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monumento
El encargo más significativo de Ventura Rodríguez en la década de 1760 fue el Palacio de Boadilla del Monte. Por su emplazamiento junto a un coto de caza, Boadilla presenta caracteres de Real Sitio. El ambiente fue integrado en la idea arquitectónica, proyectando en la fachada sur un gran jardín con parterres, terrazas, escalinatas y fuentes en el que Rodríguez pudo aplicar sus proyectos para los exteriores del Palacio Real (1758). El edificio es un gran prisma rectangular integrado por tres cuerpos diferenciados por un ligerísimo estrechamiento del central, correspondiendo a cada uno una portada en la fachada principal que van a la capilla, a dependencias de servicio y al zaguán, donde está la escalera monumental y un estrecho corredor que lleva al jardín y a la capilla. Este pequeño espacio de planta oval y articulación libre con pilastras, grandes cornisas y rica decoración, se cubre con una cúpula de casetones romboidales, en cuya membrana se incrustan los óculos de iluminación. Trata de recrear un ambiente cortesano con reminiscencias de obras anteriores (Sagrario de Jaén, 1761) y posteriores (Hospicio de Oviedo, 1765). La articulación horizontal de las fachadas es muy leve, en comparación con la vertical que presenta la característica unión de portada entre columnas y balcón central y además un sugestivo estucado blanco yuxtapuesto al ladrillo, con grandes zócalos de albañilería con hendiduras horizontales y bandas planas a modo de pilastras hasta el entablamento, que contribuyen a resaltar los extremos de los pabellones laterales y el centro del pabellón intermedio, imprimiendo al conjunto la máxima variedad con gran sencillez. La dedicación de Rodríguez a las obras del Infante D. Luis debió de ser tan minuciosa como amena, pues llegó a diseñar mobiliario interior (Madrid, Duquesa de Sueca).
obra
Esta fachada está planteada por Lescot en tres pisos y retranqueada respecto a tres cuerpos, dos en los extremos y uno central. Articulación de pilastras, realizada con coherencia respecto a los órdenes utilizados. Dentro del clasicismo, es más su belleza ornamental que su monumentalidad lo verdaderamente destacable. Las líneas verticales aparecen potenciadas, quedando interrumpidas en su desarrollo, por el contrario, las horizontales. Los relieves del edificio son de Jean Goujon.
obra
Se comenzó a construir en 1667 con un diseño de Louis Le Vau, Charles Le Brun y Claude Perrault, aunque inspirado en otro de François Le Vau. En ella utilizaron un esquema ajeno a todo lo construido hasta entonces en Francia. Es una fachada con una columnata a modo de peristilo flanqueado por dos pabellones y con un ressaut en el centro rematado con un frontón triangular.
obra
En este palacio se combina la tipología tradicional de un patio cerrado y la novedad de Blérancourt de disponer el ala principal con una planta de H.