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El primitivo monasterio fue edificado bajo el gobierno del rey García el de Nájera, en 1032, para cumplir las funciones de templo de advocación mariana, convento y panteón real. De estilo románico, nada ha llegado hasta nuestros días. El monasterio fue dado a la orden cluniacense en 1079 por Alfonso VI de Castilla. En 1487 el Papa Inocencio VIII lo encomendó a Rodrigo de Borja, quien posteriormente será Papa con el nombre de Alejandro VI, lo que convierte al monasterio desde entonces y hasta 1513 en una abadía independiente. Desde principios del siglo XV el monasterio comienza a ser restaurado, siguiendo los estilos gótico y renacentista. Elementos destacados del Monasterio son la iglesia, edificada entre los siglos XV y XVI, el coro y el claustro, llamado de los Caballeros A finales del siglo XIX fue objeto de desamortización, lo que significó que fuera expoliado y en buena medida destruido. La actual iglesia de Santa María se levantó en el siglo XV, entre 1422 y 1433. Se trata de un templo de tres naves con crucero, cubiertas con sencillas bóvedas de crucería que se convierte en estrellada en el fondo de la nave central. Los ábsides son cuadrangulares con cabecera plana, circundando la cabecera un curioso triforio al que se abren ventanas casi triangulares. El llamado Claustro de los Caballeros se levantó entre 1517 y 1528 en una curiosa mezcla de estilos: gótico florido para las bóvedas, hornacinas y pilares; plateresco en las tracerías; y renacentista en los sepulcros murales. Cada uno de los 24 arcos está sostenido por tres altas y finas columnillas. El nombre se debe a ser lugar de enterramiento de numerosas familias nobles aunque hoy sólo podemos contemplar las tumbas murales. El claustro alto se construyó entre 1578-81 con pilastras y arcos greco-romanos.
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Al conde García Fernández y a su esposa doña Mayor Arias se debe la fundación del monasterio de Villamayor de los Montes (Burgos). Había heredado don García una parte de lo que había sido un monasterio familiar de curas seculares, denominado San Vicente Diácono. En 1223 el matrimonio adquiere toda la propiedad del antiguo monasterio y, a instancias de doña Mayor, se inicia el trámite de fundación para establecer en él como abadesa a una hermana suya, doña Marina Arias, religiosa de Las Huelgas. Así, el nuevo monasterio se somete en obediencia a la abadesa de Las Huelgas como filial suya. La construcción se empezó ese mismo año de 1223 y las obras se llevaron a cabo con gran celeridad, ya que, al parecer, las religiosas en 1227 ya habitaban el nuevo edificio, aunque no estaba concluido. En 1228 se autorizó la fundación por el obispo de Burgos, don Mauricio. La planta de Villamayor es una copia de la de San Andrés del Arroyo: ábside central poligonal, precedido de un tramo recto. A cada lado hay una capilla rectangular. El transepto es de tres tramos, lo que denota el proyecto de una iglesia de tres naves, de las que sólo se realizó la central para coro de las monjas. El claustro es una imitación del de las Claustrillas y el de Arroyo. Arcos de medio punto voltean sobre columnas geminadas, con capiteles vegetales donde abundan los crochets. Aunque la disposición sea la de un románico inercial, sin embargo, la ornamentación responde a las fórmulas del gótico pleno.
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Construido a finales del siglo XVI y ocupado hasta 1991 por las monjas benedictinas. La iglesia, fechada en el siglo XVII, presenta una planta de cruz latina con seis tramos en la nave y cúpula sobre el centro del crucero. En el exterior destaca la portada antigua, con columnas que sujetan un frontón con hornacina que acoge la imagen de Santa María Magdalena.
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Al sur de la iglesia se alza el claustro de San Fernando. Sus pandas se abrían al patio interior por arcos apuntados, que volteaban sobre columnas con capiteles de crochets. De todos ellos sólo se conservan tres, ubicados en el ángulo noreste, junto a la capilla de Belén, ya que los demás se macizaron con un muro, por amenazar ruina, en una reforma del siglo XVII.
