MEMORIAL 49 Señor. Capitán Pedro Fernández de Quirós. V.M. me mandó despachar dos veces, la segunda a mi satisfacción, juntamente esperar un año y son pasados casi dos. Dos cosas deseo recordar a V. Mag., dignísimas de memoria viva y de llorarse eternamente, por la poca estimación que se hace dellas. La primera es que lo que tantas veces representé y se detiene no vale menos que dar principio a muchos reinos de gobierno concertado, fundar ciudades, abrir comercios, comunicar riquezas, acomodar vasallos, asegurar Estados, descubrir las tierras que faltan, enseñar a sus infinitas gentes a salir de la vida bestial a la política, con otros muy grandes útiles, todo para V.M., nada para mí, salvo los trabajos que pasaré con alegría doblada, por lo que dice el capítulo siguiente que es la segunda cosa prometida en que represento mi justicia y recuerdo mi obediencia. Mi justicia tiene por principios fortísimos y firmísimos la honra de Dios nuestro Señor que pretendo, en esto la fundo y en que su Iglesia santa extienda por lo restante del mundo, y en los gloriosos triunfos que se le han de seguir de los efectos católicos en la conversión de infinitas gentes que la esperan, con el derecho que tienen a la redención universal, y en la salvación de las almas que se condenan, en los muchos merecimientos de todas las personas eclesiásticas y seglares destas partes y de aquellas, que por medio alguno en general y en particular las han de favorecer y ayudar a salir de su miserable y lastimoso estado, predicarles el Santo Evangelio, exaltar la fe católica o morir mártires por ella en las centenas de templos, conventos, seminarios, colegios y hospitales que se han de fundar y dedicar a Dios, Señor de los cielos, tierra y mar, y de los hombres de que se han de llenar y vivir en ellos, cada uno a su ministerio, entrando los naturales a la parte que de justicia se les debe; y en los continuos servicios de diversos géneros que los unos y todos juntos han de hacer al mismo Señor en los millares de altares que se han de levantar y en los millones de misas que se han de celebrar, siendo como son los sacrificios más aceptos a su Majestad divina en el uso de los siete santos sacramentos, y en todos los frutos dellos, en los oficios divinos, alabanzas y gracias dadas a Dios por ser quien es, y por todos los beneficios recibidos y esperados de su bondad y providencia, y en las oraciones, peticiones, rogatinas, procesiones, fiestas solemnes y dobles que se han de hacer a honra y gloria de Cristo, Dios y hombre Salvador nuestro, de su Madre Santísima la Virgen María, Señora nuestra, y de todos los ángeles y santos de la corte celestial, en todos los modos de penitencias, jubileos y sufragios a las almas del purgatorio, y en todas las limosnas y obras de bondad, piedad, misericordia, caridad y de justicia, y en todos los otros actos de virtud que generalmente y en infinito han de ser ejercitados en todas aquellas tierras, y en desterrar dellas la posesión antigua y la adoración continua que sus simples gentes del cargo de V.M. dan al demonio (miseria, la mayor de las miserias) porque no tienen quien les de a conocer a su Cristo y Redentor, a quien deben adorar, servir y amar todas sus vidas, con todas sus fuerzas, y en diez y ocho años míos de muy grandes trabajos y porfía, y en los deseos que tengo de que todo lo representado sea así y no pare allí sino que pase adelante y más adelante, de mejoría en mejoría, hasta la perfección posible y el fin del mundo. Esta, Señor, es mi justicia. Mi justicia está en todo lo dicho y en lo que no sé decir, que vale y valiere toda la parte Austral, descubierta e incógnita temporal y eternamente, para Dios y para los hombres; por ésta gasté mi pobreza y desprecié ganancias, por ésta navegué y caminé veinte mil leguas, por ésta aventuré mi vida y honra muchas veces y por ésta padecí lo que dejo a Dios. Mire V.M. si es buena esta mi justicia o si se me puede negar su verdad y claridad, o si es razón que yo la pierda siendo vasallo de V.M., porque yo digo hablando con el acatamiento que debo, que no la quiero perder. Vuelvo, Señor, a decir que no quiero perder tan altas mercedes que nuestro Señor fue servido hacerme, y en que tanto me ayudó, como nadie quiere perder las que dicen que Dios les hizo, no digo todas las mías, ni sus grandezas, sino la menor partecilla y todas juntas las ofrezco a V.M. con tan grande amor que por sí solo bastaba para que V.M. no las desprecie. En suma, mi justicia es la caridad para con toda esta obra, con voto solemne hecho a Dios eterno de representarla y de pedirla todas cuantas veces pudiere, y de cuantos modos supiere, y a donde quier que V.M. se hallare, hasta que V. Magestad me diga un sí o no, digo que a tanto callar las piedras han de gritar. Justicia pido y recuerdo porque lo que ya se me debe no se me puede satisfacer, y si no mírese con atención lo referido y de extremo a extremo se pase la vista por los diez y ocho años que gasté en pleitear su remedio, sin deberle un día y pocas horas, y verase que si los gastara todos, o si quier los doce en su beneficio, los frutos que para el cielo y para la tierra hubieran producido mis trabajos, cuya perdición represento por un tormento continuo, sin alivio ni remedio. V.M. debe en conciencia ejecutar esta empresa por su cuenta y con presteza decirme que yo la procure conseguir por cuenta de Dios, cuya divina providencia tengo empeñada. V.M. debe despacharme en alguna forma, con dinero o sin dinero, o desengañarme. Mire V.M. que ha sesenta y dos meses que estoy en esta Corte, hilando como el gusano de la seda, a quien envidio lo que su trabajo aprovecha y resplandece. Mire V.M. que vanamente estoy penando, porfiando y esperando, y que hasta esperanzas me niegan. Mire V.M. que se pierde toda esta obra y que la menor parte suya es sin precio y que si se le quiere dar remedio lo tiene tan fácil como lo nuestro en lo siguiente. Siempre tuve firme en la persuasión que muchas veces hice, dando causas bastantísimas para que V.M. gastase por una vez quinientos mil ducados en toda esta obra, siendo pocos dos millones para poderse armar, así como la he representado, y conviene a pena de grandes males, daños y pérdidas, y no menores gastos de hacienda y de hombres si se ha de acudir al remedio. Y porque el dinero que para este fin V. Magestad mandó dar no se ha dado, y el bien de aquellas gentes que lo esperan tarda y retarda, me pareció debo dar prisa con un arbitrio cierto, breve, sin daño de partes, sin costa de un maravedí de hacienda V. Magestad, de buen crédito, porque fuera que V. Magestad gasta y puede gastar, y no deja perder tan alta empresa a que V. Magestad dió principio, por falta de tan poco dinero. En suma, es sin excusa y sin disculpa para con Dios y con V.M. y las gentes. En la Ciudad de los Reyes del Perú hay cobre traído de Chile; si fuere poco se puede enviar por todo lo que bastara. Junto a la dicha ciudad hay muchas minas deste metal, descubiertas por un Jerez natural della. Hay en ella Casa de Moneda vacante; puédese hacer otra al modo de la de Segovia, y para esto hay río junto a las casas y acequia copiosa de agua dentro y fuera de la ciudad. V.M. puede, si fuere servido, mandar se labren setecientos o más mil ducados de cuartos, los ciento para la compra de cobre, otros ciento para todos gastos y la labor de los cuartos, y los quinientos mil restantes para despacharme. Por más brevedad se pueden llevar de España doscientos y cincuenta o ciento y veinticinco mil ducados de cuartos viejos o nuevos, con una contramarca, y doblando y redoblando su valor serán los quinientos mil necesitados al despacho, advirtiendo que doblar y redoblar este precio lo sufre bien aquella ciudad, porque en ella un real es lo mismo que en España un cuarto, y así los ocho maravedís de aquí serán allí treinta y dos, conque se librará mucho menos cantidad, o sea allá o acá, y según buena cuenta, si se llevan de España no costará de principal y costas veinte mil ducados aquel nuevo mundo, y si se labran en el Pirú, no costará más de un pliego de papel . Estos cuartos no han de correr más de en aquella ciudad a donde son bien necesarios para los trueques de hortalizas y semejantes que venden las indias y las morenas, en cuyas manos andarán y estarán como en depósito, hasta que de las tierras Australes se envíe con a presteza posible, de la primera plata, oro o perlas los dichos setecientos mil ducados, o los que fueren, para recogerle todos los cuartos y con esto cesará el uso Bellos, y V. Magestad sin gasto de su hacienda, ni de ajena, librara de olvido y de peligro el servicio de Dios, el propio, aquellas grandes tierras, a sus infinitas gentes, y al fin ellas mismas se rescataran. Suplico a V.M. no les niegue este breve, barato y cierto remedio, ni a mí esta merced, en premio de mis servicios y deseos de más servir. Creo de aquellos ciudadanos que han de admitir los dichos cuartos con muy buena voluntad, así por ver a lo claro el singular servicio que harán a Dios y a V. Magestad, a fin que les cueste nada, como por la gloria de ser parte principal del principio que se dará a obra de tanta grandeza en nuevas tierras, y por las grandes comodidades y provechos que se le han de recrecer de su comercio, y porque saben cierto por lo experimentado en sí mismos que pueden enviar a sus hijos sin dotes a casar y a vivir en ellas, y porque cuanto con mayor presteza se ejecutare esta empresa, mayores serán los bienes que les promete; y porque los cuartos serán quitados a dos años, y por otros buenos respetos que puedo mostrar, vuelvo a decir que son tantos los beneficios y los intereses que les ha de resultar desta buena obra, que entiendo que si para ella se les pidiere prestada la dicha y mayor cantidad, la darán luego, y aunque le tomaran a su cargo y armaran por su cuenta, más yo soy de parecer que V. Magestad gaste su hacienda, y ésta cuanto más y más presto y con mejor voluntad se gastare, más prestos, ciertos, seguros y más cuantiosos serán los retornos. Suplico a V.M. se sirva admitir algunos destos arbitrios o el otro de que los religiosos de San Francisco y Capuchinos pidan limosna en España y en las Indias para lo mismo, o darme papeles con poderes los que bastaren para buscar en las Indias y en España vasallos de V.M. con quienes pueda hacer tan honrada y necesaria jornada, y a V.M. tan provechosa, y de estimar mis cuidados, liberalidad y desnudez y el ánimo con que quiero aventurarme a peligros que no ignoro, y a los trabajos que son ciertos y a otros millares de cosas incomportables porque V.M. doble y asegure su imperio y goce seguramente todo lo que le prometen las Australes. Y cuando para despacharme fuera necesario vender las fuentes, blandones, braseros y vasos, no digo los de oro y plata que no sirven, sino los de latón, estaño y cobre, las rejas y aldabas de hierro, la mitad de las campanas y, aún más, pareciera bonísimamente a los ojos de Dios y de celosos, y si a todo faltar se acuñaran los pedernales de Madrid o se hiciera dinero de plomo o de suelas al quitar, como se hizo en otras ocasiones de mucha mayor pobreza y más aprieto, y no para poner cobro en la cuarta parte del mundo, sería éste un hecho digno de ser alabado y celebrado de generación en generaciones hasta su fin de todas. Si V.M. no se sirve de gastar mucho ni poco dinero, ni de admitir alguno de los dichos arbitrios, o con los unos ayudar los otros, o hacer de todos uno, ni menos de señalarme tiempo cierto, con cierta certeza, de que seré despachado para ir en los galeones de marzo, es certísimo que V.M. no quiere la empresa Austral, cosa que admirará y asombrará al mundo, así por su gran dignidad y gran valor, como porque muestro como V.M. la consiga a costa de un pliego de papel. Y también es certísimo que V.M. no quiere mi persona para el servicio della, por lo que V.M. debe darme la licencia que le pedí y le pido para salir desta Corte. Basta, Señor, una tal represa a mis deseos, basta tanto padecer de mil maneras, bastan y sobran tantas deudas por sustentar el servicio de V.M., y tanto sufrir por ellas, y basta lo demás que callo, y que tengo ánimo para dar a V.M. todo cuanto trabaje y acaudale toda mi vida y para ofrecerle de valde el resto della y la protección de un nuevo mundo, poblado, rico y con su flor, y otras cosas, inestimable la menor, y que hay quien no la tiene para dejarlas recibir todas a V.M., que tal sabe perder y yo sufrir. Todos estos grandes pesos dejo a los hombros de la real conciencia de V.M., advirtiendo que el mejor de mis servicios es hablar a V.M. verdades claras y lisas, y que el mayor que puedo hacer a esta empresa inestimable es muerte en ella o por ella.
