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Este edificio mítico y emblemático tanto del racionalismo como de toda la historia de la arquitectura del siglo XX en realidad no existe. Por un lado hay fotografías y planos del proyecto histórico, después su fama, su carácter de modelo inalcanzable, luego las leyendas sobre su posible localización en forma de ruina en algún lugar y, por último, su reconstrucción. Aunque no cabe olvidar que en los años cincuenta el propio Mies, a propuesta de Oriol Bohigas, veía de buen grado la posibilidad de volver a ponerlo en pie. Para su reconstrucción, cuya pertinencia no ha sido unánimemente compartida, se ha seguido un método filológico riguroso. Incluso cabría hablar mejor de restitución que de reconstrucción, ya que Solá-Morales y sus compañeros han recuperado una tradición. antigua, la de los diferentes editores de Vitruvio tratando de convertir en formas y figuras las descripciones arquitectónicas, la de los arquitectos y eruditos que se empeñaron en reconstruir gráficamente las Maravillas del Mundo, la del padre Kircher haciendolo mismo con la Torre de Babel. Es más, no parece fruto del azar el hecho de que el travertino de las paredes haya sido sacado de las mismas canteras que el del Coliseo de Roma.
obra
El edificio plantea una magnífica solución espacial y compositiva a una tipología poco frecuente en la historia de la arquitectura. De todas formas, la planta en X del cuerpo central tenía antecedentes en tratados, proyectos y algún edificio construido. La sola mención de sus autores permite insistir en la enorme versatilidad de la obra de Juvarra: Serlio, Du Cerceau, Longhena, R. de Cotte, Fischer von Erlach, Boffrand, etc.
monumento
El Pabellón de la Ciudad de Barcelona para la Exposición fue proyectado y construido en 1929 por el arquitecto municipal Josep Goday, que había sido colaborador de Puig i Cadafalch y que había realizado, entre otras obras remarcables, las escuelas municipales "Pere Vila", "Ramon Llull", "Milà i Fontanals", entre otras. El pabellón presenta planta rectangular, de un solo cuerpo. Se basa en esquemas Noucentistes que el arquitecto ya había utilizado en muchas de sus obras. Destaca por su austeridad compositiva, con una planta baja en la que hemos de mencionar las dos series simétricas de arcos ciegos que acogen ventanas rectangulares, y un piso superior con ventanas centrales de arco de medio punto y ventanas cuadradas a ambos lados. Las esculturas que decoran la fachada son obra de dos prestigiosos escultores catalanes: Eusebi Arnau y su discípulo Frederic Marés. El Pabellón de la Ciudad de Barcelona y el Pabellón de Alemania, al igual que los de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, sirven para cerrar la plaza Carlos Buïgas y potenciar el eje Palacio Nacional - Plaza de España.
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El Pabellón de la Ciudad de Barcelona para la Exposición presenta planta rectangular, de un solo cuerpo, y destaca por su austeridad compositiva.
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Todavía pudo un miembro del GATCPAC, en plena descomposición, realizar desde París la obra quizás más significativa y representativa de la situación dramática por la que atravesaba España en estos años. José Luis Sert y Luis Lacasa reciben el encargo de levantar el Pabellón por parte de la República. La premura y la limitación de materiales se solucionaba con el uso de elementos prefabricados de rápido montaje, lo cual facilitó su construcción. El estilo venía determinado por la aplicación de los principios racionales y funcionales, por la modulación y la obtención de tres plantas libres enlazadas con escalera o rampa laterales, por la consecución de transparencia y concatenación espaciales (grandes lunas vítreas, espacios fluidos), en fin, por la negación de cualquier ornamento superfluo que perturbase la información sobre el devenir en España o la integración de importantes artes de vanguardia: Fuente de Mercurio, de Calder; Montserrat (Stedelijk Museum, Amsterdam), de González; El payés catalán en rebeldía, de Miró; Guernica (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid), de Picasso; El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, de Alberto Sánchez... Una obra total que se manifestaba entre la muerte y la esperanza, digna de ser estudiada por Fernando Martín (Universidad de Sevilla, 1983) y por Josefina Alix (CARS Madrid, 1987).
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El Pabellón de Oro del Rokuon ji (destruido por un incendio en 1950 y luego reconstruido respetando su diseño original) y el Pabellón de Plata del Jisho ji, en Kyoto, son dos notables ejemplos de estos lugares transformados en monasterios.