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El 18 de junio de 1817 se inauguraba el puente de Waterloo para conmemorar la victoria de los aliados contra las tropas de Napoleón en las cercanías de Bruselas. El príncipe regente fue el encargado de realizar la inauguración y el acto se convirtió en uno de los eventos más importantes del año, estando presente la mayoría de la población de la ciudad. Constable no pudo faltar a la cita y se sintió tan impresionado que deseó representar con sus pinceles el evento. En 1819 se puso manos a la obra en el primer boceto, posiblemente con la intención de enviar el cuadro definitivo a la exposición de la Royal Academy de 1821. Sin embargo, no será hasta 1832 cuando realice el trabajo final que hoy se puede contemplar en la Tate Gallery de Londres. Uno de esos trabajos preparatorios es el que aquí contemplamos, captando con una pincelada rápida y abocetada el ajetreo de barcas que navegaron en el Támesis con motivo de la inauguración, presentando al fondo la silueta majestuosa del puente, iluminada por un potente rayo de sol que resalta la tonalidad dorada de sus piedras. Tras el puente podemos apreciar la cúpula de la catedral de San Pablo. Un amplio cielo en el que se aprecia la luz del atardecer y las habituales nubes del pintor ocupa buena parte de la superficie del lienzo, fórmula aprendida de los maestros del Barroco holandés, especialmente Ruysdael y Hobbema. Las tonalidades rojas se adueñan del conjunto y llaman la atención del espectador, configurando un entramado de puntos que abarcan toda la escena, desde el primer plano hasta el fondo. También es digna de mención la sensación atmosférica creada, efecto que envuelve los contornos y los difumina aún más. Constable no ha representado en esta ocasión la naturaleza que tanto admiraba y nos ofrece una de sus escasas visiones urbanas, rivalizando con Turner.
contexto
EI 19 de septiembre, tercer día de la ofensiva, los ingenieros del XXX Cuerpo de Ejército terminaron el nuevo puente de Son permitiendo así que la División Acorazada de los Guardias alcanzara Nijmegen, en donde un ataque de la 2? Brigada del 505° Regimiento comenzó aquella misma tarde con la ayuda de los Granaderos, pero sin conseguir aún alcanzar el puente. Por ello se pensó atravesar el Wall de noche para atacar el puente por ambos lados. Aún en Son, al comienzo de la tarde, un ataque en tenaza por parte de la 107? Brigada Panzer, formada por un batallón de PzKmpfw V Panther, por un regimiento de panzergrenadieren y por la 59? División de Infantería, fue rápidamente bloqueado por un ataque de la 101? División apoyada por la 8? Brigada Acorazada, que colocó a la 59? División en retirada hacia el norte. La 107? División, que atacó en solitario por el este, casi consiguió arrasar el Cuartel General de Taylor en el mismo Son, antes de que éstos consiguieran formar una eficaz defensa. Durante este último ataque, 196 aeroplanos consiguieron aterrizar ilesos con unos 1.300 hombres y la mitad de la artillería que esperaba la División. En Arnhem, a las 3:30 horas de la mañana, la 11 Brigada realizó un nuevo ataque hacia el este a lo largo del Bajo Reno, mientras que la 41 Brigada atacó hacia el noreste, en la zona controlada por los Kampfgruppe Krafft. Hacia las 7:15 horas, las tropas inglesas que atacaban en dirección a la ciudad, teniendo la niebla a favor, habían conseguido deshacerse de los defensores y poder liberar al General Mayor Urquhart, que comenzó inmediatamente a reorganizar los restos de la División. El ataque sufrió un brutal cambio de sentido cuando se levantó la niebla y los paracaidistas ingleses se encontraron expuestos a un mortal fuego cruzado entre las baterías antiaéreas de 20 mm colocadas en la orilla sur y los Kampfgruppe Spindler al norte. Durante la mañana, la totalidad de la Brigada había sido destruida. Al final de la tarde, incluso la 4? Brigada, a pesar de haber sido reforzada por la 7? Brigada