El pilono de la fachada que da entrada a este templo -realizado a continuación del de Ramses II- está dividido por contrafuertes en rampa que flanquean un portal en saledizo. A cada lado se encuentran un coloso de Nefertari entre dos de Ramsés, seis figuras en total, todas en pie, encajadas en nichos, pero sin alcanzar la altura de las del otro templo (aquí sólo 10 metros). La sala hipóstila, cuadrada, está reforzada por seis pilares hathóricos, en los que la diosa adopta la forma del mango de un sistro. Sistros también, pero completos, fingen sostener el techo del santuario, donde la estatua de culto es la vaca Hathor protegiendo al monarca, como hacía en los templos funerarios de la XVIII Dinastía. El templo quedó sin acabar, según se echa de ver en las cámaras que flanquean a ésta.
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Dos hermanos y ministros jainas llamados Tejapala y Vastupala mandaron construir, en el siglo XIII, un templo anejo al de Vimala Sha en el Monte Abu con idénticas características, dedicado a Neminath, el 22? tirthakara. Los relieves del techo del pórtico presentan toda la espectacularidad del estilo de Gujarat, realizados en mármol blanco.
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Durante el periodo dinástico arcaico siguen siendo las construcciones religiosas lo más significativo en el campo de la arquitectura. En la localidad de Mari se levantaron dos pequeños templos a otras tantas divinidades -en realidad hipóstasis de Ishtar- llamadas Ishtarat y Ninni Zaza.
monumento
Durante el periodo dinástico arcaico siguen siendo las construcciones religiosas lo más significativo en el campo de la arquitectura. En la localidad de Mari se levantaron dos pequeños templos a otras tantas divinidades -en realidad hipóstasis de Ishtar- llamadas Ishtarat y Ninni Zaza. Ambos estaban dispuestos en torno a patios, con estancias sin altares, pero con podios y estatuillas de orantes. El de Ninni Zaza se hallaba adornado con las tradicionales pilastras y nichos de gran efecto decorativo, desarrollándose en él ritos procesionales en torno a un betilo colocado en el centro de su patio.
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Los escultores del templo de Osorkón II utilizan la técnica del relieve rehundido, algo que aportaron los artistas egipcios del Imperio Medio. Sin embargo, la dinastía bubástida se caracteriza por una vuelta al movimiento arcaizante, apartándose por completo del Estilo Bello de Amenofis III y de las extravagancias y blanduras de Amarna, algo que podemos apreciar en esta obra, además de una cierta influencia del arte de los Ramesidas.
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El mismo arquitecto que actúa en el Hephaistheion, un ateniense influido por Iktinos, es el responsable del templo de Poseidón en el cabo de Sounion, el extremo más meridional de Atica y su última proyección en el Egeo. El lugar es ideal para la epifanía del dios de las fuerzas marinas, domeñador de las olas y del viento, y para servir de reclamo resplandeciente al imperialismo ático, dentro del plan constructivo ideado por Pericles. El templo es hexástilo y las columnas formadas por tambores de mármol blanco son tan delgadas, que no se vuelven a ver así hasta la arquitectura jónica del siglo IV. El interés por el espacio, patente en la estructura y proporciones de la cella, demuestra una vez más la influencia ejercida por Iktinos.