MEMORIAL 15 Pedro Fernández de Quirós, cabo de los navíos del descubrimiento que con licencia de Su Santidad y mandado de Su Majestad he de ir a hacer a la parte austral incógnita, digo que para que haya mejor efecto mi intento, me parece muy conveniente y necesario que de aquellas partes, llevándome Dios a ellas, traiga a éstas o lleve a las de España algunos naturales suyos, a fin de que vean nuestros usos pulíticos y nuestros tractos amorosos y se aficionen a ellos, y aprendan nuestra lengua y (se) sirvan della cuando se vuelvan a sus tierras, por ser ésta la mayor de todas las faltas para se acabar con ellos todo cuanto Su Santidad y Su Magd. fundan y esperan de aquel tal descubrimiento, y juntamente el justo modo les pueda dar armas de machetes, hachas, cuchillos y otras, y todas las cosas de hierro, y lo demás que en este caso o en otro puede ser o está vedado; y más también en el rescate de cosas de menos o más valor si acaso los tuvieren. Por lo cual a Vuestra Merced suplico sea servido darme por escrito el orden que tengo en esto, de seguir y de guardar, para que Dios nuestro Señor no se ofenda de mi ida a aquellas partes y se consiga lo deseado con seguridad de mi conciencia y recibir en esto una muy gran merced. P.° Fernándes de Quirós MEMORIAL 16 Pedro Fernández de Quirós, digo, que gobernando el Pirú el marqués de Cañete, el año de 1595, fui por capitán y piloto mayor del viaje que por mandado de vuestra majestad hizo el adelantado Alvaro de Mendaña por la población de las islas Salomón, que no tuvo efecto, por lo que el dicho adelantado murió en otras islas que nuevamente descubrió, por lo cual, y por otros sucesos que hubo, la poca gente que allí quedó llevé a la ciudad de Manila, en Filipinas, el año de 96, y allí en nombre de vuestra majestad, me ofrecí a don Luis de Velasco, virrey que a la sazón gobernaba aquellos reynos, de que dándome un navío con gente volvería a la parte austral incógnita, a ver si en ella había tierra, y que el dicho virrey con carta suya me remitió a vuestra majestad, y viniendo a España el año de 98 y 99, arribé a Cartagena con el general don Luis Fajardo y estuve dos inviernos en La Habana. El de 1600 salí con el general don Francisco Coloma y entré en Sevilla con solos seis pesos de caudal, y con ánimo de acertar en caso tan importante fui a Roma en hábito de peregrino, y llegado que fui a ella, el embajador de vuestra majestad, don Antonio de Cardona y Córdoba, duque de Sesa y Baena, me recogió en su casa más tiempo de diez y ocho meses y me hizo todo favor y amparo, y mandó no diese paso, como no di, sin orden suya, y como persona tan celosa de Dios y del servicio de vuestra majestad y del bien público, con gran diligencia y muy despacio, examinó la causa principal y particulares porque fui a Roma, y habiendo bien entendido el calor della, la comunicó con el padre Clavio y otros insignes mathemáticos, a todos los cuales pareció que mi petición merecía ser admitida; y por ésta y otras razones la comunicó con Su Santidad de Clemente octavo, el cual pontífice aprobó mi pedimento y deseos y me concedió seis breves de gracias espirituales y otros favores a la causa, para que más bien constase su voluntad para con ella. Y en conformidad de todo lo dicho, y con parecer del mismo sumo pontífice, el duque de Sesa, el año de 602 me despachó de todo lo necesario y me dió carta para vuestra majestad, con capítulo en ella que decía su santidad que vuestra majestad debía abrazar y emprender este caso, y juntamente cuanto podía importar un breve y un muy buen despacho para proseguir mi intento, aunque no fuera por más que por la salvación de una sola alma de las de aquellas partes. La cual carta presenté a vuestra majestad en El Escorial por junio del dicho año, y vuestra majestad, por principio de julio siguiente, fue servido de mandar que yo fuese en la primera flota, y para que el virrey que gobernase el Perú, sin excusa ni dilación, me diese dos navíos y todo el despacho dellos, para ir y hacer aquel descubrimiento. Y para este fin salí de Valladolid y de Aranjuez por abril y mayo de 603, con cuatro cédulas de vuestra majestad emanadas del Consejo de Estado, y con dos cartas del Conde de Lemus y Andrade, Presidente del Consejo de las Indias, y otra carta del condestable de Castilla, otra del duque de Sesa, otra de don Juan de Idiáguez, Comendador Mayor de León, y otra de la Condesa de Monterrey, diciéndome todas estas personas, y tan graves ministros de vuestra majestad, que en obra tan grandiosa y encaminada a tantos bienes, querían tener su parte. Llegué, señor, a Cádiz, de a donde salí día de San Pedro del mismo año de 603, y navegando la Tierra Firme, una fragata en que yo iba varó de noche y se perdió en una bajos e isla que se dice de Aves, y de allí llevé cuarenta y dos personas al puerto (?) de Caracas, y volví socorro de bizcocho y bastimentos a otras cuarenta y tres personas que habían quedado en la dicha isla de Aves, y luego me fui a Caracas donde estuve ocho meses esperando el pasaje que tuve para Cartagena, y entré en Panamá por agosto de 1604, donde hallé que la nao capitana de vuestra majestad, venida del Perú, salía como salió el segundo día de aquel puerto, para el puerto del Callao de Lima, y por falta de dinero, y porque la Audiencia no me dió el que le pedí, diciendo que la cédula de vuestra majestad (que le mostré) no hablaba con aquella casa, me quedé en Panamá y me hallé cuando el alto de la casa del hospital de aquel pueblo se fue al suelo con más de sesenta personas, de las cuales murieron ocho o diez, y otras muchas quedaron muy lastimadas, y yo lo quedé tanto que estuve cinco meses en una cama sin tener un solo peso de qué valerme. Y finalmente salí de Panamá y entré en Lima, a principios de marzo de 605, y luego incontinenti presenté las cédulas de vuestra majestad al virrey el conde de Monterrey, el cual por sus muchas enfermedades y por otras causas me despachó ya tarde, que se pudo juzgar la jornada por de muy pocas esperanzas de buen suceso. Y así salí del Callao a veintiuno de diciembre del referido año de 605 y navegué la vuelta del Oessudueste hasta subir altura de veintiseis grados de la parte meridional (85), en el cual paraje hallé rigor de vientos nortes y contrastes, y el invierno muy cerca, con poca provisión de agua, yo enfermo en cama, y tuve aviso que había en la nao personas que se querían alzar con ella (86), y con éstas y otras muchas dificultades se fue navegando y se descubrieron veintitrés islas, las doce de ellas pobladas de diversas gentes, y juntamente más tres grandes partes de tierras que se entendía ser todas una, y hay sospechas de ser tierra firme, y una grande bahía y un puerto dentro en ella, del cual puerto salí con los tres navíos con ánimo de ver una grande y alta sierra, que está a la parte del sueste y volviendo arribar al dicho puerto, por viento contrario, la nave almirante y zabra dieron fondo, según se pudo juzgar, y por falta de valor, o por poco amor, y estar yo enfermo en cama, desgarró (sic) la nao capitana, a cuya causa y por otras muchas que me obligaron, aporté al puerto de Acapulco, a donde entregué la nao con todo lo que en ella había a los oficiales reales de aquel puerto, y con esto quedó sabido el viaje de aquellas tierras a las de la Nueva España, y entré en esta Corte a nueve de octubre de 607. Los motivos porque fui movido a tratar de este caso y todo lo referido aquí, tengo escrito muy particularmente, y todo lo uno y lo otro mostraré probado desde su principio hasta el presente, y a boca diré lo que falta antes y después, y juntamente haré un mapa universal, lo que hasta aquí no he podido, en el cual pondré en sus distancias y alturas, y con sus nombres escritos, a todas las islas y tierras que Dios fue servido mostrarme, y allí se puede ver con mucha claridad la grandeza de toda la parte que del sur está por descubrir, y sobre todo lo dicho se pueden hacer largos discursos, a todo lo cual me remito. A juicio vengo y audiencia pido de todo cuanto obligado estoy, y a dar la cuenta que luego ofrezco, y muy entera satisfacción en todas casos y cosas que se me manden y se me pidan, y sea, señor, aviso que de no se me hacer esta merced, será para mi y para la causa un muy notable agravio, pues de no ser esprimida cuando la ofrecí la vez primera, ha perdido de lo mucho más que pudo ganar, y yo en ella a mil por ciento, advirtiendo que yo me daré a entender muy facilísimo. Jueces pido, señor, sabios y rectos, y que tengan paciencia para oirme, voluntad de entendimiento, amor a esta demanda de tanto mayor cuantía, y dolor de saber cuántas y cuán fructuosas obras para otros pude haber hecho en tantos años perdidos, midiéndolos a proporción de las que hice en tan pocos meses que me duró el poder obrar, y cuántos de estos años he gastado en hacer creer esta verdad, y que ni ahora soy creído, ni sé cuándo lo seré, ni qué modo y orden tenga para negociar sin ser molesto, no perdiendo esta demanda por mi cortedad a otra causa. Si la desorden de tan pocos españoles que han entrado en las Indias bastó a consumir tantos millones de naturales suyos y traerlos a un tan corto número, como al presente tienen. Digo, señor, que siendo como son hoy tan pocos los indios, y los españoles tantos, y la codicia doblada, y el tratamiento el mismo que siempre ha sido, que es muy fácil de entender y aún de esperar cuán presto del todo se acabarán aquellas gentes si no las remedia Dios. Sabido que las Indias Occidentales han venido a una tan notable baja de sus muchos naturales y que al presente están tan cerca de ser arruinados ellos y ellas; se ve luego el cómo Dios nuestro señor (aunque por medio de un instrumento tan mínimo cuanto yo soy) va mostrando a vuestra majestad otras nuevas Indias Australes de no menores esperanzas, si bien se considera el lugar que en el globo tiene la disposición de las tierras vistas, tan agradables y tan sanas y fértiles, y de tan gran comodidad para lo que se pretende, y tan pobladas de tantas y tan varias y dispares gentes, y muchas dellas tan hermosas, todas tan racionales y de tanto aparejo para recibir la divina luz del santo evangelio y todos los otros bienes que a ellos y a nosotros están a cuenta, y juntamente para venir con mucha presteza a la obediencia de vuestra majestad. Y si se considera las noticias que los indios en razón de tierras han dado, y las declaraciones que en materia de riquezas han hecho, y de los discursos que acerca de esto hice y ahora se pueden hacer, hallarse ha que aquellas tierras que vide, parece que, por el sueste, van corriendo hacia la otra parte del sur y estrecho de Magallanes, y por el poniente y sudueste se van continuando hasta juntarse otras veces, por lo cual promete ser muy grande su longitud y latitud. Considérese más, que las islas que vide pobladas de tan buenas gentes, que están seiscientas y setecientas leguas más al levante de la tierra de que se trata, y Juntamente la falta que sus moradores tiene de embarcaciones capaces, y del corte de navegación, y sus instrumentos para poder engolfarse, hallarse ha que sólo pueden navegar por el tino de uno, dos o tres días, por la cual razón se debe creer que la otra tierra se va extendiendo hacia aquella parte del levante y del sueste, y está de aquellas gentes muy cerca, o si no, que hay islas que van eslabonando a vista unas de otras, hasta llegar a ella o muy cerca. Y digo más, que para ser esto así como lo digo, bastaba sólo haberse visto allí un hombre tan engolfado, y tan apartado de todas tierras sabidas, y que nunca se han hallado islas pobladas que no sean muy cerca de tierra firme. Y si esto es así, como lo está prometiendo, digo que ha de ser como otro Nuevo Mundo, tan grande, y promete ser mayor, y poblado de mucho mejores gentes que lo es el de la América, y de buena razón ; muy rico así por las dichas noticias, como por la plata y tantas conchas de nácar como en tantas partes se han visto (en) éste y los otros dos viajes, y por la disposición de la tierra, y por caer en paralelos del Pirú y clima de Potosí. Y cuando esto así no sea, digo que si se considera que tan altas y redobladas serranías no las suelen tener pequeñas tierras, y que de aquel río Jordán, por su grandeza, se puede juzgar que su nacimiento le tiene más de sesenta leguas de a donde entra en el mar, y que la parte o monte de a donde mana es fuerza que también tenga su cuerpo y vertientes a otras partes. Por todo lo cual y por las largas costas que van corriendo levante y poniente de la bahía de San Phelipe y Santiago, como se dice en su lugar, con cordilleras de sierras al sur y al leste y al oeste, es fuerza que sea una gran tierra y muy digna de verse, y ser sabido todo lo contenido en ella, aventurando para tanto prometido uno, dos o tres más, a donde están gastados tantos en cosas que ni son ni hay esperanzas de que sean muchas ni grandes, pues ya son buscar y catar, dadas en lo que es tan sabido y disfrutado, y va siendo cada vez menos. Aviso que entre sus mayores bienes de estas tierras descubiertas, que es muy grande la descarga que puede dar a los reinos del Pirú y la Nueva España, de tantas gentes sobradas y desacomodadas como tiene, y lo que esto suena y promete y asegura desde luego. Y si se considera el cómo las voces que tan a ciegas dió Colón, y su porfía, aunque no ha sido tanta como la mía, ni tan grandes sus trabajos como yo lo mostraré. Hallarse ha haber dado a España tantos millones de oro y tantos millones de bienes, y que los mismos con luz clara promete el caso de que se trata y que no es para desechar. Y pues, señor, si por grandeza ¿cuál mayor que poblar un Nuevo Mundo? Si por riquezas ¿cuáles más que las que promete estando por desnatar? Si por fama y gloria, ¿cuál más eterna? Si por el beneficio público, ¿cuál más universal y de más bienes? Si por ocupar gente baldía, ¿cuál aparejo mejor? Si por ocasión, ¿cuál más propia? Pues fui, y vide y vine y sé y quiero, y vuestra majestad, tan poderoso señor, si para Dios cuyo es todo y por cuyo amor se debe gastar y aventurar lo que el mismo tiene dado y ha de dar, ¿cuál mayor y más lucido servicio que traer a un tan copioso número de criaturas al conocimiento de su creador? Defienda Dios esta causa de la envidia y de la ignorancia y más cosas contrarias, y defienda vuestra majestad la parte de ella, pues es tan grande y tan propia de tantos y tan declarados enemigos suyos y míos, porque la amo, quiero y sirvo, y reciba vuestra majestad como rey y señor tan benigno, la duración de la voluntad deste vasallo en la conquista de tantas ajenas cuantas en ellas han concurrido, y estime vuestra majestad el muy continuo y muy necesario sufrimiento pues a éste, después de Dios, se debe lo descubierto y lo que promete, y espero de riquezas para el cielo y para la tierra, y acepte vuestra majestad de mi fe y de mi lealtad y amor con amor el resto de toda la vida que ofrezco, con el mismo celo que siempre tuve del remedio de aquellas tantas almas que allí vide y allí están clamando y pidiendo a Dios la parte de sus grandes misericordias, y a vuestra majestad diciendo: hasta cuando, señor, protector nuestro, han de durar tanto nuestros males y tanto nuestros daños! Oigalas vuestra majestad, por quien es, que ya es tiempo y les corre sus derechos a 1607 años, y oiga vuestra majestad a mí, que en nombre de todas ellas y en nombre de su redentor y nuestro, y de todos los otros bienes cifrados en esta causa, y en nombre de vuestra majestad, por lo que le importa y con toda humildad tan debida de mi parte suplico a vuestra majestad sea servido de recibir este presente, siquiera al paso que fue estimada y celebrada la nueva de la toma de la isla de Terrenate y el puerto de Monterrey, descubierto en la contracosta de California. Atendiendo, señor, que esta mi ofrenda es el primero descubrimiento de grandes tierras, que por mandado de vuestra majestad las he buscado y hallado, cuya felice memoria de vuestra majestad, por el apellido de Austria le di por nombre la Austrialia del Espíritu Santo, porque en su mismo día tomé la posesión della y lo que puede sonar un Nuevo Mundo en los oídos de amigos y enemigos en los tiempos presentes y venideros, advirtiendo a vuestra majestad cuanto el rey pasado, padre de vuestra majestad, que sea en gloria, estimó la población de las islas Felipinas por haber sido en su tiempo, con ser descubiertas antes por la parte del Oriente. Y pues el mismo Dios estimó tanto aquel sólo maravedí llevado de una casa al templo, estime vuestra majestad por quien es, este thesoro traído desde allá del emisferio inferior y partes casi antípodas destas, a