Busqueda de contenidos

contexto
Según J. W. Hall, la historia diplomática de la ascensión de Japón a potencia se desarrolló en diversas fases, hasta que el país, tras surgir victorioso sobre Rusia en 1905, entró en una nueva etapa de su evolución histórica contemporánea con la muerte del emperador Meiji en 1912, que puso simbólico fin al intenso período iniciado en 1868. Este largo proceso comenzó en la década de los sesenta del siglo XIX, cuando los nuevos dirigentes japoneses se vieron precisados a negociar tiempo y concesiones mientras adquirían el dominio de la moderna diplomacia y las nuevas exigencias de la negociación internacional y de la defensa nacional. Desde la década de los setenta, y hasta 1894, los dirigentes japoneses se concentraron en lograr dos objetivos principales: definir y asegurar la posición internacional y revisar los llamados tratados desiguales. El primer objetivo lo llevó a cabo resueltamente y con gran facilidad el Ministerio de Negocios Extranjeros. Sus hitos más representativos fueron: en 1871, tratado comercial con China; en 1872, control administrativo de las islas Riu-Kiu; al año siguiente, de las islas Bonin; en 1874, reconocimiento de su soberanía sobre las Riu-Kiu, y en 1875 arrebataba a Rusia las islas Kuriles mediante un tratado y fijaba la frontera entre Japón y Rusia en el área de Siberia. La primera y auténtica crisis en la política internacional japonesa, con una importante escisión en el Gobierno, sobrevino a causa de Corea. En 1876, los japoneses se abrieron paso en la península coreana utilizando el mismo sistema cañonero que los occidentales habían aplicado contra Japón en 1853. El tratado de Kanghwa resultante de esta operación no sólo abrió Corea al comercio japonés; incluyó también una cláusula acerca de la independencia coreana, que constituía una cuña para la ulterior separación de Corea de la soberanía china. Tras emplazar un potente ejército en Seul, los japoneses comenzaron a participar directamente en el juego del imperialismo, rivalizando con Rusia y China por la influencia en el continente. Los mismos años setenta y ochenta, que asistieron a estos progresos diplomáticos, resultaron decepcionantes para el deseo japonés de revisar los tratados desiguales. Los tratados continuaron siendo un problema político de primera magnitud, y fue imposible negociar su revisión con las potencias occidentales. Esta corriente cambió al tener conciencia las potencias extranjeras del surgimiento del moderno Japón. La resistencia a la demanda japonesa de abolir la extraterritorialidad comenzó a debilitarse y acabó en 1894, cuando el ministro de Asuntos Exteriores, Aoki, llegó a un acuerdo con el secretario del Foreign Office británico, Kimberley, de que la extraterritorialidad desaparecería en 1899. Las demás potencias no tardaron en llegar a acuerdos análogos. A partir de 1894, en opinión de J. W. Hall, Japón entró en una nueva fase de sus relaciones internacionales; se inició con la guerra contra China, y terminó en 1905 con su victoria militar sobre Rusia. Parece incuestionable que la guerra de 1894-95 contra China señaló la mayoría de edad internacional de Japón ante los ojos del mundo. El conflicto puso de manifiesto que Japón era una potencia en el área de Extremo Oriente. La posible amenaza para las potencias occidentales en la zona alcanzó un pronto reconocimiento en la triple intervención de 1895. Alarmados por la perspectiva de una expansión japonesa en el continente, Rusia, Alemania y Francia intervinieron para bloquear la conquista nipona de la península de Liaotung como consecuencia de la guerra contra China y de la paz de Shimonoseki (1895). Por ella, China cedió a Japón Formosa, Port Arthur (en poder de Rusia desde 1898) y las islas Pescadores, y reconoció la independencia de Corea, que pasó al área de influencia nipona. Tras unirse a la expedición de socorro de los aliados occidentales a Pekín en 1900, con motivo del movimiento nacionalista de los boxers, Japón entró en la historia diplomática universal en 1902, al firmar un tratado de alianza con Gran Bretaña, por el que alcanzaba su más tangible reconocimiento de igualdad internacional. Era el primero de este tipo que firmaban una potencia occidental y una nación asiática. Dos años después, en 