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obra
Piedra en granito negro de 30 cm. de altura hallada en Rosetta, cerca de Alejandría en 1799 por los zapadores de Napoleón. Es un decreto de Ptolomeo V Epífanes referente a los templos de los dioses que se representa en letra jeroglífica, demótica y griega. Ya a raíz de su aparición se comprendió que en ella estaba la clave para el desciframiento de los jeroglíficos egipcios que desde el Renacimiento eran considerados por la mayoría de los estudiosos, no como una escritura, sino como símbolos incomprensibles de una sabiduría mística (res intellectuales et difficiles captu). El desciframiento resultó mucho más difícil de lo que al principio se creía. Hicieron falta veintitrés años y un genio como el de Champollion.
lugar
Muy posiblemente la villa está emplazada sobre un primitivo asentamiento prerromano. Hacia el siglo IX comienza a surgir allí un refugio para peregrinos, aunque no será hasta 1072 cuando Alfonso VI ordene construir allí un hospital, que será regentado por los monjes de la abadía de San Gerard d'Aurillac. A partir de este hecho comienza su momento de auge, acogiendo a gran cantidad de romeros, a los que presta asistencia física y espiritual. Más tarde esta abadía es anexionada a Cluny, pasando a partir de 1487 de depender de los benedictinos de Valladolid. Finalmente, los monjes son expulsados del lugar en 1854 debido a la Desamortización. Se cuenta que en la localidad tuvo lugar, en el siglo XIV, un hecho milagroso. Un vecino de la cercana Barxamaior se allegó hasta O Cebreiro para oír misa, desafiando una fuerte nevada. El oficiante, un fraile de Aurillac de quien se dice que no debía ser muy devoto, puso en duda el sacrificio del labriego, diciendo: "cual viene este otro con una tan gran tempestad, y fatigado, a ver un poco de pan y vino".. El milagro sucedió cuando se estaba procediendo a la consagración, convirtiéndose la hostia en carne y el vino en sangre. En 1486 pasan por la localidad los Reyes Católicos quienes, al serles relatado el milagro, ofrecen al templo un relicario, que es el que actualmente se exhibe en la iglesia junto al cáliz milagroso.
obra
El pontífice Pío II, asesorado por Alberti, decidió construir esta ciudad según diseño de Rossellino. En el plano vemos la plaza con la catedral y los tres palacios (Piccolomini, episcopal y público) que la forman. La forma trapezoidal de la plaza, que se abre al campo por los lados de la catedral, contribuye a lograr un efecto de perspectiva que agranda el espacio al alejar visualmente los edificios si nos colocamos en la puerta de la iglesia. Ese efecto resulta acentuado por el dibujo del pavimento.
obra
Pier Luigi Farnese (1503-1547) era hijo del pontífice Paulo III y padre del cardenal Alejandro, de Octavio y de otros tres hijos más. Nombrado en 1545 duque de Parma y de Piacenza, fue asesinado en su palacio de esta última ciudad el 10 de septiembre de 1547, víctima de una conjura tramada por el gobernador de Milán, Ferrante de Gonzaga, con la complicidad del emperador Carlos V.Este espectacular retrato fue realizado por Tiziano en la primavera de 1546, durante su viaje de regreso desde Roma a Venecia. El duque se nos muestra en primer plano, acompañado de un abanderado, recibiendo un foco de luz que resalta los brillos de su armadura y la expresión de satisfacción en su rostro. La cabeza, elemento principal de la composición, se recorta ante la enseña encarnada, transmitiendo toda su fuerza y energía a través de su gesto y su mirada. El resultado es una muestra más de la capacidad del maestro de Cadore para plasmar la psicología de los personajes a los que retrata. Todo ello sin renunciar a su admiración por los efectos de luz y color.