ofrecer en las reales manos de vuestra majestad, comprado desde su principio por suma verdad, suma diligencia y suma porfía de doce años y medio de continuos pleitos, y por veinte mil leguas de caminos rectos, siempre penando y por muy notables peligros de la vida, sin los ordinarios, y por sumas miserias y pesares y otros millares de costosos precios, y advierto, señor, que su debido valor de esta gran causa está sólo en que vuestra majestad la mire con dulces y piadosos ojos, y todo su bien cifrado en que vuestra majestad sea servido inclinar su real grandeza a ella, que para mí será merced muy singular, y para vuestra majestad, corona y palma. Lo que pretendo, señor, es que vuestra majestad sea servido darme cédulas muy claras, muy cumplidas y muy fuertes, y con muy grandes penas a ministros que las cumplan, para ir en esta primera flota al Perú para que aquellas tierras descubiertas sean, como pueden ser, pobladas desde la ciudad de los Reyes, y de la ciudad de México, y se acabe de descubrir lo que falta; advirtiendo que para su población y conservación tienen de presente las más principales y necesarias cinco cosas, a saber: grandeza de tierra, abundancia de comidas, mucha sanidad, mucha comodidad y mucha gente, a las cuales cosas suceden luego la industria y cata de minas de plata y oro, perlas y otras riquezas, algunas dellas vistas y de otras hay noticia, todas las cuales cosas no se pueden buscar sin lo referido. Adviértase también que para la mayor parte, los indios de tierras fértiles son muy poco industriosos y que sólo atienden a pasar la vida con el menos trabajo que pueden, y que viven sin aquellos cuidados que tenemos las gentes de nuestra Europa; y también se advierta que de España no han de ir para el dicho efecto más de sólo doce religiosos descalzos de la orden de San Francisco, y otros doce varones maestros de artes y ciencias y experiencias y toda satisfacción, para ordenar y encaminar las cosas a los altos fines que deseo y mostraré; pues (si) esto se ha de hacer andando el tiempo, hágalo vuestra majestad de presente, que ésta parece muy buena ocasión. Lo segundo, que aunque andando tiempos, aquellas tierras se extendiesen tanto que para su gobierno tuviesen necesidad de dos virreyes, nueve audiencias y tantos otros ministros reales y de justicia y guerra, como al presente tiene la América, vuestra majestad no les dé salario alguno (!), no gaste en todo este caso más dinero que sólo en el primero viaje, para la población y, cuando mucho, el segundo, para el socorro. Lo tercero, el mundo justificado que pido, pues lo hay por ser la parte más digna y más debida y la que más conviene que tenga ésta y semejantes empresas, y el modo que mostraré de tanta autoridad y de tanta utilidad, y de tan fuertes fundamentos para que dure y no se acabe la obra, y que sea la más lustrosa de todas las de los tiempos pasados y presentes de su género. Lo cuarto, que por ser los frutos de esto pueden sacarse tan sabidos y palpables en el servicio de Dios y de vuestra majestad, y bienes públicos, los excuso aquí y digo: la seguridad que tienen de que enemigos los impidan ni inquieten, la obra. Lo quinto, que fray Francisco Pobre, religioso descalzo de la orden de San Francisco, me tiene dado palabra de ir con otros doce religiosos de su orden a aquellas partes, movido del celo que tiene de la conversión de aquellas gentes. El sexto, que con haber tanta razón, no estoy cansado de los trabajos pasados, ni del sufrir y contentar hombres, ni de solicitar ministros, ni estoy temeroso de aquellas tan oscuras ni tormentosas noches, buscando, con tan conocidos peligros, tierras incógnitas; y sea aviso que también amo la seguridad y el descanso, y que me parecen bien las cortes y las populosas ciudades y todo lo demás que de suyo es amable, y que todo lo pospongo por sólo el servicio de Dios. Y para que de esta vez mi intento sea entendido, digo que tengo de seguir esta causa hasta mostrar a vuestra majestad cuánto Dios en aquellas partes ha criado, o morir en la demanda; y más digo, que a vuestra excelencia no le está a cuento que yo deje de las manos esta obra, pues ahora rarece que voy teniendo ojos añadidos a la misma voluntad, y desnudez que tuve siempre, recordando que suelen los príncipes para semejantes hechos buscar hombres y esforzar sus voluntades para el empeño en ellas, y que si yo hubiera de volver a los mismos trabajos, que no fuera por los mayores premios, y que si vuestra majestad no me envía, tengo que pedir mi justicia, y la estimo por tanta como la que a Colón se ha dado, y todo esto lo mostraré. Acuerdo a vuestra majestad que es verdad el cuidado del que muestran las tierras y procura el remedio dellas, y que las cortes bien fundadas son de mucha duración y no son fáciles de desbaratar, y que las mal fundadas son malas de reformar y que siempre están en peligro de acabar mal. Ejemplo en las Indias, de cuyo remedio se ha tratado y trata tantas veces, y del poco que tienen tantos males ya pasados en ellas y cuán tarde se remediarán los venideros. Y más, señor, que bien pudiera yo a ojos cerrados y sin reparo, antes y ahora, caminar por donde todos han caminado y seguir en todos sus pasos; y más, que los vasallos desinteresados, diligentes y leales engrandecen, descansan y aseguran hasta las conciencias a sus príncipes. Y más, señor, que en Roma, que no es patria mía, han sido mis trabajos estimados, y mirados con dulces ojos mis deseos, que lo son de que en esta causa se hagan hechos que sean como las rosas hermosas, olorosas y provechosas; obras, digo, que parezcan bien a Dios y a las gentes; y más, deseo y pretendo que los derechos reales que de aquellas partes vinieren no sean tan invisibles como los que vienen de las Indias. Vuelvo a suplicar a vuestra majestad, con todo encarecimiento posible, sea servido mandar me sean dados con mucha presteza jueces a parte, e que lo sean, que sepan o quieran saber cuanto duele tantos deseos contradichos y detenidos, y tantos cuidados que pican y que lastiman, y tanto esperar tantos tiempos con tan grandes daños míos, y que entiendan cuanto amarga rostros torcidos mucha tibieza y grandes desdenes en pago de tan grandes servicios y de un hecho tan singular cuanto es éste, y que estimen a un tan esforzado amor y tan poco temor de cosas muy dignas de tener los hombres, y otras de aborrecerlas, y que vean (pues se ve) que no soy éngel, ni más de un hombre solo y falto, y que aunque quiero y trabajo no puedo acudir a tanto y tantos, ni suplir en general tan grandes gastos y pesos, cuya gravedad de todo punto (si bien se mira) harán arrodillar las fuerzas de muy sabios y muy ayudados varones. Y en suma, que me pregunten cómo me pude sustentar tantos años, siendo los más de ellos un Job en la pobreza, y no Job en paciencia y más partes, obligado a defender y a sustentar tan grande y tan perseguida causa en tantas partes del mundo y tan lejos; su conclusión sean las gracias a Dios. Esto he entendido, señor, y que de esta demanda yo sé muy bien sus grandezas y todos sus prometidos y mas partes, y cuánto me tiene costado sacarla de la oscuridad en que estaba, y cuánto valgo para el caso, y cuánto me puede costar el conseguirle, y cuánto he rogado y ruego, y cuán barato me vendo, y por cuán subidos precios se compran obras menores; y que también sé las obligaciones todas de los mayores para con ella y para conmigo, que pudiendo con justicia pedir el premio de mis servicios y gastos de hacienda propia, procuro nuevos trabajos para mí y busco por amor muchos bienes para otros. Y si vuestra majestad me da licencia, hablaré claro en razón de lo pasado, pues Dios, vuestra majestad y la causa y yo perdemos mucho de nuestro derecho por solos respetos humanos. Tres son, señor, las mercedes que con toda humildad a vuestra majestad suplico, por primeras y por principales. La una de ellas es, señor, que esta causa bien examinada y bien entendida y bien considerado el todo de ella, y los blancos todos a que tiro con el puerto conocido, puertas que Dios ha dado para entrar sembrando y cogiendo todos sus frutos, y que sean bien advertidas todas y cada una de las partes de este memorial, y que haya junta de mathemáticos, estando yo presente en ella para justificar mi causa y defenderla de cosas que la puedan dañar si estoy ausente, y que yo mismo sea el que haya de leer este memorial. La segunda merced que a vuestra majestad suplico es, señor, que si por deméritos míos o otra causa no he de ser admitido al servicio personal, como esclavo que soy della, que no se deje la obra y se elija una persona cual es muy justo y muy debido y muy necesario que se busque, para proseguir y dar forma a un caso tan santo y tan valeroso, y siendo tal, yo daré luego todas mis relaciones y mis escritos, y mostraré grandes avisos y una orden que sea padre de todos los huérfanos, marido de todas las viudas, remedio de todas las necesidades comunes y, en suma, fortaleza de la justicia y firmeza de la paz; y que por este medio en aquellas partes vengan a ser Dios y vuestra majestad muy servidos, y aquellas tantas gentes libertadas del poder de Satanás, guiadas a los bienes que no tienen y aseguradas de todos los daños que puedan amenazarlas; en especial de que jamás entren en manos de encomenderos ni ninguno dellos sepan cuales le tocan, y por ésta y otras razones, los mismos encomenderos defiendan los naturales y siempre vayan a más y de buena razón nunca a menos. Y más también, el como, a pocos años andados, salgan de la vida brutal que tienen y sean muy políticos en lo divino y en lo humano; y mostraré más otros frutos, todos de mucha honra y gloria y provecho de vuestra majestad, y que por todos estos caminos, a lo menos se atajen muy grandes males y se cojan muy grandes bienes, advirtiendo que esta obra está sin principio alguno y que por esto es fácil de hacer lo dicho, avisando a vuestra majestad que siempre sea el gasto de la hacienda real, pues el particular ha dañado cuanto yo le mostraré, y más mostraré modo como se gaste menos. La tercera merced que eficazmente a vuestra majestad suplico es, señor, un sí o no brevísimo y determi-nadamente, pues justicia pido para ser ajeno o ser mío, y dar a este tan acosado espíritu alguna quietud con otro pasto, porque tanto padecer, sufrir y porfiando guerrear contra tantos casi imposibles, lo mayor es ganar voluntades de hombres, cuyo grado, para que tenga su debido lugar, no se si le dé el de 90, pues, parece pasar los límites de todo padecer voluntariamente. Aviso a vuestra majestad de las muchas y muchas diligencias que el demonio atrás ha hecho, a fin de ver si podría impedir que aquellas sus minas de almas, y lo demás que allí goza con la adoración que tiene y roba a Dios, jamás fuesen descubiertas, y ahora que sabe que todas se pretenden labrar y beneficiar para la iglesia cathólica, de la cual es vuestra majestad defensor, las muchas más diligencias y embustes que ha de hacer una vez y muchas veces porque allí no se vuelva, y sea desposeído de aquellas tantas sus riquezas, ni se gocen los muchos temporales que promete para remedio de España, advirtiendo que es soldado viejo y práctico y muy theórico en todas artes y ciencias, y que ha peleado y disputado con muchos y muy singulares barones sabios y fuertes, y que sabe mucho de su falsa razón de Estado, negando siempre la buena, pues para mí ninguna hay mejor ni más debida que es defender causa y honra de Dios y bienes de sus criaturas. Y pues yo, siendo una hormiga, arrimado a una caña, sin partes, ni artes, ni caudal, sólo fiado de Dios de esta causa, su tan buen estado presente; y Dios nuestro señor no tiene límite en sus todos, y a quien de El fía le ayuda y facilita sus empresas, y para ellas hace de las piedras oro y plata. Anímese vuestra majestad, que mucha plata da Dios en el Perú, y está por venir a España, y hay hombres muy sobrados en todas las Indias, y la empresa es muy digna de la mucha cristiandad, valor y generosidad de vuestra majestad; y pues Dios me libró de tan ancho y largo golfo y me trajo a la presencia de vuestra majestad, no es acaso, ni vuestra majestad me deje ahogar aquí a la orilla, o por mejor decir, a puerto en salvo. Aviso a vuestra majestad que lo que a esta corte me trajo, y en ella me hace asistir, que es sólo la esperanza que tengo, nacida de los grandes favores y socorros que Dios nuestro señor siempre hizo a esta su causa; creo que para con ella he de hallar ahora, como hallé la vez primera muy dispuesta la voluntad de vuestra majestad y de sus ministros, y para la mía, la espaciosa y grata audiencia que a vuestra majestad mismo pido y suplico, pues esta tan alta demanda la merece, así por los bienes que cifra, como por ser hija de vuestra majestad, y por los muchos enemigos que ganado tengo defendiendo causa y hacienda de vuestra majestad, y porque haya quien se esfuerce a emprender cosas tan altas y tan arduas viendo la estimación que se hace de esta segunda de un género y primera en parte della. Aviso a vuestra majestad que para hacer aquel descubrimiento pedí un solo y pequeño navío con cuarenta hombres y que vuestra majestad fue servido mandar al virrey del Perú diese a mi satisfacción dos navíos y, a proporción, todo el despacho de gente de guerra y mar, bastimentos y pertrechos, y que el virrey del Perú, conde de Monterrey, en esta conformidad me dió larga mano y pude en el Callao escoger dos grandes naos, y las elegí pequeñas: la una de 150 toneladas y la otra de 120, y juntamente una lancha, y que con 6 religiosos y 130 personas de todo menester, pagadas éstas lo servido, y un año adelantado el precio que allí se paga a los que sirven las armadas de vuestra majestad, salí a navegar fin de verano y principio del estío de aquella otra parte del sur, y de vuelta del viaje pude llevar la nao a Filipinas, y gastando mucha hacienda a vuestra majestad venir de allí muy rico, y que también la pude llevar al Perú y (sin embargo) la entregué en el puerto de Acapulco para que fuese, como fue, a Manila por cuenta de vuestra majestad; por todo lo cual y por otras muchas vías que mostraré, escusé a vuestra majestad dos tantos más gastos de plata de la que se gastó, y más la gente de guerra, inclinándome siempre al más servicio y provecho de vuestra majestad, poniendo aparte los míos. Don Luis de Velasco me dijo en México que Chavarría, contador de la razón le escribió de Lima que sin dejar nada por contar se gastaron en mi despacho 184.000 ducados. De la hacienda de vuestra majestad recibí aquí en España 1.500 ducados, y estuve en ella catorce meses sin (contar) lo de Roma. El conde de Monterrey me dió en Lima 1.000 pesos corrientes, y estuve allí nueve meses. De lo gastado en mi despacho no ha entrado en mi poder un solo peso, ni menos he recibido sueldo alguno, ni más socorro de lo dicho, conque hice el estandarte real y suplí muchas cosas necesarias y forzosas a mi avío (como lo puedo mostrar): mesa de juego en tierra yo no la puse, ni consentí en el mar que se jugase, y así no saqué baratos ni he tenido desde que desta corte salí, correspondencia a propósito más de sólo la que digo del conde de Monterrey; y tengo testimonio de como el marqués de Montes Claros, venido yo de la jornada en México, no me quiso dar socorro alguno. En esta corte estoy sin solo un cuarto, ni cosa de qué valerme, muy de atrás, y debo dos mil y quinientos pesos. Suplico a vuestra majestad sea servido hacerme merced que yo sea socorrido de manera que pague mis deudas, hechas en servicio de vuestra majestad, y me quede para poder sustentarme, y vuestra majestad me perdone, porque yo nunca entendí tener necesidad de hablar tan claro. Las relaciones de todos los tres viajes y descubrímientos que se han hecho en aquellas partes incógnitas, tengo en mi poder, y por no tener con qué imprimirlas o copiarlas, no la doy a vuestra majestad con este memorial; también tengo los autos de la posesión de aquellas tierras y el estandarte que en nombre de vuestra majestad levanté en ellas. De todo esto y de mi persona haga vuestra majestad lo que fuere servido, como de un tan leal vasallo que soy, aunque en muchas partes se ha dicho, y se dice en esta corte, que tengo de ir con esta misma demanda a otro rey. Vuestra majestad me haga justicia en esto pues tengo tanta, y se debe a mi lealtad, advirtiendo que no me obligué a que todos los hombres tuviesen a esta causa tanto amor cuanto yo le tengo, ni que todas las cosas forzosas para su conclusión se midiesen con sus necesidades, y con las mías para con ella; ni menos me obligué a perder mi alma ni a imposibles, y lo demás todo está hecho a honra y gloria de Dios.
