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Poco después de que los clérigos mozárabes inventaran y justificasen la reconquista y dieran al rey asturleonés el título de emperador, símbolo de su teórico poder sobre los demás reyes y condes cristianos y de la unidad de los antiguos dominios visigodos, Alfonso III tiene que hacer frente a la revuelta de sus hijos Ordoño, Fruela y García, que se titularán reyes de Galicia, de Asturias y de León, respectivamente, demostrando así la escasa consistencia en la práctica de la idea imperial, de la unidad propugnada por los clérigos mozárabes. Por otra parte, la pérdida de importancia de los muladíes del Ebro, cuyas revueltas habían impedido a los cordobeses atacar el reino, obligará al monarca leonés a repoblar su frontera oriental reconstruyendo una serie de fortalezas a orillas del Duero, en Roa, Osma, Aza, San Esteban de Gormaz, y a conceder a los condes de estos territorios una mayor autonomía y a permitir o estimular la unificación de estos condados para mejor defender el territorio. El monarca leonés actúa de forma similar a la de los reyes carolingios y, como éstos, será incapaz de evitar que los condes de Castilla actúen respecto a León con la misma independencia que los de Barcelona respecto al reino franco unos años antes.Por lo que se refiere a León, las diferencias entre los territorios que forman el reino surgen de nuevo en los años finales de Alfonso III, cuyos hijos se sublevan contra el monarca y, como hemos señalado, se proclaman reyes de León, Asturias y Galicia (años más tarde, los hijos de Ordoño reinarán en León, Galicia y Portugal) aunque reconociendo la superioridad leonesa. Cuando Ordoño II(914-924) reconstruye la unidad del reino, los castellanos se niegan a secundar la política real de alianza con Navarra por entender que favorece la expansión de este reino por La Rioja a costa de los castellanos, cuyos condes son destituidos por no participar en la batalla de Valdejunquera (920) con la que Abd al-Rahman III recordó a los cristianos -leoneses y navarros- que los problemas internos de al-Andalus habían terminado y que en adelante impedirá la repoblación de lugares estratégicos como San Esteban de Gormaz, donde navarros y leoneses habían derrotado a los cordobeses tres años antes. A la muerte de Ordoño, sus hijos se dividen el reino, y León no recobra la unidad hasta el reinado de Ramiro II (931-951) que intenta unir a los cristianos contra el califa, apoya a los rebeldes toledanos, refuerza la alianza con Navarra e intenta una vez más atraerse a los musulmanes del Ebro para enfrentarse a Abd al-Rahman, al que derrota en Simancas (939), victoria que le permitirá consolidar las posiciones leonesas en el valle del Duero y repoblar Sepúlveda, Ledesma y Salamanca. Sus éxitos frente a los musulmanes no impedirán que el conde castellano, Fernán González, se subleve y ponga las bases de la independencia del condado, que será efectiva a la muerte de Ramiro, el último gran rey leonés. Tras él se inicia la decadencia del reino, cuyos monarcas son nombrados por castellanos y navarros, tan pronto aliados como enfrentados entre sí y unos y otros sometidos a la tutela de los omeyas, en cuya corte hallan refugio los monarcas destronados y los aspirantes al trono, que prometen obediencia y en ocasiones devuelven algunas de las fortalezas ocupadas en los años anteriores. El reino leonés, debilitado por las guerras civiles, será incapaz de aprovechar junto a los demás reinos y condados cristianos la desaparición del califato en los años iniciales del siglo XI y lejos de ampliar sus fronteras se ve sometido a la tutela castellana, que será sustituida por la navarra al morir el conde García (1029) e incorporarse Castilla a los dominios de Sancho el Mayor, cuyas tropas llegaron a ocupar León, donde algunos documentos dan al monarca navarro el título de emperador, quizá para indicar su poder y su autoridad sobre tierras leonesas. Fernando I, hijo de Sancho el Mayor de Navarra, convertido en rey de Castilla en 1035, derrotará al último rey leonés Vermudo III dos años más tarde y se proclamará rey de León. En sus orígenes, Castilla no es sino la frontera oriental, escasamente poblada, del reino asturleonés, la zona más expuesta a los ataques cordobeses por el sur y a la penetración de los musulmanes del Ebro por el Este. Su población, formada por vascos occidentales poco civilizados, es decir, poco adaptados al sistema de vida