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Uno de los momentos favoritos de Turner para representar en sus obras era el amanecer, con esa magia especial provocada por la luz que nace, las nubes que intentan ocultarlo y la oscuridad que va desapareciendo. Todo esto, si tiene lugar en una montaña, adquiere una mayor grandeza al ponerse de manifiesto la pequeñez del ser humano -representado aquí por un pastor con sus ovejas- respecto a la naturaleza, punto clave de la filosofía romántica. Ya en estas primeras imágenes de paisaje, Turner va a centrar su atención en los efectos atmosféricos, jugando con la luz a través de las nubes y el efecto vaporoso del momento. Por eso, la zona superior adquiere mayor iluminación, empleando colores grises, amarillos y blancos, mientras que el primer plano queda en total penumbra, a excepción del brillo que produce la luz en el agua del torrente. El dominio de la perspectiva será una característica común a todas las épocas del artista, como podemos observar en las obras pintadas en Venecia durante el año 1834.
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Los puentes tendrán un gran atractivo para los impresionistas, son los protagonistas de un buen número de escenas. Pissarro ha elegido en esta ocasión el puente Boieldieu de Rouen, tomándolo desde una zona para mostrar en el Puente Boieldieu el frente contrario. La ciudad se presenta al fondo, destacando el humo de las chimeneas - elemento de la civilización moderna - que se mezcla con las nubes de la mañana grisácea. Los reflejos en el agua se convierten en elemento importante de la composición, realizados con toques rápidos y precisos. El efecto atmosférico ha sido logrado perfectamente por un artista interesado en mostrar los diferentes momentos del día, como demuestra en la serie dedicada al Boulevard Montmartre.
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La temática intimista será la favorita de Eva Gonzalès, siguiendo a Berthe Morisot, su compañera en el taller de Manet. Las mujeres en el hogar, en actitudes totalmente personales, se convierten en protagonistas. La modelo posiblemente sea la hermana de Eva, Jeanne, que aparece vestida con una bata rosa. Se gira para contemplar el cesto con los dos perritos que se encuentra en primer plano. A la derecha observamos un espejo sobre una mesa cubierta con tela blanquecina trabajada con las sombras coloreadas típicas de los impresionistas. La técnica diluida y vaporosa vendría motivada por el pastel, puesto de moda por Degas entre sus amigos. Pero lo más destacable es el soberbio dibujo que siempre exhibirá esta pintora, con el que consigue un magnífico volumen y un realismo de gran impacto.
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Representar las costumbres tahitianas supone todo un reto para Gauguin. En este lienzo recoge el miedo de aquellas gentes al espíritu de los muertos, utilizando para ello a una joven desnuda, de espaldas sobre una cama, que mira al espectador con ojos de sorpresa. Según el propio pintor, se trataría de su compañera, Tahamana. Al fondo de la escena encontramos el fantasma de una mujer como si fuera una máscara, recortada sobre un fondo violeta en el que destacan destellos ya que las creencias indígenas asimilaban las fosforescencias nocturnas con los espíritus de los muertos. El cuerpo tostado de la joven contrasta con el color amarillento de las sábanas y éstas, a su vez, con el azul oscuro de la tela del colchón, jugando con contrastes simultáneos. La postura de la modelo interesa a Gauguin por "las líneas y el movimiento... pintando el cuadro de manera sencilla, para que resultase salvaje e infantil" como el mismo pintor escribe. Curiosamente fue considerado indecente por la crítica cuando se presentó en París, alejándose del infantilismo que quería transmitir Gauguin con el cuadro. Posiblemente el artista se inspiró para realizar esta obra en la Olimpia de Manet, por la que sentía gran admiración.
Personaje Político
Sus padres eran don Pedro de Toledo y Leyva y doña María Luisa de Salazar y Enríquez. Desde muy joven entró a trabajar al servicio de la corte española. Actuó como diplomático en la república de Venecia y en el Imperio. Desde 1664 hasta 1673 ocupó el cargo de virrey de Nueva España y luego fue nombrado virrey del Perú. A su vuelta a España regresó a la corte como mayordomo mayor de Mariana de Austria. Hizo de mensajero entre ella y Carlos II. Esta misión le llevó al destierro en 1668 por orden de Juan José de Austria. En lo que respecta al matrimonio del rey, apostó por Mariana de Neoburgo. Más tarde, cuando hubo que determinar la sucesión al trono defendió la propuesta de Austria, aunque al final optó por Felipe de Anjou. Gracias a este apoyo se ganó al nuevo rey y fue nombrado presidente del Consejo de Italia.
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Personaje Político
En el año 137 a.C., el pueblo romano exigió al Senado la elección de Cayo Hostilio Mancino como nuevo cónsul para Hispania, en sustitución de Marco Popilio Lenas. De origen plebeyo, Mancino no tenía apenas experiencia en el ámbito militar, lo cual le suponía una dificultad cuando tuviera que enfrentarse a Numancia. Decidido a atacar la ciudad lo antes posible, reunió a su ejército ante Numancia, y mientras preparaba la estrategia, los numantinos se abalanzaron sobre ellos. Los romanos sufrían así las consecuencias de la mala preparación de Mancino. Tras la humillación, Mancino decidió retirarse al campamento que Nobilior había construido años antes en Renieblas. Para ello debía atravesar territorio enemigo, de tal forma que fue sorprendido por los numantinos, aceptando entonces sus exigencias. De este modo se conseguía una paz buscada durante mucho tiempo. Sin embargo, Mancino fue requerido por Roma, siendo sustituido por Furio Filo. En Roma fue sometido a un proceso ante el Senado por sus decisiones en Hispania. Mancino fue condenado a ser entregado a Numancia, al tiempo que veía como el Senado romano anulaba los tratados de paz. Una vez en Hispania, fue Furio Filo, quien llevó a Mancino hasta Numancia, para desnudarle y dejarle atado a los pies de la muralla. Los numantinos decidieron entonces darle ropas y dejarle marchar, como agradecimiento a los tratados de paz.