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MEMORIAL 5 En mucho cuidado me he visto puesto, Excelentisimo Principe, no debiendo qué orden tenerme para decir verdades que aprovechen a mi intención. Dios es el verdadero juez y sabe si mis deseos han sido y son de acertar, y cuán desamado y aborrecido y perseguido he sido por lo que he dicho, y por no me parecer bien ni verme en cosas desordenadas, más que yo muestro, en esta jornada pasaron; y por el bien común y doliéndome de toda aquella gentilidad que es donde llevo puesto los ojos, entendiendo el fruto que se puede conseguir de lo que aviso, olvidado de todo cuanto a mí dañar puede que arriesgue el bien propio, lo tenlo por particular interés y granjería. Yo quisiera me fuera posible igualar mi poco ingenio con aquella mi voluntad. El Adelantado Alvaro de Mendaña salió, como queda dicho, en nombre de S.M., de aquesta ciudad de Lima, a la población y pacificación de aquellas partes, como a tal fui siguiendo a cuanto me ordenó, acompañando en todo sus trabajos en cuanto vivió, y su jornada se acabó. del todo y con ella su hacienda, yo la mía sin ningún fruto, porque se sabe lo (que) Dios y el discurso desta mostrara parte de la causa. Muchos y muy grandes han sido sus deseos de acertar, sino que se le pusieron delante muchas dificultades que no puedo hablar. Mucho quisiera poder satisfacer su partido y para el mío de mi parte ofrezco toda cuanta satisfacción se me pidiere de cosas que en la jornada han estado a mi cargo, así por informaciones que traigo hechas, como a nuevas dudas que se me podrán poner, y para la sustancia de todo lo que yo escribo, ofrezco lo propio, porque lo más esencial traigo probado. A voluntades ajenas fui muy sujeto y necesario de hacer dellas propia mía; tuve la paciencia por compañera, conque vencí la parte que me tocó, que no fue poco que es lo que hice bueno, que lo más fácil es de hacer. Siempre salió Diosa mi causa y favoreció mi partido: Mucho sufrí por venir a los pies de V.E., desnudo de mi provecho. A procurar mi crédito vengo, que es lo que más estimo, y el amparo que mis necesidades ha menester. Enemigos traigo; muéstrenlo porque lo son para que yo sea castigado como merecieren mis delitos, que muchos puedo yo mostrar suyos, y si no, muestren las obras, que yo a juicio vengo y audiencia pido. Sembrado tienen culpa, pagándome mal cuanto me deben, de que no acerté las islas que se iban a poblar. Sobre aquesta intención mucho dijera y sólo digo que todo cuanto el Adelantado ordenó, y vocalmente mandó en su instrucción que d1ió, se hizo. El pudiera decir a dónde las islas que buscaba estaban, pues las descubrió; yo, el lugar a dónde por su muerte nos dejó a todos y saqué la nao por derechos caminos a Manila en salvamento, como lo traigo muy probado; a donde la gobernadora, su mujer, que le sucedió, confiesa esta verdad en una certificación suya que tengo, me mandó que la llenase. Sólo me resta satisfacer al vulgo que no vido lo que pasó donde anduvimos y así lo que juzga y puede decir es muy a ciegas, y aún que esta dificultad es alta tengola por rasa, mandándome V.E. tomar cuenta de lo que tengo obligación darla, y siendo tal todo satisfecho, y sólo me falta hacerme V.E. merced de poner los ojos en mis cuidados a quien suplico cuan encarecidamente puedo se sirva de mandar leer este segundo papel y oirlo con el amor que merece. Digo, Ecmo. Príncipe, que la forma que hacen la tierra y el agua sobre que los hombres andamos es redonda, y ya aprobada esta opinión por todos los antiguos y modernos, arrimándose a que con prespetiva todo cuerpo es pesado y denso, hace la sombra conforme a su figura y así en las eclises (sic) de la luna causadas por la sombra de la tierra, en ella se ve claro esta verdad por sus extremos cuando va creciendo o menguando el tal eclise. En este redondo cuerpo se imagina una línea que se dice equinoccial, con sólo largura, sin anchura ni profundidad que lo ciñe y rodea, todo lo divide en dos iguales partes. La una se dice del norte, la otra del sur. De aquesta equinoccial toman principio los grados, contando de uno hasta noventa, que es la mayor cantidad de latitud a cualquiera de los dos polos. Ya de la parte setentrional es clara cosa estar descubierto y habitado hasta más de setenta y siete grados, y lo que resta a noventa, aunque se descubriera, no sé si se podrá poblar por su mucha frialdad, desigualdad del día y noche y otras dificultades, y es notorio que en muchas partes destas habitan los hombres dellas en cuevas y viven con artificio y tienen otra vida mala de pasar por el rigor de los tiempos. Todo lo demás es poblado y partes a donde de Dios y de sus grandezas se tiene larga noticia, y el no vivir los hombres dellos conforme lo que nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana cree y tiene y manda, no está en culpa suya dellos. Pero desta parte meridiano, a donde lo más della está por saber esta verdad, que no hay más descubierto que a cincuenta y cinco grados desta costa del Perú hasta pasar el estrecho de Magallanes, y treinta y cinco en que está el Cabo de Boa Esperanza, o cuarenta, poco más, en que se ponen las naos para montarlo. Están dos puntas de tierra por costa y costracosta; están ya vistas y sabidas (resta ahora lo demás que falta para que dellas y del paralelo desta mar, rostro al poniente de diez doce grados para los forzosos noventa, y para que a todo cuanto desta redonda forma se pueda cudiciar se alcance de vista. El Adelantado Alvaro de Mendaña, el año de noventa y cinco, yendo en seguimiento de su viaje a las islas de Salomón para poblarlas, que él dice estaban de siete a doce grados desta parte del sur y mil quinientas leguas de Lima, anduvo mil dellas y encontró cuatro islas pobladas de muy buena gente, y casi blanca, de que más largamente hago mención en la relación que di a V.E., presente de lo sucedido en aquel viaje, a que me remito. Estas cuatro islas están en un muy largo y espacioso golfo, apartadas de toda otra tierra sabida, en altura de nueve o diez grados y mil leguas de la ciudad de los Reyes del Perú, y de leste oeste con ella toma de la cuarta del noroeste, y por esta razón están dentro de la tórrida zona, parte del sur, a donde son ciertos los vientos desde leste hasta el sueste, como lo son de la parte del norte, mismo golfo, desde leste hasta el nordeste, hasta que se sale de uno y otro trópico, a donde son ciertos los otros vientos que se dicen generales, y pues esto es verdad, síguese luego que de aquestas islas con el viento leste que es el viento que siempre vide avanzar (?) cuando hice aquella navegación, y en cuanto estuve en ellas no se puede navegar a las provincias del Perú, ni a Chile, por la contrariedad de tiempos, sino es subiendo a muchos grados de altura de la parte del sur, a donde forzosamente han de ir (a) buscar los dichos vientos generales; y para esto hay necesidad precisa de dos cosas, las cuales estos indios no tienen: la primera es navíos fuertes y despachados como los nuestros, o otros capaces para poder y navegar largamente, y barloventar, que es fuerza; la segunda es entender el arte de navegación y tener todos los instrumentos necesarios. Dejo aparte los basamentos, que no es el menor inconveniente pues habiendo estas faltas muy bien se puede entender que gentes tan inorantes, de tan poco arte, imposible es en ningún tiempo pasado ni presente, se hayan comunicado con las provincias dicha. Estas cuatro islas están apartadas de toda la costa de la Nueva España, y de la que más cerca están son más de seiscientas y cincuenta leguas, y está entre las dos tierras la línea equinoccial, en medio, a donde son muy ciertos contrastes, calmas y borrascas que duran de cuatro a once grados, de una y otra parte, y es fuerza que en este paraje que gasten días en pasarle. Estas islas están norte sur con el cabo Mendocino cuarenta y un grados y medio y es la punta de tierra que de aquesta costa sale más al oeste; síguese luego que de aquestas islas con el viento leste que es el aire de la tierra, no se puede llevar la vía más de a la vuelta del nornordeste a la pura bolina, y con el abatimiento de agua y viento se viene a hacerse el camino cuasi del norte y según fuere el navío y tuviere fuerza el viento y pasada la equinoccial, con las condiciones que dicho tenga es cierto el viento lesnordeste y nordeste, con los cuales no se puede navegar sino es yendo a la vuelta del norte y del nornoroeste a la dicha bolina, y con su abatimiento se viene a hacer el camino del nornoeste y del noroeste; clara razón porque no se puede tomar aquella costa sino es yendo a buscar el altura de aquella parte del norte, y con ella los vientos generales para aferrarla, y pues esto es verdad síguese luego que por las dichas faltas bien se puede tener por cierta cosa que aquestos indios tampoco han sido comunicados con la gente de la Nueva España, como la del Perú. Estas islas están apartadas de las islas de Santa Cruz, que son pobladas de gente negra y mulata, de ochocientas y cincuenta leguas más al poniente dellas y en su mismo paralelo, y la Nueva Guinea está más lejos, y más el Maluco y Felipinas, China, Japón y otras partes, y pues es verdad que aquestas islas quedan a la parte del levante de todas las dichas siendo levante el viento, tan imposibilitadas están de tratarse con ninguna de las tierras como las del Perú, porque la misma dificultad que hay de ir destas cuatro islas al Perú de las islas de Santa Cruz, y de las demás dichas islas a ellas (sigue luego que pues de todo lo que se sabe y está descubierto de esta mar del sur no se halla que aquestos hombres pueden tener navegaciones por las causas referidas, siempre con razón decir quien llevó aquesta gente a lugar tan remoto y apartado de toda tierra sabida con tantas faltas, tantas imposibilidades y a tan pequeñas islas). Digo aquesto que de aquestas islas a la parte del sueste del sur del sudueste hasta casi el oeste todo está por descubrir y es negocio oculto, y del oeste al noroeste al norte al nordeste al este hasta el sueste, están las tierras que digo de Chile, Perú, Nueva España, con las demás islas de Santa Cruz... y sabemos por muy cierto de ser mar abierto porque dos navíos que han navegado salió del uno don Gonzalo Ronquillo a la ciudad de Manila, y el otro don Rodrigo de Córdoba a la ciudad de Mactán (?), pasaron por la de una destas islas y nunca hallaron a ningunas otras tierras en sus viajes, y lo mismo podré decir de los navíos que cada un año van y vienen de Acapulco a las islas Felipinas. También digo que el Adelantado, la primera vez que navegó a aquellas partes pasó por la del norte della, y nunca vado a ellas ni otras ningunas en su pasaje, y también yo soy testigo de vista de mi viaje. Y por todas las razones dichas digo que piadosamente se puede creer que aquestas cuatro islas tienen de la parte del sueste por el sur hasta cuasi a el oeste otras islas o tierra firme que debe continuarse hasta hacer fin en otras tierras donde proceden, porque el uso de razón destos indios y sus embarcaciones citan a brevedad de navegación y no muestran ser