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El claustro silense tiene dos plantas; el bajo se construyó entre la segunda mitad del siglo XI y el XII; el alto está fechado también en el siglo XII. El claustro tiene una planta cuadrada, con 16 arcos en las galerías norte y sur y 14 en las galerías de oriente y poniente. Los arcos son de medio punto y se sujetan sobre pares de columnas, algunas de ellas torsas, elemento que define la originalidad de esta edificación. Los capiteles están decorados con relieves vegetales, animales o escenas historiadas.
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Conservamos de Silos el hermoso claustro que constituye una de las joyas del románico europeo, que, iniciado a finales del XI, no se concluiría hasta el XIII la totalidad de un segundo piso. De los claustros monásticos conservados de este tipo, juntamente con el de Moissac, presenta las primeras aplicaciones monumentales de relieves y capiteles historiados, en curso de realización durante los últimos años del XI. El arte de las primeras fases del templo silense inspira las formas de edificios como San Salvador de Sepúlveda y San Frutos de Duratón.
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Como la mayoría de los claustros románicos, el de Silos presenta columnas dobles que se coronan también con un doble capitel en el que se desarrolla un amplio programa decorativo.
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Forma parte de los machones del claustro de Santo Domingo de Silos que narran escenas de la Pasión y resurrección de Cristo. En él, se representa la incredulidad del santo que se negó a creer en la resurrección de Cristo hasta que no tocara las llagas. La escena se desarrolla bajo un arco de medio punto, donde aparece Cristo a mayor escala y los discípulos distribuidos en hileras ordenadas y a la misma altura, lo que nos recuerda a los manuscritos mozárabes. Sobre el arco, que simula una fortaleza románica con torres y almenas, cuatro ángeles con instrumentos musicales celebran la resurrección de Cristo.