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Polaire era el sobrenombre artístico de Émilie Zouzé Bouchaud, derivado de una canción exitosa de su amplio repertorio. Esta cantante admiró siempre la pintura de Toulouse-Lautrec, siendo el elegido para la ejecución de una ilustración publicada en la revista "Le Rire" del 26 de febrero de 1895 para la que esta imagen que contemplamos sirve de boceto preparatorio. La admiración del pintor hacia la cantante la podemos advertir en la alegría del rostro cuya boca y amplios ojos son los centros de atención. El brazo izquierdo de la mujer está repetido lo que refuerza el aspecto abocetado del estudio, destacando la firmeza de los trazos, una de las principales características del estilo de Lautrec tomada de Degas.
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Si algo puede decirse de este retrato es que desprende frescura e inocencia. Ingres pintó el retrato de esta muchacha cuando tenía quince años, por encargo de su padre. El pintor realizó también el retrato de su madre, pleno de sensualidad y madurez. En cambio en éste, todos los elementos tienden a poner de manifiesto el candor y la pureza de la muchacha. La joven había fascinado a Ingres y desgraciadamente murió ese mismo año de 1805 en que el artista la pintó. El vestido blanquísimo se acompaña de una boa de plumas de cisne, igualmente blancas. Los críticos rechazaron esta redundancia, porque la consideraban demasiado brillante. La figura se yergue perfectamente nítida contra un sereno paisaje de verdes y azules que refresca el ambiente. La mirada de ella es a un tiempo tímida y penetrante, jugando al juego de la madurez que se anuncia en una adolescente. El retrato resulta de los más logrados del artista.
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La obra de Houdon es una de las más importantes entre la de los escultores del siglo XVIII. La estatuaria de este artista que era, al contrario que la canoviana, la más próxima a los criterios del Barroco, se guió al retratar en 1806 a Napoleón por cánones de solemnidad y purismo que moderaban las sutilidades sensualistas de otros retratos. De todos modos, la escultura francesa más acreditada en el imperio preservó la herencia del propio clasicismo barroco.
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Renoir se interesó por el retrato desde su juventud, tomando como modelo a sus maestros favoritos: Delacroix y Courbet. Sus frecuentes visitas al Louvre le llevaron a admirar los trabajos de Rubens, Tiziano, Velázquez, Tintoretto o Goya, influencias clasicistas que se mantuvieron a lo largo de toda su vida. En este retrato juvenil protagonizado por Mademoiselle Sicot ya nos encontramos con una característica identificativa de los retratos de Renoir: la captación psicológica de la modelo, interesándose por mostrar el alma de los retratados.La mujer aparece ataviada con sus mejores galas, vistiendo un elegante y austero traje morado que se adorna con botones y lazos negros, complementado con una mantilla negra. Sentada en un sillón verde, gira su cabeza hacia la derecha, creando un "contraposto" con el cuerpo representado de frente. La figura se recorta ante un fondo neutro, limitándose las referencias espaciales al máximo. El dibujo es correcto y las pinceladas precisas, sin mostrar aún los rápidos toques de pincel identificativos de su estilo impresionista.
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Louise Vernet, la joven que aparece en este retrato a lápiz de Ingres, era la hija del también pintor Horace Vernet. Este artista dirigió durante algunos años la Escuela de Francia en Roma, de la que había sido alumno Ingres. Horace organizaba fiestas y veladas animadas en la Escuela, donde a veces Ingres tocaba el violín, se invitaba a personajes relevantes de la cultura europea, etc. En aquel ambiente, la joven Louise se formó y terminó por casarse con el pintor romántico Paul Delaroche. Ingres ha realizado una figura extraña, con esas deformaciones corporales que tanto disgutaban a sus críticos. La joven sencillamente carece de hombros. Por contra, la silueta está inflada en el medio, parece una flor extraña con aquellas pomposas mangas del vestido.
material
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acepcion
Objeto de culto masculino, consiste en una tabla con forma de huso atada a una cuerda que, al girar, produce un cierto rumor misterioso e inquietante, similar a la voz que producen los espíritus y antepasados. Se utilizaba en diversos ritos, por ejemplo, el de iniciación. Muy extendido en Australia.