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Avances aliados en Europa. Liberación de Italia. Ofensiva soviética por el este. Ataque anglo-americano por el oeste. Hacia el corazón de Alemania. Alemania entre dos fuegos. La toma de Berlín. Rendición de Alemania.
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El desprestigio del Duce era considerable. Ya antes de la guerra existía un resquemor antialemán por la frontera del Brennero y se temía que Mussolini cediera a las reclamaciones germanas entregando el Tirol a Alemania. Desde que su oportunismo precipitó al país en la guerra, el fascismo había acumulado errores sin que los sacrificios exigidos a la población recibieran ninguna compensación moral o material. El racismo se hacía patente en el trato que recibían a los obreros italianos en Alemania y tampoco llegaba la ayuda económica, que Hitler había prometido y el consumo diario de la población se deterioraba. La propaganda no podía esconder los continuos fracasos militares desde la invasión de Grecia; las tropas italianas enviadas al frente ruso fueron consideradas por los alemanes con el mismo desprecio que las búlgaras o húngaras y, en la derrota de Stalingrado, resultaron arrolladas, con un alto balance de muertos y prisioneros. Tampoco el continuo fracaso de la Marina pudo ser compensado por éxitos aislados, como el ataque de los torpedos humanos a Alejandría, ni la ocupación italiana de Córcega disfrazó el desastre de Africa. Mussolini, consciente de las dificultades de la campaña rusa, intentó convencer vanamente a Hitler de la conveniencia de firmar una paz con la URSS y el desacuerdo entre ambos aumentó por la resistencia de los italianos a entregar los judíos a las SS para su exterminio y por el buen trato dado por las autoridades italianas a los guerrilleros yugoslavos de Mihailovic. El Duce reorganizó su Gobierno en febrero de 1943, como prueba de fuerza personal, pero Bastiani, su propio subsecretario de Asuntos Exteriores, parecía inclinado a oponerse a Hitler y a buscar una vía para la paz. El deterioro interno aumentó con los éxitos aliados en Africa y los soviéticos en el Este. En marzo de 1943 estallaron manifestaciones en la Fiat de Milán y, el día 12, los trabajadores se declararon en huelga, reclamando el cobro de las indemnizaciones atrasadas a las víctimas de los bombardeos, y el Gobierno prometió una cantidad en metálico a quienes volvieran al trabajo. Tras esta primera gran protesta obrera en un país del Eje estallaban huelgas en otras fábricas milanesas. Mussolini, enfermo, intentó convencer a Hitler de la imposibilidad italiana de proseguir la guerra y reclamó, sin éxito, más ayuda alemana en el Mediterráneo. Cuando Túnez cayó y los restos del Ejército italiano en Africa fueron hechos prisioneros, la situación de Mussolini se hizo insostenible. La circulación monetaria se había triplicado, la producción industrial descendía en un 35 por 100 y la invasión aliada parecía inminente. El rey y muchos jerarcas fascistas buscaron entonces la propia salvación desprendiéndose de Mussolini y rompiendo el pacto con Hitler para negociar una paz separada con los aliados. La decisión de desembarcar en Sicilia fue fruto de un compromiso. Los norteamericanos, presionados por sus intereses políticos internos y por las exigencias de Stalin, preferían atacar Francia y consideraban una pérdida de tiempo actuar en el Mediterráneo. Los británicos sostenían que atacar directamente Alemania era prematuro, pero aceptaban un segundo frente que obligara a Hitler a retirar fuerzas del frente del Este; el Estado Mayor británico se interesaba por Sicilia, que interrumpía la navegación en el Mediterráneo. Sicilia estaba guarnecida por diez divisiones italianas y tres alemanas (Guzzoni) y sus defensas naturales, las pequeñas islas de Pantellaria, Lampedusa y Linosa, habían sido fortificadas concienzudamente. El mando de Eisenhower se estableció en Malta y la fuerza de desembarco aliada (Alexander) se organizó en dos agrupaciones: los británicos y canadienses (Montgomery) atacarían la costa oriental de Sicilia, con una flota británica de 795 buques de combate y transporte, con 