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Hijo de Juan I de Castilla y de Leonor de Aragón, casó con Catalina de Láncaster en 1388 en virtud del tratado de Bayona, siendo nombrado príncipe de Asturias. Ascendió al trono en 1390. Los tres primeros años de mandato son una sucesión de fórmulas para dar con la regencia adecuada, como el gobierno de algunos parientes del rey o el arbitraje de las Cortes. En 1393 toma el poder de manera efectiva y personal, apoyándose en la nobleza media nacida en la propia dinastía para alejar a sus parientes (Leonor de Navarra, Alfonso Enríquez). En política interior, lleva a cabo una verdadera obra reformista, encaminada fundamentalmente a asentar el poder real. Así, deroga los privilegios y concesiones anteriormente alcanzados por las Cortes, como la alcabala y la asistencia al Consejo Real, y promueve la figura del corregidor en las ciudades. El período de paz que vive Castilla logra equilibrar las arcas de la corona. Además, emprende la conquista de Canarias y consigue detener el antisemitismo imperante. Presta su apoyo a Benedicto XIII en su pretensión al solio pontificio y ha de detener un intento de invasión de Portugal. Además, la preocupación por el avance turco le lleva a enviar dos embajadas ante Tamerlán y, frente a los musulmanes, reanuda las operaciones contra Granada. También consigue alejar a los piratas del estrecho de Gibraltar. La mala salud le hace delegar en sus últimos años en su hermano Fernando de Antequera.
contexto
En la situación que se encontraba Inglaterra a la muerte de Juan, sólo un monarca prudente y económico hubiera podido mantenerse sin sobresaltos. Ninguno de estos dos requisitos reunió el nuevo Plantagenet bajo cuyo reinado se produjo el segundo gran sobresalto en la historia de la Inglaterra del siglo XIII. Los primeros anos de la minoridad de Enrique conocieron la regencia de un veterano de la política Plantagenet: Guillermo el Mariscal, fiel y eficiente servidor de Enrique II, Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra tanto en Inglaterra como en el continente. Cuando murió en mayo de 1219 el mejor elogio fúnebre se atribuye a su viejo rival en los campos de batalla, Felipe Augusto: "El Mariscal fue, a mi juicio, el más leal, verdadero que haya conocido jamás en cualquier lugar que estuviese". El negro contrapunto a tal juicio lo había fijado el propio Mariscal en el lecho de muerte refiriéndose al futuro del reino: entregaba la guarda del joven rey Enrique a Dios "ya que no había país en el que la gente estuviera tan dividida como en Inglaterra..." En los años siguientes, Enrique fue haciéndose con las riendas del poder. Hombre devoto y obsesionado por los amargos recuerdos de su infancia, pronto se convirtió en un servil pupilo de una Santa Sede que no tuvo escrúpulos en abusar de su situación privilegiada. Ello valió al Plantagenet enajenarse las simpatías de buena parte del clero nacional inglés y de una baronía que, conducida a desastrosas empresas exteriores, no vio más camino que repetir la rebelión contra su señor natural. El gobierno de Inglaterra descansaba, fundamentalmente, sobre tres organismos: la Cancillería, el Echiquier y el Hotel (Wardrobe). El personal de este último acabó convirtiéndose en el "staff" administrativo de la casa real. En 1236, Enrique III casaba con la cuñada de san Luis de Francia, Leonor de Provenza. Con ella vino a Inglaterra un nutrido grupo de provenzales y saboyanos que, unidos a los poitevinos afincados en el reino, coparon los más importantes puestos de responsabilidad en el Hotel así como también un elevado número de beneficios laicos y eclesiásticos. A los ojos del elemento indígena, Inglaterra estaba sufriendo una verdadera colonización política. Las operaciones en el exterior no hicieron más que acrecentar el desprestigio personal de Enrique. Varios intentos de recuperar posiciones en Francia se saldaron con rotundos fracasos entre 1230 y 1242. El grupo de poitevinos había reclamado la intervención del Plantagenet para evitar