1904, Japón atacaba a los rusos en Port Arthur, iniciando así la guerra ruso-japonesa, e infligía la primera gran derrota de una potencia asiática a una tradicional potencia europea. Por la paz de Portsmouth en 1905, que puso fin al conflicto, Japón obtuvo la parte meridional de las Sajalin, Port Arthur y el protectorado sobre Corea y Manchuria meridional. Al final de la guerra ruso-japonesa, Japón se había convertido en una nueva gran potencia mundial, en el verdadero sentido de la expresión. Ahora era llamado con justicia Japón Imperial (Dai Nippon), en posesión de un imperio propio, y con plena participación en las rivalidades imperialistas occidentales en el marco de Asia oriental. Los objetivos de la modernización de Japón parecen alcanzados en el primer decenio del siglo XX y con anterioridad, por tanto, a la Primera Guerra Mundial. Estos objetivos son: la soberanía por la abolición de los tratados desiguales, la seguridad por el control de las islas y territorios continentales próximos, y la igualdad con las potencias, tras el tratado de alianza con Gran Bretaña de 1902. Pero el nuevo imperialismo permanece todavía integrado en el de los occidentales, tras su primer éxito en la guerra chino-japonesa de 1894-95, seguido de la victoria en el conflicto ruso-japonés de 1905 y la anexión de Corea en 1910. Vie plantea si este primer imperialismo japonés, que considera prudente, fue consecuencia de la expansión paralela del capitalismo y como una necesidad de su mismo desarrollo. La expansión económica estimula la psicología del imperialismo, pero no le impone su marco geográfico. Basado sobre medios económicos que faltaban en los inicios de Meiji, el imperialismo japonés fue una reacción ante una situación militar juzgada amenazante. Este imperialismo se fundamentaría así, durante su primera fase, en un espíritu de defensa suscitado por el de las grandes potencias occidentales, con las que no tendería a enfrentarse en un primer momento.
contexto
Como resultado del Consejo de 1969, se creó la Comisión de Estudios dependiente de la FIMVJ. María Telo solicitó la incorporación a la misma de nueve abogadas. Dicha Comisión nacía con la intención de estudiar las conclusiones acordadas en el Consejo y reivindicarlas ante las autoridades correspondientes, es decir a las máximas autoridades en materia jurídica del país: Franco y Pilar Primo de Rivera. Poco después el Ministro de Justicia comunicaba la puesta en marcha de un anteproyecto de ley, así como otras autoridades ofrecían sus correspondientes respuestas. El día 4 de marzo de 1970, el Jede del Estado recibía en el Palacio del Pardo al Ministro de Justicia, al Decano del ICAM, y a las nueve mujeres integrantes de la Comisión de Estudios de la FIMCJ. María Telo animó a Franco a revisar el status legal de la mujer, contenido fundamentalmente en el Código Civil, y como reflejo, en otras ramas del Derecho. Señaló especialmente las limitaciones de la mujer casada en el derecho de familia, a años luz de la situación entonces actual. Se apoyaba en el sentir de los españoles, manifestado en los distintos medios de comunicación del momento. Aunque el tema se puso inmediatamente en movimiento, los estudios más específicos no comenzaron hasta 1972. Pero antes también se había hecho necesario redefinir la situación de la citada Comisión de Estudios, sin personalidad jurídica alguna y dependiente del FIMCJ. De esta manera, el 30 de julio de 1971, el Ministerio de la Gobernación confirmaba por escrito a María Telo la confirmación de la aprobación de la Asociación Española de Mujeres Juristas (AEMJ), cuya primera Junta Directiva estuvo formada por María Telo Núñez (Presidente), Sofía Casacajo Tajadura (Vicepresidenta 1?), Ascensión de Gregorio Sedeño (Vicepresidenta 2?), María Elena de Castro Abad-Conde (Secretaria), Dorita Finalé Sosa (Tesorera), y las vocales Amalia Franco Granado, María Ángeles Álvarez Rubio, María Carmen Martín García y María Pilar Borragán Pastor. Gráfico Aprobada la AEMJ, se trataba de conseguir incluirla en la FIMCJ, lo que no se consiguió hasta el 28 de junio, previa mediación del Decano del ICAM. La AEMJ fue creciendo paulatinamente con la incorporación de socias y socios, que quisieron colaborar en la mejora de la situación jurídica de las mujeres.