715 lanchas de desembarco. Los americanos (Patton), que atacarían el oeste siciliano, embarcaron en 580 buques, que contaban con 1.124 lanchas. La operación comenzó en la madrugada del 10 de julio de 1943. Los bombardeos navales y aéreos rindieron Pantellaria, aunque su guarnición, perfectamente protegida, apenas había sufrido daños; las otras dos islas no necesitaron más pretextos para entregarse. Desembarcaron ocho divisiones simultáneamente en una operación mayor que la de Normandía, casi un año más tarde. En los tres primeros días saltaron a tierra 150.000 hombres y, al final de la operación, casi medio millón de soldados aliados estaba en Sicilia, con la aplastante superioridad de 4.000 aviones aliados frente a 1.500 del Eje. El peor enemigo fue el mal tiempo, que zarandeó a las lanchas y, sobre todo, a los aerotransportados, protagonistas de la primera gran operación aeroterrestre aliada. Se lanzaron la 1? División británica y la 82 norteamericana y el viento dispersó a los paracaidistas americanos y de los 134 planeadores britanicos, 47 cayeron al mar; contrariedad que se convirtió en un éxito inesperado, pues italianos y alemanes se desconcertaron ante las noticias de enemigos cayendo en todas partes. Los soldados italianos se rendían sin resistencia, unidades enteras se desmandaban, destruían e incendiaban el equipo y los depósitos o se entregaban en masa. Sólo resistían algunos grupos aislados, la División 206 y unidades de bersaglieri. Parecía estar a punto de derrumbarse todo el frente cuando, el segundo día de desembarco atacó la división Hermann Göring, con los nuevos tanques Tigre de 56 toneladas. Los americanos, que apenas habían desembarcado tanques, fueron arrollados y los alemanes llegaron hasta las dunas de la playa, donde les recibió el fuego de los cañones de la flota. Aunque Mussolini y Hitler se reunieron en Feltre el 19 de julio, el desembarco en Sicilia precipitó la crisis del fascismo. Los miembros del partido obligaron a Mussolini a convocar el Gran Consejo Fascista que discutió confusamente la vitalización de la Constitución y del papel del rey. En aquel clima Víctor Manuel III pidió la dimisión a Mussolini y, cuando la presentó, ordenó arrestarlo y nombró primer ministro al general Badoglio. Era el 25 de julio; dos días antes, Patton había tomado Palermo. Los alemanes se ponían a salvo en el continente, sin que las acciones de la aviación aliada pudieran impedirles pasar el canal.
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Entre los meses de octubre y noviembre, los generales alemanes que se encontraban bajo las órdenes de Paulus comenzaron a poner de manifiesto sus dudas sobre los planes alemanes en la ciudad. Entre éstos, el general von Schwedler había advertido del peligro de concentrar todas las fuerzas acorazadas en un punto. Las alas del frente alemán eran como un compás abierto de 90 grados, es decir, formaban un ángulo recto al fondo del cual se encontraba Stalingrado: ¿Qué ocurriría -se preguntaba von Schwedler- si los rusos atacaran sobre las alas cerrando de golpe el compás? Sin embargo, puesto que el 20 de julio Hitler había dicho que "los rusos están acabados", von Schwedler fue destituido. Aquél mes de noviembre de 1942 comenzó con mucho frío, nubes, pequeñas tormentas de nieve y el termómetro a 20 grados bajo cero. El 11 de noviembre, los alemanes lanzaron sobre Stalingrado un ataque masivo con cinco divisiones apoyadas por 150 carros, aviones "Stukas" y fuerzas especiales de asaltantes que habían llegado en avión desde Alemania. Se trataba de un esfuerzo concentrado orientado a repeler a los defensores del río. Sin embargo, los rusos estaban bien atrincherados. Los "panzer" alemanes, hechos para espacios abiertos y "maniobrables", avanzaban con dificultad entre los escombros, haciéndose muy vulnerables. Los rusos les dejaron pasar y dispersaron a la infantería atacándola por separado, cambiando así los planes de batalla del enemigo. Los alemanes consiguieron superar el perímetro de la cabeza de puente abriendo en dos las fuerzas de Chuikov, llegando hasta el Volga en un frente de 500 metros. Con muchísimas pérdidas humanas, los