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Los restos culturales más antiguos conocidos provienen, como los restos de homínidos fósiles, de Africa. Los primeros descubrimientos de Australopitecos de R. Dart en las cuevas sudafricanas permitieron a este investigador identificar una serie de huesos, dientes y astas que para él representaban las primeras evidencias de instrumentos utilizados. Esta industria, denominada por Dart osteodontoquerática (huesos, dientes, astas), constituía para él los elementos utilizados por estos primeros homínidos como sustituto de las armas de las que no habían sido dotados por la naturaleza y por lo que habrían usado las de los animales. Sin embargo, los descubrimientos de Olduvai (Kenia) cambiaron la perspectiva, al aparecer instrumentos líticos. Por otro lado, la revisión de los yacimientos sudafricanos permitió identificar que estos materiales correspondían a cubiles de hienas o leopardos, de los que también habían sido presas los Australopitecos. Además, la revisión geológica de los sedimentos cambió el sistema de relaciones de los propios materiales, al no poder correlacionarlos con los restos de homínidos. De esta forma, nos encontramos con uno de los principales problemas en relación con las primeras evidencias culturales de la humanidad. La arqueología nos aporta la prueba de que ciertos homínidos aprovecharon su posición erguida para, aprovechando las manos liberadas de la marcha, fabricar instrumentos y aprovechar mejor sus posibilidades. Sin embargo, el problema se sitúa en distinguir a qué tipo de homínido se deben atribuir los restos culturales. Salvo raras excepciones, los yacimientos con restos fósiles de homínidos no presentan industrias, y en aquellos donde éstas se hallan presentes no suelen aparecer los anteriores. Las investigaciones en la región de los Afar, en Etiopía, dieron como resultado el descubrimiento de la serie de materiales arqueológicos más antiguos conocidos por el momento. Las investigaciones han permitido reconocer las evidencias de varios yacimientos arqueológicos datados entre los 2,8 y 2,6 millones de años. En los yacimientos de Kada Gona y Kada Hadar se encontró una industria formada por cantos trabajados tallados sobre una o dos caras junto a núcleos y lascas, generalmente de basalto. El interés que presentan estos materiales es que ya nos encontramos con materiales elaborados, en los que se descubre un conocimiento de las técnicas de talla. Esto plantea el problema de las primeras industrias humanas. Con toda probabilidad, los primeros homínidos utilizaron elementos de la naturaleza tales como palos o materias vegetales junto a piedras, como hemos visto que utilizan los chimpancés. Así, nos encontramos con un límite metodológico para nuestra investigación. ¿Cuáles son los criterios por los que podemos reconocer una industria humana? Sin duda nunca podremos identificar los primeros instrumentos, sólo cuando una acción humana los haya transformado seremos capaces de reconocerlos como tales. En el sur de Etiopía se encuentra, en el valle del río Omo, la denominada Formación Shungura, datada entre 2,3 y 2 millones de años y donde J. Chavaillon descubrió una importante serie de yacimientos arqueológicos. Los yacimientos conocidos como Omo 57, Omo 84 y Omo 123 proporcionaron una industria consistente en lascas de cuarzo sobre las que aparecen los atributos de una talla intencional, como talones y bulbos de percusión, en algunas de las cuales se ha detectado la presencia de retoques. Junto a ellos aparecieron núcleos discoides y poliédricos. En otro yacimiento, Omo 71, se descubrió un canto trabajado de cuarzo en el que una serie de levantamientos bifaciales formaban un filo cortante. Uno de los sectores de Omo 123 ha permitido recoger las lascas procedentes del mismo núcleo y reconstruir el proceso de talla superponiéndolas al mismo. Según J. Chavaillon en estos yacimientos se pueden detectar actividades diferentes. Algunos podrían constituir campamentos provisionales, mientras que en otros casos se trataría de talleres de talla. Los materiales descubiertos forman parte del primer complejo industrial conocido, habiendo sido denominado por los prehistoriadores como Oldovayense, siguiendo la tradición de llamarlo por el primer yacimiento donde se identificó: Olduvai. La garganta de Olduvai se encuentra cerca del volcán de Serengueti, cuyo cráter alberga hoy el Parque Nacional del mismo nombre y al borde de la fosa tectónica del Rift. Esta fosa recorre el oriente de Africa, llegando hasta el mar Muerto en Palestina. Su actividad ha favorecido el vulcanismo local, de forma que las coladas de lava han sellado muchos de los yacimientos arqueológicos de la región. Desde 1931 L. Leakey se dedicó a la investigación en la garganta de Olduvai, ya conocida desde principio de siglo por su riqueza en fósiles. Su estratigrafía está formada por varios niveles geológicos, conocidos como Beds. A lo largo de la garganta, en los distintos niveles se descubrieron varios yacimientos arqueológicos de distintos tipos. Entre ellos, algunos representan suelos de habitación donde los objetos se distribuyen en la superficie de un paleosuelo. En otros casos, se trata de áreas de descuartizamiento donde se encuentran instrumentos asociados al esqueleto de un gran animal. La estratigrafía global de Olduvai comienza por una capa de basalto sobre la que se sitúa el Bed I, de 40 metros de espesor y formado por tobas volcánicas; en él aparecen los principales niveles arqueológicos del Oldovayense. El Bed II presenta de 20 a 30 metros de espesor según las áreas, estando formado por intercalaciones de tobas volcánicas y depósitos fluviales. En él se encuentran materiales del Oldovayense que evolucionan hacia un Oldovayense avanzado (Developed Oldwman), con un Achelense en la parte superior. Éste se caracteriza por la presencia de los bifaces, en los que la talla cubre las dos caras dando bordes más rectilíneos. El Bed III presenta de 10 a 15 metros y sólo contiene materiales fluviales con industria Achelense. El Bed IV, con 45 m de espesor, está formado por materiales eólicos, lo que evidencia un cambio en las condiciones climáticas hacia una mayor aridez. El Bed V es la formación superficial y se formó a favor de los cambios tectónicos y el hundimiento progresivo del Rift. La cronología de Olduvai, sobre todo en los Beds I y II, se puede establecer con una cierta seguridad dada la presencia de tobas volcánicas datables mediante la técnica de descomposición del potasio en argón. El basalto de la base del Bed I se ha datado en 1,9 millones de años, mientras que el Bed II comienza hace 1,7 millones de años y terminó hace un millón de años. Los Beds I y II contienen industria del tipo Oldovayense con casi un 80 por 100 de cantos trabajados tanto uni como bifacialmente y que presentan filos redondeados. Junto a ellos aparecen los poliedros, los discos y los protobifaces, así como una industria sobre lascas retocadas que forman raederas, buriles o perforadores. Las materias primas son, sobre todo, volcánicas como el basalto o la fonolita. El Oldovayense avanzado se sitúa cronológicamente en 1,5 millones de años en este lugar y une a estos instrumentos la aparición de los primeros, y aún toscos, bifaces así como un mayor desarrollo de la industria sobre lasca, apareciendo los raspadores, como también el uso de la cuarcita. Entre los distintos yacimientos conocidos en Olduvai, algunos nos permiten conocer las formas de vida de estos homínidos. Uno de los yacimientos más interesantes es el conocido como DK I. En él se descubrieron los restos de la primera estructura conocida. Se trata de un círculo de piedras en cuyo interior aparecían instrumentos líticos y restos de fauna. Esta estructura ha sido interpretada como los restos de un paravientos, del mismo tipo que los utilizados por los bosquimanos o los pastores para protegerse del frío y el viento de la noche. Esto nos permite suponer que hace 1,8 millones de años los grupos humanos podían organizar su espacio y dominaban técnicas para asegurarse una cierta confortabilidad y protección. Otro yacimiento de gran interés es el denominado FLK, donde se identificaron los restos de un suelo de ocupación compuesto de gran número de lascas así como algunos cantos trabajados. En él se descubrieron los huesos del Australopitecus (Zinjatropus) boisei. En un nivel subyacente aparecieron los restos de Homo habilis, demostrando la contemporaneidad de ambos tipos de homínidos. En la parte superior del Bed I, en el yacimiento FLK Norte, aparecieron los restos de un elefante asociados al instrumental utilizado en su descuartizamiento. Junto a Olduvai, en el norte de Kenia se encuentra el lago Turkana, antiguo lago Rodolfo. En él aparece la Formación Koobi Fora, donde se descubrieron varios niveles arqueológicos estudiados por G. Isaac y R. Leakey. Esta presenta dos series estratigráficas separadas por una toba volcánica; fue datada en un principio en 2,6 millones de años, aunque una revisión posterior la situó entre 1,8 y 1,6 millones de años, es decir, casi cronológicamente paralela al Bed I de Olduvai. En la secuencia inferior se descubrieron varios yacimientos, destacando el conocido como KBS, que contenía una industria de tipo Oldovayense junto a restos óseos de cocodrilo, jirafa, hipopótamo, puerco espín y jabalí. Esto ha sido interpretado por G. Isaac como una evidencia del trabajo en cooperación de los primeros homínidos, pues no parece que se puedan considerar causas naturales para esta agrupación de animales tan diferentes. Otro yacimiento es el HAS, donde aparecieron los restos de un hipopótamo asociado a las instrumentos utilizados en su descuartizamiento. Entre los restos fósiles destaca el denominado KNM ER 1470, un tipo evolucionado de Homo habilis. Al norte de Kenia, en Etiopía, encontramos otra de las zonas donde se han descubierto importantes yacimientos del Oldovayense: el valle del Awash en Melka Kunture. Entre ellos destaca Gombore I, donde aparecieron gran número de instrumentos y restos de fauna. En él se pueden descubrir zonas de acumulación de materiales, junto a otras vacías. Esto ha sido interpretado como la evidencia de zonas de actividades específicas, como talleres o áreas de procesado de los animales. También se descubrió una zona vacía rodeada de círculos de piedras que podría representar un abrigo del tipo de Olduvai FLK. Los restos de fauna corresponden a hipopótamos, elefantes y antílopes. Su cronología se sitúa entre 1,7 y 1,6 millones de años. El Oldovayense avanzado está presente en Garba IV, datado en 1,4 millones de años. En él aparecen, junto a los cantos trabajados, lascas y percutores, así como grandes bloques de piedra de casi 60 kilos utilizados como almacenamiento de materia prima. La presencia de algunos bifaces auténticos nos permite enlazarlo con el Achelense.
