Varios son los periodos de la Historia Universal que reciben el nombre de Edad Oscura, término que, por una parte, se ha aplicado normalmente con una connotación negativa para referirse a épocas carentes de brillantez. Por otra parte, sin embargo, la denominación alude a la oscuridad producida por la carencia de fuentes. En este sentido, resulta aceptable para referirse al período comprendido entre los siglos XII y VIII a.C. en Grecia. Entre la desaparición del brillante mundo de los palacios micénicos y el renacimiento producido cuatro siglos más tarde, cuya principal manifestación fue la aparición de la escritura y, posiblemente, la redacción escrita de los poemas homéricos, el conocimiento de la historia griega se hace especialmente difícil, por una carencia de fuentes que, sin duda, responde a realidades estructurales. De ahí que, a semejanza del período de la historia europea comprendido entre la Antigüedad clásica y el Renacimiento, también se haya denominado Edad Media griega, con evidente pero justificada impropiedad. Los signos del Renacimiento se identifican con la aparición de los poemas homéricos, "La Ilíada" y "La Odisea", obras referidas al pasado, que sirven para definirlo como mundo de los héroes. El escenario de los poemas se sitúa en el mundo micénico, de forma que todo el período se halla marcado por sus contenidos, por haber sido posible vehículo de transmisión y de elaboración constante, así como por haberse convertido ideológicamente en el periodo donde fraguó la imagen que los griegos se hacían de sí mismos. Realidad e imaginación se entrelazan para configurar las representaciones de una época oscura que deja entrever por ello mismo su complejidad.
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La desaparición de la dinastía T'ang condujo a un periodo de descomposición que permitió que del 907 al 960 coexistieran en el territorio chino una docena de reinos. Las llamadas Cinco Dinastías y los diez reinos ocupan el periodo de cincuenta y tres años que separan los imperios T'ang y Sung. Es un periodo en que el abandono de las obras hidráulicas debió favorecer el desarrollo de los movimientos separatistas locales allí en donde hubo un jefe militar para ponerse al frente. En el Norte, una serie de breves dictaduras militares, las Cinco Dinastías, fueron incapaces de mantenerse frente a las incursiones nómadas. La más duradera de ellas gobernó diecisiete años. Aprovechando esta inestabilidad la tribu mongola de los kitán, asentada en Manchuria, atravesó la frontera del Noroeste y se establecieron en una extensa región de Hopei, en territorios cedidos por el primer soberano de la segunda dinastía Tsim (936-947), que llegaban desde las puertas de la Gran Muralla y lo que hoy es Pekín. En el año 947, los kitán dieron a su Estado el nombre sinizado de Liao, y por él penetrarían más tarde los mongoles que conquistaron China En el periodo de las Cinco Dinastías, la resistencia de los funcionarios a servir a los soberanos del Norte, que en gran parte eran aventureros de estirpe bárbara, les obligó a emigrar al Sur, elevando el nivel cultural y literario de aquellos territorios, en donde se difundió enormemente la cultura literaria; entre los años 932 y 935 se imprimieron las obras clásicas del confucianismo, y se utilizaron grabadores de madera para hacer las planchas de impresión. En el año 960, un motín en general de las tropas destacadas en el Norte contra los kitán obligó a su comandante en jefe, Chao Kuangyin, a subir al trono con el nombre de T'ai-tsu (960-976), iniciando la dinasta Sung septentrional (960-1126), que tuvo su capital en Kaifeng. Una de las primeras acciones de la nueva dinastía fue obligar a las tribus turcas a marchar hacia el Sur, y comprar la amistad de los tártaros kitán a los que se debió pagar un oneroso tributo anual en plata y seda. El segundo emperador Sung, T'aitsung (976-997), intentó sin éxito recuperar el territorio ocupado por los kitán, iniciando una larga y agotadora guerra que la terminó el tercer emperador Sung, Chen-tsung (998-1022), a base de aceptar su presencia y pagarles nuevamente un tributo anual. La política exterior de los Sung, a diferencia de los Hang y los T'ang, nunca tuvo propósitos anexionistas. La norma a seguir fue el mantenimiento del statu quo y la contención de los pueblos nómadas, no la expansión. Aun cuando las invasiones extranjeras fueron una constante amenaza y la causa del derrumbamiento final del imperio Sung, la sujeción de los militares al control civil refleja la tendencia al pacifismo de la época. La administración y la cultura fueron los pilares de la dinastía Sung. A la primera se accedió por un sistema de exámenes que seleccionaban a los funcionarios organizados según el modelo de los T'ang. En la capital había centros