La violencia de los hombres enfrentándose al animal se convierte en la principal protagonista de esta imagen, muy similar a Modo con que los antiguos españoles cazaban los toros. La figura del toro está tratada con mayor cariño que los hombres que le cazan.
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Otro sí, Yo Juan de Esquibel infra escritpo doy fé y verdadero Testimonio que este dicho dia mes y año susodicho, en este dicho Puerto parecieron ciertos Indios naturales de esta tierra en un monte cercano deste dicho Puerto, y por voces y señas pidieron á la gente desta Nao Capitana: á lo que se entendió, que fuesen allá que querían hablar con ellos. Y Pedro Sarmiento, General, embio al Alférez Juan Gutierrez de Guevara y cinco soldados marineros en el batel, para que les hablase y les diese algunas cosas de donas. El cual fué y habló con ellos en amistad, y les díó lo que llevaba: y segun se entendió de las señas que hacían deaban a entender que habían visto otros dos Navíos con gente que tenían barbas y dagas como el dicho Alférez llevaba. A lo qual se pudo dar crédito porque trahian unas tiras de lienzo de ruan, con costuras y pespunte á nuestra usanza, lo qual no pudieron haber de otra parte sinó de la gente y navíos que habían visto en este estrecho. El qual dicho lienzo yo el dicho escribano lo vi y lo tuve en mis manos, y dello doy fe y testimonio para que haga fe. Fecho ut supra. =Juan Desquibel, Escribano Real. Este dia hizo alguna bonanza y de noche tormenta. Viérnes cinco de febrero amaneció bonancible y ventó oeste y sudoeste, y aclaró algo el día, y granizó; y á mediodía vinieron los indios como lo habían prometido, y Pedro Sarmiento embió á tierra al alférez y á Hernando Alonso con seis hombres y con algunas cosas de rescates para dalles, con instrucción que, si pudiesen, tomasen algunos para lenguas, y para nos informar de cosas de la tierra, y de lo que habían dicho de los dos navíos que habían visto. Fueron los nuestros; y no queriéndose llegar los indios, hicieron las mesmas señales que el dia ántes; y viendo los nuestros que no se querían llegar á ellos, ni ir al navío para nos informar, arremetieron seis de los nuestros á ellos y se abrazaron dos hombres con cada uno de los indios, y así tomaron tres, los cuales por ser soltar dieron puñetazos a los nuestros por los hocicos; pero no lo pudieron hacer, aunque tienen grandes fuerzas; y los nuestros no les quisieron hacer mal, aunque recibieron muchas puñadas, considerando que cada preso quiere ser suelto, y los trajeron al navío donde el General los trató con mucho amor; y les dió de comer y beber, y comieron y bebieron, y tanto les regaló que les hizo perder el temor y enojo y se rieron: y preguntándoles por señas por lo que habían dicho el dia ántes, y mostrándoles las tiras de lienzo, señalaban con la mano una ensenada donde habían estado los que se lo dieron, y que eran barbaros y tenían dos naos como la nuestra, y que traían flechas y partesanas, y uno dellos mostró dos heridas, y otro una, que les habían dado peleando con ellos. En este Puerto se vido Pedro Sarmiento más atribulado de espíritu que en todos los trabajos pasados, porque vido toda la gente tan cansada y mohina con tantas tormentas, que del todo estaban desconfiados de poder descubrir el estrecho, estando ya, como estaban, dentro dél: y como los cables que teníamos eran tan pocos y molidos y hechos pedazos, parecíales que conforme á los tiempos que hacían no podíamos dejar de peligrar por falta de cables y anclas si íbamos adelante: y en corrillos decían y tractaban que Pedro Sarmiento los llevaba á ahogar, y que no sabía donde iba, que mejor sería volverse á Chile á repararnos; pero no se lo osaba decir nadie á Pedro Sarmiento, aunque él sabía muy bien lo que pasaba, y iba puniendo remedio en ello:,y llegó el negocio á tanta desconfianza, que los dos pilotos Anton Páblos y Hernando Alonso entraron en la cámara de Pedro Sarmiento, y le dijeron: Que mírase que había hechos mas que todos los descubridores del mundo en llegar allí, y que la Almiranta era vuelta, y estábamos solos; y que si algun peligro nos subcedíese ningun remedio teniamos, si no que pereceríamos donde jamás se supiese de nosotros; y que no teníamos anclas, ni cables, ni jarcía, y que los tiempos eran de tal condición, como se había visto, que era imposible poder ir adelante, sin esperara la perdición de todos por momentos; que nos volvíésemos a Chile, y de allí avisaríamos al virréi. Esto dijo Antón Páblos en nombre de ambos; y sospecho que de todos, que se lo habrían rogado que lo tratasen: y no era de espantar, que todo lo que decían era verdad y todos los hombres del mundo temieran lo mesmo si lo vieran. Mas Pedro Sarmiento, como tenía determinado, con la confianza que tenía en Dios y en su gloriosísima Madre, de perseverar hasta el fin en acabar el descubrimiento, ú la vida en él, respondió á Anton Páblos: Que aunque se había hecho mucho en llegar allí, que todo era nada si de allí nos volviésemos; que se espantaba, que siendo hombre de tan buena determinación, agora que era menester le faltase, y más teniendo en él tan grande confianza como tenía; que mirase las mercedes que Dios nos bahía hecho, y esperase que no nos desampararía, sino que ántes nos las bahía de hacer mayores; y que estaspalabras las decía como amigo, y no le tratase él, ni nadie, más de aquel negocio. A lo cual Hernando Alonso dijo al General: Que lo mirase bien, que lo que Anton Páblos decía era lo que convenía, y querer perseverar en ir adelante era tentar á Dios. A esta palabra Sarmiento, no pudiéndolo ya disimular, le quiso castigar rigurosamente; pero porque lo dijo simplemente y con pecho de hombre llano, y con solo temor de ahogarse, lo disimuló y se reportó, diciéndole: Yo no quiero, ni pretendo tentar á Díos sinó confiar en su misericordia, haciendo de nuestra parte lo que fuera posible á nuestras fuerzas; y lo que él decía era desconfiar; y no me trate mas desta materia, que al que dello me tratare le castigaré poderosamente: y con esto no tengo mas que decir, sinó que luego nos hagamos á la vela. Y no convino entonces más rigor por muchas causas. Esto era viérnes en la noche, y por esto no nos podimos hacer á la vela. Otro dia sábado por la mañana, por la misericordia de Dios Nuestro Señor, amaneció bonanza y salimos deste puerto, habiendo esperado los quince dias que el general habia dado por órden al Almirante para quel navío que se hobiese derrotado y llegase primero á la boca del estrecho agua roase quince dias al otro, y pasados, siguiese su camino á España, no viniendo el otro, conforme á lo mandado por el virréi del Pirú. Salidos, pues, deste puerto de Nuestra-Señora-de-la-Candelaria, seguimos la canal como una legua al sueste cuarta al leste, y en este parage hacían señas los indios que en un ancon por donde íbamos pasando habían estado los barbados que nosotros creemos ser ingleses del año pasado; y dábamos mucha priesa para que llegáramos con la nao. Llegamos cerca; no vimos mas de una ensenada la vuelta del sueste, y habiendo andado tres leguas vimos una boca de puerto limpio, y dos leguas más adelante al lesueste vimos un Puerto que entraba la vuelta del oeste, y mas adentro iba una ensenada al sur. Aquí nos dijeron los indios que llevábamos, que allí habían estado los barbudos, y habían tomado agua. En este puerto entramos á las tres despues de mediodía: las aguas corrían aquí para el noroeste á la mar del sur, y mas en el reflujo que en la creciente, y con viento fresco rompíamos con dificultad las corrientes. Nombróse á este puerto de Sancta Mónica. Tiene veinte brazas de fondo bueno, arena, y veinte y dos brazas. Es abrigado de todos vientos. Aquí tiene la canal de ancho tres leguas, que es desde este puerto la vuelta del nordeste hasta una isla que está al nordeste, que se nombró isla de Santa-Ana, que es puncta en remate de la ensenada de San-Gerónimo. Domingo siete de febrero partímos desde puerto de Sancta-Mónica en el nombre de la Santísima Trenidad; y con viento lesnordeste y mar bonanza, navegamos por esta canal mas arrimados á la costa de la mano derecha, la cual iba al lesueste como tres leguas, hasta una punta, que llamamos puncta de Sancte-lifonso; y en medio desta distancia hace la costa ensenada en arco, y muchas caletas y abras, donde parecía haber puertos; pero no entramos en ellos por no perder tiempo. Es toda esta isla pelada y de peñascos. La primera ensenada nos dijeron estos indios que se llamaba Puchachailgua en su lengua, y la segunda ensenada se llama Cuaviguilgua. Aquí dicen estos naturales que los barbudos pelearon con ellos, y mostraban las heridas que les dieron. La tercera ensenada es grande y va la vuelta del sur, y la llaman Alguilgua. En la costa contraria de la mano izquierda al Nordeste se llama Xaultegua. Este dia hizo muy claro sol y bonanza. Tomamos el sol en cincuenta y tres grados