romano-visigodo, es eminentemente guerrera. Los repobladores de Castilla no conocen la jerarquización social acentuada que, derivada del mundo visigodo, se impone en el reino leonés, y el carácter fronterizo de Castilla no anima, al menos hasta época tardía, a instalarse en ella ni a la vieja nobleza visigoda ni a los clérigos mozárabes huidos de Córdoba, por lo que en Castilla no existirán por el momento grandes linajes ni proliferarán como en León los monasterios y las grandes sedes episcopales, que son los dueños de la tierra, de la riqueza, y poseen la fuerza necesaria para someter a los campesinos libres de las montañas asturleonesas. En Castilla no se produce por tanto, al menos hasta época tardía, la concentración de la propiedad que puede observarse en otras zonas, y se mantiene la libertad individual. El origen de sus pobladores y la situación fronteriza del territorio explican las diferencias sociales y económicas del territorio castellano, distinto también desde el punto de vista jurídico: sin una tradición visigoda fuerte, Castilla, como todas las sociedades primitivas, prefiere la costumbre ancestral y la decisión de los hombres justos a la ley escrita representada por el Liber Iudiciorum; y cuando los castellanos creen sus propias leyendas las centrarán en los jueces de Castilla, que son los representantes y defensores de la diferenciación jurídica y política respecto a los leoneses. De uno de estos Jueces harán descender a Fernán González, considerado el primer conde independiente de Castilla en los años centrales del siglo X, aunque mucho antes se han producido las primeras manifestaciones del particularismo castellano: desde la creación de condados en Castilla (el primer conde conocido, Rodrigo, aparece documentado en el año 850) sus habitantes se ven obligados a erigir fortalezas que suplan la ausencia de defensas naturales, y desde ellas los condes no tardan en desafiar la autoridad de los reyes leoneses del mismo modo y por las mismas razones que desafían el poder carolingio los condes situados en zonas fronterizas, los catalanes entre otros. La división de Castilla en numerosos condados, cuyos dirigentes no siempre actúan de acuerdo, permite a los monarcas de León mantener la autoridad sobre la zona, pero las necesidades militares exigen un poder unificado al que se llega cuando Fernán González, cuya fidelidad se garantiza mediante el matrimonio de una de sus hijas con el heredero leonés, recibe de Ramiro II los condados de Burgos, Lantarón, Álava, Lara y Cerezo que dan al conde la fuerza suficiente para enfrentarse al monarca. Las dificultades internas de León a la muerte de Ramiro serán utilizadas por Fernán González para afianzar su independencia y ampliar sus dominios mediante una hábil política de injerencia en los asuntos leoneses, apoyando según su conveniencia a uno u otro de los candidatos al trono leonés. Alternando la sublevación armada con la sumisión y contando con el apoyo de Navarra o enfrentándose a sus monarcas, Fernán González consigue mantener unidos los condados castellanos y trasmitirlos a su hijo García Fernández, que actuará como señor independiente aun cuando reconozca la superioridad teórica del monarca leonés. Para hacer frente a los ejércitos musulmanes, el conde castellano favorece a los campesinos que puedan disponer de un caballo apto para la guerra, les concede la categoría de infanzones o miembros de la nobleza de segundo grado, y con la ayuda de estos combatientes ocupa diversas plazas en la zona del Duero. Hábil diplomático, García alterna la guerra con la sumisión a Córdoba y provoca disensiones en el campo musulmán al atraer a su bando a uno de los hijos de Almanzor, pero no pudo evitar que su propio hijo, Sancho, colaborase con los musulmanes y, más tarde, pidiera a Almanzor, sin éxito, la tutela del rey leonés Alfonso V. Desaparecido el peligro musulmán, al producirse los enfrentamientos entre beréberes, andalusíes y eslavos, Sancho vende sus servicios militares a los primeros, de los que obtiene algunas plazas fronterizas en el valle del Duero, en el que se intensifica por estos años la labor repobladora y se fortalece la autoridad condal, hasta el punto de que a la muerte de Sancho (1017) nadie discute los derechos de su hijo García, a pesar de ser menor de edad. El asesinato de García en León, cantado por los juglares en el Romanz del Infant García, llevaría a los castellanos a entregar el condado a Sancho el Mayor de Navarra.