soviéticos bandearon la ofensiva y, después de tres días, los alemanes tuvieron que constatar que en realidad no habían conseguido sobrepasar la tupida red extendida entre la colina de Mamaye y las oficinas de"Octubre Rojo". Poco después del amanecer del jueves 9 de noviembre, los soldados rusos escondidos en las trincheras fueron destinados de repente a establecer un rombo entre el sur y el norte. Con un tiempo bien elegido, es decir, entre los primeros hielos, que endurecen el suelo y permiten una gran rapidez de movimiento, y las primeras grandes nevadas que, sin embargo, impiden prácticamente cualquier posibilidad de maniobra, los grupos del Ejército de Rokossovsky, Vatutin y Eremenko se pusieron en marcha para cerrar la tenaza sobre el Volga. En conjunto, las fuerzas lanzadas por los rusos llegaron a 1.500.000 soldados, 900 carros armados, 13.000 cañones y 1.100 aviones. Aunque no había mucha diferencia en relación con el adversario (el mismo número de hombres, 700 panzer, 10.000 cañones y 1.200 aviones), en este momento los soviéticos habían mejorado notablemente la calidad de sus medios acorazados, así como sus "Stormovik", cazabombarderos, los adversarios más peligrosos para los carros y las concentraciones de tropas. Entre el 19 y el 23 de noviembre, la contraofensiva rusa destruyó 15 divisiones alemanas, de las cuales tres eran acorazadas, haciendo 60.000 prisioneros; sus puntas más avanzadas, en el extremo de la tenaza, al terminar el quinto día, se encontraban a 65 km al oeste de Stalingrado, en Kalac. Por allí, por encima del puente que hay sobre el río, pasaron los refuerzos de Paulus. El puente fue minado; los ingenieros alemanes que montaban la guardia recibieron la orden de hacerlo saltar en cuanto apareciese un soldado ruso. A las 16:30 horas del día 23 de noviembre, los alemanes que se encontraban en Kalac avistaron una larga columna de carros armados proveniente del norte: ¿Serían amigos o enemigos? Media hora más tarde, en la desembocadura del puente, aparecieron tres semiorugas "Horch" con el distintivo del 221 Ejército Panzer. Sin embargo, por el torrente apareció un grupo de unos sesenta soviéticos que aniquilaron a los alemanes haciendo pasar la avanzadilla de Rokossovsky. El compás previsto por von Schwedler se cerró: alrededor de los alemanes se dibujó un anillo de unos 35-60 kilómetros que transformó a los asaltantes en asaltados dando un cambio decisivo al curso de la Segunda Guerra Mundial. Paulus, que se encontraba en las cercanías de Kalac, se libró por casualidad de ser capturado; entonces se dio cuenta de que el flanco sur estaba descubierto, que faltaba carburante y que tenían víveres para unos seis días. Igual que se demostró poco razonable a la hora de empujar a sus propias fuerzas hacia el "ángulo muerto" de Stalingrado, Hitler, se mostró ahora igualmente poco razonable no accediendo a morder la presa. Para resistir el asedio, el 6? Ejército necesitaba diariamente 750 toneladas de abastos (municiones, carburante, pienso y víveres); la aviación de transporte afirmaba que un puente aéreo podía abastecer como máximo 350 toneladas; sin embargo, Göring aseguraba a Hitler que la Luftwaffe conseguiría abastecer 500 toneladas diarias. De esta forma, el Führer decidió socorrer directamente al Ejército que se encontraba prisionero, encargando a Manstein que rompiera el cerco ruso sirviéndose del 4° Ejército acorazado de Hoth, así como del 31 y 41 Ejércitos rumanos. Hacia mediados de diciembre fracasó también esta nueva ofensiva. Para el 6? Ejército de Paulus sólo quedaba la posibilidad de aprovechar la cuenca para salir del cerco combatiendo. Paulus temió desobedecer las órdenes del Führer, que le pidió que resistiera en su puesto; Manstein sintió el mismo temor, por lo que las disposiciones que impartieron estaban llenas de reservas. Dos días más tarde, Hoth se vio obligado a suspender el avance hacia Stalingrado y Hitler no tuvo más remedio que ordenar la retirada hacia el Cáucaso si no quería perder un millón de hombres. El 6? Ejército estaba condenado: comenzó una agonía que duró 76 días. La última fase del asedio de Stalingrado está llena de