<p>En el año 1565, enviado por la naciente Orden Hospitalaria, llegó a Lucena para fundar un hospital el venerable Fray Gerónimo Frutos de San Pedro; recibido por el señor de la entonces villa don Diego Fernández de Córdova, el Africano, le fue concedida por éste una generosa limosna y un sitio extramuros, en la parte de la Calzada, para erigirlo. La colaboración del Concejo, de los vecinos y, especialmente, de la Cofradía de la Santa Caridad, fueron la respuesta al deseo de fundar tan benéfica institución. La citada cofradía, en cabildo celebrado en la Iglesia de Santiago el 25 de mayo de 1567, bajo la presidencia del Hermano Mayor Miguel Sántado de Hernán Núñez, acordó ceder al citado Fray Gerónimo Frutos el hospital denominado de San Mateo, para acudir con el importe de su venta en subasta pública a las obras del nuevo hospital. Con licencia del señor Provisor de Córdoba, Meléndez, se vendió el Hospital de San Mateo en 130.000 maravedís a Gonzalo Rodríguez, vecino de Sevilla. Socorrió también con limosnas al nuevo hospital el Obispo de la Diócesis don Bernardo Fresneda, quien bendijo la iglesia en su visita pastoral de mayo de 1575. De aquel viejo hospital y de la iglesia nada resta en la actualidad salvo las descripciones que de ellos se hicieron a principio del siglo XVIII. En el mismo siglo hay constancia de diferentes obras. En 1700 Andrés Antonio del Pino se comprometía a "hazer, fabricar, conduzir y labrar toda la piedra de cantería que sea nezesaria para acabar la torre que está empezada a fabricar". Y al año siguiente, este mismo cantero se obligaba con la comunidad a "hazer y acavar la portada de la puerta mayor de dicho convento y ospital". Por otra parte, el 24 de noviembre de 1726, Melchor Fernández Moreno, maestro retablista y escultor, junto con el carpintero Juan Tenllado, se comprometían a realizar y asentar el retablo lateral de Nuestra Señora de Belén, desaparecido en las obras posteriores. Pese a éstas y otras obras la ruina de iglesia, hospital y convento, se hace a lo largo de la primera mitad del XVIII cada vez más evidente, de tal modo que en 1747, a instancia y bajo el patrocinio del Rvdo. Padre Fray Alonso de Jesús y Ortega, lucentino y General de la Orden, "se derribó el viejo, (hospital e iglesia), el cual se hizo "a fundamentis", ni viga que pudiera servir por ser cuanto en él se halló inútil, por la antigüedad de su fábrica, que era de tierra toda y de maderas endebles. Hízose una hermosa iglesia con su capilla mayor en la que está un magnífico retablo... ". La bendición de la iglesia se realizó el 22 de octubre en 1755. Por la tarde se organizó una solemnísima procesión con asistencia del Clero, todas las Comunidades Religiosas radicadas en Lucena con sus titulares, las Cofradías y Hermandades, los Familiares del Santo Oficio y el Ayuntamiento, acompañados por el Regimiento de Dragones de Edimburgo con su banda de música. Después de nueve fastuosas fiestas culminadas con iluminaciones nocturnas y fuegos artificiales, tuvo lugar un "Víctor Público"- homenaje, se diría hoy- al Padre General Fray Alonso de Jesús, mecenas de la obra en cuyo agradecimiento la Comunidad Lucentina le otorgó el título de Patrono. La exclaustración acabó con la Comunidad de San Juan de Dios. La desamortización llevó a la venta sus cuantiosos bienes, cuyo importe fue invertido en inscripciones nominativas de la Deuda Pública Interior, nombrándose una Junta de Beneficencia que se encargó de la administración del Hospital, realizando la asistencia a los pacientes un grupo de mujeres seglares y más tarde, en 1880, religiosas Siervas de María. A partir de la década de los 30 del siglo XX se encargó del Hospital la Orden Mercedaria, hasta que lo obsoleto del material y edificio obligaron a su cierre. El templo de San Juan Bautista se alza sobre una planta casi rectangular, compensándose el descuadre de los pies por medio del diferente grosor del muro de la fachada. Es de una sola nave de eje longitudinal, cuya relativa estrechez se salva merced a la elevación de sus bóvedas y al contraste del claroscuro