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MEMORIAL 17 El capitán Pedro Fernández de Quirós, digo: Que para descubrir la parte incógnita del sur, por mandado de vuestra majestad salí del Callao, puerto de la ciudad de los Reyes, día de Santo Tomé Apóstol, 21 de diciembre 1605, con dos navíos; sus portes: 150 y 120 toneladas, y una lancha, y 130 personas de todo menester, y otras 21 sin ganar sueldo, y seis religiosos de la orden de San Francisco, y que a nueve de octubre de 607 llegué a esta corte y a catorce de diciembre presenté a V. Majestad un memorial en razón del mismo caso, pidiendo a priesa segundo despacho para poder proseguir, y que V. Majestad fue servido de remitirlo al conde de Lemos y de Andrada, Presidente del Consejo Real de las Indias, que el Consejo nombró por juez comisario a don Francisco de Tejade, oidor de dicho Consejo, el cual después de haberme oído muy despacio me mandó que hiciese el resumen que se sigue. La sustancia de todo el descubrimiento que hice consiste en tres partes de tierra con grandes sierras, que se entendió ser toda una, y si es así es muy gran cosa. En esta tierra se halló una bahía de veinte leguas de orilla, de punta a punta, con un buen puerto y dos ríos; el uno se juzgó ser tan grande como Guadalquivir, en Sevilla, y se tuvo noticia de haber allí cerca otro mayor río. A la bahía se dió por nombre de San Felipe y Santiago, porque fue descubierta en su día. El puerto se llamó de la Veracruz, porque este día surgieron las naos en él. A toda la tierra se puso nombre la Austrialia del Espíritu Santo, porque se tomó la posesión en su mismo día, debajo del estandarte real, cuyos autos tengo en mi poder. Aquí estuvimos surtos por dos veces, 36 días. Los bastimentos que hallamos son muchas y muy buenas raíces de tres castas, y este es el pan y muy buen sustento. Muchos puercos, gallinas, palomas torcazas, patos reales y otras aves. Muchos cocos, plátanos, cañas dulces y almendras de dos castas, muchas nueces de la tierra, naranjas, obos (sic) y una grande y muy buena fruta y otras. El pescado son lenguados, salmonetes, peces reyes, lizas, cazones, pargos y otros géneros, y muy buenas aguas. La gente de esta bahía es de color lora, y antes de entrar en ella se vido en la misma tierra, y cerca, otros indios más blancos, y los unos y los otros son gentiles y en común son corpulentos, y todos traen cubiertas partes, y no comen carne humana, y por los muchos fuegos y humos que por toda la tierra se veían, se entendió ser mucha la gente, y que era parcial y poco amiga entre sí. Las armas son arcos y flechas, macanas y dardos, todas de maderas recias y pesadas; no se entendió haber yerba. Las casas son de dos vertientes, armadas sobre maderos y cubiertas de hojas de palma, con su modo de sobrado a donde recogen las comidas. No se vieron grandes pueblos, pero muchas caserías. Las haciendas son muchas y cercadas todas. La tierra negra y de gran migajón. Usan de ollas de barro. Tienen telares pequeños y muchas redes de pescar. Castran los puercos y pollos. Arman con lazos a pájaros, de que hay muy grande suma, y muchos dellos son muy músicos. Labran piedra mármol y ébano, indicios todos de ser aquel arrabal de grande tierra y vecindad de gente de más pulicia (sic). No usan grandes embarcaciones y por esto se entendió que no tienen necesidad de valerse de otras tierras. No hay mosquitos ni caimanes ni se vieron sabandijas ponzoñosas. Viéronse perros pequeños como los nuestros y túvose noticia de perros grandes y de un animal mayor que gato y de que hay vacas y búfalos. Hay muchas nueces moscadas, que es especie de estima y su masa de valor; puédese luego hacer azúcar, y criar seda con las hojas de los árboles que llaman obos, y se ha visto plata, aunque poca, y hay noticia de haber muchos metales. Es tierra ésta a donde la industria puede hacer muy grande oficio, por tener tan grande comodidad, y mucha gente, y se puede contratar con Chile, Perú, Panamá, Nueva España y Filipinas. A mi entender puedo decir con razón que tierra más apacible, sana y fértil de sus frutos, ni sitio de mayor aparejo de cáteras y maderas para fundar una muy grande ciudad junto al mar y junto a puerto, y junto a un buen río y en un llano, y cerca de sierras, lomas y quebradas, y de mejor aparejo para criar, plantar y sembrar de todo cuanto produce Europa y las Indias, juzgado por la disposición de lo dicho, ni de puerto más alegre ni más airoso, con todos los requisitos menesterosos para hacerlo, sin de presente conocérsele contrario, ni de tan gran comodidad de astilleros, fondo a pique, o de menos, para fábricas de grande suma de naos de todos portes, ni de monte más abundante de muy trabadas maderas buenas para ligazones, currúas, busardas, forcaces; altos, gruesos y derechos árboles para tablas y todos mastiles y bergas; ni tierra que por sí sola pueda luego sustentar a tantas gentes, y tan regaladamente, si bien se considera lo escrito, ni que tenga todo lo que ésta tiene tan junto y tan a la mano; y enfrente de su puerto, y tan cerca, tiene islas pobladas que bojean doscientas leguas al parecer de las mismas calidades, ni que tenga tan grandes y tan buenas señales para ser buscada y hallada, sin bajos ni otros tropiezos, y casi a medio camino, islas conocidas, con gente, y puerto a donde se puede hacer escalas. No la he visto en todo cuanto tengo andado, con ser tanto, ni he tenido tal noticia. Su distancia de la ciudad de los Reyes son 1700 leguas, de Acapulco, mil y trescientas, y mil cien de Manila en las islas Filipinas. Su altura es de 15 para 17 grados y se deben de esperar doblados bienes en 20, 30 y 40 (grados). Se sube como promete y digo que aunque no sea mejor que lo ya visto, que basta por parte muy principal para que sea poblada, sin lo cual no se puede acabar de descubrir lo que falta, ni tomar el tino a tantas y tan varias cosas. Sin las referidas tierras, se descubrieron otras 16 islas en alturas de 10, 12, 13, 14 grados y diferentes distacias; las cinco dellas están pobladas y se presume que otras cuatro a que no se pudo ir, y también lo están por cerca de isla con gente. Las otras siete restantes son desiertas y la primera de todas se descubrió desde el Callao en treinta y seis días de navegación. Los indios de la isla de Taumaco dieron noticia de más de 60 islas mayores y menores pobladas de gentes negras, y de blancos con cabellos largos y muy rubios, y de mulatos y de indios; gentes todas como las que ahora vimos. Y a buena cuenta en aquellas partes hay quince islas que tienen pesca de perlas, cuyas conchas de nácar fueron vistas éste y el otro viaje, y también algunas perlas, y es de creer que no se criaron solas, ni solos aquellos hombres, ni sola aquella tierra, ni sola aquella plata, ni las demás cosas que vi. También dijeron que había tierra firme y se entiende ser la misma que allí vimos. El indio Pedro que traje de aquellas partes, después que supo darse a entender en nuestra lengua, conformó con todo lo dicho y dió noticias de muy grandes perlas y de grandes conchas capaces dellas, y de mujeres blancas y muy hermosas y que se cubren con cosa como mantos delgados. Y también dió noticia de aquella grande tierra y de un buen puerto en ella, y de grandes ríos y muy altas tierras, y mucha gente y muchas comidas, y gran suma de nueces moscadas. Y digo que aunque Pedro y los otros indios no hubieran dado la tal noticia, que de necesidad ha de haber muchas y muy grandes tierras pobladas al oriente y poniente de las que vide, y que hay allí de parte incógnita cinco mil leguas de longitud y en parte ochenta y más grados de latitud; y en suma que es la cuarta de todo el globo que está por descubrir. Todo me remito a papeles y a una junta de matemáticos y personas práticas, porque sin lo dicho hay mucho más que decir y notar y allí se puede averiguar. Adviértase que la experiencia ha mostrado que en las tierras de poca altura, así al norte como al sur, están cifradas las riquezas de todos géneros, y que estas mismas se puede y deben esperar de las tierras de que trato, así por las noticias y claros indicios, como por ser aquel paraje paralelos del Pirú, con tan buena disposición de aquellas sus altas y dobladas serranías. Supuesto que Dios, por sus muy secretos juicios, tiene mostradas tantas y tan buenas tierras sobre qué poder decir y hacer y pretender, y que en el Pirú hay muchos hombres sobrados y que esta ocasión es para ellos muy buena, y que en muchas de sus partes hay muchos y muy grandes soldados, y que es gente que sabe sustentarse con poco y puede aprovechar mucho, y que también hay muchos navíos con todo lo que han menester para navegarse. Y que hay muchos y muy buenos bastimentos de toda suerte y que tengo experimentada su duración. Y que los tiempos y vientos y el camino desde el Callao a aquellas tierras son conocidos y que por estas razones digo (salvo siempre el mejor parecer en todo) que de presente conviene que esta jornada se arme en la ciudad de los Reyes y no en otra parte, y también más porque tiene a dos leguas el puerto suyo, que es grande comodidad para lo que se pretende y lo que más se puede ofrecer al tiempo que se despache. Esto entendido, señor, lo primero que hay que hacer es levantar mil hombres, porque hay mucho en que repartirlos. Que sean muchos casados, y todos han de ir sin ganar sueldo, salvo la gente de mar, que ha de ser pagada por ocho o más meses; y cien marineros que se han de quedar en la tierra han de ser pagados por un año; y también han de ir carpinteros de ribera y calafatea. Son menester navíos para llevar estos mil hombres con bastantes bastimentos para un año, creciendo lo que es bizcocho y harina para más tiempo. Dos lanchas para ir delante las noches que lo pidieren, y para que luego (que) se tome puerto, enviarlas a descubrir. Alguna artillería, pocos mosquetes y muchos arcabuces reforzados, con pólvora para dos o tres años, y la cuerda que bastare para un año, porque hay allá de que se puede hacer mucha. También más algunas partesanas y chuzos, y pocas rodelas, porque allá se pueden hacer otras. Muchas hachas de una mano, cuchillos carniceros y machetes para las montañas, y sombreros, angeo (?) y alpargatas para los soldados. Mucho hierro en plancha y todo género de herramientas para fábricas, plantas, sembrados y minas, clavazón, estopa, brea y velamen para poderse luego hacer dos grandes naos y cargadas con lo que la tierra tuviere, embiar la una a Lima y la otra a México, y juntamente para poder hacer algunos barcos y bergantines para dar principio al trajín y a tan gran cosa. Algún ganado y bestiamen para casta. Dos ingenios o alquitaras para que si en la mar hubiere necesidad, sacar con ellos agua dulce de la salada, como yo ya la saqué, y en la tierra servirán luego de sacar vino de las palmas, y también se puede hacer sal, habiendo falta. Dos hornos de cobre y otras cosas deste metal, y más de hierro para el servicio ordinario. Camisetas, calzones y sayas de tafetanes de colores de la China; cascabeles, chaquiras y otras cosas para vestir y contentar a los indios y rescatar con ellos las suyas. Doce o más religiosos descalzos de la orden de San Francisco, los cuatro dellos muy doctos, con el vestuario forzoso, y todos los ornamentos menesterosos para una iglesia, y cuatro campanas pequeñas. Un médico y dos cirujanos, para poder ir el uno a lo que se ha de ofrecer, y juntamente botica, y hermanos de Juan de Dios para curar los enfermos y dar principio a hospitales. Las cédulas de V. Majestad para se poder ejecutar todo lo dicho, han de ser muy claras, muy fuertes y sin límite, para lo poco más que se puede ofrecer para buen despacho. Ha de haber otras cédulas que han de hablar generalmente con todos los ministros de V. Majestad de gobierno, justicia y guerra, en tierra y mar, así a levante como al poniente, así a la ida como a la vuelta, y en todas las otras ocasiones que puedan proceder deste caso. Han de llevar penas puestas que pagarán en irremisible todos los danos que por dilaciones o otras causas se hicieren, así en el servicio de Dios como en el de V. Majestad y real hacienda, y en las de particulares, y más a todo lo que es mi parte y derecho. Han de llevar forma y modo como allá se ha de ejecutar esta pena. Han de ser libres y mediatas a este Consejo Real, y han de llevar otros puntos para me asegurar de los peligros que tantas veces corrí por bien servir a V. Majestad, porque ningunos han sido para mí mayores y más ordinarios. Supuesto que ya Dios fue servido, que las naos y gente han llegado a aquella bahía de San Felipe y Santiago luego, y siempre con maduro consejo en todos casos y cosas, se ha de hacer junto a uno de sus dos ríos una casa cuadrada grande y fuerte con cerca de palizada, para que la gente se recoja en ella, y se ha de proveer de los bastimentos necesarios para el sustento. Y también más, se ha de hacer una grande sementera de maíz y arroz y de otras muchas de nuestras legumbres y semillas, y lo mismo de las raíces de la tierra, que son muchas y muy buenas; y es sementera que no se puede quemar ni talar con la facilidad que otras, y para esto hay allí muy cerca las haciendas de los indios y mucha y muy buena tierra desmontada. También se rescatarán los más puercos que ser pudiere y se criarán por nuestra cuenta. Luego se procurará con medios, todos muy suaves y muy diligentes, una vez y muchas veces, la amistad de los indios; primer de los señores, y teniéndolos seguros y contentos, y habiendo de nuestra parte trato amoroso, fiel, reportado y duradero, y memoria de cuán grave delito es matar uno, y muchos cuerpos y almas, tengo por cierto que se acabará con todos ellos lo que se pretende y desea, para atraerlos al conocimiento de Dios y obediencia de la santa sede apostólica y de V. Majestad. Lo otro: hase de tomar el pulso a los tiempos, calar la tierra, desentrañar sus secretos y grandezas, entender todo el modo de vivir de sus moradores, correr las costas al levante y al poniente y las islas de la comarca. Y luego que se haya tomado la razón cuanto más fuere posible, se hará la descripción y relación, y con ellas y con las noticias que los indios dieren, y el estado presente y forma que se va dando en el gobierno y las muestras de todo cuanto se hallare, buscado con diligencia, y algunos de aquellos naturales se despacharán avisos en tiempos diferentes a Lima y México, para que V.M. sea de todo informado y se sirva mandar quitar o añadir lo que pareciere convenir, para que se prosiga y remate esta obra de un tal modo que lo presente sea bonísimo y se espere de lo venidero gran mejora. Acuerdo a V.M. que aún las cosas mínimas se hallarán poco a poco y que esta fábrica es muy grande y no se puede toda levantar de una vez, ni decirle aquí lo que allá se hará, teniendo la cosa presente y manijada. Supuesto que ya Dios fue servido de que este caso hubiese llegado al estado referido y juntamente que hay justo modo, aunque de presente no se pueda decir el cuanto puedan o deban dar de feudo aquellas gentes a las nuestras, con declaración de todas las obligaciones debidas de nuestra parte para con ellas, pues sin este medio parece que les turbará mucho más tanto bien cuanto se les va buscando. Puédese en cada una de las ciudades que se fundaren hacer la partición de rentas y tierras, de tal manera que, lo primero, quede mucho para Dios nuestro señor y señor de todo: quiero decir que de presente y venidero, de haber iglesias, conventos, hospitales, viudas, huérfanos y doncellas que casar y pobres que sustentar, y otras muchas necesidades que suplir, y cosas que encaminar, ayudar, conservar y acrecentar, y en suma todas las 14 obras de misericordia que cumplir. Puédese dejar mucho para los naturales tan debido a ellos, y a nosotros el buscar modo eficaz (de) cómo saldrán brevísimamente de la ceguedad en que viven sin la divina luz del santo evangelio, y el cómo a la entrada de este mar de misericordia no se ahogaron, sino que vayan el viento a popa, y prósperamente, hasta surgir en una tal vida y muerte que rece dellos la iglesia y V.M. le honre y gloríe de lo hecho, y el cómo les han de asegurar su parte temporal de tal manera que siempre jamás sea suya, y el cómo a buen paso los han, de enseñar a trabajar, y que no holguemos nosotros ni se pueda después decir que andamos buscando a quien cansar por descansar, y el cómo no se morirán ni de pena por mal trato, ni de la priesa que les pueda dar nuestra cudicia; y en suma como a priesa vendrán a ser otros segundos españoles, en lo que es la pulicia (sic) y gocen más otros mil bienes. Puédese dejar parte para todas las personas que han de ir y merecer en aquella población el ser honrados y aprovechados con mucha seguridad de sus conciencias y de la mía, que soy el que persuado, y por que éste ha de ser el fundamento de toda esta obra, me remito a lo que puedo decir a boca o por escrito. Puédese dejar parte para que V.M. sea allá mayor señor y muy aprovechada su real hacienda, y esto de tal manera que jamás V.M. dé salario a ninguno de sus ministros, ni a los demás que ha de haber en la república para mayor concierto de ella; y finalmente digo que deseo ver allí muy bien plantadas y perpetuadas tres cosas (es a saber) como del todo serán cerradas las puertas a la ociosidad y habrá para con ella muy riguroso juicio (como siempre jamás estarán abiertas y francas a la virtud), con grandes premios, y como la caridad será mucha y muy fervorosamente ejercitada. Mírese con atención a la ciudad de los Reyes y a la de México, de las cuales se dice tener en sí más de 150 mil criaturas, entrando los naturales, y se advierta que estos naturales ya se pudieran llamar forasteros; y nótese que los diez o veinte mil españoles, los unos son ricos y que los otros pueden bien, o razonablemente, pasar sus vidas; y considérese luego el cómo quedan los 130 mil, o los que fueren, sin tener de qué asirse, ni quien los guíe. Por manera que bien se puede preguntar por cuya cuenta corren los peligros que tienen tantas gentes, sin haciendas y sin riendas, a cuyas faltas van las unas y las otras corriendo, y es fuerza que han de parar o estrellarse en alguna dura pared, y que si no fuere hoy será mañana, y esto o en la vida viciosa o en la vida falta o en la vida enferma, a donde todos han de aventurar a perder o las almas o el tino de vivir, y a ganar el padecer o morir a puras faltas, o por éstas damnificar la salud, y justamente en otros daños que afean una república, nacidos de una desorden, pudiendo ser muchos menos y muchos los bienes que aquí vamos buscando por medio de una buena orden. Esta empresa es la mayor que tiene el tiempo presente y venidero. Aviso a V.M. que temo mucho que se acabe antes que tenga principio. Quiero decir que de su principio pende poderse después contar que la grandeza de V.M. será allá tanto mayor cuanto fuere señor de muchas más gentes, bien adqueridas, gobernadas y sustentadas en paz y justicia. Advierto que todos los que saben dicen que la baja de las Indias Occidentales procedió la mayor parte de no se perpetuar las encomiendas de los indios, y que a esta causa sus encomenderos se dieron muy gran priesa al desfrutar y apurarlos. También acuerdo que si V.M. tuviera hoy aquellos 30 millones de naturales que en su principio se hallaron, que las riquezas presentes serian muy redobladas y que estarían seguras las venideras tan necesarias; y sea aviso que hoy se dice que si quieren indios, que no hay plata, y que si quieren plata, que no hay indios para diez años, y que plata y oro no son las mayores pérdidas, pues ha habido otras que no tuvieron número, y ahora las hay que no tienen precio, y lo por venir remédielo Dios. Acuerdo a V.M. que un muy bueno y muy cumplido y muy a tiempo despachado es muy forzoso para dar principio a este tan gran caso y que el socorro cierto asegurará lo hecho, y que con leyes justas y santas instrucciones se puede abrir un muy breve y muy seguro camino para haber en aquellas tierras una república (que se puede decir concertada) y que esta tal se ha de armar sobre hombres que lo sean de veras y muy substanciales, y para que a los tales se levanten los pensamientos y quieran dejar acá lo seguro poseído, por ir poblar, pacificar, defender y sustentar tierras agenas, son muy necesarias grandes mercedes de honras, franquezas y libertades, y sobre un justo modo perpetuar las encomiendas que en aquellas tierras han de haber, sin que los dueños dellas puedan decir que son señores de indios, pues de una casa se puede dar a todos y a cada uno la parte que les tocare; y juntamente que sea luego desterrado el servicio personal forzado, dejando libre el voluntario, y con las unas y otras mercedes V.M. ganará los ánimos de todos, así es como indios, de tal manera que se pueda desde luego decir que por este tan pequeño precio se compró tan grande parte del mundo, y se aseguraron tantos bienes espirituales y temporales cuantos hay y puede haber en este caso en que hay tanto que decir y considerar y bien mandar con pena de lo contrario. Sea aviso, y en que mucho se repare, que digo que sólo se hallará menos levantada esta obra que todo aquello que en tantos años no he sido creído ni ayudado, y que lo hecho de un casi imposible, y de las uñas de Satanás lo sacó Dios Nuestro Señor, a quien se le deben dar gracias. Por todo junto y con toda humildad y confianza suplico a V.M. sea servido mandar que yo sea luego despachado para ir en estos primeros galeones y que a gran priesa sean pobladas aquellas tan grandes y tan buenas tierras, que a tan gran priesa V.M. me mandó que las fuese a descubrir. Acuerdo a V.M. la brevedad de las vidas y que vuela el tiempo, y cuánto se pierde de bienes, y que un hombre leal, fiel, verdadero diligente y entendido en lo que pido, vale mucho y no se halla cada día, y más vale si es desnudo y tiene amor al caso y sabe padecer y sufrir, porfiar y tanto esperar justicia.