que Alfonso, hermano de san Luis, recibiera el homenaje de los vasallos del Poitou. Enrique sufrió graves derrotas en Saintes y Taillebourg a manos del monarca francés. Años más tarde se firmaba la paz entre los dos contendientes (acuerdo de París de 1258) por la que Londres abandonaba definitivamente a manos de los Capeto Normandía, Maine, Anjou, Poitou y Turena. Ruinosas fueron también otras dos empresas internacionales al servicio de los intereses de la Santa Sede. En 1254, aceptó Enrique la Corona de Sicilia para su hijo Edmundo. Tres años más tarde, el soberano inglés comprometió a su hermano Ricardo de Cornualles como candidato a la Corona imperial. Dos grandes proyectos saldados con dos grandes fiascos... y con gravísimos problemas financieros que hicieron crecer la inquietud en el interior de Inglaterra. Las varias redacciones que se hicieron de la Carta Magna en la primera fase del reinado de Enrique III (la última en 1225) potenciaron entre la feudalidad inglesa el deseo de institucionalizar un Consejo de barones y prelados que vigilase los subsidios otorgados al rey y la designación de altos funcionarios. Bajo los nombres de Parlamento o de "Magnum Consilium", este organismo nucleó un creciente descontento que estalló en 1258. Un periodo de malas cosechas actuó como detonante. A la cabeza de los barones ingleses se puso un hombre dotado de indudable carisma: el conde de Leicester Simón de Montfort, hijo del vencedor de los albigenses del mismo nombre y afincado en Inglaterra hacia 1230. Las "Provisiones de Oxford" impuestas a Enrique III fueron un primer éxito de los alzados. Los comités creados asumieron amplias funciones judiciales, fiscales y políticas. Siguiendo el modelo francés establecido por san Luis, el nuevo justicia mayor Hugo Bigod promovió un amplio sistema de encuestas en todo el reino a fin de reparar los agravios cometidos en los años anteriores. La acción exterior quedó en manos del núcleo duro de reformadores: negociaciones con la Santa Sede, contención de las incursiones de galeses y escoceses e, incluso, los acuerdos con Francia. De hecho la paz de París fue un asunto conducido por Simón de Montfort. A las provisiones de Oxford se sumaron en marzo de 1259 las "Provisiones de Westminster". A través de ellas Simón de Montfort pretendía satisfacer las demandas de las clases medias del reino que deseaban que los barones se sometieran también al régimen de encuesta aplicado a los meses anteriores a los oficiales reales. Fue una determinación que provocó una primera fisura en el bloque baronial. Una parte se mantuvo fiel al de Montfort; otra basculó hacia el rey. Enrique III vio entonces la oportunidad de librarse de los funcionarios que le habían impuesto y de dar marcha atrás a las reformas. Luis IX de Francia fue solicitado -dado su enorme prestigio en todo el Occidente- por las partes en litigio para actuar de árbitro en el contencioso. El "Laudo de Amiens" dado por el Capeto era altamente favorable a su cuñado inglés pero no fue aceptado por las clases populares: los artesanos de Londres, la clase media rural y los marinos de los Cinco Puertos formaron piña en torno a Simón de Montfort quien en mayo de 1264 inflingió a Enrique III una grave derrota en Lewes, en las cercanías de Londres. El monarca se convirtió en prisionero del vencedor que se dispuso a ejercer un gobierno personal para llevar a termino el programa de reformas. El 20 de enero de 1265 dio el golpe decisivo al convocar un Parlamento en el que participaron junto a los señores y los caballeros de los condados, representantes de "York, Lincoln y otras ciudades de Inglaterra". Un importante paso en la participación del elemento burgués en los centros de deliberación y decisión política. Ni este Parlamento ni los "custodes pacis" enviados a los condados para garantizar el orden lograron establecer la paz. La solución para los graves problemas que afectaban al reino vendría de manos de un personaje que había permanecido en un segundo plano: el príncipe heredero Eduardo.
