Busqueda de contenidos

contexto
Se ha juzgado muy duramente la actuación del Gobierno Casares, acusado de debilidad frente al incremento de la conflictividad y de falta de visión política. Tampoco faltan las proyecciones ucrónicas sobre lo que hubiera sido de la República si Azaña hubiera seguido en la jefatura del Gobierno o le hubiera sucedido Prieto. Algunos analistas estiman que uno u otro hubieran hecho más que el político gallego para amortiguar el deterioro de la autoridad del Estado que condujo al golpe militar de julio y a la guerra. Pero eran precisamente las circunstancias que hicieron inevitable el conflicto las que frustraron estas posibles salidas. La división del socialismo, que impidió la opción de gobierno prietista, era un elemento desestabilizador de gran importancia aunque no tanta, desde luego, como el insurreccionalismo de la derecha, lanzada abiertamente a la destrucción del régimen. Por supuesto, las causas de la guerra de 1936-39 son muy complejas, y aquí no pueden ni esbozarse. Pero el proceso de destrucción de la convivencia civil fue personificado por una serie de agentes, cuya evolución durante la primera mitad de 1936 influyó en el alineamiento definitivo de los dos bandos. Pese a la evidencia del voto anarquista en febrero, la CNT se había mantenido en su línea, llamando a la abstención electoral, y mostró rápidamente su abierta hostilidad al Gobierno burgués del Frente Popular. En esta época, teóricos como Diego Abad de Santillán, Federica Montseny e Isaac Puente contribuyeron a reforzar los contenidos utopistas del anarcosindicalismo, potenciando la fe de las bases en un modelo específico de revolución que llevaría a una sociedad sin clases, estructurada en comunas libertarias. El Pleno Nacional celebrado por la FAI a comienzos de febrero rechazó la política obrera de alianza con la burguesía y se pronunció por el método insurreccional para la conquista de la riqueza social. Pero, por otra parte, se iban imponiendo en los sindicatos cenetistas las tesis favorables a la unión del proletariado. El primero de mayo se reunió en Zaragoza un Congreso Confedera] de la CNT. Los delegados, que representaban a 612.707 afiliados, se pronunciaron por la vía libertaria al comunismo, pero manteniendo las tácticas sindicales y de lucha armada. De la reunión salió una invitación a la UGT para suscribir una alianza revolucionaria cuyo fin sería destruir completamente el régimen político y social vigente, y cuya firma hubiera supuesto la ruptura inmediata del Frente Popular. Pero el socialismo seguía rumbos muy distintos. La definición ante la alianza con los republicanos había aumentado las diferencias entre el sector encabezado por Prieto, que se mostraba partidario de la colaboración, y la izquierda que seguía a Largo Caballero. Este prefería mantenerse al margen de cualquier responsabilidad de gobierno, reforzando el entendimiento entre las organizaciones obreras de la coalición y esperando el momento en que el fracaso de la burguesía republicana facilitara la conquista del Poder por el proletariado. Desde finales de diciembre de 1935 hasta finales de junio de 1936, ambas corrientes sostuvieron una enconada pugna en torno a la elección de una Comisión ejecutiva del PSOE, que sustituyera a la anterior, de mayoría caballerista. Finalmente, la batalla electoral se decidió en favor de los primeros, pero ello no hizo sino enconar las rivalidades en el seno del partido. Por otra parte, los caballeristas conservaban el control de la UGT y de la minoría parlamentaria, así como de la importante Federación Madrileña del PSOE y se apoyaban en las aún más extremistas Juventudes Socialistas. La división en el seno del socialismo, que durante la primavera de 1936 condujo a enfrentamientos violentos entre los miembros de sus fracciones, facilitó las