largos. La ensenada llamada Xaultegua está en esta altura. Por esta ensenada Xaultegua entra una boca y brazo que va á raiz de la cordillera Nevada de la tierra firme; y dos leguas mas al sueste de donde se tomó el altura surgimos en un puerto que nombramos Puerto Angosto. Tiene veinte y dos brazas de fondo limpio, un ahuste de tierra. Medio cable fuera, y prois en tierra. Luego que surgimos esta mesma tarde subió el General, y con él Anton Páblos y otros dos hombres á una cordillera á descubrir la canal, y descubrieron gran quantidad de canal la vuelta del sueste cuarta al leste. Este día hizo claro y sol caluroso, y vientos bonancibles oesnoroeste: corrientes contrarias. Descubrímos otras muchas abras y caletas á barlovento y á sotavento. En lo alto de la cordillera hizo mucho calor. Pusieron aquí una Cruz en un monte sobre la mar, y Pedro Sarmiento tomó aquí Posesion por V. M., y en señal puso una gran mojon de piedras que hizo él y Anton Páblos, y en él puso una Cruz; y otra cruz hizo poner en otro monte mas alto á un hombre llamado Francisco Hernandez, que embió á descubrir. Esta noche á una hora de noche á la banda del Sueste quarta al Sur vímos salir una cosa redonda bermeja como fuego, como una darga, que iba subiendo por el cielo, ó viento. Sobre un monte alto se prolongó; y estando como una lanza alta sobre el monte, se hizo como media luna entre bermeja y blanca. Las figuras eran de esta manera. El Lúnes ocho de febrero amaneció calma, y luego refrescó el oesnorueste claro y bonacible, con el qual hicimos vela de puerto Angosto en el nombre de la Santísima Trenidad, y navegamos por la canal de este estrecho la vuelta de sueste quarta al sur; y dende á tres cuartos de legua, por la costa de la mano derecha descubrimos una ensenada grande, que tiene una isla grande a la boca, que se llama Capitloilgua, en la costa llamada Caycayxixaisgua. Hay mucha nieve y muchos picos nevados. Tiéne por aquí la canal legua y media de ancho. Andadas tres leguas al sueste quarta al leste, por la costa de la mano derecha, hay una gran ensenada, que entra mas de dos leguas la vuelta del oessudueste, y tiene en la boca una isla. LLamámosla Abra, porque no la vimos cerrada; y al nordeste desta abra, en la otra costa de mano izquierda hay otro puerto y playa parda, y tiene una isla que la abriga. Llamóse la playa Parda. Dentro de la abra es tierra baja y amogotada. Media legua adelante de la abra hay un ancon en la costa de la mano derecha, y al lesnordeste de este ancon en la otra costa una legua de travesía está otra caleta que hace puerto, que llaman los naturales Pelepelgua; y el ancon llaman Exeaquil. Desde este ancon una legua al sueste quarta al leste está una anconada grande que entra la vuelta del sur dos leguas hasta unas sierras nevadas. Llamóse ensenada de Mucha nieve. Desde allí vuelve la costa: al lessueste legua y media ambas costas de mano izquierda y derecha hasta una punta que sale de la costa del leste y va la vuelta del sur: con la cual punta desde una legua ántes que lleguen parece que se cierra la una y la otra tierra, lo cual fué causa de harta tristeza y desconfianza en muchas personas deste navío, pensando que no había salida; y en esta distancia de legua y media hace una gran ensenada en la costa de la mano derecha, y por allí hace rompimiento y boca la vuelta del sur. Así que como fuimos siguiendo fué abriendo la punta, y hallámonos en una anchura que en la dicha punta hay, ménos de una legua de ancho de tierra á tierra: y desde esta punta parece otra punta una legua lesteoeste cuarta de norueste-sueste, y enfrente de esta punta en la otra costa sale otra punta que cierra la una por la otra, que ántes de llegar á ellas parece que la tierra se cierra. Entre estas puntas en este compas de legua hacen ambas costas dos ensenadas grandes, y en la de la mano izquierda la vuelta del norte esta una abra y boca que hace canal, que va arrimada á la cordillera Nevada de la tierra-firme. A esta boca sale la canal que comienza en la ensenada Xaultegua frontero de puerto Angosto; y la tierra que queda entre esta canal de la cordillera, y la que nosotros navegamos es isla, llamada Cayrayxayúsgua. Es toda un peñasco pardo sin hierba: y acabada esta boca que dicho tengo aquí, fuimos favorecidos de la corriente que iba para adentro; y en estas angosturas hallamos muchos remolinos de corrientes que fué menester ir arribando y á orza, huyendo de ellos y dandoles resguardo, porque no hiciesen al navío dar alguna vuelta. Acabada esta isla comienza luego la tierra-firme con llanos á la mar y valles entre loma y loma. Desde las puntas dichas sigue la canal y costas al sueste cuarta al leste, legua y media por la mano derecha, y dos por la izquierda; y por la izquierda es todo playas á la mar, y algunos herbazales que salen mucho fuera; y por la derecha sigue legua y media como es dicho; y desde allí sigue por esta banda al sueste y al susueste dos leguas. Y al sueste cuarta al leste desta punta están cuatro islillas pequeñas en espacio de tres leguas á media canal, unas por otras lessueste- oesnoroeste; y entre la primera y la segunda hay cuatro farallones de una banda y de otra. Este dia surgimos en la primera isla de la banda del leste en catorce brazas buen fondo un ahuste de tierra con proises á las peñas; y luego vimos humos en la costa, y los indios que llevábamos comenzaron a llorar: y lo que pudimos entender fué que lloraban porque temían que aquellas gentes de los humos los matarían, que significaban que eran grandes hombres y tenían flechas y peleaban mucho; y consoláronse con decirles por señas que nosotros les defenderíamos y mataríamos a los otros: y aconsejábannos que fuésemos allá de noche y los prendiésemos y matásemos. En surgiendo salimos á la isla Pedro Sarmiento, y Anton Páblos, Piloto Mayor, y algunos soldados,,y marcamos la canal grande, que va la vuelta del sueste cuarta al leste muy ancha, y volvimos á ver el humo de la gente grande, cuya tierra llaman en su lengua Tinquichisgua, y marcamos la canal que va al noroeste. Esta isla primera donde subimos tendrá dos leguas de boj: es llena de unas frutillas como uvillas negras y colorada y murtilla, manjar de aves. Por entre esta isla y la tierra del oeste va canal de media legua de ancho. En esta isla puso Pedro Sarmiento cruz, y tomó posesión por V. M. Púsosele nombre isla de la Cruz. Aquí apercibimos la artillería y arcabucería por la sospecha de los cosarios, como por los naturales, y se hizo siempre guarda con las armas en la mano. Aquí se vieron ballenas y muchos lobos-marinos, y buféos, y vimos grandes pedazos de nieve andar sobreaguados por la mar, que salen de las islas nevadas que están al sur desta isla de la Cruz tres leguas, y las tormentas del viento despedazan la nieve, y la echan y sacan á la mar. Mártes nueve de febrero amaneció bonanza: levámonos de esta isla, y con viento oeste hicimos vela por la canal que va entre esta isla de la Cruz y la costa de la mano izquierda del norte, y luego calmó el viento, y tuvimos corrientes contrarias: y á las dos del dia el gua comenzó á estar estóa, y con el batel fuimos remolcando la nao, y llegados á la isla tercera, que es la mayor, oímos voces de gentes que iban atravesando de una Isla á otra. Embié allá á Hernando Alonso, piloto, y á Juan Gutierrez con gente en el batel con armas, para que viesen qué gente y tierra era aquella. Los cuales entraron en un buen puerto que tiene la isla donde vieron una población y gente crecida que habían anegado las piraguas: y ellos se habían puesto en la montaña con sus armas; y desde el bosque llamaron á los nuestros que saliesen en tierra, y los nuestros á ellos que viniesen á la mar. Los isleños estaban emboscados con arcos y fechas para matar á los nuestros en saliendo á tierra; y entendiendo esto los nuestros, tiraron á tierra algunos arcabuzazos; y unas mugeres comenzaron á dar grandes voces, por lo cual los nuestros dexaron de tirar mas arcabuzazos. Entre tanto la nao andaba barloventeando de una vuelta y de otra sobre la boca del puerto esperando el batel, y quando oyó Sarmiento la arcabucería hizo arribar para el puerto y aprestar una pieza; y el batel vino luego con una piragua amarrada por popa, y digeron lo arriba dicho, y que habían visto quantidad de gente y buen puerto y tierra apacible. Llamamos á ésta, isla de la Gente. Aquí tomamos la altura en cincuenta y tres grados y dos tercios. Tiene esta isla de la Gente arrimada otra á sí, la vuelta del sueste, que le abriga el puerto. Esta es la postrera destas isletas. Legua y media al leste desta isla está una ensenada que llamamos la Playa, porque la tiene grande. En esta ensenada en la mesma altura dicha, y al susudueste della en la costa del sur de la mano derecha tres leguas, está una gran ensenada, que llamamos bahía de San Simon. Desde esta bahía de San Simon va la costa al leste tres leguas hasta una