Construida sobre una precedente que se conservaba en mal estado, la construcción del nuevo edificio le fue encargada a Fioravanti. Con tres naves y cinco ábsides, coronada por cinco cúpulas, se convirtió en la mayor catedral de la época. Fioravanti aceptó pues las formas básicas y las sometió a un sistema regular de proporciones.
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La catedral de la Dormición se hallaba en un estado muy precario en 1470, por lo que el zar decidió construir un nuevo edificio. Se contrató a un arquitecto local, pero en 1474, cuando la nueva iglesia estaba casi terminada, se derrumbó de repente. Fue necesario llamar al renombrado arquitecto e ingeniero boloñés Aristotele Fioravanti. Tras cuatro años de trabajos, la obra fue concluida: con tres naves y cinco ábsides, coronada por cinco cúpulas, se convirtió en la mayor catedral de la época. Fioravanti aceptó pues las formas básicas y las sometió a un sistema regular de proporciones. Todos los entrepaños interiores se hicieron cuadrados e iguales, en tanto que el primitivo central continuó siendo el más grande. Se dio a los pilares de la nave una sección circular, en vez de cruciforme; se dio la misma anchura a las divisiones exteriores de las fachadas, y la misma altura; se redujo al mínimo el resalte de los tres ábsides para conseguir un efecto plano; y la arquitectura cegada se integró en la serie infinita de ventanas. De esta manera fue capaz Fioravanti de fundir las formas de la arquitectura medieval rusa con las del palazzo italiano, alejándose, una vez más, de las propuestas bizantinas en este terreno. Señalemos para terminar que los rusos reaccionaron ante el innegable atractivo de la arquitectura renacentista con la vuelta a la tradición; a un estilo de espiras y tejados piramidales, inspirado en los edificios de madera y cuyo ejemplo más famoso es la catedral del beato Basilio en la Plaza Roja.
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En la fachada de la catedral de la Encarnación de Guadix plantea Acero una superficie ondulante característica de la arquitectura barroca, mezclando de una manera libre columnas, relieves y óculos, elementos algunos procedentes de la decoración clasicista.
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Como buena parte de las iglesias andaluzas, el origen de esta catedral debemos buscarlo en una mezquita, convertida en templo cristiano tras la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos. A principios del siglo XVI se decidió añadir a la construcción una cabecera gótica, dirigiendo los trabajos el maestro Pedro de Morales. A mediados de esa centuria se derriba la mezquita y se encarga un nuevo proyecto a Diego de Silóe, siendo Juan de Arredondo el maestro de obras. El templo presenta una planta de cruz latina, de tres naves separadas con grandes columnas corintias, en sintonía con la catedral de Granada que le sirve como modelo, cubriéndose los espacios con bóvedas de complicadas tracerías mientras que en el crucero se levanta la cúpula. La cabecera es poligonal y está rodeada por una girola. Los trabajos se prolongaron en el tiempo y la catedral fue concluida por Vicente Acero y Gaspar Cayón, también arquitectos de la catedral de Cádiz. En la portada de esta catedral demuestra Acero su habilidad para unificar detalles decorativos y elementos arquitectónicos. Está dispuesta a modo de retablo, distribuida en tres cuerpos horizontales y tres calles verticales que se flanquean por cuatro estribos triangulares de superficie cóncava. Una cornisa mixtilínea, con trazos quebrados y curvos, culminada en un pequeño edículo en el que se muestra el escudo real, remata la fachada. La ornamentación presenta un curioso ritmo ascendente, intensificado en la zona superior, sin perder un ápice de elegancia.
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Nuevos modelos para suplantar a los antiguos se produjeron en algunas realizaciones, como en la catedral de La Habana, antigua iglesia de los jesuitas, cuya fachada es una síntesis de las de Guadix y Cádiz, analogía que puede ponerse en relación con la presencia de ingenieros militares como Silvestre Abarca, que llega a Cuba en 1763, y, sobre todo, del arquitecto Pedro de Medina que había trabajado durante mucho tiempo en las fortificaciones de Cádiz.