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Al sur de la iglesia se alza el claustro de San Fernando. Sus pandas se abrían al patio interior por arcos apuntados, que volteaban sobre columnas con capiteles de crochets. De todos ellos sólo se conservan tres, ubicados en el ángulo noreste, junto a la capilla de Belén, ya que los demás se macizaron con un muro, por amenazar ruina, en una reforma del siglo XVII. Se cubre con bóvedas de ladrillo de cañón apuntado, dividido por arcos fajones que apoyan en ménsulas de ornamentación vegetal. En los plementos de dichas bóvedas todavía se conservan fragmentos de yeserías, de tradición hispanomusulmana, con decoraciones de lacerías, atauriques, temas vegetales, epigráficos y motivos heráldicos, con restos de la policromía original.
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Los frailes carmelitas regentarán este Monasterio que se inauguró el 27 de octubre de 1617, acto en el que participaron los propios reyes y buena parte de su Corte. La iglesia presenta planta de cruz latina, destacando su fachada construida en sillería. Está formada por tres cuerpos: en el inferior, dos pilastras dóricas arquitrabadas rematadas en un frontón triangular; una hornacina central con la imagen de la Santa titular; y en el superior, una ventana que permite el paso de la luz al coro alto. Los escudos de la Orden carmelita y los duques de Lerma decoran la fachada. Si bien el templo se emplea hoy como iglesia parroquial, el resto de las dependencias monacales, ubicadas alrededor de un claustro de dos plantas, sirven para dependencias municipales, la oficina de Turismo y la sede de los Juzgados.
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Situado en la provincia de Tarragona, en el municipio de Aiguamúrcia, el monasterio de Santa Cruces se fundó en 1150 por monjes procedentes de la Gran Selva, gracias a la familia Montcada. La iglesia se comienza en 1174 y en 1200 no estaba aún finalizada. Presenta planta de cruz latina, con tres naves y cabecera recta a la que se abren cinco capillas abaciales. En las cercanías del altar mayor se encuentran las tumbas de Pedro II el Grande, Jaime II y Blanca de Anjou, ya que el primero de estos monarcas convirtió el cenobio en panteón real. En el monasterio se conservan dos claustros. Uno de ellos fue mandado construir por Jaime II en el año 1313,sustituyendo uno anterior románico; destacan sus magníficos capiteles y la ligereza de sus tracerías que parecen adentrarse en el gótico flamígero. Este claustro sirve de eje para la ubicación de diversas dependencias como el dormitorio o la sala capitular, de época románica. El segundo claustro presenta planta rectangular y fue reconstruido en el siglo XVI, aunque la leyenda dice que se trasladó aquí desde el cercano monasterio de Bonrepòs de Montsant. A su alrededor se sitúa la cocina, el refectorio y el Palacio Real, edificio construido por Pedro II el Grande en 1280, destruido en 1325 al sufrir los efectos de una tormenta, reconstruido y ampliado en esa misma centuria. En 1835 el monasterio se abandona debido a los efectos de las desamortizaciones, lo que provoca el inicio del proceso de destrucción. Afortunadamente, en 1921 es declarado Monumento Nacional y diez años más tarde se funda un patronato encargado de su restauración.
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El monasterio de Santes Creus se fundó en 1150 por monjes procedentes de la Gran Selva, gracias a la familia Montcada.
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En el monasterio se conservan dos claustros. Uno de ellos fue mandado construir por Jaime II en el año 1313,sustituyendo uno anterior románico; destacan sus magníficos capiteles y la ligereza de sus tracerías que parecen adentrarse en el gótico flamígero. Este claustro sirve de eje para la ubicación de diversas dependencias como el dormitorio o la sala capitular, de época románica.