punta que se llama Tinquichisgua. Desde esta punta va la vuelta del sudueste una gran bahía donde está un monte muy alto agudo delante de unas sierras nevadas. Este monte es el que llaman las Relaciones antiguas la Campana de Roldán. Toda esta bahía de la Campana es cercada de sierras altas y nevadas: y las tres leguas de tierra que se dijo haber entre la bahía de San-Simon y la punta de Tinquichisgua es toda tierra despedazada, alta y nevada. Aquí son las islas Nevadas que dice las Relaciones viejas, y no las cuatro que están en medio de la canal del estrecho. Por la bahía de San Simon entra un brazo la vuelta del sueste. Por aquí tiene la canal deste estrecho tres leguas de ancho, y la costa de la banda del norte es de mejor vista, y tiene faldas y llanadas á la mar, y valles y rios; y la costa del sur es toda peñascos é islas nevadas hasta la bahía de San Simon. Toda poblacion que hasta aquí se topó se halló de la banda del sur. Desde la playa de 53 grados y dos tercios sigue un cuarto de legua la costa al sudueste hasta una punta que se nombró San Julian, y luego detras della entra un rio por una playa que va la vuelta del nornordeste como una legua, y desde allí vuelve al leste. Es todo esto playa y tierra baja á la mar, y va un valle por este rio arriba, y parece abrigado; a lo ménos hoy, á la hora que esto escribo, hace calor de estío y calma, y sabe muy bien la agua fría con estar cercados de sierras nevadas y balsas de nieve por la mar en cincuenta y tres grados y dos tercios, donde en muchos meses no suele verse el sol. Este dia hizo poca corriente hasta puesta del Sol ni en flujo, ni reflujo, y la calma y calor fué grande, que no pudimos caminar sinó obra de tres leguas, y lo mas dello con el batel al remolque fuimos á surgir. Este dia se puso el sol al Oeste quarta al sudueste á las seis horas y cuatro minutos, de manera que este dia, que son nueve de febrero, tuvo el dia trece horas y media y un décimo de hora, que son seis minutos de hora, y la noche tuvo diez horas y dos quintos de hora en este rio Hondo en cincuenta y tres grados y dos tercios en este estrecho, agora de nuevo nombrado por el General Pedro Sarmiento Estrecho de la Madre de Dios, estando el sol en veinte y nueve grados y cincuenta y siete minutos de Acuario. Este dia anduvimos poco mas adelante por las calmas y corrientes. Anduvimos cuatro leguas, y lo mas fué remolcando la nao con el batel lo mas del dia y toda la noche, y nunca pudimos llegar á la costa, ó á parte donde pudiesemos hallar ningun fondo. El miércoles diez de febrero amaneció el cielo claro y el viento calma; y como no habíamos surgido, no tuvimos que levarnos. Fuimos al remolque hasta que comenzó á ventar viento sueste bonancible. Duró poco; calmó luego: y desta manera un rato al remolque, y otro con viento ó vahajuelos del suestes, íbamos unas veces adelante y otras descayendo. Este dia tomamos la altura en cincuenta y tres grados y tres cuartos, y dende á poco despues de mediodía comenzó el vahage del sueste y atravesamos á la otra costa de la banda del sur, y por ella vimos dos grandes boquerones, junto uno de otro, y muchas caletas y puertos, y mucha cuantidad de hierba cerca de la costa. Calmónos el viento, y con el remolque nos llegamos á la costa del sur, y dimos fondo desabrigados y frontero de una caleta de agua dulce: y aquí salimos en tierra Pedro Sarmiento y Anton Páblos con algunos soldados arcabuceros y rodeleros, y subimos á un alto á marcar y explorar: y estando en lo alto vimos refrescar el norte y bajamos aprisa y nos embarcamos, y en zarpando el ancla para nos hacer á la vela para surgir detras de una punta que parecía adelante calmó el viento, y por esto volvimos á dar fondo;.y aquí estuvimos esta noche surtos y con gran cuidado y guarda. Refrescó una vez al noroeste, y luego calmó. Tiene por aquí la canal de ancho cuatro leguas. Llamóse esta caleta de Agua dulce. Esta parece buena tierra; pero no vimos barrial. Juéves once febrero hicimos vela en nombre de la Santísima Trenidad, y seguimos la costa de la mano derecha, que es la del Sur desde la caleta de Agua dulce dos leguas, hasta una punta que nombramos de San Bernabé; y media legua de la caleta de Agua dulce hay un brazo ancho que va la vuelta del sur hasta topar en una frente de tierra mas de cinco leguas, y al cabo por una parte y por otra hace brazos. Tiene una isla grande y dos farallones á la boca. Llaméla bahía de San Pedro. Tiene de boca y ancho quasi media legua, y desde aquí va la costa haciendo arco, y en medio tiene una gran caja, y al norte de la punta de San Bernabé en la otra costa parte la cordillera que está sobre la mar hasta la mar, y por aquí parece gran valle la tierra adentro. Llamóse Gran Valle. Tiene de ancho la canal por aquí dos leguas. Desde la punta de San Bernabé va la costa al susueste, y desde la mesma punta de San Bernabé arrimando á ella entra una bahía la vuelta del sur cuarta al sueste tres leguas, y vuelve con un brazo la vuelta del sudueste, y lejos parece una cordillera nevada. Nombráse este brazo bahía de San Fernando. Tiene por aquí la canal tres leguas de ancho de Norte-sur. De la punta de San Fernando la vuelta del nordeste tres leguas que es la travesía del estrecho, está una punta que se llamó punta de Santa Agueda. Esta punta hace un morro alto gordo nevado, y una quebrada entre él y la Sierra Nevada, desta manera: Desde la punta de San Bernabé vuelve por aquella parte de la tierra del sur la costa al lessueste seis leguas hasta una cordillera, que es de mucha nieve, que está tendida llana; y ántes della está un morro alto con un pico como vernal, y en medio deste vernal y de un monte que parece pan de azúcar está otro morro con tres puntas. Este vernal, ó Pan de Azúcar, tiene figura de campana. De la una parte de los morros hai una boca y de la otra hai otra:. la figura es esta: Desde esta punta y morro de Sancta Agueda por la costa del norte vuelve la costa al norte sobre la cuarta del nordeste hasta una punta, que se llamó punta de Santa Brígida una legua. Es punta delgada y baja. En esta legua hay muchas playuelas de arena. Este pedazo de tierra es montosa, y tierra alta, y la punta de Santa Brigida es toda playuelas desde el Pan de Azúcar de los boquerones hasta esta punta. Demora el uno por el otro norueste-sueste cuarta de norte-sur seis leguas. Desta ensenada de la mano derecha, donde está el Pan-de-Azúcar y vernal, van dos brazos y canales grandes una la vuelta del sur, que llamé la canal de la Madalena, y otra al sueste, que se nombró canal de San Gabriel; y al oeste de la puncta de Santa Brígida está una gran bahía toda de playales de arena. Tiene rio y en medio de la bahía un faralion. Llamóse bahía de Sancta Brígida y Sancta Agueda, por estar ambas juntas y mas arrimadas á la de Sancta Brígida. El rio hace un gran valle entre dos sierras, y va un trecho al nornoroeste, y de allí parecía volver al nordeste. Llamámosle rio del Valle Grande. La punta de Santa Brígida es isla pequeña algo prolongada, y hacia la banda del sur es tajada, que parece cortada, con unos árboles ralos y solos en lo alto della. Desde la puncta de Santa Brigida está otra punta delgada lesnordeste-oessudueste. Llamé á esta punta de Sanct-Isidro que hace al remate un mogote como á manera de farallon. Entre estas dos puntas hay dos ensenadas grandes. Desde la punta de Sancti-Isidro á la costa del sur de la otra banda y costa de la mano derecha están dos sierras y en medio dellas un valle hondo lesueste- oesnoroeste, cuatro leguas de ancho de estrecho y canal de la punta de Sancti-Isidro. Llamámosla Valle Hondo. Aquí hallamos escarcéo y grandes hileros de corrientes, que es encuentro de maréas. Desde la puncta de Sancti-Isidro á un morro alto que está de la otra banda en la otra costa la vuelta del sueste tiene por aquí la canal del estrecho de ancho cuatro leguas. Llamóse morro de Lomas: y desde este morro de Lomas, siguiendo la costa al lesnordeste, comienza la tierra baja y de buen parecer de lomas; y acabada la punta del Morro, sobre la tierra baja hace una gran ensenada, y por aquí tiene de ancho la canal ocho leguas lessueste-oesnoroeste. La puncta de San Isidro está en cincuenta y cuatro grados escasos. Desde esta dicha punta vuelve la costa firme del norte hasta una punta larga llamada punta de Santana, nornordeste-susudueste: y junto á la punta de Sanct-Isidro está una playa de arena á manera de ensenada. Aquí vimos gente en tierra, y desde la playa nos dieron voces: por lo cual la llamamos la playa de las Voces. Desde aquí va entrando la ensenada hasta la punta de Sancta Ana; y dos leguas desta punta de Santa Ana al, sudueste en medio de la ensenada surgimos en siete brazas, buen fondo, que toda esta ensenada es de buen fondo; á lo rriénos esto que nosotros sondamos. Aquí tomamos agua y leña; y estando nuestra gente en tierra, vinieron á ellos los naturales que nos habían