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La obra de Villagrá que incorporamos a nuestra colección Crónicas de América es actualmente un libro rarísimo. Publicado por vez primera en Alcalá de Henares en 1610, no volvería a ser reimpreso hasta que el Museo Nacional de México hizo una edición en 1900. Esta es, por tanto, la primera edición española desde 1610. Prácticamente desconocida en España, la Historia de Nuevo México de Gaspar de Villagrá es considerada en Estados Unidos como una fuente imprescindible para reconstruir su historia en toda la zona de suroeste americano. Villagrá, en efecto, aporta en su poema largas listas de personajes indígenas que de otra manera hubieran quedado anónimos. La riqueza de detalles, costumbres indígenas, organización político-social de los indios pueblos quedan aquí descritas con minuciosidad y convierten a la obra de Villagrá en una fuente inestimable para etnólogos y antropólogos. Entrar ahora en la calidad poética de la obra de Villagrá parece cuestión accidental. Valoraciones al margen, es evidente que su inclusión en nuestra colección obedece al indiscutible valor de sus aportaciones desde el punto de vista de soldado testigo de los hechos que describe. Las recientes excavaciones realizadas en los lugares que Villagrá describe en su canto épico han demostrado que, pese a su narración en verso, sus palabras se atenían con increíble exactitud a la realidad de los hechos.
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HISTORIA DE NUEVO MÉXICO del Capitán Gaspar de Villagrá CANTO PRIMERO Que declara el argumento de la historia y sitio de la nueva Mexico, y noticia que della se tuvo, en quanto la antigualla de los Indios, y de la salida y decendencia de los verdaderos Mexicanos Las armas y el varon heroico canto, El ser, valor, prudencia, y alto esfuerço, De aquel cuya paciencia no rendida, Por vn mar de disgustos arrojada, A pesar de la inuidia ponçoñosa, Los hechos y prohezas va encumbrando, De aquellos Españoles valerosos, Que en la Occidental india remontados, Descubriendo del mundo lo que esconde, Plus vltra con braueza van diziendo, A fuerça de valor y braços fuertes, En armas y quebrantos tan sufridos, Quanto de tosca pluma celebrados: Suplicoos Christianissimo Filipo, Que pues de nueua Mexico soys fenix, Nueuamente salido y producido, De aquellas viuas llamas y cenizas, De ardentissima fee, en cuyas brasas, A vuestro sacro Padre y señor nuestro, Todo deshecho y abrasado vimos Suspendais algun tanto de los hombres, El grande y graue peso que os impide, De aquese inmenso globo que en justicia, Por solo vuestro braço se sustenta, Y prestando gran Rey atento oido, Vereis aqui la fuerça de trabajos, Calumnias y aflicciones con que planta, El euangelio santo y Fé de Christo, Aquel Christiano Achiles que quisistes, Que en obra tan heroica se ocupase, Y si por qual que buena suerte alcanço, A teneros Monarca por oiente, Quien duda que con admirable espanto, La redondez del mundo todo escuche, Lo que a tan alto Rey, atento tiene, Pues siendo assi de vos fauorecido, No siendo menos escreuir los hechos, Dignos de que la pluma los leuante, Que emprender los que no son menos dignos, De que la misma pluma los escriua, Solo resta que aquellos valerosos, Por quien este cuydado yo he tomado, Alienten con su gran valor heroico, El atreuido huelo de mi pluma, Porque desta vez pienso que veremos, Yguales las palabras con las obras, Escuchadme gran Rey que soi testigo, De todo quanto aqui señor os digo. Debajo el polo Artico en altura, De los treinta y tres grados que a la santa, Ierusalem sabemos que responden, No sin grande misterio y marauilla, Se esparcen, tienden, siembran y derraman, Vnas naciones barbaras remotas, Del gremio de la Iglesia donde el dia Mayor de todo el año abraça y tiene, Catorze oras y media quando llega, Al principio de Cancro el Sol furioso, Por cuyo Zenith, passa de ordinario, De Andromeda la imagen y Perseo, Cuya constelacion influye siempre, La calidad de Venus y Mercurio, Y en longitud nos muestra su districto, Segun que nos enseña y nos pratica, El meridiano fixo mas moderno, Dozientos y setenta grados justos, En la templada zona, y quarto clima, Dozientas leguas largas por la parte Que el mar del Norte, y golfo Mexicano, Acerca y auecina mas la costa, Por el viento sueste, y por la parte, Del brauo Californio y mar de perlas, Casi otro tanto dista por el rumbo, Que sopla el sudueste la marina, Y de la Zona elada dista y tiene, Quinientas leguas largas bien tendidas, Y en circulo redondo vemos ciñe, Debajo el paralello si tomamos, Los treinta y siete grados lebantados, Cinco mil leguas buenas Españolas, Cuya grandeza es lastima la ocupen, Tanta fuma de gentes ignorantes, De la sangre de Christo cuia alteça, Causa dolor la ignoren tantas almas: Destas nueuas Regiones es notorio, Publica