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En la época conocida como Alta Edad Media podemos encontrar una sucesión de estilos artísticos que definirán claramente cada una de las zonas culturales en las que se divide el espacio que vamos a conocer. El arte paleocristiano, el bizantino, el islámico y el arte germánico -en el que englobamos a celtas, carolingios o visigodos- serán los ámbitos artísticos que se producen durante entre los años 500 y 1000 en el territorio comprendido entre el océano Atlántico y el mar Muerto.
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La cofradía constituye la célula asociativa básica para cubrir necesidades a la vez materiales y espirituales. Diferente del gremio pero muy relacionada con él, la cofradía atiende a sus asociados sobre todo en la pobreza, la enfermedad y la muerte. Los cofrades asisten a sus propios hermanos, pero extienden la acción caritativa a otras capas de la sociedad. Veneraban a determinadas imágenes, en especial la del titular de la cofradía. De esta manera cofradía e imagen caminan inseparablemente. El día de la festividad de la cofradía, se celebraba procesión pública, saliendo las imágenes a la calle. La procesión era una muestra del culto exterior. Pero las cofradías denominadas de penitencia han potenciado el arte procesional y por eso las consideraciones en torno al arte que vamos a hacer se refieren a ellas. Desde el siglo XIII se puso en marcha en Italia un movimiento espiritual, que basaba en la penitencia su raíz de ser. Penitencia y caridad pública iban unidas. Eran cofradías que ya se llamaban de disciplinantes, por el uso de la mortificación en privado y en público, muy especialmente en la procesión. Esa mortificación llegaba a lo cruento, con derramamiento de sangre, por afán de emular la Pasión de Cristo, modelo del cofrade. La cruz es, no un símbolo, sino una realidad. Se generaliza el ejercicio del Vía Crucis, lo que requería una reliquia del lignum crucis para la cofradía. Las cofradías de la Vera Cruz popularizaron por Europa el culto a la santa reliquia. No pocas cofradías españolas que gozan de pasos famosos son precisamente de la Vera Cruz. El Concilio de Trento (1545-1564) potenció el movimiento de las cofradías y muy señaladamente de las de penitencia. La imitación de Cristo pasa por la mortificación. Ayunos, vigilias y disciplinas constituyen ejercicio del cristiano renovado. La militancia dentro de una cofradía acerca al cumplimiento de estas exigencias. Recibirán los hermanos los nombres de cofrade de disciplina o de sangre, ya que el rigor con que se aplicaba el sacrificio abocaba a la producción de heridas. La proporción del amor a Cristo entraba en relación con lo que pudiera sufrir el penitente. Sería cercenar la finalidad de estas cofradías limitarse a considerar los actos penitenciales. Había algo mucho más humano y positivo. Las cofradías mantenían hospital propio; debían sostenerlo con sus medios, cuidarlo y prestar ayuda personalmente a los acogidos. Sin olvidar que todo hospital era al mismo tiempo una casa de beneficiencia, lugar donde se recogían los pobres. Y cuando llegaba el fin, asistían a sus hermanos en el trance, velaban el cadáver y celebraban el entierro en hermandad. Pero Cristo era, sobre todo, el modelo en los momentos de agobio, en su Pasión. Las cofradías penitenciales eran de la Pasión de Cristo. La terrible historia de su final constituye el repertorio temático para la cofradía de penitencia. La Semana Santa era el marco en que tenían que concentrarse la piedad y la capacidad de sufrimiento de los hermanos. Esta semana tenía dos escenarios: el templo y la calle. En el templo se escenificaba una liturgia de larga duración, en oración, predicación, vigilia y alumbrado. Los templos se convertían en verdaderos museos de las preseas de las cofradías. La procesión ofrecía en la calle la muchedumbre de los asociados, encerrados en sus túnicas, con el rostro cubierto y las espaldas al aire para recibir los golpes de flagelo de sus hermanos; y en los claros que dejaban los penitentes se situaban los pasos, que constituían los episodios de la Pasión de Cristo en Jerusalén, pues tal cosa es lo que venía a ser una procesión de Semana Santa: celebrar la Pasión como si aconteciera en aquel preciso momento. Cada cofradía organizaba sus procesiones y disponía de pasos propios. Escogían los itinerarios más adecuados a la finalidad. Las procesiones se celebraban de día y de noche, pero en todo caso lucían las hachas de los penitentes. Las cofradías portaban insignias acreditativas, como banderas y estandartes. Se instalaban en el cortejo cofrades que hacían sonar trompetas que emitían sones funerales, mientras el tambor resonaba lejano y grave. La muchedumbre de fieles abarrotaba las calles, participando con sus lloros y clamores; increpando a los sayones, protestando de tanta ruindad. La procesión integra a penitentes y fieles. Pero, llegado el siglo XVII, no faltan ya los turistas. Se sabe de la fama de estas procesiones, adornadas con hermosas esculturas, como un espectáculo conmovedor. Es curioso que el relato más penetrante corresponda a un viajero portugués, Pinheiro da Veiga, testigo en 1605 de la Semana Santa de Valladolid.