Personaje
Pintor
Piero della Francesca es el sobrenombre por el que conocemos a Piero De Benedetto Dei Franceschi. Este artista será el gran enamorado de la luz en el Quattrocento italiano y uno de los más grandes pintores del siglo XV. Nació en Borgo San Sepolcro entre 1416 y 1417; desconocemos con quién realizó su formación suponiéndose que fue en su ciudad natal, posiblemente en el taller de Antonio de Anghiari, siendo la primera noticia documentada de 1439, cuando estaba en Florencia con Domenico Veneziano pintando los frescos de San Egidio, hoy perdidos. También se especula sobre un aprendizaje en la capital de la Toscana debido al profundo conocimiento de las obras del Beato Angelico, Paolo Ucello y Masaccio, a quienes debe parte de su formación. Ya en estos años juveniles muestra una profunda admiración hacia la perspectiva, la proporción, el orden y la simetría, siguiendo las teorías arquitectónicas y matemáticas de Leon Battista Alberti. En 1442 está de nuevo en Borgo San Sepolcro, iniciando sus originales creaciones con el Políptico de la Misericordia y el Bautismo de Cristo, cuyos fondos nos remiten al paisaje de Las Marcas. Se considera que entre 1448 y 1451 residiría en Ferrara ya que los artistas locales exhiben una gran dependencia de la pintura de Piero, aunque no tengamos ninguna documentación relativa a esta estancia. Su fama irá en aumento ya que en 1451 le encontramos en Rímini, trabajando en el fresco de Sigismondo Pandolfo Malatesta y San Sigismondo para el Templo Malatestiano. En sus obras aportará una iluminación especial, resaltando la volumetría de las figuras, insertadas correctamente en el espacio. Al año siguiente recibe el encargo de la decoración de la capilla del coro de la iglesia de San Francisco en Arezzo, donde pintará la Leyenda de la Vera Cruz, su obra maestra, realizada entre 1452 y 1466. En 1458 viaja a Roma y permanece desde el mes de octubre hasta abril, trabajando en la decoración al fresco de la cámara del papa Pío II, recibiendo 150 florines por la labor. En 1460 de nuevo está en Borgo de San Sepolcro, regresando siempre que puede a su ciudad natal donde se encuentra en su verdadero ambiente. En esta década iniciará una intensa relación con los duques de Urbino, Federico de Montefeltro y Battista Sforza, para quien realizará numerosas obras. Urbino quería ser una "Nueva Atenas", promocionando culturalmente el duque su ciudad por lo que llamó a los mejores artistas y humanistas. Piero aportará un nuevo lenguaje presidido por la arquitectura, como vemos en la Pala Brera, la Virgen de Senigallia o la Flagelación de Cristo, las tres obras más importantes del maestro en su madurez. La influencia de la pintura flamenca se pone de manifiesto en esta época, donde las figuras continúan con su frialdad expresiva. En 1478 parece abandonar la pintura debido a una enfermedad ocular, interesándose por la perspectiva y las matemáticas, escribiendo tres importantes tratados: "De prospectiva pingendi", "Trattato d´abaco" y "De quinque corporibus regularibus", revelando en ellos su deseo de plasmar la realidad de las cosas a través del orden matemático, siguiendo a Brunelleschi o Alberti. Piero falleció en Borgo San Sepolcro el 12 de octubre de 1492, el mismo día que Colón llegaba a América. Entre sus discípulos más importantes destacan Luca Signorelli y Melozzo da Forli, aunque la fama de Piero cayera pronto en el olvido. En el siglo XIX se volvió a tomar interés por su pintura, atrayendo a varios impresionistas como Degas.
Personaje
Pintor
Piero di Cosimo fue discípulo de Cosimo Rosselli, cuyo nombre adoptó como apellido. Su auténtico nombre era Piero di Lorenzo pero su estrecha relación con Cosimo Roselli, de quien fue discípulo y colaborador en los murales que éste pintó en la Capilla Sixtina, determinó que ante sus paisanos y para la posteridad fuera conocido como Piero di Cosimo en reconocimiento a la paternidad artística del maestro Roselli. Piero se convirtió en uno de los más destacados representantes de la brillante tradición de retratistas florentinos que surgieron a finales del siglo XV. Se caracterizaban por representar a las más egregias damas de perfil y de medio cuerpo, gracias al retrato que hizo de Simonella Vespucci, amor platónico de Giuliano de Médicis, representándola de perfil con los pechos desnudos, siendo éste su homenaje a uno de los rostros más bellos de Florencia. Destacó también en sus primeras pinturas mitológicas, de una romántica fantasía difícil de hallar en otros pintores renacentistas. Su serie de los "Trionfi" le valió la celebridad en vida, en especial su tremendo Triunfo de la Muerte del año 1511 que Vasari describe como una visión puramente realista, pero horrorosa y terrible, lúgubre espectáculo que por su novedad y gran vigor aterrorizó y sorprendió al mismo tiempo a toda la ciudad.