voz y fama que decienden, Aquellos mas antiguos Mexicanos, Que a la Ciudad de Mexico famosa, El nombre le pusieron porque fuesse, Eterna su memoria perdurable, Imitando aquel Romulo prudente, Que a los Romanos muros puso tassa, Cuya verdad se saca y verifica, Por aquella antiquissima pintura, Y modo hierogliphico que tienen, Por el qual tratan, hablan s, se entienden, Aunque no con la perfeccion insigne, Del gracioso coloquio que se ofrece, Quando al amigo ausente conuersamos, Mediante la grande y excelencia, Del esercuir illustre que tenemos, Y fuerça y corrobora esta antigualla, Aquel prodigio inmenso que hallamos, Quando el camino incierto no sabido, De aquella nueua Mexico tomamos, Y fue que en las postreras poblaciones, De todo lo que llaman nueua España, Y a los fines del Reyno de Vizcaia, Estando todo el campo leuantado, Para romper marchando la derrota, Bronca, aspera, dificil y encubierta, Supimos vna cosa por muy cierta, Y de inmortal memoria platicada, Y que de mano en mano auia venido, Qual por nosotros la venida a España, De aquellos valerosos que primero, Vinieron a poblarla y conquistarla, Dixeron pues aquellos naturales, Vinanimes conformes y de vn voto, Que de la tierra adentro señalando, Aquella parte donde el norte esconde, Del presuroso Boreas esforçado, La concaua cauerna desabrida, Salieron dos briosissimos hermanos, De altos y nobles Reyes descendientes, Hijos de Rey, y Rey de suma alteza, Ganosos de estimarse y leuantarse, Descubriendo del mundo la excelencia, Y a sus illustres Reyes y señores, Con triumpho noble, y celebre trofeo, Por viua fuerça de armas, o sin ellas, Quales corderos simples al aprisco, Reduzir los fugetos y obedientes, Al duro iugo de su inmenso impero, Soberbio señorio y brauo estado, Y que llegando alli con grande fuerça, De mucha soldadesca bien armada, En dos grandiosos campos diuididos, De gruessos esquadrones bien formados, El maior de los dos venia cerrando, Con gran suma de esquadras la banguardia, Y de otras tantas brabas reforçaua, La retaguarda en orden bien compuesta, El menor con grandissima destreza, Y por el medio cuerpo de batalla, Gran suma de bagage y aparato, Tiendas y pauellones bien luzidos, Con que sus Reales fuertes affentauan, Y como sueltos tiernos ceruatillos, Infinidad de niños y muchachos, Por vna y otra parte retoçando, Embueltos en juguetes muy donosos, De simples infanticos inocentes, Sin genero de traça ni concierto: Y tambien por aquel soberuio campo: Entre las fieras armas se mostrauan, Assi como entre espinas bellas flores, Vizarras damas, dueñas y donzellas, Tan compuestas discretas y gallardas, Quanto nobles hermosas y auisadas: Y en fresca flor de jubentud mancebos, Gentiles hombres, todos bien compuestos, Compitiendo los vnos con los otros, Tanta suma de galas y libreas, Quanto en la mas pintada y alta Corte, En grandes fiestas suelen señalarse, Los que son mas curiosos cortesanos: Y assi mismo los gruesos esquadrones, Mostrauan entre tanta vizarria, Vn numero terrible y espantoso, De notables transformaciones fieras, Qual piel de vedegoso Leon cubria, Con que el feroz semblante y la figura, Del soberuio animal representaua, Qual la manchada fiera tigre hircana, Presta onza, astuto gimio, y suelto pardo, Qual al hambriento lobo carnicero, Raposo, liebre, y timido conejo, Los grandes pezes, y aguilas caudales, Con todo el resto de animales brutos, Que el ayre, y tierra, y ancho mar ocupan: Alli muy naturales, parecian, Inuencion propia antigua, y que es vsada, Entre todas las gentes y naciones, Que vemos descubiertas de las Indias, Auia de armas fuertes belicosas, Vna luzida bella y grande copia, Turquescos arcos, corbos, bien fornidos, Anchos carcages, gruessos y espaciosos, De muy liuianas flechas atestados, Ligeras picas, y pesadas macas, Fuertes rodelas con sus fuertes petos, De apretado nudillo bien obrados, Rebueltas hondas, prestas por el ayre, Gruessos bastones con pesados cantos, En sus fuertes bejucos engastados, Y sembradas de agudos pedernales, Fortissimas macanas bien labradas, Y tendidas al aire tremoauan, Con vizarro donaire y gallardia, Cantidad de vanderas y estardartes, De colores diuersos matizados, Y las diestras hileras de soldados, Cada qual empuñando bien sus armas, Con gran descuydo y con vizarros passos, Por el tendido campo yuan marchando, Y de las muchas plantas açotado, El duro suelo en alto leuantauan, Vna tiniebla densa tan cerrada, Que resoluerse el mundo parecia, En cegajoso poluo arrebatado, De vn ligero y presto terremoto, Que por el ancho concauo del aire, En altos remolinos va esparciendo, Pues yendo assi marchando con descuido, Delante se les puso con cuydado, En figura de vieja desembuelta, Vn valiente demonio resabido, Cuyo feroz semblante no me atreuo, Si con algun cuydado he de pintarlo, Sin otro nueuo aliento a retratarlo.
