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Aunque no está claro si evoca otra de las innumerables escenas literarias, algún pasaje de los varios relatos clásicos de los que tanto gustaba, es, en cualquier caso, una inusual escena familiar, si no la única que representara Poussin a lo largo de su dilatada vida. En ella, dos niños pelean tras haber derramado un cántaro. Al fondo, una persona enferma se apresta a recibir un plato que le lleva una doncella. Una muchacha se recuesta sobre las rodillas de una sirvienta. Toda la composición, delimitada por las paredes y la gran tela del fondo, está presidida por una severa y majestuosa figura femenina. Es casi seguro que Poussin realizara esta escena familiar a su retorno de París, recuperada ya su apacible vida familiar en Roma, junto a su mujer, su cuñado Dughet y sus sobrinos en su modesta casa de Via Paolina.
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Entre los primeros paisajistas holandeses se destaca la vena incisiva y delicadamente arcaizante -que se deriva de Brueghel- de Hendrick Avercamp, que pintó con precisión pequeños paisajes invernales por los que pululan multitudes de graciosos personajillos como esta Escena invernal con patinadores, realizada en 1618, en la que encontramos colores fríos, abundando los grises y blancos que refuerzan la sensación invernal que el autor pretende conseguir.
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Las escenas costumbristas sevillanas se dividen en asuntos festivos digamos "oficiales" -ferias, procesiones, desfiles- y escenas populares como esta composición en la que observamos el interior de una taberna sevillana de la época, donde encontramos un cuadro de baile -a la izquierda- y una partida de cartas -a la derecha-. En esta ocasión, el dibujo no es tan difuminado, aunque Domínguez retrata de una forma magistral la clase popular sevillana y sus diversiones. A pesar de esa difuminación, Domínguez consigue unos excelentes detalles como observamos en los vestidos, las cartas o el mantel, demostrando su habilidad para coordinar los gestos y las actitudes de todos los personajes. Gracias a planos alternantes de luz y sombra, el pintor consigue en la escena una interesante profundidad espacial que remata con una vista de las típicas casas populares andaluzas, con una parra y una pareja flirteando.
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La Villa imperial de Piazza Armerina situada en un valle del sur de Sicilia, cercano a Caltagirone, estaba decorada con unos tres mil metros cuadrados de mosaicos. Este es uno de ellos, y en él se puede observar la fuerte influencia africana tan manifiesta que no se ha dudado en afirmar que los artífices de estos mosaicos procedían de Cartago y Constantina. Junto a esta escena, otras de temática mitológica, cacerías, circo o deporte, programa decorativo típico de las casas señoriales del norte de Africa.
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Las cerámicas con representaciones de carácter erótico son comunes en la costa norte del Perú, habiéndose desarrollado ya en la más temprana cultura Moche. De gran expresividad y realismo, encontramos en ellas todo un muestrario de posturas y actitudes en relación con el tema.
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En el año1923, Dalí está investigando todas las tendencias de vanguardia. En concreto, en esta obra se pueden apreciar las siguientes influencias: en primer lugar, el recuerdo del arte simbolista a través de Romero de Torres; además, la versión actualizada que había ofrecido Picasso en su llamada etapa azul. Pero existen determinados elementos ajenos a ese ideario simbolista. Por ejemplo, la reducción significativa de los rasgos que definen los rostros había sido formulada por Rafael Barradas y su clownismo. Hay también una sutil referencia al cubismo en la guitarra plana. En cuanto a la temática general de la obra se puede poner en relación con una cierta "moda" que habían practicado algunos pintores que trabajaban en Madrid entonces. En efecto, la miseria, el suburbio, el arrabal habían sido ya sugeridos como tema de la pintura por Aureliano de Beruete o Carlos Sáenz de Tejada.