contexto
En Babilonia la astrología recogió una larguísima experiencia empírica de muchos cientos de años protagonizada por sumerios y acadios. La observación detallada de los astros quedó recogida en miles de tablillas de barro, en la que se plasman también presagios astrológicos. Los babilonios, como antes sumerios y acadios, pensaban que los astros estaban en relación con los dioses y que, por ello, determinaban en buena medida la vida sobre la tierra. Conocerlos, saber su funcionamiento y prever sus movimientos podía ser, entonces, una manera de evitar las catástrofes y actuar sobre el futuro. Rendir culto a los astros-dioses podía resultar favorable para emprender guerras, procurar buenas cosechas o evitar calamidades. La posición de los astros podía resultar decisiva a la hora de realizar cualquier acción, por lo que era preciso conocer detalladamente el funcionamiento de las estrellas. A esta observación y a fijar la consecuencia de los astros sobre la vida de los hombres se dedicaron miles y miles de horas, por medio de especialistas que utilizaban complejos cálculos matemáticos y adecuados observatorios, funcionando como tales tal vez los zigurats. Importantes observatorios fueron construidos en Nínive y Babilonia, conservándose diversas cartas astrológicas, como las series Enuma Anu Enlil y Mulapin. La observación de las estrellas dio lugar a la elaboración de horóscopos personales, que regían la vida cotidiana de las gentes. También dio paso a un conocimiento más profundo del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas fijas, que llevaron a documentar el primer eclipse de Sol -15 de junio de 763 a.C.- y de Luna -19 de marzo de 721 a.C. Para los babilonios, el cosmos estaba organizado en siete constelaciones y el año estaba sujeto a 36 grandes estrellas. Nebiru era la más importante de todas, constituyendo el centro del Universo y la sujeción de la bóveda celeste.
contexto
Su importancia y difusión a lo largo del siglo XVIII fue tal que llegó a convertirse en una auténtica pasión de eruditos y aficionados. En cuanto a las investigaciones realizadas, encontramos en ellas una doble dirección: la que se dirige a comprobar matemáticamente la gravitación universal, cuyo centro estará en el Continente, y la que presta mayor atención a las observaciones, desarrollada sobre todo en Inglaterra. Dentro de la primera, destaca la figura de Laplace, ya citado por sus trabajos sobre mecánica y que también colaboraría con Lavoisier en estudios sobre gases, sonido, cálculo de probabilidades, etc. Si en su Mecánica celeste reúne en una teoría conjunta las ideas dispersas de Newton, Halley, D'Alembert y Clairant sobre las consecuencias de la ley de gravitación universal, en Exposición del sistema del mundo (1796) sintetiza el conocimiento existente del cielo y formula una hipótesis cosmogónica basada en la observación de la dirección o sentido idéntico que el Sol, los planetas y los satélites siguen en sus rotaciones. Según Laplace, el sistema solar fue en sus inicios una nebulosa con un núcleo condensado a temperatura muy elevada y girando alrededor de un eje central. La rotación unida al enfriamiento de las capas exteriores originarían anillos sucesivos de los que, por condensación en uno de sus puntos, se formarían los planetas y de ellos, por similar proceso, los satélites. El núcleo central daría lugar al Sol. Para el investigador francés, los anillos que envuelven a Saturno son el ejemplo de la fase intermedia. Tal teoría estaba en contradicción con la expuesta unos años antes por su compatriota Buffon (1708-1788) quien considera que el origen de nuestro sistema solar está en el choque de un cometa con el Sol, como fruto del cual una parte de éste se desgarra. Separada del núcleo incandescente, el proceso de enfriamiento que experimenta da origen a los planetas y a los satélites que conservarán la dirección rotatoria solar. Si