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Como resultado del Consejo de 1969, se creó la Comisión de Estudios dependiente de la FIMVJ. María Telo solicitó la incorporación a la misma de nueve abogadas. Dicha Comisión nacía con la intención de estudiar las conclusiones acordadas en el Consejo y reivindicarlas ante las autoridades correspondientes, es decir a las máximas autoridades en materia jurídica del país: Franco y Pilar Primo de Rivera. Poco después el Ministro de Justicia comunicaba la puesta en marcha de un anteproyecto de ley, así como otras autoridades ofrecían sus correspondientes respuestas. El día 4 de marzo de 1970, el Jede del Estado recibía en el Palacio del Pardo al Ministro de Justicia, al Decano del ICAM, y a las nueve mujeres integrantes de la Comisión de Estudios de la FIMCJ. María Telo animó a Franco a revisar el status legal de la mujer, contenido fundamentalmente en el Código Civil, y como reflejo, en otras ramas del Derecho. Señaló especialmente las limitaciones de la mujer casada en el derecho de familia, a años luz de la situación entonces actual. Se apoyaba en el sentir de los españoles, manifestado en los distintos medios de comunicación del momento. Aunque el tema se puso inmediatamente en movimiento, los estudios más específicos no comenzaron hasta 1972. Pero antes también se había hecho necesario redefinir la situación de la citada Comisión de Estudios, sin personalidad jurídica alguna y dependiente del FIMCJ. De esta manera, el 30 de julio de 1971, el Ministerio de la Gobernación confirmaba por escrito a María Telo la confirmación de la aprobación de la Asociación Española de Mujeres Juristas (AEMJ), cuya primera Junta Directiva estuvo formada por María Telo Núñez (Presidente), Sofía Casacajo Tajadura (Vicepresidenta 1?), Ascensión de Gregorio Sedeño (Vicepresidenta 2?), María Elena de Castro Abad-Conde (Secretaria), Dorita Finalé Sosa (Tesorera), y las vocales Amalia Franco Granado, María Ángeles Álvarez Rubio, María Carmen Martín García y María Pilar Borragán Pastor. Gráfico Aprobada la AEMJ, se trataba de conseguir incluirla en la FIMCJ, lo que no se consiguió hasta el 28 de junio, previa mediación del Decano del ICAM. La AEMJ fue creciendo paulatinamente con la incorporación de socias y socios, que quisieron colaborar en la mejora de la situación jurídica de las mujeres.
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En Babilonia la astrología recogió una larguísima experiencia empírica de muchos cientos de años protagonizada por sumerios y acadios. La observación detallada de los astros quedó recogida en miles de tablillas de barro, en la que se plasman también presagios astrológicos. Los babilonios, como antes sumerios y acadios, pensaban que los astros estaban en relación con los dioses y que, por ello, determinaban en buena medida la vida sobre la tierra. Conocerlos, saber su funcionamiento y prever sus movimientos podía ser, entonces, una manera de evitar las catástrofes y actuar sobre el futuro. Rendir culto a los astros-dioses podía resultar favorable para emprender guerras, procurar buenas cosechas o evitar calamidades. La posición de los astros podía resultar decisiva a la hora de realizar cualquier acción, por lo que era preciso conocer detalladamente el funcionamiento de las estrellas. A esta observación y a fijar la consecuencia de los astros sobre la vida de los hombres se dedicaron miles y miles de horas, por medio de especialistas que utilizaban complejos cálculos matemáticos y adecuados observatorios, funcionando como tales tal vez los zigurats. Importantes observatorios fueron construidos en Nínive y Babilonia, conservándose diversas cartas astrológicas, como las series Enuma Anu Enlil y Mulapin. La observación de las estrellas dio lugar a la elaboración de horóscopos personales, que regían la vida cotidiana de las gentes. También dio paso a un conocimiento más profundo del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas fijas, que llevaron a documentar el primer eclipse de Sol -15 de junio de 763 a.C.- y de Luna -19 de marzo de 721 a.C. Para los babilonios, el cosmos estaba organizado en siete constelaciones y el año estaba sujeto a 36 grandes estrellas. Nebiru era la más importante de todas, constituyendo el centro del Universo y la sujeción de la bóveda celeste.