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Desde finales del siglo XVIII, fruto de las ideas ilustradas, un viento de independencia recorre los territorios coloniales americanos. El 1 de enero de 1804, Haití, que por aquél entonces comprendía el total de la isla de Santo Domigo, siguió el camino marcado por los estadounidenses. Pocos años más tarde, en 1811, aprovechando la debilidad de la corona española por las guerras napoleónicas, Venezuela se declaró independiente, siguiéndole ese mismo año Paraguay. Las Provincias Unidas del Río de La Plata, que más tarde se llamarán Argentina, declaran su independencia en 1812. La República autónoma del Uruguay se proclama en 1828. Simón Bolivar emprendió, tras la liberación de Venezuela, la del virreinato de Nueva Granada, a partir de 1819. Ambos territorios se integraron en una efímera unidad política que se llamó Colombia, y a los que se unirán Panamá, liberada pacíficamente, y Ecuador, tras la batalla de Pichincha en 1822.La libertad de Chile se produjo tras la victoria del general San Martín en la batalla de Chacabuco, en 1817. En 1821 los ejércitos libertadores pasaron a Perú, derrotando a las tropas españolas en la batalla de Junín, producida tres años más tarde, lo que facultó la independencia del país. El Alto Perú, la actual Bolivia, no debió esperar mucho para liberarse, tras vencer las tropas de Sucre al ejército español, el 8 de diciembre de 1824. Brasil conoce su independencia en 1822, tras autoerigirse emperador Pedro I. En México, en septiembre de 1821, el Acta de Independencia proclama la libertad del país. Ese mismo año, tras numerosos intentos secesionistas en Centroamérica, se proclaman las Provincias Unidas del Centro de América bajo la forma de una república federal. La formación de los diversos países centroamericanos, aún habrá de esperar algunos años.
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Desde finales del siglo XVIII, fruto de las ideas ilustradas, un viento de independencia recorre los territorios coloniales americanos. El 4 de julio de 1776 se declararon independientes de Inglaterra las Trece colonias americanas. Rápidamente comenzaron su expansión hacia el Oeste, iniciada por la franja del Medio Este. En 1803 adquirieron a Francia prácticamente toda el área central y anexionaron la Florida. La llegada al Pacífico se produjo con la colonización de los territorios del Noroeste, completando su configuración actual con las conquistas realizadas a México en 1849 y el movimiento de la frontera realizado cuatro años más tarde. El 1 de enero de 1804, Haití, que por aquél entonces comprendía el total de la isla de Santo Domigo, siguió el camino marcado por los estadounidenses. Pocos años más tarde, en 1811, aprovechando la debilidad de la corona española por las guerras napoleónicas, Venezuela se declaró independiente, siguiéndole ese mismo año Paraguay. Las Provincias Unidas del Río de La Plata, que más tarde se llamarán Argentina, declaran su independencia en 1812. La República autónoma del Uruguay se proclama en 1828 Simón Bolivar emprendió, tras la liberación de Venezuela, la del virreinato de Nueva Granada, a partir de 1819. Ambos territorios se integraron en una efímera unidad política que se llamó Colombia, y a los que se unirán Panamá, liberada pacíficamente, y Ecuador, tras la batalla de Pichincha en 1822. La libertad de Chile se produjo tras la victoria del general San Martín en la batalla de Chacabuco, en 1817. En 1821 los ejércitos libertadores pasaron a Perú, derrotando a las tropas españolas en la batalla de Junín, producida tres años más tarde, lo que facultó la independencia del país. El Alto Perú, la actual Bolivia, no debió esperar mucho para liberarse, tras vencer las tropas de Sucre al ejército español, el 8 de diciembre de 1824. Brasil conoce su independencia en 1822, tras autoerigirse emperador Pedro I. En México, en septiembre de 1821, el Acta de Independencia proclama la libertad del país. Ese mismo año, tras numerosos intentos secesionistas en Centroamérica, se proclaman las Provincias Unidas del Centro de América bajo la forma de una república federal. La formación de los diversos países centroamericanos, aún habrá de esperar algunos años.