inútiles y vanos intentos por parte de los alemanes de resistir. Convertidos ellos mismos en asediados, repitieron el modelo ruso de la resistencia a ultranza estableciendo plazas fuertes en las casas, en las fábricas, organizando encuentros desesperados por las calles, en las plazas, en los montes. Todo era ya insostenible debido a la rigidez del tiempo invernal. El 8 de enero, los rusos invitaron al enemigo a que se rindiera, pero el ultimatum fue rechazado. La última semana de enero, los soviéticos ocuparon el único aeropuerto que les quedaba a los alemanes, el de Gumrak; el 30 de enero dispusieron su último y horroroso bombardeo contra Stalingrado. Al día siguiente se rindió Paulus. De los 320.000 alemanes que había en Stalingrado, 140.000 murieron a causa de las heridas sufridas durante la batalla, el hambre, el frío y de enfermedades; 20.000 soldados desaparecieron en combate y 70.000 heridos fueron evacuados antes y después del saqueo. Los 90.000 supervivientes dejaron abandonados 750 aviones, 1.550 carros armados, 480 coches blindados, 8.000 cañones y morteros, 60.000 automóviles y 235 depósitos de municiones, siendo evacuados hacia los campos de prisioneros de Siberia. Entre ellos había 2.500 oficiales, 23 generales y un feldmariscal. De todos ellos regresaron sólo 5.000. A las 14:46 horas del día 2 de febrero, un avión alemán de reconocimiento sobrevoló a gran altura la ciudad transmitiendo el siguiente mensaje: "En Stalingrado no hay señales de combate".
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Tras los Ramesidas, Egipto vive un periodo de crisis permanente en el que se suceden las dinastías y los diferentes territorios manifiestan absoluta independencia del poder central. Durante el reinado de Amón, los sacerdotes de Amón adquieren un poder absoluto; a partir de entonces, aunque Amón reina oficialmente en ambos países por mediación de sus vicarios, Egipto se encuentra dividido en dos Estados. Las Dinastías XXII y XXIII corresponden a los Bubástidas, momento en el que el Medio y Bajo Egipto, desde Hermópolis al Delta, llegó a estar dominado por las colonias militares libias. Sheshonk inició un largo reinado, colocó a sus hijos al frente de las plazas militares e inició una importante expansión hacia Palestina. Desde mediados del siglo VIII reinará en Tanis un nuevo linaje, el de Petubastis, fundador de la XXIII Dinastía. Nubia había asimilado a fondo la cultura egipcia del Imperio Nuevo sin renunciar a tradiciones propias que le daban un sello típico e inconfundible. A mediados del siglo VIII, los nubios del rey Kashta anexionasen a Nubia la Tebaida sin encontrar resistencia. Con la anexión de la Tebaida, Nubia entró en contacto con el territorio de Hermópolis. En el reinado de Taharka (690-663), Asaradón inició en 671 la conquista de Egipto, que había de completar Asurbanipal. Aunque breve, la dominación asiria iba a ser sintomática. Posteriormente llegará la Época Saítica en la que primero Neco y después Psamético lograron capear el temporal de la dominación asiria, y salir de ella airoso Psamético en 663. Probablemente es cierto que sus hombres de hierro, los mercenarios griegos, le dieron la fuerza necesaria para imponer su autoridad en el Bajo Egipto sobre las colonias militares libias. Psamético (663-609) llevó a cabo la reforma que dotaba al país de una administración centralizada y pretendía restaurar el sistema del Imperio Antiguo. Los monumentos de estos siglos, no son tantos como quisiéramos porque si de Tanis tenemos pocos, de Sais no tenemos ninguno, destacando el Templo de Khons en Karnak y el Gran Patio de Karnak. En cuanto a la escultura, la gran variedad de tipos escultóricos existentes en el Imperio Nuevo queda limitada, en el caso de los encargos de particulares, a la estatua-cubo y la estatua oferente. También destacan las estatuas de gatos y la de la reina Karomama. El medio siglo en que Egipto estuvo regido por soberanos etíopes se reveló como muy fecundo y original para las artes plásticas. En la escultura en piedra se consolida el movimiento arcaizante iniciado por los Bubástidas, observándose un renacimiento de tipos del Imperio Antiguo.