entre las partes bajas y las altas del edificio. La bóveda, de medio cañón, se sustenta sobre cuatro arcos torales, tres de ellos en la nave y el cuarto entre la cúpula y la cabecera del templo; tiene sus correspondientes lunetos que albergan seis vanos, más otros dos ciegos, en el coro, cuyo medio cañón remata, al igual que el de la pared del retablo en un cuarto de esfera. Los arcos torales se apoyan en sendas pilastras con recargado capitel corintio sobre el cual montan arquitrabe, friso y cornisa volada sobre decorativos canes que marca la transición entre la penumbra inferior acentuada por el zócalo de jaspe negro con embutidos geométricos en mármol blanco y la luminosidad de la altura, enmarcada ésta por yeserías que imitan en cada hueco el aspecto de las cornucopias en las que el espejo no es otro que el claro de la ventana de medio punto. La cúpula sobre pechina tiene cornisa circular, cuyo movimiento se rompe a intervalos regulares por las penetraciones de los a modo de remates de talla de cardinas en estuco que ocupan las pechinas y orlan los escudos de la Orden Hospitalaria y de Fray Alonso de Jesús Ortega. Entre cada una de estas citadas penetraciones, unos medallones de talla con un angelote completan el aspecto de la cornisa. La media naranja, gallonada, tiene domo o cupulín y son sus elementos decorativos cuatro lienzos ovalados enmarcados por relieves florales de estucos y guirnaldas radiales. El coro, amplio, aunque carente de una sillería acorde con la riqueza ornamental de la iglesia, se sustenta, a los pies de la iglesia, sobre arcos rebajados. A su lado, sobre la puerta claustral, se encuentra la tribuna del órgano, que adopta el aspecto usual de una ménsula decorada con nervaduras de abanico. Exteriormente, la iglesia posee un pequeño atrio cerrado con pilares y rejas que rodea el espacio de la portada, construida de jaspes multicolores, cuya planta está constituida por un trapecio de base menor adelantada, ocupando los vértices sendos pedestales adornados con placas geométricas y molduras, sobre los cuales se levantan los elementos sustentantes constituidos por columnas de jaspe rosa, estriadas, con capitel corintio, que dan lugar a tres calles: la central, ocupada por la puerta, abocinada, con arco de medio punto; y las laterales, en cuyos intercolumnos aparecen como elementos decorativos las placas, los jarrones con azucenas, de clara raigambre granadina, y los mascarones. La separación del primer cuerpo y el superior la marca un arquitrabe de bandas. Un friso de jaspe negro que se interrumpe en el centro y sitúa sobre los capiteles de las columnas sendos prismas; otra banda de mármol claro, decorado con rosetas, de jaspes multicolores embutidos, corre sobre el anterior, curvándose en el centro paralelamente al arco de la puerta y coronando un medallón de mármol blanco con marco de hojarasca que muestra un bajorrelieve con la figura del titular de la iglesia: San Juan Bautista. Finalmente, una ancha cornisa de jaspe negro sirve de base al segundo cuerpo. La línea ascendente de las columnas se continúa en él a través de unos pedestales de los que los laterales se abren al vacío coronados por unos remates ovoideos, mientras que los centrales se prolongan ascensionalmente por medio de unas columnas similares a las del cuerpo inferior pero de menor tamaño, que originan una sola calle cuyo centro lo ocupa una hornacina rematada en venera con la imagen de San Juan Dios. La portada se cierra con un frontón curvo, partido, en cuyo vano, enmarcado por un medallón exornado con fina labor de hojas, debería mostrarse un óvalo con el emblema de la Orden: la Cruz de Granada. Esta portada, arquitectónicamente de las más hermosamente espectaculares de la provincia, fue realizada sobre traza de José de Bada y Navajas, por el cantero lucentino Lorenzo Vicente del Pino Ascanio. En la fachada se articula la torre, ejemplar muy interesante, pese a su sencillez. Construida en ladrillo, incluso en la parte no exenta, se remata con un chapitel piramidal a cuatro aguas con cobertera de teja árabe