Evoca la historia del rapto y violación de Europa, hija de Agenor. Júpiter, enamorado de la joven, ordenó a Mercurio que condujera el ganado de Agenor a las costas de Tiro. Disfrazado de toro blanco, se unió al rebaño. Europa, sorprendida por la belleza y mansedumbre del toro, se puso a jugar con él y a colgarle guirnaldas de flores en sus cuernos. Divertida, la muchacha se sentó en el lomo del toro, el cual, viendo llegada la oportunidad, se metió con ella en el agua y nadó hacia Creta, en la dirección que en el dibujo señalan Mercurio y Cupido, a la izquierda. Toda esta escena sucede ante la indiferencia de un grupo de dioses fluviales recostados a la derecha. No se conoce ningún lienzo al que Poussin trasladara el tema, pero hay ciertos aspectos del dibujo presentes en el Paisaje con Orfeo y Eurídice, como la ninfa asustada por una serpiente y el castillo del fondo, sobre una colina, que simboliza la fragilidad de toda construcción humana. El que vemos es el dibujo más grande de los realizados por el artista. Para dar cabida a una escena tan amplia, se vio obligado a reutilizar varias hojas con diversos bocetos y unirlas en una sola gran hoja de sesenta centímetros, lo cual es bastante inusual.
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Europa estaba jugando con sus damas en la playa de Tiro cuando fue vista por Zeus, quien se enamoró perdidamente de la joven. Zeus se metamorfoseó en toro de resplandeciente blancura y se tumbó a los pies de Europa, quien acabó por tumbarse en su espalda, momento que aprovechó el dios para raptarla. Los amantes llegaron a Creta y en Gortina Zeus posee a Europa, junto a una fuente y bajo unos plátanos, que fueron recompensados con el honor de nunca perder sus hojas. Tres fueron los hijos nacidos de esta relación: Radamantis, Sarpedón y Minos. Zeus entregó a la joven tres presentes: Talo, el autómata de bronce que guardaba las costas de Creta; un perro que nunca dejaba escapar ninguna presa; y una jabalina que jamás erraba en el blanco. Europa se casó con el rey de Creta, Asterión. En este tela, Cagnacci nos presenta a la joven y bella Europa subida en los lomos del toro, sin ningún temor y orgullosa de su belleza, expuestos sus cabellos dorados a la brisa marina. La figura femenina desborda sensualidad y erotismo, mostrando las formas generosas tan características del canon de belleza del siglo XVII. El asunto ha sido reducido al máximo ya que Cagnacci sólo nos muestra a Europa y a Zeus, eliminando cualquier referencia a las damas que acompañaban a la joven y casi hasta la costa donde fue raptada. Europa, la protagonista indiscutible de la escena, queda en el centro de la composición, enmarcada por el azul del cielo y del mar, cubriendo su desnudez con una tela blanca que adquiere tonos azules. Zeus dirige la mirada hacia el espectador y su blancura se convierte en otro de los puntos de atención del cuadro, especialmente por la densa aplicación del color en esta zona, pudiéndose apreciar las pinceladas.
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Al igual que varias de sus obras, este cuadro de tema histórico fue encargado por el cardenal Aluigi Omodei hacia 1637. Es, de nuevo, un episodio narrado por los autores romanos Tito Livio, Plutarco, Virgilio y Ovidio. En la Roma primitiva, en la época de su primer rey, Rómulo, su fundador, la falta de mujeres lleva a los romanos a tramar una traición para dotarse de esposas que aseguren la continuidad de la ciudad. Rómulo invita a los sabinos, sus vecinos, a una fiesta en la ciudad. A su señal, cada romano se hace con una sabina, eliminando cualquier resistencia posible de los hombres. Éste es el momento que recrea Poussin, con el rey haciendo la señal, con un cortejo de dos senadores, a la izquierda en alto, frente al templo de Júpiter Máximo. La escena es de una gran agitación pero los gestos se subordinan al mensaje que es apropiado a cada situación. Es como si, sometidos a un proceso de abstracción, se hubieran visto retirados de todo contexto temporal y ejecutaran un ritual predeterminado. Este efecto se ve reforzado por una exagerada perspectiva, con tres puntos de convergencia hacia los que se dirige la vista, que hace que la escena experimente el efecto de una rueda que gira. Es un ejercicio complicado de lógica matemática, con el que Poussin no busca un efecto ilusorio, sino someter una escena de violentas pasiones a un orden intelectual. Este repertorio de gestos contó con la admiración de Degas, quien realizó una copia de la obra.
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Procede de la serie de dibujos realizados para la preparación del cuadro El rapto de las Sabinas entregado al Cardenal Aluigi Omodei. Evoca el tema, tratado extensamente por los autores romanos de la Antigüedad, del rapto por los romanos de las esposas de los sabinos. Este pueblo, vecino de la Roma recién fundada, fue invitado a una fiesta en la ciudad. A una señal del rey Rómulo, cada romano se hizo violentamente con una sabina. La escena, de gran dinamismo, requirió mucho esfuerzo preparatorio por parte de Poussin, dada la enorme cantidad de figuras que se requerían en la composición. Puede apreciarse esta evolución si comparamos este dibujo con El rapto de las sabinas conservado en Florencia. Así, vemos cómo va moviendo hacia la izquierda al hombre que sostiene a una muchacha, que aparece en el lado derecho de la escena. Este dibujo es, de los conservados de esta serie, el que afronta una mayor amplitud del desarrollo de la escena.
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El proceso creativo habitual de Poussin es bien evidente en la serie de dibujos conservada sobre el tema de El rapto de las sabinas. El pintor francés comenzaba por un boceto, muy esquemático. Tras ello, elaboraba una serie de figurillas de cera, vestidas o no con papel o telas mojadas, que situaba en un escenario, una caja, en cuyo fondo ponía y quitaba decorados pintados para el asunto. Por ello, aparte de poseer una frialdad fotográfica, sus dibujos son muy repetitivos. En ellos se puede seguir el movimiento de las figurillas sobre el escenario. Así, el hombre que se encuentra a la izquierda bajo el podio desde el que habla el rey Rómulo, en El rapto de las sabinas del Louvre se encuentra más a la derecha. Este ejemplo es aplicable al hombre que aparece también a la izquierda sosteniendo a una sabina. El dibujo, con todo, no está destinado perfilar los rasgos de los personajes, ya que éstos no aparecen definidos, sino a estudiar un cambio del conjunto de la escena.
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La característica más apreciable del hábitat celtibérico es el establecimiento en lugares elevados, de fácil defensa, controlando estratégicamente una buena parte de su territorio. Al mismo tiempo que se consolida la forma de vida urbana entre estos pueblos, en la técnica constructiva se adopta la piedra y el adobe como elementos básicos en el diseño de casas de estructura rectilínea cada vez de mejor factura, superando desde una etapa temprana la utilización de viviendas de traza circular ubicadas anárquicamente. No obstante, las construcciones no pasan de ser modestas, pero ya distribuyendo sobre una planta rectangular o de tendencia angulosa al menos una serie de estancias separadas por tabiques de adobe. El poblado de El Raso de Candeleda tenía unas 200 hectáreas de superficie con unas 300 casas y unos 1500 habitantes.