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Su importancia y difusión a lo largo del siglo XVIII fue tal que llegó a convertirse en una auténtica pasión de eruditos y aficionados. En cuanto a las investigaciones realizadas, encontramos en ellas una doble dirección: la que se dirige a comprobar matemáticamente la gravitación universal, cuyo centro estará en el Continente, y la que presta mayor atención a las observaciones, desarrollada sobre todo en Inglaterra. Dentro de la primera, destaca la figura de Laplace, ya citado por sus trabajos sobre mecánica y que también colaboraría con Lavoisier en estudios sobre gases, sonido, cálculo de probabilidades, etc. Si en su Mecánica celeste reúne en una teoría conjunta las ideas dispersas de Newton, Halley, D'Alembert y Clairant sobre las consecuencias de la ley de gravitación universal, en Exposición del sistema del mundo (1796) sintetiza el conocimiento existente del cielo y formula una hipótesis cosmogónica basada en la observación de la dirección o sentido idéntico que el Sol, los planetas y los satélites siguen en sus rotaciones. Según Laplace, el sistema solar fue en sus inicios una nebulosa con un núcleo condensado a temperatura muy elevada y girando alrededor de un eje central. La rotación unida al enfriamiento de las capas exteriores originarían anillos sucesivos de los que, por condensación en uno de sus puntos, se formarían los planetas y de ellos, por similar proceso, los satélites. El núcleo central daría lugar al Sol. Para el investigador francés, los anillos que envuelven a Saturno son el ejemplo de la fase intermedia. Tal teoría estaba en contradicción con la expuesta unos años antes por su compatriota Buffon (1708-1788) quien considera que el origen de nuestro sistema solar está en el choque de un cometa con el Sol, como fruto del cual una parte de éste se desgarra. Separada del núcleo incandescente, el proceso de enfriamiento que experimenta da origen a los planetas y a los satélites que conservarán la dirección rotatoria solar. Si no en todos sus puntos, sí en sus líneas generales la formulación de Buffon es más conforme a las actuales que la de Laplace. Además, ella le va a servir para articular una historia de la perra que recoge en su Épocas de la naturaleza (1778). De acuerdo con sus términos, nuestro planeta ha pasado desde su formación por siete etapas cuya duración aproximada calcula. Actualmente nos encontramos en la última de la que van transcurridos 5.000 años y faltan otros 93.000. Se caracteriza por un progresivo enfriamiento que hará que al final la vida sea imposible y se extinga. Estas ideas, de gran modernidad también, permitieron, en gran medida, las investigaciones geológicas y prehistóricas. Respecto a la observación del universo, va a recibir un gran impulso de sir William Herschel (1738-1822), facilitada por la mejora técnica que él mismo realiza en el telescopio. Siguiendo la tradición de la época, llevó a cabo sus labores en compañía, aunque esta vez era la de una mujer: su hermana Carolina. Sus observaciones les permitieron: hacer el primer descubrimiento en época histórica de un planeta: Urano; encontrar muchas estrellas nuevas cuya relación incluyeron en el Catálogo de Estrellas (1788); hallar los satélites Titania y Oberón pertenecientes a Urano, además de Encelado y Minas de Saturno. Estudiaron, asimismo, varias nebulosas y la Vía Láctea, de la que consideraron que tenia forma convexa, ocupando el Sol un lugar descentrado. Acerca de éste, finalmente, sus trabajos les llevaron a concluir que lejos de estar parado, como se había creído, se movía en dirección a un punto distante del universo. Además de la gravitación universal y el estudio de las estrellas, otro tema que preocupó a los astrónomos fue la medición de la densidad de la Tierra. El británico Maskelyne (1732-1811), director del Nautic Almanac (1766), para guía de los marinos, la cifró en cuatro veces y media más que el agua. Cavendish (1731-1810) mejoró su método, dando la cifra de 5,488, muy próxima a la más reciente de 5,5270. Resultaron fallidos, sin embargo, todos los intentos de conocer la distancia entre el Sol y la perra, que habría de ser el patrón para posteriores medidas del universo. Mas no todo fue negativo, el proyecto provocó la cooperación a gran escala de los astrónomos de varios países.
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El conjunto de esculturas de Segura (Guipúzcoa) fue realizado por Salvador Carmona entre 1743 y 1747; reúne cuarenta y ocho imágenes del escultor, entre las que sobresale una Asunción. La imagen de la Virgen preside el conjunto, subida a los Cielos por un amplio grupo de ángeles y querubines mientras que los apóstoles quedan en la zona baja de la composición, en diferentes actitudes, la mayoría en posturas escorzadas, admirando el hecho sobrenatural. La rica policromía y la variedad de los gestos sitúan a Salvador Carmona en la línea de los mejores escultores de su tiempo.