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El auge obtenido por Oviedo con el programa constructivo de Alfonso II, durante la primera mitad del siglo IX, tuvo su colofón en los edificios levantados en la última década de ese período por Ramiro I en el monte Naranco. Este rey tuvo un gobierno más breve, de sólo ocho años, pero pudo en ese tiempo formar una residencia palaciega de reposo, que forma un contrapunto de la sede regia similar a la de las villae imperiales. Habría allí muchas construcciones, "palatia et balnea" citan las crónicas, pero de todo ello sólo se ha conservado el palacete rústico o belvedere, convertido en iglesia de Santa María, y la parte de los pies de la iglesia palatina de San Miguel de Lillo; junto a ambos monumentos es inevitable colocar la iglesia de Santa Cristina de Lena, son obras de un mismo artista, o de un grupo de constructores y decoradores, al que se debe la introducción de técnicas de construcción y sistemas de ornamentación plenamente originales. Aunque sería imposible pensar que el nuevo arte ramirense es fruto de una creación original, a la que no se le pueden hallar precedentes, el análisis pormenorizado de cada elemento lleva al convencimiento de que en este nuevo programa de arte palatino se reunieron esfuerzos y conocimientos de diversas procedencias bajo la dirección genial de un maestro del que no conocemos antecesores directos ni seguidores.
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En una sociedad dominada por guerreros y clérigos, las manifestaciones culturales son obra de estos dos grupos o están dirigidas a ellos y, desde el siglo XIII, a los ciudadanos y dirigentes de los concejos o al Rey que, junto con los anteriores, tiene el poder sobre el Reino. El arte es casi exclusivamente religioso y trazar su historia equivale a hacer un recorrido por las principales iglesias y monasterios de la Península, siguiendo las rutas del Románico y, posteriormente, del Gótico, símbolos de la unificación de la Cristiandad occidental. El arte románico, iniciado en la abadía francesa de Cluny, se difunde rápidamente por España. La lista de iglesias románicas se inicia con Sant Pere de Roda o el monasterio de Ripoll en Cataluña; sigue con el monasterio de Leyre en Navarra, la catedral de Jaca, las iglesias de San Isidoro de León, San Martín de Frómista, las catedrales de Zamora y Salamanca, la colegiata de Toro, y un largo etcétera que termina en Santiago de Compostela, culminación de este arte que se identifica geográficamente con las peregrinaciones jacobeas. Entre las manifestaciones escultóricas románicas cabe citar el Pórtico de la Gloria o la Puerta de las Platerías de Santiago, el claustro del monasterio de Silos, la portada de San Vicente de Avila o de Santa María la Real de Sangüesa. La pintura tiene su mejor representación en Sant Joan de Bohí, el Pantocrator de Sant Climent de Taüll, la Virgen de Santa María de Taüll, el ábside de San Juan de Uncastillo, la sala capitular del monasterio aragonés de Sigena, San Baudelio de Casillas de Berlanga, Santa Cruz de Maderuelo o San Isidoro de León...