de alta cultura patrocinados por el gobierno para preparar a los estudiantes para los exámenes de ingreso en la administración pública. Mientras que en las provincias se concedían tierras para dotar becas para los estudiantes locales y sostener el amplio movimiento en pro de la educación popular. Durante los reinados de los emperadores Ying-tsung (1064-1067) y Shen-tsung (1068-1085) por causa de los conflictos políticos se formaron en el seno de la administración dos grandes bandos, los tradicionalistas y los innovadores, pero ninguno de ellos recurrió a la violencia en los enfrentamientos. La cabeza visible de los innovadores, el canciller Wang An-shih, fue uno de los grandes reformadores de la China clásica, introduciendo en sus "Nuevas Leyes" métodos financieros que tenían como meta principal la protección de los pequeños propietarios, sometidos a demasiadas presiones de todo tipo. Wamg An-shih afirmaba que el imperio descansaba sobre las espaldas de los campesinos, "nung", ya que la agricultura proporcionaba los medios necesarios tanto para la guerra como para la paz. Su gran labor fue la racionalización del gasto público, ahorrando hasta un 40 por 100 del presupuesto nacional. A pesar de los éxitos logrados el canciller fue obligado a dimitir y a retirarse a Nankín, si bien su política se mantuvo teóricamente hasta el año 1126, en que la invasión del Norte por los nómadas kin obligó a los Sung a buscar refugio en el Sur, en donde formaron la dinastía Sung meridional (1127-1279) que recupero en su nuevo territorio los niveles culturales que había alcanzado en el Norte antes de 1126. Prueba de ello fue el florecimiento que alcanzaron la pintura y la escultura, destacando especialmente en la primera Hsia Kuei (1180-1230), el más famoso pintor paisajista que obtuvo un gran éxito con sus maravillosos pergaminos panorámicos. El perfeccionamiento de las técnicas de impresión fomentó la erudición en todas las ramas del saber, aumentando considerablemente el círculo de personas instruidas, mientras proliferaban las círculos de eruditos y las academias privadas, al mismo tiempo que las hombres de Estado eran literatos o filósofos. La filosofía alcanzo un claro predominio sobre las demás ciencias, y sus principales directrices están representadas por el neoconfucianismo de la escuela Sung y por la tradición que une por vez primera las pensamientos confucianos y budistas. El representante principal de la filosofía Sung es el erudito e importante comentarista de las clásicos chinos Chu Hsi (1150-1200), si bien en contra de sus tendencias se sitúa, en un periodo posterior, la escuela filosófica de La Chiu Yüan (1139-1193), también de gran influencia y cuyas especulaciones se basan por completo en la intuición. Su primer postulado es: "El universo es mi espíritu y mi espíritu es el universo". Pero mientras se alcanzaban estas altas cotas intelectuales, en las estepas, otro pueblo nómada, los mongoles, se preparaban para su fulgurante carrera de conquistas y saqueos, ya que en 1206 Gengis Khan había alcanzado el poder, apoderándose primero del Imperio Kin en 1212 y más tarde del refinado Reino Hsia que fue totalmente exterminado. En 1235, ocho años después de la muerte de Gengis Khan, los mongoles se fijaron en el imperio Sung, que tardaron casi cincuenta años en conquistar, primero por ser el terreno cultivado del Sur un grave inconveniente para las tácticas militares de la cabañería mongol, pero sobre todo por la avanzada tecnología militar china. El ejército imperial Sung utilizaba pólvora y con sus catapultas lanzaban bombas y granadas explosivas, a la vez que empleaban flechas propulsadas por cohetes y gases venenosos. Desde 1259 habían inventado una especie de pistola que disparaba perdigones por un tubo de bambú, y desde el primer tercio del siglo XII también un carro blindado de hierro para contener las cargas de la cabañería nómada, así como un tipo de navío fluvial impulsado por una rueda de paletas de tracción humana para bloquear los ríos y canales. Esta técnica militar se había ido perfeccionando en las constantes luchas con otros pueblos, especialmente los kin y causó verdaderos estragos entre los mongoles hasta que éstos la adoptaron también. El imperio Sung, aunque con un territorio menor al de los T'ang, estaba mucho más poblado llegando a superar los 100 millones de habitantes en 1125. Uno de los motores sociales de esta época fuero los shang, mercaderes, cuyo desarrollo y riqueza tuvo mucho que ver con la revolución en el uso del dinero y del crédito. El papel moneda, que apareció por vez primera en el año 311 y que fue generalmente aceptado desde 970, fue una solución parcial para la dificultad del manejo de grandes cantidades de dinero. Para facilitar el comercio, los mercaderes empezaron a almacenar