del King´s Own Scottish Borderes (al comienzo retenida como reserva), tuvo que retirarse hacia el sur de la línea ferroviaria bajo el fuego del Kampfgruppe Krafft. Justo en aquel momento, los 35 aeroplanos de la 1? Brigada Paracaidista polaca, no habiendo recibido la advertencia de Urquhart, aterrizó en la zona prevista, que se encontraba todavía bajo el poder alemán. Pocos de ellos consiguieron escapar de la masacre. Alrededor del puente, los 250 hombres que quedaban del 2° Batallón de Frost y que todavía conservaban entre 10 y 18 de los edificios ocupados al principio, comenzaron a ser ametrallados desde el comienzo de la mañana. Aunque la artillería alemana bombardeaba todas las casas, los paracaidistas seguían resistiendo en sus posiciones haciendo frente a los distintos intentos de la infantería alemana de hacerles salir de sus escondrijos; pero el valor de los hombres de Frost no pudo mejorar la situación de los refuerzos, que se hacían cada vez más necesarios. En los alrededores de Son, el cuarto día de batalla se abrió con una nueva ofensiva de la 107? División Panzer a lo largo de la carretera que unía Eindhoven con Nijmegen, ofensiva que fue repelida por los hombres de la 101? División con la ayuda de los carros armados ingleses. En Nijmegen, los hombres del 504° Regimiento de Paracaidistas, con la ayuda de los Irish Guards de la División de los Guardias, comenzó a limpiar la periferia de la ciudad para permitir que pudieran atravesar el río, mientras que el 505° Batallón y los Granaderos se desplazaban hacia el puente. Hacia las 15:00 horas, después de un intenso bombardeo por parte de la artillería, el 1er. y 3er. Batallón del 504° Regimiento Paracaidista atravesaron el Waal bajo un intenso fuego de obstrucción alemán, atacando sucesivamente el puente del ferrocarril y el de la carretera. Al mismo tiempo, el 505° Regimiento y los Granaderos atacaron en la ciudad, conquistando el puente antes que se hiciera de noche. En las zonas altas, al noreste de Groesbeek, el Kampfgruppe Feldt atacó al alba con el apoyo de la 406? División Landesschutzen por el norte y el 2° Regimiento de Paracaidistas por el sur; este último consiguió llegar al puente de Heumen, justo detrás de la 82? División, antes de ser repelido por violentos contraataques. En Groesbeek, después del ataque fallido del día anterior, Urquhart volvió a desplegar a sus hombres mientras los de la 4? Brigada se encontraban en sus posiciones dentro del centro habitado, al amparo del río. Se contuvieron varios ataques de baja densidad que se sucedieron durante el día a lo largo del perímetro defensivo. A mediodía se negoció una tregua que permitía a los ingleses retirarse ligeramente dejando el hospital en manos alemanas, los cuales pudieron de esta forma hacerse cargo de los heridos de forma adecuada. Alrededor del puente de Arnhem la situación no era mucho mejor; los hombres de Frost disponían de agua tan sólo para un día. Los bombardeos de los edificios ocupados por los ingleses continuaron durante toda la noche y, hacia el mediodía, el mismo Forst fue herido gravemente por un disparo de mortero. Alrededor de las 18:00 horas, un grupo de "Konig Tiger" consiguió abrirse camino atravesando el puente de norte a sur, a pesar de que el camino estaba bloqueado. Alrededor de las 21:00 horas, los ingleses, que se negaban obstinadamente a rendirse, negociaron una tregua que permitió a los alemanes socorrer a los heridos de ambas partes, más de 200, entre los que se encontraba el mismo Forst. En general, la ofensiva del XII y del VIII Cuerpo de Ejército, que debería haber aligerado la presión sobre los flancos de la directiva Market Garden, apenas había hecho efecto, sobre todo si consideramos el continuo refuerzo de los flancos alemanes; después de haber atravesado el Willhelm Canal y Best, sin, por otra parte, haber conquistado la ciudad, ya no eran capaces de alcanzar Helmond. Al amanecer del 21 de septiembre, una