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MEMORIAL 18 El Cap" P° F' de Quirós. Señor, las razones que doy para que esta jornada se arme en la Ciudad de los Reyes del Pirú, son por tener a dos leguas el puerto del Callao, a donde hay muchos navíos de todos portes y mucho de todo lo menesteroso para navegarse, y porque hay de todos los bastimentos y tengo experimentada su duración; y porque desde allí a la bahía de San Felipe y Santiago tengo conocidos los tiempos y los vientos y el camino, y porque soy muy conocido en aquella ciudad y prático della; y por la mucha gente sobrada que hay en todo aquel Reino. Y menos de esto será aventurarla por nada. Num. 1.° Supuesto que ya Dios fue servido que las naos y gente han llegado a aquella bahía de San Felipe y Santiago, luego, y siempre con maduro consejo en todos casos y cosas, se ha de hacer junto a uno de sus dos ríos una casa cuadrada y grande y fuerte, con cerca de palizada, para que la gente se recoja en ella, y se ha de proveer de los bastimentos necesarios para el sustento; y también más, se ha de hacer una gran sementera de maíz y arroz, y de otras muchas de nuestras legumbres y semillas, y lo mismo de las raíces de la tierra que son muchas y muy buenas, y es sementera que no se puede quemar ni talar con la facilidad que otras, y para esto hay allí muy cerca las haciendas de los indios y mucha y muy buena tierra desmontada. Luego se procurará con medios de todos muy suaves y muy diligentes, una vez y muchas veces, la amistad de los indios; primero de los señores, y teniéndolos seguros y contentos, y habiendo de nuestra parte trato amoroso, fiel, reportado y duradero, y memoria de cuán grave delito es matar a uno y muchos cuerpos y almas, tengo por cierto según lo que de ellos conocí, que se acabará con todo lo que se pretende y desea para atraerlos el conocimiento de Dios y obediencia de la Santa Sede Apostólica y de V.M. Num. 2.° Lo otro: hase de tomar el pulso a los tiempos, calar la tierra, desentrañar sus secretos y grandezas, entender todo el modo de vivir de sus moradores, correr las costas al levante y al poniente y las islas de la comarca, y luego que se haya tomado la razón, cuanto más fuere posible se hará la descripción y relación, y con ellas y con las noticias que los indios dieren, y el estado presente y forma que se va dando en el gobierno, y las muestras de todo cuanto se hallare, buscado con inteligencia; y algunos de aquellos naturales se despacharán avisos en tiempos diferentes a Lima y a México, para que V.M. sea de todo informado y se sirva mandar quitar o añadir lo que pareciere convenir para que se prosiga y remate esta obra de un tal modo que lo presente sea bonísimo y se espere de lo venidero gran mejora. Acuerdo a V.M. que aún las cosas mínimas se hallaron poco a poco y que esta fábrica es muy grande y no se puede levantar toda de una vez, ni decirse aquí lo que allá se hará teniendo la cosa presente y manejada. Supuesto que ya Dios fue servido de que este caso hubiese llegado al estado referido, y juntamente que hay justo modo aunque de presente no se pueda decir el cuánto puedan o deban dar de feudo aquellas gentes a las nuestras, con declaración de todas las obligaciones debidas de nuestra parte para con ellas, pues sin este medio parece que les turbara mucho más tanto bien cuanto se les va buscando. Puédese en cada una de las ciudades que se fundaren hacer la partición de rentas y tierras de tal manera que lo primero quede mucho para Dios, nuestro señor y señor de todo; quiero decir que de presente y venidero ha de haber iglesias, conventos, hospitales, viudas, huérfanos y doncellas que casar y pobres que sustentar y otras muchas necesidades que suplir y cosas que encaminar, que ayudar, conservar y acrecentar, y en suma todas las 14 obras de misericordia que cumplir. Puédese dejar mucho para los naturales tan debido a ellos, y a nosotros el buscar modo eficaz como saldrán brevísimamente de la ceguedad en que viven sin la divina luz del santo evangelio, y el cómo a la entrada de este mar de misericordia no se ahogaron, sino que vayan navegando el viento a popa, y prósperamente hasta surgir en una tal vida y muerte que rece de ellos la iglesia, y V.M. le honre y gloríe de lo hecho, y el cómo le han de asegurar su parte temporal de tal manera que siempre jamás sea suya, y el cómo a buen paso les han de enseñar a trabajar, y que no holguemos nosotros ni se pueda después decir que andamos buscando a quien cansar por descansar, y el como no se morirán ni de pena por mal trato, ni de la priesa que les pueda dar nuestra cudicia, y en suma como a priesa vendrán a ser otros segundos españoles en lo que es la pulicia y goce más otros mil bienes. Puédese dejar parte para todas las personas que han de ir y merecer en aquella población el ser honrados y aprovechados con mucha seguridad de sus conciencias y de la mía que soy el que persuado, y porque éste ha de ser el fundamento de toda esta obra, me remito a lo que puedo decir a boca o por escrito. Puédese dejar parte para que V.M. sea allá mayor señor y muy aprovechada su real hacienda, y esto de tal manera que jamás V.M. dé salario a ninguo de sus ministros, ni a los demás que ha de haber en la república para mayor concierto de ella; y finalmente digo que deseo ver allí plantadas y perpetuadas tres cosas, es a saber, como del todo serán cerradas las puertas a la ociosidad y habrá para con ella muy riguroso juicio, como siempre jamás estarán abiertas y francas a la virtud, con grandes premios, y como la caridad será mucha y muy fervorosamente ejercitada. Mírese con atención a la ciudad de los Reyes y a la de México, de las cuales se dice tener en sí más de 150 mil criaturas, entrando los naturales, y adviértase que estos naturales ya se pudieran llamar forasteros, y nótese que los diez o veinte mil españoles, los unos son ricos y que los otros pueden bien o razonablemente pasar sus vidas; y considérese luego el cómo quedan los 130 mil, o los que fueren, sin tener de qué asirse ni quien los guíe. Por manera que bien se puede preguntar por cuya cuenta corren los peligros que tienen tantas gentes, sin haciendas y sin riendas, a cuyas faltas van las unas y las otras corriendo, y es fuerza que han de parar o estrellarse en alguna dura pared, y que si no fuere hoy será mañana, y esto, o en la vida viciosa o en la vida falta o en la vida enferma, 0 donde todos han de aventurar a perder o las almas o el tino de vivir, y a ganar el padecer o morir a puras faltas, o por éstas damnificar la salud y justamente en otros daños que afean una república, nacidos de una desorden, pudiendo ser muchos menos y muchos los bienes que aquí vamos buscando por medio de una buena orden. Esta empresa es la mayor que tiene el tiempo presente y venidero. Aviso a V.M. que temo mucho que se acabe antes que tenga principio. Quiero decir que de su principio pende poderse después contar que la grandeza de V.M. será allá tanto mayor cuanto fuere señor de muchas más gentes bien adquiridas, gobernadas y sustentadas en paz y justicia. Advierto que todos los que saben dicen que la baja de las Indias Occidentales procedió la mayor parte de no se perpetuar las encomiendas de los indios, y que a esta causa sus encomenderos se dieron muy gran priesa al desfrutar y apurarlos. También acuerdo que si V.M. tuviera hoy aquellos treinta millones de naturales que en su principio se hallaron, que las riquezas presentes serían muy redobladas y que estarían seguras las venideras necesarias; y sea avi- so que hoy se dice que si quieren indios, que no hay plata, y que si quieren plata, que no hay indios para diez años, y que plata y oro no son las mayores pérdidas, pues ha habido otras que no tuvieron número y ahora las hay que no tienen precio y lo por venir Dios lo remedie. Acuerdo a V.M. que un muy bueno y muy cumplido y muy a tiempo despachado es muy forzoso para dar principio a este tan gran caso, y que el socorro cierto asegurará lo hecho, y con leyes justas y santas instrucciones se puede abrir un muy breve y muy seguro camino, para haber en aquellas tierras una república que se pueda decir concertada, y que esta tal se ha de armar sobre hombres que lo sean de veras y muy sustanciales, y para que a los tales se levanten pensamientos y quieran dejar acá lo seguro poseído por ir a poblar, pacificar, defender y sustentar tierras agenas, son muy necesarias grandes mercedes de honras, franquezas y libertades, y sobre un justo modo perpetuar las encomiendas que en aquellas tierras han de haber, sin que los dueños dellas puedan decir que son señores de indios, pues de una casa se puede dar a todos y a cada uno la parte que le tocare; y juntamente que sea luego desterrado el servicio personal forzado, dejando libre el voluntario, y con las unas y otras mercedes V.M. ganará los ánimos de todos, de tal manera que se pueda desde luego decir que por este tan pequeño precio se compró tan grande parte del mundo y se aseguraron tantos bienes espirituales y temporales cuantos hay y puede haber en este caso en que hay tanto que decir y considerar, y bien mandar con pena de lo contrario. Sea aviso, y en que mucho se repare, que digo que sólo se hallará menos levantada esta obra que todo aquello que en tantos años no he sido creído ni ayudado, y que lo hecho de un casi imposible, y de las uñas de Satanás lo sacó Dios Nuestro Señor, a quien se le deben dar las gracias. Por todo junto y con toda humildad y confianza suplico a V.M. sea servido mandar que yo sea luego despachado para ir con estos primeros galeones, y que a gran priesa sean pobladas aquellas tan grandes y tan buenas tierras que a tan gran priesa V.M. me mandó que las fuese a descubrir.
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MEMORIAL 19 El capitán Pedro Fernández de Quirós. Después que puse en práctica el descubrimiento de las tierras incógnitas del sur, y principalmente después que pretendo su población, siendo lo uno y lo otro muy convenientes y muy necesarios y muy debido al servicio de Dios y de V.M. y bien de las almas de todos sus naturales, siempre oí decir en contra dellas ciertas cosas, en especial las cinco siguientes, y son tales que bien parece que Satanás las buscó así tan disimuladas y a su propósito, para con ellas le hacer la guerra tan rabiosa y mortal que a la continua le hace. La primera, Señor, es que la Monarquía de V.M. está muy extendida, y que no es posible que siendo forzosa la dependencia della desta Corte, se pueda bien gobernar, por lo cual será más acertado que se alargue alguna parte de lo poseído en Indias para poder conservarse lo que quedare, que no lo será que se descubran nuevas tierras, por el peligro de todas. A esto digo, Señor, que si bien se mide la pequeñez de nuestra España, se hallará que a su respecto del todo viene a ser lo mismo que es la uña del menor dedo comparada a todo un cuerpo humano, y por esto es digno de considerar el cómo de tan pequeña parte de tierra, tan pocos sus naturales hayan hecho unas tan grandes maravillas en tantas y tan apartadas tierras desta. Y es de notar que ahora que se duda o puede dudar en el gobierno y sustento de todo lo poseído, parece querer Dios N.S. mostrar cuánto puede hacer con tan poco y que por fuerza quiere obligar a V.M. a gobernar y sustentar más de los dos tercios del mundo, pues de nuevo va mostrando, y yo rogando, con aquella tan gran parte suya que estaba oculta; y por esto la doblada obligación que hay que admitir esta empresa en que tanto se ha perdido por la tardanza, y tanto se puede ganar con la presteza. Tome V.M. lo que Dios le da, por medio de mi industria y fidelidad, con recuerdo de que es mucho y bueno y de que aún los Príncipes de la tierra se pueden indignar si de los gajes que dan no se hace caso, y si las mercedes que hacen, por mínimas que sean, no las quieren recebir. Por esto y por cuanto dejo de decir, suplico a V.M. eficazmente, perdonando mi grande atrevimiento y recebiendo mi buena voluntad, sea servido mandar que las tierras de atrás ganadas en Indias, ni por la imaginación pase (?) dejar la mínima parte dellas, Fes sólo el sonido espanta y ofende, debiendo todos los vasallos de V.M. dar las haciendas y vidas por la defensa y conservación desta dádiva de Dios que la pudo haber dado a otros, y juntamente que las tierras que descubrí se estimen como merecen sus excelencias y merece lo que padezco y porfío por no las desamparar, y merecen las fuerzas de todas mis persecuciones nacidas de saber cierto cuánto importa poblarlas antes que otros las pueblen, de cuya asistencia allí es de saber que serán los daños y las pérdidas incontables y tan sin remedio como lo he representado otras veces, y también más como merece el grande amor con que me ofrezco de balde al servicio dellas, hasta la muerte, advirtiendo y recordando que si las proposiciones de Colón y semejantes no se hubieran admitido ni ejecutado, que todo lo hecho estuviera por hacer y Dios por servir y V.M. sin ser Rey de tantas partes del mundo, y ahora sin añadir la referida con todo lo que promete, así para el cielo como para la tierra, y sin dar motivo a la pluma que cante destas grandezas que tanto ilustran a España y la hacen envidiar. También recuerdo cuán poco pudieron conmigo los millares de inconvenientes y dificultades que tantas veces experimenté y atropellé, siendo como siempre fui, tan solo y contradicho y falto de partes y medios, y mucho más de dinero, y que si una sola me venciera que yo no venciera a tantas, ni pudiera decir lo hecho, que lo estimo en más que si fueran mías las dos más ricas provincias del Asia, China y Persia. En suma, Señor, yo acometí fiado en Dios y por esto vencí hasta las malas voluntades. V.M. se anime a intentar tan grande empresa, pues para lo mucho más que V.M. merece, son muy pocos todos los Reinos poseídos, y para mi ánimo no es mucho todo lo que no se sabe del mundo, para descubrirlo y desentrañarlo y darlo a V.M. para que V.M. lo dé a Dios, de quien es todo, y para Dios es muy posible de mucho menor parte que España y de más lelos gobernar a un millón de mundos, si los hubiera criado, como pudo, con recuerdo que dejar aquellas tierras desiertas por la desconfianza que suena, es lo que más se debe temer, y se debe creer que la Monarchia de V.M. no se ha de acabar haciendo un tal estremado y singular servicio a Dios, más antes de esperar que desta vez se doblará y después redoblará y todo junto durará conservado hasta que el mundo se acabe, que mucho más puede Dios. La segunda que se dice es, Señor, que V.M. está muy pobre, a cuya causa no puede hacerse los pequeños gastos que pide la población de aquellas grandes, buenas y ricas tierras que descubrí, y que por el tanto se queden como están, en sus tinieblas, cosa digna de gran lástima si viniese a ser así, lo cual no permita Dios por mis pecados. A esto digo que Dios nuestro Señor hizo a V.M. el más rico Rey y Señor de todo el mundo. Pruébolo conque en las provincias de América tiene V.M. más de dos mil leguas de tierras de minas, de a donde vienen y vendrán tantas flotas y armadas de navíos y galeones cargados de oro, plata, perlas, esmeraldas y otros géneros de valor; y de las partes de Oriente tantas y tan grandes naos colmadas de las cosas más preciosas que naturaleza cría en ellas, y otras muchas de muy grande estimación. Y también más la Africa y el Brasil y las islas del mar Océano tributan toda la sustancia que tienen. Dejo lo que restan los reinos de España, Napoles, Sicilia, Cerdeña y las provincias de Lombardía y Flandes, con todas las otras de que V.M. es Señor, a quien suplico sea servido de tenerse en cuenta de tan rico y poderoso Rey y Señor, como realmente lo es V.M., y de mandar ue con las sobras de tantas riquezas cuantas Dios va ando en solo el Pirú, se gaste en justificar esta su causa un poco de plata, que yo prometo de retorno, por lo que vi, ciento por uno, y por las noticias, doscientos, y doblado por lo que presumo, no siendo esto con lo que pretendo persuadir ni obligar a V.M., sino con recordar que el Rey nuestro Señor que esté en el cielo, siéndole dicho que largase las Filipinas por ser el señorío dellas de más gasto que provecho, respondió que cuando en la casa de México faltase dinero, lo daría del mejor parado de España, porque no parase ni se