dado voces, como se dijo ántes, y abrazaron á los nuestros y comenzaron á tratarse familiarmente unos con otros: y como Pedro Sarmiento lo vido desde la nao, les embió sartas de chaquiras, peines y cascabeles, bizcocho y carne; y estuvieron sentados con el Alférez y Hernando Alonso y con los demas christianos, que eran diez, en buena comunicacion por señas, y dieron á entender estar contentos con nuestra amistad con lo que se les había dado, y digeron que se querían ir á dormir, y que mañana volverían; y quedando, á lo que pareció, muy nuestros amigos, se fueron á sus chozas. A esta bahía se llamó bahía de la Gente, y al rio que había allí, rio de San Juan. En este rio tomamos la altura en cincuenta y tres grados y dos tercios. Desde este puerto y rio de San Juan parece una abra y boca de canal entre dos tierras la vuelta del leste cuarta al nordeste ocho leguas; y la tierra que esta abra tiene al sur llamamos punta de San Valentin, y la que tiene al norte se nombró punta del Boqueron. Tendrá este boqueron de ancho media legua. La tierra del cabo de San Valentin es continuada hasta el morro y ensenada de Lomas ántes dicha; y desde la ensenada de Lomas va descendiendo la tierra, haciendo llana y adelgazándose hasta que en la punta de San Valentin se viene á hacer tan llana como la mar; y la chapa que desciende desta tierra hacia la canal del Estrecho es tierra blanca como arenales blancos. Es tierra buena, sombrada y apacible á la vista y en la costa del norte hai buenos valles y rios de buen agua, y muy buena madera, y buenos puertos y surgideros. Este dia tuvimos viento oeste bonancible hasta las diez, todo lo que duró la menguante de la mar, y dende las once ventó sur fresco claro toda la creciente de la maréa. Las corrientes de aquí son con las maréas. Desde este puerto y ensenada, y desde la canal adentro la vuelta del sur, se vé un volcan nevado que hace una sillada de dos puntas en la cumbre; y al norte del volcan nevado parecen el vernal y pan de Azúcar, que por esta parte hacen esta figura. Quando el que viniere entrando por este estrecho de acia la mar del norte para desembocar á la del sur verá estos volcanes y montes de la figura aquí pintada, y por medio un gran canal y boca que parece mayor que la principal, y podríase engañar y ensenarse, y errar el parage y camino. Por tanto, sea aviso que no vayas por la canal que va entre los montes, sinó que, en llegando á descubrir estos dichos montes todos tres, se descubre una canal á mano derecha de los dichos montes, la vuelta del noroeste quarta del oeste, y aquella es la buena canal, y por allí se ha de ir, y dejar á la mano izquierda todos los dichos tres montes; y el que viniere de la mar del Sur los ha de dejar á la mano derecha. Viérnes doce de febrero salió la gente nuestra en tierra para acabarnos de apercibirnos de agua y leña, y á cortar madera para fortalecer la nao, que tenía mucha necesidad dello para tan largo camino como se esperaba; y entretanto que hacían esto en tierra, Pedro Sarmiento fue en el batel fuera á descubrir, y llevó consigo al Padre Vicario y á Antón Pablos, piloto de la Capitana, y siete compañeros marineros, y fueron á la punta de Sanctana, que está dos leguas y medio del rio; y legua y media del rio sale una punta de tierra de arena muy baja, y della un placel que va saliendo mas de media legua á la mar, y mas de úna á luengo de costa: y entre esta punta de Placel, y la de Santana hay una gran ensenada. En todo esto hai gran suma de madera echada á la Costa en las partes que bate el sur, que debe ser aqui tormentoso en imbierno, porque el Norte viene aqui por sobre la tierra. Llegamos á la punta de Santana, y subimos á una mesa alta donde hay grandes rasos y cabañas de muy buena hierba para ganado, y vimos dos venados grandes y muy gordos: y un arcabucero mató el uno, y el que se huyó tenía grandes astas. Aquí reconocimos la canal y altura y marcamos la tierra. Desde esta punta de Santana demora la abra de San Valentin al leste cuarta al nordeste seis leguas; y desde esta punta de Santana vuelve la costa al norte cuarta al nordeste hasta una punta que llamé de San Antonio de Padua, diez leguas; y, en medio, hace cinco ancones; y en la Punta del quarto ancon sale una restinga que tendrá una legua de largo la vuelta del sueste; y tomamos con Sarmiento y Anton Páblos la altura en tierra en cincuenta y tres grados y medio largos, y pusimos una cruz grande en esta punta: y el General Pedro Sarmiento tomó solemnemente la Posesion por V. M. y puso al pie de la cruz, dentro de un gran mojon de piedras, una carta en unos cascos de botija breados y con polvos de carbon, por ser incorruptible, y en el palo de la cruz escrito de letras cavadas: Carta al pie. En esta carta se daba aviso á todas las naciones y gentes como esta tierra es de V Magestad, y como se tomó la Posesion por la Corona de Castilla y Leon para que no pretendan ignorancia, y como este estrecho en nombre de Su Magestad le fué puesto nombre Estrecho de la Madre de Dios, á quien Pedro Sarmiento tomó por abogada en este Viage y Descubrimiento: y mándase al Almirante, si acaso por aquí llegase, que con la Relacion de lo hecho, y con saber como esta nao capitana, y Pedro Sarmiento en ella iba delante, se volviese al Pirú á dar aviso á su Excelencia. Y firmaron esta carta Pedro Sarmiento y el Padre Vicario, y el Piloto Anton Páblos, y volvimos al navío de baja mar, donde hallamos quel placel descarna aquí mucho en la menguante, que hubimos menester meternos á la mar con algun trabajo de los bogadores para poder montar el placel. Púsose fuego á la cabaña con el fuego que se hizo para derretir la brea y, segun despues supimos, a este tiempo habían venido los indios adonde estaba nuestra gente haciendo agua legua con sus hijos y mugeres y, estando en gran conversación, vieron el humo del fuego que salía del monte que se quemaba, y luego se fueron, que no los pudieron detener, creyendo que eran aquellos humos de los gigantes con quien deben de tener guerra, y deben ser mas Poderosos que ellos. Trajeron de presente un pedazo de carne de lobo marino hediondo, y pájaros niños de mar, y murtiña, fruta colorada como cerezas, y unos pedazos de pedernal, pasados, y pintados de margarita de oro y plata: y preguntándoles que para qué era aquello, dijeron por señas, que pára sacar fuego; y luego uno de ellos tomó unas plumas de las que trahía, y sirviendole de yesca, sacó fuego con el pedernal. Paréceme que es caja de metal de plata u oro de veta, porque es al natural como el curiquijo de poíco en el Pirú. Quando hicimos fuego en esta punta respondieron con otros muchos humos en la otra isla de en frente, que se llamó de S. Pablo. Desde el rio de San Juan demora la punta de Santana al Nordeste cuarta al norte dos leguas y media. El sábado trece deste mes de dijo Misa en tierra y se puso la fragua en tierra, y se hizo la pernería que fué menester para corbatones y llaves, y fortaleciose la proa con corbatones y reatas. Aquí en este rio de San Juan, Pedro Sarmiento tomó la Posesion, y hizo un gran mojon de piedra y en él arboló una Cruz alta que se parecía desde toda la canal de el estrecho, y se puso una carta que es la siguiente.
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Junto al innovador Villalpando y al mucho más tradicional, pero hábil técnicamente, González de Lara, trabajan en Toledo algunas figuras de importancia menor, como Pedro de Velasco y Gregorio Pardo, el yerno de Covarrubias, que son aún maestros platerescos pese a su supuesta formación y continuos contactos con el maestro de Torrijos, Nicolás de Vergara el Viejo, quien probablemente viajó a Italia antes de 1542. Es un artista en el sentido más amplio de la palabra: aunque su actividad se centra fundamentalmente en los campos de la vidriería, orfebrería, pintura, escultura y retablística, interviene de forma esporádica en obras de arquitectura, en las que se muestra seguidor ortodoxo de Vitruvio en el uso del léxico clásico y decorador en el estilo clasicista ornamentado del tercer cuarto del siglo XVI. La generación posterior es precisamente la encargada de romper con esa tradición arquitectónica toledana, aunque sus arquitectos se formasen en ella, y adoptar los postulados de Juan de Herrera y el estilo de El Escorial. Entre los arquitectos herrerianos de la ciudad destacan Juan Bautista Monegro, Diego de Alcántara y Nicolás de Vergara el Mozo, formado con su padre y encarnación en sus comienzos de esa tradición local de mediados de siglo. Tan sólo Diego Velasco de Avila el Mozo mantuvo su estilo dentro del clasicismo ornamentado toledano de raíz serliana introducido por Villalpando, pero la rápida adopción de las nuevas tendencias estilísticas en la ciudad le obligó a trasladarse a Sevilla en 1579 -Andalucía fue la región en la que más tardíamente se impuso el estilo de los nuevos clasicistas- y no regresar nunca a Toledo.
