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Personaje Pintor
Andrea Mantegna es uno de los grandes creadores del Quattrocento italiano. Natural de Isola di Cartura, entre Padua y Vicenza, vio la luz hacia 1431, formándose en Padua con el pintor Squarcione - apasionado estudioso de la época romana y coleccionista de objetos arqueológicos, afición que heredó el propio Andrea - quien le consideró su hijo adoptivo. Ya en sus años jóvenes se interesó por la perspectiva tomando como referencia las obras de Paolo Ucello, Andrea del Castagno o Fra Filippo Lippi, maestros que habían trabajado en Padua. En 1448 Mantegna tiene taller propio y realiza su primera obra, desgraciadamente perdida. Se inició como fresquista al año siguiente, en la decoración de la capilla Ovetari junto a Nicolò Pizollo, destruida por los efectos de una bomba en 1944. Ya en estos primeros momentos se aprecia la influencia en sus figuras del escultor Donatello, dando la impresión de ser estatuas de bronce o piedra por lo que a esta primera época se la conoce como el "estilo pétreo". También se interesa por la perspectiva, como se aprecia en la Asunción de la Virgen, siguiendo la Trinidad de Masaccio. Durante la ejecución de este encargo en la iglesia de los Ermitaños, se trasladó a Venecia, donde se relaciona con la familia Bellini, contrae matrimonio en 1452 con Nicolasia, hija de Jacopo y hermana de Giovanni, y establece una estrecha relación con sus cuñados, como se observa en la Oración en el huerto o la Presentación en el templo. A su regreso a Padua realiza una de sus obras más importantes: la Pala de San Zenón, donde introduce el lenguaje de la "Sacra Conversazione", continuando con su estilo monumental y pleno de fuerza. El afán por lo escultórico se pone de manifiesto en el San Sebastián de Viena, pintado en estos años, donde se interesa por los fondos arquitectónicos inspirados en el mundo clásico. Con 29 años Andrea se instala en Mantua y permanece como pintor de corte de la familia Gonzaga hasta su muerte, realizando allí sus obras más importantes: la decoración de la Cámara de los Esposos, donde los Gonzaga son retratados en diversas actitudes; el interés por la perspectiva y las referencias antiguas le llevan a abrir la sala gracias a las referencias a la campiña plagada de castillos y ciudades, destacando el Óculo fingido que sirve de coronamiento a la estancia. También de la estancia en Urbino sería la Muerte de la Virgen, donde la perspectiva y las figuras dotan al conjunto de un sereno equilibrio. Su fama le hizo ser llamado a Roma por el papa Inocencio VIII para decorar una de las capillas del palacio del Belvedere, destruida en 1780, regresando de nuevo a Mantua en 1490, cuando inicia los lienzos del Triunfo del César, evocación majestuosa del mundo romano que recuerda los frisos y relieves históricos de la Antigüedad. Isabella d´Este le encargó la decoración de su "Studiolo", donde pintó el Parnaso y el Triunfo de la Virtud. Durante estos últimos años sus imágenes religiosas se hacen más intimistas y desaparecen las referencias arquitectónicas para representar un fondo neutro aunque en algunas, como la Madonna de los Caballeros o la Virgen Trivulzio, continúa con dichas referencias. Las figuras siguen siendo escultóricas, interesándose por los escorzos y la perspectiva, como se muestra en el Cristo muerto, una de las más bellas obras de la pintura universal. Su afición por el mundo clásico le llevó a realizar escenas que simulan relieves como la Introducción del culto de Cibeles en Roma o Sansón y Dalila. La gran aportación de Mantegna a la pintura del Quattrocento será dotar de una monumentalidad escultórica suprema a las figuras, tomando las ideas de Masaccio y llevándolas a su máxima expresión. No debemos olvidar su producción retratística y sus dibujos y grabados, que sirvieron de inspiración a los maestros del Cinquecento.
termino
acepcion
Así se refería el pueblo griego a la sede del oráculo, donde los hombres se preguntaban por el porvenir.
fuente
Manto que colgaba del yelmo y que caía sobre la espalda; adorno exterior del escudo.
fuente
Plancha de madera o mimbre con ruedas e incluso saeteras, capaz de proteger a varios hombres en la guerra medieval. Ambos sistemas ya eran conocidos en la Edad del Bronce.
contexto
La función exportadora de las ya antiguas colonias, que fue produciendo un giro de 180 grados en la orientación de las mismas, se plasmó de hecho con la creación de las nuevas repúblicas. De mirar al interior del continente, especialmente a los centros productores de metales preciosos, cuyo abastecimiento tendían a garantizar las regiones no productoras, se pasó a mirar hacia los mercados europeos y norteamericanos. Sin embargo, el perfil francamente exportador de las diversas regiones latinoamericanas y la explotación a fondo de las ventajas comparativas existentes en cada país, se alcanzó, con algunas excepciones, en la segunda mitad del XIX y fue posteriormente el ferrocarril y la navegación a vapor en los ríos colombianos y de la cuenca amazónica quienes terminaron de modelar esa nueva realidad regional. De hecho, la primera mitad del siglo fue más un período de estancamiento, de adecuación a la nueva realidad, que de expansión de las actividades exportadoras, especialmente después de 1825, cuándo la presencia comercial y financiera de los británicos se retrajo considerablemente. Este estancamiento permitió durante un tiempo el mantenimiento de las antiguas rutas comerciales interregionales de la época colonial, que no respetaban el trazado de las fronteras erigidas después de la independencia. Sin embargo, este punto apenas ha merecido la atención de los historiadores económicos, que de un modo anacrónico han permanecido atados en sus investigaciones a las delimitaciones de los actuales países. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la urgente necesidad de dinero de las nuevas repúblicas hizo que los ingresos aduaneros se constituyeran en la principal fuente de financiación fiscal. La continuidad de las estructuras fiscales coloniales en las décadas posteriores a la emancipación ha permitido que las aduanas interiores, vestigio de la realidad colonial, se conviertan, cuando sus libros han podido llegar hasta nosotros, en una fuente inestimable a la que los historiadores pueden echar mano para recomponer dichos flujos. En uno de los escasos trabajos existentes sobre el tema, Assadourian analiza las relaciones comerciales de Córdoba (Argentina) con los antiguos mercados chilenos y altoperuanos (bolivianos). Así, por ejemplo, en lo que a la exportación de vacunos se refiere, entre 1817 y 1828 hay una intensificación de los intercambios ganaderos de Córdoba con Cuyo y Chile, que permiten compensar los efectos producidos por la pérdida de los mercados altoperuanos y paraguayos. Pero este comercio perdió intensidad entre 1829 y 1850 por la larga crisis ganadera y política (guerras civiles) que afectó a la región. Sin embargo, el mismo autor señala que no puede ofrecer cifras que aclaren si los flujos producidos eran superiores o no a los que tuvieron lugar durante el período colonial. El hecho de que las nuevas fronteras no supusieran automáticamente una desaparición de los flujos existentes queda claro con las exportaciones de ponchos y ponchillos al Paraguay. Entre 1806 y 1809 el mercado paraguayo absorbía una cifra anual que oscilaba entre las 20 y las 23 mil unidades. Pese a lo que inicialmente podría pensarse, la independencia no tuvo efectos depresivos, ya que la demanda se mantuvo estable hasta 1817 con un promedio anual de 25.774 piezas. La contracción ocurrió en el trienio 1818/1820, cuando dicho volumen se redujo a la mitad. En 1821 se produjo el colapso total del mercado.
lugar