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Personaje Otros
Nacido en el seno de una familia dedicada al toreo, Manuel Rodríguez decidió seguir los pasos de su progenitor, también matador. Aunque su padre murió cuando tan sólo tenía cinco años, su abuelo y sus tíos también le inculcaron este arte. Entre ellos cabe citar a José Damaso Rodríguez y José Rodríguez Sánchez, además del banderillero Rafael Sánchez. Por otra parte, su madre ya había estado casada anteriormente con Lagartijo Chico. De este modo, su adolescencia transcurre en compañía de otros toreros con los que da sus primeros capotazos. En 1930 ya queda constancia de sus primeras apariciones en público en la Escuela Taurina de Montilla. A partir de este momento su nombre comienza a ser una referencia cada vez más frecuente. En 1933 intervino en una corrida de toros celebrada en Cabra y formó parte del espectáculo cómico-taurino-musical "Los Califas". En este mismo año se viste por primera vez de luces para lidiar una corrida con Rafael Morales, Piripi, y los hermanos Gárcena, en la localidad gala de Arlés. El 1 de mayo de 1935 tomó la alternativa con el nombre de Angel Rodríguez en la madrileña plaza de Tetuán de las Victorias. Aunque remató la faena de forma impecable, la prensa criticó su actuación. El matador continuaría su trayectoria en otros ruedos, pero el estallido de la Guerra Civil en 1936 provocó una pausa en su carrera al disminuir el número de actuaciones. En 1939 reanuda su actividad y aparece en las plazas de Córdoba, Sevilla, Cádiz, Algeciras y Cabra. En este tiempo consigue limar sus defectos y depurar su estilo. Es entonces, el 25 de junio de 1939, cuando deja de ser novillero para convertirse en matador. Una tarde del 2 de julio de 1939, Manuel Jiménez, Chicuelo, le concede la alternativa en Sevilla. Unos meses después, el 12 de octubre, confirma la alternativa, apadrinado por Marcial Lalanda. Esa temporada, Manolete cosechó grandes éxitos. Al año siguiente realizó medio centenar de corridas, recibiéndo muy buenas críticas. En los años sucesivos, Manolete continuaría toreando de plaza en plaza, aumentando su prestigio hasta convertirse en uno de los toreros con mayor proyección. En estos años también sufrió algunas cogidas, aunque logró recuperarse de ellas. El último cartel en que aparecía el nombre de Manolete, anunciaba una corrida en Linares el 28 de agosto de 1947. Junto con él, compartían cartel Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín. Esa tarde el quinto toro de la ganadería de Miura, llamado "Islero", enganchó a Manolete por el muslo. Su lentitud en la estocada provocó la cogida. Fue conducido a la enfermería, donde apreciaron una cornada en el triángulo de Scarpa. Aunque en un principio se creyó que la cornada fue lo que provocó su muerte, en 1997 el hijo del médico de Linares que atendió al torero, Fernando Garrido, reveló lo ocurrido. Manolete, tras la cogida, recibió varias transfusiones que permitieron su mejoría. Cuando llegó el doctor Giménez Guinea, médico de confianza del matador, ordenó que se interrumpieran las transfusiones y se le aplicara un plasma noruego. A penas transcurrieron unos segundos desde su aplicación, cuando falleció. De personalidad seca y austera, Manolete fue una de las grandes figuras de su tiempo. Con su forma de toreo consiguió dar su personalidad a la suerte del toreo.
contexto
El más interesante sin duda de los pintores de El Paso y uno de los grandes pintores españoles, Manolo Millares (1926-1972), procedía de Canarias. En las islas apartadas de la Península se había desarrollado un importante foco surrealista con Oscar Domínguez -el inventor de la decalcomanía- y Eduardo Westerdahl -animador de una revista, "Gaceta Literaria"- y por allí se habían paseado los Breton y Péret para inaugurar en 1935 la Segunda Exposición Surrealista. Westerdahl mantuvo vivo el fermento surrealista después de la guerra civil y con él se inició Manolo Millares, pintor, poeta y editor de una revista -"Planas de Poesía"- y una colección de libros de arte, "LADAC Los Arqueros del Arte Contemporáneo".Tras unos inicios surrealistas y alguna exposición en las islas, Millares se trasladó a Madrid, con Chirino, Elvireta Escobio y Manuel Padomo, y se estableció definitivamente en la capital, entrando a formar parte de El Paso y siguiendo después una labor personal, la más personal de todo el grupo.Millares, como Pollock, tenía dos preocupaciones esenciales que en realidad eran una sola: el surrealismo con su interés por el subconsciente y por lo primigenio y las raíces profundas de sus culturas desaparecidas, el pasado guanche de los habitantes de la isla (como el pasado indio de los norteamericanos). Sus primeras obras se remiten a las formas primitivas aparecidas en las cuevas guanches; son las pictografías de 1951 y 1952, que hacen pensar en signos prehistóricos -representaciones humanas y animales estilizadas, pintaderas, etc.