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Entre el mes de mayo de 1883 y la primavera de 1885 Cézanne pasará algunas temporadas en L´Estaque, pueblo cercano a Marsella donde se había refugiado para evitar participar en la Guerra Franco-Prusiana. El paisaje mediterráneo será un importante reto para el maestro de Aix ya que la luz del sur le presentaba los elementos de la naturaleza como extendidos sobre el mismo plano, tal y como escribió a su amigo Pissarro: "El sol es tan espantosamente fuerte que me parece que los objetos se alzaran como siluetas, no solamente en blanco y negro, sino también en azul, en rojo, en marrón, en violeta. Puede que me equivoque pero creo que éstos son las antípodas del modelado". Pero Cézanne no ceja en su empeño de recuperar las formas y los volúmenes a través del color y para ello no duda en utilizar fuertes contrastes cromáticos entre el azul, el naranja, el verde y el ocre para establecer la relación entre el color y el espacio. De esta manera, surgen con fuerza las superficies geométricas de los tejados o las copas de los árboles, ayudados por la pincelada empleada, al mezclar cortos toques de color dispuestos en diagonal con trazos más fluidos. La iluminación envolviendo el paisaje es habitual del impresionismo pero observamos que se trata de una luz muy arbitraria que apenas provoca sombras. La perspectiva tradicional se obtiene a través de una sucesión de planos en profundidad que convergen en la montaña del fondo como punto de fuga, utilizando árboles en ambos lados del lienzo para introducirnos en la escena, recurso muy habitual en el arte clásico.
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Fotografía cedida por el Servicio de Promoción e Imagen turística del Gobierno de Navarra.
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Fotografía cedida por el Servicio de Promoción e Imagen turística del Gobierno de Navarra.
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Fotografía cedida por el Servicio de Promoción e Imagen turística del Gobierno de Navarra.
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En esta vista aérea de Florencia se contempla el campanario de la iglesia del Santo Spirito, construido por Baccio d'Agnolo entre 1503-1517 y al fondo la cúpula de la iglesia de San Frediano in Cestello, realizada en el siglo XVIII por Antonio Maria Ferri.
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Cuna del nuevo arte del Renacimiento, la época de los Médici marcó el periodo de esplendor de una de las ciudades más hermosas del mundo: Florencia. Cúpulas, campanarios, torres, murallas y tejados antiguos, todo se mezcla en un limitado espacio para ofrecer al viajero un resumen de la historia de la ciudad y del arte renacentista.