El último verano lo pasará Fortuny en una casita llamada Villa Arata, cercana al mar, en la localidad costera de Portici. El pintor pasará estos días sumido en una fiebre creadora quizá por las recientes críticas recibidas en París, donde se le acusaba de cierto estancamiento y frivolidad. Fortuny parece reaccionar desarrollando una amplia serie de imágenes tomadas del natural, donde la atmósfera y la luz se convierten en las verdaderas estrellas, acercando su estilo al Impresionismo francés, trabajando en un luminismo que más tarde heredará Sorolla. Estas características se advierten en esta pequeña tabla, en la que el artista se interesa más por las nubes y su movimiento que por las casas encabalgadas del pueblo, obteniendo un efecto atmosférico de gran calidad. La pincelada fluida y empastada, las tonalidades vivas y el abocetado generalizado sintonizan con las obras de Monet o Pisarro, cuyas obras tuvo que contemplar Fortuny durante su estancia en París ya que la primera exposición impresionista se celebró en la primavera de 1874.
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acepcion
Se denomina así al sustentado por columnas protodóricas (estas era de sección o corte poligonal).
obra
Lograr la vida y la expresión en los cuadros será el objetivo máximo de Fortuny, acercándose a Goya en estos deseos por lo que se considera al pintor catalán como uno de los más directos seguidores del maestro de Fuendetodos, especialmente en estas escenas donde recoge el ambiente madrileño que conocía tras casi un año de estancia en la capital de España. El pórtico de la iglesia de San Ginés en Madrid será el protagonista de otros trabajos pudiendo tratarse éste que contemplamos de uno de los primeros bocetos tomados del natural. La fachada de la iglesia madrileña está engalanada con sendos tapices ante los que se sientan diversos pobres y mendigos para solicitar la caridad cristiana mientras dos señoritas elegantemente ataviadas pasan hacia el interior del templo. Los arcos de medio punto y las ventanas enrejadas sirven de telón de fondo a una escena protagonizada por una factura fluida y empastada, donde el dibujo ocupa un segundo plano, interesándose el pintor en captar el ambiente a través de la luz y la atmósfera, enlazando con la filosofía impresionista.
obra
El pórtico de la madrileña iglesia de San Ginés será motivo de la ejecución de varios cuadros por parte de Fortuny, algo bastante habitual ya que solía hacer un boceto preparatorio, un cuadro definitivo y una acuarela incluso podría existir obras definitivas con diversas variaciones. Y es que Fortuny gustaba de retocar sus cuadros, especialmente estas imágenes costumbristas de detallada ejecución. El deseo de plasmar en este trabajo la vida y la expresión de la ciudad enlaza con la pintura de Goya, uno de los maestros más admirados por el pintor catalán. La escena se desarrolla a las puertas del templo, engalanado con sendos tapices, donde se ubican una fila de mendigos esperando la ofrenda de la dama que penetrará en la iglesia. Otra dama con un blanco vestido de cola ya ha franqueado el pórtico mientras que en la zona de la derecha apreciamos varias mesas donde se pueden entregar ofrendas. Un sacerdote lee frente a la pared, alejado de la escena principal que se desplaza hacia un lateral. El estilo preciosista de Fortuny, conjugado con la pincelada rápida y certera nos ofrece uno de sus más bellos trabajos, interesándose por el color y la luz, enlazando modernidad con tradición.
obra
La mayor parte de las acuarelas pintadas por Fortuny tiene como denominador común la importancia de la luz, una luz potente que el artista descubrió en el norte de África. En este caso repite el asunto de otros lienzos recurriendo a un amplio grupo de personajes alrededor del pórtico del templo engalanado por dos ricos tapices. La pincelada rápida apenas repara en detalles mientras que la estructura arquitectónica de la composición nos muestra un soberbio dibujo. En la temática popular, Fortuny se acerca a Goya al desear ambos artistas recoger la vida y la expresión del pueblo en sus trabajos.