más capaces que el navegar de isla a isla, avista una de otra y muy cerca porque cuando tuvieran lo que digo les falta o rastro dello, poderse ya entender que por alguna aventura aportaron al tal lugar. Porque de aquestas islas yo no he visto ninguna otra tierra, más de solo a ellas cuatro vide con cuidado, algunas cosas cerca dellas, por ver si hallaba razón que me obligase a entender que aquestos indios navegan grandes golfos a largas vías y a lo que me persuadí es cuando salen de semejante lugar donde no alcanzan tierra de vista, se van marcando por la propia que van dejando hasta que la van perdiendo, y luego que la van dejando de ver alcanzan la otra de vista para donde van; a la vuelta guardan la misma orden en sus navegaciones, porque no osan perder del todo la tierra de vista, así la de a donde salen como la que van a buscar. Luego hay necesidad de tener y entender la aguja de navegar, y ésta no la tienen ellos. Y dejo la contradicción de vientos, desgarrones y aguaceros corrientes y otras causas que les pueden hacer perder sus derechos caminos, pues aquesto es cierto, muchas veces acaece a diestros y muy pláticos pilotos, pertrechados de todo lo que a esta gente falta. Pues decir que se marcan por el sol, luna, estrellas; como me lo han dicho algunas personas graves, el sol no se ve de noche, sino de día; la luna bien se ve y se sabe la variedad. Las estrellas, luna y el sol no están siempre presentes y en un mismo lugar, pues es muy visto que en veinticuatro horas dan una vuelta a todo el globo, subiendo y bajando por el horizonte y pasando por todos los rumbos de la aguja, unas veces escuridados (sic), otras nublados, y cuando fuera todo posible, que no lo es por la misma razón ha de ser su navegación muy corta, lo que se puede andar en día y noche, o en noche y día, o poco más. Aunque es verdad que gentes ignorantes pueden de una isla buscar una grande tierra firme, como sea cerca, porque ya que no dieron en una parte, darán en otra; digo que de una grande tierra o chica no se puede buscar otra chica sino es dichas condiciones. Y porque también aumentan mi sospecha algunas cosas que en estas islas vide, y otras que cerca dellas noté y consideré, digo que en aquestas islas, en especial en la Dominica, había entre las demás algunos indios de color amulatado, y que los de Santa Cristina eran más blancos que ellos, pero que los de Madalena, a una mano, me pareció pareja en color y son más blancos que todos, y que habiendo diferencia de colores arguye cierta comu-nicación y trato con otra gente. Y también gente tan blanca y tan dispuesta en tierra de tan poca altura, parece claro indicio que proceden de otra mejor que cerca debe estar, porque subiendo de grado a grado mejor y más blanca será, por vivir en mejores y más saludables temperamentos, que de aquesta razón buena experiencia se tiene, y en altura de diez grados como aquestos indios están desnudos y al rigor del tiempo, no sé yo se hayan hallado otros que con ellos corran parejas, ni con mucho lleguen a ellos sino unos indios por la mayor parte medianos, de malos gestos y de color muy moreno, como yo los he visto en el Perú, Tierra Firme, en Nicaragua, Nueva España y Felipinas, con todas las demás islas descubiertas en poca altura que yo haya andado. Y también en aquestas islas vide la misma casta de puercos y gallinas de Castilla; la fruta grande que mucho tengo alabada, las nueces y castañas, cocos, plátanos, cañas dulces; la flor colorada. La misma orden en velas y canoas. Y pues esto es verdad, luego bien podré preguntar quien levó puercos y gallinas nunca halladas en descubrimientos de indios, y por donde todas estas cosas entraron allí. Y esto digo que todas ellas vide en las Felipinas, isla de Santa Cruz, que está ochocientas y cincuenta leguas dellas, con las imposibilidades que están dichas de poderse navegar de las unas a otras. Y porque no vide en aquestas islas árboles tan gruesos de que pudiesen hacer tan grandes piraguas como tienen, entendí y de trato (?) que las traían de otras partes a su tierra, y aunque no estoy bien acordado me parece que decían ellos así. Y también vieron a un negro del Adelantado y mostraron de verlo, espantarse, y por señas nos dijeron que hacia la parte incógnita había gente como aquella y daban a entender que tenían flechas y que ellos en sus piraguas iban a pelear con ellos. Y también los cocos que nos daban nos pareció que los traían de otras partes por estar muy avellanados y en su pueblo haber pocas palmas, y tener de nuevo sembradas algunas que empezaban a desbrotar, y fue razón que me pareció gente venida de poco allí, y se trató entre todos por cosa en que habíamos reparado, y si no es así, ya que estos indios están allí poblados de muchos tiempos atrás, yo no sé cómo se pudiesen conservar en tan pequeñas islas sin ser tratados y comunicados de otras partes sino es comiéndose unos a otros, pues se ve claramente que en una tierra muy grande apenas caben los hombres en ella y van siempre procurando otras a donde poder vivir. Y si son comunicadas conforme las razones dadas, muy cerca deben estar de la tierra firme, y si hay tal tierra en el archipiélago de las Felipinas, o en la tierra del sur del estrecho de Magallanes, han de ir a parar a hacer su fin, porque aquí no se conocen otras partes donde a estas islas pudiesen ir los hombres que las habitan, sino fueron de milagro. Pues si van por la una a otra o para ambas, prometen ser muchas islas y grandes tierras que quedan dentro de la tórrida y templada zona, paralelas de las riquezas del Perú y del Reino de Chile, tan abundantes de oro, y aún que es verdad que las tierras caídas debajo de un paralelo u otro clima no son por iguales partes buenas ni malas, es bueno que sus lugares sean estos antes de verse, que después bien puede ser que hagan ventaja a todas las demás de sureste oeste. Ahora pregunto yo que toda aquella parte que hay de diez/doce grados de esta parte del sur hasta el Polo Antártico, si es tierra o agua, que aquesto bien se puede preguntar, pues, a ser forzoso Agua o tierra, considerándose la forma suya y las partes sabidas y por saber que viene a ser de circuito, de lo que no es navegado poco menos de cinco mil e quinientas leguas que parece mucho para aguas. Y pues si hay algunas islas tierra firme, por las razones referidas no pueden dejar de ser muy largas y muy sendas antípodas de lo mejor de una Europa, Africa y Asia, partes que tienen en el globo el lugar que tienen de treinta a sesenta grados de su parte. Ha creado Dios los buenos e ingeniosos hombres sabedores del valor de las armas, letras y artes y lo demás político que tanto ennoblece y hermosea a la naturaleza, y también el temperamento más acomodado para ser de los hombres habitado, y la fertilidad y abundancia de todo lo que es menesteroso para el sustento suyo y de riquezas no pobre. Así puedo con verdad decir que lo mejor de toda la tierra está por descubrir, porque lo bueno de Europa, Africa y Asia, que es lo mejor que se sabe descubierto y sabido de esta, y la América de nuestros tiempos (que) se ha descubierto ya se ve cuan destemplada es en muchas partes della, por abundar tanto de calor y humedad, ciénagas y pantanos, asperísimas montañas, pantanos y nieves, pelados cerros y gruesas serranías, y arenales vagos sin agua, desiertos y tierras anegadizas y otras cosas de muy poca comodidad, y tanto que si hay veinte leguas de buena y provechosa tierra, hay ciento de muy poco fruto, y las partes sazonadas y de buenos temperamentos que en sí tiene es por accidente y no por naturaleza, y las que en general son templadas es el Reino de Chile, por estar fuera de la tórrida parte del sur, y por la del norte, propia altura, del Nuevo México que ahora se ha descubierto, de quien cuentan y no acaban de contar. Que hacerse el viento sueste y fijo después que salimos navegando destas islas más para el poniente parece que pone sospecha de haber tierra de aquella parte que llamó el viento, así porque hasta llegar a ellas por encima de la tierra del Perú, lo tuvimos siempre, y hallar aguaceritos en este propio paraje no es menos indicio della porque nunca en largos golfos los tuvimos. Que antes de llegar a estas islas tuvimos por cosa cierta haber tierra por allí, porque demás de que cuasi se afirmaron los marineros que la fueron a ver, la pajarería, cardúmenes de pescados, bonanzas y otras señales que allí se vieron nos pusieron en cuidado que la había. Ser el viento oeste y es/sudueste en la costa de Chile en tiempo de verano, que es tierra de más altura que el Perú, no es menos de entender que hay tierra por aquellas partes que echan vientos de sí y más bien, por lo que dije, el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa en el discurso que escribió del viaje que hizo del Perú por el estrecho de Magallanes a España (54), pues dije que de cuarenta y tres grados para cincuenta halló vientos ponentinos, y los significa furiosos y frigidísimos, que acabarán con granizo y que no durarán más de dos o tres horas, razones parecen claras de no estar la tierra lejos de aquellas partes donde soplaran, y más decir que reinan a refregones y borbotones; estos tales nunca los hay sino a donde la tierra no está lejos. Y hallan los navíos que de Lima van a Chile, por donde agora se navega bien después de estar engolfados, palmas, pajarería, ramas, troncos y otras señales no ponen menos sospecha que hay tierra por allí, la cual, por encarecimiento, me decía Juan Fernández, piloto mayor de Chile y descubridor de esta navegación del Perú a Chile, que le cortasen la cabeza sino había cerca una gran tierra por las señales que vido en tantos viajes cuantos por allí hizo, y aún me daba a entender que la vido con sus ojos, y con pío y deseo de descubrir aquella parte, murió. Y pues la tierra que Richarte descubrió (luego) que entró en la mar del sur, y don Beltrán de Castro le prendió el año de 94, que vido, y a mí me la mostraron tendida del este oeste de la parte del este del estrecho de Magallanes, altura cincuenta y un grados y medio, apacible de vista, y en ella muchos fuegos y humo, y pues la misma tierra que causa el mismo estrecho parte del sur; y la que los portugueses han descubierto navegando al oriente, al sudueste del cabo de Boa Esperanza, altura cuarenta y dos grados más y menos, llamada tierra de fuegos ; y pues las islas de Salomón que el Adelantado Alvaro de Mendaña descubrió año de setenta y ocho, y tierras grandes y muchas dellas no vio fin. Y pues la Nueva Guinea, la costa que llaman de los papúas, junto al Maluco, la costa de la Cachina con las islas que ahora descubrimos y otras muchas que dejo de decir, cuyos remates de algunas no se han visto ni saben a donde van a parar, y todas son parte del sur. Y para prueba y conclusión de todo lo que he dicho tengo que ninguna de cuantas islas se han hallado en todos los mares del mundo no estuviesen muy engolfadas, estaban pobladas ni con rastro de que jamás lo fueron sino desiertas, y sin hombre humano (!) que las pisase, sino en las que estaban arrimadas de la tierra firme o pegadas a otras solas