tácticas de aproximación de un PCE sumamente disciplinado, cuyos efectivos crecieron espectacularmente en esos meses. Los comunistas mostraban un firme apoyo al Gobierno republicano, e incluso moderaron su exigencia de una reforma agraria revolucionaria y trataron de evitar la escalada de conflictividad laboral que se produjo a lo largo de la primavera. El PCE llevaba tiempo induciendo la bolchevización de la izquierda socialista, pese al fracaso de su táctica de reconstruir las Alianzas Obreras. El ingreso de su central sindical, la CGTU, en la UGT, en noviembre de 1935, reforzó esta tendencia, que comenzó a ser una realidad cuando las juventudes de ambos partidos concluyeron su proceso de acercamiento fusionándose en junio como Juventudes Socialistas Unificadas, puestas bajo la dirección del secretario general de las JJ.SS., Santiago Carrillo. También en la derecha los extremistas ganaban terreno rápidamente. La principal organización conservadora, la CEDA, realizó durante la primavera un nuevo giro, que la llevó a promover el boicot a la vida institucional. La extrema derecha defendía abiertamente la ruptura violenta del orden constitucional. Tras las elecciones, los alfonsinos retomaron con nueva energía su nunca abandonada vía golpista y los carlistas aceleraron la formación de sus milicias con vistas a un levantamiento. Pese a que el Bloque Nacional había mostrado una escasa capacidad de convocatoria, Calvo Sotelo se afirmó como figura parlamentaria de la derecha y, bajo su dirección, los diputados monárquicos convirtieron al Congreso en el marco de duros enfrentamientos dialécticos con la izquierda, que ejercieron un efecto desastroso sobre la dividida opinión pública. Los más beneficiados por la nueva situación fueron, sin embargo, los falangistas. FE había demostrado en las elecciones de febrero, en las que cosechó unos exiguos 45.000 votos en todo el país, que era una fuerza marginal dentro del sistema de partidos. Pero tras el triunfo del Frente Popular recibió una avalancha de afiliaciones de "gentes de orden", asustadas y dispuestas a la acción violenta, que abandonaban los menos operativos partidos conservadores. En pocas semanas, el crecimiento de la organización fascista alteró el equilibrio de la derecha ante la sangría de militantes que sufrieron RE y las Juventudes cedistas: sólo de éstas, se calcula que ingresaron en Falange unos 15.000 afiliados. Seguros de la proximidad de un enfrentamiento civil, los falangistas procedieron a fortalecer su organización ilegal y las milicias, y entraron decididamente, apenas conocidos los resultados electorales, en una espiral de violencia terrorista que encontró rápido eco en la extrema, izquierda. La actividad de los pistoleros de la Primera Línea provocó la respuesta del Gobierno, que a mediados de marzo, tras un atentado fallido contra la vida del dirigente socialista Jiménez de Asúa, encarceló a Primo de Rivera y a otros miembros de la Junta Política de FE, cerró su periódico, Arriba, y prohibió la actuación pública del partido. Pero, desde la clandestinidad, Falange seguiría mostrando una singular capacidad para incrementar el tono del enfrentamiento entre los españoles. La violencia es, sin duda, el rasgo más destacado de la vida nacional entre febrero y julio de 1936 y el que contribuyó de un modo más patente al progreso de la opción golpista de la derecha. Tras el triunfo del Frente Popular se produjo un drástico incremento de las actividades de las milicias políticas de todo signo -alfonsinas, carlistas, falangistas, socialistas, anarquistas, comunistas, de los independentistas catalanes, etc.