no en todos sus puntos, sí en sus líneas generales la formulación de Buffon es más conforme a las actuales que la de Laplace. Además, ella le va a servir para articular una historia de la perra que recoge en su Épocas de la naturaleza (1778). De acuerdo con sus términos, nuestro planeta ha pasado desde su formación por siete etapas cuya duración aproximada calcula. Actualmente nos encontramos en la última de la que van transcurridos 5.000 años y faltan otros 93.000. Se caracteriza por un progresivo enfriamiento que hará que al final la vida sea imposible y se extinga. Estas ideas, de gran modernidad también, permitieron, en gran medida, las investigaciones geológicas y prehistóricas. Respecto a la observación del universo, va a recibir un gran impulso de sir William Herschel (1738-1822), facilitada por la mejora técnica que él mismo realiza en el telescopio. Siguiendo la tradición de la época, llevó a cabo sus labores en compañía, aunque esta vez era la de una mujer: su hermana Carolina. Sus observaciones les permitieron: hacer el primer descubrimiento en época histórica de un planeta: Urano; encontrar muchas estrellas nuevas cuya relación incluyeron en el Catálogo de Estrellas (1788); hallar los satélites Titania y Oberón pertenecientes a Urano, además de Encelado y Minas de Saturno. Estudiaron, asimismo, varias nebulosas y la Vía Láctea, de la que consideraron que tenia forma convexa, ocupando el Sol un lugar descentrado. Acerca de éste, finalmente, sus trabajos les llevaron a concluir que lejos de estar parado, como se había creído, se movía en dirección a un punto distante del universo. Además de la gravitación universal y el estudio de las estrellas, otro tema que preocupó a los astrónomos fue la medición de la densidad de la Tierra. El británico Maskelyne (1732-1811), director del Nautic Almanac (1766), para guía de los marinos, la cifró en cuatro veces y media más que el agua. Cavendish (1731-1810) mejoró su método, dando la cifra de 5,488, muy próxima a la más reciente de 5,5270. Resultaron fallidos, sin embargo, todos los intentos de conocer la distancia entre el Sol y la perra, que habría de ser el patrón para posteriores medidas del universo. Mas no todo fue negativo, el proyecto provocó la cooperación a gran escala de los astrónomos de varios países.
obra
El conjunto de esculturas de Segura (Guipúzcoa) fue realizado por Salvador Carmona entre 1743 y 1747; reúne cuarenta y ocho imágenes del escultor, entre las que sobresale una Asunción. La imagen de la Virgen preside el conjunto, subida a los Cielos por un amplio grupo de ángeles y querubines mientras que los apóstoles quedan en la zona baja de la composición, en diferentes actitudes, la mayoría en posturas escorzadas, admirando el hecho sobrenatural. La rica policromía y la variedad de los gestos sitúan a Salvador Carmona en la línea de los mejores escultores de su tiempo.
obra
Esta obra constituye un claro ejemplo del clasicismo boloñés de los años veinte, con su primacía de la línea y el gusto, tan querido del Domenichino, por Rafael. Representa la ascensión de Santa María de Magdala, antigua meretriz, convertida por Cristo, y penitente (los atributos que portan dos ángeles se refieren a ello). La composición se estructura en una línea diagonal ascendente izquierda-derecha, con la Magdalena elevada por ángeles. El paisaje del segundo plano se acopla en el mismo sentido a la diagonal. Sin embargo, en esta ocasión el artista reduce su habilidad como paisajista a un segundo término, otorgando la preeminencia a las figuras que componen la escena religiosa. Esta habilidad paisajística es más evidente en obras como Tobías atrapando al pez. Los ángeles, que parecen señalar el camino, están representados como rostros alados, lo cual es frecuente en la pintura religiosa barroca. El colorido armonioso se combina con la pureza de líneas, como en el lienzo sobre Santa Inés.