vez caído el puente de Nijmegen en manos de los aliados, Model dió la orden al Kampfgruppe Feldt de resistir en sus posiciones y dirigió todas sus tropas hasta Elst bajo el mando del II Cuerpo de Ejército Panzer, con la misión de expulsar a los ingleses hacia el norte del Bajo Reno y bloquear el avance aliado por el norte de Nijmegen. Al 1er. Ejército Paracaidista de Student le tocaba cerrar la Hell´s Highway mediante un ataque coordinado con el LXXXVI y el LXXXVIII Cuerpo de Ejército. En Nijmegen, hacia las 10:00 horas del día siguiente, el camino estaba limpio de cazadores y en dos horas, el XXX Cuerpo de Ejército comenzó a moverse hacia el norte alcanzando, antes de quedarse bloqueado, el pueblecito de Elst. Las últimas tropas inglesas que se encontraban alrededor del puente de Arnhem habían sido definitivamente vencidas, debido también a la falta de municiones, por los alemanes, dejando libre al Kampfgruppe de las SS Knaus, que consiguió atravesar el puente hacia el mediodía, llegando a tiempo para llegar a Elst y bloquear el paso a los carros de combate ingleses. En la parte alta alrededor de Groesbeek, el Kampfgruppe Feldt fue definitivamente quitado de en medio mediante un ataque general de la 82? División Aerotransportada, que lo consiguió después de haber establecido un sólido perímetro defensivo. Alrededor de las 9:00 horas, en Oosterbeel, el Kampfgruppe von Tettau consiguió penetrar en las líneas defendidas por el 1er. Batallón de Border Regiment y conquistar la colina de Westerbouwing, desde la que se dominaba el trayecto entre Heavedorp y un largo trecho del río. Con todo, el ataque no fue suficiente para minar toda la posición, gracias a la ayuda que recibieron de la artillería del XXX Cuerpo de Ejército situada en Nijmegen, lo que degeneró en un exclusivo y extenuante altercado entre cazadores y morteros. Hacia el mediodía, casi 750 hombres de la 1? División Paracaidista polaca consiguió aterrizar en Driel, no sin que los cazadores y la artillería antiaérea hubieran tenido su ración de víctimas; sin absolutamente nada de equipamiento pesado, se perdieron junto con los 35 aeroplanos de hacía dos días. En un nuevo intento de tomar el puente por el sur, los alemanes desplegaron inmediatamente 2.500 hombres (entre marineros, policía de la SS holandesa y soldados) entre los paracaidistas y el puente. Al norte de Eindhoven, la 101? División seguía mientras tanto respondiendo a los alemanes por ambos lados de la Hell´s Highway, mientras que la ofensiva del XII y del VIII Cuerpo de Ejército se había detenido completamente. El viernes 22 de septiembre se abrió con un ataque conjunto para cerrar la Hel´s Highway entre Uden y Grave por parte de lo que quedaba de la 59? División al oeste y al este del Kampfgruppe Walther, ya prácticamente compuesta por la 107? Panzer. El éxito de la maniobra de tenaza bloqueó el tráfico de refuerzos durante todo el día y provocó el desbarajuste en la retaguardia aliada. Un ataque del 501° y del 502° Regimiento Paracaidista hacia el noreste tuvo que ser abandonado al comienzo de la tarde, cuando la 59? División llegó a Veghel, en donde comenzó a disparar sobre el puente. La 32? Brigada de los Guardias tuvo que ser liberada del ataque en el que se encontraba en Elst, más al norte, y enviada urgentemente en sentido contrario para limpiar el camino. Mientras tanto, la 43? División había vuelto a intentar liberar los restos del 1er. Cuerpo de Ejército Aerotransportado inglés de la trampa de Oosterbeek, atacando a lo largo del frente situado al norte de Nijmegen con la 214? Brigada que se dirigía hacia Driel y la 129?, apoyada por los Irish Guards, que se dirigían hacia Elst. Por la mañana, un grupo de vehículos del Household Cavalry consiguió unirse a la brigada polaca en Driel, completando así, después de más de cuatro días, la unión con el Cuerpo de Ejército inglés. Al anochecer, un grupo de paracaidistas polacos intentó atravesar el río para