- constituidas por jóvenes muy radicalizados, uniformados y encuadrados en unidades de carácter paramilitar. Los atentados e incidentes de orden público de todo tipo, en muchas ocasiones en represalia por acciones similares de los adversarios políticos, contribuyeron a sembrar el miedo y el odio entre sectores cada vez más amplios de la población, imposibilitando el normal desarrollo de la vida política. Los atentados fallidos contra los dirigentes socialistas Jiménez de Asúa y Largo Caballero, o las muertes del magistrado Manuel Pedregal, del capitán de Ingenieros Carlos Faraudo, adscrito a la Guardia de Asalto e instructor de las milicias socialistas y del alférez Reyes, atribuidos todos a pistoleros falangistas, provocaron violentas represalias de los activistas juveniles de la izquierda, que alcanzaron tanto a empresarios y militantes de partidos derechistas, como el ex ministro y diputado liberal-demócrata Alfredo Martínez, asesinado en Oviedo el 24 de marzo, como a sedes sociales y periódicos de la oposición, como el diario madrileño La Nación, órgano de Calvo Sotelo, cuya sede fue incendiada por un grupo de extremistas el 13 de marzo. La quema de más de un centenar de iglesias, y el cierre de todos los colegios religiosos, decretado por el Gobierno el 20 de mayo con la excusa de evitar que fueran asaltados, incrementó la ya manifiesta hostilidad del clero hacia el régimen y agudizó en los católicos el espíritu de "cruzada" que tanta transcendencia alcanzaría durante la guerra civil. En el mundo laboral, el continuo crecimiento del paro y el enfrentamiento entre patronales y sindicatos desencadenó una alta conflictividad. En el campo, la reacción de los propietarios ante la reanudación de la reforma agraria y el alza oficial de los salarios llevó a muchos de ellos a paralizar las labores agrícolas antes de plegarse a las exigencias de contratación de los sindicatos campesinos. Entre el 1° de mayo y el 8 de julio se contabilizaron 192 huelgas agrarias. La respuesta de los jornaleros, entre los que el paro y el pauperismo alcanzaban proporciones alarmantes, fue a veces violenta y dio pie a incidentes sangrientos, como el de Yeste (Albacete), donde a finales de mayo la detención de unos campesinos que pretendían talar árboles en una finca particular condujo a un sangriento enfrentamiento entre la Guardia Civil y los jornaleros, en el que murieron un guardia y 17 campesinos, varios de ellos asesinados a sangre fría por los agentes. Los dirigentes republicanos se vieron situados entre dos fuegos. El Gobierno actuó con energía al principio, utilizando todos los resortes de la Ley de Orden Público, lo que le permitió encarcelar, por ejemplo, a los dirigentes de la Falange. Pero luego fue desbordado por la conflictividad. No se trataba sólo de falta de voluntad o de ceguera política. Decidirse por instaurar una "dictadura nacional" republicana encabezada por Azaña, como propuso Miguel Maura en junio, habría supuesto clausurar por mucho tiempo el proyecto democrático que representaba la República. Tal efecto se hubiera visto agravado por la previsible resistencia a someterse de los sectores extremistas, que disponían de milicias cada vez mejor organizadas. La lucha armada entre dos bandos, la guerra civil, habría supuesto -como supuso, poco después- el fracaso del proyecto civilista y democratizador de la burguesía liberal republicana, que gobernaba en nombre del Frente Popular. Existía, además, el temor a que un refuerzo de los resortes de autoridad en poder del Ejecutivo terminase conduciendo a la proclamación del estado de excepción, lo que equivaldría a poner el futuro de la República en manos de unas Fuerzas Armadas de fidelidad más que dudosa.
obra
La inflexión del cubismo de Léger en ese momento está más ligada a los principios dinámicos de Delaunay que a los análisis de Braque y Picasso. Común a todos ellos es la construcción del motivo mediante el agregado de puntos de vista diversos que hace que miremos el asunto como a través de un caleidoscopio.