que iban encadenando de una en otra hasta parar muy cerca. Y las que yo sé que más engolfadas están, pobladas son las islas de los Ladrones, y esas, se tiene por cierto, van a parar en el Japón, en cortas distancias de unas a otras, y todos los viajes que por allí se hacen, encuentran islas, y yo también encontré a cuatro dellas. Hago ejemplo de las islas Terceras, de la Madera, Cabo Verde y otras del océano Atlántico, que por estar en golfo las hallaron solitarias y sin rastro de población; y las islas de Canaria por estar a vista de tierra firme de Africa, se hallaron habitadas con la gente que se sabe. Y pues si aquestas islas, con estar tan vecinas a tierras de gentes a quienes es tan antiguo el saber navegar, estuvieron tanto tiempo ocultas y despobladas, y tan poco tiempo se han descubierto, que diré destas islas ahora halladas en largo golfo, pobladas de gentes ignorantes, y todas las de aquellas partes tales que no se atreven como yo he visto apartar de la tierra sólo dos leguas. Dejo las islas del mar Mediterráneo y las demás arrimadas a las cinco provincias de Europa, Africa, Asia, Perú y la Nueva España, y todas las demás agregadas suyas, y estas tales por la vecindad se entraron en ellas sus pobladores y ninguna hallo yo pobladas que estén distantes cien leguas, y las que lo están desiertas como la figura muestra; y ceso, arrimándome al parecer de don Alonso de Arcila que, parece, en esta octava cifra lo que yo en mucho puedo decir: Ves las manchas de tierra tan cubiertas que pueden ser apenas divisadas, son las que nunca han sido descubiertas ni de extranjeros pies jamás pisadas, las cuales estarán siempre encubiertas y de aquellos celajes ocupadas, hasta que Dios permita que parezcan porque más sus secretos se engrandezcan. Puedo en verdad decir, señor excelentísimo, que la vista de aquellas cuatro islas y las demás tierras dichas y las razones dadas, están a mi deseo habiendo señas, y han criado en mí una sospecha tan continua que me han puesto en codicia de saber si las crió Dios sólo allí, y persuadido a mí, para que la comunicación de otras cercanas tierras debe de ser la causa; considere si sale verdadero mi cuidado el número tan grande de almas que fuera del rebaño de Dios, el demonio enemigo suyo impío en ellas repastava y en posesión tan antigua, tan seguros a falta de quien se la quite estaban, vínoseme a la memoria los muchos trabajos, peligros y desgracias pasados, las obligaciones propias y necesidades forzosas, el ir con duda y muy larga esta demanda y las dificultades muchas que romper y otras cosas de no menor fuerza que éstas, y con la memoria de todas ellas mi deseo no para, porque yo puse los ojos en Jesús Crucificado y en toda su vida y pasión, y bien vide que siendo verdadero Dios, por el amor que tiene a los hombres, por su rescate y remedio, bajó del cielo a la tierra y se hizo verdadero hombre y dió su vida por la salvación de los hombres. Y que éste es negocio del servicio de Dios y es causa suya que basta, y que teniendo efecto será la Divina Md. de Dios S.C. s., conocido, creído, honrado y servido de aquellas incónitas gentes que no conocen a su Creador, y el camino del cielo será sabido de aquellos que tan usado tienen el del infierno, y el demonio que en aquellas partes está robando la honra de Dios, de quien es toda y a quien se debe, será desposeído y desterrado a su merecido lugar, quitándole de las manos lo que no es suyo ni crió. Tampoco se sabía de este Nuevo Mundo en que estamos y por solo noticia confusa que tuvo Cristóbal Colón, esta tierra que estuvo tantos atrasados tiempos oculta, viviendo los naturales della en las tinieblas de sus errores, se descubrió y pobló, y cuántas gentes della han recibido nra. sta. catca. fe tan bien como se ve y se sabe, y que la enriquecida tierra es ésta de tantos edificios santos que ha poco fueron huacas y oratorios de idólatras y gente gentílica, que a los hombres den ciento en ciento, sacrificaban al demonio; hoy son, por la misericordia de Dios, iglesias sagradas y conventos llenos de sacerdotes y religiosos, todos dedicados a Dios, a donde tan ordinario y con frecuencia es muy servido, y los demás frutos que en ellas se han cogido y cogerán en venideros tiempos. Estos son grandes tesoros, excmo. sr., que sin principio estuvieron, que yo como envidioso de todos ellos quisiera se trasplantasen en aquellas partes otros tantos y con mejoría. Este es negocio del servicio de S.M. y podría ser fuese como ha sido el destas tierras y como dicho tengo también, aquellas toman mucho de la tórrida y templada zona, gozan de los mismos climas y paralelos, y está mucho por descubrir y ha de ser tierra o agua, que no se aventura menos de haber otro tesoro y mundo a las manos, como se hubo en este segundo que pisamos, a donde casi por no tener ya en qué ocuparse, hay tantos baldíos desacomodados y tan sobrados españoles, y tantos deseosos de seguir aqueste intento. Considere que pues Dios me había escapado (?) donde tantos acabaron y me ha traído a este reino con salud, pasando por las puntas de tan rigurosas amenazas y me ha dado un poquito de conocimiento de cosas, y con este buen deseo vine, que me ofendiera mucho dejar de hacer las diligencias que he hecho, y de hacer hasta que V.E. del todo sea avisado, y de lo que digo, certificado con aquestas informaciones que presento, y yo descargarme de lo que por cargo estuviera haciendo otra cosa; y así cumplo con Dios, con el Rey SC. Sr., con V.E. y con el vulgo. Y si V.E. fuere servido darme un navío de sólo sesenta toneles, pertrechado de todo lo necesario, y cuarenta hombres todos marineros, yo me ofrezco en el nombre de la Santma. Trinidad, y de S.M. de ir a descubrir por los rumbos que más convienen a las tierras de mi sospecha, a cuatro fines y muy principales cada uno dellos: Y cuanto al primero digo que es ver tierra y saber qué tierra y en que altura está; El segundo, que siendo hallada se traiga, cuanto más posible fuese, descrita en sus verdaderos sitios, así en longitud como en latitud, para cuando sea menester se busque y se halle, y no ir a ciegas a negocios que cuestan tanto y en que va tanto; El tercero, por más acertado, ir a descubrir con poca gente, que no poblar con mucha, no bien sabidas partes, cargadas de mujeres, niños y otros estorbos, por los conocidos daños que desto puede venir, como los que yo he visto; El cuarto, porque de la ida se puede llevar sabido si al Perú se puede volver por la parte del nordeste, por ser negocio trabajoso y muy largo para esta tierra. Cierto estoy que V.E. está cierto que no soy movido de la seguridad que el dudoso caso promete en nada, que muy acordado estoy de tantos pasados trances, y de las furias de vientos, hinchadas ondas y tempestades de tanta alteza, pero conozco lo mucho que puede el Señor de cielos, tierra y mar, en quien sólo está puesta mi esperanza (este negocio es de salvación de muchas almas, que cuanto más breve fuere, mayor será el bien, el tiempo muy oportuno por estar el sol desta parte y yo muy presente). Es grandeza y grandeza para la de V.E., que es persona cristianísima, y mi demanda justa, y si V.E. me concede aquesta merced que pido, y siendo el Señor servido de amparar la por causa suya encaminarme, llevarme y traerme como yo fío de su bondad, habrá V.E. hecho la más famosa causa que de descubrimiento el tiempo tiene en este nuestro, ni en otros por venir, por ser el de más cantidad; y si aquestos deseos míos, en el acatamiento de V.E. tienen algún merecimiento supremo, a V.E. los favorezca, estimandolos que de Príncipes es ayudar a los que tan poco pueden como yo para que otros se animen a intentar cosas tan arduas y dificultosas cuanto lo es ésta.
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MEMORIAL 50 Señor. El Capitán Quirós. V.M. manda yo diga lo que de nuevo se me ofrece en razón de la empresa del Austro, y modere y facilite de manera que pueda encaminarse mejor. El gasto pedí fuese de quinientos mil ducados; di causas y por principal la seguridad de tan grande obra. A1 moderar dije y digo que si parecen muchos, siendo pocos, sean menos, todos los que V.M. mandare, o nada, dándome cédulas con fuerzas para que pueda buscar como armar con vasallos de V.M., aunque no soy de este parecer por las razones que di y estar certísimo de muy dañosos yerros. Ejemplo en las Indias y escarmiento en las causas de sus males; por lo que tengo prevenidas las contrarias. En suma, unas obras sufren moderación y esta no, cuyos grandes bienes o grandes males están en su bueno o mal principio. V.M. tiene en los magacenes de Sevilla y Cádiz, en los de Cartagena, Puertobelo y Panamá, por donde he de pasar, y en los de Lima y su puerto, a donde me he de aprestar, muchas armas, municiones y otras cosas que allí no sirven. Puédeseme dar por grande ayuda de costa para la obra, conque se excusará la mucha cantidad de dinero que todas ellas habían de costar. Juntamente algún navío o navíos en España y en Lima y los aparejos de ellos. Por manera que con las dichas cosas y trescientos mil ducados en Lima y una cédula para que a cuenta de ellos pueda comprar en España las forzosas que en el Perú han de costar doblado, y quizás mucho más, y con otra cédula para poderme ayudar de las personas que para este fin quisieren gastar su hacienda desde aquí y por el camino, y en las Indias supliré lo menos que de la real se gastare, y será razonable mi despacho y puede ser que bonísimo. Aviso, advierto y recuerdo millares y millones la grandeza y la importancia de esta empresa, y que con poco dinero no se puede llevar mucha gente, sino poca, y no tal como conviene, en especial de España las cabezas: oficiales, artistas, clérigos y frailes, y que con poca gente, aunque sea muy buena, serán pocas y tardas las obras de los dos géneros. En suma, que todo lo gastado y pretendido se aventura por lo que me parece no encaminarse mejor como se me manda. Gaste V.M. con mano liberal que Dios dará para todo lo de allá y lo de acá. Tengo mucho que aprestar, el tiempo a la flota es poco. Suplico a V.M. la bondad, claridad, firmeza y brevedad de mi despacho, y a mi satisfacción, y que me lo dé el Consejo de Estado, creador y defensor de esta empresa. Así de la manera que me lo dió cuando fui a descubrir, y también porque al Estado le toca dar principio al nuevo imperio. Un año de presteza puede valer de retorno mucho más que costará el cobro de aquellas tierras a donde ya se ha visto oro, plata, perlas y otras muchas cosas de valor, y otras que han de acomodar y aprovechar mucho mejor que lo están las dos provincias del Perú y México, y todas tres a España. El memorial presentado de atrás va con éste; contiene todo lo que al despacho conviene; si es necesario daré por escrito los géneros y números, pero ha de ser sabiendo la cantidad del dinero que V.M. manda gastar. Sin que en mi poder entre un solo real, yo me ofrezco desde aquí a los cuidados, a la disposición y a los trabajos de todo el despacho, y con esto se facilita. De nuevo no se me ofrece más de lo dicho, a que me remito, juntamente a lo que V.M. fuere servido mandarme.