vidriada. La particularidad radica en continuar el chaflán, que a partir de su parte exenta rompe la cuadratura de la planta incluso en las aristas del chapitel, donde aparecen los clásicos remates de cerámica. El cuerpo de campanas se abre por medio de cuatro huecos de medio punto, abocinados, en balconcillos de hierro. Igualmente, en la cara de la fachada la torre presenta un óculo para reloj. El año 1751 finalizaba Francisco José Guerrero el fastuoso retablo de San Juan de Dios de Granada. Fue entonces cuando recibió el encargo del Rvdo. P. Fray Alonso de Jesús de realizar los retablos de la nueva iglesia hospitalaria de Lucena: el del altar mayor y cinco menores laterales. Aceptados a los diseños de José de Bada, Guerrero iniciaría su labor en la ciudad de la Alhambra, terminando su obra en 1754. El retablo mayor se articula en sentido horizontal en tres cuerpos. El primero de ellos está constituido por un alto banco sobre frontal de jaspe, a ambos lados del cual se hallan las puertas de acceso a la sacristía, hermosamente talladas y doradas. Este banco muestra en su centro un sagrario con puerta de medio punto cajeada con una orla de tallas y custodia por ornamentación en la misma puerta, prendidos entre los cuatro grandes modillones que soportan los estípetes gigantes del cuerpo principal. Estos modillones adoptan la forma de una ménsula de talla con hojas carnosas y flores sobre la que se sitúa un cubo también ricamente decorado, armonizando los motivos vegetales con los geométricos, coronados por una moldura, a modo de frontón, encima de la cual aparecen sendos angelillos que dan la impresión de pequeños atlantes sustentando los grandes soportes. Cuatro gigantescos estípetes penetran poderosamente el cuerpo principal del retablo, marcando una calle central más ancha que las laterales, con un primer hueco, con arco de medio punto, dentro de un cajeamiento que sobresale del plano del fondo por medio de una sucesión de sencillas molduras, en el cual se repiten los mismos estípetes del sagrario, pero en esta ocasión adosados y con un objetivo puramente decorativo. Sobre este hueco, la hornacina-camarín que alberga la imagen de la Concepción Inmaculada, también coronada con un medio punto y orlada por una franja de menudísima hojarasca; encima, un a modo de baldaquino que culmina en la cornisa.</p>
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<p>Se trata de una de las iglesias más importantes de Marchena, destacando por sus dimensiones catedralicias. Presenta una arquitectura típica del periodo de los Reyes Católicos, en estilo gótico - mudéjar pero con elementos típicos ya del Renacimiento. Su construcción se comenzó en el año 1490, aunque la torre es posterior, en estilo barroco. El interior se divide en cinco naves, con pilares en las naves centrales rematados en capiteles clásicos. El exterior se caracteriza por sus portadas góticas en ladrillo, al igual que el retablo mayor, también gótico y con adornos platerescos; se trata de una de las obras maestras del arte sevillano. En cuanto a la decoración, ésta destaca por sus pinturas de Alejo Fernández, sus imágenes evangélicas en relieve, una cabeza del Bautista en mármol (1593) y escudos ducales y del arzobispo fray Diego de Deza. El interior también cuenta con un museo parroquial de arte religioso, entre las que se incluyen obras de Zurbarán.</p>
monumento
Construida en 1912, sustituye a otra anterior iglesia, en mal estado. Los restos que han quedado de ella demuestran que se trató de una iglesia gótica; en el exterior, todavía se puede ver la portada, del siglo XIV, apuntada y abocinada sin jambas y con capiteles corridos, que nos muestran escenas de luchas entre animales y hombres. En la clave aparecen Cristo y la Virgen. El interior está formado por una sola nave sin crucero y un solo ábside, con contrafuertes y capillas, donde se pueden ver esculturas y tallas de gran valor, como la de la Virgen Blanca y niño sobre sus rodillas, del siglo XIII. En la sacristía se conserva la talla de la Virgen de Arnotegui, de origen románica (siglo XII).