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INTRODUCCIÓN I. FormaciÓn del Virreinato de la Nueva España Conquistado México y siendo Hernán Cortés capitán general de las tierras descubiertas, se planteó la rivalidad entre el famoso conquistador y el Cabildo Municipal de México. En 1527 se crearía la Audiencia de la Nueva España como solución parcial a este conflicto, y en 1535 se formaría el Virreinato de la Nueva España bajo las órdenes de su primer virrey, don Antonio de Mendoza. Uno de los primeros objetivos del Nuevo Virreinato sería la expansión de sus fronteras. El norte del Virreinato aunque explorado en algunas áreas, necesitaba ser colonizado. La división del Virreinato en estos momentos fue sólo de carácter eclesiástico; estaba dividido en Obispados, que a su vez se dividían en curatos y vicarías. Otra división más general era la división eclesiástica de cada provincia según la Orden de sus misioneros. Así había provincias franciscanas, agustinas o dominicas. Al crearse la Audiencia como institución de gobierno con autoridad administrativa y judicial, puede decirse que su jurisdicción también dividió el Virreinato en Gobernaciones, Corregimientos y Alcaldías. La zona norte del Virreinato pertenecía a la Audiencia de Guadalajara. Para evitar que se siguiera el ejemplo de la Audiencia de Guatemala (que se separa en 1543), el Virreinato se encargó de la expansión de esta Audiencia al norte, pero mantuvo la unidad con la sede del Virreinato en México. En el siglo XVIII, la formación de las provincias internas y de las intendencias darían una nueva división al Virreinato. He aquí la división antigua del Virreinato de la Nueva España al empezar nuestro estudio: I. Reino de México. Estaba compuesto de cinco provincias mayores: México, Tlaxcala, Puebla, Oaxaca y Valladolid o Michoacán. II. Reino de Nueva Galicia, compuesto de tres provincias mayores: Jalisco, Zacatecas, Colima. III. Gobernación de Nueva Vizcaya, compuesta de dos provincias mayores: Guadiana (hoy día Durango) y Chihuahua. IV. Gobernación de Yucatán, compuesta de tres provincias mayores: Mérida de Yucatán, Tabasco y Campeche. V. El Nuevo Reino de León. VI. La Colonia del Nuevo Santander (prov. de Tamaulipas). VII. Provincia de los Tejas, Nuevas Filipinas. VIII. Provincia de Coahuila, Nueva Extremadura. IX. Provincia de Sinaloa o Cinaloa. X. Provincia de Sonora, Nueva Navarra. XI. Provincia de San José de Nayarit, Nuevo Reino de Toledo. XII. Provincia de la Vieja California, Baja California. XIII. Provincia de la Nueva California, Alta California. XIV. Provincia de Nuevo México de Santa Fe. Las primeras expediciones (siglo XVI) Los señores de Tenochtitlán señalaban siempre al norte para explicar la procedencia de su origen. Cortés mismo estaba obsesionado por encontrar un paso al norte entre el Atlántico y el Pacífico que facilitara la ruta de las especies1. El célebre estrecho de Amián, de ser descubierto, facilitaría la navegación española entre ambos mares por territorios pertenecientes a la Corona. Por éstas y otras muchas razones la penetración al norte era necesaria. Estas expediciones deberían, pues, ser organizadas por el mismo virrey, y sus conquistadores serían ya nacidos en el continente americano. a) Nuño de Guzmán. --Las míticas ciudades de Cibola atrajeron la imaginación de Nuño de Guzmán en 1531. Le acompañaban en su entrada los que luego serían famosos conquistadores, Cristóbal de Oñate y Diego de Ibarra. La dureza y crueldad con que trató a los indios en Culiacán hizo fracasar la expedición. Como resultado positivo se establecieron en Chianetla, que luego pasó a llamarse Nueva Galicia. b) Cristóbal de Oñate. --A él se debe el descubrimiento de las minas de plata de Nuestra Señora de Zacatecas. Él fue el primer gobernador de Nueva Galicia. Gobernó con acierto y su nombre, y el de su hijo, el futuro conquistador de Nuevo México, pasarán a la historia del suroeste americano. c) Vasco Nuño Cabeza de Vaca. --Al mismo tiempo que se fundaba Nueva Galicia, Pánfilo de Narváez fracasaba totalmente en su afán de establecerse en Florida. Tres supervivientes de estos naufragios lograron en 1536 atravesar el inmenso perímetro que separa la Florida de Culiacán después de ocho años de peregrinar entre los