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MEMORIAL 51 Señor. El Capitán Quirós. Bien sabe el mundo que V.M. es fiel a Dios, celosísimo de su honra y muy deseoso de dilatar su Iglesia Santa por toda la redondez de la tierra. Sabe que con grandes gastos de hacienda propia envía copias de ministros del Evangelio a predicar a las gentes más remotas. Sabe cuánto V.M. se precia de los títulos de Rey Cathólico y Defensor de la Fe, y en suma sabe que son éstos los renombres de que V.M. más se gloría. Bien sé yo los oficios de piedad cristiana y los valerosos que hizo y hace el Consejo de Estado por asegurar el derecho que las gentes del Austro, o nacidas y por nacer, tienen al cielo, y también lo de justicia para conmigo que ha setenta y cuatro meses que estoy en esta Corte, pidiendo por despacho un sí o no, y doscientos y veinte y ocho que porfío porque se ganen y no se pierdan aquellos bienes generales que tantas veces representé, advertí y recordé. Si tal es éste, o tal empresa hubiera de costar muchos millones de oro y muchos millares de hombres, como algunas que son su sombra, y no hiciera señas ciertas con millones de tesoros para el cielo, y un retorno de muy crecidas riquezas para la tierra, parece que en caso tal se pudiera buscar el achaque que no se decida de hallar para dejar infinitas almas de gentiles a las puertas del infierno, a donde están clamando a Dios por su remedio. Esta razón es tan pía y las otras conveniencias son tantas, y tantas las obligaciones valientes, que ponen el puñal a los pechos de la conciencia, de la reputación, de la seguridad, de los provechos y de la excusa de cuidados y gastos de mil millones de géneros que vuelvo a decir que no sé había de hallar ni causa más o menos eficaz. Confieso que en estos profundos mares me anego tantas veces cuantas por ellos navego, considerando un tal modo de ofrecer y no quererse recibir la protección de un nuevo Mundo poblado, rico; su beneficio me lo niegan; no sé quien es tan poderoso ni por qué lo ha de ser no siendo suyo, que es de Dios, y de V.M. el querer y el poder, conque es razón doblada me despache en la forma que más le agradare, o me despida con presteza. Mire V.M., que debe saber si me quejo de las mercedes que me hizo o de los agravios que me hacen. Debe hacerme justicia muy certera por ser este su real oficio. Debe sacar a luz la honra de Dios que pleiteo y conversión que pretendo. Debe para este fin darme licencia que busque quien me ayude antes que muera. Debe creer de mí que no es falta de paciencia sino sobra de celoso sentimiento y debe advertir que a ser menos fuera infidelidad y crueldad que usara con todos aquellos inocentes y conmigo y aún con la misma piedad. Si valen obras buenas, son las que hice, y mejores las que deseo, y las prometo si me ayudan de veras. En suma, fiado en Dios.
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MEMORIAL 52 Señor. El Capitán Pedro Fernández de Quirós. Bien sabe el mundo que V.M. es fiel a Dios, celosísimo de su honra y muy deseoso de dilatar su Iglesia Santa por toda la redondez de la tierra. Sabe que con grandes gastos de hacienda propia envía copia de ministros del Evangelio a predicar a las gentes más remotas. Sabe cuánto V.M. se precia de los títulos de Rey Cathólico y defensor de la fé. En suma, sabe que son estas las obras y los renombres de que V.M. más se gloría. Bien sé yo los oficios de piedad cristiana y los del valor que hizo y hace el prudente Consejo de Estado, por asegurar el derecho que todas las gentes del Austro, nacidas y por nacer, tienen al cielo; y también los de justicia para conmigo, que ha setenta y siete meses que estoy en esta Corte pidiendo despacho de un sí o un no, y doscientos y veinte y nueve que porfío porque aquellas almas no se pierdan y se ganen todos los otros infinitos bienes que tantas veces representé, advertí y recordé. Si tal rescate o tal empresa hubiera de costar muchos millones de oro, y muchos millares de hombres, como algunas que son su sombra, y no hiciera señas ciertas con millones de tesoros para el cielo, y un retorno de muy crecidas riquezas para la tierra, parece que en caso tal vez pudiera buscar el achaque que no se había de hallar para dejar tantas almas a las puertas del infierno, a donde están y estarán clamando a Dios por su remedio, y pidiéndole venganza de quien se lo niega o retarda. Son tan pías, tan terribles y tan firmes éstas y las otras razones que di, y las que más puedo dar, y las conveniencias son tantas, y tantas las obligaciones valientes que ya ponen el puñal a los pechos de la conciencia, de la reputación, de la seguridad, de los provechos, de la escuela de cuidado, y gastos de dinero, y gente, y tan poco lo que pido a tal potencia, que no puedo persuadirme a que V.M. no dará a aquellas almas, de caridad, mi despacho, para ir a socorrerlas en tiempos y en nombre de V.M., cuya ha de ser la honra, gloria y fama, y los trabajos mi premio. V.M. debe saber lo mucho que perdí y pierdo, porque V.M. o pierda lo menos de lo que se deje entender, y mis obras en esta obra, y las que deseo y prometo en confianza de Dios. Debe estimar mis avisos y la impotencia de ellos y el celo conque los di. Debe querer oír si me quejo de las mercedes que me hizo o de los agravios que me hacen. Debe hacerme justicia muy entera por ser éste su real oficio. Debe salvar de peligro la honra de Dios, que pleiteo, y librar de olvido la conversión que pretendo, y de los dichos y hechos de enemigos de la verdad católica. Debe para este fin darme licencia que busque quien me ayude antes que muera. Debe creer de mí que no es falta de paciencia sino sobra de celoso sentimiento. Debe advertir que a ser menos fuera infidelidad y crueldad que cesara con todos aquellos inocentes, y conmigo, y aún con la misma piedad. Debe tener memoria de lo mucho que padecí y padezco vanamente en su defensa y dolerse de celos, que se condenan, y de mí en la guerra que mis deseos me hacen, y es tan cierto que nada me satisfará sino despacho para ir en esta flota, o desengaño claro y liso. Debe leer y considerar muchas veces todo lo de este capítulo y dar el remedio que digo, con no baja voz sino a gritos. Confieso que en estos profundos mares me anego tantas veces cuantas por ellos navego, considerando parte por parte la grandeza e importancia de esta empresa y tales modos de ofrecer y justificar, y tal no quererse admitir la protección de muchos muy grandes reinos poblados y ricos y con su flor, que trae Dios por medio mío; y tantas más cuantas veo que pidiendo sin dinero su beneficio me lo niegan. No sé yo quien es tan poderoso ni por qué lo ha de ser no siendo suyo ese mundo, que es (de) Dios, ni aquellas almas, que son de su creador, y de V.M. el querer y el poder, conque es razón doblada me despache en la forma que más le agradare o me despida con presteza. Mire V.M. que en el mundo hay reyes y príncipes, y muchos, y muy santos, sabios, prudentes, valientes, prácticos, valerosos y ricos hombres a quienes Dios quisiera pudiera encaminar esta causa, y en ella ayudarlos hasta aquí y hasta el fin, y que con ser esto así fue servido de encaminarla a mí, sin merecer lo mínimo della; por lo que debo no contentarme con menos que con toda buena correspondencia, cuésteme lo que me costare. También sé que hay infinitos varones de las referidas calidades y partes, que por no tener en qué emplearse gastan la vida en deseos y en esperanzas, y mueren en ellas o en casas muy desiguales a sus grandes merecimientos. También sé que no es mucho que yo que no valgo nada, gaste y acabe la vida en la mayor obra que hubo, ni hay, ni habrá de este género, como ya lo demostré y de nuevo me ofrezco a demostrarlo. Mire V.M. que sé muy bien las muchas obligaciones ajenas para con ella, y para conmigo, que digo y vuelvo a decir que la justicia que pido, y me niegan, vale para cinco imperios: el del cielo, el del Austro, el de Oriente, el de Occidente y éste de Europa; conque está visto y revisto con infinito valor unos daños infinitos y unas infinitas ofensas hechas a Dios y a V.M., y a todos los interesados en general, y porque mejor se vea y no se pueda alegar ignorancia en cosa alguna, muestro aquí sola mi parte, salvo la que tengo obrada, y hablo con mis contrarios, o por mejor decir, de esta obra, y digo a todos digan que de tierras y gentes incógnitas hubiera ya descubierto si me ayudaran de veras, y aunque fuera de burlas o me dejaran buscar quien me ayudare a cuantas ciudades de gobierno concertado se habría dado principio, qué de fábricas y haciendas estarían hechas y gozados los frutos de ellas, qué de comercios por la mar, qué de concursos por tierra, qué de secretos sabidos, qué de cosas entendidas, qué de provechos conseguidos para mí si estos me llevaran..., qué de honra y fama ganada si la buscara, qué de grandiosos y lucidos servicios hechos a Dios por muy pocas personas y por la mía que estimara en más el menor de ellos que toda la tierra y mar con sus riquezas, qué de conversiones, qué de almas salvas, qué de obras de misericordia y de caridad ejecutadas muy de atrás, y quizás muchos milagros y mártires para más esplendor de nuestra Santa Madre Iglesia, y más firmeza del Austro y de sus gentes que me deben y deberán de cosas tan justas como piadosas, y que poca pena les da este su tan grande empeño, sabiendo que no me pueden satisfacer la menor parte, y que todo junto lo han de pagar a Dios y a V.M., a quien quitan de las manos un nuevo Mundo de bienes, y a mí que nada me diera no verlos en cien mil años si lo que suena aquí no estuviera de por medio Dios, principal, y las almas, quiero decir que una sola hora no lo sufriera, cuanto más ciento y sesenta y seis mil (!) que ha que duro penando por mares y por tierras, por cortes, patios, corredores y puertas de tribunales y ministros con grandes descomodidades; digo sufriendo y contantando a hombres, y conquistando sin dinero y sin poder y sin favor sus voluntades, siendo algunas muy peores que de demonios de los infiernos. Y porque me dijeron que ciertos religiosos dicen que la conversión del Austro debe ser hecha a lo apostólico y mandárseme escriba mi parecer; en razón de esto digo sean ellos los primeros que se ofrezcan a ir sin perder tiempo, que yo me ofrezco a guiarlos con presteza y bonísima voluntad, y brindarles acá y allá cuanto alcanzaren mis fuerzas hasta morir, a donde y como ellos murieren, conque los unos y otros abandonaremos nuestros dichos y probaremos la intención. A los que han estado en Indias del Occidente y dicen lo mismo, digo que muestren puesto en altar diciendo misa, o subido en púlpito predicando, o en escuelas enseñando o disputando o Papa o Cardenal o Arzobispo o menor Prelado o mártir o confesor canonizado por la Iglesia Romana, un solo indio de los muchos que en ciento y veinte y dos años doctrinaron y enseñaron en tierra de paz o de guerra, o hechas por ellos otras finezas cristianas, en suma, que la vida de uno sea digna de envidiarse, o por política, o por añosa o por ejemplar, o algo menos que yo los mostraré a todos faltos de estas excelencias y sobrados de consumadas miserias, y de gemir y llorar noches y días todas sus vidas, cuyo remedio he mostrado fácil y sin costa alguna, si lo quieren admitir, y a los que dicen no son capaces, digo lo dicho en otros muchos mis escritos, a que me remito, y más diré si quieren que nos veamos. La conversión por armas no la pretendo, pero son muy necesarias para representar poder, que es un medio tan eficaz, cuanto lo he bien mostrado. Esto, para detener el ímpetu de la multitud de aquellos gentiles a quienes dijo el demonio, antes que fuésemos a descubrirles se defendiesen de nosotros que los íbamos a matar, y para amparar a los que de ellos fueren cristianos y defender a nosotros y a ellos de cualquier enemigo de la tierra, suyos o nuestros, o de Inglaterra o Holanda que aportaren a ella. Este, pues, me parece el camino real que debe ser seguido para poderse conseguir copiosa y seguramente todo lo que allí se pretende sembrar y coger, así espiritual como temporal. Aquellas tierras son muy grandes, sus gentes muchísimas, y todas las que están en las orillas, y las de más adentro y las más remotas, tienen una misma necesidad y corren un mismo peligro y caen en un mismo daño, cual es la perdición de sus almas, cuyo socorro no sufre dilación de un día ni de un