contexto
En los poemas atribuidos a Homero y a Hesíodo se encuentra presente la esclavitud, a través de términos que aluden a la captura o a los servicios domésticos. La situación del sistema de explotación parece bastante diferente a la de las formas de dependencia del mundo micénico tanto como a la de la esclavitud clásica. El crecimiento de los cambios y del comercio fenicio favorece el papel intermediario desempeñado por éste en el tráfico humano que permite el desarrollo de la esclavitud como objeto de la actividad mercantil, pero la base productiva parece centrarse en la presión sobre los campesinos libres, que empiezan a mostrar sus resistencias a través de las formas mentales que aparecen en Hesíodo. Los principales servicios aparecen prestados por mujeres y, en todo caso, pertenecen al ámbito del oikos, lo que sin duda se revela en el hecho de que la terminología dominante sea la relacionada con esta palabra. Sin embargo, en los mismos poemas Garlan observa un proceso de cambio entre "La Ilíada" y "La Odisea", en el sentido de un aumento del número de varones en la segunda realizando funciones serviles en las casas de los reyes y de la sumisión obtenido a través de la rapiña, de acciones de piratas, cada vez más frecuentes a costa de la acción de los héroes guerreros. El mundo de los cambios y de la navegación se impone en la realidad social, del mismo modo que "La Odisea" refleja más el mundo de los navegantes y del oikos que el del campo de batalla. El elemento diferenciador continúa situándose, por tanto, no en los medios de obtención, sino más bien en el sistema de explotación que permite colocar el mundo homérico en el plano de la esclavitud patriarcal, resultado del proceso de configuración del oikos desarrollado a lo largo de los siglos oscuros.
obra
No es ésta una visión turística de Venecia, no es un cuadro para turistas en busca de souvenirs; es una visión cotidiana de la ciudad y de sus quehaceres en la que encontramos una mirada burguesa, al igual que Chardin; la misma precisión de la mirada que confiere vida y existencia a los objetos sobre los que se posa.
contexto
Es este monumento uno de los más emblemáticos de Ampurias, no sólo por su monumentalidad, sino también por el hecho de haberse hallado siempre visible y haber sido, por tanto, mudo y espectacular testigo del pasado esplendor de la ciudad. Fue obra probablemente construida en el curso del siglo I a. C., mediante la utilización de una técnica mixta que aunaba el opus quadratum pétreo del forro -construido por enormes bloques ciclópeos-, con el opus caementicium -una mezcla de cal, arena y piedrecilla- del alma interna del monumento. Algunos indicios apuntan a que, o bien se trata de una obra inacabada o bien que el tramo construido, que queda bruscamente interrumpido por su extremo sur, satisfacía las necesidades que motivaron su construcción. Mide el monumento 82 m de longitud, 6 m de anchura y su altura alcanza los 6,50 m.
contexto
Los hallazgos más antiguos conocidos de caracteres chinos se remontan a la época de la dinastía Shang, entre los siglos XVIII a XII a.C. Respecto al origen de la escritura en lengua china, algunos historiadores han sugerido que posiblemente derivase de una fuente originaria del oeste de Asia. Pero frente a esta opinión se levantaron serias dudas, debido a que no existen similitudes en forma ni en estructura que puedan justificarla. Las inscripciones aparecieron en los bronces rituales de la dinastía Shang e igualmente en los huesos de oráculo. Las de los bronces suelen referirse a temas de propiedad o dedicatorias. En los objetos de bronce del período de la dinastía Shang se pueden encontrar hasta más de 40 caracteres grabados, que constituyen los primeros materiales documentales de la historia de China y tienen como nombre Jinwen, es decir, inscripción hecha en campanas o vasijas de trípode. En los huesos de oráculo aparecieron las inscripciones de los ruegos, las peticiones, dirigidos a los espíritus para las profecías en la caza o en las batallas. La escritura sobre caparazón de tortuga tuvo cuatro clases de signos: pictogramas, ideogramas sencillos, ideogramas completos y compuestos fonéticos, que fueron la base de los caracteres chinos posteriores. Estas inscripciones de Shang no fueron conocidas hasta el siglo XX, a pesar de que se sabía de su existencia en la historia