-, pero también en Miró y en Klee (Aborigen de Balos, 1952, Madrid, Colección particular). Un paso más se produce al año siguiente, 1953, cuando empieza a utilizar arpillera en sus obras, todavía en fragmentos, a la vez que somete el cuadro a una disciplina más estricta, a una estructuración más geométrica y sencilla, pero más elaborada, construyendo con ella los Muros. Por estos mismos años Burri trabajaba en Italia con arpilleras y Tàpies construía sus propios Muros.Ya antes de entrar en el grupo madrileño las arpilleras toman absoluta autonomía y los cuadros se hacen a base de ellas. Millares las arruga, las tuerce, las dobla, las rasga, las mancha de pintura... hasta convertirlas en Homúnculos, trapos desgarrados, maltratados y torturados, como despojos humanos, que conservan el recuerdo de las momias guanches que había visto en el museo de Canarias. Este material poco frecuente, de desecho, ya se había utilizado antes, en las primeras vanguardias, pero, a diferencia de los cubistas que incluían pequeños fragmentos en la superficie lisa y ordenada del cuadro o los dadaístas, Millares presenta la arpillera de una manera evidente, física y brutal, de tal forma que el cuadro ya no es un lugar donde representar algo sino un objeto en sí mismo. Cualquier sugerencia de espacio ilusionista ha desaparecido por completo.Los Homúnculos se nos presentan directamente como objetos ellos mismos y no como representaciones dentro de un cuadro. Estas arpilleras, elegidas también por razones éticas -estética y ética son términos inseparables en la España de estos años- y destrozadas como cuerpos maltratados, consiguen transmitir una sensación de angustia, de miseria y de opresión, pero también la grandeza del material humilde, del saco viejo y roto, recuperado de la basura como material artístico.Su arte no estaba hecho para el museo -como las manzanas de Cézanne- sino para la denuncia y él lo dijo en sus textos, la mejor lectura que se puede hacer sobre Millares. En 1964, mientras el régimen celebra a bombo y platillo su triunfo en la guerra civil -los Veinticinco años de paz-, Millares contraataca con sus Artefactos para la paz, despojos, una vez más, tristes y comprometidos. "Sus obras -escribió José Hierro- no quieren seducir por su belleza, sino tal vez espantar con su dramatismo... tanto se cargan a veces de ira y de vida que su misma agresividad las hace insoportables para el disfrute diario".Millares desgarra, rompe, cose y recose sus arpilleras, y rasca la superficie del fondo con el mango del pincel, escribiendo una caligrafía personal que cada vez toma una importancia mayor y alcanza un desarrollo notable en las pinturas sobre papel de los últimos años. Su paleta, como la de Saura, es muy reducida y sobria: marrón de la arpillera, negra, rojo y blanco. Desde su entrada en El Paso hasta la mitad de los sesenta el negro es protagonista, un negro denso y pastoso en obras más desgarradas -en sentido literal- y dramáticas; a partir de entonces -1964, 1965-, el blanco cobra un papel cada vez más importante en las Antropofaunas y los Neandertalios, que siguen teniendo como motivo principal el ser humano. Saura convierte en monstruo todo lo que toca, Millares nos pone ante los ojos seres humanos, demasiado humanos.Como Pollock, Millares murió muy joven, cuando la crítica, los museos y el mercado se habían rendido a sus pies. Pero igual que el americano, y a diferencia de otros informalistas, Millares no se había estancado. Abierto a los nuevos tiempos, no sólo volvió a la figuración, aclaró la paleta, pintó en papel o introdujo objetos (zapatos, tubos, cacharros) en sus obras; además colaboró con algunas de las primeras experiencias encaminadas al conceptual en España, como las del argentino Alberto Greco (1931-1965).Uno de los artistas más originales que formó parte del grupo, aunque lo abandonó pronto, es Manuel Rivera (1927), un pintor que utiliza también materiales poco convencionales, como los alambres y las telas metálicas, que superpone y, a veces, colorea, dando lugar a juegos visuales de colores y sombras cambiantes, en los que -por más que la crítica se siga empeñando- resulta difícil ver notas localistas o algo que recuerde sus orígenes andaluces.Si Rivera abandonó pronto el grupo, Martín Chirino (1925) entró a formar parte de él en un segundo momento. Escultor canario, amigo de Millares, se trasladó a Madrid en 1948 y a principios de los años cincuenta viajó por Francia e Inglaterra y conoció la escultura de Julio González y H. Moore. En 1955 se instaló definitivamente en Madrid con Millares y Elvireta Escobio y entró a formar parte de El Paso, mientras optaba por una escultura ya decididamente informal. Chirino, como Millares, está muy interesado por sus raíces canarias, por el mundo y el arte de los guanches y por la naturaleza de las islas. Algunas de sus obras más importantes tienen que ver con ese sustrato: la serie Raíces, que inicia a finales de los cincuenta o los Vientos, de los años sesenta, donde el hierro forjado, que guarda las huellas del trabajo, se retuerce en espirales cargadas de fuerza, como remolinos, que remiten también a uno de los motivos de la pintura guanche.
