Estudia en los centros universitarios más importantes y reconocidos de Estados Unidos y Europa. Su dedicación a las letras es total. A lo largo de su trayectoria se ha preocupado por abordar todo tipo de géneros, desde la novela hasta cuentos y ensayos. Como escritora también se ha adentrado en el género periodístico como crítica de cine y teatro. Es autora de una amplia colección de cuentos entre los que destaca "I, etcetera" y novelas como "El amante del volcán". Bajo su dirección se han realizado algunas películas como "Duet for Cannibals" o "Brothe Carl".
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Ya antes de entrar en la FSA, cuando trabajaba como retratista en su estudio de San Francisco, fotografió las colas de gente sin trabajo y sin casa que esperaban para recibir comida de caridad; expuso las fotografías en una galería de Oakland y un economista, Paul S. Taylor, las utilizó como ilustración a su informe sobre los problemas laborales y agrícolas de California. Luego, dentro del proyecto de la FSA y en el mismo estado, las imágenes de recogedores de guisantes en el campamento de Nipomo, donde había dos mil quinientos trabajadores viviendo en condiciones infrahumanas, causaron impresión entonces y siguen impresionándonos hoy.
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La superstición que hacía que el pueblo viera elementos fantásticos en el mundo brujeril se convierte en el tema que critica Goya en esta estampa, en la que las ventosidades de un niño provocan fuego ante la atenta mirada de la concurrencia.
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Tradicionalmente, se ha considerado esta imagen como una muestra de la influencia de Jacopo Bassano en la pintura de El Greco. Sin embargo, en la actualidad se piensa que intentaría reproducir una pintura de la Antigüedad. Este tipo de obras sería muy habitual en el Renacimiento y recibía el nombre de ecfrasis; surgió gracias al contacto cada vez más intenso entre pintores y humanistas, facetas que encontramos en Doménikos y en el círculo de intelectuales que se reunía en el palacio Farnesio bajo la "dirección" del bibliotecario Fulvio Orsini, deseosos todos ellos de demostrar cómo en pintura y escultura se había superado la tradición clásica. Un joven trata de encender una vela aprovechándose del fuego de un ascua. Para avivar la llama sopla pacientemente: éste es el tema del cuadro, donde la luz artificial se convierte en la protagonista. El resplandor del ascua incide de diferente manera en la camisa, el rostro o las manos del muchacho, destacando ese fogonazo de luz sobre el fondo oscuro que impide ver cualquier referencia espacial. Los colores adquieren diferentes tonos dependiendo de cómo les afecte la luz. El gesto del protagonista evidencia la elevada calidad de los retratos de Doménikos, como el de Giulio Clovio, realizado en esos momentos en Roma. Existe otra versión del Soplón en la Galleria Nazionale di Capodimonte en Nápoles. El que aquí observamos está firmado en letras capitales: Doménikos Theo... habiendo desaparecido el resto de la firma.
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Goya parece referirse a la inutilidad de la confesión que llena la cabeza de los sacerdotes de "suciedades, obscenidades y porquerías" en esta estampa protagonizada por una figura con hábito de fraile que se tapa los oídos para refugiarse ante el "ataque" de los monstruos en que se convierten los pecados confesados por los fieles. Pérez Sánchez sugiere que podría tratarse de una referencia a las denuncias a la Inquisición motivadas por despreciables intereses.