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El origen del arte románico se sitúa en Francia e Inglaterra, siendo en Francia el país donde adquiere mayor desarrollo por lo que podría colocarse a la cabeza del estilo. La cronología abarcaría desde finales del siglo X hasta el XII, aunque en algunas zonas podría extenderse hasta el XIII. La arquitectura románica es eminentemente religiosa y crea un tipo de templo abovedado, bastante uniforme, de interiores oscuros que mueven al recogimiento. No se aprovechan elementos constructivos ni decorativos de monumentos anteriores y la proporción clásica desaparece por completo. La planta preferida es la de cruz latina, con una o varias naves longitudinales que finalizan en una cabecera con ábsides. Una nave tranversal o crucero atraviesa las naves longitudinales mientras que si las naves laterales rodean la capilla mayor nos encontramos con la girola o deambulatorio, elemento típico de la iglesia de peregrinación cuyo objetivo es que los peregrinos contemplen las reliquias allí guardadas. La nave de crucero y las laterales suelen estar rematadas con capillas, habitualmente entre los contrafuertes, elementos externos que sirven para distribuir las presiones. El arco preferido es el de medio punto mientras que las bóvedas más utilizadas son las de cañón. La cúpula en el crucero y las de cuarto de esfera en los ábsides también son utilizadas. Los arcos suelen descansar en pilares cruciformes para sustentar los arcos de la bóveda. La nave central es más elevada y en ella se horadan las ventanas que dan luminosidad al templo. Sobre las naves laterales se sitúa un segundo piso o tribuna que abre sus ventanas a la nave central. Sirve habitualmente para alojar a los peregrinos. El crucero suele estar cubierto con una bóveda más elevada o cimborrio. El campanario se ubica en diferentes lugares siendo el más habitual en la fachada principal. Al exterior la puerta principal tiene un aspecto abocinado ya que está constituida por una serie de arcos o arquivoltas dispuestos de manera decreciente, decorados con estatuas. El arco de la puerta tiene un tímpano donde aparece la escena principal de la decoración: el Tetramorfos. En algunos lugares la decoración se extiende a toda la fachada del templo. Esta somera descripción de un prototipo de iglesia románica no impide que en las diferentes regiones se desarrollen elementos propios. Podemos encontrar diferentes escuelas, siendo las más destacadas la francesa -donde conviene señalar la catedral de Cahors, la iglesia de Santa Fe de Conques, Nuestra Señora la Grande de Poitiers o San Trófimo de Arlés-; la inglesa con las catedrales de Ely, Winchester, Durham y Gloucester; la italiana con el conjunto de Pisa, la iglesia de San Miniato el Monte de Florencia o la de San Ambrosio de Milán; la alemana con el ábside a los pies de la nave principal que se aprecia en la iglesia de Hildesheim; o la española con monumentos tan importantes como la catedral de Santiago de Compostela, la catedrales de Lérida y Jaca, la iglesia de San Isidoro de León, San Martín de Frómista o la catedral de Zamora, con su cimborrio de inspiración bizantina, por citar sólo unos cuantos ejemplos. La escultura románica representa la reacción más completa frente al naturalismo clásico. Las figuras alcanzan una tremenda espiritualidad y la anatomía queda relegada a un segundo plano ya que los ropajes dominan al cuerpo. Sin embargo, el estilo alcanzará una significativa evolución que llegará al naturalismo gótico. Los escultores románicos realizan su trabajo dependiendo por completo de la arquitectura. Deben adaptar sus figuras a las proporciones del templo por lo que la escultura adquiere monumentalidad. Gracias a esta adaptación, podemos hablar también de su función pedagógica ya que su objetivo es enseñar a los fieles el camino de la salvación y por ello aparecen en los relieves románicos numerosas figuras identificadas con el pecado. El hombre y la mujer medievales cuando se sitúan delante de una portada de la iglesia deben identificar cuales son las escenas que contemplan, convirtiéndose los templos en auténticas Biblias historiadas. La escultura adquiere mayor relieve en la portada del templo, especialmente en el tímpano donde se sitúa el tema del Todopoderoso rodeado de los símbolos de los evangelistas -Tetramorfos-. Los veinticuatro ancianos contemplan la