indios. Aunque es dudoso que Vasco Nuño, Andrés Dorante y Alonso del Castillo, acompañados del negro Estebanico, hubieran penetrado en lo que hoy día es Nuevo México, les debemos a ellos las primeras noticias de los indios pueblos, de los búfalos, de los apaches y de la múltiple flora y fauna desconocidas. Su relato contribuyó a la conquista oficial del norte del Virreinato. d) Fray Marcos de Niza y don Francisco Vázquez Coronado. --En 1540, el virrey ordenó al que era entonces gobernador de Nueva Galicia, don Francisco Vázquez de Coronado, a encontrar las siete ciudades de Cibola, que la calenturienta imaginación de fray Marcos y Estebanico habían situado entre los indios zuñi2. La expedición de Coronado iba acompañada de dos barcos que debían remontar la Baja California y penetrar por el río Colorado. La expedición fue rica en descubrimientos. Se descubrió el grandioso Cañón del Colorado, los famosos indios pueblos, las grandes manadas de bisontes y los nómadas apaches. La expedición a Quivira hizo que se recorriera gran parte de lo que hoy es Arizona, Nuevo México y Kansas. Al igual que Pizarro, Almagro, Belalcàzar y Jiménez de Quesada en América del Sur, Coronado recorrió y fue testigo de un gran territorio. A él le debemos la información sobre los hopi, los gila y los yumas. Él fue el primero en hablarnos de Acoma, la ciudad fortaleza de los queres. Exploró parte de Texas, cruzó Oklahoma, atravesó el este de Kansas y nos informó sobre los indios wichitas3. e) Fray Agustín Rodríguez y F. Sánchez Chamuscado. --El padre Rodríguez, misionero de Santa Bárbara, acompañado de dos frailes, nueve soldados y el capitán Chamuscado penetraron en el norte en 1581 para establecer terrenos de misión. Llegaron al Tiguex de Coronado y se establecieron en Puruay, cerca de Alburquerque. Los tres misioneros se quedaron entre los indios, mientras la escolta militar regresaba a Nueva Vizcaya. Ellos fueron los tres primeros mártires de Nuevo México. f) Antonio de Espejo. --Un contrato entre el virrey de Nueva España y don Juan Oñate preparaba una expedición a Nuevo México con carácter colonizador. Los múltiples retrasos ocasionados hicieron imposible acelerar esta expedición. De otro lado, los rumores del martirio de los franciscanos de Chamuscado hicieron acelerar el proceso de una nueva entrada a cargo de Antonio de Espejo, un comerciante convertido ahora en capitán de catorce soldados y dos franciscanos. En 1582 llegaron a Puruay y confirmaron la muerte de los misioneros. Espejo decidió continuar su marcha, recorriendo los territorios de los indios hopi y regresando a México por una nueva ruta. Su diario detallado, escrito por Luxán, nos da una información detallada de los lugares visitados. Mientras estas incursiones de carácter más o menos temporal abrían nuevos caminos en el norte del Virreinato, las circunstancias históricas iban a precipitar los acontecimientos. Se rumoreaba que el pirata Drake había descubierto el mítico estrecho de Amián. En 1579, la costa del Pacífico había sido devastada por los ingleses. Se necesitaba aumentar la ocupación al norte para defender las fronteras. La distancia de la Metrópoli, la dilación de los permisos, la burocracia administrativa, hicieron que alguna de estas penetraciones al norte fueran ilegales. Así podríamos considerar la de Castaño de Sosa, primero, y la de Leiva y Bonilla. Estos últimos llegaron hasta Arkansas y lo que hoy día es Nebraska. Sin embargo, la expedición acabó desastrosamente con la muerte alevosa de ambos capitanes. g) Juan de Oñate.--Con don Juan de Oñate se funda legalmente la nueva provincia de la Nueva México. Otras expediciones por tierra o mar descubrirían California y otras avanzarían por Florida remontándose al norte del Atlántico, En ambos flancos, la penetración de otras potencias extranjeras haría necesaria esta expansión. La vida del suroeste quedará asentada y colonizada a partir de Oñate. Los franciscanos establecen su terreno de misión por el río Grande, consolidando la obra española en un terreno aparentemente pacificado. Años más tarde, California al oeste y, Tejas al este, junto con Luisiana y Florida, haría que los territorios españoles abarcaran de océano a océano todo el territorio perteneciente hoy día a los Estados Unidos.