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El más importante de los contemporáneos de Covarrubias es, sin lugar a dudas, Francisco de Villalpando -(¿Villalpando?, h. 1510 - Toledo, 1561), miembro de la familia zamorana de los Corral de Villalpando. En Toledo actuó como escultor y rejero, y fue una de las figuras más interesantes de la arquitectura de la ciudad a mediados de la centuria. No se tienen noticias seguras suyas hasta 1540, cuando participó en el concurso de las rejas para el coro y el altar mayor de la catedral de Toledo promovido por el cardenal Tavera, consiguiendo un año después el último. En 1542 se trasladó definitivamente desde Valladolid a Toledo, donde gozaba de la protección de Tavera, de la ayuda de Gaspar de Vega, su cuñado, que trabajaba en las obras reales, y probablemente del prestigio que le daba el viaje a Italia, quizá realizado entre 1533 y 1537, que apuntan su conocimiento de la lengua toscana y de la técnica de la fundición en bronce. En Toledo llevó a cabo los púlpitos de bronce para la capilla mayor de la catedral (1543-1552), la reja del Altar de Prima del coro y las puertas de bronce de la Puerta de los Leones, terminadas en 1564 por su hermano Ruy Díez del Corral. En todas ellas muestra claras influencias de la obra de Serlio, tanto en los esquemas compositivos como en la decoración, y ciertos recuerdos del estilo característico de su familia. Así, por ejemplo, el esquema utilizado en la Puerta de los Leones procede de los dibujos de los techos de madera de orden compuesto del Libro IV de Serlio; los elementos decorativos de la reja de la capilla mayor, en la que aparecen tarjas, leones, figuras humanas con cuerpo de cesto o con alas vegetales, proceden del mismo libro. Por el contrario, la utilización frecuente de cariátides y telamones tiene una motivación doble, la obra de Serlio y la tradición decorativa de la familia Corral. Su labor arquitectónica, reducida pero importante por lo innovadora, puesto que él es el máximo representante de la corriente serliana en la zona centro a mediados del siglo XVI, parece que se inicia en 1550, cuando contrata su primera obra en sustitución de Hernán González de Lara; se trata del patio del Alcázar toledano, donde también lleva a cabo, en 1552, las arquerías de la escalera, con traza de Alonso de Covarrubias. En cuanto a la escalera preimperial, ya se señaló que el proyecto se debe a Covarrubias, aunque es posible que su forma definitiva -la ampliación de 1553 para ocupar toda la anchura de la panda del patio partiendo del proyecto de Covarrubias del año anteriorsea idea de Villalpando, a falta de la obra posterior de la caja, de la que se ocupó Juan de Herrera. A partir de este momento Villalpando aparece como tracista y arquitecto -aunque un año antes ya se había autodenominado así en su traducción de Serlio-, uniendo a la faceta puramente práctica de la actividad constructiva el diseño arquitectónico, lo que realiza en varias ocasiones en colaboración con el entonces ya anciano Covarrubias, que le encarga tareas de tracista y escultor en algunas de sus obras. Entre sus realizaciones destaca la portada del Colegio de Infantes (1555) -fábrica que dirigía Covarrubias-, la primera obra conocida proyectada por él; en ella reproduce en piedra el léxico decorativo de sus trabajos de rejería. Desde 1558 hasta su muerte dirige la fábrica de la casa del secretario de Felipe II don Diego de Vargas (desaparecida), de acuerdo con una traza de Luis de Vega que debió completar en lo tocante a la fachada principal, patio y escalera. Su última obra es una de las portadas del Hospital de Santa Cruz, que traza en 1559, en la que sustituye la decoración figurativa (cariátides, putti, hermas, guirnaldas) que aparecía en el Colegio de Infantes y en el Alcázar por otra estrictamente arquitectónica, como ya había hecho en la casa de Vargas. Sus últimas realizaciones suponen un paso más en la evolución arquitectónica toledana, que también puede observarse en las de Covarrubias, el cambio del estilo ornamentado -que supera al plateresco, puesto que su decoración es ya estructural- al desornamentado anterior a Herrera. Sin embargo, su contribución más importante a la arquitectura del momento la constituye su traducción de los libros III y IV del tratado de Sebastiano Serlio, publicada en Toledo en 1552 por Juan de Ayala, fundamental para el conocimiento de las fuentes arquitectónicas en la España de mediados del XVI. Su éxito fue enorme, como lo prueba el hecho de que se realizasen tres ediciones en veinte años, con una tirada total de unos 3.000 ejemplares. Para su traducción debió utilizar las ediciones venecianas de 1540, de las que mantuvo el tamaño y las xilografías, que volvió a tallar a tal efecto con escasísimas diferencias, pero no así la forma del texto, que modifica y anota para hacerlo más comprensible a los lectores españoles. La obra estaba dirigida tanto a los príncipes como a los artífices, en un intento de valorar la profesión de arquitecto ante los ojos de los primeros y de la sociedad en general, además de dar a conocer a los profesionales contemporáneos las doctrinas vitruvianas, a través de Serlio, puesto que ésta es la primera traducción española -a excepción del tratado de Sagredo- de un teórico vitruviano y clasicista. Presenta a los constructores un muestrario de estructuras arquitectónicas clásicas, de conceptos clasicistas y de soluciones nuevas a problemas de iluminación, imitación de la naturaleza o licencias, además de hacer hincapié en los conocimientos necesarios para practicar la arquitectura y en el dibujo. El proporcionó a la arquitectura renacentista española la base teórica del clasicismo y del manierismo, su licencia.
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Aunque la escuela sienesa se analiza muy a menudo como algo cerrado en sí mismo, la formación de sus escultores obedece en ocasiones a pautas ajenas a la misma, y éste es el caso de Tino de Camaíno (c. 1280-1337), cuya trayectoria profesional arranca después de unos años de aprendizaje en el taller de Giovanni Pisano. Aunque hijo de otro escultor, vinculado laboralmente al Duomo de su ciudad natal, Tino se forma en Pisa y debe mucho no sólo a la escuela sino a su directo maestro. Como Giovanni, cultiva un lenguaje expresionista y recurre habitualmente al "non finito" en sus realizaciones. Además, el éxito profesional le llevó a la Corte de Roberto de Anjou en Nápoles, y fue con ello artífice de la difusión hacia el sur de los presupuestos formales y estilísticos pisanos.También en su caso destaca la producción funeraria, que se desarrolla a partir de las innovaciones aportadas a este género por Arnolfo di Cambio. La monumentalidad y los puntuales recursos escenográficos, se mantienen en obras tan significativas como el sepulcro del cardenal Petroni de la catedral de Siena, o el del emperador Arrigo VII de Luxemburgo en el Camposanto de Pisa, desgraciadamente desmontado.La llegada de Tino a Nápoles se produjo en 1323 y permaneció en la ciudad hasta su muerte, lo que supone un lapso de catorce años. Sin duda, entre las obras toscanas y las que ejecuta en la etapa final de su vida existen diferencias. Sus túmulos -mayoritariamente realiza este tipo de encargos en el sur- mantienen la monumentalidad habitual, pero los personajes que figuran en ellos se han dulcificado, y ha desaparecido de sus rostros la gravedad anterior. Es evidente que hay que atribuir el cambio al impacto que el entono cortesano y amable del ambiente napolitano ejerció en el artista.El sienés Lorenzo Maitani es conocido casi exclusivamente por su magistral conducción de los trabajos de la catedral de Orvieto. Comenzada en 1290, se incorporó a ella hacia 1310. En base a su maestría se ha sobreentendido su actividad escultórica, centrada en los relieves que presiden la zona baja de la fachada occidental, y en algunas figuras confeccionadas en bronce.Los relieves de mármol desarrollan distintos ciclos: Génesis, Árbol de Jesé, Temas del Antiguo y del Nuevo Testamento, Juicio Final, etc. Se trata de un amplio ciclo iconográfico, en cuya ejecución han trabajado al unísono distintos artistas según lo prueban las diferencias estilísticas perceptibles. Es fácil, incluso, que estemos ante el resultado de un trabajo muy organizado, en el curso del cual los artífices intervinieron según su especialidad. Los gastos de la fábrica mencionan un número crecido de maestros trabajando en esta zona, lo cual avala lo dicho.Se ha intentado aislar en este difícil contexto la personalidad artística de Lorenzo Maitani. Es indudable que dirigió el plan general, pero también parece probable que interviniera directamente en los relieves. Indudablemente se trata de un difícil reto, por las mismas condiciones en que fue realizado el proyecto. Pero es factible suponer que depende de él lo que se ha dado en llamar taller principal, que trabaja en las partes bajas de los cuatro pilares y en las superiores de los dos centrales y que ejecuta, además, los ángeles de bronce del primer pilar. En esta zona se encuentran algunos de los más bellos fragmentos de la fachada: el magnífico condenado del infierno, las escenas iniciales del Génesis. Ciertos rasgos característicos (recurrencia al mundo antiguo) conectan esta producción con la de otros maestros contemporáneos (Giovanni Pisano, por ejemplo), o ponen de relieve preocupaciones (como la representación del espacio), que son también consustanciales a los escultores del momento, pero particularmente a los de la escuela sienesa (Giovanni d'Agostino y su espacio pictórico), Lorenzo Maitani o el taller principal de Orvieto constituyen, no obstante, un mundo en cierta medida aparte. La sutil delicadeza, su marcado refinamiento formal, no acaban de tener contemporáneamente su exacto parangón en otros artífices italianos.Entre 1330 y 1336 se realizaron las primeras puertas de bronce del Baptisterio de la catedral de Florencia, uno de los proyectos de más feliz resolución de todo el Trecento italiano. La combinación de un diseño muy adecuado y original como enmarcamiento de las escenas, junto con una ejecución impecable, justifican el éxito de la obra y el mimetismo que ejerció posteriormente en Ghiberti, cuando a este escultor se le encomendaron las segundas puertas del Baptisterio florentino.El proyecto está perfectamente documentado. Es sabido, por ejemplo, que en 1329 se encargó a un orfebre de la ciudad que dibujara unas puertas que existían en Pisa, y que se trasladara posteriormente a Venecia para seleccionar un maestro apto en los trabajos de metalistería. El inicio definitivo se sitúa en 1330 (22 de enero) y el responsable del mismo es un artífice llamado Andrea. Se trata de Andrea Ugolino, al que hoy conocemos como Andrea Pisano, que llevará la empresa a su fin en junio de 1336.La tumba monumental italiana tiene en Arnolfo di Cambio a su iniciador. Agostino di Giovanni y Agnolo di Ventura en el mausoleo del obispo Guido Tarlatti de la catedral de Arezzo (1330), o, más tarde, Giovanni y Pacio da Firenze en el de Roberto de Anjou en Nápoles (1343-1345), van a llevar esta vía a sus máximas consecuencias. En el plano del sepulcro santo, las experiencias iniciadas por Nicola Pisano (Arca de santo Domingo en Bolonia) van a alcanzar con Giovanni di Balduccio su formulación más espectacular.Este artífice vinculado al ambiente pisano es aún un escultor en formación en 1318. Se le documenta como tal en Pisa tras la partida de Tino di Camaino hacia Nápoles. Su primera obra autógrafa data de las proximidades de 1328 y, ya en 1339, está al frente de uno de los grandes proyectos de toda su carrera: la tumba de san Eustorgio de Milán, a la que siguió quizás la de san Agustín en San Pietro in Ciel d'Oro de Pavía. Esta última atribuida, pero no documentada. Su asentimiento por unos años en la Lombardía supone la irradiación hacia esta zona de los presupuestos pisanos, en la misma medida en que Tino los difunde hacia Nápoles.