escena desde las arquivoltas. El Juicio Final o Cristo en una almendra mística son otros temas característicos del tímpano. Las arquivoltas y los capiteles también presentan esculturas al igual que las jambas donde aparecen grandes estatuas adosadas. El programa iconográfico puede extenderse al resto de la fachada como en Sangüesa o Ripoll o incluso a los capiteles historiados del interior. El relieve es muy plano y las escenas de escasa complicación, apareciendo los ropajes ajustados al cuerpo, indicándose sumariamente los plegados de las telas con trazos sencillos. Con el tiempo el estilo manifiesta una apreciable evolución y las figuras adquieren mayor volumen mientras el aislamiento característico va siendo abandonado y aparece una mayor comunicación entre las figuras, comunicación que avanza ya el gótico. Las figuras de bulto redondo son bastante escasas, reduciéndose a la representación del Crucificado y de la Virgen con el Niño. La pintura románica continúa con la actitud antinaturalista de etapas anteriores al igual que se mantiene la ausencia de perspectiva. El dibujo y los colores planos se yuxtaponen para crear intensos contrastes cromáticos. La figura centra toda la atención del artista y el fondo es liso. Líneas gruesas de color negro o rojo configuran la silueta de la figura mientras que el modelado de los rostros se consigue a base de manchas rojas redondeadas en mejillas, barba y frente. Al igual que la escultura, su ubicación en el templo también está esquematizada. El centro es la capilla mayor donde en la bóveda se representa al Cristo en Majestad rodeado de los evangelistas, aunque también puede aparecer la Virgen. La superficie cilíndrica del ábside está reservada a santos o profetas y en la parte del zócalo se sitúa una composición decorativa mientras en los muros laterales del templo se pintan historias distribuidas en grandes zonas subdivididas en cuadros. Buenos ejemplos de esta pintura románica se encuentran en Cataluña, especialmente las de las iglesias de Tahull, hoy en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.
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La aparición del románico en Alemania tendrá lugar durante el reinado de Enrique IV (1056-1106). Con los Hohenstaufen (1138-1254) el ideal imperial se afianzó y permitió un importante desarrollo de la cultura. A la muerte de Federico II, en 1250, la geografía germánica se rompió en un mosaico de principados autónomos, que habían adquirido las prerrogativas regias por usurpación o regalía.
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Los países escandinavos entran en el devenir de los estilos artísticos europeos con su conversión al cristianismo. A diferencia de lo que sucedía en los territorios meridionales, donde un sustrato de cultura romana podía hacer más comprensible, en algunos casos, las formas del románico, aquí nunca había florecido la romanidad. La experiencia artística se reducía a una producción artesanal de carácter protohistórico. Tras unos primeros inicios lentos, los misioneros conseguirán afianzar definitivamente la fe cristiana en Dinamarca durante el siglo XI. En el mismo siglo se produce la conversión de Noruega. Suecia se resistirá hasta la destrucción del santuario de Gamla Uppsala, verdadero núcleo de resistencia del paganismo, a principios del XII. El románico escandinavo, que corre parejo a las fundaciones de las iglesias cristianas en su implantación por el territorio, permanecerá deudor de las áreas culturales de origen de los abades y obispos que dirigen la nueva iglesia. Estas culturas, inglesa y germana, son las mismas con las que de siempre han tenido estrechas relaciones comerciales y políticas. En cierto modo se puede considerar, en muchos aspectos, que este románico nórdico es una prolongación más o menos afortunada de las aportaciones inglesa y alemana a la historia del románico. Existen otras referencias inspiradoras, Francia e Italia, pero que han de ser tenidas en cuenta con sumo cuidado, pues suelen ser influencias indirectas. No sería justo olvidar las técnicas artesanales tradicionales que contribuyeron a dar un aire local a determinadas obras. Islandia ha permanecido siempre dentro de la órbita cultural escandinava. En relación con el románico ha sido una zona periférica, que tan sólo lo conoce tardíamente y en formas absolutamente estereotipadas y anacrónicas.
