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obra
Seis años antes de fallecer, Hals realizó el retrato del pastor Herman Langelius (1614-1666), uno de los más activos oponentes del ateísmo en la Ámsterdam del siglo XVII. En esta obra, el maestro holandés muestra una sorprendente economía de medios ya que sólo resalta el expresivo rostro y las manos, destacando especialmente la mirada del clérigo. El foco de luz procedente de la izquierda impacta en el rostro y crea un contraste lumínico que recuerda a Caravaggio, resbalando por el impreciso traje negro para iluminar la mano izquierda en la que sostiene una Biblia que parece haber cerrado para mirarnos, interrumpiendo su lectura. Las pinceladas no pueden ser más sueltas, entrecruzadas y rápidas, aplicando el color directamente sobre el lienzo, sin necesidad de utilizar un dibujo preparatorio, en sintonía con Velázquez. Este estilo será abandonado por sus contemporáneos y recuperado en el siglo XIX por Courbet y Manet. El éxito del retrato en su momento motivó que Herman Waterloo realizara un magnífico poema en el que resaltaba la expresividad de los ojos de Langelus
obra
Representa aquí Holbein el Joven a un mercader alemán que por aquellos tiempos trabajaba en la cofradía alemana de Londres ("Stalhof"). Un personaje que adquirió una mayor celebridad cuando, al regresar a su patria, participó activamente en la vida política de Colonia.
museo
El Hospital de la Santa Caridad se construyó en la década de 1670 gracias al mecenazgo de Miguel Mañara, un personaje de vida agitada y poco ejemplar que se arrepintió e ingresó en la Hermandad. El interior está adornado con obras de Murillo, el escultor Pedro Roldán y con los conocidos lienzos de Valdés Leal sobre la muerte: Finis Gloriae Mundi y In Ictu Oculi.
acepcion
Rito muy extendido entre los hombres africanos, que consiste en mezclar la sangre de todos ellos en una copa y beberla como símbolo de unidad en la vida y la muerte.
contexto
Los mismos ideales de paz y fraternidad que habían dado origen en el medio rural a los movimientos de paz y tregua de Dios fundamentaron a escala urbana las asociaciones conocidas como hermandades o cofradías. Para la gran masa de ciudadanos, deseosos de realizar personalmente el ideal de la vida apostólica, la gran ventaja de las cofradías radicaba en que, al tiempo que colectividades laicales con finalidad religiosa, eran también comúnmente asociaciones profesionales. En la Edad Media las cofradías eran muy numerosas en zonas como Flandes, Bélgica, Lombardía, etc., caracterizándose desde el punto de vista espiritual por sus prácticas religiosas colectivas, reguladas de manera explícita en sus estatutos. Generalmente esta clase de documentos, redactados a menudo en forma de sermón, inciden siempre en destacar toda una serie de virtudes corporativas (amor, caridad, paz, solidaridad, etc.) cuyo cultivo era en el fondo la finalidad de la propia sociedad. Su no puesta en práctica era causa de apercibimiento, e incluso de expulsión, siendo juzgada por una asamblea de cofrades siguiendo el modelo de los capítulos monásticos. Las cofradías estaban situadas bajo la advocación de un santo patrono, que coincidía obviamente con el gremial. En torno al santo se celebraba una vez al año la fiesta de la corporación, que incluía entre sus ceremonias la misa y el ágape comunitarios. En ocasiones la hermandad poseía una capilla propia, atendiendo los cofrades a su mantenimiento mediante cuotas destinadas a la compra de cirios, servicio de capellanía, etc. Los funerales por los miembros ya desaparecidos eran sin duda momentos especialmente propicios para reafirmar el espíritu de cuerpo. Actualmente las cofradías y hermandades son un elemento muy importante en las festividades de santos locales y otras fiestas regionales.