sus monedas de cobre en las casas de poderosas familias, aceptando a cambio recibos por las cantidades depositadas. Estas letras de cambio podían ser reconvertidas en dinero en otras ciudades, dondequiera que vivieran otros miembros de la familia que habían recibido el dinero o sus socios. Este sistema, conocido como dinero volante, fue aceptado por el gobierno imperial en el siglo XI. Esta revolución monetaria fomentó el desarrollo del mercado nacional. Las provincias Sung se habían convertido en interdependientes y su cohesión económica se basaba en las mejoras en la agricultura y las comunicaciones. Pero estos avances económicos no nos han de ocultar la realidad de la gran mayoría de la población campesina, como lo demuestra el hecho de la continua emigración de campesinos sin tierra a las ciudades durante la dinastía Sung meridional, y el que no se pudiera evitar que se formaran grandes latifundios; las familias ricas podían comprar tierras, con los arrendatarios incluidos, con lo que reapareció el régimen casi feudal del segundo Imperio Han. Por otro lado, la producción agrícola aumentó sin que los campesinos obtuvieran prácticamente ninguna ganancia, debido sobre todo a las mejoras técnicas, a los nuevos conocimientos de fertilizantes, a nuevas semillas y a un mejor control del agua consecuencia de la construcción de canales. En suma se desarrolló una agricultura sofisticada para mantener la superpoblación del imperio.
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El origen de la primera dinastía faraónica parece estar en Tinis (This), una localidad del Alto Egipto próxima a Abidos donde se ha encontrado la necrópolis de los faraones de la I dinastía y de algunos de la II. Muchos de ellos poseen otra tumba en la necrópolis de Sakkara, que corresponde a la ciudad de Menfis. La ciudad de la blanca muralla fue, según Manetón, fundación de Menes. La unificación de los dos reinos parece tener como consecuencia lógica la fundación de una capital bien situada desde un punto de vista geopolítico. Abidos estaba demasiado lejos para mantener allí el centro administrativo, pero seguía teniendo un peso simbólico extraordinario como sede originaria de la dinastía, lo que justificaría la erección allí de cenotafios, simulacros de las tumbas reales de Menfis. En realidad no sabemos dónde fueron depositados los cuerpos de los monarcas porque sus tumbas estaban saqueadas, pero ese extremo carece de importancia mientras podamos explicar la razón de la dualidad de tumbas para las primeras dinastías. Aha parece haber ensanchado los límites del reino, según se desprende de sus campañas contra nubios y libios, pero al mismo tiempo tiende un sistema de cohesión interna del estado mediante la restauración de los cultos locales y la integración ideológica del norte en el sistema faraónico, no ya como territorio vencido, sino como una parte más del estado. Este faraón habría sido sucedido por otros seis monarcas de los que no sabemos mucho más que sus nombres de Horus o nebty. Ignoramos todo acerca del fin de la dinastía y el advenimiento de la II. Los nuevos monarcas dejan de enterrarse en Abidos, lo que ha hecho suponer a algunos que serían originarios de Menfis; sin embargo, a partir del sexto faraón, Peribsen, se recupera la costumbre de enterrarse en Abidos. Todo parece indicar que los primeros reyes de la II dinastía consolidan el papel central de Menfis en las relaciones políticas y el equilibrio de la integración es obvio en el nombre del primer faraón de la dinastía: Hotepsekhemuy, los Dos Poderosos (Horus y Seth) están en paz. A partir de esta época, además, adquiere un papel relevante en la onomástica faraónica el dios solar Ra. La línea dinástica parece alterada con el reinado de Peribsen, nombre de Seth, que sin embargo se vio desplazado hacia el sur, hasta el punto de ser enterrado en Abidos. De los escasos datos se puede colegir que las relaciones entre los dos antiguos reinos se deterioran hasta el punto de romper la unidad, que sería recuperada por su sucesor Khasekhem (el Poderoso = Horus está coronado) tras una victoria sobre el norte que le permitirla cambiar su nombre por el de Khasekhemuy (los Dos Poderosos están coronados), coincidiendo con su nombre nebty, Hetepnebuiimiuief (los Dos Poderosos se han reconciliado en él). Es quizá esta situación de paz la que le permite emprender las tareas constructivas que hacen de su reinado un momento decisivo en la conformación de la ideología faraónica A su muerte parece que no se produce alteración sucesoria, aunque Manetón cierra con él la II dinastía. La época tinita, con la aparición del estado unificado, supone una ruptura con los procesos productivos precedentes. No significa esto que desaparezcan las comunidades de aldea, sino que el poder central