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obra
La modelo utilizada por Toulouse-Lautrec para esta imagen es Suzanne Valadon, una de las mujeres más carismáticas de su tiempo. Su verdadero nombre era Marie Clémentine Valade; hija de madre soltera, creció pobre y sola en Montmartre, dedicándose en un principio al oficio de lavandera para hacer después de trapecista en el circo Molier. Con quince años sufrió una caída lo que la obligó a abandonar el espectáculo, iniciando la carrera de modelo posando para Puvis de Chavannes o Renoir. En 1883 tuvo un hijo y empezó a manifestar deseos de contraer matrimonio, eligiendo a Lautrec. Para presionar a Henri se intentó suicidar pero el pintor decidió abandonarla. Su relación con los impresionistas fue muy estrecha, llegando a coger en alguna ocasión los pinceles. Su hijo, Maurice Utrillo, realizará maravillosas vistas del París literario en un estilo plenamente modernista. La imagen que contemplamos forma parte de una iconografía tradicional dentro de la pintura finisecular que Manet, Degas y el propio Lautrec tratarán en variadas ocasiones: el aislamiento y la tristeza reinantes en la sociedad que llevará a la bebida a muchos de sus miembros, enlazando con el más crítico realismo de Courbet o Daumier. Suzanne se acoda sobre una mesa, sumida en sus más profundos pensamientos, mostrando ante ella la botella medio vacía y el vaso con la bebida. El estilo de Henri es cada vez más personal, manifestando una excepcional seguridad en su dibujo para aplicar el color de manera rápida y contundente, casi acercándose al puntillismo, especialmente en el fondo. La obra fue muy preparada por el pintor, existiendo dibujos previos y una litografía que apareció en el "Courrier français" el 21 de abril de 1889. Cuando fue vendido este lienzo en 1911 alcanzó la cifra de 7.100 francos.
contexto
Rescate que obtuvo Juan de Grijalva Rescató Juan de Grijalva con los indios de Potonchan, de San Juan de Ulúa y de otros lugares de aquella costa tantas y tales cosas, que hubieran querido los de su compañía quedarse allí, y por tan poco precio, que se hubieran alegrado de feriar con ellos cuanto llevaban. Valía más la obra de muchas de ellas que el material. Consiguió, en fin, lo siguiente: Un idolillo de oro, hueco. Otro idolejo de lo mismo, con cuernos y cabellera, que tenía un sartal al cuello, un moscador en la mano, y una piedrecita por ombligo. Una especie de patena de oro delgada, y con algunas piedras engastadas. Un casquete de oro, con dos cuernos y cabellera negra. Veintidós arracadas de oro, cada una con tres colgantes de lo mismo. Otras tantas arracadas de oro, y más pequeñas. Cuatro ajorcas de oro muy anchas. Un escarcelón delgado de oro. Una sarta de cuentas de oro huecas, y con una rana de ello bien hecha. Otra sarta de lo mismo con un leoncito de oro. Un par de zarcillos de oro grandes. Dos aguilitas de oro bien vaciadas. Un salerillo de oro. Dos zarcillos de oro y turquesa, cada uno con ocho colgantes. Una gargantilla para mujer, de doce piezas, con veinticuatro colgantes de piedras. Un collar de oro, grande. Seis collaritos delgados de oro. Otros siete collares de oro con piedras. Cuatro zarcillos de hoja de oro. Veinte anzuelos de oro, con los que pescaban. Doce granos de oro, que pesaron cincuenta ducados. Una trenza de oro. Planchuelas delgadas de oro. Una olla de oro. Un ídolo de oro, hueco y delgado. Algunas bronchas delgadas de oro. Nueve cuentas de oro huecas, con su extremo. Dos sartas de cuentas doradas. Otra sarta de palo dorado, con canutillos de oro. Una tacita de oro, con ocho piedras moradas y veintitrés de otros colores. Un espejo de dos caras, guarnecido de oro. Cuatro cascabeles de oro. Una salserita delgada de oro. Un botecito de oro. Algunos collarcillos de oro, que valían poco, y algunas arracadillas de oro pobres. Una especie de manzana hueca de oro. Cuarenta hachas de oro, con mezcla de cobre, que valían hasta dos mil quinientos ducados. Todas las piezas que son necesarias para armar un hombre, de oro delgado. Una armadura de palo, con hojas de oro y piedrecitas negras. Un penachuelo de cuero y oro. Cuatro armaduras de palo para las rodillas, cubiertas de hoja de oro. Dos escarcelones de madera, con hojas de oro. Dos rodelas, cubiertas de plumas de muchos y finos colores. Otras rodelas de oro y plumas. Un plumaje grande de colores, con una avecica en medio al natural. Un abanico de oro y plumas. Dos moscadores de plumas. Dos cantaritos de alabastro, llenos de diversas piedras algo finas, y entre ellas una que valió dos mil ducados. Algunas cuentas de estaño. Cinco sartas de cuentas de barro, redondas y cubiertas de hoja de oro muy delgada. Ciento treinta cuentas huecas de oro. Otros muchos sartales de palo y barro dorado. Otras muchas cuentas doradas. Unas tijeras de palo dorado. Dos máscaras doradas. Una máscara de mosaico con oro. Cuatro máscaras de madera doradas, de las cuales una tenía dos varas derechas de mosaico con turquesillas, y otra las orejas de lo mismo, aunque con más oro. Otra era del mismo mosaico de la nariz arriba, y la otra de los ojos arriba. Cuatro platos de palo, cubiertos de hoja de oro. Una cabeza de perro, cubierta de piedrecitas. Otra cabeza de animal, de piedra guarnecida de oro, con su corona y cresta y dos colgantes, todo ello de oro más delgado. Cinco pares de zapatos como esparteñas. Tres cueros encarnados. Siete navajas de pedernal, para