á las seis de la tarde y el 3 á la isla de Tenerife, con la qual hallé, segun la derrota, la diferencia de longitud entre Cadiz y la punta de Naga de 11 grados 6 minutos, que conviene con las cartas náuticas holandesas é inglesas, aunque difiere algo de la verdadera longitud que determina el padre Fevilleé á Lorotava en la misma isla de Tenerife 18 El dia 4 se dió vista á las islas de la Palma, la Gomera y del Hierro, las que se dexaron de ver el 5, y el 29, á las doce del dia, se reconoció la de la Martinica y continuó la navegación, passando en el mismo por entre ella y la Dominica. La diferencia en longitud, concluida en aquella isla y la bahía de Cadiz, por mi punto fue de 57 grados y 5 minutos, mayor de un grado que el que tiene por la parte ó quarteron de San Telmo; pero en esto es de advertir que, para reducir mi derrota sin el peligro de experimentar grande diferencia al aterrar, tuve la preocupacion de llevar dos puntos. El uno con la distancia navegada segun la medida que comunmente dan los pilotos á la corredera de 47 pies ingleses y medio; y el otro, reduciendolos á 47 pies de rey porque, aunque en rigor le corresponden 47 y medio de estos á muy corta diferencia, me pareció conveniente dexar el hueco de este medio pie para llegar con el punto á la tierra antes que el navio; por el primero, fue la diferencia en longitud entre Cadiz y aquella isla de 60 á 61 grados que concuerdan á corta diferencia con el diario de Don Jorge Juan. 19 De la isla de la Martinica se prosiguió en demanda de la de Curazao, y fue avistada el 3 de julio entre ellas y la de la Martinica, halló Don Jorge Juan 6 grados 49 minutos de diferencia de meridianos y yo 7 grados 56 minutos. Esta desigualdad proviene de que, haviendo hallado diversidad sensible en la latitud, hice resguardo á las corrientes formando la idea de que su curso era, segun el sentir de todos los prácticos, al noroeste, lo que Don Jorge Juan no practicó, y assi convino su punto con la distancia que hay entre estas dos islas, y no sucedió assi al mio pero no hay duda en que las aguas tuvieron movimiento porque en todas las latitudes desde el dia 30 de junio hasta el 3 de julio las observadas excedian á las de la estima en 10, 13 y 15 minutos; con que, se debe concluir que llevaron su curso directamente para el norte y no al noroeste. 20 Desde el dia 2 á las seis de la mañana hasta este en que se dió vista á la isla de Curazao y también á la de Uruba, se navegó sobre agua verdosa como de baxo y no se salió de ella hasta cerca de las siete y media de la tarde, que volvimos á entrar en la de golfo. 21 La derrota que se hizo despues que se dexó la Martinica hasta llegar á estas fue por el angulo de 81 grados en el 3 quadrante los dos dias primeros y por el de 64 grados los dos ultimos; y la que se prosiguió de ellas hasta Cartagena fue por la costa á una proporcionada distancia, la suficiente para ir conociendo sus cabos y parages distinguidos. 22 El dia 5 se descubrieron las sierras nevadas de Santa Marta, muy conocidas por su altura y nieve que conservan siempre; y el 6 de mañana se atravesó por la cinta de agua turbia que despide algunas leguas á la mar la rapidez y caudal del río de la Magdalena. Y hallandose los navios en este mismo á las seis de la tarde al norte de punta de Canoa, se pusieron á la capa con las gavias y se mantuvieron en esta forma hasta el 7 á las seis de la mañana, que volvieron á marear y, continuando el camino, dieron fondo á las ocho de la noche en Boca Chica en 34 brazas de agua y fondo de lama, de donde, haviendose vuelto á levar el 8, empezaron á entrar en la bahía, pero no pudieron quedar en su sitio amarrados hasta el 9. 23 Interin que los navios atravesaron por entre las islas de Canarias, estuvieron algo endebles y variables los vientos, y aun con algunos recalmones que duraron muy poco; pero, despues de haverlas perdido y apartadose algo de ellas, volvieron á experimentarse con moderada fuerza y esta la mantuvieron sin ninguna malicia hasta cosa de 170 á 180 leguas distantes de la Martinica, desde donde se empezaron á experimentar turbonadas de ráfagas y aguaceros. Desde que se apartaron los navíos como 20 leguas de las islas de Canarias, empezó á ventar por el noroeste; y, luego que estuvieron distantes de ellas como 80 leguas, se rodearon al nordeste y esnordeste, de donde, hallandose con muy corta diferencia en la medianía del golfo, pasaron al este, y por esta parte continuaron una veces mas frescos que otras, pero sin que su desigualdad se hiciesse penosa. 