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La Visita al Pontífice, junto al Sueño del Patricio, formaba parte de la decoración de la sevillana iglesia de Santa María la Blanca, realizada por Murillo en 1665. Fue robada, como las demás obras de la serie, por el Mariscal Soult y devuelta en 1816 formando parte desde entonces de la colección del Museo del Prado. Su forma original era semicircular pero en París se completaron para formar un rectángulo en las enjutas doradas que contienen la planta y el alzado de Santa María la Mayor en Roma, a cuya construcción se refiere el cuadro. Esta escena es la continuación de la leyenda iniciada en el Sueño del Patricio. Así, Murillo nos presenta al patricio Juan y a su esposa, vestidos con sus mejores galas, ante el papa Liberio, a quien relatan, arrodillados, su sueño. Curiosamente, el Pontífice había tenido un sueño similar esa misma noche. A la derecha, en un plano diferente, se ha situado la procesión hacia el Esquilino donde, a pesar de los calores del verano ya que la escena tiene lugar el 5 de agosto, encontraron la planta de la iglesia diseñada sobre la nieve. Por eso, la festividad del 5 de agosto es la Virgen de las Nieves. Murillo ha dividido el cuadro en dos escenas: a la izquierda la revelación, que tiene lugar en un interior en donde se aprecia una impresionante sensación atmosférica, como si entre las figuras hubiese aire que el espectador pudiera percibir. Es producto de la fuerte luz que penetra por la izquierda e ilumina al patricio y a su esposa, dejando en semipenumbra al pontífice. El clérigo de las gafas, algo desdibujado, es una de las mejores figuras de Murillo. A la derecha vemos la procesión más lejana, donde la atmósfera se ha convertido en protagonista, haciéndose más suelta. La libertad pictórica con que ha realizado Murillo a la esposa del patricio y al clérigo de las gafas nos sitúa en una nueva concepción de la pintura por parte del artista, que abandona el Naturalismo anterior y se introduce en nuevas fórmulas muy personales y características que harán de su obra una de las más populares y queridas.
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Muy similar a la Excursión Campestre de Isabel Clara Eugenia, aquí se nos muestra el séquito de la gobernadora por los Países Bajos dirigiéndose hacia un rebaño de ciervos. Al fondo, podemos apreciar el bosque que rodeaba al Palacio de Mariemont, refugio de descanso de los archiduques que fue destruido, en 1794, por la ocupación francesa. Los especialistas cuestionan la autoría del lienzo, considerando a Joost Momper el autor del paisaje, al reconocer su pincelada suelta y su composición triangular, con juegos de claroscuro. Las figuras de primer plano se consideran como obra de Brueghel, aunque no existe acuerdo entre padre e hijo, opinándose que podría tratarse de una colaboración entre ambos. Una escena similar, los Archiduques de caza, realizada por Brueghel de Velours a su regreso de Italia, Nuremberg y Praga, avala la autoría del artista. El estilo minucioso y detallista también es una buena muestra de su trabajo. Como su compañero, se instalará por encargo de Felipe IV en los aposentos de la reina, en la Torre Nueva del Alcázar de Madrid.
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En 1754 Hogarth pintó una serie de cuatro lienzos conocidos como La campaña electoral en la que una vez más el pintor británico se presenta en su faceta más satírica, criticando los oscuros manejos que realizaban los diferentes políticos para obtener representantes al Parlamento. Hogarth tomó como referencia la obra literaria de Henry Fielding, utilizando también como escenario la localidad de Guzzledown.Este lienzo es el segundo de la serie y nos presenta al candidato adquiriendo una serie de objetos para obsequiar a dos damas que desde el balcón se dirigen a él. En la zona de la derecha se presenta una típica estampa de taberna mientras que en el centro observamos el reparto del dinero para comprar votos para el candidato. Una mujer sentada junto al león contando el dinero que le han ofrecido y un hombre observando desde una puerta completan el conjunto en el primer plano. Al fondo observamos una revuelta popular que pretende derribar el estandarte de la corona mientras un soldado dispara desde una ventana. La escena se ambienta en una calle de pueblo y las diferentes escenas se presentan de manera minuciosa, empleando el maestro un excelente dibujo que le permite interpretar gestos y actitudes para realzar aún más la carga satírica de la composición. Las tonalidades utilizadas por Hogarth son tremendamente variadas, abundando los colores pardos que contrastan con los blancos y rojos. El banquete es la continuación de la narración.
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En 1797 un suceso impactó en la sociedad madrileña. María Vicenta Mendieta - de 32 años, esposa de un respetado y conocido comerciante llamado Francisco del Castillo - se enamoró locamente de Santiago San Juan, primo suyo de 24 años. Entre los dos amantes planearon asesinar al comerciante. Santiago entró en la casa disfrazado de fraile a las siete y cuarto de la tarde del 9 de diciembre; aprovechando que Francisco había ingerido un suero debido a una infección bucal, le asestó once puñaladas, tres en el pecho y dos en el estómago. Una vez descubierto el crimen, María Vicenta fue encarcelada e interrogada para ser incomunicada más tarde - este es el tema de Interior de prisión -. Los amantes fueron ejecutados en la Plaza Mayor el 23 de abril de 1798. Goya se hace eco de tan impactante suceso y lo llevó a varios lienzos que más tarde posiblemente fueron vendidos al coleccionista mallorquín don Juan de Salas, suegro del III marqués de la Romana. En esta escena que contemplamos aparece María Vicenta vestida con sus mejores galas, sentada a la puerta de su casa y acompañada de dos criadas. El amante disfrazado de fraile preside la escena, en una postura grave que sugiere lo que va a ocurrir. Al fondo se aprecia el color rojizo del fuego, bajo la mano de Vicenta que señala el lugar donde reposa la víctima. La tensión del momento es palpable en el lienzo, al igual que las largas pinceladas con que Goya ha aplicado el óleo, sin parase en detalles. La oscuridad de la estancia contrasta con la fuerte luz de la zona de la izquierda, bajo la que encontramos la amenazante figura del fraile acercándose a la casa.
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Composición que sigue la misma línea que Las vitrinas, en cuanto a técnica, ya que siempre utilizaría los colores oscuros y sobriedad de los rostros para realizar sus composiciones retratísticas. El tema de la composición es una vez más el reflejo de una situación cotidiana en la España de la época, que de tan diversas formas nos la presenta Solana a lo largo de su carrera.