El Prince of Wales pertenecía a la clase King Georg V, junto a sus gemelos Duke of York, Anson y Howe. El acontecimiento más importante en que participó el Prince of Wales fue la caza del Bismarck en mayo de 1941, perseguido por buena parte de la Flota británica tras haber hundido al Hood. El ansia por cazarlo, lo que finalmente se consiguió, fue tan grande que incluso zarpó sin haber sido construido y con trabajadores a bordo. Aunque botado en 1939, en 1941 aun se estaba completando su construcción. Llevaba el armamento principal montado sobre dos torres cuádruples, con cuatro cañones de 356 mm. a proa y a popa, añadiendo una torre doble superpuesta a proa. Aparte de la caza del Bismarck, el Prince of Wales participó en otros hechos notables durante los siete meses en los que prestó servicio, como transportar al premier Churchill a terranova para entrevistarse con el presidente norteamericano Roosevelt. Tras la entrada de Japón en la guerra fue enviado al Pacífico, para combatir la invasión nipona de Malasia. Junto con el crucero acorazado Repulse, gemelo del Renown, y cuatro destructores salió de Singapur el 9 de diciembre de 1941, siendo atacados y hundidos ambos buques al día siguiente por la aviación japonesa.
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Los princeps formaban la segunda línea de la legión. Al igual que los Hastati, su armamento era ligero, con jabalina y espada. Su misión era sustituir a los Hastati cuando éstos estuvieran debilitados. Igualmente, se agrupaban en 10 manípulos compuestos por 120 hombres cada uno de ellos.
obra
Ingres amplió las poses de sus modelos en estos retratos de su última etapa. Si en la primera fase se limitaba a colocar a sus damas recostadas sobre almohadones (como Madame Rivière), ahora varía la manera de disponerlas, en pie contra una repisa como la condesa de Haussonville, con la pose majestuosa de Inés Moitessier, o en esta más desenfada sin perder la elegancia que exhibe la princesa de Broglie. El estudio de las telas y las joyas es el mismo que en todos sus anteriores retratos. También podemos estudiar la evolución de la moda, desde los talles altos de los vestidos tipo imperio que se aprecian en sus primeros retratos, a estos pomposos vestidos e isabelinos, de escotes desmesurados y faldas infladas por polisones y armaduras. Como dato curioso hemos querido complementar el retrato con uno de los abundantes dibujos preparatorios del mismo, en el que la dignísima princesa aparece totalmente desnuda.
Personaje
Político
Entre los personajes del siglo XVI que más tinta se ha vertido encontramos a doña Ana de Mendoza y de la Cerda, la bellísima princesa de Eboli por su matrimonio con Ruy Gómez de Silva. Doña Ana pertenecía a una de las familias castellanas de más rancio abolengo: los Mendoza, excelentes baluartes de defensa de la Monarquía. Por eso sus padres, los condes de Mélito, no dudaron en dar el visto bueno al matrimonio con uno de los secretarios de mayor prestigio de Felipe II, a pesar de que la novia sólo contaba con doce años de edad. Bien es cierto que los compromisos de Ruy motivaron su presencia en Inglaterra por lo que los cinco primeros años de matrimonio, apenas estuvieron tres meses los cónyuges juntos. El papel de la joven y bella Ana en la corte madrileña empezó a subir como la espuma. El ser tuerta no restaba belleza a su rostro; su carácter altivo y su amor por el lujo se convirtieron en su mejor etiqueta de presentación, ejerciendo una gran influencia en la corte. A los 33 años queda viuda y se retira al convento carmelita de Pastrana, cuyo ducado era de su propiedad, pero hubo de abandonarlo al no cumplir las reglas de la orden. Tras su regreso a Madrid, se especula con el inicio de una estrecha relación con Antonio Pérez, creándose un poderoso grupo de presión que obtiene importantes beneficios gracias a las corruptelas que se tejen en la corte. Tras el asesinato de Juan de Escobedo en 1578, las pesquisas la acusan de ser una de las promotoras junto con su amante, por lo que fue procesada y condenada a la reclusión en el palacio de Pastrana donde pasó el resto de sus días. Algunos estudiosos han planteado que doña Ana fue amante de Felipe II y que el castigo que sufrió se debió más a los celos de ver como mantenía relaciones con Pérez que a su verdadera implicación en el asesinato de Escobedo.
obra
Las técnicas utilizadas por los escultores partos eran las habituales del oficio -enriquecidas con el taladro en Hatra-, empleando todos los tipos de cinceles, martillos, mazos y punzones comunes. Pero sus resultados globales, salvo algún taller activo en Hatra y al servicio de su realeza, apenas si resisten la comparación con lo obtenido en arquitectura. La mayor producción escultórica procede de Hatra, como en este caso, donde se representa a una princesa de cuerpo entero y con un destacado detallismo en sus vestiduras, siguiendo la misma tipología que la figura del rey Uthal.
obra
Ingres se decantó con frecuencia por el formato ovalado para sus trabajos, en especial para retratos de damas, porque consideraba que les daba mucha elegancia. Este sería el caso de la princesa Fiano, que durante muchos años se consideró un retrato de la princesa Falzacappa. Ingres firma el dibujo en latín el año 1817.
obra
La hija mayor de Carlos I de Inglaterra y la princesa Enriqueta María de Borbón había nacido el 4 de noviembre de 1631 en el palacio de San Jaime de Londres. A los diez años contrajo matrimonio con Guillermo de Orange, hijo del príncipe holandés Federico Enrique de Orange. Los esposos se reunieron por primera vez en La Haya en febrero de 1642, enviudando María cinco años después, semanas antes de dar a luz a su único hijo, Guillermo III de Orange. Falleció en 1660. El retrato que contemplamos fue pintado con motivo de su matrimonio. Van Dyck la presenta de cuerpo entero, ataviada con un elegante vestido de satén en tonalidades azules con adornos de encaje. Una alfombra roja, un pesado cortinaje de brocado y un grueso pilar constituyen el entorno de la figura. El pintor flamenco emplea una factura lisa que los especialistas achacan a su delicado estado de salud en aquellos momentos previos a su fallecimiento. Pero esta obra es una excelente muestra de su habilidad para hacer retratos infantiles, llenos de encanto e inocencia, sin renunciar a la ingenuidad.
obra
Schadow, quien nunca se sintió atraído por la escultura monumental y en cuya obra es llamativa sobre todo la calidad de sus retratos, comenzó a realizar bocetos de las princesas ya en 1794. El retrato final en grupo fue una representación de la amistad fraternal. Esta temprana obra, que le dio merecida fama, muestra a las claras el carácter completamente antidoctrinario del clasicismo de Schadow y su mayor compromiso naturalista, afín al del francés Houdon. Luisa cruza la pierna izquierda sobre la derecha y se apoya en los hombros de su hermana. Esta, a su vez, adelanta la pierna izquierda. Este jugoso y equilibrado juego de formas aparece como una nueva versión poco convencional del tema de Cástor y Pólux.