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Tras el desembarco aliado en Normandía y después de la ofensiva soviética de verano, la guerra estaba vista para sentencia, aunque Hitler se guardase alguna sorpresa en su fértil cabeza de fabulador, como el asunto de Las Ardenas. Pero al llegar 1945, la suerte estaba echada. Este amplio capítulo que narra el ocaso del III Reich, se compone de tres partes: la primera de ellas es la invasión de Alemania por el este y por el oeste, hasta llegarse a los frentes del Oder y el Elba y al cerco de Berlín. La segunda parte trata de los últimos días de Hitler, en los que pondremos una lupa sobre aquellas últimas tres semanas del régimen nazi, tratando de desvelar las grandes incógnitas que clásicamente se han venido cerniendo en torno a Hitler. Finalmente, la tercera es la rendición de Alemania, de la mano del almirante Dönitz, heredero del poder por voluntad de Hitler. El efímero régimen del almirante, que se moverá entre la tragedia y la bufonada, registra un momento de gran angustia en aquel pavoroso conflicto: la marcha hacia el oeste, huyendo ante los ejércitos soviéticos, de millones de civiles y militares, cuyo pánico no pueden comprender ni los soldados ni los generales aliados... Como en todas las guerras de antes y de después ¡Vae Victis!
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La zona continúa siendo mal conocida para esta época. Se mantiene el culto a la muerte manifestado por las tumbas de chimenea, pero quizás de superior interés sea el elevado desarrollo artístico alcanzado en Ixtlán del Río y otros asentamientos de Nayarit, donde sus pobladores se especializaron en la confección en cerámica de figurillas individuales de gran realismo y grupos con escenas narrativas, todos ellos pintados en negro, blanco, rojo y amarillo sobre fondo rojizo. Es curioso cómo en una región donde la arquitectura monumental está ausente hasta bien entrado el período Clásico, estos conjuntos con escenas cotidianas formados en torno a plazas, templos, casas, juegos de pelota y demás motivos colectivos, proporcionan a los arqueólogos informaciones a veces más detalladas que las encontradas en algunos de los centros del sur de Mesoamérica. En ellos, reuniones de consejo, prácticas rituales, músicos, parejas de hombre y mujer y, en definitiva, actividades sociales, rituales y políticas, resultan de gran interés etnográfico. Otra faceta estilística diferente en el arte del Occidente de México se da en Chupícuaro, Estado de Guanajuato, durante el Formativo Tardío. En un yacimiento hoy cubierto por un lago artificial se excavaron cerca de 400 enterramientos con gran cantidad de ofrendas en vasijas cerámicas, figurillas e instrumentos musicales, muchos de ellos asociados con cráneos cortados en sentido horizontal que ponen de relieve un tipo de culto que estuvo muy extendido en la región. Por el contrario, en Guerrero, donde se ha encontrado la cerámica más antigua de Mesoamérica, las manifestaciones artísticas no se centraron en la arcilla como material base, sino que destaca su trabajo en piedras duras (jadeítas, serpentinas, dioritas y nefritas), algunas de cuyas obras recuerdan bastante al estilo desarrollado en el área olmeca. Destaca en este sentido el denominado estilo Mezcala, que realizó sus obras sobre piedra de grano muy fino y tonalidades verde y gris, proporcionando figuras humanas de rasgos muy sencillos trazados con líneas bien acabadas y precisas, y con una abstracción de su forma emulando hachas. También se confeccionaron bellas máscaras y maquetas de templos, tan famosas a lo largo del tiempo que aparecen formando parte de ofrendas en el Templo Mayor de Tenochtitlan a finales del período Postclásico. El río Mezcala parece ser el límite de la expansión olmeca, ya que si bien las influencias llegan hasta la zona, el resto del Occidente de México no tiene manifestaciones de ella. La presencia olmeca en esta zona puede aplicarse por su carácter estratégico con respecto a la obtención de piedras duras para ser talladas por los excelentes artesanos olmecas, y por su condición de frontera ambiental, que hizo que por allí transcurriera un segmento de red comercial de gran importancia para el mantenimiento de esta primera gran cultura. Tal vez esto explique también su tardía adscripción a la vida compleja en Mesoamérica, a la hora de adoptar rasgos como arquitectura y escultura pública, escritura jeroglífica o sistemas calendáricos.