unirse a los ingleses en Oosterbeek, pero fueron diezmados por el nutrido fuego de obstrucción alemán. En la otra parte de la posición de defensa, los alemanes atacaron distintos puntos del perímetro defensivo durante todo el día, sin poder llegar a un conclusión definitiva. Mientras se sucedían los combates, Eisenhower convocó a todos los comandantes de los distintos Cuerpos de Ejército implicados en Europa nordoccidental; la operación Market Garden había fracasado y un nuevo intento por tender una cabeza de puente en Arnhem sería extremadamente arduo, vistas las defensas alemanas desplazadas en la zona, ahora bien compactas. Por ello, se decidió dar un nuevo curso a las operaciones con la intención de remediar los errores que se habían cometido hasta este momento. El 1er Ejército canadiense debería continuar con su misión de limpieza en Scheldt y reabrir Antwerp, ahora una posición de vital importancia. Desde este momento, cualquier intento del XXX Cuerpo de Ejército de establecer una cabeza de puente en el Bajo Reno se hizo secundario, aun concediendo cualquier intento de romper el acercamiento de las tropas en Oosterbeek. Para guiar el avance del 2? Ejército británico se enviaría al VIII Cuerpo de Ejército, que debería dirigirse en dirección noreste hacia Kleve y Venlo. El 1er Ejército estadounidense se tendría que dirigir a su vez hacia Aachen, con su XIX Cuerpo de Ejército lanzado hacia el norte para ayudar al VIII Cuerpo. En la zona de "Market Garden", esto se tradujo en una nueva dislocación de fuerzas. La 101? División pasaba ahora bajo el mando del VIII Cuerpo de Ejército y, junto a la 50? División, reforzada por la 131? Brigada de la 7? División Acorazada (XII Cuerpo de Ejército) y la Brigada Holandesa Princesa Irene relevaría a la 43? División alrededor de Nijmegen. Mientras tanto, la 3? División y la 11? División Acorazada deberían dirigirse hacia el norte, manteniéndose en contacto con el XIX Cuerpo de Ejército estadounidense. De esta forma, al norte de Grave, el XXX Cuerpo de Ejército se encontraría sólo con la 43?, la 82? División Aerotransportada y lo que quedaba de la División Acorazada de los Guardias. En los alrededores de Veghel, el 23 de septiembre, séptimo día de la ofensiva, se abrió con un nuevo intento alemán de cerrar la carretera con el 6° Regimiento de Paracaidistas que atacaba por el oeste y el Kampfgruppe Walther, que atacaba por el este, rechazado, hacia mediodía, por los aliados. Por la tarde, el 506° Regimiento de Paracaidistas se unió con la 32? Brigada de los Guardias en Uden, reabriendo la Hell´s Highway. Más al norte, el avance del XXX Cuerpo de Ejército hacía poquísimos progresos, ralentizado por el Kampfgruppe Frundsberg; mientras tanto, en Driel, al mediodía, la 130? Brigada se unía a los polacos. Poco después del mediodía llegaron desde Inglaterra los últimos refuerzos. La 82? División recibió al 325° Regimiento de Infantería Aerotransportada (unos 3.800 hombres), mientras a la 101? llegó el 907° Batallón de Artillería Aerotransportada y el resto del 327° Regimiento de Infantería. El 1er. Batallón Paracaidista polaco, que no había conseguido alcanzar sus posiciones el 21 de septiembre, aterrizó en el aeropuerto de Oude Keent, ya en desuso, y de allí se marchó a Driel para unirse al resto de su brigada. En Oosterbeek, los ataques alemanes habían sido repelidos una vez más gracias a la artillería que se encontraba en la otra orilla del río y al constante apoyo aéreo favorecido por una jornada soleada. Al oscurecer, la 1? División Aerotransportada inglesa se vio reforzada con 200 paracaidistas polacos que atravesaron el río en barcazas de asalto. A pesar de la nueva amenaza hacia el norte de las fuerzas aliadas, Hitler ordenó una nueva serie de ataques hacia Veghel y Nijmegen concediendo a Model más refuerzos, entre los que se encontraba la 363? División Volksgrenadier que, de todas formas, llegó al final de la ofensiva. Los ataques