perdiese la conversión de todas aquellas gentes. Y también más procuro obligar con la caridad tan viva y tan vista conque a costa de tanta hacienda V.M. acude a hacer predicar el evangelio y doctrinar a tan copioso número de las gentes descubiertas, y con que todas estas otras para quienes pido la doctrina, y las muchas más que hay en toda aquella parte incógnita, también caen debajo la protección de V.M., y V.M. me mandó las descubriese y están descubiertas y del todo, sin ministros de Dios y sin noticia de quien es su divina Majestad, y porque tienen el remedio muy lejos y puede ser tardísimo pasando esta ocasión, y con la obligación que V.M. tiene a no los desamparar, pues Dios los mostró y no es sin causa, ni causa la puede haber tan poderosa que obligue y la fuerza a V.M. a que levante la mano dellas, ni sin causa dura tanto mi voluntad estando tan maltratado. En suma, Señor, la providencia de Dios no tiene límite y nunca jamás faltó a quien fía de su divina Majestad, y no es de medios humanos. V.M., por quien es y por lo que conviene a su grandeza Real, y principalmente a la honra y gloria de Dios, socorra como debe y puede aquellas infinitas gentes, para quienes y para sus tierras, y para mí cuanto más breve; y larga y más clara y firme fuere esta merced, que pido por una vez, tanto meyores, más prestos y más seguros serán los bienes que se deben esperar della, así en aquellas partes como en éstas. Y cuando V.M. estuviera tan pobre como se dice, yo digo que del modo referido será V.M. muy rico y que nunca el sol se ocultará a tierras de V.M., y no es justo que sólo para adquirir reinos y para ayudar mis deseos falten las fuerzas. Y dicen que las Indias no costaron de ganar un solo pelo real; yo digo que este fue el mayor daño que han tenido, tienen y tendrán, a cuya causa los primeros encaminaron a su albedrío el gobierno, los ojos clavados en el interés, sin respeto, que el oro y plata son tierra y ellos hombres mortales, con cuyo conocimiento, si lo tuvieran, habrían bien acertado a hacer aquellas tan debidas tres cuentas: con Dios, consigo mismo y con el prójimo, y así se excusaría el violento y desordenado principio que bastó a traer las Indias y los indios dellas al estado tan lastimoso que hoy tienen. A cuyos ejemplos advierto apretadamente que para la población de aquellas tan grandes y tan importantes tierras, no se gaste por esta vez con bolsa escasa, ni la fíe V.M. de gasto ajeno, porque no sea destas Indias Australes, en suma, lo que fue de las Occidentales. La tercera es, Señor, el sentimiento que se hace de que V.M. gastó en despacharme 184.000 ducados. A esto digo que así como parece mucho este poco dinero, que V.M. con tan buena voluntad mandó gastar en obra tan general y lustrosa, que debe parecer poco lo gastado por los dos tercios más que pude gastar sin salir de la orden que V.M. me dió, como se puede ver en ella. Es de notar que la plata gastada había de venir a España en los galeones que se perdieron con don Luis Fernández de Córdoba; y es de advertir que no se debe llamar gasto, sino prestido (sic) hecho a vasallos, para que con él sirviesen, como han servido a V.M. Y digo prestido porque soldados y marineros, al punto que reciben paga y llevan el dinero della a mercaderes, y mercaderes a las aduanas, y a dos vueltas vuelve a la casa. Y es de saber cuánta es la hacienda real que vanamente se ha gastado en las Indias, tan digna de sentirse, más que no aquella porque se compró lo mucho que descubrí. Y juntamente cuántos millares de hombres y millones de oro se han perdido por la mar, y cuántos millones, y hombres, se han gastado en intentos o en ganar pequeñas plazas. Y cuánta es la plata y oro que se gasta en muchas cosas que no son de valor destas. Y cuántas son las riquezas que salen destos reinos que jamás vuelven a ellos, y cuánto es lo que más puedo decir, que fuera justo lo dijera, pues sólo veo llorar aquel poco de dinero, más bien gastado que otros, que si viniera a España también estuviera consumido, y el que pido está por venir de las Indias. En suma digo que para coger se siembra y beneficia, y para ganar se gasta y se aventura. Aventure V.M. tan poco dinero para ganar tantos millones de cosas honrosas. Y no fuera mucho después que trato deste caso, si tratara de adquirir (y) tener, como otros tienen ganado en la carrera de Filipinas, cuyas ganancias vi, probé y dejé en este tiempo, que sé muy bien que al que le falta dinero, todas las faltas le sobran tanto y quizás más, que persuado a V. Magestad que gaste en esta su obra. La cuarta, y en que más instancia hace el demonio por ser la ganancia más principal que pretende es, Señor, que por procurarse la conversión de gentes, que muchas hay descubiertas en todo el Pirú, Nueva España y otras partes, con más vivas obligaciones de ser encaminadas para el cielo, que no las otras que están recién descubiertas y por descubrir. Digo, Señor, a todas las personas que han dicho lo referido, que pues saben a donde están aquellas almas perdidas y es tanta su caridad que brota dolor de su perdición, que tomen el remedio dellas al cargo suyo, haciendo oficio de Angel de la guarda dellas, que yo aseguro que ni me pese ni los desayude, ni parezca mal en el mundo y dejen el mío las muchas más y tan más lejos que allí vi y allí están y estarán corriendo todas un peligro y cayendo en un mismo daño, hasta tanto que les sea dada la noticia de la ley y de Christo, en quien su bien está sumado. Porque yo con alegría doblada y redoblada acepto siempre la busca de todas ellas por más lejanas y engolfadas que estarán. Y deste y de otros modos, a porfía, cada uno, como más pueda, mostraremos la piedad pregonada y seremos parte que en redondez de la tierra sea el Señor altísimo de todas las gentes Bellas conocido, creído, adorado y servido, que así lo manda y lo quiere y así se debe. Y ruego mucho que duela mucho saber que todas se pierden y que son de un mismo precio, y que se acuerden que es oficio de la Caridad no contentarse con poco, y que en cuanto hay materia siempre quiere estar obrando, porque yo confieso, con todos los contrapuestos que hallo, y faltas mías, que si dejara de defender mi causa o de seguirla o la dilatara un día, que entendiera que la mañana siguiente me esperaba una paga muy amarga, así del cuerpo como del alma. Los Predicadores que hubieren ir a la conversión de aquellas gentes, no será (como lo oigo decir) echar corderos a los lobos para que a todos los maten, solo con maduro consejo y grande confianza en Dios, llevar pastores con lebreles y alanos fieles para bien guiar y defender aquellas tantas y tan mansas ovejas de los lobos infernales, que llevan todas sus almas mirando bien, que no vengan a ser allí como yo lo he visto: las ovejas muertas, los guardadores sin tener a quien guardar, y los pastores sin rastro de pena desto. La quinta es, Señor, que dicen muchos que pluguiera a Dios y nunca las Indias se hubieran descubierto, pues por solo el amor dellas está España falta de gente y muy pobre y cara y que en aquellos tiempos pasados se contentaba un Grande della de vestir honesto paño, y que agora el particular viste sedas, telas, brocados y trae costosas joyas, y se sirve con oro y plata, y que con el dinero que traen dellas se levantan y hacen hombres muchos que ayer no lo eran, y éstas lloran por desgracias, pudiendo tan fácilmente volverse al grosero sayal. A esto digo que no sin causa dicen muchos extranjeros que todas las Indias de España son dolores en sus ojos y bien lo muestran en las obras. Y hay quien dice que más debido lo era usar bien dellas y tratarlas como merecen, que no lo es de sentir mal de descubrirse una tan grande multitud de gentes y de riquezas, y de los infinitos bienes de ambos géneros hallados y conseguidos en unas tan remotas y bien extendidas provincias, cuyo su mayor mal dellas ha sido que V.M. no viviese en uno de sus dos centros para ponerlas a todas en la razón que no tienen, cuya ruina pasada y presente, y más la que se espera de tantos sus naturales, es lo que debe ser llorado y lo demás bien se pudiera excusar y agora asegurar tan grande parte del mundo, porque no falta. Y si no falte dos años, como ha faltado uno la venida de la plata, y luego se juzgará si España puede vivir sin las Indias o las Indias sin España. O cuéntense todas las barras de plata y oro que tantos años han tributado y se hallará una tal copia que los palacios de V. Majestad pudieran ser todos de pata y de oro, y los patios y plazas empedrados destos metales y aún llenos. Y no nos promete menos las tierras de que se trata, que todas están por desnatar, ni veo otras que a España la puedan desempeñar y descansar sino con ellas. Dios nuestro Señor crió más tierras y gentes que las de España y si aquellas que allí vi y pretendo se beneficien por la Iglesia Católica, de que V. Majestad es defensor, y dando Dios tantos hombres, dinero, comodidades y lo demás necesario con que poderle hacer tan gran servicio, y prometiendo un tan gran retorno de dones espirituales y temporales, y teniéndome a mí por vasallo, que tanto ruego con lo que debo ser rogado, no se quieren socorrer por las razones apuntadas o por otras (séanse las que se fueren), digo que Dios, que es el Creador de todas aquellas almas, que costaron de redimir la sangre, pasión y muerte de Christo, Dios y Hombre y Señor nuestro, que sabe y puede lo que quiere, podrá ser, que por no perder una dellas busque pastor a quien las encomendar a todas que se duela dellas y haga por ellas tan verdaderas diligencias, que no sólo gustosamente gaste dinero en buscarlas, sino también en guardarlas de los lobos, como lo dice el Evangelio. Señor, finalmente digo que hay mercaderes que se contentan de ganar en sus empleos o diez o a veinte por ciento, y tales que sacando lo principal se glorifican y muchos que sí pierden todo el caudal no se tienen por mal librados. Y también hay otros que aunque vean muy crecidas las ganancias, a más correr huyen dellas, y otros muchos que por temores de antojos no se atreven a emplear sus monedas, y algunos que en dudas las gastan todas. Y también hay mercaderes hambrientos que no se hartan de ganar por uno millares y millares de bienes. Asimismo en los males hay contratantes que se contentan con dañar poco y otros que procuran con todas sus fuerzas, y ajenas, hacer tantos males y daños que no se les puede poner número, como pasa en este caso, y no me espanta lo dicho sino lo que no veo hacer, según lo tengo experimentado. Y más también porque ya muy de atrás ha habido en este miserable mundo quien mucho supo y mucho erró y quien le pesó infinito que otros hiciesen los bienes que ellos no quisieron hacer. Y no por esto pierdo el ánimo; más antes, Señor, se dobla y redobla cuanto leo, oigo, veo y considero que las grandes buenas obras siempre tuvieron muy grandes los enemigos y que se han honrado de serlo, y me certifico que cuanto ellas son más santas, más valerosas y más generales, que más redes y más lazos arma el demonio y de más medios se ayuda para del todo acabarlas, o al menos por cortar dellas la más parte que pudiere. Y también me asegura ser muy alta y muy del servicio real de Dios esta obra de que trato, las muy grandes repugnancias que he hallado y siempre hallo en las partes a donde quiera que llego; o, por decirlo mejor, las terribles y desaforadas tormentas que habemos corrido los dos, de todas las cuales nos ha librado el Señor, y espero de su gran poder lo que falta, aunque más estén tomados todos los puertos por la parte del demonio. Y cuanto con menos fuerzas mías se vencieren tantas batallas, mayor prueba de cuanto Dios quiere a esta obra. Y V.M. crea de mí que sólo busco su mayor bien, y que si en ella, o fuera della, buscara dinero, que no gastara el que tenía ni soltara tan buenas ocasiones como solté por no deberle una hora y por no poner a riesgo el menor de todos sus bienes; m de presente me cansara en persuadir y rogar más antes; o pidiera mi debido grande premio; o tomara a mi cargo la jornada, como ya se me apuntó; o hiciera, como pude, en las Indias, grandes ganancias de los bienes, que no busco, porque sé cuán falsos son y más de allí; ni menos si hiciera mucho si hubiera acometido y durado en prosecución deste gran caso con muy sobradas barras de oro, o con grandes favores de hombres, o de hombres fuera tan bien recibido y ayudado, o siquiera harto de esperanzas que no sólo me olvidase de los rigores pasados y los presentes se me hiciesen todos fáciles, sino que me animase a acometer y a luchar con todos cuantos me esperan; ni menos fuera agora un grande hecho, cuanto Dios me hubiera dado en las playas de las tierras que descubrí muchos millones de oro, plata y perlas, y en el beneficio dellas gastara un solo medio. Y solo medio es el que pido que gaste V.M. por una vez, a cuenta de los muchos enteros que en ellas mismas dará Dios, y de los muchos que ha dado y va dando en el Pirú para le poder hacer este grande y señalado servicio. Y todo es poco para lo mucho que merece una tal obra, que si yo pudiera (costara lo que costara, y juntamente mi vida), yo, Señor, fuera el dichoso de hacerla solo. Suplico a V.M. despacho en forma, y recuerdo que se va la flota.
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MEMORIAL 2 Mucho quisiera, Excmo. Sr., haber andado en mis obras tan acertado que yo y ellas pudiéramos parecer en las plazas con los rostros descubiertos. Mi buena voluntad hará menores mi falta y esta suplirá como quien es V.E. Bien pudiera Dios si fuera servido, ya que de pensamiento me hizo rico y me dió materia, darme las fuerzas que faltan para que dinero y persona ofrecieran a las parejas, más debo de concurrir así por... poder sea visto. Grande es mi pena después V.E. me dijo quiere enviará tratar con S. Majestad, ofrenda mis deseos no sufran tanta dilación y cada spira del sol se me hace un siglo. Tres años ha soy mercader destas dudas que ni sirven a mí ni a la causa. Siempre entendí que la... cudicia de V.E., luego que supiese mi intento, me inviase a descubrir aquella tierra por los muchos y muy comunes bienes que prometen pues sino fuera sustentado de esperanzas no tenía para qué dejar de hacer mis provechos a las islas Filipinas, ni para venir dellas a esta Corte a gastar mi dinero y tiempo, y si yo siendo un particular soldado supe y sé desarmar lo que de suyo es tan amable, un príncipe como lo es V.E., para quien lo mucho es poco, muestre en esto un poquito de lo mucho que en otras cosas menores sabe alargar tanto la mano, pues ninguna al presente será más lucida que ir cortando las olas del mar incógnito, buscando las no sabidas y tan deseadas tierras que divisa el polo Antártico, centro de su mismo horizonte. Determínese V.E. que no es tanta la costa que no sea de mayor valor la nueva alegre que con el favor de Dios pienso traer y si los deseos de V.E. pasan adelante, como yo los conocí, cuanto mejor será enviara... licencia para poblarlo, que pretendo descubrir, que no será pedir licencia para descubrir lo que S.Maj. tanto desea descubierto, por saber lo que aquellas partes contienen y si hay perturbadores. Advierto que yo soy el que más me sujeto y más arriesgo y que ya que no hacen este bien, que no lo impidan y que no den lugar a satanás a donde tender sus redes con las cuales haga sus pesquerías y grandes ganancias, o al menos alargar tiempos para coger las almas todas que pudiere. En causas de Dios yo no hallo mayores ni menores dificultades; todo está llano y así no hay sino avanzar en su confianza. Esta obra es santísima y digna del tema, fama en la tierra y de eterna paga en el cielo. Cuál mayor honra que en el tiempo felice (sic) de V.E. se predique el santo evangelio en todo el resto del mundo, y pues esto será de hacer andando el tiempo, hágalo V.E. en éste que poco se nos deberá que lo hagan otros. Advierto a V.E. que estoy en el Pirú y de la dilación los daños, y que pues de tan buena voluntad me ofrezco a acometer grandes peligros, y no pido premio, que no merece ser despreciada tal ofrenda; y también advierto una determinación como esta mía no se halla cada día y V.E. se sirva de encaminar este caso de tal suerte que de aquellas tierras se cojan presto los sazonados y maduros frutos que pretendo para mayor gloria de Dios en sus criaturas.