tradicional. Debido a los continuos hallazgos arqueológicos se han llegado a conocer hoy unos dos mil caracteres de los vocablos de esta época. En el período de la dinastía Zhou, entre los siglos XII a III a.C., se desarrolló un estilo de escritura conocido como estilo de Gran Sello y en la dinastía Han, a su vez, el estilo de Sello Pequeño y el estilo oficial. El primer emperador Qinshi Huangdi, de la dinastía Qin, ordenó la quema de libros en el año 213 a.C. y la estandarización de las formas de los caracteres, que la dinastía Han desarrolló junto al estilo literario que seguirá vigente hasta el siglo XX, casi durante dos milenios. Y existe la teoría que fue durante la dinastía Han cuando la escritura china se ordenó según el sistema alternativo, alfabético, basado en el sánscrito conocido en esa época debido a la introducción del Budismo. Consecuentemente el período de la dinastía Han fue el más floreciente en la historia cultural china, comparable al de la posterior dinastía T'ang. Aunque hay noticias referentes a libros escritos o conocidos de épocas anteriores, no se han podido conservar la mayoría de ellos debido a la famosa quema de libros ya mencionada. Y un texto del período de la dinastía Han no es más difícil de leer que el escrito en el último siglo de nuestra era. También en esta dinastía la introducción del sistema de exámenes para seleccionar a los funcionarios civiles ayudó en gran medida al desarrollo del sistema de escritura, junto con la invención del papel en el primer siglo de nuestra era, por la consecuente disminución de las dificultades para la producción de libros y el lógico abaratamiento de los costos. Hasta la invención del papel, los caracteres de la escritura fueron grabados en tablillas de madera y de bambú, o escritos a pincel sobre seda. La escritura china influyó grandemente sobre las de los países vecinos, como Corea, Japón y Vietnam, que la adaptaron hasta llegar a crear las suyas propias. Sin embargo, la escritura china fue el medio de expresión utilizado durante muchos siglos en estos países, en los que se sigue utilizando todavía conjuntamente con sus caracteres propios. Todo esto es debido a que un carácter chino escrito significa lo mismo para un japonés que para un chino o coreano. Es decir, aunque las lenguas habladas sean totalmente diferentes entre sí la letra sur escrita en el carácter chino, por ejemplo, significa el sur para los tres pueblos, del mismo modo que un número arábigo, el 7, por ejemplo, significa lo mismo para un español, un inglés o un francés, aunque cada uno de estos pueblos hable su propia lengua. Los caracteres chinos están divididos en seis categorías. La primera es de los pictogramas, como la montaña, el árbol, etc., y cuyos significados son iguales para todos los pueblos arriba mencionados. A la segunda categoría pertenecerían los vocablos de números, siendo el uno una raya horizontal, el dos, dos rayas horizontales, etc. Los caracteres que son fáciles de memorizar pertenecen a la tercera categoría, tales como los que representan el sol y la luna, que juntos significan la luminosidad. Este concepto de asociación de los significados se expresa a través de la unión de dos o más carácter en un vocablo. Los caracteres que combinan un elemento indicando la pronunciación y los que dan algún indicio sobre su significado pertenecen a otros grupos de categoría. Por ejemplo, las palabras chinas oveja y océano son idénticas. Es decir cuando se pronuncian las dos palabras se distinguen claramente los dos significados. Pero combinando por escrito el símbolo de agua con el de oveja se forma el carácter de océano. Los caracteres chinos están hechos sobre la base de los elementos que están descritos, como por ejemplo, la montaña, como un triángulo dirigiendo su pico hacia arriba; el agua, como tres líneas de río fluyendo, etc. Actualmente existen miles de caracteres, y los nuevos son creados debido a la necesidad que surge ante las nuevas palabras científicas. También se conservan algunos caracteres antiguos que ahora están en desuso, porque fueron creados especialmente, como el nombre de un emperador, o para casos específicos de descripción de un determinado objeto en un momento dado. Hoy día, es necesario el conocimiento de tres mil caracteres como mínimo para leer la prensa, y muchos más para poder leer algún texto técnico.