comenzaron al amanecer del 24 de septiembre con el Kampfgruppe Chill, que sondeaba las líneas de la 101? División tratando de encontrar sus puntos débiles; la mayor parte de estos intentos fueron repelidos, pero, hacia el atardecer, los paracaidistas del Batallón Jungwirth, reducidos a nada, reforzados por una Compañía de Jagdpanthers del 559° Batallón de Asalto consiguieron una vez más interrumpir la carretera al sur de Veghel. Por contra, el ataque previsto por el Kampfgruppe Walther no se realizó y el Kampfgruppe mismo fue obligado a retirarse cuando la 11? División Acorazada ocupó Deurn, al este de Helmond, dejando el paso libre al avance del VIII Cuerpo de Ejército, que todavía mantenía sus posiciones gracias a la amenaza alemana al sur de Veghel. En Oosterbeek, los hombres de la 1? División Aerotransportada consiguieron una vez más frustrar los intentos alemanes gracias a la artillería y al soporte aéreo. Sin embargo, la situación se había hecho desesperada, teniendo que firmarse una tregua al comienzo de la tarde. Casi 700 hombres, seguidos de otros 500 al día siguiente, pasaron a manos alemanas para poder ser atendidos mejor. Para agravar la situación inglesa llegó el 506° Batallón Panzer de artillería pesada, equipado con los formidables Konig Tiger. En el transcurso del día se prepararon los planes para la evacuación de la posición de defensa, plan que preveía un desembarco de los hombres de la 43? División para ocupar temporalmente la colina del Westerbouwing, que dominaba Oosterbeek, y un largo trecho del río, alentando así la presión alemana sobre los hombres que se habrían retirado hacia el río. A las 2:00 horas del 25 de septiembre, casi 350 hombres del 4° Batallón del Regimiento Dorsetshire (43? División) atravesaron el Bajo Reno bajo el manto de la oscuridad y de la lluvia, pero fueron aniquilados por el fuego alemán apenas llegaron al pie de la colina. Fracasado el intento de reducir el control enemigo en el río, a los paracaidistas ingleses no les quedó más que intentar escapar aquella misma noche; pero atravesar el río se hizo aún más difícil cuando algunos hombres del Kampfgruppe von Allworden, dotados con los nuevos Konig Tiger del 506° Batallón, consiguieron irrumpir en las defensas exteriores y, entrando en profundidad en la posición de defensa, consiguieron rodear a los ingleses "echándoles" del río. La masacre se pudo evitar sólo gracias a la ayuda de la artillería y de la aviación, pero aún les quedaban algo más de 700 metros a los paracaidistas para llegar hasta el río. Aquella misma noche, la 43? División realizó un desembargo diversificado en Renkum, a unos 6 kilómetros de Oosterbeek, mientras que en la misma Oosterbeek, la operación Berlín comenzó alrededor de las 21:00 horas con un bombardeo de la artillería del XXX Cuerpo de Ejército destinado a durar más de diez horas. Un poco más tarde, dejando atrás a los heridos asistidos por algunos voluntarios, los paracaidistas ingleses comenzaron a retirarse a través del paso abierto que quedaba abierto y, hacia las 2:00, hora en la que fue hecho saltar el depósito de municiones, todos los destacamentos habían alcanzado la orilla del río. Los alemanes no hicieron ningún intento de seguir a las tropas en fuga, limitándose a someterles a un intenso bombardeo con artillería y morteros. El embarque de los hombres terminó con las primeras luces del alba, marcando el final de la operación Market Garden diez días después de su comienzo. El fracaso de dicha operación costó a los aliados 16.800 hombres. En el mismo Arnhem, de los 10.000 hombres que intervinieron de la 1? División Aerotransportada, sólo unos 2.000 consiguieron escapar; y de éstos, casi 1.700 atravesaron el río, mientras que el resto escapó atravesando las líneas alemanas ayudados por la resistencia holandesa. Por la parte alemana, las pérdidas no pueden ser calculadas con la misma precisión debido a la indefinibilidad de las fuerzas que formaron parte