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Esta obra constituye un claro ejemplo del clasicismo boloñés de los años veinte, con su primacía de la línea y el gusto, tan querido del Domenichino, por Rafael. Representa la ascensión de Santa María de Magdala, antigua meretriz, convertida por Cristo, y penitente (los atributos que portan dos ángeles se refieren a ello). La composición se estructura en una línea diagonal ascendente izquierda-derecha, con la Magdalena elevada por ángeles. El paisaje del segundo plano se acopla en el mismo sentido a la diagonal. Sin embargo, en esta ocasión el artista reduce su habilidad como paisajista a un segundo término, otorgando la preeminencia a las figuras que componen la escena religiosa. Esta habilidad paisajística es más evidente en obras como Tobías atrapando al pez. Los ángeles, que parecen señalar el camino, están representados como rostros alados, lo cual es frecuente en la pintura religiosa barroca. El colorido armonioso se combina con la pureza de líneas, como en el lienzo sobre Santa Inés.
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Es una de las obras más familiares, ya que se halla copiada en numerosas iglesias de Francia e, incluso, en objetos ornamentales. Fue pintada para el embajador de Francia en Roma, Henri d'Étampes-Valençay. Su representación iconográfica no presenta ninguna novedad respecto a los modelos renacentistas y barrocos, en especial Rafael, Carracci y el Domenichino. Sin embargo, es el tratamiento de los colores, con el azul intenso del manto de la Virgen que contrasta con el azul celeste de la parte inferior, en la que se recorta el perfil de Jerusalén, o el rojo que contrasta con el cielo, lo que confiere una sensación personal a la obra. En este sentido, se muestra más cercano a Tiziano.
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Se ignoran las circunstancias de su ejecución. Su destino es dudoso, ya que se especula con el Palacio Soderini de Roma o la colección Giustiniani. Esta obra maestra pertenece al grupo de trabajos atípicos que Poussin realizó durante el periodo 1627-1635, en su primera etapa romana. En efecto, tanto la composición como el dibujo y, sobre todo, el color, son extraños al estilo habitual del pintor, lo que ha llevado a plantear dudas sobre su atribución. Se suele datar entre 1631 y 1635.
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La Asunción que Tiziano pintó para la iglesia de Santa María dei Frari en Venecia entre 1516 y 1518 es una de sus obras más espectaculares. Sus fuentes de inspiración debemos buscarlas en Mantegna y Giovanni Bellini, aunque el maestro veneciano las perfecciona, abandonando el realismo para otorgar al asunto la sobrenaturalidad necesaria. La composición se divide en tres espacios: la zona superior, con Dios Padre esperando a recibir a María en su seno; la central, con la Virgen María siendo ascendida por una gran corte de querubines; y la inferior, donde los apóstoles contemplan el episodio. Pero Tiziano ha conseguido unir las tres zonas con gran maestría, a través de diferentes elementos como el color rojo que afecta a los tres espacios; la luz, al iluminar de igual manera la zona terrenal y la celestial, sin hacer variaciones entre ambas; los gestos de las figuras, que ponen en contacto los diferentes planos - el brazo levantado del apóstol de espaldas, el querubín que aparece a su lado, la mirada hacia arriba de la Virgen o Dios Padre mirando hacia abajo -; la unidad compositiva, al recurrir a una pirámide para la zona terrenal y un círculo en la celestial, participando la Virgen en ambos mundos lo que indica su calidad de intercesora para el ser humano en su salvación. Las figuras empleadas por el maestro son de gran tamaño, destacando las posturas movidas que otorgan mayor veracidad. Tiziano recurre a una doble perspectiva de gran originalidad al contemplar desde arriba hacia abajo a los apóstoles y de abajo a arriba a la Virgen y Dios Padre. La intensidad del colorido y el brillo de la luz dorada forman parte de la cuidadosa puesta en escena seguida por Tiziano, quien había calculado hasta los más mínimos detalles de emplazamiento ya que el lienzo se sitúa al final de un gran altar gótico y en un difícil contraluz, contrarrestado por la maravillosa luminosidad que emana de la obra. De esta manera se pone de manifiesto el deseo del maestro por agradar a sus clientes.
