En el año 486 el rey merovingio Clodoveo se asentó definitivamente junto a sus huestes en la Galia. Siendo como eran un pueblo nómada y guerrero, su producción artística estuvo muy limitada por sus condicionantes culturales: la falta de tradición sedentaria hizo que se vieran favorecidas formas artísticas de pequeño tamaño y gran resistencia, para poderlas transportar con comodidad. También la orfebrería se vio impulsada por estos pueblos que basaban su economía frecuentemente en la obtención de botines de guerra. Sin embargo, los merovingios permanecieron durante tres siglos en el mismo lugar, y esto les permitió innovar y desarrollar una serie de pinturas muy en paralelo con lo que otros pueblos similares estaban realizando por aquel período: Ostrogodos, Celtas, y Anglosajones. Su estilo no llegó a florecer por completo, pero su importancia radicó en sentar las bases del posterior arte del Imperio Carolingio, el primer poder centralizado y fuerte tras la caída del Imperio Romano. Por los documentos conservados sabemos que existió un importante conjunto de pinturas murales al fresco, ubicados en el interior de la basílica paleocristiana de Saint Martin de Tours. Pero ejemplos directos a gran tamaño no se han conservado. Las únicas muestras de la pintura merovingia que hoy se conocen son las miniaturas que adornaban los escasísimos libros del momento. Estas miniaturas se realizaban en tres centros artísticos principalmente: la escuela de Luxenil, la de Fleury y la de Corvey. En todas ellas, el estilo se basaba en una técnica de manchas sueltas administradas a la aguada, lo que les dotaba de un color suave y gradado. Al final del período, la viveza del color aumentó, y los motivos geométricos y estilizados fueron gradualmente sustituidos por figuraciones de animales y seres humanos. Sin embargo, durante casi todo el arte merovingio, lo que predominaron fueron los adornos geométricos, el entrelazo y escasas figuras animales o zoomórficas.
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contexto
Casi nadie echó en falta a la marina alemana en las brillantes victorias del verano de 1940. Más aún, tras la rendición de Francia, Gran Bretaña se encargó de mejorar la relación de fuerzas a favor de Berlín con el hundimiento de parte de la flota francesa... Ya el 17 de junio, cuando aún continuaba la lucha en Francia, Churchill comunicaba al almirante Andrew Cunningham que la flota francesa debería ser destruida si París se rendía. Y así fue. De poco sirvió que en los armisticios firmados por Francia en Rethondes con Alemania y en Villa Incisa con Italia no se contemplara la entrega de la flota a los vencedores y de que Londres tuviera constancia de que sus buques serían barrenados antes de caer en manos del Eje. El Almirantazgo británico, aún exponiendose al odio de los franceses, resolvió destruir los buques galos en las bases que tuviera al alcance de sus cañones y apoderarse de los barcos que pudieran asaltar sus comandos. Todo menos que aquellas poderosas unidades pasaran a la marina de Raeder. El 3 de junio comenzó la gran cacería. A las 16,56 la fuerza H británica, -almirante Somerville- abrió fuego sobre la base de Mers el Kebir -la antigua Mazalquibir- donde se hallaban cuatro acorazados franceses. Uno de ellos logró escapar de aquella ratonera, los otros tres se hundieron o encallaron. 1297 marinos franceses fueron inmolados ese día, sin defensa alguna posible, por sus propios aliados. Mejor suerte tuvo la Fuerza X (un acorazado, 4 cruceros y 5 destructores) cedida por Francia a Gran Bretaña para la defensa del Mediterráneo oriental. Un pacto entre caballeros -sus almirantes Cunningham y Gogfroy- permitió que las naves francesas quedaran desarmadas y sin combustible en el puerto de Alejandría. En Dakar fue bombardeado el acorazado Richelieu, la más moderna y poderosa unidad francesa, que permaneció allí a causa de sus averías, aunque volverá a combatir contra los británicos. En Martinica no fueron atacados los buques franceses gracias a la intervención de Washington, pero en los puertos de Plymouth y Portsmouth fueron asaltados por comandos británicos los buques franceses que allí se habían refugiado. Winston Churchill, excusó todas aquellas acciones, poniendo como ejemplo la facilidad con que sus soldados tomaron los buques franceses: los alemanes hubieran podido hacer otro tanto. Lo cierto es que no fueron los alemanes, sino los ingleses quienes cometieron la iniquidad de Mers El Kebir. Los franceses les pasarían más tarde aquella cuenta y, a finales de 1942 -con la autodestrucción de su flota en Tolón- demostrarían que nunca hubieran entregado los barcos a Hitler.
acepcion
Diosa egipcia con forma de cobra. Su culto tenía lugar en Deir el-Medineh, en la necrópolis de Tebas.
obra
Mery Laurent fue una de las modelos más utilizadas por Manet en los últimos años de su carrera. Es la protagonista del Otoño y aquí la vemos retratada con un gran sombrero oscuro, en sintonía con el vestido. Una vez más, Manet juega con los contrastes entre las tonalidades claras y las oscuras, creando una atractiva sinfonía cromática. La técnica del pastel es empleada con maestría en una serie de retratos en estos años iniciales de la década de 1880 de exquisita belleza como Madame Jacob, Madame Zola o Madame Levy.
Personaje
Escultor
Hombre de escasa formación artística, sus obras se inscriben en la línea del arte povera. Ha realizado numerosas exposiciones individuales entre las que destacan las muestras de Turín (1968-69), Roma (1969), París y Nueva York (1970). No ha renunciado a participar en diversas exposiciones colectivas: Roma, Trieste, Düsseldorf (Kunsthalle), Amsterdam (Stedelijk Museum) y Kassel (Documenta V).