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De las primeras instituciones se sabe con seguridad muy poco. Antes de la reforma de Servio Tulio, Roma estaba dividida en tres tribus: Ramnes, Tities y Luceres. El contenido y las funciones de estas tribus son muy oscuros, comenzando por los nombres, que nos han llegado través de una transcripción etrusca. Podían haberse establecido tanto basándose en una división étnica como tener un sentido territorial. Lo que sí sabemos es que éstas constituyeron la base del reclutamiento en esta época. Cada tribu aportaba diez curias, esto es, treinta curias en total de cien hombres cada una, lo que suponía un total de tres mil infantes, además de 300 caballeros en tres centurias. Al frente de la infantería había tres tribuni militum y al frente de la caballería tres tribuni celerum. Estas curias constituían los Comicios Curiados, que eran la asamblea constituida por las treinta curias reunidas. La función más importante de las Curias (cuyo nombre deriva de co viria, es decir, reunión de hombres) era la de ratificar la designación de un nuevo rey, pero no la elección del mismo, función ésta que correspondía al interrex (senador que hacía las funciones de rey hasta el momento de la elección del nuevo rey) y al Senado. El Senado o consejo de ancianos -sin duda creado bajo la influencia griega- era el órgano consultivo del rey, integrado por los patres o jefes de las gentes, cuyos descendientes fueron designados patricios. El poder del Senado radicaba fundamentalmente en la importancia personal de sus miembros como jefes de gentes poderosas. Entre ellos se elegir al interrex y también el sacerdocio más importante, el de los flamines, monopolio de los patres. Es probable que el número inicial de senadores fuera de cien. Hacia el final de la monarquía el número de senadores había alcanzado, según la tradición, los trescientos. Respecto a la composición social podemos constatar que, desde el siglo VIII a.C., había ya en la primitiva Roma una diferenciación social -como se desprende de la propia existencia de un Senado de patres- y económica. La Roma de esta época era una concentración de gentes. Estas gentes estaban constituidas por individuos que formaban un grupo familiar extenso y cuyos miembros descendían -o pretendían descender- de un antepasado común, fundador de la gens y generalmente epónimo, ya que habían heredado su nombre, el nomen gentilicum, que era común a todos los miembros de la gens. La ampliación del territorio de la ciudad, conseguida como consecuencia de las obras de desecación de las zonas pantanosas o bien por la toma de territorio de otras comunidades, ofreció la posibilidad de que algunas gentes ampliaran sus dominios inmuebles. A su vez, algunas de las primitivas gentes se habían ido desintegrando en beneficio de otras más poderosas. La mortalidad por epidemias, guerras... había ido debilitando o diezmando a algunas gentes cuyos individuos pasaron a la protección de otras gentes más poderosas. Dicho de otro modo, pasaron a ser sus clientes. Estos clientes estaban también integrados por prisioneros de guerra y extranjeros. La importancia que llegó a tener esta diferenciación entre miembros de las gentes, el sector privilegiado, y los clientes o dependientes de las gentes, queda de manifiesto en dos casos de época posterior. Una gens sabina muy poderosa, la gens Claudia, se asentó en Roma en el 504 a.C. El jefe de la gens, Attus Claussus, fue admitido a la ciudadanía romana y obtuvo tierras en la margen derecha del río Anio. Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso nos dicen que, contando a sus clientes, el número de miembros de la gens Claudia ascendía a 5.000. La gens Fabia pudo librar una batalla contra Veyes con un ejército integrado sólo por sus clientes, tras la caída de la monarquía. Otro sabino, Apio Erdonio, en el 460 a.C., era el pater de una gens que alcanzaba las 4.000 personas, contando lógicamente a los clientes. Entre los siglos X-V, los grupos de inmigrantes a Roma llegan a menudo apiñados en gentes a las que su cohesión debía permitir vencer la tendencia a la disgregación, inevitable a partir de la tercera o cuarta generación. Esta primera fase de la monarquía viene marcada por el proceso de unificación de los habitantes de las colinas romanas en un único organismo ciudadano. Pero este proceso de creación de la ciudad, con lo que implica de existencia de un espacio ciudadano, de una oligarquía y de unas instituciones comunes, no puede entenderse al margen de los vínculos e influencias de otros pueblos, particularmente de los etruscos y de los griegos. Roma fue desde sus orígenes una ciudad abierta a todo tipo de influencias, de objetos, de personas particulares y de grupos. La presencia y asentamiento de extranjeros en la ciudad, desde sus comienzos, queda patente si consideramos que el único de los reyes de Roma que podríamos considerar romano -y aún así, sería albano, según la tradición- es Rómulo. Todos los demás son de origen sabino o etrusco.
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Pero las artes más destacables de este período se plasmarán en otros materiales que también tendrán una larga, tradición posterior, como la cestería, los mates o calabazas decoradas y sobre todo el tejido. En una época en la que todavía se desconoce la cerámica fue común la utilización de calabazas secadas y vaciadas. Pero en ocasiones estos recipientes se trabajaban y decoraban con todo cuidado y llegaban a formar parte de ajuares funerarios, lo que hace que podamos considerarlos como obras de arte. En Huaca Prieta, en el valle de Chicama, se han encontrado dos de estas calabazas decoradas. La mejor conservada, de 4,5 cm de altura, y 6,5 cm de diámetro está decorada con cuatro caras de estilo muy geometrizante. La tapa lleva un motivo de líneas grabadas. El otro ejemplar tiene dos figuras humanas, también muy estilizadas, con las caras colocadas en lados opuestos del mate y los cuerpos y piernas desplegados hasta cruzarse en el fondo del recipiente. La tapa lleva una figura grabada en forma de S con cabezas de ave en ambos extremos. Este tipo de calabazas, trabajadas en pirograbado, con tapas ajustadas cortadas de otra calabaza de mayores dimensiones, no debieron ser hechos aislados sino parte de un arte firmemente establecido del que por desgracia han llegado hasta nosotros muy pocas muestras. Y tampoco se trata de un arte incipiente, ya que su estilo es muy elaborado. El contexto de su hallazgo es funerario, lo que señala el comienzo de otra muy larga tradición. El arte y la técnica del tejido se inician también en este período, favorecidos por la extensión del cultivo del algodón (Gossypium barbadensi). Son dos las técnicas utilizadas ahora, previas a la aparición del telar, el entrelazado, especie de tejido rústico a mano, sobre hilos que hacen la función de urdimbre; y el anillado, o utilización de un único hilo que se irá enredando sobre sí mismo. Las fibras se preparaban con ayuda de husos de madera o de piedra y el tejido se facilitaba con agujas y lanzaderas. Los tipos de telas variaban según la función a la que se destinaban: redes, mantos, bolsas, manteletas, faldellines y turbantes, y en este caso se hacían de fibras de junco. La mayoría de los tejidos se decoraban combinando hilos de colores diferentes o pintando algunas zonas una vez realizada la tela. Los motivos podían ser geométricos, pequeños diamantes y líneas formando diseños variados, o también figurativos, aunque siempre dentro de un estilo geometrizante impuesto por la propia naturaleza del tejido. Se representaban figuras humanas, aves y otros animales. Entre las figuras representadas pueden mencionarse la serpiente de doble cabeza, motivo común en Paracas-Cavernas, o cangrejos de roca, cóndores y papagayos. Probablemente el artista representaba los animales y criaturas que le eran más familiares en su entorno cotidiano. Aparentemente uno de los principales medios usados para la expresión artística fue precisamente el tejido, y es probable que el estilo geometrizante característico del mismo se imponga aun cuando se utilicen otros materiales, como es el caso de los mates o calabazas. Podemos también destacar que las manifestaciones artísticas aparecen en este momento sobre objetos cotidianos, pero cuyo especial tratamiento hace que los consideremos como obras de arte. No hay todavía evidencias de materiales especiales reservados para el trabajo artístico. Pero sí se inicia la costumbre de la asociación de las expresiones artísticas con las prácticas funerarias. Las tumbas, cerca o dentro de las viviendas son sencillas fosas revestidas en algunos casos con piedras o adobes. Los cadáveres, en posición extendida o flexionada se envolvían en esteras o mantos tejidos y a veces se acompañaban de ajuar. En ocasiones se han hallado entierros de cráneos y esqueletos sin calavera, lo que podría hacer pensar en la costumbre, muy extendida en Suramérica, de la cabeza trofeo. No hay entierros diferenciales que indiquen distinciones de estatus. Nos encontramos aún ante sociedades de tipo igualitario, carentes de estructuras jerarquizadas, donde los artistas no desempeñan aún un rol especializado. Y es en este período Arcaico, donde como venimos viendo se van formando lentamente las tradiciones culturales que irán dando un perfil propio a las diferentes áreas suramericanas, donde nos encontramos con un ejemplo importante de lo que es sin duda uno de los primeros inicios de arquitectura ceremonial, probablemente de carácter templario. En la vertiente oriental de los Andes, cerca de la ciudad de Huánuco, se encuentra el sitio de Kotosh, donde aparecen una serie de construcciones de aparente función religiosa. Destaca entre ellas el llamado Templo de las Manos Cruzadas, una pequeña habitación de 9,4 m por 9,2 m en su interior, construido sobre una plataforma de 8 m de altura. Las paredes, gruesas, se hicieron con piedras de río utilizando barro como mortero. Paredes y suelo se cubrieron luego con una capa de arcilla, en uno de los muros aparecen una serie de grandes nichos y debajo de cada uno un par de manos cruzadas esculpidas en la arcilla. Este conjunto de edificaciones se ha fechado por arqueólogos japoneses entre 2500 y 1800 a. C. y del registro arqueológico se deduce que sus constructores no practicaban la agricultura. Parece, en principio, sorprendente que los excedentes económicos y el potencial de organización humana y de energía necesarias para la construcción de edificios públicos y la existencia de un arte que implica un cierto grado de especialización se haya conseguido sobre la base de una economía cazadora-recolectora. Tal vez la explicación se encuentre en otro aparente templo, el de los Nichitos, construido en parte sobre el de las Manos Cruzadas, cuya estructura, compuesta de pequeños nichos, ha hecho pensar a los investigadores que podría tratarse de cuyeros, para la cría del cuy (Cavia cobaya), cuya domesticación y cría racional podría haber suministrado una base económica suficiente como para permitir la existencia de un tipo de arte asociado tradicionalmente con sociedades de tipo agrícola.