contexto
Los métodos de la terapia psicoanalítica sirvieron de modelo a los surrealistas, que los experimentaron primero -y con mayor facilidad - en la literatura. La escritura automática es una de las bases y el primer camino que recorrieron en busca del subconsciente desdeñado. Igual que Tzara enseñaba a los dadaístas a componer un poema, Breton explica el proceso para realizar escritura automática en el Primer Manifiesto: "Haced que os traigan recado de escribir, tras haberos instalado en el lugar más favorable para la concentración de vuestro espíritu en sí mismo. Colocaos en el estado más pasivo o receptivo que podáis. Haced abstracción de vuestro genio, de vuestro talento y del talento de todos los demás. Repetid para vosotros mismos que la literatura es el más miserable camino que conduce a todo. Escribid aprisa, sin tema pensado de antemano; lo bastante aprisa para no recordar y no veros tentados a releer lo escrito. La primera frase vendrá por sí sola, tan cierto es que en cada segundo hay una frase, extraña a nuestro pensamiento consciente, que está pidiendo exteriorizarse...".Esto no era fácil y el propio Breton era consciente de las dificultades de mantener la arbitrariedad durante mucho tiempo, cerrándole el paso a la conciencia. "A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso (consciente) poned una letra cualquiera, la letra L, por ejemplo, siempre la L, y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo reine la arbitrariedad". Aunque lo verdaderamente difícil era pintar imágenes automáticas.
contexto
La escritura jeroglífica egipcia es conocida desde el año 3.000 a.C. aproximadamente. Sus orígenes se remontan al calcolítico y se empleó hasta el siglo X de nuestra era, conservándose aún como lengua litúrgica aunque de forma muy reducida. La evolución de la lengua egipcia es muy complicada, dividiéndose en diferentes periodos: el egipcio antiguo, el clásico, el neoegipcio, el demótico y el copto. Cada etapa tiene variaciones notables, incorporando elementos de la lengua hablada en el lenguaje escrito. Tipológicamente, la lengua egipcia se encuadra en el grupo de las lenguas afroasiáticas, con numerosos elementos hamíticos aunque con numerosas influencias semíticas. Sólo el 1% de la población sabía leer y escribir, convirtiéndose la escritura en un signo de poder. En sus orígenes era un sistema pictográfico en el que la imagen indicaba el objeto representado. En su desarrollo los objetos se fueron convirtiendo en fonogramas, imágenes que identificaban el sonido que tuviera la palabra en la antigua lengua egipcia. El sistema jeroglífico no indica las vocales ni separa las palabras y puede leerse en diferentes sentidos, según como esté colocado el signo que representa un ser humano o un animal quienes miran en la dirección que se debe leer. Cuando dos palabras se escribían o leían igual se colocaba un signo determinativo que aclaraba su significado. Por ejemplo, unas piernas indican verbos de movimiento. La escritura se realizaba con una caña similar a un pincel, con una punta suave y deshilachada. Al ser adaptada la escritura al papiro que se utilizaba como soporte se produjo un cambio denominado "escritura hierática", una versión en cursiva de la escritura jeroglífica que se mantenían para escribir en los templos y en las estelas. El faraón Psamético I introdujo un revolucionario cambio al promover la escritura demótica, simplificación en cursiva del hierático añadiéndose nuevos signos. Los signos jeroglíficos se pueden reunir en tres grupos: fonogramas, ideogramas y determinativos. Los fonogramas son signos que expresan un sonido y se dividen en tres tipos: monolíteros (son 24 y configuran una especie de alfabeto; a cada signo le corresponde un sonido), bilíteros (signos que indican dos consonantes) y trilíteros (signos que indican tres consonantes). Los ideogramas son signos que representan lo que significan mientras que los determinativos indican la clase a la que pertenece un sustantivo o la acción que expresa una palabra. El francés Jean-François Champollion fue el quien descifró los jeroglíficos gracias al descubrimiento en 1799 por las tropas de Napoleón de la llamada Piedra de Rosetta, un gran bloque de basalto negro en el que aparecía un decreto de Ptolomeo V escrito en jeroglífico, demótico y griego. En torno a 1820 Champollion consiguió leer de manera acertada diferentes nombres, aplicando un valor fonético correcto a los diferentes signos, lo que supuso la base para posteriores descubrimientos.