de la defensa de los puentes; con todo, se estiman aproximadamente unos 2.000 muertos y 6.000 heridos. El fracaso de Arnhem y la consiguiente necesidad de reabrir el Scheldt y el puerto de Anversa, fueron la causa directa de la ofensiva alemana en las Ardenas, en diciembre de aquél mismo año. En octubre, Bradley emplazó el XIX Cuerpo de Ejército en el límite con las líneas ocupadas por el 21° Cuerpo de Ejército inglés, bajo el control del 9? Ejército USA, dejando al 1er Ejército con sólo dos Cuerpos reagrupados en el área de Aachen y un sólo Cuerpo de la Ejército extendido (excesivamente) a lo largo de las Ardenas, hecho del que se aprovecharon los alemanes. Los informes enviados por los alemanes sobre la operación Market Garden indicaban como razón de su fracaso la decisión de realizar lanzamientos en distintos días, en vez de concentrarlos en uno solo y por el hecho de que éstos no fueron distanciados suficientemente uno de otro; al mismo tiempo, los lanzamientos se realizaron demasiado lejos de los objetivos prefijados. Student, por su parte, vio los lanzamientos como un gran éxito, echándole la culpa del fracaso a la lentitud para avanzar del XXX Cuerpo de Ejército, cuya responsabilidad se atribuía al Generalfeldmarshall Model, sobre todo después de contemplar el estado en el que quedaron sus Ejércitos. Más o menos, la misma valoración fue hecha por la parte aliada, reconociendo la habilidad de Model y añadiendo, a las ya citadas razones del fracaso, las adversas condiciones atmosféricas, al escaso apoyo antiaéreo y la falta total de contacto por radio.
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El puente que hizo Cortés De Huatecpan tomó el camino para la provincia de Acalan, por una senda que emplean los mercaderes; que otras personas poco andan de un pueblo a otro, según ellos decían. Pasó el río en barcas; se ahogó un caballo, y se perdieron algunos fardeles. Anduvo tres días por unas montañas muy ásperas con gran fatiga del ejército, y luego dio sobre un estero de quinientos pasos de ancho, el cual puso en gran apuro a los nuestros, por no tener barcas ni hallar fondo. De manera que con lágrimas pedían a Dios misericordia, pues si no era volando, parecía imposible pasarlo, y volver atrás, como la mayoría quería, era perecer; porque, como había llovido mucho, se habían llevado las crecidas todos los puentes que hicieron. Cortés se metió en una barquilla con dos españoles hombres de mar, los cuales sondaron todo el ancón y estero, y por dondequiera hallaban cuatro brazas de agua. Tentaron con picas, atadas una a otra, el suelo, y había otras dos brazadas de lama y cieno; de suerte que eran seis brazas de hondura, y quitaban la esperanza de construir un puente. Todavía quiso él probar de hacerle. Rogó a los señores mexicanos que consigo llevaba hiciesen que los indios cortasen árboles, labrasen y trabajasen vigas grandes, para hacer allí un puente por donde escapasen de aquel peligro. Ellos lo hicieron, y los españoles iban hincando aquellas maderas por el cieno, puestas sobre balsas, y con tres canoas, pues no tenían más; pero les resultaba tan trabajoso y enojoso, que renegaban del puente y hasta del capitán, y murmuraban terriblemente de él por haberlos metido locamente a donde no los podría sacar, con toda su agudeza y saber, y decían que el puente no se acabaría, y cuando se acabase estarían ellos acabados; por tanto, que diesen vuelta antes de acabar las vituallas que tenían, pues así como así se habrían de volver sin llegar a Higueras. Nunca Cortés se vio tan confuso; mas para no enojarlos, no les quiso contradecir, y les rogó que descansasen cinco días solamente, y si en ellos no tuviese hecho el puente, les prometía volverse. Ellos a esto respondieron que esperarían aquel tiempo aunque comisen cantos. Cortés, entonces, habló a los indios que mirasen en cuánta necesidad estaban todos, pues forzosamente habían de pasar o perecer. Los animó al trabajo, diciendo