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PRIMERO 1640 El Uno Ahau Katún es el séptimo Katún. Emal es el asiento del Katún, en el tiempo en que llegan Ix Puc-Yolá y Ox Ualah-cii. Bajarán cuerdas, bajarán cordones del cielo. Su palabra no será mentira. Vienen para que se cumpla la palabra del Señor del Cielo, que no es palabra de engaño. De perro es su señal, de zopilote es su señal. Una bandera es su segundo cuerpo. De zorro es la cara de su reinado. Estériles son su entendimiento y su palabra. Estéril es su miembro viril y abollada está la cuchilla de pedernal de su reinado y de su sabiduría. Millares de verrugas llegarán a morder a Balam y a Canul. Con dolor llegó el hambre, cuando desapareció el alimento. La satisfacción se perdió junto con la comida. Siete años picará una verruga, siete años picará al Guardián del Templo. Y bajará la justicia de Nuestro Padre Dios sobre los destructores, sobre los gavilanes blancos de los pueblos, sobre los muñecos colorados, los pícaros bellacos. Entonces llegará otro diferente lenguaje y otra enseñanza diferente. No creerán los hombres mayas. Será cantada dentro de ellos la palabra de Dios, el Señor del cielo, para que enderecen su camino, para que abandonen lo malo de sus obras. Los viejos hombres mayas no quieren oír la palabra de Dios, en casa de su Padre y de su Juez. Serán apesadumbrados por el Rey del mundo. Poco es lo que creen y ni eso creen tampoco. "No importa -decís-, todos están contentos." Los Guardianes de la Colmena encenderán el fuego, que es la Señal del purísimo y único dios de los mayas en la virginidad de la Única iglesia. Allí será proclamada y allí será oída la palabra del Señor del Cielo, del Señor de la Tierra. Se llenará de tristeza el mundo. Se estremecerá el ala de esta tierra y se estremecerá el centro de esta tierra en el día en que lleguen los venerables Señores Ah-Bentanes. Es la palabra de Dios. En tres partes bajará la justicia de Nuestro Padre el Dios sobre todo el mundo. Vendrá una gran guerra sobre los gavilanes blancos de los pueblos. Y se sabrá si es verdaderamente fuerte su fe cuando bajen los siervos a regar agua caliente en la cara de las polillas de la tierra, de los pícaros bellacos, de los buitres de los pueblos, de los gatos monteses de los pueblos. Y llegará entonces "el dios que no tiene fin" y cortará la atadura de la carga de nuestra miseria, Xotom Ahau. Y bajará del cielo el castigo de todos, el castigo de todo el mundo. Seguidamente vendrá tiempo de grandes sequías en todas las naciones del mundo. Sólo quedarán veinte de los Guardianes de la Arena, Guardianes del Mar, como los de Uaymil, como los de Emal. Sepultados serán sus restos en medio del mar, al fin de la guerra. Así será hecho que llegue el Katún siguiente. Se soltará y asomará el pleito del diablo, del Anticristo; se peleará a cuchilladas, saldrá la discordia oculta, se peleará con fusiles, y se combatirá a empujones y a pedradas. Y al acabar este Katún, César Augusto recibirá su limosna en medio de los despoblados. He aquí que hambres, epidemias y pestes vienen con espantoso caminar, en fila en el camino, y una sustituye a la otra. ¡Hermanos, hermanitos, venidos al mundo hijos de siervos! Cuando llegue el Rey y sea adivinado, será coronado el rostro del Hijo de Dios. Y llegará el Obispo, la Santa Inquisición que se llama, ante Saúl a pedir concordia con los cristianos para que se acabe la opresión y sea el fin de la miseria. He aquí que cuando vaya a acabar la guerra grande, se levantarán cinco provincias de la llanura a pelear unas con otras la guerra chica del Uno Ahau Katún. Tempestades de remolino son la carga del Katún. Y lluvias continuas, cielos empapados en lluvias. Se acabarán bruscamente las faenas de los campos. Entonces viene la carga de los juicios, llega el tributo. Se pedirán probanzas, ¡con siete palmos de tierra encharcada! Entonces se hará muy fuerte el servicio de Dios. Dejará de recibir su dinero el Anticristo. No vendrá el Anticristo. No quiere nuestro Padre Dios. No se perderá esta guerra, aquí en esta tierra, porque esta tierra volverá a nacer. Éste es el origen del Anticristo: la avaricia, los avarientos. Si no hubieran venido los "hombres de Dios" no habría despojos, no habría codicia ni menosprecio de la sangre de los otros hombres, ni de las fuerzas de los humildes. De sus propias fuerzas comería cada uno. Cuando vengan los cinco frutos del árbol, comerán los tigrillos Ah bentana, pues está ofendido el Señor del Cielo. Con viruelas acabará este Katún. Se levantará guerra en Habana. Muchos barcos. SEGUNDO 1660 El Doce Ahau Katún es el octavo Katún. Se cuenta en Saclahtún que es el asiento del Katún. De Yaxal Chuen es el rostro del décimo primer cielo. Roja es la faz de su reinado. -Juntos en un lazo hay día del cielo y noche del cielo. -Es gran trabajador y gran sabio. Habrá muy buenos Halach uinices, muy buenos Batabes, y habrá muy buena voluntad en las opiniones de todo el mundo. Se enriquecerán los hombres pobres. Cosechas y cosechas son el hablar del Katún, y años ricos y mucha hacienda. En este buen Katún vendrán buenos aguaceros. Los frutos saldrán como piedras de la tierra. Los cristianos andarán junto con Dios. No habrá entonces gatos monteses ni tigrillos que muerdan. Entonces se pedirá la doctrina a los Regidores de los pueblos y se abrirá la "puerta de plata", y tendrán lugar los casamientos del pueblo. En la casa de los cuatro pisos pediremos nuestros zapatos y a la vez será donde nos darán cristianismo. Un nuevo día baja sobre nosotros, según decís ahora. He aquí que va a acabar este Nicté Katún. Vendido acabará. Llegará la palabra del Rey. Y van a llegar siete buenas estrellas de color encarnado. Y tendrá ajorcas el cielo. Y habrá recios aguaceros en el año decimoséptimo. TERCERO 1680 El Diez Ahau Katún, Chablé es el asiento del Katún. Allí llegarán sus pobladores. Y los árboles del bosque se doblarán sobre ellos, que serán los Reyes de la tierra. Se quemarán las pezuñas de los animales; arderán las arenas del mar; se incendiarán los nidos de los pájaros. Reventarán las cisternas. Grandes sequías son la carga del Katún. Es la palabra de Nuestro Padre Dios y de la Señora del Cielo. Nadie podrá escapar al filo de la guerra. Es la palabra de Nuestro Padre Dios, Dios Hijo, Señor del Cielo y de la Tierra. Va a suceder con todo rigor sobre todos. Llegará el "Santo Cristiano" trayendo el tiempo en que se conviertan los soberbios de su mal camino. Y nadie podrá evitar que en los días de los grandes soles, se deje ir sobre ellos la palabra de los Sacerdotes Mayas. Es la palabra de Dios. CUARTO 1700 El Ocho Ahau Katún es el noveno Katún. Itzmal es el asiento del Katún. ¡Kinich Kakmó! Bajarán escudos, bajarán flechas, en pos de los Reyes de la tierra. Y plantarán la "cabeza" de las comarcas de la llanura, y será la Señora de la Tierra. Será el fin de la opresión y de las desdichas de todos. Es la palabra de Dios. Muchas guerras serán hechas por sus moradores. QUINTO 1720 El Seis Ahau Katún es el décimo Katún. Se cuenta en Uxmal, que es el asiento del Katún. Allí se afirmarán, extendiéndose sobre sus pies. Revuelta es su historia, confuso el reinado de su Rey. Los engañará su malicioso hablar. Y entonces bajará Dios el Verbo, y les cortará las gargantas por sus traiciones. Y entonces resucitarán a esperar el juicio de Dios Nuestro Padre. Y entrarán al cristianismo con sus vasallos. Todos los nacidos aquí en el mundo entrarán al cristianismo.