obra
En esta tablilla muy deteriorada Masaccio narra la historia de San Julián; dividida en tres espacios, el primero presenta al santo con un joven que personifica al diablo, provocándole para que asesine a sus padres, mientras que en el segundo se aparecen los cadáveres de los progenitores del santo tendidos sobre su lecho, y en el tercero se exhibe a San Julián mostrando las manos manchadas de sangre a su esposa en señal de arrepentimiento. La similitud con la tabla del Políptico de Pisa que trata el mismo tema hace pensar que podría ser una primera prueba para la obra definitiva; también se especula con un encargo aislado del mismo cliente que encargó el políptico pisano, llamado Giuliano. Las escenas están dotadas de una magnífica profundidad a través de elementos puntuales como el perro en escorzo, la cama o la ligera referencia paisajística de la izquierda. Las figuras gozan de la monumentalidad que caracteriza a toda la obra de Masaccio, el primer pintor plenamente quattrocentista.
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HISTORIA DE TLAXCALA LIBRO PRIMERO CAPITULO 1 De cómo los tarascos se separaron de los mexicanos ...Linaje de los tlaxcaltecas e que pasó con ellos por aquel estrecho de que tienen noticia que vinieron o que viniendo por el camino nació el Camaxtle, dios de los tlaxcaltecas, sino que éste atravesó de la mar del Norte a la del Sur y que después vino a salir por las partes de Pánuco, como tenemos referido y adelante diremos. Mas en efecto, después que Tezcatlipoca Huemac vino en demanda de Quetzalcohuatl, se hizo de temer de las gentes, porque cómo no le obiese hallado, hizo matanzas a toda la tierra, de suerte que se hizo temer y adorar por dios. Tanto, y de tal manera, que pretendió escurecer la fama de Quetzalcohuatl. Vino a señorear la provincia de Cholula, y Quauhquecholla, Izúcar y Atlixco, y todas las provincias de Tepeyacac, Tecamachalco, Quecholac, Teohuacan. De tal manera que no había provincia de éstas que no le adorasen por dios; y ansí, no fue menos en la provincia de Tlaxcala, que entre todos los dioses lo ponían por el primero y más valiente. Ansí, tanto en ánimo como en fuerzas, industrias y mañas otro no se le igualaba. Y ansí, en la mayor parte de esta Nueva España fue muy conocido y por dios adorado. Y porque hemos tratado largamente deste Tezcatlipuca y de Quetzalcohuatl, no será razón pasar debajo de silencio ni de paso la causa y razón que hubo de la división y apartamiento de los tarascos michuacanenses, según dejamos atrás declarado. Como los tarascos se adelantaron, luego que pasaron el estrecho de mar, en los troncos de árboles y balsas y otros instrumentos de pasaje, se metieron a vivir y a habitar en las siete cuevas, espeluncas cavernas de la tierra, hasta que hicieron habitaciones y moradas. Desde allí fueron creciendo y tomando el tiento de la tierra y disposiciones della para poblarla. Ya tenemos noticia de cómo la mayor parte destas naciones es gente desnuda y desarrapada, y de cómo la mayor parte no alcanzaban ropa con que cobijarse, aunque algunas naciones vestían cueros y pieles de animales, y ello era por no tener industria para eso, o por haberles faltado instrumentos para poder beneficiar algodón o lana, o porque carecían totalmente de todo lo necesario para se vestir. Por cuya causa vinieron en demanda de las tierras más templadas que pudieron hallar, para mejor poder conservar su desnudez y modo de vivir, convertida ya en uso de naturaleza. La causa que dicen que fue de su despojo y desnudez, es, a saber, que los tarascos no acostumbraban traer bragueros, calzones, ni zaragüelles, ni otras maneras de coberturas para las partes deshonestas, sino que, como brutos animales inestados de la venérea honestidad de hombres de razón, solamente tenían unas ropetas cortas a manera de saltambarcas, que no les llegaban a las rodillas y sin mangas, como unos coseletes sueltos y sin cuellos y abiertos para meter la cabeza, y lo demás todo cerrado. El cual hábito y traje en esta tierra es de mujeres y el día de hoy usan en toda esta Nueva España, y lo llaman huipilli y los españoles llaman camisas. Y sobre esta ropeta se ponían encima una mantilla delgada de algodón, a manera de sobrerropa, que los mismos tarascos llaman tzanatzi y los mexicanos ayatl. Este fue su traje antiguo. La cual sobrerropa, manta o sábana era labrada de labores tejidas muy curiosamente de colores muy vivos y diferentes imitativas a labores de seda, que se hacían de pelos de liebres y conejos, y el día de hoy se usan y estiman en mucho entre los naturales. Estas mantas, o