momento. Demás de esto, no hay en ellas universidades, ni imprentas, ni los otros instrumentos y medios con que la ignorancia se destierra y se alcanzan las artes y las ciencias que son las raíces, troncos, ramas, flores y frutos de la divina y humana policía y de su duración; quiero decir que aquel edificio es grandísimo y que de pocos obreros, sin todos los aparejos, serán pocas y tardas las obras de los géneros, y que si mueren serán menos, y que todo lo edificado se caerá, no habiendo quien lo sustente, y esto lo ha de hacer el comercio. Para tal conversión eran más necesarios los doce apóstoles de Cristo Nuestro Redentor, que el mismo Señor escogió y doctrinó y enseñó y animó y les dijo lo que había de suceder y lo que habían de hacer. El Espíritu Santo descendió sobre ellos, llenólos de su gracia, confirmólos en ella, dióles don de lenguas, abrasólos en su divino amor y de los hombres y al fin hizo Dios por medio dellos muchos y muy grandes milagros y otras obras maravillosas que hoy vemos. Lo que pretendo, soy un muy grande ignorante y mayor pecador; soy sólo, y sólo abrasado a la fe; los clérigos y los capuchinos y los otros religiosos de S. Francisco, y otras órdenes que quieren ir a aquellas gentes, tienen letras y virtud; los seglares son personas de mucha satisfacción y a propósito, y lo son los hermanos de Juan de Dios. Yo fío que la Magestad Divina los ayudará a todos: ayúdenos V.M. como puede, pues esto y mucho más debe hacer por Nuestro Señor, que tantas mercedes hace, y confiar en su divina providencia y de los modos suaves y eficaces que tengo prevenidos y demostrados, muchas veces, con pretexto de que allá al pié de la obra y con las manos en ella se ha de ver y considerar y acordar y ejecutar cristiana y prudentemente cuanto fuere posible de nuestra parte. Mire V.M. la obligación que tiene de mandar se haga la tal conversión por su cuenta, o dejármela procurar por cuenta de Dios, cuya honra roba el demonio con ganancia de todas aquellas almas. Mire V.M. que como Dios sustenta diez mil conventos con trescientos mil y más frailes de San Francisco, también me dará y sustentará los pocos obreros que busco para la Viña del Austro, que no es menos suya ni le va menos en ella, y ella por sí sola es muy bastante a sustentar millones de ellos. Mire V.M. que lo que Dios ha de estimar, y los hombres alabar, y a V.M. lucir y aprovechar y durar, es el dinero que de buena voluntad y presteza gastare en esta Santa jornada, y aquí está el merecer. Mire V.M. que tal empresa no promete menos que doblar la Iglesia Católica y la monarquía propia y asegurar a las dos. Mire V.M. que la protección de un nuevo Mundo, y el disfrutarlo es muy barato por quinientos mil ducados, y que si por gastarse menos quieren aventurar, lo más de ella, sean cuatrocientos o trescientos o doscientos o ciento o nada, que es todo cuanto barato puede ser, y no es caro de valde; un hombre práctico que casti... desea que en todas aquellas tierras se sirva Dios, así como lo manda y quiere y se salven las almas de todos sus naturales y las nuestras no se condenen. Mire V.M. que por no desamparar tal Santa obra estoy aquí penando cuanto Dios sabe, y las gentes parte. Mire V.M. que lo que pido son las mercedes que Dios me hizo, son mis trabajos, es mi justicia, es desengaño o des acho, con juramento que si al cielo pudiera ir, al cielo fuera a pedirlo a Dios, ya que en la tierra no puede, ni puedo hacer más a ley de fiel cristiano y de leal vasallo, que ir de mi Rey, de quien tengo diez firmas, a quien por ella pido su palabra real, a mi Pontífice de quien tengo cuatro breves, y de mi Pontífice a mi Rey, a quien serví y quiero servir con la verdad que hasta aquí. ¿Hasta cuándo he de esperar? ¿O cuándo se ha de cantar esta dichosa victoria y gloriosamente triunfar del enemigo común que tan ayudado se halla y tan triunfante lo veo, y tan señor y apoderado está de aquellas almas del cargo de V.M.? A quien suplico por el valor de todas juntas y por lo mucho que Dios las ama y obró por ellas, las rescate con el dinero, o sin dinero, presto, presto, presto. Para lo que rogué, sufrí, asistí (dejo la ingratitud) bien han sido necesarias las consideraciones cristianas y los discursos que hice envueltos en el amor de la Patria y servicio de V.M., a quien suplico me despache bien o mal. O en el Austro o por el Austro.
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MEMORIAL 53 Señor. El Capn. Pedro Fernz. de Quirós. El Secretario Juan de Ciriza me leyó y dio un papel que dice lo resuelto por Su Mag. en los particulares del Capitán Quirós, que en cosa tan grande es menester ir con mucha seguridad y saber de cierto lo que es, y Su Mag. holgar de que le ayuden a descubrir lo que Quirós desea, y para esto vuelva al Pirú y siga las órdenes que el Virrey le diere, asignándole que se le hará merced como si él solo lo descubriese. A lo que digo, Señor, volviendo por mi honra, que si esta seguridad se dice por la poca que de mi persona se tiene, que formaré con razón una gran queja, porque mi fidelidad y lealtad es tan conocida que no se puede negar ni dudar dellas. Y si por las grandezas, digo, Señor, que son tan grandes aquellas tierras que pueden bien caber en ellas millares de enemigos de la Iglesia Católica, y de V.M., defensor della, que saben están descubiertas y podrán ir a ellas (si ya no están en ellas) y en ellas y en todas las de su contorno hacer tantos y tan grandes males, y daños en lo espiritual y temporal, como los he significado muchas veces. Por lo que se ve a lo claro que la seguridad de estas obras no está en la confianza, ni en la desconfianza, ni en las tardanzas, sino en la presteza, dinero y gente, siendo la cabeza de España y el cuerpo del Pirú. Y si se dice por las trazas y por los modos conque se debe plantar, levantar y perpetuar cosas tan grandes, digo que buenos son los que tengo prevenidos y publicados y demostrado tantas y tantas veces. Más si se dice por el más o menos gasto, digo, Señor, que con V.M., sírvanse darme la empresa en papeles y autoridad, que con esto se excusará todo lo que decirse puede en razón dellos. Y cuanto al saberse de cierto lo que es digo, Señor, que me suena a no ser creída la verdad que dije, digo y diré y las ofrecí mostrar con las probanzas en la mano, que ministros no quisieron recibir diciendo estar V.M. muy cierto, yo la traje (?) y ser la empresa del Austro de mucho mayor grandeza que la he representado. Y también digo que a V.M. misma lo mostré y que V.M. me hizo merced de poner los ojos en ellas, y ahora me ofrezco a mostrarlas y a dar la satisfacción que debo, aunque a mi parecer es ya muy tarde para las dudas, que no caben, confesando las grandezas de las cosas. Y cuando a lo que dice y S.M. holgará de que le ayuden a descubrir lo que Quirós desea, digo, Señor, que nunca me ofrecí a descubrir porque tengo descubierto un Paraíso terrenal que deseo poblar de Angeles y de santos, y con ellos desde allí acabar de descubrir y saber de cierto lo que es todo aquel resto del mundo, sin lo conocido del que es tanto como la Europa. Debo advertir aquí que para saberse lo que es una sola isla, o sea grande o pequeña, es necesario reconocerla, demarcarla, observarla y sondar lo que es mar, y atravesar la tierra buscando, viendo y notando, e informarse de los naturales della, si es que no la defienden, y conque el tiempo favorezca y todo suceda bien son menester días, meses y quizás año. Mas digo que el descubrir de nuevo sin primero haber poblado para tener la retirada y el recurso cierto es aventurarlo todo. De más desto, porque con el gasto del descubrir se puede hacer la población y ganar tiempo, honra, provecho, seguridad, y por otras mil legítimas razones que di, doy y daré, no conviene ni menos acabarme la vida en esto, y porque después que aquí estoy pude ir y venir del Austro dos y tres veces, y ganarse muchos millones de almas y muchos millones de oro, y todos ellos se han perdido porque no me despacharon luego que entré en la Corte, y porque el mundo está a la mira por ver qué despacho me dan. Fáltame saber quién o quiénes son las personas que han de ayudarme. Suplico a V.M. se sirva mandar se me diga, o si yo las he de buscar. Y cuanto a lo que dice: que para esto vuelva al Pirú y siga las órdenes que el Virrey le diere, suplico a V.M. que sin despacharse muchas veces bien y muy claro y firme, no me envíe al Pirú. No digo esto sin causa. Las órdenes ya las pedía V.M. por lo más importante destas obras, y las pido por lo más seguro dellas, y es razón y aún justicia yo las vea y las entienda y sepa cuándo he de ir, cómo he de ir y para qué voy, y a qué voy con juramento, que a V.M. ya la obra, y a mí, estará muchas veces mal, que sin esta claridad y seguridad salga yo de la presencia real de V.M. y en esto hay muchísimo más que decir. Suplico a V.M. lo quiera saber de mí. Digo más; que para dar principio a una fábrica grande o pequeña, junta el dueño dellas por orden de su artífice todos los materiales, y se los muestra para que los vea toque primero que ponga manos en ella. Yo que he de ir a fundar ciudades y castillos y casas reales, y otra gran suma de fábricas en tantas tierras y mares, no veo todo ni parte de los materiales y aprestos conque debo comenzar, ni me los quieren mostrar ni decir lo que son. Pero yo digo: los muchos engaños y falsedades y lo demás de que Satanás se ha valido y vale para desbaratar obra tan pía, al menos por detenerla, que cuando se trate della sea como él la tiene trazada, y para esto halla muy grandes ayudas de costa. Y cuanto a lo que dice: asegurándole que se le hará merced como si él solo lo descubriese, digo, Señor, que juzgo por el sonido de las palabras me quieren dar ayudante, y que si le hay tan práctico, tan diligente, tan celoso y tan desnudo y a propósito como la obra pide a gritos, que vaya muy enhorabuena, no uno sino centenas, pues cuantos más, tanto mayores ganancias y más descanso para mí. Mas si es para enseñarme y aprender, conviene que nos veamos para tratar de las materias, saber cuál de cuál es bien que sea el maestro (!). Y si como se dice, me lo dan para testigo, digo Señor, cuán buenos son los muchos testigos, eclesiásticos y seglares, que de cuatro, cinco y más años, con firmeza y gastos de sus haciendas, esperan esta jornada para emplear en ella el talento que Dios les ha dado, y de quienes y de mí se debe y puede fiar, que obraremos con lealtad y diremos la verdad. ¡Señor, Señor! en esta obra ya no trato de intereses sino de la honra de Dios, salvación de infinitas almas, servicio de V.M., con todo lo demás que vale el caso temporal y eternamente; y cuando el interés me llamara servicios y cohecho, yo, por los cuales se me debe de justicia el grande premio que no pido, cuanto más esperar el que está por merecer y me lo ofrecen. Suplico a V.M. no permita se perturben ni detengan mis intentos, ni todos los bienes que generalmente pretendo me los pongan a peligro, o los conviertan en males, y que me valgo tener también probada mi intención, y mostrada mi suficiencia y estar sabido de mí cuán celoso y receloso he sido y soy desta obra, de la cual si doy buena cuenta, o mala, no he de ganar o perder menos que el cielo, y en la tierra, la vida, honra y lo demás; quiero decir que en este particular no reciba yo menos mercedes que las que se hizo a Colón, con todo cuanto varió. Finalmente digo, Señor, que en el último memorial que presenté y va con éste, muestro lo mucho que pude haber obrado en las tierras del Austro y que su ejecución no ha quedado por mí; junta merced las obligaciones de V.M. para con las gentes dellas, cuya conversión no se puede retardar día ni hora, muestro la firmeza de mi voluntad para defender su parte y la de V.M., a quien suplico con toda humildad y confianza se sirva darme un despacho liso, o sea de más o menos o de nada; quiero decir que V.M. se digne de tomar esta empresa a su cuenta para gastar en ella cinco, cuatro, tres, dos o uno, o dejarla a la mía, que yo espero en Dios la dará un muy dichoso fin con vasallos de V.M. de España e Indias, mas no soy deste parecer, y lo soy de que V.M. gaste de una vez lo que bastare para coger pacífica y seguramente los tesoros que, para cielo y tierra, ofrece el Austro, y remato con decir que menos desto no conviene a la grandeza real de V.M., ni en razón de Estado Christiano y Político.