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A la muerte de Gaudí, trabajaban en la construcción del templo los arquitectos Domènec Sugrañes y su ayudante Francesc Quintana, quienes continuaron la obra hasta el período de la Guerra Civil el primero y 1967 el segundo. Quedaban por hacer algunos conjuntos escultóricos de la fachada del Nacimiento, completándose a partir de los modelos en yeso, muchos de ellos hechos pedazos después de los bombardeos de la guerra, que reprodujo el escultor japonés Etsuro Sotoo. En 1954 la Junta Constructora de Obras decide levantar la fachada de la Pasión a partir del dibujo hecho por Gaudí, coronando los cuatro campanarios en 1976 e incorporando las esculturas de Josep Maria Subirachs durante los años noventa. Desde finales de 1985 dirige las obras Jordi Bonet, con el propósito de levantar las naves. Se incorporan al equipo los profesores de estructuras Joan Margarit y Carles Buixadé, quienes se encargan de los cálculos de las naves para realizar las cubiertas. Actualmente las obras están cubriendo las naves del templo y proseguirán con la cubierta del crucero. Es en esta parte central dónde deberán levantarse las cuatro grandes torres dedicadas a los evangelistas, y entre ellas, la cúpula de mayor envergadura, la de Cristo, que se elevará hasta alcanzar unos 170 metros. La cubierta de las naves así como las columnas y los ventanales fueron proyectados por Gaudí, utilizando figuras geométricas, paraboloides, hiperboloides, conoides, helicoides. El resultado es un espacio interior que parece un bosque de piedra, con columnas de piedra que se ramifican como de si un árbol se tratara. Las columnas representan las iglesias locales, con las apostólicas en el crucero y las de Cataluña a su alrededor. En la nave central, las de las archidiócesis de España y las de los cinco continentes en el resto de las naves. Es en la nave dónde mejor vemos las innovaciones arquitectónicas de este gran arquitecto. Quería aplicar a la arquitectura las formas que la misma naturaleza le sugería. Este camino tuvo como a intermediaria a la geometría. Se dedicó a realizar un sinfín de maquetas a escala pequeña donde dejaba resueltos todos los detalles. Antes de su muerte, el arquitecto Domènec Sugrañes expuso el sistema de cálculo y de construcción que Gaudí quería utilizar en el templo, destacando la división de los pesos a través del sistema arborescente de las columnas (columnas en forma de árboles que se ramifican para recoger el peso de las cubiertas). Este procedimiento se puede observar en el mismo Museo del templo partiendo de la maqueta polifunicular de la iglesia de la Colònia Güell. Pequeños saquitos llenos de perdigones de plomo, con un peso directamente proporcional al real, dan como resultado la carga y distribución de éstos. La Junta Constructora de las obras del templo junto con la Escola d'Arquitectura de Sant Cugat del Vallès, así como la colaboración del arquitecto Mark Burry de la Universidad de Wellington, Nueva Zelanda y la Universidad de Deakin, Australia, están realizando con el soporte informático, la transcripción de los modelos de yeso originales para su ejecución del todo fiel a los parámetros de Gaudí.
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Se cree que esta iglesia fue construida por maestros lombardos por orden del obispo San Hermenegildo quien le dedicó el templo a San Odón. Se trata de un templo con tres naves y planta de cruz latina. En el crucero se abren cuatro capillas semicirculares labradas en el interior del muro y rodeado por una galería de columnas. La bella fachada, flanqueada por dos torres, presenta tres portadas. El edificio fue concluido en el año 1183. En el lado derecho de la iglesia y atribuido a los mismos artistas lombardos se construyó un claustro, que fue parcialmente reformado entre los siglos XVI-XVIII. Tiene interesantes capiteles decorados con motivos vegetales.