Del mismo estilo que el templo de Edfú, el templo de Kom Ombo tiene, sin embargo, proporciones muy distintas: es un poco más ancho (61,80 m) y muchísimo más corto (83,50). El pílono, más estrecho y apenas conservado, y el patio reducido a menos de la mitad, como si lo hubiesen cortado, determinan la reducción de la longitud del edificio, y en cambio el hecho de ser éste un templo doble o geminado, con dos santuarios y dos vías procesionales de acceso a los mismos, obligó a dar al conjunto mayor anchura. Las divinidades veneradas eran dos: Haroeris, de figura de hombre con cabeza de halcón-gorrión, y Sobek, la diosa con cabeza de cocodrilo. Esta imagen corresponde a una de las dos salas hipóstilas que tenía el templo, una de ellas con capiteles campaniformes, la otra compuestos.
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La planta del templo de Dendera se parece mucho a la de Edfú con la diferencia de que aquél nunca llegó a tener el patio porticado y el pílono monumental que anteceden a éste. De modo que hoy se llega directamente a un estupendo pronaos, cerrado hasta media altura de las columnas por los muros habituales en los intercolumnios de la época.
monumento
La planta del templo de Dendera se parece mucho a la de Edfú con la diferencia de que aquél nunca llegó a tener el patio porticado y el pílono monumental que anteceden a éste. De modo que hoy se llega directamente a un estupendo pronaos, cerrado hasta media altura de las columnas por los muros habituales en los intercolumnios de la época. Levantando la vista hacia la cornisa, se distingue en ella una inscripción en griego que nos dice que el constructor de la fachada fue el emperador Tiberio. Esto significa que hasta época de Augusto, el templo tenía como vestíbulo la llamada Sala de la Aparición, situada a continuación y sustentada en seis columnas con capiteles dactiliformes con dados hathóricos. Estos capiteles se pusieron de moda entonces y el arquitecto de los Julio-Claudios disfrutó colocando veinticuatro de ellos, con cuatro cabezas hathóricas cada uno, en los enormes capiteles del pronaos. El templo de Hathor no está orientado hacia el este, como de costumbre, porque en esta zona el Nilo corre de este a oeste y no de sur a norte, de modo que el arquitecto se atuvo en este punto a lo que en la práctica se venía haciendo: enfilar el curso del Nilo, aunque a la hora de hablar de los ritos, el lado norte fuese el lado oriental, y el sur, donde se levantó el templo de Isis, el lado oeste. En los relieves del pronaos están representados como faraones todos los miembros de la dinastía reinante en Roma, sobre todo Nerón, que debió ser el que dio remate a la obra. En las cartelas de la puerta de la muralla exterior del recinto se cita a Domiciano y a Trajano (a éste con los "cognomina" de Germánico y Dácico), pero no se sabe que estos dos hayan hecho nada en el templo de Hathor. Uno de los mayores encantos de este templo es su aire de misterio, perceptible ya en el sombrío pronaos y que se va haciendo más sensible conforme uno se adentra en el santuario y en las muchas cámaras anejas. En la terraza se eleva un quiosco sustentado en doce columnas de preciosos capiteles hathóricos. Hasta aquí arriba se traía el día de Año Nuevo la estatua de Hathor, custodiada en el naos, para la ceremonia de su Unión al Disco, que consistía en desvelarla y ponerla en contacto con el sol naciente. Los sacerdotes, rapados y vestidos de blanco, la transportaban en andas por las escaleras, cuyos relieves representan al rey y a su séquito de sacerdotes subiendo y bajando por ellas en procesión.
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Durante los años que Hatshepsut ocupó el cargo de regente de Tutmosis III levantó este singular edificio, inspirado en el que allí mismo erigiera cinco siglos antes su antecesor Mentuhotep. El emplazamiento de este templo es el más grande circo de la montaña tebana, compenetrándose la arquitectura con el paisaje.