monumento
Modesta y encantadora iglesia de estilo románico, construida entre los siglos XI y XII. Arquitectónicamente cumple con la tipología típica tradicional hispánica de los templos románicos, como el ábside rectangular.
monumento
<p>En la plaza del Padre Juan de Mariana se alza la iglesia de San Juan Bautista, iniciada por Pedro Sánchez, continuada por Francisco Bautista en 1669 y finalizada por Bartolomé Zumbigo y Salcedo, maestro de obras de la catedral primada en ese momento. Al tratarse de una fundación jesuítica, el templo sigue el modelo de la iglesia del Gesù de Roma, con una planta rectangular, de una sola nave dividida en cuatro tramos, con capillas laterales que se comunican entre sí y un amplio pero poco desarrollado crucero. La monumental fachada está decorada con imágenes de varios santos. Se considera que esta iglesia sirvió de modelo a la del Colegio Imperial de Madrid, dedicada a san Isidro.</p>
museo
Parte de la iglesia posee un estilo renacentista, ya que en 1497 fue reconstruida por Mauro Codussi. En el exterior destaca un bello campanario realizado sobre el 1532-90. Presenta una planta de cruz griega, dividida en diferentes módulos y mezclando la tradición bizantina y la renacentista. En 1977 le fue concedido el título de santuario debido a la Virgen de las Gracias ya que es una imagen muy venerada en Venecia. Posee unos fondos artísticos muy importantes entre los que destacan la obra San Cristóbal, San Jerónimo y San Agustín de Toulouse (1513) de Giovanni Bellini, un retablo de Sebastiano del Piombo o un retablo en mármol realizado por Tullio Lombardo que muestra la Coronación de María y apóstoles (1500), que se encuentra en el altar de una capilla ubicada en el brazo izquierdo del crucero.
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En el año 661 el monarca Recesvinto dedica a san Juan Bautista una iglesia en la localidad palentina de Venta de Baños. Según la leyenda dicha basílica se funda a partir de la curación del Rey de un mal nefrítico o de una litíasis renal al beber agua de la fuente cercana. Se trata de un templo con planta basilical, compuesta por tres naves separadas por columnas. Dichas naves desembocan en tres ábsides rectangulares, independientes y no continuos. Los laterales, más pequeños, comunican con los brazos del transepto. Este tipo de cabecera tripartito será sustituido en época posterior por dos espacios anexos al ábside principal, constituyendo de nuevo cabecera tripartita recta. El acceso al templo se hace por un pórtico cuadrangular, del ancho de la nave central. En la fachada de la basílica encontramos un arco de herradura típico de la arquitectura visigoda pero la espadaña es un añadido del siglo XIX. En el interior es una amplia sala dividida en tres naves por filas de columnas que sostienen una arquería de herradura. Las columnas son romanas y mientras que los capiteles fueron realizados por artistas visigodos. La entrada a la capilla mayor se hace a través de un arco toral apoyado en jambas lisas. Las medidas de la iglesia son 20 metros de largo por 13 de anchura máxima. Tanto la inscripción de Recesvinto como la ornamentación escultórica permiten fechar el conjunto como de mediados del siglo VII.