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PRIMERO 1740 El Cuatro Ahau Katún es el undécimo Katún. Se cuenta en Chichén Itzá, que es el asiento del Katún. Llegarán a su Ciudad los Itzaes. Llegarán plumajes, llegarán quetzales. Llegará Kantenal, llegará Xekik, llegará Kukulcán. Y en pos de ellos otra vez llegarán los Itzaes. Es la palabra de Dios. SEGUNDO 1760 El Dos Ahau Katún es el duodécimo Katún. Los mayas regresarán a Cuzamil, que es el asiento de este Katún. Ni poco ni mucho será su pan, ni poca ni mucha será su agua. Ésta es la palabra de Dios. Resonará por algún tiempo el templo de sus dioses. Éste es el fin de la palabra de Dios. TERCERO (Juicio) El Trece Ahau Katún se lee en Kinchil-Cobá que es el asiento del Katún, del Katún decimotercero. Todos iguales por dentro, los Reyes de la tierra oirán el juicio de Dios Nuestro Padre. Correrá la sangre de los árboles y de las piedras. Arderán el cielo y la tierra. Es la palabra de Dios el Verbo, de Dios Hijo, y de Dios Espíritu Santo. Éste es el Santo Juicio de Dios. Les faltaran las fuerzas al cielo y a la tierra. Entrarán al cristianismo grandes ciudades y sus moradores. Una muy grande ciudad, que quién sabe cuál es su nombre, grandísima, se tragará ésta nuestra tierra maya de Cuzamil y Mayapán, la de nuestros hombres del Segundo Tiempo, la que está bajo el peso de la rabia, y donde los hijos nacen siervos; donde al fin se perdió la fuerza y la vergüenza, ¡el alma viva de nuestros hijos en flor!. No tenemos buenos sacerdotes y la causa de nuestra muerte es la sangre mala. Sale la luna, se va la luna, se hace entera la luna. Antiguamente podía ser una sola la sangre, y como en el resplandor de los planetas se veía su bondad. Es el fin de la palabra de Dios. Vendrá sobre ellos el agua del "segundo nacimiento", las "santas almas" recibirán el santo óleo, sin ser obligadas, sino viniendo ello de Dios. Al santo cielo irán los cristianos, guardados por su santa fe. Y los Itzaes y los Balames dejarán de perderse... (Falta toda la página siguiente.) ... Juicio de Dios a los hombres buenos. "Venid conmigo, vosotros, los hombres benditos de mi Padre, que habéis ganado la gloria eterna, hecha por mi Padre cuando el principio del mundo. Obedecisteis la "palabra dicha", hicisteis penitencia si me ofendisteis antes. Así, pues, vamos al cielo." Y entonces volverá su mirada a los pecadores, que estarán llenos de soberbia. "Alejaos de mí, malditos de mi Padre, id al fuego del infierno que no tiene fin, que fue hecho para el diablo por mi Padre. Así, idos con él para siempre al sufrimiento." Y entonces se irán al infierno los hombres malos. Los hombres buenos irán en pos de Dios Nuestro Padre, a la perpetua gloria, a la justa gloria. En Josafat hay tres hombres muy servidores de Dios, muy grandes en años por obra de Dios; Elías, Matusalén y Enoc son sus nombres. Viven hasta hoy. Allí están puestos por Dios para cuidar su Silla. Hará cuenta Dios en un valle de la tierra, en una gran llanura. Allí entonces se sentará sobre su Silla Su Majestad. Los de piel de cordero estarán a la derecha; los de piel de chivo estarán a la izquierda. Los que estén a la izquierda, serán los hombres malos, los que no cumplieron todos los mandamientos de Dios. Entonces se irán para siempre a las penas del infierno, al centro de la tierra, dicho por nuestro Primer Padre. Entonces dirá a los que estarán a la derecha del Gran Rey Dios, los hombres buenos, cumplidores de los mandamientos: "Vamos, vosotros, los benditos de mi Padre; tomad el reino hecho para vosotros desde el principio del mundo". Entonces se acercará una gran nube, hecha de estrellas, desde lo alto del cielo, hasta la tierra. Y sonará dulcemente el canto de los ángeles, con una dulzura que no tiene igual. Y subirá el Verdadero Dios, Señor del cielo y de la tierra.
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Al morir el rey Luis XV, le sucede su nieto, el duque de Berry, en 1774. Luis XVI, influenciado por el partido devoto, cesó al equipo gubernamental anterior y escogió como secretarios a personajes ilustrados: el conde de Maurepas, secretario de Estado, que ejerce como primer ministro; Miromesnil, en Asuntos Exteriores; Sartine, en Marina; Malesherbes, secretario de la Casa Real; el conde de Saint-Germain, en Guerra, y Turgot, como inspector general de Finanzas. La situación era difícil, a los problemas políticos se unía la enorme deuda pública y la permanente crisis económica, agudizado todo ello por la crítica al absolutismo. Se necesitaba una política enérgica donde se acometieran profundas reformas y combinar la adopción de medidas innovadoras con el mantenimiento de ciertas estructuras, lo que podía resultar verdaderamente imposible. No obstante, y a pesar de las recomendaciones, el rey pretendió conciliarse con los parlamentarios y convocó al Parlamento de París para demostrar sus intenciones. Grave error del que nunca se sobrepondría, ya que la institución parlamentaria lo interpretaría como un signo de debilidad de la Monarquía y desde ese momento encaminó su actuación a imponer su primacía. El déficit público requería una solución, y Turgot, antiguo intendente de Limoges, se propuso adoptar medidas que redujeran los gastos para sanear la hacienda, sin aumentar la presión fiscal ni recurrir a la bancarrota o el empréstito, y en 1774 presentó al rey un amplio programa de reformas donde abandona el mercantilismo y adopta soluciones de corte fisiocrático: libre circulación de las mercancías, sobre todo cereales, y supresión de aduanas internas, libertad de trabajo y abolición de los gremios y reglamentaciones laborales, elaboración de un catastro para poder acabar con la prestación personal a cambio de un impuesto sobre propiedades agrarias de la que el clero estaba exento. Su ideario económico se resume en dos obras publicadas por el autor, sus Cartas sobre la libertad de comercio de los granos (1770) y el Ensayo sobre la formación y distribución de las riquezas (1776). El libre comercio de cereales provoca la subida de los precios agrícolas, lo que desencadena la guerra de la harina y motines de subsistencia en Dijon, Tours, Metz, Reims, Montauban y Beaumont-sur-l´Oise, a lo largo de 1775, y la feroz oposición de los parlamentos a su política. Turgot es consciente de que nunca encontrará respaldo entre los parlamentarios por lo que anima al rey a promulgar mediante decreto real los llamados Seis Edictos, en enero de 1776; los tres primeros se refieren al libre comercio de cereales, el cuarto abolía determinados puestos encargados de recaudar gravámenes sobre la carne, otro abolía los gremios y el último cambiaba la corvea por un impuesto sobre la propiedad agraria. Estos decretos dividieron la opinión del Gobierno, y produjeron la caída del ministro poco después. Su sucesor, J. Necker, director general de Finanzas, intentó adoptar soluciones de compromiso, que no fueran radicales, y acudió al empréstito con una cierta imprudencia, por lo que acumuló mayor cantidad de deuda pública al tiempo que aumentaba el déficit anual. Persistió en la política de ahorro introducida por Turgot; desarrolló el sistema de administración de las rentas reales y limitó las atribuciones de la Recaudación General; mejoró el sistema de contabilidad y adoptó un mercantilismo moderado en la política comercial. En 1779 suprimió las vinculaciones en los dominios reales, sin atreverse a hacer lo mismo con las tierras de la nobleza o del clero. En 1778 concibió un plan de reformas administrativas, en parte inspiradas en Turgot, con la creación de asambleas administrativas locales en varias generalidades del país (Berry, Moulins, Grenoble y Montauban) para distribuir los impuestos, administrar las corveas y utilizar a los desempleados en las obras públicas, con la ayuda del intendente, pero la nobleza y las magistraturas las boicotearon desde el primer momento, por haber duplicado el número de representantes del tercer Estado, lo que atemorizó a los privilegiados. Su dimisión, en mayo de 1781, fue bien acogida por la corte aunque años más tarde, en plena crisis revolucionaria, fue llamado de nuevo a hacerse cargo de las finanzas. Tras la desaparición de Necker, parecen abandonarse los proyectos reformistas pero la década de los ochenta revela un cambio de coyuntura hacia la crisis agrícola e industrial, la extensión de oleadas epidémicas que provocan mortandad, el aumento de los vagabundos por el desempleo, éxodo rural y, sobre todo, un gran malestar que afecta a todas las capas sociales y que enlaza ya con los orígenes del proceso revolucionario.
