Como las dos tablas de la parte izquierda del Políptico Baroncelli, las de la zona derecha continúan el espacio escenificado del panel principal, donde tiene lugar la Coronación de María. El intento de Giotto por mostrar un único espacio para la representación en cinco tablas diferentes significa de por sí las elevadas pretensiones de la obra. Pero salvo que el suelo es el mismo, los paneles laterales no dan sensación de espacio. La disposición de los personajes de estas tablas sigue una línea ascendente, que cercena la significación de una perspectiva verosímil. Además, como el acontecimiento de la Coronación ocurre en el ámbito celeste, el artista ha compuesto el fondo con pan de oro, con lo que se pierde definitivamente el efecto de perspectiva. Con el refinamiento cromático de las túnicas de los personajes y el brillo dorado de las aureolas y del fondo, lo que sí se consigue es una gran luminosidad, más propia de las concepciones decorativas del gótico internacional. Las hileras de los personajes se elevan hacia arriba perdiéndose en el infinito. Lo más significativo de la obra es la precisa caracterización de los rostros de los protagonistas, que miran hacia el episodio de la tabla central, con la que quedan relacionados. En la predela del políptico, en su parte derecha, se presentan medias figuras de santos, también muy ornamentadas. En el marco se sitúa una inscripción que ha hecho pensar a los investigadores que esta obra sea un producto del obrador de Giotto, más que de mano del propio maestro: "Opus Magistri Jocti", a modo de marca de taller, lo que nos habla de la cantidad de encargos que por estos años tenía el artista.
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La iglesia de Santa María degli Angeli, en Bolonia, empezó a construirse en 1328. Fue seguramente entonces cuando Gera Popoli, un rico comerciante de la ciudad, encargara a Giotto este políptico para decorar la capilla que había comprado en la iglesia boloñesa. Si bien el desarrollo espacial de la tabla principal, con el motivo de la Madona y el Niño, determinado por la estructura gótica del trono, puede ser obra de Giotto, los paneles laterales, con San Pedro, San Gabriel, San Miguel y San Pablo, presentan una torpeza en sus formas y actitudes que nos lleva a pensar en un ayudante del maestro italiano como último ejecutor de estas figuras. El modelo de la tabla central nos refiere a la Madona Ognissanti, pero esta se presenta con un modelado más flexible y suave en la figura, con un desarrollo espacial más atenuado y con una armonía tonal y cromática menos conseguida, aun el evidente contraste entre los decorativos motivos del trono y fondo dorado, y el azul del manto de María. Por otra parte, Jesús se muestra mucho más cotidiano que el de la Madona Ognissanti, con una actitud de juego infantil y un cierto tono bastante emotivo. Así, Giotto presenta una tendencia más decorativa y elegante en sus últimas obras, salvo el panel central, que se muestran cercanas a la tendencia del gótico internacional, que triunfaba en la época de mano de artistas sieneses y franceses.
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La saga artística iniciada por Antonio Vivarini va a ser fundamental para conocer la evolución de la pintura en Venecia, desde el tardogótico hasta el Quattrocento. Antonio se forma en la órbita de Gentile da Fabriano mostrando en sus pinturas el estilo elegante y cortesano de su maestro, abundando los dorados y dotando de cierta individualidad a las figuras que pueblan sus polípticos, como éste que contemplamos, encuadrado en su marco original. La Virgen con el Niño ocupa la tabla central coronada por Cristo mostrando sus llagas tras la resurrección; numerosos santos completan el retablo, cada uno en una tabla, apreciándose en algunos de ellos una enérgica individualización aportada por Bartolomeo. El estilo familiar tuvo mucho éxito en las cortes del norte de Italia, trabajando en la decoración de la capilla Ovetari de Padua, que quedó inconclusa a la muerte del socio de Antonio, su cuñado Giovanni d´Alemagna, continuando Mantegna ese trabajo.
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El Políptico de la Misericordia es una de las primeras obras documentadas de Piero della Francesca. Fue encargado al artista por la Compagnia della Misericordia de Borgo de San Sepolcro -pueblo natal de Piero- el 14 de julio de 1445, estableciéndose en el contrato los materiales que debían emplearse y el programa iconográfico a seguir. La ejecución de la obra se prolongó durante casi quince años, considerándose que compaginaría este encargo con otros. El retablo consta de varias tablas, presidido por la Virgen de la Misericordia; sobre ella, una Crucifixión, acompañadas ambas tablas por varios santos -San Benito de Nursia y San Francisco de Asís- y las figuras de María y el ángel formando una Anunciación. Las escenas que rodean al conjunto no fueron realizadas por Piero della Francesca, siendo su autor algún miembro de su taller o un artista local. En este trabajo hay numerosas referencias al mundo gótico, especialmente el empleo de fondos dorados, aunque algunas figuras están dotadas de una anatomía típica del Quattrocento, iluminadas por una luz que caracterizará al artista.
