Forma parte de los machones del claustro de Santo Domingo de Silos que narran escenas de la Pasión y resurrección de Cristo. En él, se representa la incredulidad del santo que se negó a creer en la resurrección de Cristo hasta que no tocara las llagas. La escena se desarrolla bajo un arco de medio punto, donde aparece Cristo a mayor escala y los discípulos distribuidos en hileras ordenadas y a la misma altura, lo que nos recuerda a los manuscritos mozárabes. Sobre el arco, que simula una fortaleza románica con torres y almenas, cuatro ángeles con instrumentos musicales celebran la resurrección de Cristo.
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La decoración más impactante de Silos la encontramos en los machones, donde descubrimos ocho bajorrelieves con escenas del ciclo cristológico. En este machón hallamos la Sepultura y la Resurrección y el Descendimiento de la Cruz. En la primera composición se representan dos escenas de manera conjunta, algo muy típico en la iconografía medieval; la segunda escena tiene como eje el cuerpo de Cristo, rodeado por sus discípulos y su madre, mientras que en la parte superior los ángeles portan el sudario.
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Los relieves que decoran los machones de las esquinas del claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos pertenecen a dos etapas constructivas. La escena que contemplamos es del último machón ejecutado, haciendo pareja con el Árbol de Jessé. La Anunciación es una bella escena protagonizada por una Virgen triunfante a la que el arcángel Gabriel da la buena nueva.
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Uno de los machones del claustro del monasterio de Silos tiene las escenas de la Sepultura y la Resurrección y el Descendimiento de la Cruz. El Descendimiento tiene como eje el cuerpo de Cristo, rodeado por sus discípulos y su madre, mientras que en la parte superior los ángeles portan el sudario. El modelado de los relieves es muy suave. Los personajes presentan esbeltas proporciones y en algunas ocasiones se produce cierta ilusión de movimiento.
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Haciendo pareja con la Anunciación, en uno de los machones del claustro silense encontramos la representación del Árbol de Jessé, donde se muestra la genealogía de Cristo, adaptándose cada figura al espacio, en una simetría que recuerda a las decoraciones islámicas. Este machón corresponde a una segunda etapa y fue ejecutado por otro maestro.
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En el relieve del claustro silense que representa a los Discípulos de Emaús, los discípulos y Cristo ocupan todo el espacio compositivo, dando sensación de movimiento gracias a sus ligeros pies descalzos. El modelado de los relieves es muy suave y los personajes presentan esbeltas proporciones. La Duda de Santo Tomás es la escena que completa el machón.
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En el segundo machón del claustro silense hallamos la Sepultura y la Resurrección y el Descendimiento de la Cruz. En la primera composición se representan dos escenas de manera conjunta, algo muy típico en la iconografía medieval. La zona superior de la escena está ocupada por la Sepultura, con una clara línea diagonal representada por la tapa del sepulcro mientras que la zona baja podemos observar la Resurrección de Cristo, adaptándose cada figura al espacio. El modelado de los relieves es muy suave. Los personajes presentan esbeltas proporciones y en algunas ocasiones se produce cierta ilusión de movimiento.
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En el ángulo nororiental del claustro de Silos se sitúan la Ascensión y el Pentecostés. En el Pentecostés encontramos a todos los apóstoles dispuestos en dos grupos, en altura, adaptándose al espacio y enmarcados por dos columnillas, dirigiendo su mirada hacia la parte superior de la composición, donde su sitúa la mano divina rodeada de ángeles. La figura del Virgen preside el grupo y destaca en ella su cabeza tocada.
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Las escenas de la Ascensión y el Pentecostés se ubican en el machón del ángulo nororiental del claustro de Silos. Las dos composiciones tienen en común la disposición en altura de sus figuras, en el primer caso pendientes de la subida a los cielos de Cristo. Al igual que en su compañera, las figuras se disponen en dos grupos, dirigiendo su mirada hacia la zona superior de la composición. También encontramos un elemento en común con la otra escena: la presencia de la Virgen, tratándose de dos figuras muy parecidas.