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En sentido opuesto al Patio de la Herradura se construye en el Palacio de La Granja de San Ildefonso un nuevo patio de honor de apariencia más austera, de resultado igualmente portentoso. Sus arcos separados por pilastras, el majestuoso pórtico dórico y la tripartita logia está basado también en un ritmo triádico y comprometido en la misma intención de fastuosidad. En el polo axial del edificio, se inserta la fachada de la Colegiata que crea un eficaz contraste con su distendida curvatura organizada según nuevas leyes de relación asociativa. El programa no se realizó sin vencer ciertas dificultades que afectaron también a la fachada Este que en su cuerpo central había sido trazada por Juvara y construida por Sachetti. Los dos lienzos que la encuadran contribuyen a una mayor extensión, pero sitúan la fachada en su espacio definido, contribuyen a su alzado triunfal y al efecto escenográfico que produce vista desde el jardín en su tendido unitario y su apariencia de galería. Subisati y Procaccini, en su proceso ideativo, no se comportan como artífices meramente técnicos como en alguna ocasión se ha dicho. Dan paso a una tendencia exuberante partiendo de una cierta simetría, dúctil, variada y compleja en un válido ejercicio de perspectiva y musicalidad.Santiago Bonavia no fue partidario de limitar el término de aplicación barroco a la tendencia berniniana que fue su punto de partida. El panorama de su arte nos lleva a la polémica entre borrominismo y clasicismo barroco en su propia y personal medida. Su visión penetra gradualmente en un mundo de sutiles interpretaciones que son fruto de una larga reflexión. Tras su llegada a España y sus inicios en el arte de la decoración junto a su maestro Galuzzi, en 1728, su arte emigra hacia la especulación constructiva midiéndose su talento en Aranjuez como racional urbanista de la ciudad cortesana, como director artístico de aquel magno conjunto palacial y como constructor neto en cuyo oficio demuestra habilidad y originalidad. En cada que hacer artístico su temperamento le permite operar libremente dando lugar a especializaciones teatrales como demuestra en la construcción del Teatro de Buen Retiro y Caños del Peral, a estudios de habilidad visual en los que se opera con la seducción de lo sagrado y profano como en la conjugación de la Plaza de San Antonio de Aranjuez delineada en función del templo que subraya lo extraordinario del encuentro entre un valor urbano-arquitectónico y donde el motivo real, la iglesia central de alas porticadas esparcidas en el espacio, adquieran el valor de escena, y el volumen y cúpula al fondo, valor de escultura con la unidad visual y conceptual de un cuadro de caballete.Transfiere la fuerza de su dinamismo en la síntesis de la iglesia de San Justo y Pastor, obra patrocinada por el infante Don Luis y comenzada en 1739, donde la compartimentación de espacios elípticos y las posiciones de opuesto retroceso de pilastras y nervaduras evocan a Guarino y la arquitectura alemana. Sus obras se reducen a una rigurosa racionalidad, de representaciones reducidas a la esencialidad de las formas, pero de repente subraya su encuentro con el delirio ornamental del rococó que plasma en bellísimos diseños de muebles o en decoraciones reales de interior. Los convexos planos de la iglesia de San Justo y Pastor y las ostentosas curvaturas de vanos y fachada contrarrestan el carácter fantástico e indefinido del ornamento ceñido a las superficies y al ondulado entablamento. Bonavia roza a menudo la rigidez del lenguaje berniniano como es evidente en la fachada del palacio de Aranjuez con su pórtico adelantado que emula el estilo del Barberini romano y despierta sensación de agitación en la experiencia exagerada y escenográfica de la escalera principal del mismo edificio, la cual ejemplifica el capricho y la inestabilidad escondida tras la pompa palaciega. Se mueve entre el rigor doctrinal de Bernini y la superación introspectiva espacial de Borromini. Fue un punto de vista con valor independiente pero que se adscribe formalmente a la emotiva especulación del barroco.Asociado a la obra de Bonavia y en conexión con su estilo, el arquitecto Virgilio Ravaglio se singulariza en la construcción del Palacio de Riofrío. Aunque la colaboración de Carlos Fraschina se estima en su valor, la idea de Ravaglio pesa en el diseño, realizado hacia 1750, siendo una obra en la que se muestra con cierto exhibicionismo la impronta del Palacio Real de Madrid, edificio en fase de terminación por aquellos años. Rigurosamente reglamentado, desnudo y casi ostentoso en su simplicidad, es ilustrativo de la imagen nueva palacial surgida tras la puesta en marcha de la normativa de Juvara-Sachetti. Esta referencia se aprecia en la elección de su volumen corpóreo y mayestático. Pero no resulta una fácil comprensión de aquel fasto estético. Riofrío es una imagen más apagada, con cierto conformismo en un lenguaje tradicional italiano, que no alcanza la expresión plástica y pictórica del edificio, que en su esquema autoritario le sirve de guía.El influjo de Italia se fue vertiendo a través de otros artistas que como Santiago Pavía en el madrileño Hospital de los Italianos rozaron el plagio de monumentos del barroco romano. Antonio Carlos de Borbón mostró su habilidad en el tema de las Caballerizas, que maduró y sorprendió con algunas interpretaciones en las que se fusionan esquemas distantes en el tiempo como fue la relación que se establece en las de Santa Bárbara entre Filarete y Fuga. Su gran experiencia también se puso a prueba en la Fábrica de porcelana del Buen Retiro a la que trasladó el esquema palacial y la distribución funcionalista de la fábrica de Capodimonte.El gusto figurativo italiano de la época en su tendencia clasicista y en sus valores eclécticos hallaron su culminación con la llegada a la corte española de Francisco Sabatini, discípulo de Luigi Vanvitelli. Fue favorecido por Carlos III con la concesión de varios títulos y, como dice Cean, "fue el profesor más condecorado que se ha conocido en Europa". Remodeló y completó numerosas obras y le fueron confiadas también algunas de las empresas más representativas de la época a partir de su llegada a Madrid en 1760. Su obra es una oposición a la diversidad de formas y de corrientes de la época o al menos a sus aspectos más radicales. La acusación que se le ha hecho es la de un excesivo eclecticismo que resta unidad a su legado. No hay duda de que Sabatini se encuentra un mundo en transformación, un proceso vivido incluso antes de su viaje a España en los centros de Palermo y Nápoles donde transcurrieron los años de su formación.Pone en primer plano su pertenencia al barroco tardío de Vanvitelli dialogando con los mismos recursos del célebre arquitecto napolitano. Pero es hostil a cualquier principio de imitación y sin pretender ser completo ni definitivo, es representante de un formulario italiano que permite mantenerse hasta el fin del siglo. Su arquitectura está compuesta con líneas reposadas, sobre cánones estilísticos firmes y opulentos, con cierta reconstrucción filológica tras riguroso examen de fuentes iconográficas napolitanas y romanas. Maduró progresivamente y en su denso catálogo figurativo no incide en prototipos, sino que se sirve de diferentes estímulos, lo cual favorece sus cambios iconográficos, en ocasiones de carácter contrapuesto. Es también por lo que su producción no fue uniforme ni responde a valores unitarios ni absolutos. Sabatini inventa un arte representativo de la autoridad en su temprana obra de la Puerta de Alcalá, impregnada del valor simbólico de los arcos triunfales, obra estilísticamente afortunadísima, y diseña el contrapunto de la Aduana de Madrid con reminiscencias de San Gallo y un interior de arquitectura limpia y racional para el cumplimiento de las funciones públicas. Estableció una extraña conexión entre los planos fríos del Convento de Santa Ana de Valladolid y su especulación neomanierista elíptica en el interior.Su concepción estructuralista en la Escuela de Cirugía y en el Hospital General de Madrid otorga nueva consistencia a su afán experimentalista, ya que en uno y otro plantea una exigencia práctica cumplida, controlando también una lingüística docta, depurada y controlada en sus fuentes para llegar a la imagen lúcida de un sistema formal palacial de alto rango. Sus obras son una síntesis recreativa y recuperativa del barroco clásico italiano que alcanzan significado en el orden técnico y en el diseño. En sus componentes de los Cuarteles de Leganés o de Leganitos se suscita el estímulo de Fuga y el Poveri napolitano. En este caso hay convenciones que forman una especie de código del artista. Pero se puede objetar que entre la imagen que crea el artista y el precedente icónico, aunque exista una correlación, siempre actúa con una motivación personal, se hace susceptible de nuevos límites europeocéntricos demostrando su superioridad intelectual. Sabatini revisa y actualiza constantemente sus métodos admitiendo incluso una renovación metodológica que diferencia el carácter escénico y de aparato de la escalera del Palacio de Godoy sustraída de la proyección artística de Caserta, junto a la reproducción mecánica impostada en el discurso de Fuga, descifrada y de lectura fácil que traslada al proyecto de San Pedro de Alcántara de Madrid.Todos los razonamientos y discursos de Sabatini tuvieron convergencia en su propuesta de reforma del Palacio Real de Madrid. Sus herramientas científicas al delinear el aumento del palacio por el costado norte es justamente una actitud de divergencia entre dos posiciones, en una nueva lectura de la obra que la hubiera distinguido del preciso diseño de volumen compacto de Sachetti. La extensión del edificio propuesta por Sabatini por los confines del Norte y del Sur está circunscrita a una interpretación crítica del arquitecto que fija la imagen de la residencia oficial de la monarquía en el valor histórico-ideológico de lo sacral.El templo casi irrelevante en el proyecto de Juvara-Sachetti se convierte en un elemento constitutivo de manera imperiosa del monumento estableciendo un cambio radical no sólo de la disposición exterior sino de la propia funcionalidad y semántica del Palacio nuevo. Cuantitativa y cualitativamente el sector norte que congrega el templo favorece la diáspora del edificio hacia otros motores de atracción de los que fueron asumidos en su génesis. Más que una teoría nueva arquitectónica, la propuesta de Sabatini genera un contrario dialéctico en un sincretismo de experiencia histórica y ética cristiana. Era el tema