sábanas, anudaban sobre un hombro, que les llegaban al tobillo, más o menos cortas o largas. Las más cortas traían los mozos pulidos y las largas, los hombres viejos y ancianos. Y este fue el uso antiguo de la gente tarasca y el modo de su traje. Aunque usaban de otros géneros de ropa de plumas, que llaman pellones, de diferentes colores y géneros de aves. Los mexicanos, culhuas, tepanecas, ulmecas y xicalancas y demás naciones no usaron las camisas de los tarascos ni de estas saltambarcas, usaron de unos bragueros y coberturas para las partes genitales y posteriores por gran honestidad, aunque todo lo demás de su cuerpo quedaba desnudo y descubierto. Usaban de muy ricas mantas de la manera y modo que atrás dejamos tratado, añudadas sobre un hombro. La variedad que dicen haber habido entre los mexicanos, tarascos y demás naciones en el modo de vestir fue que siendo todos de una prosapia, descendencia y generación, y todos venidos por una vía y derrota y camino y parte, al pasar de un estrecho de mar de una parte a otra o de algún río caudaloso (algunos quieren decir que es el río de Toluca y que por donde van es la tierra adentro, porque cuando se va acercando a la mar es muy grande e caudalosísimo; finalmente, que en esto no hay más claridad de esta de que si fue estrecho de mar o si fue río, el de Toluca u otro cualquiera), estos tarascos quisieron adelantar y pasar primero, aunque les iban a la mano no consintiéndoselo, las otras cuadrillas, estorbándoselo y diciéndoles que non pasasen así, ni se pusiesen en tan grande peligro, porque en aquellos tiempos se tenía por gran hazaña y atrevimiento pasar la mar, mayormente aquellas gentes, que perfectamente supieron de navegación, en especial faltándoles barcos e instrumentos para semejante ocasión y pasaje. Mas con todas estas persuaciones y porfías, entretanto, se salieron con su comenzado propósito, porque se obieron de adelantar, como se adelantaron. Y ansí, fueron éstos los primeros de que se tiene noticia que pasaron aquel estrecho, que ha de estar hacia la parte del Poniente en cuanto a nuestro centro. Finalmente, al tiempo de pasar buscaron modos y maneras inauditas, que fueron por unos troncos de árboles y balsas y otras cosas que la necesidad les enseñaba. Y ansí, para hacer maromas y sogas, compelidos de la necesidad, se quitaron los bragueros y maxtles (que ansí se llamaban en la lengua mexicana), los cuales son largos de más de cuatro brazas, a manera de almaizales, labrados a los cabos de muy primas labores, de varias y diversas colores, de más de un palmo de labrado y tejido, y de ancho tendrán, el que más, palmo y medio, de más y de menos. De manera que con esta necesidad se despojaron de sus bragueros para atar sus balsas y maderos, con que pasaron su naufragio hasta que se pusieron de la otra parte con sus hijos y mujeres, que debieron de ser gran muchedumbre de gentes. Como quedasen tan desnudos, como en efecto quedaron y desabrigados, fueles necesario quitar las camisas y huipiles de sus mujeres y vestirse ellos, dejándolas tan solamente las enaguas cubiertas y abrigadas de la cinta abajo, aunque adelante usaron echarse otra manta encima de los hombros con que se cubrían todo el cuerpo, a manera de almalafas moriscas. Y ansí quedaron con esta costumbre en memoria de aquel pasaje. Jamás perpetuamente los dichos tarascos se pusieron bragueros, ni dejaron de traer los huipiles de sus mujeres, ni menos sus mujeres los traían ni ponían, en recordación y memoria de su peregrinación y pasaje, ni menos las mujeres jamás se pusieron para ceñirse las enaguas, faja ni cinta, mas de las enaguas puestas y con una vuelta a manera de ñudo. Y ansí, como éstos fuesen los primeros que pasaron, vinieron a poblar las provincias de Mechoacan donde, después de muy cansados, pararon, hallando aquellas tierras muy a su propósito y conforme a su calidad y costumbres. Y ansí, los que se quedaron atrás, que fueron los mexicanos y tepanecas, con todas las demás legiones y cuadrillas, no perdieron ninguna pieza de sus trajes y siempre ellos y sus mujeres fueron gentes vestidas y adornadas de ropas de algodón y de palmas y de maguey, que llaman ixtli los mexicanos, y de pieles de animales y pelo de conejos y liebres, como atrás dejamos declarado. Llamaron los mexicanos tarascos a estos de la provincia y reino de Michoacan, porque traían los miembros genitales de pierna a pierna y sonando, especialmente cuando corrían. Llamáronse los michoacanenses, michhuaques, porque las tierras que poblaron eran abundantes de pescado; y ansí, se llama "la provincia del pescado", Michhuacan.