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El Occidente de México es una vasta y heterogénea región que comprende los Estados de Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Colima, Nayarit y Aguascalientes que se incorporó tarde a los principales procesos que caracterizan la civilización mesoamericana. La zona tuvo en el pasado una gran actividad volcánica, de manera que es corriente la formación de cuencas de drenaje interno donde se han concentrado siempre las poblaciones humanas. Las evidencias más antiguas de vida agrícola se han detectado en Puerto Marqués (2.440-140 a.C.), Guerrero, y también existe sedentarismo orientado a la recolección de moluscos en el Complejo Matanchén de Nayarit en el 2.000 a.C. En el 1.450 a.C. surge el Complejo Capacha en la costa de Colima, caracterizado por unas cerámicas que se distribuyen a Jalisco, Michoacán y Nayarit. Algunas de sus formas básicas son tecomates y jarras con asa estribo, que han servido para establecer conexiones con las culturas del Formativo Temprano de la costa de Ecuador. En el 1.300 a.C. se construyen cámaras subterráneas cortadas en el talpetate -ceniza volcánica- de naturaleza funeraria, iniciándose una evolucionada tradición de enterramientos. Las cámaras son ovales y a ellas se accede mediante escaleras, conteniendo abundantes esqueletos, muchos de ellos procedentes de deposiciones secundarias. Más tarde, este complejo funerario se extiende a Etzatlán, El Arenal y otros sitios de Nayarit y Colima. En ellos se depositaron excelentes trabajos en cerámica en los que se representaban aldeas y casas de gran valor etnográfico al incluir escenas de la vida cotidiana y ritual juegos de pelota, rituales, guerras y demás- de los pobladores de Nayarit. Por último, la cultura Chupícuaro manifiesta otra variedad ritual en esta área tan heterogénea. Su conocimiento se basa en la excavación de 390 enterramientos, muchos de los cuales tenían ofrendas de perros sacrificados y un muy variado estilo de figurillas y cerámicas que tendrán una amplia distribución. Muchas culturas del Occidente de México se integran tarde a la tradición clásica mesoamericana. En Colima, el complejo más temprano es Orticles, con cerámicas en rojo y negro sobre crema. Durante la etapa Comala se construyen profundas tumbas de chimenea en las que se colocan como ofrendas figuras huecas de hombres y animales. Estas tumbas, de hasta 4,5 m de profundidad, acogen en su interior entierros secundarios, como venía siendo tradicional desde tiempos formativos. Pero tal vez el rasgo más significativo sea la fabricación de objetos y figurillas en cerámica, en particular aquellos que representan poblados con una variada gama de escenas de vida cotidiana, política y ritual. En Nayarit, existen sitios como Amapa y Las Peñitas que tienen cientos de montículos, juegos de pelota y residencias habitacionales, destacando por su complejidad Ixtlán del Río, con arquitectura pública y una compleja planificación interior. También se ha detectado el empleo de tumbas chimenea y la elaboración en arcilla de muchas actividades de vida de poblado: consejos, juegos de pelota, escenas de vida, maquetas de templos, etc. En cuanto a Jalisco y Michoacán tienen a partir del 200 d.C. influencia de Teotihuacan, según denota la presencia de cerámica Naranja Delgada, de talud-tablero decorando algunos edificios -como en Tingambato-, el uso del juego de pelota y otros elementos procedentes del centro de México. Las laderas orientales de la Sierra Madre Occidental fueron colonizadas desde el 200 d.C. por gentes de Teotihuacan, que llegaron al área para realizar operaciones mineras y se beneficiaron de un régimen de lluvias generoso que permitió aprovechar estas tierras áridas y poco aptas para la agricultura. Estos sitios formaron parte de una amplia red comercial que unió las poblaciones del suroeste de los Estados Unidos y de la Gran Chichimeca con las culturas de Mesoamérica. Son los centros de la Cultura Chalchihuites, como Zacatecas, La Quemada y Zape, que además de ser centros de intercambio y avanzadas de civilización, controlan minas de cinabrio, hematite, turquesa y otros minerales estratégicos. Al final del Clásico, como consecuencia de la caída de Teotihuacan, estos centros languidecen y terminan colapsando y quedando fuera de la frontera de Mesoamérica. Durante el Postclásico la región está dominada por el pueblo tarasco, quien fijó su primer emplazamiento en Pátzcuaro a inicios del siglo X; su procedencia es desconocida, hasta el punto de que su lengua no está relacionada con