24 Estos son los vientos generales que casi siempre se experimentan en aquella travesía, pero en algunas ocasiones suelen correr por el noroeste y oesnoroeste, aunque con dificultad se establecen por estas partes; en otras se ven interrumpidos á veces de grandes calmas que hacen el viage mucho mas largo de lo regular. Esto tiene su origen en la estacion del año, y, assi, segun en la que se hace la travesía, se gozan los tiempos mas ó menos favorables, y bonancibles los vientos. Siendo, pues, los que quedan yá expressados, los generales, el tiempo mas oportuno para lograrlos entablados es desde que está el sol proximo á la equinocial, volviendo del tropico de Capricornio, hasta que quiere acercarse á ella haciendo su regreso del de Cancro; pero quando está inmediato á celebrar este equinocio autummal, es el tiempo en que se suelen examinar las calmas. 25 Desde las islas de la Martinica y Dominica hasta la de Curazao y costas de Cartagena, continuaron los vientos por la misma parte que en el golfo aunque no con la constancia y serenidad que allí, pues como dexo yá dicho, desde 170 leguas antes de llegar á la Martinica, son interrumpidos con turbonadas, y, continuandose estas mas frequentemente desde las islas para á dentro, suele quedar calma luego que passan y volver á ventar media, una ó dos horas ó mas tiempo despues. No hay seguridad en la parte por donde se forman pero sí en que, quando cessan, vuelven á llamar los vientos por donde estaban antes y á corta diferencia con la misma fuerza pero es necessario estar advertidos que á la mas pequeña apariencia que se nota en la athmosphera se ha de prevenir la maniobra para recibirla porque acometen con tanta prontitud que no dexan tiempo para hacerlo despues, y qualquiera leve descuido puede originar perniciosas consequencias. 26 En la travesía desde Cádiz hasta las islas de Canarias hay ocasiones en que, aun siendo los vientos moderados, se sienten los mares con alguna alteracion del norte y noroeste, unas veces gruessas y largas y otras cortas y repetidas, lo que proviene de haver ventado fuerte en las costas de Francia y España, pero en el golfo son tan bonancibles que en muchas ocasiones se percibe poco la desigualdad del movimiento de los navíos, y assi en esta travesía sumamente descansada. Desde las islas de Barlovento para á dentro y antes de llegar á ellos, en los parages donde llegan las turbonadas, levantan estas la mar á proporcion de lo que duran y de su fuerza, pero, luego que calma el viento, se vuelven á serenar las aguas. 27 La athmosphera del golfo es correspondientemente tan serena y apacible como los vientos y mar, y assi muy raras veces dexa de observarse la latitud por falta de sol ó de claridad en los horizontes; esto se entiende en la buena razon porque en la que no lo es tanto suele haver algunos dias pardos en que toda ella está ocupada de vapores y los horizontes confusos. En aquella, pues, se ve siempre poblada á trechos de algunas blancas y elevadas nubes que forman variedad de figuras y ramazones, y sirven de adorno al cielo y de diversion á la vista para no limitarse en los dos objetos tan semejantes, como son la mar y el cielo. Desde las islas de Barlovento á dentro hay alguna mas desigualdad en ella porque los muchos vapores que exhala la tierra suelen poblarla tanto que hay ocasiones en que la ocupan toda; pero regularmente, deshaciendose con el calor del sol una gran parte de ellos, vuelve á quedar interpolada de ámbitos claros con otros no tanto, y assi no es totalmente opaca en el discurso de un dia entero. 28 En todo el ámbito de esta navegacion es cosa assentada y no ignorada de algun náutico que en quanto se estiende el golfo no se experimenta curso alguno en las aguas, pero sí desde las islas para á dentro; y en algunas ocasiones y parages tan violento y acompañado de irregularidades que es necessario poner gran cuidado en él para no peligrar en aquel archipielago. Este assunto, con el de los vientos que le acompañan, se tratará mas adelante, como propio á aquellas costas, y assi quedará suspenso por ahora interin se continúan los que faltan á este capitulo. 29 Antes de llegar á las islas de la Martinica y Dominica, hay un placer, en el qual el color del agua blanquizco la distingue sensiblemente de la del golfo. Don Jorge Juan halló por su derrota que al final de este dista de la Martinica 100 leguas y, segun mi punto, 108 con corta diferencia; con que, tomando un medio entre estos dos, puede establecerse de 104 leguas, siendo el origen de esta pequeña diferencia la insensible que hay entre las colores del agua del golfo y la del placer en su terminacion. El principio del es como 140 leguas apartado de la Martinica pero esto se entiende donde la diferencia del color de las aguas es bien sensible porque, sin serlo tanto, se percibe alguna casi á 180 leguas de distancia. Esta es una baliza cierta para que se haga juicio de los puntos y, desde que se dexe, se continúe con la seguridad de saber la distancia que falta por cumplir. Las cartas ordinarias no lo señalan pero sí la moderna francesa, y fuera muy conveniente que lo marcaran todas las que usamos. 