contexto
La aparición de la escritura constituye no sólo un fenómeno lingüístico o epigráfico, sino también un fenómeno histórico de primera magnitud, pues este hecho sólo se produce en aquellas sociedades que han alcanzado un alto grado de desarrollo socio-económico. Para el mundo ibérico la escritura está atestiguada desde fines del siglo V a. C. por una inscripción existente en la base de un kylix ático, aparecido en Ullastret, cerca de Ampurias, en una zona de clara influencia griega y que debe hacer referencia, sin duda, al propietario de la citada cerámica. No se trata, sin embargo, de la escritura más antigua de la Península Ibérica, como tendremos ocasión de ver cuando analicemos en capítulo aparte las lenguas y la epigrafía prerromanas de España. Existen dos hipótesis suficientemente contrastadas sobre el origen de la escritura ibérica. Según la primera, no es la más antigua de la Península (De Hoz, Correa y otros), puesto que la escritura hispánica más antigua de la que tenemos noticia aparece en el Suroeste , fruto para De Hoz de la influencia ejercida por la escritura fenicia y que podemos situar en el siglo VIII o, como muy tarde, en el siglo VII a. C. Según este mismo autor, esta escritura del Suroeste se extendió hacia el Este dando lugar por influencia de los griegos a una nueva forma de escritura que es la ibérica. Ambas escrituras coinciden en sus principios básicos, pero al mismo tiempo se diferencian de manera clara en la forma de algunos signos y otros aspectos lingüísticos. Así pues, para De Hoz el origen de la escritura ibérica habría que buscarlo en la escritura del Suroeste. Pero no todos los lingüistas están de acuerdo con esta hipótesis y se ha formulado una segunda, que mantiene algunas de las afirmaciones anteriores. En esta segunda hipótesis, cuyo defensor más visible es J. Siles, la escritura ibérica se habría desarrollado cronológicamente en un período preciso entre el siglo V/IV a C. al siglo I a. C. y geográficamente en un área bastante amplia desde la Contestania hasta la Narbonense con incursiones hacia la Bética, Albacete y el interior. Sería el fruto de un intenso proceso de aculturación que se inicia con la helenización de la zona costera y termina cuando la latinización llega a su punto álgido, momento también en el que la escritura ibérica desaparecería. El origen estaría en el alfabeto greco-ibérico, alfabeto en el que aparecen los primeros documentos ibéricos más antiguos de Alcoy y el Cigarralejo en los siglos V-IV a. C. y que es consecuencia del contacto entre los indígenas y las poblaciones griegas. De ese alfabeto greco-ibérico derivaría la llamada "escritura meridional", que puede ser considerada como una fase intermedia entre el greco-ibérico inicial y el ibérico clásico resultante. El foco de expansión de esa escritura sería el Sudeste, efectuándose su sistematización progresiva en la zona de Ampurias en contacto con los focenses y expandiéndose hacia el sur y el interior. Este sistema ibérico conocerá, además, la influencia del latino, que lo va a perfeccionar, al tiempo que determina su desaparición. Pero los iberos no sólo van a adoptar una escritura para su lengua, sino que van a adaptar a su propia cultura un número considerable de tipos de documentos conocidos por los griegos: grafitos cerámicos, lápidas sepulcrales, plomos inscritos, etc. Los más numerosos y significativos hasta el momento presente son las lápidas sepulcrales y los plomos. Los plomos son piezas sin otra misión que la de servir de soporte de escritura. Básicamente parece que contienen documentos de carácter práctico: cartas de negocio, contratos, etc., no faltando alguno como el de El Cigarralejo con un posible contenido religioso. Finalmente, no es posible separar el uso que de la escritura hace un pueblo de su grado de evolución histórica en cuanto a su organización social y económica, ni de su propio desarrollo cultural. La escritura del mundo ibérico no se usa con fines literarios, ni tampoco parece que haya sido utilizada con fines públicos (no tenemos noticias de ninguna inscripción ibérica hecha por un magistrado o un organismo representativo de la comunidad), lo que conduce a la conclusión de que las inscripciones en lengua ibérica proceden de la iniciativa privada.