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Los orígenes legendarios de la ciudad de Atenas están vinculados al primer rey del Ática, Cecrops, mítico personaje que se instaló en la zona, procedente de Egipto, junto a un puñado de fieles. Cecrops sería el responsable de la elección de Atenea como protectora de la ciudad, provocando la ira de Poseidón. En ese momento se celebró el célebre enfrentamiento entre los dos dioses para erigirse en protectores de la ciudad. Cada uno debía de proporcionar a los atenienses un bien que sería elegido por el pueblo. Atenea proporcionó el olivo y Poseidón hizo manar una fuente de agua salada en la Acrópolis, la parte más alta de la ciudad. Los atenienses, especialmente las mujeres, consideraron que el olivo era más beneficioso para Atenas, por lo que dieron a la diosa el papel de protectora, ratificando la decisión de su rey. Poseidón castigó a la ciudad enviando una inundación. Arqueológicamente, las primeras informaciones de habitación en la zona del Ática corresponden a los primeros años del III Milenio a.C., existiendo fortificaciones que indican su existencia como núcleo urbano desde el siglo XV a.C. La importancia de Atenas durante época micénica se pone de manifiesto en la presencia de esas poderosas murallas, que más tarde la tradición atribuiría a los cíclopes, seres legendarios de fuerza sobrenatural. Todavía hoy se conservan restos de las defensas del siglo XIII a.C. detrás del muro sur de los Propileos. Desde estas fortificaciones de la Acrópolis fueron rechazadas por los jonios las invasiones de los diferentes pueblos, entre ellos los dorios, quienes dieron al traste con la civilización micénica en el siglo XII a.C. Durante ese período los atenienses vivían distribuidos en pequeñas polis dirigidas por sus respectivos reyes, con sus órganos de gobierno agrupados en torno a señores aristocráticos que concentraban en el oikos -unidad económica compuesta por sus familiares y grupos de personas que se encuentran con respecto a él en diversos grados de dependencia- la actividad económica. Pero frente a la competitividad se impone la solidaridad del sinecismo. Desde Teseo, los oikoi se unifican en un solo órgano político, con lo que desaparece la anterior función regia y se crea una nueva solidaridad que tiene su manifestación en la nueva polis, con una sola asamblea. El poder se ejerce por nueve arcontes, uno más destacado que da nombre al año, epónimo; otro que recibe el poder militar, polemarco, seguramente heredero del jefe del ejército regio; el tercero heredaría, como sacerdote, el título de basileus; finalmente, otros seis se encargan del establecimiento y custodia de las normas legales, thesmoi, los tesmótetas. Plutarco atribuye a Teseo la distribución de la población ateniense en tres partes, Eupátridas, Geómoros y Demiurgos. A los primeros les habría adjudicado las funciones políticas, legales y religiosas; los segundos destacarían en cambio por su utilidad, y los terceros sólo se caracterizarían por su masa. El sinecismo sintetiza como proceso la creación de un sistema de gobierno aristocrático capaz de integrar no sólo a las poblaciones campesinas, sino también a los que desempeñan las funciones vinculadas a las nuevas características de la ciudad que como centro político tiende a convertirse igualmente en centro redistributivo de las rentas y creador de nuevas actividades secundarias en torno a la producción básica agrícola. En estas fechas crece la actividad marítima de Atenas, lo que facilita los contactos con otras ciudades y centros panhelénicos, llegando todo tipo de influencias, desde económicas, hasta culturales y políticas. Los aires de cambio político llegan de la mano de Cilón, que muy probablemente hacia el año 632 a.C. llevó a cabo un intento de instaurar la tiranía en Atenas. Miembro de la aristocracia, se había casado con la hija de Teágenes, el tirano de Mégara, e intentó impulsar la misma fórmula de gobierno en su ciudad. Cilón consultó al oráculo de Delfos y la Pitia -intérprete del oráculo- le aconsejó que ocupara la Acrópolis de Atenas el día de la fiesta mayor de Zeus. Los nueve arcontes organizaron el asedio que acabó con la huida de Cilón y la muerte de algunos de sus colaboradores, a pesar de haberse refugiado en lugar sagrado. El siguiente paso en la creación de una polis poderosa será la legislación de Dracón, fechada hacia el año 620 a.C. Lo más claro en sus contenidos se refiere a la estatalización de los juicios por delitos de sangre, con sus severas penas. A