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La historia política de los condados catalanes durante el siglo IX es ininteligible si se ignora la historia del Imperio carolingio, del que forman parte, y si no se tiene en cuenta que en el Imperio cada conde, tanto hispano como franco, aspira a convertir en hereditarios el cargo y las posesiones recibidas con él. Teóricamente, el emperador encarna toda la autoridad y todo el poder, y en la práctica el centro de esta organización es el conde, al que se confía la administración, la justicia, la política interior y, en caso necesario, la defensa militar del territorio. Su autoridad es prácticamente absoluta, pero es delegada, depende de la voluntad del monarca y en última instancia del poder que éste tenga. Las guerras civiles provocadas al dividir Luis el Piadoso el reino entre sus hijos obligan a los condes a tomar partido y, de acuerdo con las alternativas de la guerra, consolidan o pierden sus cargos.Por otra parte, la población indígena aceptó a los carolingios para liberarse del control cordobés, pero igual que ocurre en Navarra y Aragón, el objetivo no es sustituir un poder por otro sino librarse de ambos y actuar con una independencia semejante a la de época visigoda. En este contexto cabe interpretar la sustitución, el año 820, del hispanogodo Bera por el franco Rampón y el nombramiento posterior de Bernardo de Septimania (826-844). Los condes francos, altos personajes de la corte carolingia, tienen una misión política concreta: poner fin a los afanes independentistas de la población indígena y de sus dirigentes, que llegan a aliarse a los musulmanes contra los carolingios de la misma forma que antes se han apoyado en éstos contra los cordobeses. En adelante, a pesar de los continuos cambios de titulares, en función de los conflictos en el mundo carolingio, los condados catalanes se integran plenamente en el Imperio.La tendencia a la hereditariedad de los cargos, visible en los intentos de los hijos de Bera y de Bernardo de Septimania de recuperar las funciones paternas, se observa igualmente en la política de los monarcas carolingios, que nombran condes a los hijos de Sunifredo y Suñer treinta años después de la muerte de éstos, quizá porque la función condal lleva consigo una serie de privilegios que no se extinguen con la destitución de los titulares, elegidos entre los grandes propietarios o dotados con extensos bienes que, en parte, heredan sus descendientes. Para combatir a los rebeldes, el rey está forzado a basarse en las grandes familias, en las dinastías condales, con lo que, indirectamente, contribuye a acentuar el carácter hereditario del cargo condal, tendencia que cristaliza a la muerte de Carlos el Calvo (877) al sucederse al frente del reino monarcas incapaces de hacer frente al peligro normando y a los ataques musulmanes. Los condes se ven obligados a actuar por su cuenta, a defender el territorio sin contar con el poder central. Uno de estos condes, Eudes, se hará elegir rey el año 888, y la ruptura de la continuidad dinástica proporcionará a los condes carolingios, a los catalanes entre ellos, el pretexto legal para romper con el Imperio y consolidar la independencia práctica de los últimos años.El Imperio es sólo un recuerdo al que se refieren los antiguos súbditos fechando los documentos por los años del reinado del monarca franco al que, por lo demás, ignoran. Los condados no son ya bienes públicos sino propiedad del conde que, del mismo modo que distribuye sus tierras personales, reparte los condados entre sus hijos y llega, si es preciso, a crear nuevos condados o confiar el gobierno a varios de sus hijos conjuntamente, según hemos indicado en páginas anteriores al hablar de la división de los condados de Vifredo, el primer conde independiente de Barcelona, entre sus herederos. Independiente en la práctica política, Vifredo necesita la independencia eclesiástica de su territorio para liberarse totalmente de la tutela franca y para consolidar la influencia que el condado de Barcelona ejerce sobre los demás condados catalanes: se explica así el intento, el año 888, de convertir en sede metropolitana la diócesis de Urgel, que sustituiría a la de Narbona al frente de las sedes episcopales de Barcelona, Gerona, Vic y Pallars.El intento fracasa debido a la rivalidad entre los condes, cada uno de los cuales quiere tener el control de sus clérigos y evitar la injerencia de los demás. Ampurias depende eclesiásticamente de Gerona y una de las primeras medidas del conde Suñer de Ampurias será pedir al nuevo arzobispo que deponga al obispo gerundense y nombre para el cargo a persona de su confianza. La negativa de Vifredo a aceptar esta sustitución, a aceptar la imposición de un obispo en su territorio, lleva al arzobispo y a los obispos por él nombrados a reconocer como rey al monarca franco Eudes e, inseguro en sus dominios y temeroso de un ataque franco, el conde de Barcelona reconoce a su vez al monarca y, con la ayuda del arzobispo de Narbona, logra la supresión del arzobispado urgelitano y la destitución del obispo de Gerona.La vinculación de los condados catalanes al Imperio no debe hacer olvidar la importancia del mundo islámico: por un lado, la presencia de los musulmanes hace que la población apoye a los condes, sus jefes naturales por encima del rey, cuya lejanía e impotencia le resta importancia ante los súbditos, especialmente cuando se producen ataques musulmanes que sólo el conde rechaza. Por otra parte, las disensiones musulmanas permiten la consolidación de los condados; gracias a ellas pudo Vifredo ocupar sin grandes dificultades la comarca de Vic y crear en ella el obispado de Osona y los monasterios de Ripoll y San Juan de las Abadesas, centros religiosos y de repoblación de las tierras ocupadas, controlados por los hijos de Vifredo: en el primero ingresa como monje Adulfo, que aporta a Ripoll la parte que le corresponde en la herencia paterna, y la primera abadesa del segundo es Emma, hija del conde.A la muerte de Vifredo (897) y tras ser restaurada la dinastía carolingia en la persona de Carlos el Simple, los condes catalanes reconocieron de nuevo la autoridad monárquica pero ésta ya no fue efectiva. Vifredo Borrell, hijo del primer conde independiente, fue el último de los condes de Barcelona que prestó homenaje de fidelidad a los reyes francos: para conseguir el reconocimiento oficial de los derechos heredados y, posiblemente, para buscar ayuda frente a los musulmanes del Valle del Ebro, que habían dado muerte a Vifredo I y habían obligado, incluso, a la evacuación de Barcelona.