ninguna otra de Mesoamérica, pero parece que llegó junto a grupos de habla nahua y con otros chichimecas. Poco después de su establecimiento a orillas del lago Pátzcuaro se trasladaron a Ihuatzio, y de aquí a Tzintzuntzan, que a mediados del siglo XIV llegó a tener 25.000 habitantes, donde establecieron su capital definitiva y forjaron un estado que se extendió sobre unos 65.000 km2. El estado tarasco estuvo dirigido por un gobierno centralizado en torno a un rey-sumo sacerdote, y fue administrado por una gran variedad de oficiales y gentes de la nobleza que se encargaron de mantener las fronteras territoriales y de recoger las tasas y tributos de los grupos sometidos, según consta en la "Relación de Michoacán". Por debajo de ellos, se situaban los campesinos que mantuvieron esta estructura estatal y los grupos conquistados, que fueron considerados esclavos. Los principales edificios detectados en los centros tarascos se denominan yácatas, que sirvieron como residencias y templos funerarios de los reyes, y que incluían un santuario dedicado a su principal deidad, Curicaueri. Las yácatas tienen forma rectangular o de T con los extremos redondeados, en cuya parte superior se alternan estructuras circulares con otras rectangulares hasta un total de cinco. Junto a ellas se levantan residencias y palacios, y más allá barrios de especialistas en cerámica, plumería, metalurgia del bronce, cobre y oro y otras de diverso signo. La estructura del asentamiento de este estado se basó en su capital, Tzintzuntzan, centros de segundo orden algunos de ellos fortificados como Ihuatzio, Patzcuaro, Uruapan y Zacapan, y sobre todo, aldeas y poblados campesinos. Este estado se orientó hacia el norte, en contraposición al azteca que fundamentó su expansionismo en regiones del sur. Ambos mantuvieron relaciones fundamentadas en la guerra desde mediados del siglo XV, que fueron detenidas por los tarascos mediante la construcción de fortificaciones fronterizas, hasta que en 1522 el rey Tangaxoan II permitió la anexión pacífica del estado tarasco a la corona española.
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Por lo demás, se mantiene la cultura aldeana en lo que se denomina tradición cultural Mamom de cerámicas monócromas en rojo o anaranjado y de figurillas femeninas, sólidas, decoradas con incisiones y tiras aplicadas de barro para definir los rasgos físicos y también algunas adiciones decorativas. Estos sitios campesinos se combinan con pequeños centros de integración tanto en el Petén como en Yucatán (Komchén, Dzibilchaltún). Es esta una amplia región mal conocida arqueológicamente, y con una diversidad geográfica y cultural que dificulta la reconstrucción de los procesos culturales. En las costas de Nayarit se mantuvo durante los primeros momentos del Formativo un patrón de cultura característico de los recolectores de moluscos y productos marinos ya definido a finales del Arcaico. En la costa de Colima, sin embargo, se optó por un sistema similar al mencionado en la fase Barra de Chiapas, con cerámicas que incluyen tecomates, botellas de asa estribo y jarras de engobe rojo y rojo sobre crema, con fuerte conexión con las confeccionadas en la costa de Ecuador. De gran relevancia son las tumbas de tiro vertical excavadas desde el Formativo Temprano en la roca volcánica -talpetate- por medio de escalones que desembocan en una o varias cámaras de forma ovoide y colocadas a alturas diferentes. Estos recintos, de 3 a 18 metros de profundidad, fueron utilizados en una dilatada secuencia, de manera que en ellas podemos encontrarnos entierros primarios y secundarios, reutilizaciones y, por tanto, ajuares funerarios de muy diferentes períodos. De entre las ofrendas destacan figurillas muy expresivas y variadas, algunas de las cuales forman parte de la tradición iniciada en Tlatilco; pero otras terracotas son más realistas, con mayor detalle y decoradas con colores y diseños muy expresivos. En Colima se inició entonces un modo de hacer figurillas planas con aplicado, posturas animadas y a veces formando grupos. Son comunes también vasijas dobles con pitorro asociadas a animales, en particular perros en muy diversas actitudes: bailando, jugando, durmiendo..., los cuales se han considerado como guías para acompañar a los muertos en su camino por el inframundo. Por el contrario, en Jalisco se elaboró un estilo de figurillas sólidas y huecas con representaciones de seres humanos con vestiduras sencillas, madres con hijos, guerreros armados, etc., que resultan muy informativos para reconstruir la vida en la región.