30 Solo me resta dar noticia de las variaciones que se observan en la aguja, segun los parages respectivos, por la latitud y longitud donde se halla el navio. Este es un punto sumamente importante para la navegacion no solamente por aquella vulgar utilidad que se consigue de saber el numero de grados que su norte aparente se aparta del verdadero del mundo, sí tambien por la de poder con ellas perfeccionar el sisthema de la longitud por medio de las repetidas observaciones y conocer á diferencia de un grado ó grado y medio el parage donde se halla la nao, que es el termino de exactitud á que lo han podido reducir los que lo resucitaron en los principios de este siglo, mereciendo en ello el primer lugar el célebre inglés Manuel Halley, á cuyo exemplo otros de la misma nacion y franceses se han dedicado á perfeccionarlo para que se empiecen á gozar los frutos de sus tareas en las cartas de variaciones que modernamente se han impresso, bien que la utilidad que se saca de estas hasta el presente solo es para los viages largos, donde la diferencia de dos grados y aún de tres en la longitud no se reputa por error considerable, quando se puede tener seguridad que no excederá de ello. Este sisthema, aunque moderno ahora en el uso, es tan antiguo para los españoles y portugueses, que sus memorias permanecen vivas en varios autores antiguos que tratan de navegacion. Manuel de Figuereydo, Cosmografo Mayor de Portugal, en su Hidrographia ó Examen de Pilotos, impressa en Lisboa el año de 1608, expone en los capitulos 9 y 10 el methodo de conocer lo que se navega este oeste por medio de la variacion de la aguja, y Don Lazaro de Flores, en su Arte de Navegar, que se imprimió el año de 1672, en el cap. 1 parte 2 hace, citandolo y refiriendose á él, la misma advertencia y en el cap. 9 dice que los portugueses tienen por tan cierto este methodo que lo establecen en todos sus regimientos de navegacion. Pero es forzoso convenir en que los antiguos no trataron este punto con la delicadeza é invencion que lo han conseguido despues los ingleses y franceses con el auxilio del mayor numero de observaciones de que se han servido y para que pueda aprovecharse de las que se hicieron en este viage el que las necessitare, las incluyo en las dos tablas siguientes, advirtiendo que las longitudes correspondientes á cada observacion son las verdaderas porque se ha corregido en ellas el error de la derrota por la diferencia que se encontró entre esta y la verdadera diferencia de meridianos, segun las observaciones de los padres Level y Fevilleé. 31 En estas observaciones de la variacion de la aguja, comparadas con las de la carta de variacion inventada por el docto Manuel Halley en el año de 1700 y corregida en el de 1744, con el auxilio de otras noticias y diarios, por Guillermo Mountaine y Jacobo Dooson en Londres, hay algunas reflexiones que hacer, las quales se dirigen principalmente á reconocer el poco cuidado que se tiene en la fabrica de las agujas; primeramente, se nota no haver conformidad entre las que hizo Don Jorge Juan y las mias, lo qual debe atribuirse á defecto de las observaciones. La misma comparacion decide lo contrario respecto de que las diferencias que hay entre las de dicho Don Jorge Juan con las de la carta van uniformes casi entre sí, pues la mayor que se advierte entre todas es de 1 grado y 30 minutos, en que excede la de 2 grados y 30 minutos, diferencia mayor á la de un grado, que es la menor; esta proviene del continuo movimiento del navío que no dexa sosegar la aguja, de no estar bien terminado el disco del sol por causa de los vapores ó de otros accidentes que son allí inevitables, y no sensible el yerro que producen en estas observaciones quando este solo es á la diferencia de cerca de un grado; y assi, tomando un medio entre todas, deberá concluirse por él que la aguja que sirvió en estas observaciones variaba, menos que la que corresponden en la carta, de un grado y 43 minutos. 