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obra
Nos encontramos todavía en la producción inicial del artista barroco Annibale Carracci. Su estilo aún no ha cobrado la personalidad del creador del idealismo. Por el contrario, se trata de la obra de un joven artista que domina la técnica y la ejecución pero que depende todavía de los modelos anteriores, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de la imagen. La escena nos plantea una división entre el plano terrenal y el divino, una visión típicamente manierista. Del manierismo también podemos rastrear la disposición de los personajes, que debe mucho a los gestos contorsionados y las espirales compositivas de artistas a los que el joven Carracci admiraba mucho, como Correggio o Parmigianino. La Virgen, desmayada con gesto teatral, es asistida por San Juan. En su regazo está el Cristo muerto, similar a los de Sebastiano del Piombo. Los santos que velan la escena son San Francisco, con las llagas en las manos y la calavera a los pies. Al otro lado está la hermosa Magdalena, con el cabello suelto y el frasco de perfumes a su lado.
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Esta tabla de El Bosco resulta particularmente hilarante en el tratamiento del tema. La Extracción de la Piedra de la Locura era una supuesta operación quirúrgica realizada durante la Edad Media. Según los testimonios escritos, consistía en la extirpación de una piedra que causaba la necedad en el hombre, la suprema estupidez. Los testimonios dan a entender que algunos casos que realmente se ejecutaron tenían el carácter de una lobotomía. En la práctica más frecuente, esta extracción era un rito simbólico que el curandero realizaba sobre el paciente, para curarle de la estulticia. El Bosco plantea la escena en un círculo, rodeado por una leyenda en hermosos caracteres góticos: "Maestro, quíteme la piedra, me llamo Lubbert Das". Este nombre es un tópico en la cultura neerlandesa para designar al culmen de la estupidez humana. Además, el personaje que le opera lleva en la cabeza un embudo, tal vez alegoría de la locura, y está acompañado por dos religiosos, un clérigo y una monja, que lleva sobre su cabeza un libro cerrado; esto nos inclina a pensar que sean alegorías de la superstición y la ignorancia, de la cual se acusaba frecuentemente al clero. Este tema, unido al formato circular que podría remitir al de un espejo, parecen arrojar al mundo la imagen de su propia estupidez al desear tan erróneamente superarla. Por cierto, que la piedra del tema no es tal, sino que de la frente del gordo campesino sale una flor, similar a la que yace sobre la mesa del "médico".
obra
En el siglo XVI, sobre la derruida Tenochtitlan, capital del imperio azteca, se inició la edificación de los nuevos templos y palacios de los españoles. El basamento de la pirámide dedicada a Tezcatlipoca, una de las divinidades más importantes dentro de la religión nahua, sirvió de cimiento al antiguo Arzobispado. Esta deidad prehispánica se caracteriza en los códices por un espejo humeante colocado en la sien y otro que le sustituye una pierna. Representa principalmente, el cielo nocturno, el viento y la destrucción. Durante la reestructuración y rescate del edificio, se descubrió en 1987 un monolito prehispánico debajo de la fuente del segundo patio: una piedra labrada que se conoce como Temalacatl Cuauhxicalli y reseña las conquistas de Moctezuma I sobre los pueblos del Valle de México. La pieza se llevó al Museo Nacional de Antropología e Historia para su restauración y exhibición.
monumento
La historia de la llamada "piedra del milagro" tiene su origen en un hecho acontecido en 1453. Cuenta la leyenda que un tal Pedro Fernández de Teresa pidió dinero a un judío llamado Matudiel Salolmón. Expirado el plazo no le devolvió el préstamo, por lo que fue excomulgado. Al ver su situación Pedro Fernández pagó su deuda, pero olvidó confesar su falta. Estando muy enfermo y en el lecho de muerte, pidió los últimos sacramentos y cuando fue a comulgar, el párroco se percató de que la Forma esta pegada a la patena con tal fuerza que resultaba imposible separarla. Entonces le preguntó al moribundo si había olvidado confesar algún pecado, y Pedro recordó su falta. Ya absuelto comulgó otra Forma. Después, Pérez de la Monja, el párroco del pueblo, tomó la Forma del Milagro, tal como estaba en la patena y la colocó en custodia en San Martín. Hoy, en la casa donde ocurrieron todos estos acontecimientos todavía se conserva la estola del sacerdote, deshilachada, y en la puerta se encuentra la llamada "piedra del milagro".
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El arte oficial mexica se inclinó claramente por la escultura en piedra realizada en bulto redondo como medio de comunicación, de manera que los artistas de Tenochtitlan retomaron y llevaron a sus últimas consecuencias una antigua tradición iniciada por la civilización olmeca. En este sentido, la escultura pública mexica constituye una síntesis, aportando soluciones nuevas, pero también manteniendo técnicas, formas y temas ya experimentados con éxito en varios niveles claramente diferenciados. El grupo más importante es el de las esculturas colosales confeccionadas para decorar los templos. Por lo general, manifiestan un carácter religioso, y por medio de ellas se narran cualidades o acciones de carácter mítico, y escenas de dioses o de reyes contenidas en grandes bloques de piedra; por ejemplo, la impresionante estatua de Coatlicue, la madre de los dioses, la tierra y el hombre; la Coyolxauhqui, hermana de Huitzilopochtli y patrona de la luna, o esta Piedra del Sol o Piedra del Calendario.