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MEMORIAL 20 El cap/an Pedro fernández de quirós. Digo y tengo en mi poder los tres descubrimientos y sucesos dellos que se han hecho a la parte Austral incógnita. Es, a saber, el primero que hizo el Adelantado Alvaro de Mendaña cuando descubrió las islas de Salomón; el segundo que hizo el mismo cuando yo fui con él; y el tercero que yo hice el año de 606. Suplico a V. Mad. se sirva mandar me sea mostrada la relación que envío a V. Mgd. el capitán Luis Váez detorres, de mi cargo, para sacar della la sustancia y juntarla con 300 hojas de papel que suman las otras, para darlas todas juntas a V. Mgd. en el su Consejo de Estado, por lo que conviene e importa al servicio de Dios y de V. Mgd. MEMORIAL 21 La paciencia del santo Job tan escarnecido y vituperado de su propia mujer y sus amigos dentro de su tierra, no sé cuánto tiempo detuvo más que nadie que sólo tratara con Dios, el cual le oía y entendía muy bien, y de que al fin de cuanto padeció lo premió en esta y en la otra vida. Muy bien sé cuanto ha que dura mi paciencia, con ser tan malo en muchas partes del mundo, obligado a sustentar una gran causa, y a mí y a defender a mí y a ella, y no de gentiles, como Job, y juntamente a sufrir mofas y burlas, y sujeto a oír a mis oídos decir que soy engañador y loco y otras cosas semejantes, y dichas algunas por personas de autoridad y opinión, que es lo que más me lastima. También sé cuánto cuesta de paciencia a donde quiera que llego serme fuerza precisar siempre esta causa y satisfacer a tantos nuevos jueces y juicios, algunos muy temerarios y cuánto duele el no ser creída la verdad y el no quererla oír ni preguntar ni saber ni aún ver que en la trata esto dejo. Y digo más, que sólo me ha faltado lepra y teja (sic), que llega, sarna y muladares en muchos me he visto con mucho amor, y mi dinero para dar principio a esta obra de tanta piedad y misericordia, en tiempo que tanto duele el gasto de una muy pequeña parte de tanta abundancia de plata, cuanta Dios de en las Indias. Y no sé si el santo Job des (...) quedó con tantas deudas como yo; de la mía tengo y entiendo que si agora persuadiera a descubrir y pretendiera poblar, que ama demostrar a quien desea acertar el modo de cómo ha de tener paciencia en las muertes de padres (de) los amigos, enfermedades, pérdidas, prisiones y otros contrastes a que los hombres estamos sujetos. La pobreza es una parte muy meritoria, más en una tan grande pérdida de los infinitos bienes espirituales y temporales que contiene tan grande parte de mundo por toda su duración, no más tras grande sentimiento, y viendo tan grande espacio no dar gritos por la prisa, parece que fuera tacha en lo que siempre se pregona, y mil, tras de no saber cuánto tengo que aprestar, que navegar y que hacer allá tan lejos, en caso que tanto vale el ganarse un solo día, y el no perderse una sola hora, para lo cual después de muerto quisiera poder servir. Esto respondo a los que dicen que tengo poca paciencia, que no son pocas, habiendo yo visto algunos que media hora no la han querido tener para escucharme. La que he tenido en tantos años de tan continuos tormentos. Y lo mismo a los otros que me obligan a que dure la paciencia más largo tiempo que la vida. La paciencia comparo a la verdad y la verdad a una boya en mar con borrasca y tormenta, de cuyas furiosas olas varias y diversas veces es combatida, por todas partes atropellada, y arrojada aquí y allí, sin poderla echar al centro, sumergirla ni esconderla, y anda vagando a la vista de todos por el agua. Pero al fin me consuela, señor, el saber que pues defiendo verdad que en vida o en muerte sé de salir vencedor. A Jacob (sic) le sustentó casi catorce años la esperanza, trayéndole sobre sus hombros esos mismos a que sirve ya sin sueldo, como el (que) en esta causa alaban de pastor en tierra y mar, y así advierto a V. Mag. que por paga ya se me debía dar a Lía y a Rachel, pues ambas dos hermanas me cuestan un mismo precio, advirtiendo también que para llegar a verlas serán bien más de quince ya los años de mi esperanza, y que Lía para mí a de ser lo duro y amargo que ya pasé y me espera, y que la hermosa Rachel serán los cosacos (!) a dos, maduros y dulces frutos que pretendo bien sembrar y mejor coger para que otros los gocen; efectos son de amor y a mí me obliga a quejarme a mí mismo, pues sólo yo me creo y sé cuán buena y justa causa sigo, y qué celo y verdad y con qué fea desnudez y flacas fuerzas la solicito y defiendo, y por cuán buena causa padezco, sufro y porfío contra mí y contra tantos por llevarla a su debida ejecución, y por cuán buena causa espero la muerte con doblada alegría y doblada pena por ver que no puedo por razón, maña ni fuerza hacer los bienes que dejo a tan grande número de gentes destas y de las otras partes. Mi esperanza, Señor, ni se muda ni se gasta y es tanta su firmeza que aseguro que a ningún estado ni puede traer, aunque sea el de morir lo más, ni será clemente que pueda que no sea muy felice para mí; y creo que si este es, me parece, el tiempo determinado por Dios para que su santa palabra sea manifestada a todas aquellas gentes, sea de cumplir sin duda su divina voluntad sin faltar nada. También creo que si yo he de ser el pequeño instrumento para que su gran Majestad le haga el grande y singular servicio que nadie ha de ser parte para impedirlo, por más negociaciones y contrastes que haya. Y pues de los (...) suyos en tiempos de mis mayores tribulaciones tengo tanta experiencia y satisfacciones, no temo nada y a nadie. Testigos son que pretendo poca prueba de mi fírmisima esperanza, y si acaso no bastare, baste saberse que conociendo la Corte ha vuelto y estoy en ella, a donde de primera vista gusté dos cosas que me faltaban por probar, porque toas las otras, aunque más amargas, fueron muchas veces las que pasé por ellas: las unas por fuerza ajena, las otras, haciéndome lazo a mi mismo. La primera es sentir la voluntad que hasta aquí siempre fue una, y la segunda, lágrimas son por reventar de coraje; y si con todo no bastare para con otros, basta para conmigo, que es mi testigo mi Dios, a quien pongo por tal, que sabe bien en que no engaño. Estoy y estaré sumamente consolado con mi esperanza, en virtud de la cual y de mi firmísimo propósito, favorecido del que todo lo mira y sabe los corazones. Haré mis diligencias sin dolerme de haber dejado ninguna, hasta morir, o conseguiré mi justo intento.
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MEMORIAL 22 El capitán pedro fernández de quirós, que por mandado de Vra. Magt. fui y descubrí tierras en la parte Austral incógnita: Digo que vuelto della a esta corte de Vra. Magt., un memorial el cual Vra. Magt. cometió al conde de Lemos, Presidente del Consejo de las Indias, y que nombró por juez comisario a don Francisco de Tejada, del mismo Consejo, el cual después de haberme dado todas las audiencias que le pedí y haberme oído con mucha atención me mandó que resumiese y aprontase, como lo hice en la forma que contiene el segundo memorial que presenté a Vra. Magt. y fue remitido al mismo Consejo de V. Mg., y que hasta agora no se tiene tomada conmigo ninguna resolución. Mis deseos, Señor, sufren tanta delación, hácenme sufra, y cada espira del sol, un siglo, a cuya causa y por otras muchas y muy justas que todas piden brevedad, me pareció que debía para más justificarme ordenar el memorial que se sigue. Suplico a Vra. Magt. sea servido pasar los ojos por todo él, sin dejar parte que no sea bien advertida y considerada y verá Vra. Magt. cuanto importa mandar luego me sea dado mi despacho en la forma que ya tengo pedido, y recuerdo que ya pasa del año que entré en esta Corte trayendo a ella la nueva más alegre y de más prometido y esperados bienes que al presente corre ni puede haber, pues ya no hay más cuartas de globo por descubrir que la que tengo descubierta. La primera, porque Vra. Mgdt. me mandó descubrir las tierras que Dios fue servido mostrarme tan grandes, tan pobladas y fértiles, sanas y de tantas comodidades para la vida humana, y que prometen por lo que de paso se ha visto en sus riberas, y por las noticias que dieron sus naturales, muchos queços (sic) de oro, plata y perlas, más y mejores que hasta agora se han visto, y juntamente muchas nueces de especia, masa, pimienta, canela, gengibre, azúcar, añil, cría de seda y los demás que el sitio y su disposición aseguran, y los que ha de dar la industria por haber tanto aparejo de las cosas que no dije, y tantos maderos tan necesarios en el Pirú y de naos tan costosas, había más, y en suma porque son tierras que se debe esperar dellas que vide engrandecer, desempeñar y engrandecer a estas mi género de duda. La segunda porque necesitan, ora sea por grado, ora por fuerza, de ser pobladas de españoles antes que de enemigos de la Iglesia. Vra. Magt. tenga noticia dellas y de todo lo apuntado, y de ingenio y puerto de los mejores y más capaces del mundo y en parajes que le pueden servir de escala, y de poblar y arruinar lo espiritual y particular de Vra. Magt., pues en su frontera y lado Vra. Magt. es servida las provincias del Pirú, Nueva España, Philippinas y otras partes, en todas las cuales a la ida y a la vuelta y de estado, pueden dañar infinito. Advierto que ya no hay navegación que las haga lejos ni difícil a los ingleses y se ven holandeses, pues sin temer peligros, ni estrechez, ni inclemencias del cielo han cortado el círculo ártico y se han acercado tanto a su polo, y con gruesas y costosas armadas han poblado isletas y arrabales y dado otros muchos tientos que no se hacen sin insertos de cosas que al servicio de Vra. Magt. no cuadrarían, y podría muy bien ser que las dichas y otras naciones de países corsos y pobres se viesen y se gozasen las anchuras, riquezas y bienes de aquellas tierras y se inclinases a amarlas como merecen, y a estas y otras causas plantasen en ellas y guarnecerlas de tal suerte que nunca se les quiten de las manos, aunque más millones de hombres y millones de oro se gasten en procurarlo, y por otras muchas razones que no conviene las escriba como las siento. La tercera y no menos fuerte es, Señor, porque ocupando en aquel la población los muchos españoles que hay sobrados en las Indias, en especial en el Pirú, se cortara el hilo a un cierto daño con razón temido, por haber sido tantas veces intentado, y advierto que si acaso la hubiese que lo primero ha de perder España los millones de oro que de allí le vienen de uno, dos y cuatro años, y los que más tiraren este daño, que a la segunda que el remedio ha de ser tan costoso que casi imposible, como se deja entender. Y recuerdo que vale el caso en suma ganar con muy poco gasto por una vez aquellas nuevas y tan grandes tierras. Asegurar la América y acomodar el pan, pues parece según el estado presente que en paz y en guerra pende su conservación de ella que estén conservadas las Indias, y por esto a Vra. Magt. no le conviene perder tan buena y tan regada ocasión como tiene a la vista y en reales manos, y advierto que estas pérdidas suelen ser buscadas y no halladas y que no se pueden comprar con grandes precios y de cuán poco fruto es del, pues el arrepentimiento dirán ellos mismos. La cuarta porque a Vra. Magt. espero tenerse el derecho de todas aquellas tierras por la administración de la fe, y en conciencia Vra. Magt. no puede dejar las gentes ya descubiertas en ellas sin ministros de Dios, pues es sin duda que faltándoles esto se perderán todas sus almas, por cuenta de Vra. Magt. Y más también, porque parece que son estas aquellas por quien dijo Cristo ntro. Redentor y Señor, y otras ovejas que no son deste rebaño, las cuales me conviene traer a él, y hoy con mi voz, y vendrán a ser todo un rebaño y un pastor. Y porque el Pontífice romano Clemente octavo, de felice recordación, aprobó y animó esta causa cuanto fue de su parte. Y porque no se pierda tan glorioso triunfo como a la Iglesia Católica se le apareja, Vra. Magt. admita lo propuesto, y porque no está a cuento al defensor de ella, más su grandeza y autoridad pa dejar de continuar esta obra de tanta piedad, y mi rey co...a que tantas otras altezas y excelencias por no gastar por una vez un moderado número de plata de tanta cuanta para una obra como esta Dios da en el Pirú, a donde se ha de alzar (?) la jornada, y porque la fía de Vra. Magt. pues se le ha puesto en las manos. Y recuerdo que a tan señalada merced se debe toda la buena correspondencia y con ella confesarán todas las gentes que aunque realmente no hubiera tan buenas conveniencias, y hubiera un millón de muchas mayores dificultades quel diablo representa o puede atravesar, que a su pesar del y de ellas el ánimo de Vra. Magt. es hacer a (...) estos tan grandes servicios cuyo retorno es poblar, penetrar y disfrutar tan buena cuarta del globo, y en ella dar principio regular (a) tantas cosas provechosas y gustosas, y otras necesarias y forzosas, y aún al celo que Vra. Magt. en su cédula significa de la más honra y gloria del Señor Altísimo, salvación de tantos millones de almas y tantos beneficios públicos y, en suma, evitar tantos y tan grandes daños apuntados, y hacer ganancias tan copiosas de los infinitos bienes espirituales y temporales que en este caso se encuentran por la duración del mundo, de todo lo cual a Vra. Magt. se le ha de seguir la fama en la tierra y en el cielo, y al hacer inciertos a todos los que han dicho que si de haber declinación en este tiempo que muestra Dios, conque Vra. Magt. puede doblar la monarquía y añadir luego el título de las Indias y parte Austrialia del Espíritu Santo. La quinta, porque no cabe en razón de Estado cristiano ni político, pudiendo ganar perdí tanto y un hombre de tan buena voluntad desengañado, prático, que dé prueba en todos casos tocantes a lo que pía, y que he sabido pelear y perseverar fiado en Dios solo, con tantas cosas tan rigurosas y peligrosas cuantas no digo que se me han representado en veinte mil leguas de camino por tantos mares, en casi catorce años continuos, sin los pleitos con las voluntades de hombres, tan caros y difíciles de ganar y reducir, por sólo librar del olvido y traer a tan buen estado, como tiene esta tan grande causa de que yo solo no soy dueño, ni se me ha dado ni pido paga, advirtiendo que sin ella pretendo por medios todos muy suaves y justificados llegarla a su debida ejecución. Y, finalmente, por ser Vra. Magt. quien es, debe hacerme merced de mandarme sea dado brevemente buen despacho para volver a trabajar hasta dar fin a la vida o a la causa tan del servicio de Dios y de Vra. Magt. Todo lo referido de la grandeza, población, riquezas y bondad de las tierras de que trato. Consta y parece por nuestras, y por informaciones que tengo, y por noticias que tuve y discursos que hice, y por los que se pueden hacer, y porque el capitán Luis Báez de Torres desde las islas Phelippinas escribió a Vra. Magt. que con la nave almiranta y la zabra de mi cargo que no parecían, apartó a ellos, tan solamente con falta de un hombre, habiendo visto muy grande número de islas y costeado ochocientas leguas de más tierras yo vi; por manera que se debe crear que aunque aquella larga costa no se extiende más de lo visto, que su cuerpo ha de tener forma triangular, cuadrada, a cualquiera otra, y que por esta razón ha de (tener) tres para cuatro mil leguas de tierra, o más, sin las islas. Y adviértase bien que todo lo dicho es de quince para menos grados, y que dice el capitán que en diez años no se podrá de ver ni descubrir tantas tierras como vió en solo aquel camino, y que yo digo que por ser la parte oculta tan capaz, y por otras razones que obligan, se ve entender que puede haber en ella dobladas y cuatro dobladas y más, buenas tierras, por ser dentro de lo mejor de la tórrida y templada zonas, parte meridional, y que no están olvidadas de su Creador tantas criaturas suyas que las habitan, pues cuanto más dudoso estaba el caso, y yo desconsoladísimo por el oscuro y peligro que veía, embió Dios a una tan alegre y tan importante nueva, tan gran luz y consuelo. Recuerdo a Vra. Magt. que de las batallas vencidas entre amigos, que hasta agora sólo he ganado enemigos vivos, trabajos y pesares continuos, sufrir y servir sin sueldo, la hacienda y vida gastadas y el alma empeñada con dos mil y setecientos pesos de deudas hechas en suplir las cosas del servicio de Vra. Magt. que a esta vez tuve a cargo, porque una cédula de Vra. Magt. que para este fin me fue dada, jamás hallé quien la quisiese cumplir, y no quisiera que me fuera fuerza mostrar a Vra. Magt. lo trabajoso de mi historia, y decir mis quejas, advirtiendo que las mayores y que más me pican y lastiman es saber cuántos son los grandes bienes que se pierden por el espacio (sic) conque este caso camina, y cuán poco duele tan notable daño y pérdida. Por todo lo cual, a Vra. Magt. suplico cuanto es posible, sea servido mandar al Consejo de Indias que tome a priesa buena resolución conmigo, pues ya la merezco por tanta paciencia y constancia, y dé más desto por lo principal, que es por lo que se debe a Dios y a tantas almas, y porque a Vra. Magt. le importan reinos, riquezas y gloria. Y porque de una vez tenga fin mi demanda, se sirva Vra. Magt. de mandar ver los merecimientos de todos los descubridores pasados, y ajustados los premios que se les dieron por sus trabajos y servicios, con lo que valen los míos, se aplique el que me toca para esta tan buena obra y lo que resta, que mi industria y mi vida yo la daré y ofrezco de muy buena voluntad, sin esperanza de premio, y desde luego lo daré firmado mi nombre y más haré yo se me manda, aunque sea que me venda en almoneda, o si no desta mi parte se compre un pequeño barco y se me entregue con doce religiosos capuchinos, pues ya se mueven, y en nombre de los de Barcelona se ofrece el padre fray Severo de Tobar, como parece por una carta que en razón desto escribió al condestable de Castilla, y otra a mí, yo les iré a mostrar muy ricas Indias de almas que allí vi y allí están tanto tiempo ha, esperando las misericordias de Dios. Y si no háceme líos (?) de todo aquello en que acerca desto se duda o repara, en contra de lo que tengo pedido, para que yo atine con el modo conque debe proceder y proseguiré en la consecución de este caso, del cual se puede decir y escribir de tal manera que no pregunten presentes ni venideros, cómo Vra. Magt. dejó desiertas aquellas tan grandes y tan buenas tierras, y más teniéndome a mí por vasallo, que todo cuanto se ha dicho y voy diciendo y pretendo obrar en lo propuesto es con deseos bien mostrados de que tantos bienes se ganen y no se pierdan tantas almas. O si no deme Vrs. Magt. licencia para que escriba al Sumo Pontífice, o para ir a Roma a suplicarle que interceda con Vra. Magt. para la brevedad de mi despacho, o dígame claramente que no se quiere dar para con estos al ir de las penas de tanta suspensión, porque si no tomo por respuesta la poca estimación de tan gran caso y de tan gran hecho, y de tan grande y desnuda ofrenda, con todo lo demás de mi parte al propósito tan visto y tan palpado y tan duradero, y en suma, todo cuanto aquí me ha dejado padecer, habiendo dicho diez veces que entré en esta Corte sin un solo maravedí, mas, pasé adelante pues todo parecer por esta causa es muy poco para mí, que me aseguro que pues es de Dios que su divina Magt. la justificará y dispondrá y ayudará mis pocas fuerzas, como siempre lo ha hecho, para que tenga un tan glorioso fin cual le deseo a memoria de Vra. Magt. Y finalmente acuerdo (sic) que quien ha dado cuanto tuvo y ha hecho cuanto pudo y ofrecerlo que suena y lo que tiene y más la vida y que diera millones si los tuviera. Trato verdad y pido justicia.
