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La construcción de la catedral de León, la más francesa de todas las españolas, se comenzó bastante avanzado el siglo XIII. Su inicio debe situarse con posterioridad a 1255 y contó con el propio obispo de la sede y con el rey Alfonso X, como valedores principales. Este último, en 1277, concedió exención de impuestos a los veinte canteros, al vidriero y al herrero que trabajaban en la fábrica, por todo el tiempo que permanecieran vinculados a ella. La planta de León, en lo que respecta a la organización de la cabecera, recuerda muy de cerca a Reims, por su hipertrofia. Tiene tres naves en los pies, un transepto marcado espacialmente y girola. Para su alzado, en cambio, se ha recurrido a las novedades presentes en Amiens, en lo concerniente al vaciado del triforio que se convierte por ello en una nueva entrada de luz. León en este sentido es la catedral española que sintoniza más con los presupuestos de la estructura diáfana francesa, a lo que contribuyen directamente las magníficas vidrieras conservadas en su mayor parte. Hay que destacar el hecho de que sus torres están levantadas en ambos extremos de la fachada sin que se engloben en la estructura, hecho que responde más directamente a la tradición inglesa. En el interior de la catedral encontramos el Museo catedralicio inaugurado en 1981 como resultado de la fusión del antiguo museo diocesano con el catedralicio. Se trata de un conjunto único en su género que conserva piezas de todas las épocas, desde la prehistoria al siglo XX, repartidas en 17 salas que se ubican alrededor del claustro de la catedral.
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La catedral de León se cubre con bóvedas de crucería, algunas restauradas en el siglo XIX, que siguen los modelos del siglo XIII.
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Se remata la cabecera de la catedral de León con un profundo presbiterio que debe dar cabida al coro; está rodeado por la girola a la que abren dos capillas de planta rectangular en los extremos y cinco hexagonales en disposición radial. Se cubre con bóvedas de crucería, algunas restauradas en el siglo XIX, que siguen los modelos del siglo XIII.
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La catedral cuenta con un claustro coetáneo al templo, realizado en el siglo XIII. En el siglo XVI se rehizo de nuevo según el proyecto de Juan de Badajoz el Mozo, creando una obra de un estilo goticista con aires renacientes. En 1566 finalizó la obra. Las pandas claustrales están cubiertas por bóvedas nervadas. Apoyado en la obra catedralicia y en la muralla urbana, al claustro se abre la Sala Capitular.
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En 1537 Juan de Badajoz inició la reforma del claustro de la catedral de Leóncuyas obras habían comenzado en el siglo XIV como un proyecto independiente de la catedral. En las trazas se proponía rehacer las cubiertas, modificar los abovedamientos góticos y renovar los soportes. La idea que late en el proyecto es la creación de un espacio acorde con la liturgia catedralicia y el ceremonial procesional. Juan de Badajoz confirió una gran importancia a las cubiertas, en las que sintetizó formas tardogóticas y renacentistas; el resultado final está definido por la brillante combinación de crucerías estrelladas, ojivas, terceletes y claves pinjantes, junto a una decoración de volutas y medallones. Se perciben en el conjunto influencias burgalesas y borgoñonas que se verán enriquecidas con la participación en los trabajos escultóricos de Juan de Juni y Juan de Angés.
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Hay que destacar el hecho de que las torres de la catedral leonesa están levantadas en ambos extremos de la fachada sin que se engloben en la estructura, hecho que responde más directamente a la tradición inglesa.
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La portada principal de la catedral de León está organizada en tres portadas. Cada una de ellas corresponde a las naves del interior, una solución atribuida al maestro Enrique que tomó de la catedral de Chartres. Se trata de las portadas del Juicio, de San Francisco y de San Juan. El remate de la fachada fue realizado por Juan López de Rojas en 1567 siguiendo las trazas dadas por Juan de Badajoz.