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Erradicar la corrupción y satisfacer las demandas de los reinos van a ser los dos polos en torno a los cuales gire la política interior de Felipe IV y su valido, el conde-duque de Olivares, entre 1621 y 1626. La Junta de Reformación, creada el 8 de abril de 1621, suscita la simpatía de las ciudades castellanas al retomar las propuestas formuladas por el Consejo de Castilla en su consulta de 1619, del mismo modo que provoca el temor entre la burocracia la intención de exigir inventarios de bienes a todos aquellos que hubiesen desempeñado cargos administrativos desde 1592 y a quienes fuesen nombrados en adelante, para así evitar su enriquecimiento a costa del tesoro, aunque los resultados fueron decepcionantes. Este malestar se aprecia también en el seno de la nobleza, no tanto por la persecución que se emprende contra el clan de los Sandoval, como por la recomendación dada al soberano en noviembre de 1621 de no conceder mercedes y favores a expensas de la real hacienda. La actitud favorable de las ciudades pronto tropieza con la concepción que el Conde-Duque tiene de cómo deben ser las relaciones entre el rey y el reino, porque si algo tiene claro el valido es que las Cortes deben estar sometidas a la autoridad del monarca y no imponer sus exigencias -creación de comisiones paritarias integradas por ministros y procuradores para abordar las reformas-, enarbolando cual arma arrojadiza la negativa a conceder los servicios solicitados por la Corona. Por si fuera poco, la reanudación de la guerra con los holandeses al concluir la Tregua de Amberes obliga a Felipe IV a decretar el secuestro de las remesas de plata que vienen de América a nombre de particulares, concediendo a cambio moneda de vellón, cada vez más devaluada respecto a la de plata, y juros, cuyo interés se intenta rebajar al 5 por ciento, todo lo cual venía a demostrar que los deseos reformistas del monarca y del valido eran letra muerta ante las necesidades militares de la monarquía. Las buenas intenciones del Conde-Duque, sin embargo, no deben ponerse en duda, aunque sólo sea porque las reformas económicas y sociales -que de todo hay- eran imprescindibles si se quería que la presencia de la Monarquía hispánica en los asuntos europeos fuese la que correspondía a una potencia de primer rango. Por este motivo, la recién creada Junta Grande de Reformación -había celebrado su primera reunión el 11 de agosto- elabora un informe, aprobado por el monarca el 20 de octubre de 1622, en el que se propone la reducción en dos tercios de los escribanos, recaudadores y alguaciles, el recorte de los empleos palatinos, la moderación en las dotes y en los gastos suntuarios de los súbditos, el traslado a sus señoríos de la nobleza cortesana y el freno a la emigración para evitar que los pueblos queden abandonados. También aconseja conceder exenciones fiscales y privilegios a los artesanos que se instalen en España, siempre que sean católicos, a los matrimonios jóvenes y a los que tengan seis o más hijos varones, y sugiere que las fundaciones de caridad proporcionen una ayuda económica para las dotes de huérfanas y doncellas pobres. Junto a estas propuestas, la Junta Grande recomienda la adopción de medidas proteccionistas para la industria castellana y la creación de Erarios y Montes de Piedad. Este proyecto, que ya habían planteado Peter van Oudegherste y Luis Valle de la Cerda en el reinado de Felipe II y Jerónimo de Ceballos en su "Arte regia y política para el gobierno de los reinos", escrito en 1621, consistía en la fundación de una red bancaria, con la participación de todos los súbditos, seglares o eclesiásticos, que invertirían una vigésima parte del valor de sus propiedades percibiendo un tres por ciento de interés anual. La finalidad primordial de estos Erarios era la de prestar dinero a los agricultores y artesanos para aumentar su producción a cambio del pago de un interés del 7 por ciento, así como la de recaudar los tributos, lo que abarataría el coste de las recaudaciones y permitiría al erario disponer con más facilidad de su importe. En cuanto al sistema fiscal, la Junta aconseja abolir el servicio de millones y repartir su rédito entre todos los núcleos de población a razón de dos soldados, si bien con los ajustes necesarios según la riqueza de cada lugar, y una mayor participación tributaria de los otros reinos de la monarquía, como ya lo habían planteado el Consejo de Castilla en 1619 y el Consejo de Hacienda en abril de 1622. El desvelo de los corregidores para persuadir a los ayuntamientos de las excelencias de este proyecto no surtió los efectos obtener un servicio de 12 millones de ducados a pagar en seis años, sobre cuyo importe se podían emitir juros al 5 por ciento de interés, y la venta de 20.000 vasallos. El freno puesto a la reforma por las ciudades castellanas no impidió que ésta se pusiera en marcha. En efecto, el 10 de febrero de 1623 se publican los Artículos de Reformación, un compendio de las propuestas realizadas en 1622 por la Junta Grande con alguna concesión a las ciudades industriales de Castilla, como prohibir la entrada en el reino de una amplia gama de productos manufacturados extranjeros. Paralelamente, el monarca convoca las Cortes en un esfuerzo más por atraerse a las ciudades -o socavar su resistencia- pero sin éxito alguno, pues los procuradores manifiestan su protesta por la creación de los Erarios a golpe de decreto real e indagan el estado de las finanzas de la Corona. El 4 de octubre de 1623 se avienen a votar un servicio de 60 millones de ducados a pagar en doce años, además de los 12 millones pendientes de la última concesión, pero condicionan su aprobación a que el soberano financie los Erarios. Esta crecida suma de dinero concedida por las Cortes provocará el descontento de las ciudades, sobre todo de las andaluzas, pese al viaje del rey por aquellas tierras en los meses de febrero, marzo y abril de 1624, resultando imposible llegar a un acuerdo salvo si se reduce su importe, como así ocurrió, pues el 19 de octubre de dicho año las Cortes acuerdan un servicio de 12 millones de ducados, al que las ciudades dan su conformidad el 30 de junio de 1625 después de obtener además la promesa del monarca de no seguir adelante con la reforma municipal decretada en 1623 y de financiar los Erarios con el caudal de la hacienda, lo que suponía arrinconarlos ante la falta de recursos de la Corona para llevar adelante el proyecto. Tras varios meses de negociaciones las ciudades de Castilla habían logrado imponerse al valido, convenciéndole así de que lo mejor -y más acertado- era gobernar sin su concurso y gobernar incluso al margen de los Consejos, a través de juntas creadas ad hoc, como así lo representa a Felipe IV en el Gran Memorial de 25 de diciembre de 1624, aun cuando la experiencia -es el caso de la Junta de Comercio- no había sido demasiado positiva. Pero, por otra parte, también reconoce que es necesario liberar a los castellanos de contribuciones a fin de potenciar las actividades productivas y desviar una porción de las cargas fiscales que recaían sobre sus hombros hacia los demás vasallos, para lo cual se requería que los diferentes reinos de la monarquía se rigiesen al estilo y leyes de Castilla, formando un todo al ejemplo de Francia, con iguales responsabilidades y derechos, sin diferencias de ningún tipo, debiendo el soberano establecer sólidos vínculos entre la nobleza de los distintos reinos mediante enlaces matrimoniales, como el de los Medinasidonia con los Braganza, o recurrir a la amenaza de acciones militares, e incluso a invasiones con el pretexto de sofocar revueltas populares, si los reinos oponían resistencia a este proyecto. Pese a todo, Felipe IV procuró no enajenarse la enemiga de sus vasallos adoptando medidas de fuerza; no al menos hasta que la situación financiera de la Corona se hizo insostenible. El proyecto de la Unión de Armas, presentado al Consejo de Estado el 13 de noviembre de 1625, refleja el optimismo del Conde-Duque en la capacidad financiera de los reinos y en su fidelidad al monarca, pero también el sentir de Castilla respecto a un reparto más equitativo de las contribuciones, como se venía solicitando desde 1619. La idea de formar un ejército de 140.000 soldados sufragado por cada reino, según una cuota fija en función de sus recursos económicos y demográficos, era, pues, acertada, aunque su distribución no lo fuera tanto, porque mientras que a Castilla y las Indias se les asignan 44.000 soldados, a Cataluña, Portugal y Nápoles les corresponden, respectivamente, 16.000 hombres, a Flandes 12.000, a Aragón 10.000, a Milán 8.000, a Valencia 6.000, a Sicilia 6.000 y a Baleares y Canarias otros 6.000 a partes iguales. La respuesta de los reinos a este plan no se hará de esperar. Por de pronto, los territorios de la Corona de Aragón, en lugar de enviar plenipotenciarios a Madrid, manifiestan su deseo de que el rey celebre Cortes para que en ellas se debata este asunto. Entre los meses de enero y marzo de 1626 Felipe IV tiene que desplazarse