que en seguida de pasar aquel estero estaba Acalan, tierra abundantísima y de amigos, y donde estaban los navíos con muchos bastimentos y refresco. Les prometió grandes cosas para en volviendo a México si hacían aquel puente. Todos ellos, y los señores principalmente, respondieron que les placía, y en seguida se repartieron por cuadrillas. Unos para coger raíces, hierbas y frutas de monte que comer, otros para cortar árboles, otros para labrarlos, otros para traerlos, y otros para hincarlos en el estero. Cortés era el maestro mayor de la obra, el cual puso tanta diligencia y ellos tanto trabajo, que al cabo de seis días fue hecho el puente, y el séptimo pasaron por encima de él todo el ejército y caballos; cosa que pareció hecha no sin ayuda de Dios, y los españoles se maravillaron muchísimo y hasta trabajaron su parte, que aunque hablan mal, obran bien. La hechura era común, mas la maña que los indios se dieron fue extraña. Entraron en él mil vigas de ocho brazas de largo y cinco y seis palmos de grueso y otras muchas maderas menores y menudas para cubierta. La atadura fue de bejucos, pues clavazón no hubo, sino de clavos de herrar y clavijas de palo por algunos barrenos. No duró la alegría que todos llevaban por haber pasado a salvo aquel estero, pues en seguida toparon con un cenagal muy espantoso, aunque no muy ancho, donde los caballos, quitadas las sillas, se sumían hasta las orejas, y cuanto más forcejeaban, más se hundían, de manera que allí se perdió del todo la esperanza de escapar caballo ninguno. Todavía les metían debajo del pecho y barriga haces de rama y de hierba en que se sostuviesen, lo cual, aunque aprovechaba algo, no bastaba. Estando así, se abrió por medio un callejón por donde acanaló el agua, y por allí salieron a nado los caballos, pero tan fatigados, que no se podían tener en pie. Dieron gracias a nuestro Señor por tan grandes mercedes como les había hecho; pues sin caballos quedaban perdidos. Estando en esto llegaron cuatro españoles que habían ido delante, con ochenta indios de aquella provincia de Acalan, cargados de aves, fruta y pan, con lo que Dios sabe cuánto se alegraron todos, mayormente cuando dijeron que Apoxpalon, señor de aquella provincia y toda la demás gente, quedaba esperando el ejército de paz, y con muy buena voluntad de verle y aposentarlo en sus casas; y algunos de aquellos indios dieron a Cortés cosillas de oro de parte del señor, y dijeron que tenía gran contentamiento de su venida por aquella tierra, pues hacía muchos años que tenía noticia de él por los mercaderes de Xicalanco y Tabasco. Cortés les agradeció tan buena voluntad; les dio algunas cosillas de España para el señor; los hizo ir a ver el puente, y los volvió con los mismos españoles. Fueron admirados del edificio del puente, así porque no los hay por allí, como por ser tan grande, y porque pensaban que ninguna cosa era imposible a los españoles. Al otro día llegaron a Tizapetl, donde los vecinos tenían mucha comida aderezada para los hombres, y mucho grano, hierba y rosas para los caballos. Reposaron allí seis días, satisfaciendo al trabajo y hambre pasada. Vino a ver a Cortés un mancebo de buena disposición y muy bien acompañado, que dijo ser hijo de Apoxpalon. Le trajo muchas gallinas y algún oro; le ofreció su persona y tierra, fingiendo que su padre había muerto. Él lo consoló y mostró tener tristeza, aunque barruntaba no decir verdad, porque cuatro días antes estaba vivo y le había enviado un presente. Le dio un collar de cuentas de Flandes que llevaba al cuello, y que fue muy estimado del mancebo, y le rogó que no se fuese tan pronto.