Personaje
Militar
Político
Hijo de Juan de Gante y miembro de la casa de Lancaster, destacó como soldado en campañas exteriores. En 1399 las Cámaras le proclamaron rey, sustituyendo al depuesto Ricardo II y sancionando una usurpación que medio siglo más tarde daría lugar a la guerra de las Dos Rosas. Durante su mandato combatió y derrotó a los reformadores evangélicos de Wycliffe, quienes habían planteado una fuerte oposición a su gobierno.
Personaje
Militar
Político
Hijo de Enrique III, durante su adolescencia su madre asumió la regencia del Reino. La cuestión de las investiduras le enfrentó en continuas ocasiones al papa Gregorio VII, quien le excomulgó en 1076. Obtuvo el perdón mostrando sumisión al Papa al arrodillarse en la nieve en el castillo de Canossa. En 1080 se enfrento de nuevo al Pontífice, a quien logró destronar y hacer huir, tras ser nuevamente excomulgado. En 1090 emprendió la invasión de Italia. Murió en 1106 en la mayor indigencia, perseguido encarnizadamente por su hijo Enrique V, quien se rebeló contra él y lo hizo encarcelar.
Personaje
Militar
Político
La figura de Enrique IV representa como pocos la ambigüedad política existente en la Francia del Renacimiento. Declarado hugonote, su conversión al catolicismo le permitirá ocupar el trono francés para poner fin a los conflictos religiosos que asolaban el país desde mediados del siglo XVI. Hijo de Antonio de Borbón y Juana de Albret de Navarra, fue uno de los principales líderes hugonotes que asediaban a la monarquía francesa de los últimos Valois. Para frenar la iniciativa protestante, se ofreció a Enrique la mano de Margarita de Valois - la famosa reina Margot - en matrimonio, enlace que no cumplirá sus objetivos. Tras el fallecimiento de Enrique III y merced a su testamento, Enrique IV fue proclamado rey gracias a su conversión al catolicismo - presuntamente pronunció la famosa frase "París bien vale una misa" -. Este gesto recibió el total apoyo del pontífice Sixto IV lo que no agradó en España ya que Felipe II deseaba que el trono francés fuera ocupado por su hija Isabel Clara Eugenia, miembro de la desaparecida dinastía Valois. Consolidado el poder en Francia, Enrique firmó la paz de Vervins con España (1598) renunciando Felipe II a entrometerse en los asuntos franceses y reconociendo la legitimidad del monarca. Para solucionar el problema religioso promulgó el edicto de Nantes por el que concedía libertad religiosa a los hugonotes, con limitadas restricciones. Desde ese momento, su objetivo fundamental será el desarrollo de la actividad agrícola, la industria y el comercio, produciéndose un espectacular crecimiento que llevará a la colonización del Canadá. Una vez recuperada su posición económica en Europa, Enrique se volcó en el "Gran Proyecto" que tenía como fin desarrollar una alianza de la monarquía francesa con los enemigos de los Habsburgo, tanto los de Madrid como los de Viena. Esta iniciativa provocó su muerte ya que fue asesinado en 1610 por un súbdito, Ravaillac, contrario a este grandioso proyecto.