a Barbastro, donde convoca a los aragoneses, a Monzón, sede de las Cortes de Valencia, y a Lérida, población elegida para reunirse con los catalanes. Con esta decisión Olivares pretende satisfacer las exigencias de los reinos y demostrar su voluntad negociadora, pero a duras penas logrará aplacar los ánimos, sobre todo porque en Barbastro se han antepuesto los intereses del rey a la reparación de agravios. La Iglesia y la nobleza no ponen trabas, aunque sí las ciudades, con Zaragoza al frente, que rechazan los cálculos de la monarquía por excesivos y no están dispuestas a votar ninguna concesión sin el consentimiento de sus vecinos. En Valencia, donde las repercusiones económicas de la expulsión de los moriscos todavía no han sido superadas, la Corona encuentra obstáculos parecidos, esta vez por parte de la nobleza, que es quien opone mayor resistencia: ni se pueden reclutar 6.000 soldados ni recaudar el dinero necesario para movilizarlos, y además el reino no mantiene fronteras con los enemigos y costea la defensa del litoral con más de 30.000 ducados anuales. En Lérida, los catalanes no sólo han conseguido que antes de aprobar cualquier subsidio se discutan sus reivindicaciones (recortar la jurisdicción inquisitorial, no pagar el quinto de los ingresos municipales) y se elaboren nuevas leyes, sino que se oponen, pese a la oferta del Conde-Duque de crear una Compañía Mercantil para el Levante, a toda contribución de soldados porque sus constituciones prohíben hacer la guerra fuera de sus fronteras y porque cualquier leva debe realizarse siempre que el monarca se ponga al frente del ejército, si bien están dispuestos a entregar 2 millones de libras, cantidad que parece insuficiente a Felipe IV, aunque la situación económica del Principado no era por entonces boyante. La actitud intransigente de las Cortes catalanas, donde la Corona ni siquiera puede contar, para forzar la oposición de las ciudades a la Unión de Armas, con el apoyo de la nobleza y del clero, en cuyo seno se producen fuertes disensiones, exaspera al monarca y al valido, por lo que el 4 de mayo la Corte abandona Lérida. En Aragón será preciso que tropas castellanas crucen la frontera para que el reino se avenga a votar el servicio solicitado, aunque no en hombres sino en dinero, y rebajada la cantidad prevista en un veinte por ciento. Tampoco las Cortes de Valencia han votado lo que se pedía, pero aun así han realizado un esfuerzo considerable al otorgar 1.080.000 libras por quince años. En Castilla la Unión de Armas se proclama en el mes de julio de 1626 con la promesa de que la Corona costeará la mayor parte del esfuerzo bélico, y en Flandes, no sin dificultades, se acepta la cuota estipulada de 12.000 hombres, lo mismo que en Nápoles, donde se ha ido formando una nobleza de nuevo cuño en los últimos años que asume las directrices políticas de Madrid sin oposición por los beneficios obtenidos.
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Primeros años en las tierras nuevas En 1514 dio rumbo, por completo diferente, a su vida. De escasos veinte años se embarcó, según dice, siguiendo a Pedrarias Dávila, del que afirma que vino por gobernador de Tierra Firme (Nombre de Dios en Panamá). De este episodio, con el que Bernal quiere señalar cómo ocurrió su primera entrada y actuación en el Nuevo Mundo, proporciona muy escasas y más bien equivocadas noticias. Tras decir que, estando allí tres o cuatro meses, dio pestilencia de la cual murieron muchos soldados y demás de esto todos los más adolecíamos y se nos hacían unas malas llagas en las piernas, habla del conflicto que surgió entre Pedrarias y su yerno Vasco Núñez de Balboa, el descubridor del Pacífico. Al tocar este asunto, lo hace Bernal como si tal situación y lo que fue su desenlace --el que Pedrarias mandara degollar a Balboa-- hubieran acaecido durante su breve estancia en Tierra Firme y no en 1519, el mismo año en que, desde Cuba, se embarcó para México entre los soldados de Cortés. Como para no dejar duda de que había sido él testigo de la muerte de Balboa, añade Bernal que después de que vimos lo que tengo dicho cómo por sentencia Pedrarias le mandó degollar (man. Guatemala, cap. I), fue cuando pidieron él y otros licencia para pasar a Cuba. Antes de hablar sobre lo que allí ocurrió a Bernal, traeré a cuento un dato que parece poner en entredicho lo que escribió éste acerca de su venida al Nuevo Mundo con Pedrarias. En el Catálogo de Pasajeros a Indias se consigna que el 5 de octubre de 1514 --seis meses después de la partida de Pedrarias-- se embarcó un Bernal Díaz... natural de Medina del Campo8. ¿Era éste un homónimo de nuestro soldado cronista o era él mismo que, para darse desde un principio importancia, pretendió haber marchado a América como alguien bien conocido? Dejando así en suspenso esta cuestión, veamos lo que sucedió a Bernal en Cuba. Gobernaba allí Diego Velázquez, que no sólo recibió bien a Bernal y a los que con él venían sino que prometió que nos daría indios en encomienda de los primeros que vacasen. Como ello jamás ocurrió, los que confiados de encontrar un mejor destino se habían establecido en Cuba, buscaron entonces nuevo género de aventura. Según Bernal, ciento diez hombres se concertaron con un hidalgo, Francisco Hernández de Córdoba. Para que fuese nuestro capitán y, a nuestra ventura, buscar y descubrir tierras nuevas v en ello emplear nuestras personas (I). A esto siguió la compra de tres navíos, todo en plan de empresa privada. Al decir de Bernal, sólo en un momento dado intervino Velázquez, ofreciendo otra embarcación y algo de bastimentos. Dos condiciones ponía: una era ir a unas isletas que están entre Cuba y Honduras; la otra, que debían saltear indios para llevarlos como esclavos. En este punto Bernal se pone a sí mismo de relieve y, como si al escribir evocara la actuación de fray Bartolomé de las Casas, al que según veremos conoció, adopta una postura semejante a la del fraile y asevera que él y otros hicieron reproche de esto a Velázquez. La expedición de Hernández de Córdoba --iniciada en febrero de 1517 cuando por cierto aún vivía Balboa-- puso a Bernal por vez primera en contacto con el mundo extraordinario y paradójico del México prehispánico. Se enteró entonces de la existencia allí de grandes poblaciones, con templos, esculturas de dioses, ritos sangrientos, guerreros valerosos e indicios de no poca riqueza. Recordando en la Historia y en otras cartas y varias ocasiones esta temprana entrada, Bernal repitió que él no sólo había sido uno de los primeros conquistadores sino también uno de los que, con gran riesgo, descubrieron el gran país que se llamó después Nueva España. Y no contento con uno y otro título --que alguien en vida suya se atrevió. luego a negarle-- proclamó otras muchas veces que había tenido el privilegio de tomar parte en las tres primeras expediciones a México, ésta de Hernández de Córdoba (1517), la de Juan de Grijalva (1518) y la de Hernán Cortés (1519). Ahora bien, tampoco aquí han faltado quienes hayan puesto en tela de juicio su participación en la expedición de Grijalva. Los argumentos principales son que no habló de ella en su probanza de méritos; que nunca mencionó el nombre de alguno de los soldados que tomaron parte; que su relato en este punto es muy pobre y difiere en alto grado de otra relación que sobre tal viaje existe, atribuida al capellán de la armada y conservada por el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo9. ¿Hay en esto nueva prueba de que Bernal se atribuyó timbres de gloria que no le correspondían? Una referencia, profundamente humana, de las que ponen de bulto los recuerdos, nos sale al paso, esta vez, desafiante. El episodio en cuestión tuvo lugar, dice Bernal, al tiempo del regreso de la armada de Grijalva hacia Cuba, adelante ya de Coatzacoalcos, en las costas de Tabasco: También quiero decir cómo yo sembré unas pepitas de naranjas junto a unas casas de ídolos y fue de esta manera: que como había muchos mosquitos en aquel río, fuíme a dormir a una casa alta de ídolos, e allí, junto a aquella casa, sembré siete u ocho pepitas que había traído de Cuba, e nacieron muy bien: parece ser que los papas sacerdotes de aquellos ídolos les pusieron defensa para que no las comiesen las hormigas, e las regaban e limpiaban desque vieron que eran plantas diferentes a las suyas. He traído esto a la memoria para que se sepa que estos fueron los primeros naranjos que se plantaron en la Nueva España, porque, después de ganado México e pacíficos los pueblos sujetos de Guazacualco Catzacoalcos, donde sembró las semillas, tubos por la mejor provincia... A este efecto se pobló de los más principales conquistadores e yo fui uno, e fui por mis naranjos y traspúselos transplantelos e salieron muy buenos... (XVI). Si el realismo desvanece dudas, este sería un buen ejemplo de ello. Concluidas sus noticias acerca del viaje de Grijalva, pasa ya a tratar de lo que en suma más le importa, la entrada a México con Cortés. Aquí resalta, en el Bernal ya viejo que escribía, un hondo sentido de reflexión. Quiere entrar