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La historia de Virginia será aprovechada por la religión cristiana como modelo de virtudes. La bella romana quiso ser tomada como esposa por Apio Claudio, uno de los diez hombres que ejercían el poder en Roma, cuando ella ya estaba prometida. Apio Claudio no dudó en raptarla - escena que encontramos en la izquierda - lo que provocó la solicitud de clemencia del padre de Virginia, respondida con una negativa (escena central, al fondo); ella fue asesinada por su propio padre para salvar el honor - imagen de la derecha - e hizo un llamamiento para acabar con la tiranía, provocando una rebelión militar que Botticelli presenta en el centro. Las diversas escenas se suceden simultáneamente, influencia medieval que también encontramos en los frescos pintados para la Capilla Sixtina. La composición se desarrolla en tres partes, utilizando como escenario una sala con ricos pilares cerrada por un ábside cubierto con media cúpula. La perspectiva lograda con la sucesión de pilares es digna de elogio, al igual que la expresividad de las figuras y la correcta narración del episodio. Pero el interés de la tabla se encuentra en su significado, la pérdida del poder por parte de los tiranos y la proclamación de la república, significado que también repite en la Historia de Lucrecia. Ambos sucesos se relacionan con la expulsión de la familia Médici de Florencia, sustituidos por una república popular. El cliente que encargó ambos trabajos eligió a Botticelli para representar el triunfo republicano, tomando dos historias del mundo romano exportables a la situación política de fines del Quattrocento en Florencia.
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<p><img src="/sites/default/files/inline-images/Mapa1.H%C2%AAAlmirante%20jpg_1.jpg" data-entity-uuid="e26afb75-494a-43ed-b15c-5ab3d88b27ad" data-entity-type="file"><br>&nbsp;</p><p>La Historia del Almirante fue escrita por Hernando Colón entre los años 1537 y 1539. Pese a las críticas que la han rodeado y el apasionamiento que envuelve todo lo relacionado con Cristóbal Colón o sus adversarios, lo cierto es que sigue siendo una valiosa fuente de conocimiento, tanto para la historia de los descubrimientos colombinos como para los primeros asentamientos españoles en el Nuevo Mundo.&nbsp;</p>
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La situación y progreso de las mujeres ha sufrido avances y retrocesos a lo largo de la historia, en las distintas culturas y países. El Cristianismo supuso una mejora en la defensa del derecho a la vida de las niñas, la equiparación de la mujer en el matrimonio, mayor libertad de las solteras y más protección de las viudas. El respeto a los niños, las mujeres y los esclavos se extendió en las zonas cristianas. Algunas reinas, nobles y monjas europeas emprendieron iniciativas sociales importantes (Movimiento de Melania para la liberación de los esclavos, primer Hospital y Albergue de peregrinos de Fabiola, hospitales y leproserías de la reina Matilde, etc.). En los primeros siglos feudales (s. X-XIII) las mujeres podían tener y administrar feudos, iban a las cruzadas, gobernaban y algunas llegaron a tener un alto poder político, económico y social, por sus tierras, cargos, parentesco o negocios. Existieron numerosos monasterios y abadías femeninas, que eran también en ocasiones, centros culturales (Quedlinburg, Heiford, Fontevraud, Las Huelgas, Whitby, Santa Cruz de Poitiers, etc.). Las abadesas no eran sólo educadoras o protectoras de la cultura; algunas eran también creadoras (primeros poemas anglosajones y primera gran escuela inglesa creados en el s. VII en el monasterio por S. Hilda; el primer gran nombre de la literatura alemana en el s. X es Roswitha, abadesa; en el XII, Herrada de Landsberg e Hildegarda de Bingen escriben obras literarias, etc.). La Abadesa de Las Huelgas y la de Fontevraud tenían también jurisdicción sobre monjes y monjas y dirigían hospederías y hospitales. Influían mucho en la vida política y en el caso de Las Huelgas, tenía jurisdicción eclesiástica muy amplia. Sin embargo, la situación de las mujeres se había ido deteriorando a partir de los últimos siglos medievales y clásicos, por diversos motivos, entre ellos la progresiva influencia