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En 1519 el nuncio apostólico en Venecia, Altobello Averoldi encarga a Tiziano un retablo con cinco paneles y el tema de la Resurrección como asunto principal para la iglesia de los Santos Nazario y Celso en Brescia. El comitente impuso la fórmula de políptico, tipo de estructura compartimentada que no supuso para el maestro veneciano ningún inconveniente ya que gracias a la luz crepuscular empleada unifica las diversas escenas: Arcángel San Gabriel, Altobello Averoldi con los santos Nazario y Celso, la Resurrección de Cristo, la Virgen María y el San Sebastián.El resultado es una obra en la que Tiziano se libera paulatinamente de las influencias de Giorgione y toma mayor interés hacia el arte centroitaliano, tomando elementos de Leonardo, Miguel Angel y Rafael e incluso aludiendo a esculturas clásicas como el Laoconte helenístico descubierto en 1506.
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El Políptico de San Antonio es una de las obras de Piero della Francesca que más controversias suscitan. Consta de un tríptico en la zona central formado por la Virgen con Niño en un trono, san Antonio de Padua y san Juan Bautista en la izquierda, san Francisco de Asís y santa Isabel en la derecha y, como coronamiento, una Anunciación. La zona baja presenta tres tondos en el cuerpo intermedio - desaparecido el del centro, están santa Clara y santa Águeda en los laterales - y tres escenas en la predela: san Antonio resucitando a un niño, los estigmas de san Francisco y santa Isabel salvando a un niño, de izquierda a derecha respectivamente. La primera cuestión se refiere al desconocimiento de si es un retablo completo o el resultado del ensamblaje de piezas de procedencia diversa, como apunta el diferente grosor de las tablas y la diversidad estilística. El fondo dorado que caracteriza al conjunto y que le dota de cierto arcaísmo posiblemente sería una imposición de los clientes, entregados a la estética goticista vigente en la región de Umbría en el Quattrocento. Las escenas de la predela se consideran obras de un anónimo ayudante debido a su carácter narrativo, que difícilmente ejecutaría Piero. La escena central con la Virgen y el Niño es de gran belleza, encontrándose similitudes con la Virgen de Senigallia y la Pala Brera. Las dos figuras se enmarcan en un trono de marcado carácter renacentista, creando una cúpula sobre sus cabezas en sintonía con la arquitectura de Leon Battista Alberti que profundamente estimaba el pintor. Tanto la Virgen como el Niño tienen una marcada autonomía, característica que se repetirá en todo el conjunto y, por extensión, en buena parte de la producción de Piero. Las figuras gozan de una soberbia volumetría, interesándose por el aspecto perspectívico en la Anunciación.
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La mayoría de las obras ejecutadas por Antonio Vivarini son en colaboración con su cuñado Giovanni d´Alemagna pero a causa de la muerte de éste (1450) durante la decoración de la capilla Ovetari en la iglesia de los Ermitaños de Padua - concluida por Mantegna - empezará una corta carrera en solitario. Los especialistas suponen que este retablo es la última obra pintada por Antonio antes de retirarse para dejar paso a su hermano Bartolomeo y a su hijo Alvise. Vivarini continúa con la estructura del políptico típica del gótico, empleando fondos dorados en las escenas que rodean a la escultura policromada que ocupa el centro del retablo. Las figuras gozan del estilo elegante y cortesano aprendido con Gentile da Fabriano, repitiendo el rostro en los santos de la zona baja mientras que en la superior individualiza algo más los personajes. El colorido brillante podría suponer una importante aportación para la Escuela veneciana de la que Antonio forma parte.