pesar de esta legislación, las tensiones sociales agudizarán la crisis política. Por una parte, nos encontramos con el aumento de la población, lo que provoca el aumento de los desheredados en una zona repleta de tierras improductivas. La situación económica del campesinado también es desesperada, siendo sometido a servidumbre por sus acreedores. Por otro lado, el crecimiento de la riqueza de las clases medias gracias al comercio implica que se planteen reivindicaciones políticas a la nobleza dirigente. En el año 594 a.C. Solón actúa como mediador en los diferentes conflictos y lleva a cabo una intensa reforma legislativa. Solón mostró la ideología de la medida, al intentar colocarse en medio sin permitir que los ricos abusaran o que los pobres llegaran a ser como los ricos. La principal medida que impulsó fue la sisactía, la descarga de las deudas y obligaciones que pesaban sobre el campesinado. Paralelamente, la explotación del trabajo esclavo permite liberar de la presión al campesino de la ciudad y estructurar la comunidad. También se limitó el poder de la nobleza mediante la división de los ciudadanos en cuatro clases, al tiempo que se reestructuraron las instituciones y se realizó una importante transformación monetaria. A pesar de las reformas realizadas por Solón, las tensiones continúan, tensiones que serán aprovechadas por Pisístrato. Paulatinamente fue incrementando su guardia personal, dando un golpe de Estado al tomar la Acrópolis y convirtiéndose en un tirano. Sus enemigos, entre los que contaban Megacles y Licurgo, reaccionaron y le expulsaron de la ciudad. Durante unos años Pisistrato estuvo viajando para aumentar su fortuna y sus partidarios, regresando a Atenas en 546 para recuperar el poder, ahora sin resistencia. Atenas vive su primer periodo de esplendor al favorecer el tirano al campesinado gracias a una intensa reforma agraria y poner en marcha un intenso programa de obras públicas, entre las que destaca la construcción del primer Partenón. La tiranía continuará en la persona de sus hijos Hipias e Hiparco, haciéndose cargo del gobierno de forma compartida. Sin embargo, la aristocracia inició una intensa política de reclamaciones, lo que provocó que los tiranos tuvieran que hacer concesiones. El asesinato de Hiparco en 514 a.C. -por Harmodio y Aristogiton- motivará la radicalización del gobierno de Hipias, aumentando la represión. Este cambio de actitud provocó la reacción popular y aristocrática. Hipias veía como el gobierno se el iba de las manos, especialmente por la situación exterior. La tensión entre Atenas y Tebas aumentaba al tiempo que Esparta iniciaba una política expansiva contraria a Atenas. Los atenienses derrotaron a los espartanos en Faleron (511 a.C.) provocando un nuevo ataque espartano dirigido por su rey Cleómenes I. Los espartanos asediaron la Acrópolis y obligaron a Hipias y su familia a desterrarse a Sigeion. A la caída de la tiranía volvieron a encontrarse enfrentados los miembros de la aristocracia, encabezados por Iságoras y Clístenes. Iságoras, con sus amigos y el apoyo espartano, disuelve la boulé y expulsa a setecientas familias atenienses para establecerse como dueño de la ciudad con trescientos de sus amigos. La multitud reaccionó de modo contrario, expulsó a Iságoras y los suyos e hizo venir a Clístenes como presidente del demos, resultado de que el demos se había hecho dueño de la situación. Sobre estos condicionantes se inician las reformas democráticas de Clistenes. Buscaba la mezcla de toda la población, prescindiendo de los vehículos tribales por donde se ejercía la influencia aristocrática. Los jefes militares de la tribu pasan a mandar sobre unidades heterogéneas de hoplitas, con tendencia a convertirse en los verdaderos jefes políticos de la polis. La nueva estructura permite inscribir en la tribu a quienes por no tener la ciudadanía quedaban al margen de los derechos cívicos y podían transformarse en esclavos. El origen antitiránico del sistema se tradujo en la institución del ostracismo. Cada año se votaba en la asamblea si era preciso que la ciudad se preservara de alguna amenaza tiránica y, de ser así, se celebraba algún tiempo después una sesión específica en que cada uno escribía sobre un óstrakon, o fragmento cerámico recogido del suelo del ágora, el nombre de la persona a la que consideraba peligrosa. Era necesario un alto quorum para que alguien fuera condenado al ostracismo, es decir, a permanecer diez años alejado de la ciudad, conservando, sin embargo, sus derechos y propiedades.