32 La misma uniformidad se nota en las diferencias que resultan de la comparacion de mis observaciones con las de la carta, con la distincion de que, haviendolas yo hecho con dos agujas diversas, concuerdan entre sí las pertenecientes á cada una de ellas; y assi, entre las cinco primeras, es la mayor alteracion de 40 minutos que interviene desde la mayor diferencia de dos grados y 50 minutos hasta la mayor de 3 grados y 30 minutos; con que, tomando un medio entre ellas, será la diferencia entre mis observaciones y las de la carta de 3 grados y 16 minutos, en que son menores aquellas que estas. Las ultimas tres no necessitan de esta operacion porque en todas es igual la diferencia de un grado y 30 minutos, que tambien son menores las observaciones respecto de como las establece la carta, aun haviendo passado la especie á signo contrario, esto es, de noroeste á nordeste; con que, se saca de aquí que la primera aguja de que me serví, ó por estar mal tocada ó por no tener bien situados los azeros, variaba para el noroeste menos que la que usó Don Jorge Juan de un grado y 33 minutos. Y como este continuó sus observaciones hasta la fin del viage con la misma, aquella diferencia, que primero era negativa, passó á ser possitiva luego que el signo de la variacion cambió; pero como en las mías se mudó de instrumento, quedó siempre negativa, y es la razon porque, proviniendo la diferencia de que los polos de los azeros, no corresponiendo perfectamente con la linea de norte sur de la rosa, se inclinaban á la parte del noroeste de esta; en la segunda aguja sucedía lo contrario, siendo para la del nordeste; con que, tanto quanto era el valor de esta inclinacion disminuía la variacion de la contraria especie. 33 Por estas observaciones y comparacion se ven patentes los yerros que están expuestos á cometer los pilotos por causa de no haver el mayor cuidado de las agujas, las quales se debia procurar no solo que estuviesen bien fabricadas y exactas sino tambien examinadas prolixamente sobre la linea meridiana por personas de bastante inteligencia antes que se emprendiesse con ellas algún viage. Pero en este punto se experimenta en España un pernicioso descuido, y de él proceden los yerros que son inevitables despues porque, si un piloto emplea distinta variacion que la verdadera en la correccion del rumbo que ha navegado, por precision ha de hallar alguna desigualdad entre la latitud concluida por la derrota y la observada. Y para hacer la equacion necessaria segun las reglas mas comunmente recibidas, si navega en los rumbos cerca del norte y sur, es preciso que aumente ó acorte la distancia hasta que convenga con la latitud, siendo assi que en este caso la causa principal procede del rumbo. Lo mismo sucede en parages donde se sospecha que puede haver corriente, que muchas veces se les hace reparo en la derrota por no convenir las latitudes de este y de la estima, siendo assi que en la realidad no tienen ningun movimiento las aguas, y que esta diferencia proviene de haver empleado distinta variacion en la correccion del rumbo que la tiene la aguja por donde se govierna el navio, como me sucedió á mí desde las islas de la Martinica para adentro, en cuyo error concurrieron igualmente todos los pilotos del navio. Tambien es yerro en la navegacion á que están expuestos los pilotos, no por defecto suyo, el de governar los navios con unas agujas y observar la variacion con otras porque, aunque se hayan comparado entre sí estas dos y advertido la diferencia que hay entre ellas, como sus movimientos son desiguales, aunque en el principio del viage no huviesse entre ellas mas que un cierto numero de grados de diferencia, el exercicio que la una hace con tinuamente sobre el peon la entorpece mas que á la otra, que regularmente se monta para hacer la observacion con ella, y todo lo restante del tiempo se tiene guardada, de donde se sigue alteracion en la misma diferencia que tienen entre sí. Para evitar esto, sería conveniente que todas las agujas que se destinasen para el servicio de los navios fuessen á proposito para hacer con ellas las observaciones de la variacion, y entonces se practicarían estas operaciones con las mismas que sirviessen en la vitacora; y para que las cartas de variacion fuessen utiles, que todas las agujas se tocassen con un mismo methodo y ajustassen al meridiano de un parage con la precision de aquella variacion, que se conociese ser la verdadera en él; assi, no se experimentaria diferencia entre las que observassen en un navío con las de otro en un mismo lugar, quando el tiempo que huviesse mediado entre las dos observaciones no fuesse tan largo que hiciese por sí sensible la variedad formal de la variacion que se tiene observada de muchos años á este parte y está admitida de todas las naciones. 34 Las causales que se conocen para variar distintamente entre sí las agujas, aunque son diversas, quedan yá tocadas las principales; y no siendo sus noticias propias de este lugar, no tengo para qué detenerme mas en su explicacion. 35 Siendo muy util para el conocimiento de las tierras, luego que se descubren, la idea de las figuras que forman segun los aspectos que manifiestan correspondientes á la situacion en que se halla el que las observa, se puso todo cuidado en sacar los dibujos de las que sin estorvo de vapores se pudieron distinguir claramente, y estas se podrán ver en las estampas siguientes; las dos primeras fueron dibujadas por Don Jorge Juan, y las tres ultimas, por mí.