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Desde finales del siglo XVIII, fruto de las ideas ilustradas, un viento de independencia recorre los territorios coloniales americanos. El 1 de enero de 1804, Haití, que por aquél entonces comprendía el total de la isla de Santo Domigo, siguió el camino marcado por los estadounidenses. Pocos años más tarde, en 1811, aprovechando la debilidad de la corona española por las guerras napoleónicas, Venezuela se declaró independiente, siguiéndole ese mismo año Paraguay. Las Provincias Unidas del Río de La Plata, que más tarde se llamarán Argentina, declaran su independencia en 1812. La República autónoma del Uruguay se proclama en 1828. Simón Bolivar emprendió, tras la liberación de Venezuela, la del virreinato de Nueva Granada, a partir de 1819. Ambos territorios se integraron en una efímera unidad política que se llamó Colombia, y a los que se unirán Panamá, liberada pacíficamente, y Ecuador, tras la batalla de Pichincha en 1822.La libertad de Chile se produjo tras la victoria del general San Martín en la batalla de Chacabuco, en 1817. En 1821 los ejércitos libertadores pasaron a Perú, derrotando a las tropas españolas en la batalla de Junín, producida tres años más tarde, lo que facultó la independencia del país. El Alto Perú, la actual Bolivia, no debió esperar mucho para liberarse, tras vencer las tropas de Sucre al ejército español, el 8 de diciembre de 1824. Brasil conoce su independencia en 1822, tras autoerigirse emperador Pedro I. En México, en septiembre de 1821, el Acta de Independencia proclama la libertad del país. Ese mismo año, tras numerosos intentos secesionistas en Centroamérica, se proclaman las Provincias Unidas del Centro de América bajo la forma de una república federal. La formación de los diversos países centroamericanos, aún habrá de esperar algunos años.