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La historia de Grecia en el siglo V a.C., la época clásica, está definida por la relación de Atenas con las demás ciudades de su entorno. En los primeros veinte años de esta centuria se librarán las famosas Guerras Médicas, en las que Atenas tendrá un papel crucial. La revuelta de los jonios contra los persas motivará la solicitud de ayuda a las demás polis griegas. La revuelta fue aniquilada por Darío quien establecía la autoridad perdida. Para asegurar el dominio de Tracia y Macedonia, un fuerte ejército y la flota persa al mando de Mardonio se dispuso a ocupar la mayor parte de la península griega. La reacción de los griegos fue positiva ya que los atenienses derrotaron a sus enemigos en la batalla de Maratón (septiembre de 490 a.C.). Será Jerjes algunos años más tarde quien recupere el plan de invasión. Tras un primer éxito en las Termópilas, los persas cosecharán tres rotundos fracasos en las batallas de Salamina, Platea y Mícala. Durante treinta años los griegos disfrutaron de paz, saliendo beneficiada del conflicto Atenas, quien pondría en marcha su imperio. La década de los noventa fue en Atenas escenario de conflictos, donde la herencia de los tiranos y las tendencias renovadoras de la democracia se encuentran involucradas con los efectos de la presencia persa en el Egeo. Temístocles fue elegido arconte en el año 493 pero será Milcíades el verdadero héroe de Maratón. La posibilidad de alzarse como tirano o la actitud favorable a los persas motivará numerosas condenas al ostracismo en Atenas durante la década transcurrida entre las batallas de Maratón y Salamina. En el año 487 se reformaría el sistema para que los arcontes fueran designados por sorteo entre quinientos candidatos elegidos en los demoi, lo que suponía que la institución quedaba neutralizada políticamente. Por contra, la influencia de los estrategas aumenta, pasando a tener funciones financieras y administrativas. En estos años se aprueba la política propuesta por Temístocles de dedicar los principales esfuerzos públicos a la construcción de doscientas naves. Paralelamente, los atenienses descubrieron un nuevo filón metalífero en Maronea, en las minas de Laurio. Temístocles consiguió sacar adelante una propuesta por la cual la ganancia había de emplearse en la flota y utilizarse masivamente con la intervención de los ricos, que realizaban así su función litúrgica con dinero público en beneficio público. La nueva guerra contra los persas (480-479 a.C.) va a permitir la superación de los enfrentamientos sociales en Atenas y favorecer la solidaridad. También se impulsa la ideología de la unidad, aunque los atenienses no estén exentos de tensiones internas. En el mes de agosto de 480 los persas invaden y devastan las regiones del Ática y Beocia. Temistocles ordena la evacuación de Atenas, transportándose la población a las islas cercanas. La ciudad es saqueada y la Acrópolis destruida. Cuando los atenienses regresaron victoriosos, casi dos años más tarde, se encontraron la ciudad, su santuario y el campo totalmente arrasados. Tras la victoria contra los persas, Temístocles parece especialmente preocupado por la posibilidad de que Esparta recupere la hegemonía griega. En ese marco hay que situar sus esfuerzos para la reconstrucción de los muros de Atenas, a la que se oponían los espartanos, que seguían proponiendo situar toda la defensa griega en el Peloponeso. Atenas pasa a convertirse en la primera potencia helénica, como líder de la Liga Délica, organización creada por Atenas y las ciudades jonias para defenderse del peligro persa. En el año 470 a.C. Temistocles es condenado al ostracismo, ocupando su puesto Cimón, hijo de Milciades. Entre sus objetivos está continuar la guerra contra los persas, consiguiendo dos victorias fundamentales en el Eurimedonte sobre el ejército y la escuadra persas. El poder alcanzado por Atenas aumenta la actitud hostil en Esparta, pero por diversas causas, los espartanos se ven obligados a solicitar la ayuda ateniense. Cimón ve con buenos ojos la colaboración con la potencia enemiga, pero su política filoespartana provocará su exilio en 461. Atenas se retira de la Liga Délica, estableciendo ahora tratados bilaterales con los diversos enemigos de Esparta. El partido popular dirigido por Efialtes y Pericles se hace con el poder, lo que implica la profundización en la democracia. Entre las primeras medidas de los líderes populares está la limitación de las competencias del aerópago, el consejo dirigido por la aristocracia, ocupándose casi exclusivamente de la resolución de los homicidios y la supervisión de asuntos religiosos. Pero su gran logro es el aumento de las competencias de la Bulê, de la Asamblea Popular y del tribunal popular de los heliastas. De esta manera, las decisiones políticas serán tomadas por la ciudadanía. Estas reformas provocarán el rechazo de los conservadores, llegando incluso a acabar con la vida de Efialtes. Pericles no se amedrenta ante el asesinato de su compañero y continúa con la política reformista, remunerando a los miembros de la Bulê y del tribunal popular, implicando que cualquier ciudadano