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MEMORIAL 54 Señor. El Capitán Quirós. Obligado estoy en conciencia a recordar a V. Magd. que me envió a descubrir las tierras del Austro, cuyo remate dista cincuenta leguas de las islas Malucas, a donde holandeses tienen sus escalas, comercio, presidios y, a buen juzgar, intento de perpetuarse y pasar muy adelante. Quiero decir que si estos enemigos disimulados y declarados abren los ojos y ven la diferencia grande que hay de aquellas islas pequeñas, enfermas, pobres y de quienes tanta cuenta hacen, a la inmensidad de las tierras Australes pobladas de un brioso gentío, fértiles, sanas, cómodas, ricas de mil géneros de cosas por desnatar, y entran en ellas, si ya no entran en ellas; que S. Magd. o los ha de echar dellas, o dejar en ellas, y es cierto que lo primero ha de costar millones de oro y millares de hombres, en duda de buen suceso, y lo segundo perderlas todas con todo cuanto contienen. Y también lo es que, con lo uno y lo otro, serán más ricas y poderosas, para con mucha su comodidad quitar a V. Magd. cuanto pudiesen y quizás cuanto quisiesen, y de camino se llevarán la honra y fama, a su modo de que en ellas primero predicaron sus errores que la verdad evangélica. También recuerdo que para la población dellas V. Magd. mandó dos veces me despachasen, la segunda a mi satisfacción, y no lo quisieron cumplir, y también más, que yo esperara un año, y son pasados casi cuatro. Es posible, Señor, que sabiendo V. Magd. que todo cuanto persuado y pretendo vale la honra de Dios, la salvación de infinitas almas, la protección de la cuarta parte del mundo, la quietud y la seguridad de todo lo poseído, la excusa de tantos males, daños y pérdidas espirituales y temporales, como se ve en mis escritos, y que siendo todo esto verdad no se acabe de tomar resolución al cabo de siete años? y más teniendo en mí para ejecutor, un vasallo fiel a quien se debe lo obrado y lo estorbado, y que por remate quiero dar la vida por la resurrección de tal obra nuestra. Es posible, Señor, que estando de su parte della la piedad cristiana y la grandeza del ánimo real de V. Magd., la justa defensa del Consejo de Estado, los favores del cielo que se han visto, los clamores de almas que se condenan, el derecho de todos a la redención de Cristo, los sufragios de la Iglesia Católica, el dolor y la claridad de muchos siervos de Dios, que los unos piden a S. Magd. Divina haya misericordia dellas, y los otros quieren ir volando a socorrerlas; ninguna destas ni de otras ayudas de costa, ni mis trabajos, justificación y porfía les valen? Pues, válgalas Dios y válgame Dios y válganos V. Magd. a los dos. Consuélanme con decirme que cuando en esta Corte menospreciaron a Colón, buscó en Francia, Inglaterra y otras partes un príncipe que le ayudase a pasar el golfo de sus cuidados al parecer sin fundamentos. Canto y con razón pues puedo decir con verdad que Colón buscó reyes sin reinos, y lloro y debo llorar lágrimas de sangre porque yo con reinos, larga práctica y un buen ánimo, busqué solo a V. Magd. que es mi rey y Señor natural, con quien ninguna fineza me vale, para que V. Magd. se sirva de tomar a su cuenta aquel rescate de almas, o lo deje a la mía; quiero decir a la de Dios que los crió y redimió y los quiere para su gloria. Hay personas, y no de las ordinarias, que dicen a esto que ahí está cerca Africa y otras provincias más lejos a cuya gente se puede ir a predicar y a convertirlas. Yo digo que se cansen ya de perseguir las del Austro so color del celo que no practican ni con las unas ni con las otras, y vayan presto o volando a socorrerlas a todas, y harán hechos píos y famosos y dignos de grandes premios en esta vida y en la otra. Y también digo que las leyes de dar a quien justamente se debe son dar mucho con buena voluntad y gran presteza, y sin esperanza haya evocado ya en muchos la línea de desafectos por impulsos de infidelidad, sino por estímulo de desabrimiento. No sirve bien, Señor, a V. Magd. en las presentes circunstancias quien sencilla y sinceramente no le representa lo que pasa, y así yo juzgo servir a V.M. en lo que voy a representar, aunque lo hago con gran dolor. He pasado por muchas provincias de Francia y con todos los grandes pesos y grande opresión conque aquel rey tiene sus vasallos, no he hallado ninguno, ni noble m plebeyo, que no le aplauda y exalte hasta las estrellas, y no se muestre dispuesto a servirle con hijos, con hacienda, con todo cuanto tiene. Y por el contrario, he entrado en España y apenas he hallado quien, con gran descaro y exasperación no murmure de la conducta de V.M., diciendo que todo va en ruina, por su flojedad, desaplicación, perplejidad, tolerancia y falta de resolución, que nada le contribuyen de buena gana porque saben que en gran parte se ha de emplear en mal, que todos obran como quieren, porque no hay justicia, y sucede lo que Dios quisiere, que no podrían estar peor de lo que están. Yo bien conozco que estos desatinos salen más de la boca que del corazón, pues no me persuado que haya algún vasallo tan pérfido que no ame tan entrañablemente a V.M., que tanto a todos ama; mas, sin embargo, estas y otras expresiones, que he oído, son indicios de exasperación, y esta no es disposición ventajosa para el reparo de las presentes calamidades, en las cuales sería necesario que supliesen grande amor y satisfacción de los vasallos lo que falta de fuerza y dicha a V.M. Esta desazón de los vasallos entiendo que no procede solamente de la monarquía, sino es también de la planta poco regular del gobierno, en quien principalmente la refunden, y como ven que por una parte, con la conducta que se lleva al presente van las cosas de mal en peor, y por otra, que, sin embargo, de esta manifiesta experiencia no se muda ni se mejora esta planta y conducta, crece en todos la exasperación, porque creen que no se hace todo lo que se podría y debería hacer para reparar todos los desconciertos que se padecen, y cabe, Señor (aunque injustamente), la pública y principal censura en V.M., porque sus ministros se descargan de ella diciendo que cumplen con los que les toca y lo que V.M. les manda, y consultan a V.M. lo que más conviene, pero que lo demás no está en su mano, que más depende de V.M. lo que inclinado a oir sobre cada cosa, ministros de encontrados dictámenes, queda perplejo en discurrir la mayor conveniencia desto que le aconsejan, y así omite o retarda las resoluciones o providencias que pedían más pronta expedición; esto, hacen ver, ser necesario que V.M. mude de estilo y señale conductos propios y fijos para el curso y ejecución de los negocios y materias, que no los detengan, para que los interesados sepan en todo a quien fijamente han de acudir y V.M. (que por sí mismo no es posible que dé cobro a todo) tenga a quien pedir cuenta de cada cosa y haya quien deba dársela, y si se falta a la expedición, sean otros el objeto de las públicas y privadas quejas, y no de V.M. como lo es ahora. Por fin, Señor, es menester considerar que una salud extragada de largo tiempo y de males complicados y envejecidos, cual es la de esta monarquía, no puede recobrarse sin remedios fuertes y amargos, y una incansable aplicación de sabios y de buenos médicos, ni muchas ni profundas llagas se pueden bien curar sin cortar y aún sin cauterizar la carne que no quisiere cortarse, pero es doctrina de Cristo y de su sagrada y segura política, que para salvar lo que más importa se debe despreciar la mano y pié, y aún el hijo, a los cuales tan natural afecto tenemos, y aunque habla el Salvador de Rey y vida más superior, no deja de poderse congruamente adaptar su enseñanza al presente caso, porque si los reyes no hacen lo que pueden y deben para la conservación y buen gobierno de los dominios que Dios les ha encomendado, nadie podrá dejar de confesar que tienen la eterna salud muy arriesgada, si bien que V.M. desea cumplir con esta grande y estrecha obligación y no posponerla a ningún humano afecto o respectos, y así espero que Dios, el cual ha dado esta santísima y católica intención, no dejará de favorecerla con su divina luz y asistencia, mayormente si hiciera V.M. lo que esté de su parte. Yo he creído cumplir con lo de fiel vasallo de V.M., ofreciendo a su soberana comprehensión estas sencillas reflexiones en que no tuvo parte humano fin, o estímulo ajeno, sino un sincero celo de contribuir a la mayor gloria y servicio de V.M. con el pobre caudal que Dios me ha dado. Si fue sobrada temeridad la mía, excediendo en la sencillez de estas expresiones, espero que la real clemencia de V.M. me perdonará el error, por la bondad de la causa que fue sin duda un verdadero celo. De todo cuanto llevo referido (temo, Señor, si no hay mutación en el modo de gobernar nuestra España) que se ha de experimentar algún flagelo pues aunque Dios consiente por algún tiempo, tanta puede sea nuestra insensibilidad y protervidad que V.M. se explique haciéndose sentir en toda la monarquía, como sabemos muy bien que lo ha hecho muchas veces, pues está llena la Sagrada Escritura de casos bien memorables, sin que sea necesario nuevamente hacer mención cuando llevamos ya citados algunos y en nuestra España visto muchos.