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Después de 1825, España vio reducidas sus posesiones americanas a Cuba y Puerto Rico. Y si bien la metrópoli se esforzó por mantener los nexos coloniales existentes, habría que preguntarse hasta qué punto se beneficiaba de sus colonias. Los mayores beneficios los obtenía, sin ninguna duda, un pequeño grupo de peninsulares con fuertes intereses en los negocios coloniales, junto con los grandes plantadores isleños. El costo de mantener el Imperio fue elevado, y no sólo desde un punto de vista material. En la segunda mitad del siglo XIX se había despejado el panorama referente a los socios mercantiles y a los flujos comerciales que afectaban a Cuba y Puerto Rico. La importancia del mercado norteamericano fue creciendo y la incidencia de las adquisiciones estadounidenses sobre las exportaciones cubanas (especialmente de azúcar) era mayor que las peninsulares. En 1850 Cuba exportó a España por valor de 7 millones de pesos y a los Estados Unidos por 28 millones. En 1890 la situación se decantó definitivamente a favor del comercio con los Estados Unidos, adonde se vendieron 61 millones de pesos, contra los 7 vendidos a España. Los intereses norteamericanos, de una importancia creciente, iban consolidando su posición en la economía cubana. Las insurrecciones independentistas eran vistas como factores de desestabilización que podían poner en peligro sus inversiones, razón por la cual los estadounidenses eran partidarios de eliminar cualquier brote de conflictividad. Esta presencia se convertiría en uno de los principales factores para explicar la intervención norteamericana en la Segunda Guerra de Independencia, iniciada en 1895. En 1868 comenzó la Guerra de los Diez Años, uno de los intentos más serios realizados por los cubanos para emanciparse, aprovechando el desconcierto causado por la revolución que había estallado en España. La guerra redujo considerablemente el volumen de la producción azucarera y el número de ingenios existentes, pero la debilidad militar de los insurgentes y la falta de apoyo popular les impidieron imponerse al ejército español. La Paz del Zanjón, firmada en febrero de 1878, puso fin a la contienda, pero faltó imaginación y sobraron intereses como para solucionar definitivamente el problema colonial y para fundar las relaciones entre españoles y cubanos sobre unas bases de renovada convivencia. Los historiadores cubanos interpretan el acuerdo como el inicio de una nueva era, que permitió a su pueblo gozar de las libertades formales propias de un Estado de derecho, tales como la libertad de expresión, la posibilidad de constituir partidos políticos y la elección de ayuntamientos y diputaciones provinciales. Tras la paz se produjeron algunas insurrecciones que no pusieron en peligro la estabilidad del sistema y entre 1878 y 1895 Cuba gozó de las suficientes libertades como para permitir que la relación colonial subsistiera. Al amparo de la Paz del Zanjón se crearon el Partido Autonomista, partidario de lograr la autonomía por métodos pacíficos, y el Partido Unión Constitucional, portavoz de los intereses de los comerciantes y burócratas peninsulares. El fracaso de los autonomistas convirtió al Partido Revolucionario Cubano, de José Martí, en el motor de la rebelión y el encargado de aglutinar a todos los partidarios de la emancipación. Frente al modelo cubano de enfrentamiento con la metrópoli, los hacendados de Puerto Rico, deseosos de obtener la autonomía, prefirieron una vía más moderada, basada en la presión política sobre las autoridades coloniales y metropolitanas.
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A lo largo de la Alta Edad Media la India vivirá una época de esplendor durante la dinastía Gupta que se desarrolla entre los siglos IV y VI. La descomposición del Imperio Gupta vendrá motivada por la presión de los hunos heftalitas y la división del territorio en diversos reinos. A partir del siglo VIII y hasta finales de la Edad Media la historia de la India estará marcada por el reiterado fracaso de las tentativas por restablecer un Imperio unificado al tiempo que se produce una contundente expansión del Islam por el territorio hindú. Frente a la invasión musulmana será la región del sur donde se refugie el hinduismo puro.
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El subcontinente indio es un enorme cono de 4.000.000 de km2, cuya parte meridional penetra en el océano Indico. La costa oriental o Coromandel está bañada por el mar de Bengala y la costa occidental o Malabar por el mar Arábigo o de Omán. La costa occidental presidió los contactos con Mesopotamia, el Islam y Europa. La oriental fue la vía de salida para la expansión de la cultura india hacia el Sudeste Asiático. En el norte aparece la barrera más infranqueable del mundo, el Himalaya, con nueve picos de más de 8.000 m de altura. Según las diversas culturas que lo circundan, esta cordillera es llamada de formas diferentes, como Hindu Kush en Afganistán o Karakorum en Cachemira. En el Hindu Kush se encuentra el único acceso a India por tierra, el paso del Khyber. Junto al Himalaya, las otras dos grandes zonas geográficas son la depresión Indogangética y la meseta del Dekkán. Las llanuras aluviales del Indo y del Ganges, entre el Himalaya y los Montes Vindhya, concentran a las dos terceras partes de la población. Frente a esta India del Norte, la del Sur ocupa desde los Montes Vindhya hasta el cabo Comorín. El interior aparece aislado de la costa por los Ghats occidentales y orientales. Por último, ríos como el Kistna o el Godavari cruzan esta árida región.
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La caída del sultanato Delhi y la profunda división interna de los territorios propiciará la invasión de una fuerza externa y la construcción del Imperio mogol. Durante esta época, India conocerá un Estado fuerte, centralizado y poderoso, al mismo tiempo que un desarrollo económico sin precedentes. La organización administrativa del Imperio mogol sentará las bases para un férreo control territorial y una expansión militar en la zona, conformando al Imperio como una potencia regional.