sacrificar. Dos escudillas de palo pintadas, y un jarro. Una ropilla con medias mangas de pluma de colores, muy graciosa. Una especie de peinador de algodón fino. Una manta grande y fina de plumas. Muchas mantas delgadas de algodón. Otras muchas mantas groseras de algodón. Dos tocas o almaizales de buen algodón. Muchos pinetes de suave olor. Mucho ají y otras frutas. Trajo, además de esto, una mujer que le dieron, y algunos hombres que cogió; por uno de los cuales le daban lo que pesase en oro, y no lo quiso dar. Trajo también noticias de que había amazonas en ciertas islas, y muchos lo creyeron espantados de las cosas que traía rescatadas por tan bajísimo precio, pues no le habían costado todas ellas más que: Seis camisas de lienzo basto. Cinco turbantes. Tres zaragüelles. Cinco servillas de mujer. Cinco cintas anchas de cuero, bordadas de hiladizo de colores, con sus bolsas y yesqueros. Muchas bolsitas de badana. Muchas agujetas de un herrete y de dos. Seis espejos doradillos. Cuatro medallas de vidrio. Dos mil cuentas verdes de vidrio, que tuvieron por finas. Cien sartas de cuentas de muchos colores. Veinte peines, que estimaron en mucho. Seis tijeras, que les agradaron. Quince cuchillos, grandes y pequeños. Mil agujas de coser y dos mil alfileres. Ocho alpargatas. Unas tenazas y martillo. Siete caperuzas de color. Tres sayos de colores, guarnecidos con jirones. Un sayo de frisa con su caperuza. Un sayo de terciopelo verde traído, con una gorra negra de terciopelo.
obra
El tabaco era monopolio real desde el siglo XVI por lo que se vigilaba el contrabando con especial interés. Traído desde La Habana, se elaboraba en la Fábrica de Tabacos ubicada en Sevilla y se distribuía por toda la geografía nacional. Su precio era muy elevado lo que favorecía la aparición de numerosos contrabandistas que ponían en peligro uno de los más sustanciosos ingresos de la Corona. Los guardas del tabaco controlaban la proliferación de partidas, siendo los protagonistas de este lienzo de Goya destinado al antedormitorio de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo. Fuertemente armados, descansan junto a un río en el que apreciamos ecos de la obra de Velázquez. Su aspecto fanfarrón ha sido perfectamente interpretado por el pintor, aplicando rápidas pinceladas de óleo que impiden detenerse en los detalles pero ofrecen una idónea sensación de conjunto. La presencia de árboles en la mayor parte de los cartones - véase La cometa o Riña en la venta nueva - vendría motivada por las exigencias de los tapiceros de la Real Fábrica ya que ellos cobraban por metro cuadrado de tapiz realizado, independientemente del número de figuras o elementos que integrara.
termino
acepcion
En Babilonia, funcionarios.
monumento
Construido entre 1703 y 1707, el Palacio de Verano de Jehol (hoy Chengde) fue residencia veraniega de la dinastía Qing. El conjunto incluye numerosísimos edificios de muy diversa función, fruto de sucesivas empresas constructivas impulsadas por distintos emperadores Qing. Así por ejemplo, entre 1736 y 1795, bajo el reinado de Kien-long, se construyeron unos nueve templos dentro del vasto recinto del palacio. La magnificencia y la extraordinaria extensión de Jehol hacen de este palacio un conjunto de similares ambiciones al de Beijing.
obra
<p>La Residencia de Verano del Emperador es una de las pinturas más famosas del artista Bernardo Bellotto, también conocido como Canaletto el Joven. Esta obra maestra del siglo XVIII muestra la majestuosa residencia de verano del emperador, situada en un exuberante entorno natural.</p><p>En la pintura, Bellotto captura con gran detalle la arquitectura imponente y los extensos jardines de la residencia. La luz del sol ilumina la escena, creando contrastes vibrantes entre las sombras y las áreas iluminadas. Los colores cálidos y ricos realzan la belleza del paisaje, mientras que los elementos arquitectónicos se representan con una precisión impresionante.</p><p>La obra transmite una sensación de serenidad y opulencia, evocando la elegancia y el esplendor de la aristocracia europea del siglo XVIII. A través de su habilidad técnica y su atención al detalle, Bellotto logra transportar al espectador a este idílico lugar de descanso y esparcimiento para la élite de la época.</p><p>"Residencia de Verano del Emperador" es una ventana al mundo de la alta sociedad del siglo XVIII y una muestra del genio artístico de Bernardo Bellotto en la representación de paisajes urbanos y arquitectónicos.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p><br>&nbsp;</p>
obra
Para la construcción de su nuevo palacio o Residenz, el principe-obispo Francisco de Schöborn eligió el proyecto del arquitecto Baltasar Neumann. En 1750, diez años después de concluir esta construcción, el pintor Tiepolo fue llamado para decorar el interior, frescos que se perdieron, en gran parte, en los bombardeos de marzo de 1945.
obra
Mientras que la planta en forma de U, con el patio de honor, la seriedad externa y las habitaciones dispuestas en hilera reflejan las sugerencias de los arquitectos franceses, la luminosidad de la sala imperial con los grandes óculos abiertos en la parte alta, definen el aire vienés tomado por Neumann de Hildebrandt. Las estatuas pintadas de blanco y los frescos del techo ayudan más a esta impresión. Las pinturas de esta sala, así como la de la escalera, fueron encargadas por el obispo Greiffenklau al pintor italiano Tiépolo en 1753.