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La geografía peninsular durante el románico pleno aparecerá definida en diferentes reinos: Castilla y León unidos bajo una corona, o separados según el momento, Portugal, Navarra, Aragón y Cataluña unidos a partir de 1137. La actuación de los monarcas en pro de la europeización de sus estados utilizó, como uno de los instrumentos fundamentales, el apoyo de los cluniacenses para sustituir las viejas reglas monásticas por las órdenes reformadoras europeas. A la vez se procedió a la implantación de la liturgia romana en detrimento del viejo ritual hispanogodo. La aparición de las primeras manifestaciones del románico se producirán en aquellos lugares donde ambas reformas se estaban ejecutando. Salvo en Cataluña y parte de Aragón, que se habían incorporado al devenir del primer románico, los demás reinos, sumergidos en tradición, ofrecieron una tenaz resistencia a lo foráneo, lo que les privó de una primera arquitectura románica. Este retraso se compensa a partir del románico pleno, en el que desarrollará un protagonismo fundamental.
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El arte romano toma como referencia los modelos griegos de la época helenística. No en balde, algunos especialistas consideran a Roma como una escuela helenística más aunque debemos advertir que el arte romano goza de una fuerte personalidad, especialmente en arquitectura. Debido a su carácter práctico, el pueblo romano desarrollará la arquitectura para establecer un sensacional programa constructivo que primero afectará a la ciudad de Roma y luego se extenderá por todo el Imperio. El arco y la bóveda tendrán un papel principal en la concepción de la arquitectura romana. Se utiliza el ladrillo y el mortero, realizado con cantos rodados o piedras pequeñas, con una consistencia eterna. Su aspecto pobre exige un revestimiento de apariencia opulenta como suelen ser mosaicos o simplemente ricas pinturas. Los órdenes empleados serán los mismos que los griegos con algunas modificaciones: el fuste de la columna dórica suele ser liso e incorpora un toro muy estrecho en la parte superior llamado astrágalo; el orden dórico de esquina será utilizado por los romanos en todos los lugares; se creará el orden compuesto donde se mezclan elementos jónicos y corintios, dotando al capitel de la elegancia y riqueza características de Roma. Será habitual que el arquitecto romano emplee los diferentes órdenes en los distintos pisos del edificio como ocurre en el Coliseo. Otra importante aportación romana será la amplia difusión del arco de medio punto que frecuentemente es encajado entre las columnas y el dintel, estableciendo un sistema constructivo de gran originalidad que aporta solidez al edificio. Esta nueva disposición del arco provoca que el entablamento se convierta en un elemento decorativo pudiendo curvarse, romperse o traducirse a un segundo capitel. Con respecto a los edificios encontramos importantes novedades en relación con el arte helenístico. El templo romano se diferencia por contar con un elevado podium que sólo tiene acceso por el frente anterior. Se trata de un templo rodeado de columnas adosadas a la pared, siendo el más importante la llamada Maison Carre de Nimes. Los templos dedicados a Vesta suelen ser circulares. A medida que transcurre el tiempo advertimos una complejidad en las plantas de los templos como en el caso del dedicado a Venus y Roma por Adriano que consta de dos cellas unidas por sus testeros y acabadas en semicírculo. Mención especial merece el Panteón de Roma donde se manifiesta una excepcional utilización de la bóveda para cubrir un espacio tan amplio. Las basílicas se utilizaban para administrar justicia y para usos comerciales. A pesar de su diversidad, el tipo característico consta de una gran nave central y dos laterales, con testero semicircular, tipo que se repetirá en época cristiana. Los baños serán otro de los edificios importantes de Roma al ser utilizados como centros de reunión por lo que se van complicando cada vez más las salas que los componen. El frigidarium o piscina de agua fría, el tepidarium o sala caliente y el caldarium o sala de vapor y masaje son los tres espacios principales de las termas o baños. Las de Caracalla en Roma serán de las más famosas. Los edificios destinados a la diversión alcanzan en Roma una gran importancia. El teatro es similar al griego pero el romano tiene la orquesta y el graderío de forma semicircular, al tiempo que el escenario muestra importantes edificaciones, generalmente con columnas. El anfiteatro se empleaba para las luchas de gladiadores. El