se convierte en un nuevo elemento dedicado a la captación de excedentes y a su redistribución, de manera que el faraón es el responsable de la producción y del bienestar de los productores desde una perspectiva idealizada del funcionamiento del estado, porque en el ámbito de lo real da la impresión de que los faraones de las dos primeras dinastías se preocupan menos por los problemas infraestructurales que sus colegas mesopotámicos, al menos en el ámbito propagandístico. En este sentido, la voluntad del monarca parece más orientada a satisfacer los fundamentos ideológicos de su poder teocrático, como queda de manifiesto en la reiteración de los festivales sed, jubileos mediante los cuales se renueva la doble coronación. Las escenas de Niuserré, de la V dinastía y de Osorcón II, de la XXII nos permiten saber que se enterraba una estatua, personificación del faraón envejecido, y posteriormente se entronizaba al monarca rejuvenecido, que había adquirido su vitalidad en una carrera ritual ante los dioses y las representaciones simbólicas de los nomos. Algunos autores consideran que esta fiesta es el residuo de un antiguo ritual en el que se sacrificaba al rey incapaz de revalidar su poder superando las pruebas de renovación. Su sustitución por el ritual del sed sería expresión de la concentración de poder en el faraón que desposeía así a la comunidad, pero el faraón-hombre podía peligrar si su fortaleza física le flaqueaba. Una segunda sustitución se hacía entonces imprescindible y el procedimiento instaurado sería el de la corregencia, que permitía actuar en el ritual al faraón o a su heredero designado. La arquitectura funeraria también está al servicio de la propaganda real. Con la I dinastía se pone de manifiesto el incremento de la riqueza y la capacidad organizativa; las tumbas de Abidos están personalizadas a través de las estelas con el nombre de Horus del monarca enterrado, pero poseen, además, un segundo elemento, un edificio separado, justo en el límite de las tierras de cultivo. Ese edificio se va desarrollando y el que mejor conocemos corresponde al del último monarca de la II dinastía, Khasekhemuy. Se trata del Shunet ez-Zebib, un recinto de más de ciento veinte metros de longitud por sesenta y cinco de anchura, cerrado por una doble muralla. El edificio no tiene las paredes lisas, sino formando nichos al exterior, que se conoce como fachada palacial que aparece representada en las estelas. En el interior existe espacio para reproducir el festival sed. Es, sin duda, el palacio funerario del faraón, capaz de sustraer de la redistribución el excedente necesario como para construir dos veces los elementos infraestructurales en los que desarrolla su vida real. Su capacidad acumulativa es de tal magnitud que sólo se puede comprender aceptando que su distancia con respecto a los productores es propia de un dios. Al mismo tiempo, las condiciones de la producción han mejorado hasta el punto de permitir una vida divina al mortal monarca. El paso siguiente en el distanciamiento entre el faraón y sus súbditos será la construcción de las pirámides. El proceso es análogo al que se ha descrito en Súmer, pero la diferencia sustancial, al margen de la funcional, estriba en el hecho de que allí el primer zigurat fue construido por Urnammu hacia finales del siglo XXII, mientras que la pirámide escalonada de Sakkara es seiscientos años más antigua. Seguramente la celeridad del proceso en Egipto permitió representar la ruptura en las propias condiciones de existencia de la monarquía como institución divina, mientras que en Súmer fue necesario proyectarla simbólicamente al universo divino que tendría solución de continuidad con la monarquía. En tales condiciones podemos suponer que el aparato del estado se encuentra ya muy desarrollado, con burócratas de distinto rango especializados en las diferentes ramas de la administración: aristócratas allegados al monarca que se entierran en Sakkara, altos funcionarios con su necrópolis en Heluán. Es obvio que el fundamento del poder del faraón está en el ejército, pero no sabemos nada acerca del reclutamiento o de su funcionamiento. Es probable que cada nomo participara con un contingente militar, de la misma manera que contribuía al fisco sean las cargas tributarias que le fueran impuestas; sin embargo tampoco tenemos información acerca de la propiedad del suelo ni del sistema fiscal, extremos que interesarían la administración central. Imaginemos qué información podrían tener sobre realidades ajenas a su interés.
acepcion
Se dice del nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc
acepcion
Poema de origen accadiano que narra en 12 tablillas las proezas de Gilgames, rey de Uruk, y su afán por ser inmortal. En esta narración también se describe la historia del Diluvio.