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MEMORIAL 6 Santísimo Padre La grandeza de mi demanda, lo mucho hecho por ella y lo que está por hacer para sólo darle principio, y la autoridad que trae de aquellas partes; si Vuestra Santidad me lo manda yo lo mostraré juntamente con mi parecer, si éste merezco dar, en la navegación, pacificación, religión y conservación de todo. Y para que Vuestra Santidad más bien vea que no me muevo por la paga del Rey de la tierra, yo haré un protesto y renunciación ante la persona que Vuestra Santidad señalare, de no la pedir jamás por finezas que yo haga. O si no, yo daré luego a Vuestra Santidad, o en España, o al Rey, todos los papeles y avisos que tengo para que se mande hacer este bien por quien más fuere para ello; y si más puedo hacer más haré para más justificación mía. Hombre soy de capa y espada, Santísimo Padre; pude y puedo pasar mi vida sin venir de tan lejas partes a pedir tantos trabajos, y pues Dios me ha dado tanto en que poder mostrar mi deseo, paréceme que tengo obligación, so pena de mi daño, de seguir esta demanda hasta que me desengañe quien puede o darle fin a ella o a mí. Las dilaciones son muchas y las dificultades grandes; yo quisiere negociar sin ser molesto y tan bien que mi demanda no perdiera sus derechos por mi cortedad o otra causa; sus necesidades son muchas y mis fuerzas pocas y mucho el deseo que tengo de que se quite al demonio sus ganancias, que se hace adorar de aquellas gentes y roba a Dios su debida honra. Esta es causa propia de Vuestra Santidad, a quien Dios tiene cometido el gobierno del mundo. La predicación del evangelio y el procurar que se salven las almas; todo lo pongo en sus manos de Vuestra Santidad y yo, postrado a sus pies santísimos, me ofrezco por ministro della, por ser el piloto mayor que fui aquellas partes y puedo guiar rosque hubieren de ir a ellas. Y si Vuestra Santidad fía de mí, que pretendo acertar, y para esto busco los medios más ciertos, sírvase Vuestra Santidad de darme una exortatoria para los eclasiásticos de todo aquel mundo de allá, y que se envíe una religión sola y pobre y celosa del servicio de Dios, amparándola Vuestra Santidad como padre de todos y descubrimiento que ya consta ser de más de mil y quinientas leguas de tierras pobladas con innumerables hombres y al parecer de geógrafos y pilotos y como lo puedo mostrar; más de otras cinco mil por descubrir; y la reliquia de la cruz de Cristo y agnus deyes (sic) y las gracias pedidas en el memorial que a Vuestra Santidad presente, porque yo me quiero ir el sábado, que ha diecisiete meses que estoy en Roma, para sólo negociar en Roma, quedándome tanto por andar. Sólo que Vuestra Santidad autorice esta causa y muestre su Voluntad y juntamente se ha de servir Vuestra Santidad de conceder indulgencia plenaria seis veces en el año al hospital de los Hermanos de Juan de Dios que ahora fundan en la ciudad de los Reyes, que todo favor merece gente que sólo profesa el servir pobres.
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MEMORIAL 7 Al guardián o provincial de los descalzos de San Francisco de la ciudad de los Reyes del Perú o de otra cualquier provincia donde se ordenare esta jornada, y en caso que no haya frailes descalzos, mande Su Santidad que vayan otros cualesquiera de la misma orden de San Francisco. Que la exortatoria para todos los eclesiásticos sea bien fortalecida para que se vea más bien cuanto Su Santidad desea que tenga efecto aquel descubrimiento y pacificación, y que todo rece así a mí como a cualesquier otros que sucedieren a la causa. MEMORIAL 8 Con licencia de V.M., el Adelantado Alvaro de Mendaña, el año de 95, con cuatro navíos armados, salió del Callao, puerto de la ciudad de los Reyes, a poblar las islas de Salomón del Mar del Sur, parte occidental del Perú, que no halló. En el viaje descubrió en ciertas islas jamás vistas, a gentes de tres colores: los primeros, hombres de buena estatura y cuasi blancos; los segundas, buena color y gesto pardo y los terceros, negros. Aquí pobló una. Ciertos sucesos y desconciertos y a en fin (sic) murió. Dejó su mujer nombrada y gobernó, y a mí como a piloto mayor, la llevase como llevé a la ciudad de Manila en las islas Filipinas y dellas, por causas que me movieron, fui al Perú y, en nombre de V.M., al Visorrey don Luis de Velasco me ofrecí de ir a descubrir aquellas partes que por lo que vide es vasto, que promete mucho. Remitiome a V.M., cuyos reales pies como mi centro de tan lejos buscado vengo, sin los cuales ni sería posible aquietarme, ni V.M. bien informado para dar a esta demanda un buen principio, pues sin éste no puede tener el medio y fin que le pretendo. Todo me remito a papeles cuya razón, aunque larga, es muy necesaria, porque negocios tan grandes no pueden mostrar breves sin dejarse con daño suyo mucho dellos. Suplico a V.M., por quien es, se sirva oir y considerar mi petición como dueño y señor suyo, con aquella atención que ella y su justificación merece y merece la mía el celo y fe conque la ofrezco, aunque con simples palabras; y porque no se pierda tiempo, mirada, requerida y examinada por personas de tanta suficiencia como tales cosas han menester, estando yo presente a todo para dar cuenta, y que si fuere tal cual pienso es desta real corona y estado la merced que quiero recibir, que sea luego despachada como lo pido, pues otra cosa que esta merced ni me podrá ser paga ni satisfacción a la esperanza de que me sustento y sino desengañado, y esto se ha de entender que mis deseos y todas mis obras están rendidas a la parte o todo que V.M. servido fuere. Alguna experiencia tengo de yerros ajenos que suelen con escarmiento despertar a otros, y voluntad muy viva de aprovechando servir a V.M. toda mi vida, muy determinado y atento en esto. Vuelvo a suplicar a V.M . que no sea desestimada la ofrenda que este humilde vasallo con tanta verdad presenta a la grandeza de Vuestra Real persona, cuyo brazo allega y pasa donde mis cuidados llegan, que por ser ella la que es merece que sea yo para ella de V.M. admitido, amparado y defendido, y si aquel gentil Rey Jerjes estimó y tanto gratificó una sola poca de agua de pocos pasos traída y en las manos ofrecida, yo que deseo los ocultos moradores de la parte antártica en la doctrina evangélica repastados, aprovechados y sustentados, y a V.M. conocida, obedecida y servida, como lo es de levante a poniente, del uno hasta el otro polo, por ser para un tan gran monarca, lo poseído, todo poco, y las más que pido, aunque no soy capaz dellas, sólo fuerzas para más bien con ellas servir a V.M., lo que sin ellas no haré ni intentaré por el peligro que todo tiene, que mercedes no esperare y con ellas todos callaran y los que sin provecho dejarán, ya que suyas tendrán por buenas mis diligencias, por justa mi petición y por acertados mis trabajos, para cuyo fruto mostraré a V.M., si servido fuere, el cuanto han de sufrir por se conservar vuestros caudillos, y cuan pequeños principios deshacen y del todo consumen grandes empresas y las desacreditan, y los muchos de todos que padecen vuestros vasallos siguiendo vuestras banderas, ocasiones porque sean acogidos y honrrados ellos y otros que vinieren ganosos y animados y materia deado (sic) salgan documentos que dar, tan necesarios para ser en aquellas partes Dios y V.M. bien servidos con verdad y con cuidado, y los naturales dellas más bien doctrinados y en lo político enseñados y en las personas tratados y con nuestro vivir obligados, pues es tan justo y tanto importa y el remate y fin de todos mis deseos; y en suma digo que dejar Dios en ellas servido como se debe será V.M. servido como conviene para la duración de todos bienes sin daño de partes. Y si V.M. se sirviere mandar juntar este memorial a la carta que sobre el caso tracé, del duque de Sesa para V.M., que dada tengo a don Pedro Francisco Quezada (?), y remitirlo al padre Maestro fray Gaspar de Córdoba, para que con todo rigor la examine y haga relación a V.M., en forma, y V.M. tome la resolución que a su real juicio más convenga. Y en todo pido brevedad, porque ha siete años y meses que dejé mis cosas y trato de estos y de ellos. Está lo más por andar y yo que (he) andado lo más; y empresas arduas y difíciles piden la resolución de César, Aníbal, Alejandro y Pirro, y de nuestros Colón, Gama, Magallanes, Pizarro y Cortés y otros, que grandes cosas acometieron y acabaron. Pedro fds. dequiros
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MEMORIAL 9 Pedro fernández dequiros. Digo que está por descubrir la parte del sur hasta su polo, un circuito de 5.500 leguas, sin saberse si es tierra o agua, o que partes tiene de las dos. Ya consta ser de más de 1.000 leguas de tierras pobladas de diversas gentes que en ella están, vistas por otros descubridores y por mí; y de algunas dellas no se saben los finis suyos. Porque estar tan engolfados y ser sus moradores gentes sin arte y posible de poder navegar a lejas partes, arguye la vecindad de grandes tierras que prometen por sus sitios ser tan buenas como éstas. Que ningunas islas pobladas en todos los descubrimientos hechos se han hallado lejos de tierra firme. Tengo practicado muchos años prior que los descubridores pasados tuviesen una sola hora de semejantes negocios, y que soy testigo de vista y tengo de aquellas partes a estas a dar el aviso y ella a noticia confusa; y van de estas para aquellas y en todo cuanto ha sido, es y será el bien que por su medio se ha conseguido. Que en aquella jornada públicamente ayudé al Adelantado Alvaro de Mendaña a sustentar el servicio de V.M., con tanto riesgo mío como lo traigo probado, y gasté en ella y después acá toda mi hacienda y tiempo cumplido de siete años, que doy por bastante prueba de mi deseo y, aún, de mi paciencia, con haberme negado en todo, y dejo de apuntar los grandes peligros, los muchos contrarios y continuos trabajos y a los que de nuevo me ofrezco y no los ignoro. Que don Luis de Velasco, Vissorey de Perú, de quien para V.M. tengo carta, ha examinado esta causa, a donde se pudo tener della entera luz y de todo muy comedida satisfacción. Que ya puedo con razón decir que excito la voluntad de Dios en su Vicario Universal, como lo puedo mostrar por seis breves que de buena voluntad a mi humilde petición hizo merced conceder en favor suyo, y por ella misma tengo éste por el mejor de los principios de sus semejantes y me asegura a de tener en lo espiritual y temporal el mejor de todos los finis y que excito nuevos males y me parece que la que llaman desgracia es el no ser sana la intención de los obreros. Que esta demanda en todo promete mucha grandeza y es justa y santa y muy digna de la mucha cristiandad de V.M., por mis servicios no puedo igualar mis fuerzas con mis deseos y a ésta falta todo se me hace casi imposible y cada hora un siglo. Que el duque de Sesa en Roma la examina tan despacio y curiosamente cuanto le han dado lugar 17 meses que en su casa me tuvo, y tanto más cuanto le movió el celo y tiene de las cosas que prometen lo que está en el servicio de Dios y de V.M., como contará de su carta a que me remito y todo a papeles. Suplico a V.M. que encarecidamente puedo se sirva hacerme merced mandar sea oído como en el primero memorial le pido, pues la merece el valor de mi demanda y no desmerece la verdad con que la trato y los deseos que de conseguir le tengo o dejen ganado, porque mi poca comodidad no puede sufrir ya tantas dilaciones, ni mis pocas fuerzas vencer tantas dificultades, quedando siempre vivas las mayores.