en materia, pues va a hablar de los hechos portentosos en los que él y sus compañeros se afanaron en más de cien batallas pero duda cómo empezar. Le interesa también recordar que el gobernador Diego Velázquez envió a Castilla un procurador para dar cuenta de lo descubierto por Grijalva, pero piensa a la vez que debe ya referirse a don Hernando y su expedición. Un tanto perplejo nota entonces: Y aunque parezca a los lectores que va fuera de nuestra relación esto que yo traigo aquí a la memoria, antes que entre en lo de¡ capitán Cortés, conviene que se diga, por las razones que adelante se verán, e también porque en un tiempo acaecen dos o tres cosas y, por fuerza, hemos de hablar de una, la que más viene al propósito (XVII). El asunto sobre el que hubo de hablar fue el del favorable resultado de las gestiones del procurador de Velázquez en España. Sin embargo --al menos en el orden de los capítulos de su Historia, tal como quedó ésta-- hay una especie de inciso tocante a otra materia. Se refiere ésta nada menos que a la impresión que causó a Bernal toparse con la obra de Francisco López de Gómara. Había sido publicada ésta por vez primera bajo el título de Hispania Victrix. Primera y segunda parte de la Historia General de las Indias con todo el descubrimiento desde que se ganaron hasta el año de 1551, con la conquista de México y de la Nueva España, Zaragoza, 1552. Tempranas reediciones de esta obra fueron las de Medina del Campo, 1553, y otra vez en Zaragoza, 1554. La reacción del soldado cronista fue, primero, de desaliento y luego de disgusto y crítica. A la postre el hallazgo le dio nuevos bríos para proseguir en lo que tenía entre manos: Estando escribiendo esta relación, acaso vi una historia de buen estilo, la cual se nombra de un Francisco López de Gómara que habla de la conquista de México y Nueva España y cuando leí su gran retórica, y cómo mi obra es tan grosera, dejé de escribir en ella, y aun tuve vergüenza que pareciese entre personas notables; y estando tan perplejo como digo, torné a leer y a mirar las razones y pláticas que el Gómara en sus libros escribió, e vi desde el principio y medio hasta el cabo no llevaba relación y va muy contrario de lo que fue e pasó en la Nueva España... (XVIII). Los recuerdos de Bernal sobre aquello en que tanta parte tuvo se interrumpieron así con esta primera crítica --anticipo de otras muchas en su libro-- en contra del Gómara y de quienes siguieron a éste, cuyas obras también conoció, Gonzalo de Illescas y Paulo Jovio10. Para enterarse de la participación de nuestro cronista en la empresa cortesiana es obvio que la fuente, no sólo principal sino realmente única --fuera de su probanza de méritos-- es la Historia verdadera. A diferencia de Cortés que, como lo nota el mismo Bernal, en sus relaciones al emperador, casi nunca se refirió por su nombre a los capitanes y soldados, sino que se ponía siempre como quien todo lo ordenaba, en la Historia verdadera abundan las menciones de personas determinadas. Entre ellas aparece Bernal hablando y actuando. Imposible es pretender aducir tales referencias, pues ello equivaldría a reproducir en esta Introducción una buena parte de la obra que, completa, se publica. No resisto, sin embargo, a señalar al menos unos cuantos episodios que, de sí mismo, recuerda Bernal. Ver en Cholula la muy buena loza de barro, colorado y prieto y blanco de diversas pinturas, lo hace reaccionar, digamos ahora como en Castilla lo de Talavera o Plasencia (LXXXIII). Estando ya más cerca de la metrópoli azteca, al recibir Cortés un presente enviado por Moctezuma, alude a sí mismo y a otros, diciendo: Nos alegramos con tan buenas nuevas en mandarnos que vamos a su ciudad, porque de día en día lo estábamos deseando todos los más soldados, especial los que no dejábamos en la isla de Cuba bienes ningunos y habíamos venido dos veces a descubrir primero que Cortés con Hernández de Córdoba y con Grijalva (LXXXV). Lo que Moctezuma, hallándose ya cautivo de los españoles, dijo a Bernal, lo evoca éste con fruición: Como en aquel tiempo era yo mancebo, y siempre que estaba en su guarda de Moctezuma o pasaba delante de él, con muy gran acato de él me quitaba mi bonete de armas y aun le había dicho el paje Ortega que vine dos veces a descubrir esta Nueva España primero que Cortés, y yo le había hablado a Orteguilla que me hiciese Moctezuma merced de una india muy hermosa, y como lo supo Moctezuma, me mandó llamar y me dijo: Bernal Díaz del Castillo, hánme dicho que tenéis motolines necesidad de ropa y oro, y os mandaré dar hoy una buena moza. Tratadla muy bien, que es hija de hombre principal; y también os darán oro y mantas. Yo le respondí con mucho acato... Y parece ser preguntó al paje que ya hablaba la lengua náhuatl que qué había respondido, y le declaró la respuesta, y dizque le dijo Moctezuma: De noble condición me parece Bernal Díaz... (XCVII). Dejando al lector que a sus anchas se entere de los diversos episodios de la conquista --desde el desembarco en Veracruz hasta la rendición de la metrópoli azteca-- citaré tan sólo tres pasajes más. Alude en ellos Bernal, de modo particular, a experiencias suyas durante los días del asedio a la ciudad de México. Dramática es la escena que pinta cuando, al avanzar por una de las calzadas que llevaban a la ciudad --la de Tacuba-- los hombres a las órdenes de Pedro de Alvarado, se vieron acometidos por varios escuadrones de guerreros indígenas. Bernal, que venía entre ellos, contempló cómo traían consigo varias cabezas de españoles que habían apresado y sacrificado, y dando voces, decían que eran de Malinche, Sandoval y otros capitanes. Y añade que más tarde supo que algo semejante habían hecho por otro rumbo los aztecas saliendo al encuentro de Cortés. Los guerreros --según nuestro cronista-- arrojaron allí otras cuatro cabezas. Y decían que eran del Tonatio el Sol que es Pedro de Alvarado, y Sandoval y la de Bernal Díaz... Entonces dizque desmayó mucho más Cortés de lo que antes estaba, y se le saltaron las lágrimas... (CLII). Si Cortés en tal coyuntura y en otras más --como en la tantas veces traída a cuento noche triste-- no quiso reprimir el llanto, también Bernal, a pesar de que muchas veces en su Historia se precia de esforzado, reconoce momentos de flaqueza y explica así los por qués de ella: Ahora que estoy fuera de los combates y recias batallas que de los mexicanos que con nosotros, y nosotros con ellos teníamos, porque doy muchas gracias a Dios que dellas me libró, quiero contar una cosa muy temeraria que me acaeció después que vi sacar los corazones y sacrificar a aquellos sesenta y dos soldados que dicho tengo que llevaron vivos... Y esto que ahora diré les parece a algunas personas que es por falta de no tener muy grande ánimo; y si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo con que en aquellos días había de poner mi persona en lo más recio de las batallas, porque en aquella sazón presumía de buen soldado y era tenido en esta reputación y había de hacer lo que los más osados y atrevidos soldados suelen hacer... Y como de cada día veía llevar a nuestros compañeros a sacrificar... Y a este efecto siempre desde entonces temía más la muerte que nunca. Y esto he dicho porque, antes de entrar en las batallas, se me ponía una como grima y tristeza en el corazón, y orinaba una vez o dos, y encomendábame a Dios y a su bendita madre, nuestra señora, y entrar en las batallas todo era uno, y luego se me quitaba aquel temor (CLVII). Muchas fueron --según lo tenía apuntado de tiempo atrás en un memorial-- las batallas en que participó. En uno de los postreros capítulos de su Historia --en el CCXII-- hace justamente enumeración de ellas. Allí, como en resumen, vuelve a destacar la importancia que concedía a sus acciones: Tampoco quiero decir cómo soy uno de los primeros que volvimos a poner cerco a México, primero que Cortés cuatro o cinco días, por manera que vine primero que el mismo Cortés a descubrir Nueva España con la expedición de Hernández de Córdoba, 1517 y, como dicho tengo, me hallé en tomar la gran ciudad de México y en quitarles el agua de Chapultepeque, y hasta que se ganó México, no entró agua dulce en aquella ciudad (CCXII). Ante reiteraciones como ésta, resulta explicable que otros que han escrito sobre la conquista de México y han leído la Historia de Bernal, lo hayan recriminado de vanidad, envidia y ambición. Tal es el caso muy en particular del atildado y artificioso Antonio de Solís, en su Historia de la Conquista de México (Madrid, 1684) y de otros como el inglés William Robertson, autor de una Historia de América (Londres, 1777), que como quien dijera, perdonándole la vida a Bernal, juzga que su Historia verdadera está escrita con tanto candor, con tan interesante prolijidad y con una vanidad tan divertida y tan perdonable a un antiguo soldado que, como él mismo se jacta, se halló en ciento diecinueve combates...11. Vanidoso era hasta cierto punto don Bernal y también ambicioso, según lo confirman otros comportamientos suyos a lo largo de su vida, de los que en su momento nos