La Merienda formaba parte de una serie de cartones para tapiz que debían decorar el comedor de los Príncipes de Asturias en el madrileño Palacio de El Pardo. El encargo se le hizo a Goya a primeros de octubre de 1776 y el 30 de ese mismo mes entregaba la escena, por la que recibió 7.000 reales. Para ese mismo destino pintó el Baile orillas del Manzanares, la Riña en la Venta Nueva y el Quitasol.Los asuntos populares van a ser los temas elegidos por Goya y los demás pintores (Ramón Bayeu o Agustín Esteve) para protagonizar estos cartones, debido al interés de la nobleza por "parecerse " al pueblo, al copiar sus costumbres y vestidos. Por eso, Goya va a presentarnos una merienda típica de la época en las orillas del río Manzanares. En los inicios del siglo XX, Aureliano de Beruete nos dará también imágenes del río y sus ventas.Las figuras están captadas en todo su esplendor, con el mayor realismo posible, centrando el artista su atención en los trajes y detalles como las bandejas o las botellas. Pero Goya, como buen retratista que es, se interesará por las expresiones, captando la alegría y el desenfreno en sus majos. El colorido es muy vivo, abundando los colores cálidos, aplicados con una pincelada suelta. La composición está muy bien estudiada, conseguida a base de planos paralelos que se alejan en profundidad. Para reforzar ese efecto, desdibuja los elementos del fondo, lo que será muy difícil de conseguir en el tapiz.
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Personaje
Político
Hijo y sucesor de Kheti III, Merikhare completaría la labor desarrollada por su padre en el Delta y se enfrentó a los monarcas de Tebas, ansiosos éstos por ampliar sus territorios. Las luchas primero se decantaron del lado tebano al tomar dos nomos en su poder para contraatacar después los de Heracleópolis y recuperar los territorios perdidos. El ejército de Tebas, dirigido por su nomarca Antef III, consigue la victoria definitiva para el sur llegando a tomar el nomo de Hermópolis. La dinastía heracleopolitana estaba dando sus últimos coletazos.
fuente
Innovador tanque israelí protegido con una armadura especial que le protegía todo el sistema contra el fuego indirecto. Fue temible en el fuego a corta distancia durante la Guerra del Líbano.
lugar
Ciudad de la Alta Nubia, en el actual Sudán, que fue capital del reino del mismo nombre entre 300 a.C. y 400 d.C. Las ruinas de Meroe fueron localizadas en el margen oriental del Nilo, unos 5 km al norte de la actual Kabushiyoh. Meroe recoge, hacia el 300 a.C., el rango de capital del imperio kushita, que pierde Napata. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz una civilización avanzada, en contacto, no siempre amistoso, con la egipcia. Los meroíticos supieron aprovechar los recursos del Nilo, de su agricultura y ganadería. Se han hallado herramientas y útiles en hierro y bronce. La construcción de monumentos, pirámides y templos remiten a la cultura egipcia, no en vano los kushitas o nubios se internaron en Egipto en el 713 a.C. y fundaron su propia dinastía, la XXV, que perduraría hasta 664 a.C. La conquista de Egipto por Augusto dará inicio a una época de contactos entre Roma y Meroe, en la que ésta deberá tributar a la primera a cambio de que los romanos no avancen hacia el S por el Nilo. El siglo IV d.C. es una etapa de decadencia de la ciudad y su reino, cayendo finalmente conquistada por Axum, que a partir de entonces se convertirá en la potencia hegemónica de África Oriental. Los monumentos más notables de Meroe son sus necrópolis reales, erigidas en el desierto, lejos de las ciudades, construidas con bloques de arenisca dispuestos en hileras. Las pirámides no eran propiamente estructuras funerarias, sino monumentos conmemorativos, pues el cadáver se depositaba bajo tierra, por debajo de la misma pirámide, en un hipogeo.
lugar
Pequeña localidad israelí a pocos kilómetros de Safed, junto al monte Merón, la montaña más alta de Galilea (1177 metros). Es el lugar de nacimiento y muerte del rabino Simeón bar-Yoqai, autor del libro místico Zohar. Su lugar de sepultura se ha convertido en un centro importante de peregrinación judía. Los primeros vestigios datan del 200 a.C., siendo una de las primeras ciudades en fortificarse (66 d.C.). En Merón se encuentran también las ruinas de una sinagoga de finales del siglo III construida con planta de basílica. Aún se conserva la fachada, aunque un dintel de la puerta central está agrietado y parece a punto de caer en cualquier momento. Se dice que, de suceder, sería la señal de la llegada inminente del Mesías.