ideal de monumentum que expresa valores históricos y abarca la estabilidad y la casuística de las formas arquitectónicas que unen la reconstrucción ideal del monumento clásico con la funcionalidad religiosa del templo cristiano.Gran parte de su incidencia firme en la arquitectura española se debió a su condición de ingeniero militar, ya que el Cuerpo de Ejército así constituido tuvo una gran importancia con nombres como Lamaur, Hermosilla, Sttilinguert o Vargas, el traductor de Palladio bajo la dirección de Juan Pero Arnal. Su formación en este campo le condujo a la realización de obras de cierta envergadura como el Puente del Pardo uniendo la ciudad con el Cuartel de Valdelapeña. En este Real Sitio intervino como asesor de numerosas intervenciones urbanas, traza de edificios domésticos, y especialmente a él se debe la obra más significativa del lugar, el aumento del Palacio Real. Sin perder la analogía con el palacio de Carlos V, puesto que básicamente procedió a su duplicación, dio un nuevo formato al monumento no sólo por la nueva concreción formal del cuerpo intermedio entre los dos patios sino por su propia proyección en la espacialidad circundante.Su clasicismo barroco, en su lectura libre y fantasiosa de Vanvitelli, se manifestó ampliamente en la obra de la Escalera de honor del Palacio Real cuyo proyecto fue entendido como un receptáculo ricamente adornado. Trasgrediendo la regla fundamental de la correspondencia de la forma con la lógica de la construcción de doble direccionalidad, la modulación de Sabatini es una reacción luminosa de la superficie a lo romano animada con la sutil dialéctica de la exquisita cultura artística piamontesa.Esa herencia le confiere autoridad y remedia sus deficiencias que son latentes en la angostura de la primera escalada. La recomposición de Sabatini genera algo distinto de sí misma, algo que fue del edificio en el proyecto de Juvara, en el de Sachetti, en el de Ventura Rodríguez, porque todos ellos habían trazado para el Palacio la Escalera magna que le correspondía, la invención brillante de su monumentalidad, discursiva y retórica y, tal vez, por todo ello, por el exceso de su riqueza composicional sólo fue una invención episódica, efímera. La Escalera de Sabatini es el recuerdo de una gran creación interrumpida. En ella Sabatini evoca no obstante la tradición barroca de la arquitectura en la que a nuestro entender permanece hasta el final de su vida. Ello no evita su inquietud por las teorías de los racionalistas, el ser receptivo a las nuevas inquietudes ideológicas de Europa. La finalidad de su programa no es más que la última consecuencia de la poética barroca sin cuya alineación tendría muy poco sentido su incondicional servicio a la monarquía hispánica, amante todavía de ostentación y de gloria.
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Además de los grandes creadores del pop como Lichtenstein, Warhol o Wesselmann encontramos otros artistas como Larry Rivers. Del expresionismo abstracto arranca Larry Rivers -Yitzroch Loiza Grossberg- (1923), un saxofonista de jazz, que se había formado con Hofmann, Baziotes y De Kooning, gracias al cual se hace definitivamente pintor. Rivers enlaza con la pintura de historia -algo que no interesaba en absoluto por entonces- y en 1953 hace una versión del cuadro de E. Lentze del Metropolitan, Washington cruzando el Delaware (Nueva York, MOMA). Rivers mira con ironía la pintura de historia -y la Historia misma- y sus cuadros son parodias de un género típicamente académico, que él carga de crítica, como en La historia de la revolución rusa: de Marx a Maiakovski, de 1965, donde mezcla objetos -rifles, fotos...- con pintura o en los cuadros que dedica a Los últimos veteranos de la guerra civil, en los cuales aparecen estos soldados a punto de morir o ya muertos ante un fondo pomposo de barras y estrellas. Entre 1962 y 1964 pintó desnudos femeninos en la misma vertiente irónica, contraponiendo la sensualidad de la imagen con la visión fría y objetiva que resulta de numerar y nombrar sobre el lienzo las partes del cuerpo. En París, a principios de los años sesenta, realizó con J. Tinguely una obra titulada La amistad giratoria de América y Francia (1961, Berlín, colección Onnash), en la cual una máquina hace girar un cuadro colocado en su parte superior donde aparecen cajas de cigarrillos de los dos países. (Los límites entre el pop y los nuevos realistas los ponen los historiadores.)
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En Galicia, donde la arquitectura renacentista adquiere escaso desarrollo, la más genuina expresión del Plateresco la constituye la portada del Hospital Real de Santiago de Compostela, primero de los que se erigieron con trazas de Enrique de Egas (1501-1511) y ejemplo de la política asistencial de los Reyes Católicos. Su realización es obra del francés Guillén Colás y Martín de Blas, artista relacionado con Coimbra, y data de 1523. En esencia es una tradicional estructura retablística simple, con arco de ingreso abocinado y decoradas pilastras, que integra numerosas hornacinas e imágenes y remata en una auténtica crestería de flameros y figuras -su sentido orgánico es casi manuelino-, adornándose en su conjunto con apretadas labores, motivos y temas de inspiración italiana. Más audaz en su dinamismo y de suave modelado en la labra que viste sus columnas abalaustradas es la portada principal de Santa María la Grande, en Pontevedra, erigida en 1541 por Cornelis de Holanda, y soporte también de imágenes religiosas, bajo chambrana, que adolece de una descompensada y desarticulada integración de algunos de los elementos estructurales, en la calle central y en el ático. Mientras nacen las obras compostelanas de don Alonso de Fonseca 111, las de artistas foráneos (Alava, Rodrigo Gil, Silóe) ponen la nota más sobria de lo castellano (ala del Tesoro, catedral; colegio de Santiago). En lo leonés es otra fundación real, el convento de San Marcos, la que cubre su gótica fábrica de nueva planta con disfraz plateresco, primero en la fachada, erigida por Martín de Villarreal desde los años treinta, y luego en la sacristía (1549) y el claustro, obra de Juan de Badajoz el Mozo. La fachada, en la que intervinieron escultores franceses (Jamete, Juni), se resuelve en dos pisos y numerosas calles, de rítmica y adornada compartimentación, con frisos, pilastras y columnas abalaustradas enmarcando sus contados vanos, y está concebida para alojar numerosas imágenes. A juzgar por pilastras, enmarcamientos, balaustres, peinetas, doseletes avenerados y falso zócalo -con bustos de héroes y personajes cristianos-, se diría que la manera de Juan de Alava se alía con lo lombardo. Juan de Badajoz, que sucede a su padre en la obra de la catedral (librería, claustro), mantiene siempre un inequívoco discurso gótico que adorna a capricho con desnaturalizadas formas renacentistas, parasitarias de sus elaboradas bóvedas de crucería sobre repisas: claves pinjantes, entablamentos que mutan en doblados alfices, artificiosas ménsulas, festones, figuras agrutescadas y motivos de análoga factura, en los que se ha visto una influencia francesa, y que componen algo así como una fraudulenta versión gótica del estilo ornamentado. Así lo plasma con sorprendente efecto en las citadas dependencias conventuales, y no de otra forma en los claustros de San Pedro de Eslonza y de San Zoilo de Carrión (desde 1537), con dilatados programas iconográficos en las claves, que en este último, en el que intervino Miguel de Espinosa, se prolonga por la plementería. En Palencia es otro arquitecto de formación gótica, Gaspar de Solórzano, relacionado con Juan Gil de Hontañón, quien sigue la estela paterna en las obras catedralicias, terminando el claustro y realizando la portada que da acceso a éste desde el templo (h. 1535), con una curiosa definición esviajada, entre columnas abalaustradas, y de minuciosa labra. Irradiación de lo castellano son las portadas riojanas de Santo Tomás de Haro y de La Piedad de Casalarreina, en relación con la noble familia de los Velasco y la presencia de Juan de Rasines, así como la de los Reyes en la catedral de Calahorra. Todas ellas se relacionan con la labor del acomodaticio Bigarny, precoz introductor de formas renacientes en Burgos y Palencia (también aquí Pedro de Guadalupe o Pascual de Jaén). La primera de ellas, comenzada por Matías Francés, tiene una conformación unitaria, con doble ingreso y definición apilastrada de calles y entrecalles como soporte figurativo, con mejor logro y parecida labra a los trabajos de Francisco de Colonia. La segunda es obra de estilo errático, con ingreso adintelado en arco ojival, enmarcado en una distorsionada estructura de apariencia más clásica, y remate retablístico de ligera conformación, ejecutada también con minuciosa aunque más dinámica labra y que contrapone a una convencional iconografía cristiana en el exterior -excepcionales son las figuras de Adán y Eva- otra más novedosa de carácter alegórico en la parte interna. Mientras que lo de Calahorra es fruto de la adición de un doble ingreso protorrenacentista (1559) a un arco gótico, lo singular es la incuestionable dimensión semántica de los grutescos, resuelta en antinomias (Ira, Eros; Hypnos, Thánatos), de difícil valoración. Otras interesantes creaciones -sin olvidar en otro plano la postrera labor de Forment en Santo Domingo de la Calzada- hay en la iglesia de Briones (fachada y tribuna), y en Nájera (claustro de "gótico" Santa María la Real), en Los Arcos (portada parroquial) o Estella, entrando ya en el ámbito navarro. Comedido y tardío resulta el uso de las formas ornamentales renacentistas en el País Vasco (San Andrés de Éibar, Santa María de Salvatierra), donde lo gótico persiste regenerado en una arquitectura religiosa columnaria, de tipo Hallenkirche, con bóvedas de crucería. Consideración destacada merece la Universidad de Oñate, fundación del obispo de Avila don Rodrigo Mercado de Zuazola, cuya planimetría y fachada responden al esquema tipológico al uso (Colegio de Santa Cruz, Universidad de Alcalá), salvo por el resalte torreado. La concentración ornamental se produce en la portada, inspirada en el siloesco monumento funerario del prelado (iglesia de San Miguel) y en los pilastrones, obra de Pierres Picart y sus oficiales, que surgen como elementos semiintegrados, cargados de relieves mitológicos y de imágenes cristianas. Y cerca del estilo decorado de los colaboradores de R. Gil de Hontañón en Alcalá y Medina de Rioseco hay que situar el palacio Escoriaza-Esquibel (Vitoria), con adornada portada que exalta las virtudes cívicas de sus moradores.