de algunas ideas del pensamiento griego y del Derecho Romano, el desarrrollo de la mentalidad burguesa, y algunos principios de la Modernidad y el Código Napoleónico de 1804 que copiaron muchos países. Sobre el empeoramiento de la situación de las mujeres -sobre todo la casada- a partir del s. XVI, se pueden leer los estudios de Jean Portemer y Pierre Betot. Este autor señala que hasta el s. XV la mujer gozaba de mayor capacidad jurídica, y cómo a partir del s. XVI va convirtiéndose en un ser jurídicamente incapaz. Esa orientación la siguieron otros países, que imitaron el derecho francés. A través de los estudios de Tiraqueau y Dumoulin se puede seguir el proceso por el cual aumenta el poder marital que termina haciendo de la mujer casada un ser incapaz, situación que consagrará el Código napoleónico en el s. XIX. Ante situaciones injustas y discriminatorias, algunas voces se alzaron proponiendo soluciones (Christine de Pisan, María de Zayas, Feijoo, Condorcet, Stuart Mill, Sor Juana Inés de la Cruz, Josefa Amar, etc.). A finales del s. XVIII Olympe de Gouges en Francia y Mary Wollstonecraft en Gran Bretaña habían criticado también la situación de las mujeres en sus famosas obras "Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana" y "Vindicación de los derechos de la mujer". No obstante, fue en el siglo XIX cuando las mujeres se reunieron en organizaciones específicas para reivindicar juntas sus derechos. Surgieron distintos grupos con diversidad de programas y estrategias, aunque coincidentes en promover el avance de las mujeres en la sociedad. Estudiando los diversos grupos feministas Offen encuentra dos tradiciones principales, una de tipo "individualista" liberal angloamericana, y otra más "relacional" y social europea. Gráfico Respecto al origen de la palabra "Feminismo", parece que surgió en Francia en el s. XIX. Se atribuyó su invención a Charles Fourier, hacia los años treinta, pero su utilización masiva se produjo en los años noventa, como sinónimo de emancipación de la mujer. Hubertine Aubert utilizó el término desde 1882 y la palabra fue aceptada socialmente tras el primero Congreso público "feminista" de París en 1892, utilizándose ampliamente a finales de siglo, en otros idiomas europeos. Los orígenes ideológicos del feminismo están en la filosofía de la Ilustración, el librepensamiento, la Revolución francesa, el humanismo cristiano/protestantismo liberal y el socialismo utópico. La participación de algunas mujeres en diversas causas sociales como la abolición de la esclavitud, el socialismo utópico, los movimientos filantrópicos y la revolución política facilitó después su movilización hacia el feminismo. Se habían reivindicado los derechos de los burgueses, los siervos, los judíos, los obreros, los esclavos. Era la hora de las mujeres.
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Coincidiendo con el cuarto centenario de la muerte de fray Bernardino de Sahagún, la colección CRÓNICAS DE AMÉRICA tiene el honor de incorporar a sus títulos éste de HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA Pocas obras sobre América tan importantes como ésta del franciscano leonés que le ha merecido el título de padre de la antropología en el Nuevo Mundo. Hombre de profunda formación humanística, a lo largo de sus sesenta años de vida en México, su mayor preocupación fue siempre tratar de entender la cultura indígena mexicana. Como él mismo señaló, su propósito fue investigar las cosas humanas, naturales y divinas del México antiguo a fin de poder erradicar la idolatría. Al sumergirse en el estudio de la cultura y de la lengua indígena, Sahagún acabó sintiéndose cautivado por ellas, lo cual, como era de esperar, le ocasionó incomprensiones, envidias y hasta una excomunión. La obra de Sahagún, sin embargo, constituye un rico e inapreciable legado cultural de los pueblos prehispánicos de México. En el libro que ahora mismo publicamos está en buena parte la memoria del México prehispánico. Dicho en palabras del profesor Miguel León-Portilla, gran especialista en la obra de Sahagún, <Bernardino de Sahagún es en verdad uno de los protagonistas en la Historia del Nuevo Mundo, que para siempre vincula a mexicanos y españoles. Su legado, siendo nuestro, es también universal>.