fuente
Guante de la armadura, sirve para proteger la mano.
obra
Durero llegó a Venecia por segunda vez como un artista de reconocido prestigio. La importante colonia de alemanes asentada en la república le recibió con honores y pronto los artistas italianos sintieron cierta hostilidad mezclada de celos por aquel artista del norte. Su mayor fama se la daba su labor como dibujante y grabador, por lo que según nos cuentan las cartas del artista, se le acusaba de carecer de dominio del color y la atmósfera, algo en lo que los venecianos no tenían rival.Durero acusaba mucho la falta de aprecio social y toda su vida se dedicó a conseguir la elevación del oficio de pintor en su país. De este modo, según sus propias palabras, decidió hacer un cuadro que cerrara definitivamente las bocas de aquellos que creían que era un buen dibujante, pero un mal pintor. El cuadro sería la Fiesta del Rosario, que Durero dijo haber realizado en cinco meses. Los dibujos preparatorios fueron muy abundantes de y de gran calidad, entre los que encontramos estas manos copiadas del natural.El dominio de Durero sobre el volumen, la luz y sus brillos, el sombreado y el modelado, se ponen de relieve en un reducido tema, cual son las manos de Santo Domingo, que en el cuadro final apenas se ven pero que a Durero le merecen un estudio aislado aparte.
Personaje Arquitecto Escultor Pintor
Miembro de una familia de clase media dedicada al comercio, se vinculó al bando franquista durante la Guerra Civil, teniendo atroces experiencias que nunca narró. El final de la Guerra le llevó de nuevo a Arrecife para ingresar en la Universidad de La Laguna, iniciando sus estudios de arquitectura técnica, abandonados dos años más tarde ya que se sentía más atraído por el arte. Por esta razón en 1945 obtiene una beca en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y se traslada a Madrid para iniciar estudios artísticos, graduándose como profesor de arte y pintura. En 1964 se traslada a Nueva York, permaneciendo en la Ciudad de los Rascacielos casi dos años. Consiguió una beca y realizó un buen número de pinturas que fueron expuestas en la prestigiosa galería de Catherine Viviano. Al comenzar a sentir nostalgia de Lanzarote regresó a su isla natal, con la intención de convertirla "en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía" en palabras del propio artista. Desde ese momento se inicia su faceta de pintor, escultor, arquitecto, configurador de paisajes y jardines. Un trágico accidente de tráfico en las cercanías de Arrecife le costó la vida el 25 de septiembre de 1992.
Personaje Literato
Poeta español del siglo XV, su figura sirve de arquetipo del ideal de caballero de la época, pues aúna las armas con las letras. Nacido en el seno de una familia poderosa, favoreció al bando de Isabel la Católica frente al de su hermano Enrique IV de Castilla. Hijo de una Gran Maestre de la Orden de Santiago, era también sobrino del poeta Gómez Manrique. Como hombre de armas, participó en la batalla de Ajofrín y defendió nuevamente a Isabel la Católica, esta vez frente a Juana la Beltraneja. En esta tesitura, participó en la defensa del Campo de Calatrava y acabó con el asedio al sitio de Uclés, impuesto por Diego López Pacheco y el arzobispo de Toledo. En Baeza fue hecho prisionero por su gran enemigo, el marqués de Villena. Resultando herido en el castillo de Garci Muñoz, al poco falleció, siendo enterrado en la iglesia de Uclés. Pero su gran obra no es de carácter militar, sino poética. Toda su producción se halla recogida en dos Cancioneros, el de Hernando del Castillo y el de Sevilla. Poeta de cancionero, realiza poemas de corte amoroso, canciones y glosas, como Castillo de Amor, Escala de Amor, Con dolorido cuidado o Los fuegos que en mi encendieron, entre otros. Su gran obra son las Coplas a la muerte del Maestre de Santiago don Rodrigo Manrique, fruto de la agonía del poeta por el fallecimiento de su progenitor. En ellas destila gran amargura y dramatismo por la muerte de un ser quierido, al tiempo que se pregunta por el sentido de la vida y el concepto de la muerte. Escritas en estrofas de pie quebrado, en su honor llamadas manriqueñas, comprenden veros octosílabos o tetrasílabos, formando grupos en los que se trata un tema típicamente medieval, como la fama, la vanidad, la brevedad de la vida... Son famosos sobre todo sus primeros versos -"Recuerde el alma dormida, / avive el seso e despierte / contemplando / cómo se passa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando...", así como su magnífica metáfora -"Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / qu'es el morir"-. Parece ser que, en orígen, fueron compuestos por su tío Gómez Manrique, aunque Jorge Manrique realizó la magistral adaptación y sentido cuya forma final hoy podemos apreciar, hondamente impresionado por la muerte de su padre.
termino
acepcion
Cargo civil o militar dentro del Imperio mongol.