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MEMORIAL 23 Señor. Yo el Capitán Pedro Fernández de Quir, digo que con éste son ocho los memoriales que a V.M. he presentado, en razón de la población que se ha de hacer en la tierra que V.M. mandó que se descubriese en la parte Austrialia incógnita, sin hasta agora haberse tomado conmigo resolución, ni dado respuesta alguna, ni esperanza que asegure mi despacho, habiendo catorce meses que estoy en esta Corte, y catorce años que trato esta causa sin sueldo y sin haberse visto apuntar a mi provecho sino solo el bien della, con lo cual y con infinitas contradicciones he andado veinte mil leguas por tierra y por mar, y gastado toda mi hacienda, desacomodado mi persona, sufriendo tantas y tan terribles cosas que mi mesmo se me hacen increibles; y todo esto ha sido por no desamparar esta obra de tanta piedad y misericordia, en cuyo nombre y por todo el amor de Dios suplico a V.M. muy humildemente sea servido de no permitir que de tantos y tan continuos trabajos y vigilias, y de una tan notable y tan fundada porfía no saqué yo aquellos frutos que tanto deseo y pretendo, siendo como son de tanta honra y gloria de Dios, y servicio de V.M., y bienes innumerables con duración de cuanto el mundo durare, y después, eternos. 1. La grandeza de las tierras nuevamente descubiertas, juzgado por lo que yo vi y por lo que el Capitán Luys de Vaez de Torres, Almirante de mi cargo, avisó a V.M. de buena razón su longitud, es tanta como la de toda Europa, Asia Menor, y hasta el Caspio y la Persia, con todas las islas del Mediterraneo y Océano que en su contorno se le arriman, entrando las dos de Inglaterra y Irlanda. Aquella parte oculta es quarta de todo el globo y tan capaz que puede haber en ella doblados Reynos y Provincias de todas aquellas de que V.M. al presente es señor, y esto sin avecindar con turcos ni moros, ni con otras de las naciones que suelen inquietar y perturbar las ajenas. Todas las tierras vistas caen dentro (de) la Tórrida zona, y hay parte de ellas que tocan a la Equinoccial, cuya latitud puede ser de noventa grados, y otras de pocos menos, y si suben como prometen, habrá tierras que sean antípodas de lo mejor del Africa y de toda la Europa, y de lo demás de toda la Asia mayor. Advierto que pues las tierras que vi en quince grados son mejores que España, como luego se verá, y que las otras que en altura se opusieren, que deben de ser en su tanto un paraíso terrenal. 2. La gente de aquellas tierras es mucha; sus colores son blancos, loros, mulatos e indios, y mezclas de unos y de otros; los cabellos de los unos son negros, crecidos y sueltos, los otros son frisados y crespos, y de otros bien rubios y delgados, cuyas diferencias son indicios de grandes comercios y concursos, por la cual razón y por la bondad de las tierras y por no tener artillería ni otras bocas de fuego con que matarse, y porque no labran minas de plata, y por otras muchas razones, es de creer ser muchísima gente, a la cual no se le conoce arte mayor ni menor, muros ni fuerzas, Rey ni ley; son más de unos simples gentiles, divididos en parcialidades y poco amigos entre sí; sus armas son las ordinarias: arcos y flechas sin yerba, y de macanas, bastones, lanzas y dardos de palo. Es gente que cubre partes, es limpia, alegre y racional y tan grata como lo he experimentado. Por todo lo cual se debe esperar mediante la providencia divina, y medios suaves, que han de ser facilísimos de pacificar, doctrinar y contentar, que son tres cosas bien necesarias en los principios, para después encaminarlas todas a aquellos tan santos fines cuanto deben ser pretendidos en lo más y en lo menos, con todas las veras de las veras. Las casas son de madera y cubiertas de hojas de palma; vían (sic) de ollas de barro. Tienen telares, trasmallos y otras redes; labran piedra, mármol, flautas, tambores y , cucharas de palo embarnizadas. Tienen oratorios y entierros y haciendas muy puestas en razón, cercadas y empalizadas. Aprovéchanse mucho de las conchas de nácar y dellas hacen gubias, escoplos, formones, fierras, anxuelos y patenas mayores y menores que traen colgadas de los cuellos. Los isleños tienen sus embarcaciones bien obradas y bastantes para navegar de unas tierras a otras, y todo junto es cierto indicio de vecindad de gente de más policía, y no lo es menos castrar los puercos y los pollos. 3. El pan que tienen son tres diferencias de raíces de que hay muy grande suma, y se pasan sin trabajo, que no tienen más beneficio que asarlas y cocerlas; son gustosas, sanas y de buen sustento, y mucha dura, y las hay de vara de largo, y media de grueso. Las frutas muchas y muy buenos plátanos de seis géneros, grande número de almendras de cuatro suertes, grandes obos, que es fruta casi del tamaño y sabor de melocotones; muchas nueces de la tierra y naranjas y limones que no los comen los indios; y otra extremada y grande fruta, y otras no menos buenas que se vieron y comieron con muchas y muy grandes cañas dulces; y noticia de manzanas. Hay infinitas palmas, de las cuales se puede luego sacar tuba, de que se hace vino, vinagre, miel y sueros, y las palmitas son muy buenas. Estas mismas palmas el fruto que dan son cocos; cuando están verdes sirven de cardos, y el meollo como natas, cuando maduras es sustento de comida y bebida en mar y tierra; cuando viejos dan aceite para alumbrar y curar tanbién como con el bálsamo, y para comer, cuando nuevo, sus cascos son buenos vasos y frascos. Los capullos son estopa para calafatear las naos y para hacer todos los cables y jarcias y las cuerdas ordinarias y de arcabuz. La mejor de las hojas se hacen velas para embarcaciones pequeñas, y esteras finas y petates conque se aforran y cubren casas, que se arman con los troncos que son derechos y altos, y de ellos se hacen tablas y lanzas y otros géneros de armas, y remos, con otras muchas cosas buenas para el servicio ordinario. Y es notar que estos palmares es viña, y que todo el año se desfruta y se vendimia, y que no pide beneficio, y que así ni gasta dinero ni tiempo. Las hortalizas que se vieron son calabazas y grandes bledos y muchos, y verdolagas, y se tuvo noticia de habas. Las carnes son muchos puercos mansos como los nuestros y gallinas y capones y perdices de la tierra, patos reales, tórtolas, palomas torcaces, y cabras que vió el otro Capitán; y los indios nos dieron noticia de vacas o de búfalos. Los pescados son muchos: pargos, peces reyes, lizas, lenguados, salmonetes, meros, favalos, macavis, casones, pampanos, sardinas, rayas, palometas, chitas viejas, anguilas, peces puercos, chapines, rubias, almejas, camarones y otros géneros de que no me acuerdo el nombre, y debe de haber muchos más, pues todos los referidos se pescaron juntos a las naos. Y si bien se considera lo escrito, hallarse ha que de más y tan buenos bastimentos se puede gozar luego grandes y muchos regalos, entrando en ellos mazapanes, conservas de muchas suertes, y esto sin llevarse nada de fuera. Y que para matalotaje, de más de lo referido, no faltarán muchos, ni grandes perniles de tocino, ni botijas de mantecas y lo demás que de grandes puercos se faza, sin faltar agro ni especias. Es de advertir que muchos de los dichos géneros son semejantes a los nuestros y que puede haber muchos más, y que en esto muestra la tierra ser muy propia para criar todas las otras cosas que produce la Europa . 4. Las riquezas son plata y perlas que yo vi, y oro que vió el otro Capitán, como dice en su relación, que son los tres géneros más ricos que naturaleza ha criado. Hay muchísima nuez de especia, maza, pimienta y gengibre, que habemos visto los dos. Hay noticia de canela y puede ser haber clavo, pues hay las otras especias; y más también porque son aquellas tierras paralelas, con poquita diferencia, de Terrenate y Bacha. Hay más allí conque se puede criar seda, hacer pita, azúcar, añil; hay buen ébano y infinitas maderas para fabricar todas cuantas naos se quisieren, con todas sus velas y jarcias de tres géneros, el uno parecido a nuestro cáñamo. Y con el aceite de los cocos se puede hacer la galagala con que se escusa brea, y se vio cierta resina conque los indios se aprovechan para brear sus piraguas, y pues hay cabras y noticia de vacas, habrá cordobanes, corambre y sebo y carne en abundancia; y de abeja que se ha visto habrá miel y cera. Y demás de todas estas riquezas aseguran de otras muchas noticias; y el sitio y disposición de las tierras, ajustadas con las muchas que dará la industria, habiendo como hay tanto aparejo, así de las Cosas suyas como para criarse las nuestras que pretendo luego llevar, con más todas las otras mejores y más provechosas que se crían en el Pirú y en la nueva España; parece que todo junto hará tan rica la tierra que sola ella por sí baste a sustentarse, y juntamente a la América, y a engrandecer y a enriquecer a España, de tal manera como yo lo mostraré si soy de otros ayudado para la ejecución. Y en razón de lo visto por ser orillas del mar, digo señor que se deben de esperar del corazón de la tierra tantas y tales grandezas y riquezas y cosas buenas, cuales van siendo las nuestras. Es de advertir que mi intento principal fue sólo buscar tan gran tierra como hallé y que por mis enfermedades y otras causas que callo no pude ver cuanto quise, ni todo cuanto deseé se puede ver en un mes, teniendo doce un año, que muestran las calidades y los frutos que producen todas las tierras criadas, y que los indios de aquellas tierras no deben de ser jusgados con nuestras necesidades, favores, codicias y estimación de las cosas, sino por hombres que pretenden con el menos trabajo que pueden pasar, como pasan, las vidas sin cansarse en lo demás que nos cansamos. 5. La comodidad y gustosa vida será tanta cuanta se ve en una tan cultivada, alegre y fresca tierra, negra y grasa y de grande migajón, con barriles (sic) para luego poder hacer casasladrillo y tejas y lo demás que Bellos se hace; y en aquellas, tantas y tan cerca canteras de piedras, mármoles y toscas para poderse levantar suntuosos y curiosos edificios; y en aquellas, tantas y tan a propósito maderas para todos menesteres; y en aquel sitio de llanos, valles, lomas, quebradas y tierras altas, y redobladas; y en aquellos ríos, chorrillos y mantiales adonde cómodamente puede haber en cantidad molinos, azeñas, trapiches y otros ingenios de agua; y en los esenos (sic) salinas; y en aquellos cañaverales, testigos de la fertilidad de la tierra, cuyos cañutos hay de cinco y seis palmos, y menos, y el fruto a proporción, el canto delgado y duro y lisa la tez; y en tan buenos pedernales como los hay en Madrid. La bahía de San Felipe y Santiago tiene veinte leguas de orilla, es toda limpia y libre para poder entrar de día y de noche; tiene a su redonda muchas poblaciones y en ellas y muy lejos se ve ya de día muchos humos, y de noche muchos fuegos; su puerto de la Veracruz es tan capaz que pueden caber en él más de mil naos. Su fondo es limpio y de arena negra, no se ha visto broma, puédese surgir en las brazas que quisieren, de cuarenta hasta media entre dos ríos, el uno tan grande como Guadalquivir en Sevilla, con barra de más de dos brazas por donde pueden entrar buenas fragatas y pataches; en el otro entraban francas nuestras barcas y dellas se cogía el agua, que es lindísima en cualquier parte de las muchas que hay. El desembarcadero es una playa de tres leguas y lo más della un guijarral negro, menudo y pesado, bonitísimo para lastrar los navíos. La playa, por no tener ruinas ni quiebras, y estar verdes las yerbas de su orilla, se entendió no ser batida de mares, y porque los árboles que tiene estaban todos derechos y sin azotes ni desgajes, se juzgó desto no haber grandes temporales. Este puerto, demás de ser tan airoso, tiene otra grande excelencia para lo que es recreación, que desde que rompía el alba se oía por todo el cercano bosque una muy grande armonía de millares de diversos pájaros, algunos, al parecer, ruiseñores, mirlos, calandrias, y jilgueros, y infinitas golondrinas, periquitos, y un papagayo que se vió, y sin estos muchos otros géneros de aves, y hasta chillar las chicharras y los grillos; y se gozaba las mañanas todas y tardes de suaves olores despedidos de tantos géneros de flores, entrando en el de azahar y albahaca, y por todos estos y por otros buenos efectos se juzgó ser allí clemente el cielo y que guarda su orden naturaleza (144). A este puerto y su bahía los hacen más excelentes la cercanía de tantas y tan buenas islas, en especial de siete que bojean doscientas leguas; la una tiene cincuenta y dista doce, es muy fértil y poblada. Y en suma digo señor que en esta bahía y puerto de quince grados y un tercio de elevación de polo Antártico, se puede luego edificar una muy grande y populosa ciudad y que la gente que la habitare gozará de todas las riquezas y comodidades apuntadas y de las que no puede mostrar mi poco ingenio, y de las que el tiempo mostrará, y que se pueden comunicar con las provincias de Chile, Perú, Panamá, Nicaragua, Guatemala, nueva España, Terrenar y Filipinas, de todas las cuales tierras V.M. es señor, y que si V.M. lo fuere destas otras que ofrezco, las tenga por tan importantes, que demás de ser como llaves de todas las referidas, entiendo vendrán a ser en lo que es trato de cosas curiosas y provechosas, dejo grandeza, otras Chinas y Japones, y más provincias de aquella costa de la Asia con sus islas, y quedo corto según lo que siento y lo puedo mostrar en junta de Matemáticos, ni me alargo en decir que pueden luego acomodar y sustentar doscientos mil españoles. En suma, aquel, Señor, es el mundo de que España va siendo el centro, y en lo que es cuerpo es la uña, y nótese bien este punto. 6. El temperamento y bondad del aire es, señor, tal cual se ve en todo lo dicho y en que siendo los nuestros todos extranjeros, ninguno cayó enfermo con tan ordinario trabajar, sudar y mojarse, sin guardarse de beber agua en ayunas, ni de comer todo cuanto la tierra cría, ni del sereno, luna y sol, que no era muy ardiente de día, y de media noche abajo pedía, y se sufría muy bien, ropa de lana; y con que los naturales en común son corpulentos y de grandes fuerzas y algunos dellos muy viejos; y con que viven en casas terreras, que es muy grande indicio de la mucha sanidad, porque a ser la tierra enferma las levantarían del suelo, como lo hacen en Filipinas y en otras partes que yo vi; y conque el pescado y la carne duraban sanos, por salar dos y más días; y conque las frutas que de allí se trajeron, como se puede ver en dos que aquí tengo, están sanísimas, con ser cogidas de los árboles sin sazón; y con no haberle visto arenales, ningún género de cardones, ni árboles espinosos, ni que tengan raíces sobre la tierra, ni manglanares anegadizos, ni pantanos, ni nieve en las altas sierras, ni cocodrilos en los ríos, ni en las montañas sabandijas ponzonozas, ni hormigas que suelen ser muy dañosas en las casas y en los frutos, ni niguas ni garrapatas, ni mosquitos; que es esta una excelencia sobre todas las excelencias para nuestra pretensión y tan digna de estimarse, que hay muchas tierras en las Indias que por sólo estas plagas no se pueden habitar, y otras donde se padece tanto por ellas cuanto yo soy buen testigo. 7. Estas son, señor, las grandezas y bondad de las tierras que descubrí, de las cuales tomé la posesión en nombre de V.M. debajo de vuestro estandarte Real, y así lo dicen actas que aquí tengo. Así, señor, lo primero se levantó una cruz y se armó Iglesia de nuestra Señora de Loreto, se dijeron veinte Misas, se ganó el jubileo concedido al día de Pentecostés y se hizo una solemne procesión el día de Corpus Cristi. En suma, el Santísimo Sacramento siendo su (sic) guió el estandarte de V.M., paseó y honró aquellas ocultas tierras, a donde enarbolé tres banderas de campo, y en las de todas mostré las dos columnas al lado de cuestras armas reales, conque puedo decir con razón, en lo que es parte: aquí se acabó Plus Ultra , y en lo que es continente, más adelante y atrás; y todo esto y lo demás ha sido como leal vasallo que soy de V.M., y para que V.M. pueda añadir luego, porque suene esta grandeza, el título de la Austrialia del Espíritu Santo, para más gloria del mismo Señor que me llevó y me la mostró y me trajo a la presencia de V.M. a donde estoy con la misma voluntad que siempre tuve a esta causa que crieé y, por su alteza y todo merecer la amo y la quiero infinito. 8. Bien creo del prudente consejo, grandeza de ánimo y piedad Christiana de V.M. el mucho cuidado que dará saber tan cierto como contiene la población de aquellas tierras ya descubiertas, siendo la causa más principal que debe obligar a no las dejar desiertas, ser éste el medio para que en todas ellas sea Dios Nuestro Señor conocido, creído y adorado y servido, siéndolo tanto el demonio, y más también porque ha de ser la puerta por donde a tantas gentes del cargo de V.M. les ha de entrar todo su bien y remedio, y los muchos más cuidados que daría si a ellas fuesen enemigos de la Iglesia Romana a sembrar sus falsas doctrinas y convertir todos los bienes que pretendo en males mayores y llamarse señores de Indias y arruinarlas todas. También creo que V.M. estará muy advertido que un daño tan pernicioso cuanto lo es el que suena, o otro cualquiera desmán si lo hubiere al presente o adelante, que ha de costar millones de oro y millares de hombres el dudoso remedio. Gane V.M., pues puede, con (la) poca plata (que) gasta en el Pirú por una vez, ganar el cielo y la fama eterna y aquel nuevo mundo con todo lo que promete, y pues no hay quien a V.M. pida las albricias de una tan grande y señalada merced de Dios, guardada para vuestro felice tiempo; yo señor las pido, y por ellas mi despacho, que están los galeones prestos y es mucho lo que tengo que andar, que aprestar y que hacer, y muchísimo lo espiritual y temporal que cada hora se pierde que jamás se ha de cobrar. Si a Cristobal Colón sus sospechas le hicieron porfiado, a mí (me) hace tan importuno lo que vi y lo que palpé y lo que ofrezco, para lo cual mande V.M. que de tantos medios cuantos hay, sé de uno para que pueda conseguir lo propuesto, advirtiendo que en todo me hallarán muy reducido a la razón y daré en todo satisfacción. Señor, grande obra es ésta, pues el demonio le hace tan mortal guerra, y no es bien que pueda tanto, siendo V.M. el defensor della.