pudiera ocupar un cargo público, independientemente de su posición económica. Otra de las medidas reformistas será la inclusión de los miembros de la tercera clase en el Arcontado. En resumen, las medidas de Pericles están orientadas a pasar la responsabilidad política de la nobleza al pueblo, sin olvidar que en esa masa popular no están integrados ni extranjeros ni esclavos. En lo que a la política exterior se refiere, Atenas continúa su "cruzada" contra Esparta, aliándose con Argos y con Megara, con lo que asegura su influencia en el golfo de Corinto. La construcción de la Muralla Larga hace de Atenas la mayor fortaleza de la Hélade, abarcando todo el perímetro urbano y el puerto del Pireo. El papel preponderante de Atenas provoca recelos entre sus vecinos, liderados por Esparta. El enfrentamiento entre ambos bandos tiene lugar en el año 457, sufriendo los atenienses una contundente derrota en Tanagra. Las tropas áticas conseguirán equilibrar la balanza a su favor al derrotar dos meses después a los espartanos en Enófita, anexionándose Lócrida, Fócida y Beocia para convertirse en la potencia hegemónica en la Grecia central. La economía ateniense se ve beneficiada de esta hegemonía y el Pireo se convierte en el primer puerto de la región. Los enemigos de Atenas, especialmente el Imperio Persa, no dudan en continuar hostigando a la nueva potencia helénica. La amenaza persa de invasión provoca que el tesoro de la Liga Délica sea trasladado a Atenas en el año 454, lo que motivaría las suspicacias de los aliados. Buen parte del tesoro sería utilizado para poner en marcha la construcción de un buen número de obras públicas y monumentos encabezados por el Partenón, joya de la Acrópolis ateniense a la que se accedía por los famosos Propileos. Las protestas surgidas por el traslado del tesoro entre los miembros de la Liga se reprimieron duramente. El desgaste sufrido por Atenas en estos años de lucha abierta contra Esparta y los persas llevará a la tregua de cinco años firmada con los espartanos por Cimón en 451, dos años antes de obtener la victoria en Salamina sobre los persas. La firma de la Paz de Calias con estos últimos sellará la supremacía ateniense y el inicio del periodo imperial. En el año 448 Pericles convoca el Congreso de paz helénico en el que se busca la consolidación de la paz, la libertad de los mares, la paulatina introducción del sistema monetario ateniense y la reconstrucción de los santuarios destruidos por los persas en las guerras recientes. Esparta no admite la supremacía de su gran rival y boicotea este Congreso, al tiempo que apoya los alzamientos contra la potencia ateniense, derrocando al régimen democrático de Beocia e impulsando la secesión en Megara y Eubea. El momento más álgido de la presión espartana será la invasión del Ática por un ejército enemigo en 447, lo que obligará a Atenas a firmar dos años más tarde la Paz de los Treinta Años. Sería éste el momento en que se define circunstancialmente la aceptación de la doble hegemonía, territorial y marítima, que coexistirá, con explosiones violentas, a lo largo de los tiempos venideros. Todos reconocían que Atenas y Esparta tomaban las decisiones que afectaban al conjunto de los griegos. Pero la firma de este tratado no evitará uno de los más graves conflictos que vivirá Grecia en el siglo V a.C.: la Guerra del Peloponeso, considerada por algunos especialistas como el vehículo con el que Pericles quería recuperar su prestigio después de los momentos de tensión interna al ser reelegido demagogo y estratega en el año 443, lo que parecía convertirse en una tiranía encubierta, tal y como opina Tucídides: "Atenas sólo nominalmente es una democracia; en realidad es la monarquía de su primer ciudadano". Por estas opiniones será condenado al ostracismo. La dependencia de las más de 400 polis miembros de la Liga Délica respecto a Atenas se pone de manifiesto en la instauración en cada una de ellas de instituciones democráticas. Pero las luchas en el seno de la Liga continúan y el consenso se rompe. En 440 se produce la secesión de Samos, de Licia y del distrito cario. La respuesta ateniense será inmediata, enviando una flota dirigida por Pericles que rendirá a los secesionistas. En los últimos treinta años del siglo V a.C. Atenas se verá envuelta en la mencionada Guerra del Peloponeso, conflicto bélico motivado por el miedo del resto de las polis a la expansión ateniense. La respuesta ante la agresión espartana será contundente, tal y como se pone de manifiesto en los planes de Pericles: evacuación de la población ática a la fortaleza ateniense, ataque a la región del Peloponeso con la escuadra, evitar un choque frontal con el ejército espartano en tierra debido a su manifiesta superioridad y sufragar los gastos militares con 6.000 talentos pagados por el tesoro público. En los primeros momentos, durante la llamada Guerra de Arquidamo, este rey espartano atacará el Ática por tierra mientras Pericles atacaba las costas del Peloponeso. El año 429 será crucial en el desarrollo de los acontecimientos ya que se declara la peste en Atenas, falleciendo un tercio de la población. Entre las víctimas está el propio