obra
Es una de las obras más familiares, ya que se halla copiada en numerosas iglesias de Francia e, incluso, en objetos ornamentales. Fue pintada para el embajador de Francia en Roma, Henri d'Étampes-Valençay. Su representación iconográfica no presenta ninguna novedad respecto a los modelos renacentistas y barrocos, en especial Rafael, Carracci y el Domenichino. Sin embargo, es el tratamiento de los colores, con el azul intenso del manto de la Virgen que contrasta con el azul celeste de la parte inferior, en la que se recorta el perfil de Jerusalén, o el rojo que contrasta con el cielo, lo que confiere una sensación personal a la obra. En este sentido, se muestra más cercano a Tiziano.
obra
Se ignoran las circunstancias de su ejecución. Su destino es dudoso, ya que se especula con el Palacio Soderini de Roma o la colección Giustiniani. Esta obra maestra pertenece al grupo de trabajos atípicos que Poussin realizó durante el periodo 1627-1635, en su primera etapa romana. En efecto, tanto la composición como el dibujo y, sobre todo, el color, son extraños al estilo habitual del pintor, lo que ha llevado a plantear dudas sobre su atribución. Se suele datar entre 1631 y 1635.
video
La Asunción que Tiziano pintó para la iglesia de Santa María dei Frari en Venecia entre 1516 y 1518 es una de sus obras más espectaculares. Sus fuentes de inspiración debemos buscarlas en Mantegna y Giovanni Bellini, aunque el maestro veneciano las perfecciona, abandonando el realismo para otorgar al asunto la sobrenaturalidad necesaria. La composición se divide en tres espacios: la zona superior, con Dios Padre esperando a recibir a María en su seno; la central, con la Virgen María siendo ascendida por una gran corte de querubines; y la inferior, donde los apóstoles contemplan el episodio. Pero Tiziano ha conseguido unir las tres zonas con gran maestría, a través de diferentes elementos como el color rojo que afecta a los tres espacios; la luz, al iluminar de igual manera la zona terrenal y la celestial, sin hacer variaciones entre ambas; los gestos de las figuras, que ponen en contacto los diferentes planos - el brazo levantado del apóstol de espaldas, el querubín que aparece a su lado, la mirada hacia arriba de la Virgen o Dios Padre mirando hacia abajo -; la unidad compositiva, al recurrir a una pirámide para la zona terrenal y un círculo en la celestial, participando la Virgen en ambos mundos lo que indica su calidad de intercesora para el ser humano en su salvación. Las figuras empleadas por el maestro son de gran tamaño, destacando las posturas movidas que otorgan mayor veracidad. Tiziano recurre a una doble perspectiva de gran originalidad al contemplar desde arriba hacia abajo a los apóstoles y de abajo a arriba a la Virgen y Dios Padre. La intensidad del colorido y el brillo de la luz dorada forman parte de la cuidadosa puesta en escena seguida por Tiziano, quien había calculado hasta los más mínimos detalles de emplazamiento ya que el lienzo se sitúa al final de un gran altar gótico y en un difícil contraluz, contrarrestado por la maravillosa luminosidad que emana de la obra. De esta manera se pone de manifiesto el deseo del maestro por agradar a sus clientes.