Personaje
Militar
Político
Hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón, antes de acceder al trono ya intervino en la convulsa política castellana de la época, junto a su favorito Juan Pacheco. En 1440 casa con Blanca de Navarra, separándose de ella en 1443 por impotencia. Un año más tarde accede al trono. Casa de nuevo en 1455 con Juana de Portugal, para asegurar la cooperación entre ambos reinos. Su mandato transcurre sin grandes alteraciones hasta 1462. En este año, se renuevan los hostigamientos contra el reino nazarí de Granada, se intenta reconciliar con los Grandes de España huidos a Aragón y acepta el trono de Cataluña, ofrecido por los mismos catalanes, descontentos con Juan II de Aragón. Precisamente la cuestión catalana provoca, a partir de 1463, la caída en desgracia de los nobles más cercanos al rey (Juan Pacheco, Alfonso de Fonseca) por la pérdida de confianza en el Consejo, y el ascenso de nuevas figuras, como los Mendoza o Beltrán de la Cueva. Entre 1463 y 1468, los nobles desafectos emprenden una campaña contra el Enrique IV y elaboran el Manifiesto de Burgos (1464), en el que se critican aspectos diversos de la gestión del monarca, se incluyen las protestas de las ciudades y se critica la sucesión al trono en la persona de Juana, su hija, considerada fruto del adulterio de la reina Juana con Beltrán de la Cueva. La presión de los nobles obliga al rey a ceder y a reconocer como heredero a su hermano Alfonso, estableciéndose una comisión encargada de analizar la crisis y emitir un dictamen que procure la pacificación de Castilla. Este dictamen, la sentencia de Medina del Campo (1465), de signo desfavorable a los intereses de Enrique IV, empuja a éste a combatir a los sublevados, quienes responderán proclamando rey a Alfonso (farsa de Ávila). Los combates se prolongarán durante tres años, hasta la muerte de Alfonso (1468). La cuestión sucesoria aun no quedará resuelta. Los partidarios de Alfonso prestarán ahora su apoyo a la hermana del rey, Isabel, en contra de Juana la Beltraneja, hija del monarca. Isabel será reconocida como heredera mediante el tratado de los Toros de Guisando; sin embargo, la defensa de la causa monárquica de ésta hace que sus aliados partan de su lado y pasen a defender la candidatura de Juana, su antigua enemiga. Los tratados de Alcaçovas, 1479, dejarán a Isabel como única pretendiente al trono y reina de Castilla, por la muerte de su padre en 1474.
obra
Este lienzo formaba parte de la serie encargada a Rubens por la reina madre de Francia, María de Medicis, para decorar el salón principal del Palacio del Luxemburgo en París. Con esa serie se pretendía exaltar y glorificar la vida y la regencia de la soberana.El matrimonio de Enrique IV de Francia y María de Medicis formaba parte de los habituales enlaces de Estado, en los que los contrayentes no se conocían. María era hija del gran duque de Toscana y tenía 25 años mientras que Enrique, divorciado sin hijos de Margarita de Valois, esperaba una unión fecunda y más lucrativa que la anterior. Sería la riqueza de la dote y no la belleza de la joven lo que animó al monarca francés a contraer matrimonio.Esta escena es la cuarta del ciclo y en ella Rubens imagina un primer encuentro entre los futuros esposos a través del arte. Enrique IV recibe el retrato de su prometida de manos de Himeneo -dios del matrimonio, en la izquierda- y Cupido -dios del amor, en la derecha-. Galia, la personificación de Francia, ataviada con un casco emplumado y un vestido adornado con flores de lis, aconseja adecuadamente al monarca mientras que en la zona superior de la composición se halla la pareja olímpica, Júpiter y Juno, acompañados cada uno por sus símbolos: el águila con los rayos del dios y el carro y los pavos reales de la diosa. La presencia de los dioses es una referencia a los "alter ego" divinos de Enrique y María, simbolizando la armonía conyugal.Las figuras se ubican ante un fondo de paisaje en el que observamos una columna de humo como referencia a la reciente guerra de Saboya, hecho por el que el monarca aparece con armadura y portando el cetro y la banda de general. Con su casco y escudo juegan dos amorcillos a sus pies. El objetivo del matrimonio será convertir a un monarca belicoso en un rey amante de la paz, lo que provocará la prosperidad y el desarrollo de las artes en el reino, en la línea que se aprecia en las escenas de la Regencia. La política defendida por la propia María estaría vinculada con esta filosofía que defendía la paz y potenciaba la diplomacia por vía matrimonial. No en balde, este ciclo estuvo finalizado con motivo del enlace de la princesa Enriqueta María con el futuro Carlos I de Inglaterra. La Educación de María de Medicis y el Triunfo de María de Medicis en Juliers también forman parte de la serie.