Ingres trabajaba siempre con el mismo sistema: trazaba las figuras desnudas para asegurarse la corrección anatómica, y después les dibujaba encima los vestidos, que también había trazado aparte (véase el Estudio para la baronesa Rothschild). Sin embargo, no deja de ser curioso ver a la noble princesa de Broglie del retrato final completamente desnudada por los ojos del pintor, puesto que era impensable que la modelo posara de tal guisa en sus circunstancias.
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La obra religiosa de Ingres tuvo bastante importancia en Francia, porque renovó unos tipos bastante anquilosados. Ingres pintó varias imágenes de la Virgen, muy en el estilo de las madonas de Rafael, su modelo pictórico. En esta ocasión podemos ver un estudio de sombras y pliegues para el manto de una de sus vírgenes, con el esbozo de la pierna. Todo ello realizado en tiza negra y blanca.
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Ingres utilizó para este esbozo un papel marrón sobre el que dibujó con lápiz y tiza blanca. El boceto es un estudio preparatorio para un gran lienzo de temática clásica, Virgilio leyendo la Eneida. La cabeza corresponde a Octavia, madre del emperador, que acaba de escuchar cómo el poeta profetiza la muerte de su hijo. Ingres realiza un bonito estudio de la cabeza de la mujer desvanecida.
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Ingres pintó este estudio un año antes de terminar su lienzoRoger liberando a Angelica. En el lienzo original predominan el amaneramiento artificioso, pero en el estudio la sencillez y la frescura de la modelo se imponen. Ingres coloca la figura en una pose arabesca, e idealiza el cuerpo para conseguir el efecto fantástico del lienzo. Sin embargo, la cabeza de la modelo proporciona un toque de juventud y naturalidad que nos conduce directamente a la modelo viva y no a la figura acartonada del lienzo final.
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Igual que podíamos observar la preparación del cuadro definitivo en el Estudio para Angélica, en esta ocasión encontramos un dibujo preparatorio centrado solamente en la figura del héroe. Ingres demuestra su absoluto dominio del dibujo en este personaje, dibujado en tiza negra y blanca. Sobre una cuadrícula geométrica para no perder las proporciones, Ingres esboza la figura prácticamente igual a la que observamos en el lienzo definitivo. La precisión del maestro no puede sino asombrarnos.
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El mal estado del fresco de Leonardo titulado la Ultima Cena no nos ha impedido reconstruir el aspecto general del mismo gracias a los dibujos previos que se han conservado. En uno de ellos podemos ver a todos los discípulos en los estudios individuales de sus actitudes y colocación, en el llamado Estudio de la Ultima Cena. En este caso, lo que tenemos es un boceto singular de la cabeza de San Felipe. Es indudable que en los rasgos del joven apóstol encontramos el canon de belleza leonardesco, el mismo que empleó en sus ángeles y sus madonas, con los largos y sedosos cabellos a los lados de un rostro suavemente difuminado por la particular técnica del italiano: el sfumatto.