Pericles, dejando un significativo vacío de poder. Dos hombres se disputan la sucesión del liderazgo ateniense: Nicias y Cleón. El primero es partidario de la paz y el segundo un ferviente defensor de la guerra. Cleón se hace con el gobierno y el enfrentamiento continúa abierto, consiguiendo Atenas importantes triunfos, que hacen a Cleón rechazar la oferta de paz de Esparta. Pero los espartanos no tardan en organizar su ofensiva gracias a Brasidas, consiguiendo derrotar a los atenienses en el año 422 junto a Anfípolis. Al año siguiente se firma la paz entre Nicias y Plistoanacte, vista por las demás polis griegas como un reparto hegemónico entre Esparta y Atenas. Pero la paz fue efímera, ya que las hostilidades se mantienen cuando Argos ataca Epidauro y Esparta reacciona atacando la Argólide. En este contexto aparece Alcibiades, quien deseoso de derrotar a Esparta definitivamente, decide plantar batalla en el terreno que Atenas es superior a sus enemigos: el mar. La flota se dirigió hacia Sicilia donde Segesta había pedido socorro a Atenas. Nicias y Alcibiades dirigen la expedición, produciéndose desde el primer momento diversas tensiones y diferencias, manifestadas en los variados planteamientos realizados por los estrategos. Estas diferencias llevarán a la derrota al ejército ateniense en el año 413 a.C.: la flota en el puerto de Siracusa y las tropas de tierra junto al Asinaro. En Atenas se establecen medidas excepcionales tendentes a favorecer la oligarquía, a medias entre la tiranía y la democracia imperialista. Entre esas medidas está la elección del llamado Consejo de los Cuatrocientos, al tiempo que la Asamblea Popular se restringe a los 5.000 ciudadanos propietarios. La reacción del ejército ateniense es contundente, sublevándose en Samos y reclamando a Alcibiades como líder popular. La oligarquía cae y Alcibiades es elegido estratega. Tras un decidido impulso democrático gracias a las victorias navales frente a Esparta, Atenas vive momentos de crisis. La derrota en Egospótamos ante la flota de Lisandro y los persas conducirán al establecimiento en Atenas de una tiranía dirigida por los Treinta y sustentada en la represión. Las condiciones impuestas por Esparta son muy duras: disolución de la Liga Délica, obligación de aportar tropas a Esparta, entrega de la escuadra, desmantelamiento de la Muralla Larga y reconocimiento de la hegemonía espartana. El rechazo a la dirección oligárquica de los Treinta Tiranos empieza a manifestarse entre los propios miembros de la clase y entre los defensores de la democracia. La restauración democrática vino de la mano de Trasibulo y sus colaboradores. La moderación se instaura con el arcontado de Euclides, pero las tensiones continúan en Atenas, como se pone de manifiesto en la condena de Sócrates en el año 399. En estas fechas, Atenas abandona la política imperialista y se abre un nuevo periodo en el que se fomenta la artesanía y la agricultura. Pero el conflicto entre las polis por la hegemonía no tarda en volver a aparecer. En el año 395 estalla la Guerra de Corinto. Atenas, Corinto, Tebas y Argos reciben el apoyo persa para sacudirse la hegemonía espartana. Atenas intenta recuperar la Liga Délica, pero esta muestra de fuerza por parte de los atenienses provocará el entendimiento entre Esparta y el Imperio Persa, llegando las flotas de ambos estados a cerrar el Bósforo para evitar que Atenas sea abastecida con cereales procedentes del sur de Rusia. Paulatinamente Atenas recupera su imperio marítimo, favoreciendo la democracia en las ciudades de su entorno. Pero la recuperación económica y militar no impedirá el recrudecimiento de los conflictos sociales. Sin embargo, la firma de la Paz de Antálcidas entre Atenas y Esparta supondrá el mantenimiento de la hegemonía espartana. Las continuas agresiones espartanas provocarán el establecimiento de una nueva confederación -la Segunda Liga Délica- dirigida por Atenas y formada por Quíos, Rodas, Mitelene y Tebas. La paulatina decadencia de Esparta supondrá el nacimiento de una nueva potencia hegemónica en la Hélade: Tebas, dirigida por Epaminondas. La nueva potencia será bastante efímera ante la aparición de un nuevo Estado que pronto se hará con el poder en toda la península helénica: Macedonia, dirigida por Filipo II y posteriormente por Alejandro Magno. El nuevo expansionismo ateniense provocará el enfrentamiento con Macedonia. La secesión de algunas islas del Egeo supondrá que Filipo amplíe su zona de influencia provocando la conocida como guerra social, guerra que finaliza en 335 a.C. al mismo tiempo que el intento ateniense de crear un nuevo imperio. La expansión de Filipo por el norte del Egeo llegó a los estrechos, lo que suponía un obstáculo para el comercio de Atenas hacia el mar Negro. La rivalidad entre ambas potencias provocará el enfrentamiento en la batalla de Queronea, que se saldó con la victoria del rey de Macedonia. Mientras en Atenas se produce un claro enfrentamiento entre opositores y aliados de Filipo, éste es nombrado hegemón de los griegos (337 a.C.), controlando así toda Grecia. Los destinos de la Hélade serán dirigidos ahora por una sola persona: el gran Alejandro.