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Muchas culturas del Occidente de México se integran tarde a la tradición clásica mesoamericana. En Colima, el complejo más temprano es Orticles, con cerámicas en rojo y negro sobre crema. Durante la etapa Comala se construyen profundas tumbas de chimenea en las que se colocan como ofrendas figuras huecas de hombres y animales. Estas tumbas, de hasta 4,5 m de profudidad, acogen en su interior entierros secundarios, como venía siendo tradicional desde tiempos formativos. Pero tal vez el rasgo más significativo sea la fabricación de objetos y figurillas en cerámica, en particular aquellos que representan poblados con una variada gama de escenas de vida cotidiana, política y ritual. En Nayarit, existen sitios como Amapa y Las Peñitas que tienen cientos de montículos, juegos de pelota y residencias habitacionales, destacando por su complejidad Ixtlán del Río, con arquitectura pública y una compleja planificación interior. También se ha detectado el empleo de tumbas chimenea y la elaboración en arcilla de muchas actividades de vida de poblado: consejos, juegos de pelota, escenas de vida, maquetas de templos, etc. En cuanto a Jalisco y Michoacán tienen a partir del 200 d.C. influencia de Teotihuacan, según denota la presencia de cerámica Naranja Delgada, de talud tablero decorando algunos edificios -como en Tingambato-, el uso del juego de pelota y otros elementos procedentes del centro de México. Las laderas orientales de la Sierra Madre Occidental fueron colonizadas desde el 200 d.C. por gentes de Teotihuacan, que llegaron al área para realizar operaciones mineras y se beneficiaron de un regimen de lluvias generoso que permitió aprovechar estas tierras áridas y poco aptas para la agricultura. Estos sitios formaron parte de una amplia red comercial que unió las poblaciones del suroeste de los Estados Unidos y de la Gran Chichimeca con las culturas de Mesoamérica. Son los centros de la Cultura Chalchihuites, como Zacatecas, La Quemada y Zape, que además de ser centros de intercambio y avanzadas de civilización, controlan minas de cinabrio, hematite, turquesa y otros minerales estratégicos. Al final del Clásico, como consecuencia de la caída de Teotihuacan, estos centros languidecen y terminan colapsando y quedando fuera de la frontera de Mesoamérica.
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El norte de México se integra en la civilización mesoamericana durante el Postclásico Temprano, en buena medida debido a la fluidez en sus relaciones con Tula y a la potenciación de la Ruta de la Turquesa, que hizo llegar al centro de México materiales preciosos y objetos raros del suroeste de los Estados Unidos. Estas estrechas conexiones permiten la expansión de centros como Casas Grandes (Paquimé) en la Gran Chichimeca, y La Quemada y otros asentamientos pertenecientes a la Cultura Chalchihuites, y que integran rasgos como pirámides, plataformas, palacios, altares y juegos de pelota de claro origen mesoamericano. Un producto que llega por estas rutas es el metal, cuya demanda por parte de las densas comunidades del sur fue incesante en este período tardío. En el Occidente se instalan desde los últimos momentos del Postclásico Temprano (1250) comunidades tarascas en centros como Ihuatzio y Tzintzuntzan, en las márgenes del lago Patzcuaro. Limitados al norte por los grupos chichimecas y al sureste por los aztecas, supieron mantenerse independientes hasta la llegada de los españoles. Tal vez el elemento tarasco más importante fue la introducción de las llamadas yácatas; inmensas plataformas construidas a base de mampostería y mortero de barro, que tienen forma de T y extremos redondeados; en su cima alternan estructuras circulares con otras de forma rectangular hasta un total de cinco. Estas grandes construcciones cumplieron funciones administrativas junto con otras rituales, como el culto al dios del viento, además de servir como grandes plataformas funerarias. Pipas para fumar, delicados objetos de metal, turquesa, ámbar y otros productos que proceden de comunidades de la frontera norte de Mesoamérica fueron depositados como ofrendas en la base de estas yácatas. La influencia de Tula introdujo el culto al Chac Mool y una preponderancia al culto del coyote que se expresa en esculturas en bulto redondo confeccionadas en estilo muy naturalista, además de otros comportamientos que integraron claramente la región en la tradición cultural mesoamericana.