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MEMORIAL 24 Señor. El Capitán Pedro Fernández de Quirós: ya he dicho a V.M. que de la parte del sur está oculta la cuarta parte del globo, y que el descubrimiento que en ella hice, lo es de veintitrés islas, cuyos nombres son: Las Cuatro Coronadas, San Miguel, la Conversión de San Pablo, la Decena, la Sagitaria, la Fugitiva, la del Peregrino, Nuestra Señora del Socorro, Monterrey, Tucopia, San Marcos, el Vergel, las Lágrimas de San Pedro, el Pilar de Zaragoza, San Raymundo y la isla de la Virgen María; y juntamente las tres partes de tierra llamadas del Espíritu Santo, an la cual tierra se halló la bahía de San Felipe y Santiago y Puerto de la Veracruz, a donde fuimos surtos con los tres navíos, treinta y seis días. Entendiose por todas tres una gran tierra y sus altas y dobladas serranías, y aquel río Jordán por su grandeza parece que asegura la de la tierra; como de todo más largo consta por una información que hice en México, con diez testigos de los que fueron conmigo, a la cual me remito. Mande V.M. que sea vista y que se haga una junta de matemáticos y pilotos y personas pláticas, pues al presente las hay muy insignes en esta corte, y la causa lo merece, y a V.M. le importa muchísimo. Digo pues, Señor, que en una isla que se llama Taumaco, que al parecer dista de México mil y doscientas cincuenta leguas, estuvimos surtos diez días (151), y que el señor de aquella isla, y de otras islas, cuyo nombre es Tumay, hombre de razón, buen cuerpo, talle y color algo moreno, los ojos hermosos, la nariz afilada, la barba y cabellos crecidos y crespos, y a su modo grave, nos ayudó con su gente y embarcaciones a hacer aguada y leña, de que en aquella sazón estábamos muy necesitados. Este tal vino a verme a la nao y dentro le examiné en la manera siguiente: lo primero, le mostré su isla y la mar y nuestras naos, y gente, y apunté a todas partes del horizonte, y hice otras ciertas señas, y con ellas le pregunté si había visto navíos y hombres como los nuestros, y a esto dijo que no. Preguntele si sabía de otras tierras lejas o cerca, pobladas o despobladas, y luego que me entendió nombró a más de sesenta islas y a una grande tierra que se llama Manicolo. Yo, Señor, las fui escribiendo a todas, teniendo presente la aguja de navegar, para saber hacia el rumbo que cada una demoraba, que viene a ser de aquella su isla a la parte del Sueste, Susueste, Oeste y Nordeste, y para que yo entendiese cuáles eran las pequeñas, hacía pequeños círculos, y mostraba el mar con el dedo, y con él daba a entender cercana la tierra; y por las que eran mayores hacía mayores círculos y las mismas demostraciones, y por aquella gran tierra abrió ambos los brazos sin volverlos a juntar, mostrando que proseguía; y para dar a entender que eran las lejanas, o estaban de allí más cerca, mostraba el sol de levante a poniente, recostaba la cabeza sobre una mano, cerraba los ojos y contaba por los dedos las noches que en el camino se dormía; y por semejanza decía cuáles gentes eran blancas, negras, indios y mulatos, y cuáles estaban mezclados, y cuáles eran sus amigos y enemigos, y que en algunas islas comían carne humana, y para esto hacía que mordía su brazo, mostrando claro querer mal a esta gente, y deste y de otros modos, al parecer se entendió cuanto dijo, y se lo repetí tantas veces que mostró cansarse dello. Mostró deseo de volver a su casa, dile cosas que llevase, y despidiose de mí dándome paz en el carrillo y otras muestras de amor. El desembarcadero desta isla es una playa de tres leguas y lo más dello un guijarral negro y pesado, bonísimo para lastrar los navíos. Este puerto, demás de ser muy airoso, tiene otra excelencia para lo que es recreación: que desde que rompe el alba se oye una muy grande armonía de millares de diversos pájaros, algunos, al parecer, ruiseñores, mirlas, calandrias y gilgueros, y infinitas golondrinas, eriquitos, y sin estos, muchos otros géneros de aves, y asta chillar las chicharras y los grillos; y se gozaba las mañanas y tardes de los suaves olores despedidos de tantos géneros de flores, entrando el de azahar y albahaca; por todo esto se juzgó ser allí clemente el cielo y que guarda su orden naturaleza. Cuando salí de la isla de Taumaco, hice coger cuatro muy gallardos indios: los dos echaron a nado y los dos quedaron en el navío, y el uno dellos se llamó Pedro, declaró en el puerto de Acapulco, y por el camino, y en la ciudad de México a donde murió, habiéndolo visto el Marqués de Montesclaros, lo siguiente sin nunca variar, aunque se le preguntó en diversos tiempos y por muchas personas y de muchos modos, y se le negaban y contradecían sus dichos. Lo primero dijo Pedro ser natural de una isla que se llama Chicayana, mayor que la de Taumaco a donde le hallamos, y que de una a otra hay cuatro días de camino, y que Chicayana es tierra rasa, y entendimos de él que era muy abundante de frutas, y que la gente della es su buen (sic) color de Indio, cabello suelto y largo, y que se labran como él lo estaba, poco en el rostro, hombros y pechos, y que también hay hombres blancos que tienen los cabellos rubios y muy largos, y que él era tejedor y soldado flechero, y que en su lengua se llama Luca, su mujer Layna, y su hijo Ley. Dijo más: que en aquella su isla hay muchas ostras como de las que vi sus conchas y traje algunas que aquí tengo de tres tamaños. El primero es el común de la Margarita, el segundo mayor al doble, y el tercero de palmo más y menos de diámetro, y que a todas estas ostras llaman Totofe, y que en ellas se hallan perlas, a las cuales llaman Futiquilquil. Y por esto le mostré las conchas y él las tomó en las manos, y en ellas fue mostrando las partes do se crían. Y preguntado cuántas eran y de qué tamaño, dijo que en unas se hallan más y en otras menos, y para dar a entender el grandor decía que las hay como arena y como sal, y como piedrecitas, y como cuentas de rosario, y como botones como tenía en un coleto, y otras mayores, y que se pescan en menos de medio estado de fondo de piedras, y que él mismo sin zambullirse las sacaba con la mano y las ponía en su canoa, y que sólo las quieren para comer su carne, a la cual llaman Canofe, y que las conchas les sirven para hacer anzuelos, cucharas y otras cosas, y que las perlas no les sirven de nada. Otras cosas dijo Pedro de lo que su isla cría, así como de perlas mucho mayores de las ya dichas, y de piedras, toques de plata y otras infinitas cosas que aquí en esta Corte tengo para quien lo quisiere ver. Dijo más Pedro: que al diablo llaman Tetua y que habla con los indios de un palo sin ser visto, y que a el mismo y a todos ellos, de noche, y muchas veces, les palpaba los rostros y los pechos con cosa muy fría, y que queriendo saber lo que era no hallaban nada; y esto decía mostrando cierto recato y temor, dando bien a entender ser cosa mala y para ellos aborrecible. Y también dijo a otros, que no a mí, que antes que a su tierra fuéramos, ya el diablo les había dicho que los habíamos de ir a matar. Mostraba muchos deseos de volver a su tierra para decir al señor de Taumaco todo el bien que le habíamos hecho, y de los indios sus compañeros, que ellos mismos se echaron de las naos a nado, que nosotros no les hicimos ningún mal. Y también más, para decir a todos sus naturales que buena cosa es ser christiano, y que a él, después que lo era, el diablo no le habló ni le oyó, ni de noche le palpó, y para traer a su hijo y mujer y venirse a vivir con nosotros. Era Pedro al parecer de edad de veinticinco años y en aquella ocasión que declaró sabía poco de la lengua castellana, y a esta causa costó mucho trabajo esta su declaración, porque se le ha negado y repetido muchas veces, y parece que si viviera diera más razón que ha dado. Más yo creo que es más para creer lo que está dicho y lo que dejó de decir, que no lo fuera si llegara a ser ladino, aunque yo y todos cuantos le trataron le tenemos por hombre de verdad y de vergüenza. Un día entró en la iglesia de San Francisco de México y por ver en ella muchos crucifijos dijo que ¿como allí había tantos dioses si le decían que no había sino un solo Dios? Fuele respondido ser todos retratos del verdadero Christo, y con esto y con lo demás que se le dijo pareció satisfacerse, y los frailes que le oyeron se alegraron por ser pregunta de hombres que sabía discurrir. Y finalmente, (en) Domingo de Ramos murió. Yo fío de la misericordia de Dios que pues por un tan extraño modo le trajo al bautismo y a morir confesado y oleado, y en tan señalado día y con muestras de buen christiano. El otro indio se llamaba Pablo; era muchacho de hasta ocho años, de color claro y cabello frisado; tenía muy hermosos ojos, muy buen talle y mejor condición, y tanto que todos cuantos le trataron le querían mucho por ser tan dócil y agradable. Sabía como Pedro las cuatro oraciones y se persignaba con mucha alegría, y bautizado y buen christiano le llevó Dios el día de la Ascensión. Daba razón del demonio que se llamaba Hadamia, y de como habla con los indios sin ser visto, y también le daba de perros mayores y menores, y de un animal como gato, y de un grande río hacia la parte de un pueblo. Que en aquella su tierra hay mucha gente guerrera, enemiga una de otra, y que no se come carne humana; y esto se debe creer por la mucha que tienen los puercos y gallinas y tantas otras comidas, pues el comerse carne humana, entre otras gentes, parece proceder de la esterilidad de la tierra, o de la bestialidad de sus moradores. Y porque era niño y estaba enfermo no se pudo saber de él cuanto se quiso. Un pequeño vocabulario tengo, que es lo que pude juntar de las lenguas de Pedro y de Pablo, lo que sé decir que es muy pronunciable. Estas y otras son, Señor, las grandezas y bondad de las tierras que descubrí, de las cuales tomé la posesión en nombre de V.M., debajo de vuestro estandarte real. Y así lo dicen los autos que aquí tengo. Allí, Señor, lo primero, se levantó una cruz, y se armó iglesia de nuestra Señora de Loreto, se dijeron treinta misas, se ganó el jubileo concedido el día de Corpus Christi. En suma, el Santísimo Sacramento, siendo su guión el estandarte de V.M., paseó y honró aquellas ocultas tierras, a donde enarbolé tres banderas de campo, y las de topes, mostré las tres columnas al lado de vuestras armas Reales, conque puedo decir con razón, en lo que es parte, que aquí se acabó Plus ultra, y es lo que es continente más adelante, y atrás. Y todo esto y lo demás ha sido como leal vasallo que soy de V.M., y para que V.M. pueda añadir luego, porque suene esta grandeza, el título de Austrialia del Espíritu Santo, para más gloria del mismo Señor que me llevó y me la mostró, y me trajo a la presencia de V.M., a donde estoy con la misma voluntad que siempre tuve a esta causa que crié, y por su alteza y tanto merecer la amo y la quiero infinito. Si a Christobal Colón sus sospechas le hicieron porfiado, a mí me hace tan importuno lo que ví y lo que palpé y lo que ofrezco, por lo cual mande V.M. que de tantos medios cuantos hay, se dé uno para que pueda proseguir lo propuesto, advirtiendo que en todo me hallarán muy reducido a la razón y daré en todo satisfacción. El Capitán Pedro Fernández de Quirós, de V.M. leal vasallo.
contexto
MEMORIAL 25 Señor El Capitán Pedro Fernández de Quirós: digo que para la población de las tierras que en nombre de V.M. he descubierto son necesarios mil hombres, que sean muchos casados y de todos oficios, porque hay mucho en que repartirlos y mucho con que sustentarlos y mucho en que acomodarlos. Y que se levanten en el Pirú, de que se seguirá en aquel Reyno un muy grande beneficio, así de presente como adelante. Doce religiosos descalzos de la Orden de San Francisco que son doctos, con la potestad necesaria, vestuario y ornamento. Seis hermanos de Juan de Dios para ocuparse en lo que profesan. Un médico cirujano, barbero y medicinas. Y varios los que bastaren, artillería, mosquetes, arcabuces y otras armas, bastimentos y cantidad de rescate para los indios. Una buena partida de hierro en plancha y de herramientas para fabricar, plantar, sembrar y para minas. La costa de todo lo referido, y de lo demás que no digo, se puede hacer con quinientos mil ducados, gastados por una vez. Es de advertir que tierra a donde ya se ha visto oro, plata y perlas, especierías y otras cosas de valor, puede dar luego de retorno mucho más que lo gastado y quizás cuatro dellas, y que su bondad asegura que ha de sustentar a sí y a las Indias, en riquezas a España y que sin éstas hay tantas conveniencias como apunté en otros Memoriales. Las cédulas de que V.M. me hiciere merced han de ser tan claras y tan fuertes que la voluntad de V.M. tenga en todo real efecto. Lo que toca a mi persona sólo pido y suplico a V.M. lo que no puedo escusar para la autoridad de la causa. Mucho quisiera serme posible poder mostrar aquí cuanto me duelo de la hacienda de V.M. y cuanto pretendo su mayor acrecentamiento y cuanto deseo se haga como se debe este grande servicio de Dios y de V.M. y redención de almas de las gentes de tan grande parte del mundo y sólo acuerdo cuánto pudo conmigo el amor que de ella me trajo a esta a ofrecerme a tantos nuevos peligros y trabajos bien experimentados de mí, siendo los mayores de todos sufrir y contentar a los hombres. Suplico a V.M. cuanto le debo sea servido de hacerme merced mandar me sea luego dado mi despacho así y de la manera que la merece tan grande causa y mi tan buena voluntad y como a V.M. tanto le importa, para irme en los galeones que se parten en este mes o a la entrada de marzo, y si Dios se sirve de ayudarme como yo de su bondad fío, yo haré obras que V.M. entienda que tiene fiado de mí mucho menos de lo que yo deseo servir a V.M. ( ).