Busqueda de contenidos

monumento
El Palacio Belvedere fue construido por Johann Lukas von Hildebrandt como residencia de verano del príncipe Eugenio de Saboya, famoso por su victoria contra los turcos en 1683. El conjunto está situado sobre una colina y consta de dos palacios, el Alto y el Bajo Belvedere, unidos por un jardín francés, diseñado por Dominique Girard. El jardín tiene tres niveles, representando cada uno de ellos las diferentes alegorías clásicas; la parte inferior muestra el dominio de los cuatro elementos, la central el Parnaso y el superior el Olimpo. El Alto Belvedere recibe dicho nombre por estar situado en la parte más alta del jardín. Destaca por su hermosa fachada, más elaborada que la del Bajo. Se pretendía que reflejase la gloria del príncipe Eugenio y, además, resultaba adecuado para el propósito festivo con que se utilizó inicialmente. El interior destaca por su magnitud, como la sala Terrena, con amplia escalinata, la capilla y el salón de Mármol. El palacio alberga una impresionante colección de pinturas de los siglos XIX-XX, de la galería austriaca. La Sala Terrena está decorada por cuatro figuras hercúleas de Lorenzo Mattielli que soportan la bóveda de la sala; las paredes y el techo están adornados con estucos de Santino Bussi. En el interior de la capilla, la pieza central es el retablo de la Resurrección (1723), de Francesco Solimena, ubicado entre estatuas de ángeles. El príncipe Eugenio tenía acceso directo a la capilla desde sus estancias. Por último, destaca la colección dedicada a Gustav Klimt, una de las mejores del Belvedere. El Bajo Belvedere es, actualmente, la sede del museo de Arte Barroco, y fue en su momento, utilizado por el príncipe Eugenio como dependencias para la vida cotidiana. Bajo su techo se exponen obras de los artistas y escultores que dieron forma a la ciudad durante la edad de oro de Viena (1683-1780). Una de las salas más importantes es la de los Espejos, con paredes cubiertas por espejos de marcos dorados y una estatua del príncipe Eugenio, realizada en 1721 por B. Permoser. La Sala de Grutescos está decorada con pinturas de grutescos inspirados en antiguos frescos romanos de criaturas fantasmagóricas, obras del pintor alemán Jonas Drentwett. Por último, la Orangery, junto al Bajo Belvedere, es un elegante edificio utilizado originalmente como invernadero. Actualmente, es sede del museo de Arte Medieval Austriaco, exponiendo obras del gótico, así como pintura y escultura del Renacimiento temprano.
obra
Este palacio fue construido por iniciativa del Conde Duque de Olivares, como lugar de descanso y recreo para el rey Felipe IV. Las obras se llevaron a cabo con gran celeridad y en ellas Carbonel siguió fielmente el estilo característico de las construcciones cortesanas de los Austrias.
obra
El primer arquitecto de Luis XIV, Robert de Cotte, realizó por encargo del ministro Orry y la omnipotente princesa de los Ursinos los planos para un nuevo palacio en el Buen Retiro. Las primeras ideas consistían en regularizar el edificio existente, eliminando partes y añadiendo otras, con antepatios y patios de honor al modo francés. Finalmente se optó por levantar un palacio de nueva planta junto al antiguo, ideando De Cotte dos variantes, ambas articuladas con un orden gigante sobre basamento almohadillado en un diseño fuerte y unitario claramente deudor de Bernini. La primera sigue el esquema tradicional francés de patio abierto; la segunda constituye un bloque de parecidas dimensiones, pero cerrado y dividido en cuatro patios mediante cuatro crujías que albergan la gran escalera y otros espacios de representación. Este plano prefigura el concebido por Vanvitelli para el palacio de Caserta, en Nápoles.
monumento
<p>Este palacio fue construido por iniciativa del Conde Duque de Olivares, como lugar de descanso y recreo para el rey Felipe IV. Las obras se llevaron a cabo con gran celeridad y en ellas Carbonel siguió fielmente el estilo característico de las construcciones cortesanas de los Austrias: desarrollo horizontal, torres con chapiteles en las esquinas, vanos adintelados, sobriedad decorativa... El edificio formó parte de un amplio conjunto -jardines, estanques, plazas, ermitas, salón de baile, picadero, teatro-, configurado sin ningún tipo de planificación a lo largo de la década de los años treinta. Arruinado a principios del siglo XIX durante la Guerra de la Independencia, hoy sólo se conserva el Casón o salón de baile y el ala norte del palacio. Este palacio completaba el conjunto de residencias reales del Madrid barroco. Se levantó a lo largo de la década de 1630, con una sucesión de etapas constructivas ininterrumpidas y al ritmo frenético propio del Conde Duque de Olivares, verdadero promotor del proyecto. Su finalidad no era sustituir al viejo Alcázar, renacentista, sino que iría destinado al ocio de Felipe IV. Por eso, se ubicó en una zona muy transitada por los madrileños para pasear, y donde los nobles tenían palacetes con jardines en los que se daban fiestas: el Prado de San Jerónimo. El edificio, iniciado como una tímida remodelación del Cuarto Real de San Jerónimo, acabó siendo un gran conjunto palaciego, con jardines extensos salpicados de ermitas y con un estanque capaz de albergar batallas navales fingidas. Hoy, aún podemos admirar una buena parte de los mismos: el parque del Retiro de Madrid. La improvisación constructiva influyó en el diseño de la planta, y el aspecto exterior, construido básicamente con ladrillo, era bastante pobre. Sin embargo, esto quedó compensado por su riquísima decoración interior, a través de una colección pictórica extraordinaria, gran parte encargada en ese momento. Con la invasión napoleónica, el edificio sufrió graves daños, fue fortificado por los franceses y finalmente quedó devastado. Sólo se salvaron dos partes que han llegado hasta nosotros, aunque lógicamente modificadas: por un lado, lo que fue el Salón de Reinos, la estancia más importante y significativa por su decoración, y que contituyó hasta 1998 el Museo del Ejército; por otro, el Salón de Bailes, hoy el llamado Casón del Buen Retiro, edificio que forma parte del Museo del Prado.</p>
obra
Una de las urbanizaciones más importantes de todo el Cinquecento es la llevada a cabo por Miguel Angel en Roma desde 1546, por encargo papal, para remodelar el no holgado espacio del Campidoglio, donde un tiempo lejano se alzaba el templo de Júpiter Capitolino. En torno a la estatua ecuestre de Marco Aurelio y para la que el artista diseñó un nuevo pedestal, levantó dos cortinas porticadas de gigantes pilastras a los lados, los palacios de los Conservadores y del Museo Capitolino, no en paralelo sino marcádamente oblicuas para sugerir ópticamente una amplitud mayor al exiguo solar, y cerró la base mayor del trapecio con el Palacio Senatorio, el actual Ayuntamiento romano, que con escaleras tangentes concluyó Giacomo della Porta.
monumento
El actual Parador de Turismo se ubica en el llamado Palacio del Comendador de Alcuéscar, construido por orden de don Diego García de Ulloa, caballero de la Orden de Santiago y Comendador de Alcuéscar, a mediados del siglo XIV. La parte primitiva del edificio es la torre de la esquina, donde se pueden apreciar escudos familiares, vanos y adornos góticos. La cornisa y la balaustrada se incorporaron en el siglo XVI, alterando el aspecto militar de la construcción. Será en esta centuria cuando se levante el patio porticado, reformado posteriormente. La portada a la que se abre la puerta principal es del siglo XVIII, rematada con los escudos de los marqueses de Torreorgaz, descendientes de don Diego.