ocuparemos. Exigua recompensa y fatigosa expedición a las Hibueras con Cortés Mientras don Hernando se mantenía atareado en la reconstrucción de la capital azteca, varios de sus capitanes habían sido enviados a diversos rumbos, tanto para conocer la tierra como para someter a otros señoríos y hacer poblamientos en ellos. Gonzalo de Sandoval, que marchó con dirección a Oaxaca, cruzó luego hacia el norte y entró en la provincia de Coatzacoalcos en los límites de los actuales Estados de Veracruz y Tabasco. Bernal iba entre los soldados que lo acompañaron. Sandoval fundó allí la que se conoció como villa del Espíritu Santo. A Bernal iban a dársele entonces en encomienda algunos indígenas de Matatlan (hoy Maltrata), Ahuilizapan (corrompido en Orizaba) y Ozotequipa. Sin embargo, como lo refiere (CLX), por seguir a Sandoval en otras empresas, dejó él tan buenos indios y tierras de mucha renta (CLX). Por cierto que, en este contexto, hace una ponderación de su propio físico, al recordar que, entre los soldados de Sandoval iban tres de apellido Castillo: El uno de ellos era muy galán y preciábase de ello en aquella sazón y a esta causa me llamaban Castillo el galán (CLX). Nueva encomienda recibió Bernal en la tierra que Sandoval sometió poco después, la de los pueblos de Tlapa y Potonchán, pertenecientes a la provincia de Cimatlan. Brotes de rebelión motivaron que Bernal, en compañía de otros tres españoles, fuera enviado para someter a los indios buenamente y con amor (CLXVI). En el intento, dos perdieron la vida y Bernal --como otras veces a lo largo del asedio de la capital azteca-- también en ese trance resultó herido, que estuvo mi vida en harto peligro. Necesario fue, en opinión de quien gobernaba la región, el capitán Luis Marín, emprender una campaña en contra de los alzados. Con más hombres, entre ellos Bernal, se hizo una entrada en territorio de Chiapas. De resultas de esto obtuvo luego nuestro cronista otra encomienda en Chamula, hasta hoy centro religioso de los tzotziles, grupo mayense que ha mantenido vivas muchas de sus tradiciones. Mas no era destino de Bernal vivir en reposo. Cuando Cortés, en noviembre de 1524, salió para castigar a Cristóbal de Olid, enviado suyo a Honduras que se le había rebelado, Bernal y otros muchos tuvieron que marchar en su compañía. Tanto para el extremeño como para don Bernal las consecuencias fueron nada afortunadas. Cortés, al regresar en junio de 1526, encontró todo alterado en la ciudad de México. De allí provendrían muchos de los problemas que habrían de aquejarlo, entre ellos la pérdida de la gubernatura de la Nueva España. A Bernal lo despojaron de sus encomiendas que pasaron a la jurisdicción de nuevos asentamientos españoles en Ciudad Real de Chiapas y Santa María de la Victoria en Tabasco. Entre los recuerdos de Bernal acerca del viaje a las Hibueras, quedó muy grabado el de la muerte de Cuauhtémoc, el último soberano de los aztecas, así como la del señor de Tacuba. De ese suceso expresó: fue esta muerte que les dieron muy injustamente, y pareció mal a todos los que íbamos (CLXXVII). Tras hablar de las principales dificultades que hubieron de superar los que participaban en esa fallida expedición --puesto que Olid había pasado ya su traición a manos de Francisco de las Casas-- alude con brevedad a la marcha de regreso. Mientras Cortés retornó a México por mar, Bernal y otros lo hicieron por tierra. Fue entonces cuando, por vez primera, estuvo en Guatemala. En la madeja de sus recuerdos se le vino a la mente que entonces todo estaba de guerra por allí andaba Pedro de Alvarado... Acuérdome que viniendo que veníamos por un repecho abajo comenzó a temblar la tierra, de manera que muchos de los soldados cayeron en el suelo, porque duró gran rato el temblor (CXCIII). La entrada a la ciudad de Guatemala en medio de ataques de indígenas, que al fin se retiraron, le dejó buen sabor, pues estaban los aposentos y casas tan buenas y de tan ricos edificios, en fin, como de caciques que mandaban todas las provincias comarcanas... (CXCIII). Ese recuerdo habría de influir probablemente, cerca de quince años más tarde en su determinación de asentarse para siempre en Guatemala. Vuelto por fin a México, encontró allí a aquella india muy hermosa..., hija de hombre principal, que le había dado Moctezuma, la que se llamó después doña Francisca, de quien tuvo dos hijas. Varios años permaneció Bernal en México, haciendo frecuentes salidas a Coatzacoalcos, donde más tarde obtuvo el cargo de corregidor.
contexto
El registro arqueológico nos muestra una gran diversidad regional en lo que se refiere al tipo de asentamiento y al patrón de implantación sobre el territorio, en esta zona europea y durante la neolitización. De todas formas, podemos observar una serie de pautas generales bastante claras. De entrada, tenemos documentadas unas unidades básicas de asentamiento: la vivienda, la aldea y el poblado, de menor a mayor tamaño y, por tanto, de menor a mayor complejidad estructural. Un aspecto que destaca generalmente en las construcciones de los espacios de habitación y de producción es el uso extendido de la madera: con ella se construyen los conocidos suelos de las casas de Suiza, el mobiliario y las estructuras de sustentación en Europa oriental, y la práctica totalidad de viviendas y espacios de almacenamiento-estabulación de toda la zona europea que nos concierne. La complejidad que adquiere en estos momentos el espacio doméstico nos refleja el grado de sedentarización de estas comunidades, en conjunción, claro está, con las actividades productoras que se encuentran en desarrollo; la sedentarización a largo plazo sobre espacios muy concretos del territorio es cada vez más fuerte y la encontramos claramente identificada a través de los indicadores estacionales que abarcan, en un mismo lugar, todo el ciclo anual. Ejemplos de esta nueva situación los tenemos en la región alpina suiza (Bürgaslhisee, Wauwilermoos) y en la cultura de Bug-Dniéster. A partir del VI milenio, y en las áreas loésicas de la Europa central y occidental, podemos distinguir un conjunto de pautas de asentamiento que caracterizan los primeros establecimientos agrícolas, que grosso modo son comparables con la zona sur de los Balcanes, con sus característicos asentamientos y poblados de larga duración. Se construyen casas alargadas de madera (en general, de 30 metros de largo por 7 metros de ancho), seguramente como espacio doméstico y de producción destinado a familias extensas, al almacenamiento de productos agrícolas o de otro tipo (piso superior) y a la estabulación del ganado vacuno. El patrón de asentamiento es frecuentemente disperso y sigue el curso de los ríos y cursos de aguas menores. No obstante, se diferencian dos modelos: los poblados, bien documentados en Elsloo y Sittard en Holanda, y Bylany en Checoslovaquia, y las viviendas dispersas, como, por ejemplo, las localizadas en la altiplanicie de Aldenhoven, sobre depósitos fluviales y drenada por algunos afluentes del Mosa y del Rin con una elevada densidad de poblamiento. La primera situación puede reflejar diferencias de organización social (un espacio habitado más estructurado y complejo), o bien una diversidad de medios explotados o quizás una menor presión geográfica, aspectos que, hoy por hoy, no se pueden contrastar con la suficiente fiabilidad; en el segundo caso se observa una explotación exhaustiva del medio, por ejemplo, un desmonte. De todas formas, el proceso de neolitización no siempre funciona según un modelo tan lineal y que parece, algunas veces, demasiado preconcebido. Por ejemplo, también en Holanda, a finales del V milenio y en la zona litoral del norte, observamos la perduración de los grupos mesolíticos, que ocupan las áreas de dunas fluviales (zona deltaica de los ríos Vecht e Ijssel), y que incorporan elementos neolíticos a su economía. Más adelante, alrededor del 3500, se extiende la cultura de Swifterbant y se ocupan nuevos territorios, aunque la base de los asentamientos permanece y se amplía en la zona del Delta. Practican la caza y la pesca, así como la agricultura y la ganadería. Esta cultura sería contemporánea de los grupos de Rössen (tierras loésicas) y de la fase inicial de la cultura de Ertebolle (zona del Báltico). Lo singular de este proceso es que esta zona permanecerá desocupada durante la fase cronológica de la Cerámica de Bandas, hacia el VI-V milenios; quizás cabría pensar, según H. T. Waterbolk, en movimientos de población alóctona. Esta situación nos obliga a tener en cuenta que la progresión de la economía campesina tenía un freno ecológico claro, debido a factores geográficos y climáticos. Este límite agrícola vendría definido por el eje del bosque septentrional y perecedero de Finlandia y Escandinavia, y la frontera entre la taiga del sur e intermedia de la Rusia europea. En estos sectores, la agricultura sólo se desarrollará tardíamente (III milenio) como, por ejemplo, en el sur de Suecia; en casos más extremos sólo será una actividad secundaria, ante el predominio de la caza de focas, la pesca, la caza del alce, etc.