contexto
Juana nació el 6 de noviembre de 1479 en Toledo. Fue la tercera de cinco hermanos (22). Su madre, la Reina Católica contaba con 28 años. Tenía dos hermanos mayores que ella, Isabel (1470-1498) de 9 años y Juan (1478-1497), de un año. Después de Juana nacieron Catalina el 29 de junio de 1482 quien sería la esposa de Enrique VIII de Inglaterra, y María el 15 de diciembre de 1485 que sería reina de Portugal. Los hijos de los Reyes Católicos recibieron una esmerada educación, destinada a disponerlos para sus futuros deberes como reyes y reinas. Juana fue una mujer extremadamente bien preparada, aprendió pronto a leer y escribir, llegó a hablar latín, español y francés (idioma que al parecer aprendió en la corte flamenca), y fue educada como una católica devota. A Juana le gustaba la música, tocaba el clavicordio y bailaba muy bien. No se conocen muchos datos de su infancia, aunque sí de su adolescencia tardía, a partir de su matrimonio a los 16 años. Si Juana presentó algún tipo de psicopatología durante su infancia no lo sabemos, o tal vez sus indicios fueron tan suaves que pasaron inadvertidos. Los primeros síntomas conocidos que alertan sobre su fragilidad mental tuvieron lugar a partir de su matrimonio.
obra
Los pintores impresionistas eran unos enamorados de la noche parisina, frecuentando sus cafés y sus espectáculos, convirtiéndose en protagonistas de sus obras en su afán por representar la vida moderna. Renoir muestra a una joven que sale por primera vez, descubriendo ese mundo nocturno de diversión. La escena se desarrolla en un interior, abundando las tonalidades malvas por los reflejos de las luces artificiales, concretamente de gas. El estilo empleado por el maestro es rápido y abocetado, intenta crear la sensación ambiental de un lugar cerrado, lleno de humo, lo que provoca la distorsión de los contornos y el aspecto de obra inacabada. La influencia de la fotografía se pone de manifiesto al cortar los planos pictóricos, dejando a medias las figuras. El gesto de sorpresa de la muchacha refleja la gran calidad de Renoir como retratista.
obra
En 1855 Dyce exponía en Glasgow su Christabel donde ilustraba el poema de Coleridge. Las críticas recibidas por parte de Ruskin -consideró la obra "una de las falsas ramas del prerrafaelismo" al limitarse a imitar a los primitivos italianos- le llevaron a pintar este lienzo que contemplamos en el que el joven Tiziano mira atentamente a una estatua de la Virgen con el Niño sobre un árbol cortado como base. El pequeño pintor se sienta en un sillón de época, en una postura escorzada, girándose para poder contemplar la imagen divina. Una de sus manos se apoya en un libro abierto mientras que la otra sirve para sujetar el cuello. En primer plano observamos una cesta de flores que sintonizan con el ambiente natural que rodea toda la escena, en sintonía con la filosofía prerrafaelita de recuperar la naturaleza, tomando como referencia los pintores anteriores a Rafael, de ahí su nombre. El acertado colorido y la temática alejada de asuntos religiosos y sociales son también característicos de este movimiento, al igual que el delicado dibujo y la atmósfera idealizada que se respira en las composiciones.