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En la ejecución del Políptico de San Lucas, Mantegna tuvo que atenerse a un marco ya construido en un estilo gótico por un tal maestro Guglielmo. Esta adaptación por expreso deseo de su cliente - el abad de la iglesia de Santa Justina de Padua, Mauro dei Folperti - motivará que las esculturales figuras de Andrea no se manifiesten en su plenitud. Sin embargo, los santos se relacionan entre sí a pesar de encerrarse en sus nichos, creando un conjunto de elevadas gracia y belleza. El retablo está presidido por la tabla de San Lucas y coronado por Cristo con María y San Juan Evangelista, formando una deesis. Diversas figuras de santos y santas acompañan a estas dos obras, destacando el fondo dorado empleado - reminiscencia goticista motivada por el deseo del cliente - del que emergen los santos, intentando crear un efecto de perspectiva al proyectar sus pies hacia el espectador. Las figuras gozan de esa monumentalidad que caracteriza al maestro, recordando a la escultura clásica, que Mantegna conocía tan bien, lo que provocará el aporte de detalles eruditos. El colorido brillante empleado hacen pensar en un contacto con su futuro cuñado, Giovanni Bellini, resultando un conjunto de tremenda modernidad renacentista que satisfizo a los devotos fieles de la iglesia.
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Con ocasión de la reciente canonización del dominico san Vicente Ferrer, la iglesia de los Santos Giovanni e Paolo encargó a Giovanni Bellini un retablo, que debía adecuar el maestro al marco conformando un políptico. La estructura se organiza en nueve espacios divididos en tres cuerpos. San Vicente Ferrer preside el conjunto acompañado a su derecha por san Cristóbal y a su izquierda por san Sebastián; en la zona superior encontramos a Cristo muerto sujeto por dos ángeles en el centro y una Anunciación a los lados, mientras que en las tres tablillas del cuerpo inferior se narran historias de la vida del santo. Las figuras monumentales recuerdan a Mantegna, destacando su aspecto escultórico y el interés por la perspectiva, así como el punto de vista bajo empleado en algunas tablas como en el Cristo muerto. Resultan destacables los contrastes lumínicos que resaltan las figuras de los santos laterales y el Cristo y oscurecen a san Vicente, al ángel de la Anunciación y a la Virgen María. En las tablillas se muestra el carácter narrativo de Giovanni, en un conjunto muy coordinado aunque ligeramente arcaico al no presentar una escena unitaria como las que hará posteriormente, el Retablo Pesaro por ejemplo.
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El políptico consta de siete partes, la central más ancha y mas alta, cada una de ellas compuesta con tres tablas y una espiga. Las siete espigas que coronan el políptico están presididas de izquierda a derecha por Isaías, Jeremías y David tocando un instrumento musical, en el centro por la figura de Cristo en Majestad bendiciendo con una mano, que nos muestra el libro abierto con la otra. En el lado derecho, Moisés con las Tablas de la ley, Daniel y Ezequiel en el extremo. En los tres pisos inferiores se colocan diferentes figuras todas de medio cuerpo, individuales o agrupadas en parejas, todas cobijadas en arcos trilobulados propios de la arquitectura gótica, y un fondo de oro bizantino. El registro superior está presidido en el centro por la tabla de Gabriel y San Miguel, coin apóstoles emparejados a los lados. En el extremo izquierdo descubrimos a Judas Tadeo y Simeón, en la tabla siguiente Felipe y Santiago el Menor, y a continuación Andrés y Pedro. Al otro lado de los arcángeles, a Pablo y Santiago el Menor girados hacia el centro, le sigue la tabla de Mateo que apoya el Evangelio sobre el marco acompañado por Bartolome, la última tabla de la derecha esta habitada por Tomás y Matías. El registro central tiene las tablas de mayor tamaño y las figuras son presentadas de manera individual. De izquierda a derecha, encontramos ligeramente vuelta hacia al centro del políptico a María Magdalena, luego Santo Domingo y San Juan Evangelista. Destaca el tratamiento significativo de los objetos que los definen, el bote de perfume, la palma florida y el libro. En el centro del retablo y en un tamaño mayor, la Virgen con el Niño. En el lado derecho, quien está más cerca de la Virgen es San Juan Bautista, con su atuendo de pieles y capa roja características, a continuación, levemente girado hacia el centro, San Pedro Mártir con palma y libro. Este piso intermedio se cierra con Santa Catalina de Alejandría, con palma, libro y corona. Para terminar en el registro inferior, en la predela, están las últimas siete tablas. La central cobija a tres personajes, como son Cristo en el centro, María a la izquierda y, San Marcos a la derecha. A los lados, de izquierda a derecha, seis tablas con santos emparejados. En el extremo izquierdo Esteban y Apolonia, luego Jerónimo y Lucía (?), Tomas de Aquino y Agustín, Inés y Ambrosio, Úrsula y Lorenzo.