edificio tiene planta elíptica que está rodeada por todos los lados de graderíos mientras que bajo la arena se distribuían las salas dedicadas a las fieras, entrenamiento de los luchadores, etc. El Coliseo de Roma es el anfiteatro por excelencia. El circo se utilizaba para las carreras de caballos; tenía planta estrecha y alargada y estaba rodeado de gradas. La pista se establecía alrededor de la spina. Los monumentos conmemorativos tendrán un especial desarrollo en Roma debido a los deseos de los militares de representar sus triunfos. Los arcos de triunfo y las columnas serán los más utilizados. También conviene destacar en el apartado arquitectónico la construcción de calzadas, puentes, acueductos, puertas, murallas o foros, una muestra más del espíritu práctico que caracterizaba al pueblo romano En la escultura destacan dos campos: el retrato y el relieve histórico. Ambos son una muestra más del carácter práctico de los romanos, deseosos de conmemorar su hazañas y sus triunfos. El retrato será el género favorito, relacionado con la práctica funeraria de realizar mascarillas de cera para guardarlas en los atrios de las casas. Esto aportó realismo y personalidad a la retratística romana. Podemos establecer dos periodos: la época republicana y el Imperio, caracterizados por la austeridad el primero y una mayor profusión de detalles en el segundo. Los peinados que portan los retratados nos sirven para fechar a los personajes, especialmente en el caso de las mujeres. Con Adriano la mayor parte de los retratos masculinos tienen barba. El relieve histórico recoge los triunfos militares de los principales emperadores y generales como se observan en las columnas de Trajano y Adriano o los arcos triunfales. Sin embargo, uno de los relieves más importantes no exalta las gestas militares sino la paz. Se trata de los relieves del Ara Pacis que Augusto ordenó levantar para celebrar la paz que se había implantado en Roma tras el periodo de las Guerras Civiles. La pintura romana tuvo una amplia difusión según consta en las fuentes literarias. Se trata de una continuación de la griega a la que se incorporaron elementos propios como se ha podido constatar en las ruinas de Pompeya y Herculano. Se han podido diferenciar cuatro estilos: "incrustaciones" -semejante al mármol, dividiéndose el espacio en tres grandes franjas horizontales dominadas por el amarillo y el rojo-, "arquitectónico" -se pintan columnas, entablamentos y otros elementos constructivos-, "egiptizante" -inspirándose en el arte egipcio, abundando los motivos ornamentales- y "fantástico" -combina los colores amarillo, rojo, negro y azul celeste, obteniendo un resultado de fantasía-. Las "Bodas Aldobrandini" y los "Misterios dionisíacos" se han convertido en las obra pictóricas más importantes de Roma.
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El arte romano toma como referencia los modelos griegos de la época helenística. No en balde, algunos especialistas consideran a Roma como una escuela helenística más, aunque debemos advertir que el arte romano goza de una fuerte personalidad, especialmente en arquitectura. Debido a su carácter práctico, el pueblo romano desarrollará la arquitectura para establecer un sensacional programa constructivo que primero afectará a la ciudad de Roma y luego se extenderá por todo el Imperio. El arco y la bóveda tendrán un papel principal en la concepción de la arquitectura romana. Se utiliza el ladrillo y el mortero, realizado con cantos rodados o piedras pequeñas, con una consistencia eterna. Su aspecto pobre exige un revestimiento de apariencia opulenta, como suelen ser mosaicos o simplemente ricas pinturas. Los órdenes empleados serán los mismos que los griegos, aunque con algunas modificaciones: el fuste de la columna dórica suele ser liso e incorpora un toro muy estrecho en la parte superior llamado astrágalo; el orden dórico de esquina será utilizado por los romanos en todos los lugares; se creará el orden compuesto, que mezcla elementos jónicos y corintios, dotando al capitel de la elegancia y riqueza características de Roma. Será habitual que el arquitecto romano emplee los diferentes órdenes en los distintos pisos del edificio, como ocurre en el Coliseo. Otra importante aportación romana será la amplia difusión del arco de medio punto, que frecuentemente es encajado entre las columnas y el dintel, estableciendo un sistema constructivo de gran originalidad que aporta solidez al edificio. Esta nueva disposición del arco provoca que el entablamento se convierta en un elemento decorativo, pudiendo curvarse, romperse o traducirse a un segundo capitel.