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Sin llegar a la importancia de Jerusalén, Roma o Santiago, otras muchas localidades en Occidente fueron objeto de viajes devocionales, tanto a nivel regional como nacional. En Francia, y aparte de santuarios menores vinculados a la ruta jacobea, como Vezelay, Rocamadur, Conques, Limoges o Moissac, destacó especialmente san Martín de Tours, verdadero santo nacional desde época merovingia. A idéntico patrón respondían los centros de Nidaros en Noruega, sepulcro del rey san Olaf (muerto en 1301) y Canterbury en Inglaterra, cuya catedral albergaba los restos de santo Tomás Becket (muerto en 1170), canonizado apenas tres años después de su muerte por motivos políticos. Carácter puramente regional tuvieron por su parte los santuarios de Monte Gargano en Lombardía, Mont St.-Michel en Francia, ambos bajo la devoción de san Miguel, san Isidoro de León, en pleno camino francés y Colonia, donde se encontraba el supuesto sepulcro de los tres Reyes Magos. Son muchos los centros de peregrinación que han surgido en torno a lugares donde han tenido lugar visiones de la Virgen María, más especialmente en los países católicos. Entre los más destacados están Fátima (Portugal), Lourdes (Francia) y Czestochowa (Polonia), que son visitados cada año por miles de fieles.
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Aunque sin alcanzar la compleja estructura organizativa de Cluny, otros muchos centros monásticos protagonizaron durante el siglo X, y de manera independiente, movimientos de retorno a la primitiva observancia benedictina. Sin duda el más importante de todos fue el que tuvo lugar en Lorena y por extensión en el espacio alemán. A diferencia de lo acontecido en Borgoña y, en general, en toda Francia, la vinculación de los monasterios reformistas a determinados linajes aristocráticos resultó aquí altamente beneficiosa. Tanto la gran nobleza lorenesa como los primeros Salios potenciaron de manera directa la fundación o reforma de los centros monásticos situados en sus dominios y, por lo general, primaron en ellos los intereses espirituales sobre los puramente materiales o políticos. Una segunda peculiaridad respecto al modelo cluniacense fue el mantenimiento de la vieja tradición autonomista en los monasterios alemanes. En contraste con lo sucedido en Francia las relaciones existentes entre los distintos centros tuvieron allí carácter muy flexible, fundándose más en el espíritu de observancia y fraternidad de oración que en la pertenencia institucional a una determinada orden. Finalmente, y como tercer punto de diferencia, los centros loreneses y alemanes mantuvieron siempre una relación de carácter orgánico con sus respectivos obispos diocesanos, mucho menos inclinados a los defectos que caracterizaron a sus colegas del otro lado del Rin. De este modo, al permanecer el monacato germánico bajo el directo patrocinio de sus señores laicos o eclesiásticos, el beneficioso influjo de la reforma monástica se hizo sentir desde un principio de manera intensa sobre el clero secular y los grupos laicos dirigentes. De menor brillantez institucional que el francés, el monacato alemán estaba inspirado a la postre del mismo espíritu de renovación, por lo que sus frutos fueron igualmente positivos. De todos los centros situados en el Imperio sin duda los dos más importantes fueron, durante este periodo, los de Gorze y Hirschau. La primera de las abadías, fundada hacia 930 en la diócesis de Metz por Juan de Gorze, de quien tomó su nombre, contó desde un principio con el directo patrocinio de los otónidas. Esta importante vinculación limitó en gran medida el éxito de Cluny en el Imperio, en tanto que Gorze llegaría a contar durante el primer tercio del siglo XI con más de 160 casas dependientes, aunque siempre sin integrar una orden como tal. Semillero de obispos y núcleo difusor de la reforma en Lorena, el modelo de Gorze sería seguido por infinidad de fundaciones, entre las que destaca sin duda el monasterio de Toul, al que se vinculan León IX, Humberto de Moyenmoutier y quizá el propio Gregorio VII. Hirschau, en la diócesis de Spira, fundado por el abad Guillermo hacia 1069, adoptó en cambio la observancia cluniacense, sin integrarse sin embargo en esta orden. Su elevada altura moral hizo que pronto el papa Gregorio VII buscase su apoyo en aras de la reforma eclesiástica. Más atento a la austeridad y al trabajo manual que Cluny, el monasterio de Hirschau fue uno de los primeros en contar con la presencia de "conversi" o hermanos legos, en su mayoría procedentes de la pequeña nobleza. De menor importancia que los anteriores, merecen sin embargo destacarse los monasterios de san Maximino de Treveris, fundado hacia 934 y patrocinado por los emperadores sajones y el de Brogne, fundado hacia 920 en el entorno de Lieja-Namur. Numerosos centros franceses alcanzaron también gran predicamento en la difusión de la reforma monástica, aunque sin lograr naturalmente la relevancia de Cluny. Entre los más importantes figuran las abadías normandas de Fecamp, fundada a principios del siglo XI por Guillermo de Dijon, educado en Cluny, y la de Bec, vivero a su vez del movimiento reformista ingles de tiempos de Guillermo el Conquistador (abadías de Glastonbury, Saint Albans y Evesham). Otros centros igualmente importantes en el ámbito francés de los siglos X-XI, a veces ligados a iniciativas aristocráticas que pretendían escapar así de la intromisión cluniacense, fueron san Marcial de Limoges; san Poncio de Aude; Fleury-sur-Loira, cabeza de una importante familia de abadías reformadas en Francia e Inglaterra, y san Víctor de Marsella, que llegó a contar con una gran federación de casas, en competencia con Cluny, extendida por la Península Ibérica, Cerdeña y el Midi. Para el caso italiano la renovación del monaquismo vino unida a menudo al mantenimiento de las tradiciones ascético-eremíticas de la Iglesia oriental. Inspirados más o menos abiertamente en la regla de san Basilio Magno, destacaron en efecto los monasterios de Serperi, Grottaferrata y san Sabas, fundados por san Nilo de Rossano (muerto en 1005), antiguo monje en Montecassino. Para el cave de la abadía de Cava dei Tirreni, fundada por el monje Alferio hacia 1011, son en cambio evidentes los influjos de Cluny, que se plasmarían en la formación de un amplio grupo de monasterios en el sur de Italia y Sicilia conocido como "congregación cávense". A una nueva generación, más cercana al espíritu del Cister que el de Cluny, pertenecen finalmente los monasterios toscanos de Valleumbrosa, fundado por Juan Gualberto de Florencia en 1039 y de Fonteavellana y Camaldoli, creados por san Romualdo de Ravena hacia 1027. Sería, sin embargo, el discípulo espiritual de este, Pedro Damián (muerto en 1077), al sistematizar el legado del fundador en sus "Regulae eremiticae", quien daría alas al movimiento permitiendo su transformación en orden religiosa. La vocación misional y una forma de vida a mitad de camino entre la experiencia cenobítica y la eremítica, caracterizaron desde un principio a los camaldulenses, cuyo modelo se extendió pronto por el norte de Italia.