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Las cosas no eran fáciles para ellos. La primera exposición, a falta de un lugar mejor, se celebró entre lámparas, en la sala de Seifert, que Heckel, como arquitecto, se había ocupado de reformar. A pesar del cartel agresivo -una litografía en rojo, negro y amarillo -, la exposición no hizo mucho ruido; casi nadie la vio; los pocos que asistieron pensaron que estos chicos estaban locos y sólo un crítico, Paul Fetcher, luego su portavoz, se atrevió a romper una lanza en la prensa por ellos. En la segunda, a finales de año, expusieron obra gráfica y contaron con un invitado excepcional, Kandinsky. En septiembre de 1907 consiguieron la galería de Emil Richter, un espacio expositivo de verdad, burgués, con alfombras y muebles, pero de nuevo el resultado fue un rechazo unánime. En 1908 contaron con otros renovadores, como llos fauves franceses Dérain, Marquet y Vlaminck.Los contactos con los franceses fueron muy tempranos, y los puntos comunes de interés, muchos: la herencia de Gauguin, el arte primitivo, el empleo de grandes planos de color, los tonos vivos y nada realistas, el dibujo simplificado, el desprecio de la perspectiva tradicional, las escenas apretadas y descentradas... Posiblemente, Kirchner descubrió a Matisse en el invierno de 1908, en casa de Cassirer en Berlín, y acusó rápidamente su influencia, como se ve en Joven con sombrilla japonesa, de 1909. Lo mismo que Pechstein, quien en 1912 hizo una litografía titulada La danza, bailarinas y bañistas en el lago del bosque (Berlín, Brücke Museum), donde su huella es evidente, tanto en las figuras como en el modo de entrelazarse.
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La documentación relativa al puerto que, sin duda alguna, fue uno de los elementos decisivos en la vida de Tarraco se limita a la existencia, hasta mediados del siglo XIX de un espigón en la zona del puerto actual. Una serie de planos de los siglos XVI-XVII muestran la presencia de un dique que, según Buenaventura Hernández Sanahuja (siglo XIX), se alzaba sobre una serie de pilares, unidos mediante arcos; descripción que corresponde con la tipología de algunos muelles de época romana. En la zona próxima a los restos portuarios descritos, se individuó una serie de estructuras correspondientes a grandes almacenes, obliterados por la construcción del teatro. A esta escasez de datos arqueológicos se suma una serie de contradicciones de los autores antiguos respecto a esta cuestión. Así pues, mientras Estrabón, que nunca estuvo en Tarraco, siguiendo a Artemidoro de Efeso -geógrafo que visitó Hispania a finales del siglo II a. C.-, niega la existencia de un puerto ("... Tarraco... aunque no tiene puerto...", III, 4, 7), otros autores dan constancia de su existencia al hablarnos de su actividad ya en el 217 a. C. ("... P. Escipión llegó a la provincia con treinta naves largas y un gran acopio de provisiones... y entró en el puerto de Tarraco ....". Livio, XXII, 22, 1-2). Es evidente que la llegada de naves no implica obligatoriamente la existencia de unas estructuras portuarias, especialmente en una época tan temprana como el último cuarto del siglo III a. C., pero es también evidente que una ciudad en la que se documenta una intensa actividad como cabeza de puente del ejército romano en Hispania, no puede adolecer de unas estructuras que cumplan la función propia de un puerto. Es impensable, por otro lado, que la capital de la Hispania Citerior, ubicada en la costa, no dispusiese de un puerto, cuando el propio Plinio nos dice que el viaje a nuestra ciudad desde Ostia (Italia) tenía una duración de tres jornadas. La afirmación de Estrabón queda plenamente neutralizada por las colecciones de materiales arqueológicos tarraconenses que demuestran cómo, desde época republicana hasta el dominio visigodo, los habitantes de la ciudad utilizaban, junto a las producciones locales, cerámicas y otros utensilios de uso común fabricados en diversos puntos del Mediterráneo. A ello debemos añadir la presencia en Tarraco de otros materiales importados, como los mármoles, que difícilmente podían ser transportados por otra vía que no fuese la marítima y los numerosos restos de anclas romanas hallados en los alrededores del puerto actual.