contexto
Los orígenes legendarios de la ciudad de Atenas están vinculados al primer rey del Ática, Cecrops, mítico personaje que se instaló en la zona, procedente de Egipto, junto a un puñado de fieles. Cecrops sería el responsable de la elección de Atenea como protectora de la ciudad, provocando la ira de Poseidón. En ese momento se celebró el célebre enfrentamiento entre los dos dioses para erigirse en protectores de la ciudad. Cada uno debía de proporcionar a los atenienses un bien que sería elegido por el pueblo. Atenea proporcionó el olivo y Poseidón hizo manar una fuente de agua salada en la Acrópolis, la parte más alta de la ciudad. Los atenienses, especialmente las mujeres, consideraron que el olivo era más beneficioso para Atenas, por lo que dieron a la diosa el papel de protectora, ratificando la decisión de su rey. Poseidón castigó a la ciudad enviando una inundación. Arqueológicamente, las primeras informaciones de habitación en la zona del Ática corresponden a los primeros años del III Milenio a.C., existiendo fortificaciones que indican su existencia como núcleo urbano desde el siglo XV a.C. La importancia de Atenas durante época micénica se pone de manifiesto en la presencia de esas poderosas murallas, que más tarde la tradición atribuiría a los cíclopes, seres legendarios de fuerza sobrenatural. Todavía hoy se conservan restos de las defensas del siglo XIII a.C. detrás del muro sur de los Propileos. Desde estas fortificaciones de la Acrópolis fueron rechazadas por los jonios las invasiones de los diferentes pueblos, entre ellos los dorios, quienes dieron al traste con la civilización micénica en el siglo XII a.C. Durante ese período los atenienses vivían distribuidos en pequeñas polis dirigidas por sus respectivos reyes, con sus órganos de gobierno agrupados en torno a señores aristocráticos que concentraban en el oikos -unidad económica compuesta por sus familiares y grupos de personas que se encuentran con respecto a él en diversos grados de dependencia- la actividad económica. Pero frente a la competitividad se impone la solidaridad del sinecismo. Desde Teseo, los oikoi se unifican en un solo órgano político, con lo que desaparece la anterior función regia y se crea una nueva solidaridad que tiene su manifestación en la nueva polis, con una sola asamblea. El poder se ejerce por nueve arcontes, uno más destacado que da nombre al año, epónimo; otro que recibe el poder militar, polemarco, seguramente heredero del jefe del ejército regio; el tercero heredaría, como sacerdote, el título de basileus; finalmente, otros seis se encargan del establecimiento y custodia de las normas legales, thesmoi, los tesmótetas. Plutarco atribuye a Teseo la distribución de la población ateniense en tres partes, Eupátridas, Geómoros y Demiurgos. A los primeros les habría adjudicado las funciones políticas, legales y religiosas; los segundos destacarían en cambio por su utilidad, y los terceros sólo se caracterizarían por su masa. El sinecismo sintetiza como proceso la creación de un sistema de gobierno aristocrático capaz de integrar no sólo a las poblaciones campesinas, sino también a los que desempeñan las funciones vinculadas a las nuevas características de la ciudad que como centro político tiende a convertirse igualmente en centro redistributivo de las rentas y creador de nuevas actividades secundarias en torno a la producción básica agrícola. En estas fechas crece la actividad marítima de Atenas, lo que facilita los contactos con otras ciudades y centros panhelénicos, llegando todo tipo de influencias, desde económicas, hasta culturales y políticas. Los aires de cambio político llegan de la mano de Cilón, que muy probablemente hacia el año 632 a.C. llevó a cabo un intento de instaurar la tiranía en Atenas. Miembro de la aristocracia, se había casado con la hija de Teágenes, el tirano de Mégara, e intentó impulsar la misma fórmula de gobierno en su ciudad. Cilón consultó al oráculo de Delfos y la Pitia -intérprete del oráculo- le aconsejó que ocupara la Acrópolis de Atenas el día de la fiesta mayor de Zeus. Los nueve arcontes organizaron el asedio que acabó con la huida de Cilón y la muerte de algunos de sus colaboradores, a pesar de haberse refugiado en lugar sagrado. El siguiente paso en la creación de una polis poderosa será la legislación de Dracón, fechada hacia el año 620 a.C. Lo más claro en sus contenidos se refiere a la estatalización de los juicios por delitos de sangre, con sus severas penas. A pesar de esta legislación, las tensiones sociales agudizarán la crisis política. Por una parte, nos encontramos con el aumento de la población, lo que provoca el aumento de los desheredados en una zona repleta de tierras improductivas. La situación económica del campesinado también es desesperada, siendo sometido a servidumbre por sus acreedores. Por otro lado, el crecimiento de la riqueza de las clases medias gracias al comercio implica que se planteen reivindicaciones políticas a la nobleza dirigente. En el año 594 a.C. Solón actúa como mediador en los diferentes conflictos y lleva a cabo una intensa reforma legislativa. Solón mostró la ideología de la medida, al intentar colocarse en medio sin permitir que los ricos abusaran o que los pobres llegaran a ser como los ricos. La principal medida que impulsó fue la sisactía, la descarga de las deudas y obligaciones que pesaban sobre el campesinado. Paralelamente, la explotación del trabajo esclavo permite liberar de la presión al campesino de la ciudad y estructurar la comunidad. También se limitó el poder de la nobleza mediante la división de los ciudadanos en cuatro clases, al tiempo que se reestructuraron las instituciones y se realizó una importante transformación monetaria. A pesar de las reformas realizadas por Solón, las tensiones continúan, tensiones que serán aprovechadas por Pisístrato. Paulatinamente fue incrementando su guardia personal, dando un golpe de Estado al tomar la Acrópolis y convirtiéndose en un tirano. Sus enemigos, entre los que contaban Megacles y Licurgo, reaccionaron y le expulsaron de la ciudad. Durante unos años Pisistrato estuvo viajando para aumentar su fortuna y sus partidarios, regresando a Atenas en 546 para recuperar el poder, ahora sin resistencia. Atenas vive su primer periodo de esplendor al favorecer el tirano al campesinado gracias a una intensa reforma agraria y poner en marcha un intenso programa de obras públicas, entre las que destaca la construcción del primer Partenón. La tiranía continuará en la persona de sus hijos Hipias e Hiparco, haciéndose cargo del gobierno de forma compartida. Sin embargo, la aristocracia inició una intensa política de reclamaciones, lo que provocó que los tiranos tuvieran que hacer concesiones. El asesinato de Hiparco en 514 a.C. -por Harmodio y Aristogiton- motivará la radicalización del gobierno de Hipias, aumentando la represión. Este cambio de actitud provocó la reacción popular y aristocrática. Hipias veía como el gobierno se el iba de las manos, especialmente por la situación exterior. La tensión entre Atenas y Tebas aumentaba al tiempo que Esparta iniciaba una política expansiva contraria a Atenas. Los atenienses derrotaron a los espartanos en Faleron (511 a.C.) provocando un nuevo ataque espartano dirigido por su rey Cleómenes I. Los espartanos asediaron la Acrópolis y obligaron a Hipias y su familia a desterrarse a Sigeion. A la caída de la tiranía volvieron a encontrarse enfrentados los miembros de la aristocracia, encabezados por Iságoras y Clístenes. Iságoras, con sus amigos y el apoyo espartano, disuelve la boulé y expulsa a setecientas familias atenienses para establecerse como dueño de la ciudad con trescientos de sus amigos. La multitud reaccionó de modo contrario, expulsó a Iságoras y los suyos e hizo venir a Clístenes como presidente del demos, resultado de que el demos se había hecho dueño de la situación. Sobre estos condicionantes se inician las reformas democráticas de Clistenes. Buscaba la mezcla de toda la población, prescindiendo de los vehículos tribales por donde se ejercía la influencia aristocrática. Los jefes militares de la tribu pasan a mandar sobre unidades heterogéneas de hoplitas, con tendencia a convertirse en los verdaderos jefes políticos de la polis. La nueva estructura permite inscribir en la tribu a quienes por no tener la ciudadanía quedaban al margen de los derechos cívicos y podían transformarse en esclavos. El origen antitiránico del sistema se tradujo en la institución del ostracismo. Cada año se votaba en la asamblea si era preciso que la ciudad se preservara de alguna amenaza tiránica y, de ser así, se celebraba algún tiempo después una sesión específica en que cada uno escribía sobre un óstrakon, o fragmento cerámico recogido del suelo del ágora, el nombre de la persona a la que consideraba peligrosa. Era necesario un alto quorum para que alguien fuera condenado al ostracismo, es decir, a permanecer diez años alejado de la ciudad, conservando, sin embargo, sus derechos y propiedades.